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Deporte y Entrenamiento

Las fotos y un magnífico relato de la Vuelta del Porvenir femenina corrida en San Luis

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Entre el 9 y el 13 de febrero pasados se corrió en San Luis la Vuelta del Provenir, una carrera de ruta por etapas en las que hubo una sección masculina y una femenina. De esta última trata esta vívida crónica.

 

El Porvenir de las ladies
Por Sofia Enecoiz

El Merry móvil viaja hacia la tierra prometida de San Luis, capital del ciclismo. Atraviesa la lluvia y de fondo suena un éxito tras otro de Alejandro Sanz. Viajo otra vez con Mariela y Sofía, ahora las dos forman parte del mismo equipo, el Weber Shimano Ladies Power. 

El ciclismo es federal, nos obliga a viajar por todo el país. Las chicas se turnan para manejar, yo voy de observadora. A último momento surge la posibilidad de ir a cubrir la Vuelta del Porvenir y se concede mi sueño de ser prensa oficialmente. Hacemos una parada para dormir en un típico hotel de camioneros en la localidad de Vedia, llegamos por la noche, parece un pueblo fantasma. Los pisos del hospedaje están alfombrados, detalle que me hace conectar con cualquier verano de mi niñez en la costa. Dormimos las tres en un cuarto con tres camas y un ventilador que nos sobrevuela; emite el sonido blanco que ayuda a conciliar el sueño. Hay un detalle que me llama la atención: ambas corredoras utilizan grabaciones de meditaciones para ir a dormir. Me pregunto si eso me serviría a mí en una situación de concentración, nunca lo probé, mi meditación es el rumiar de las alas del artefacto destartalado. 

Partimos a la mañana. Me levanto más temprano que ellas, bajo al desayunador y para mi sorpresa no estoy sola; varias parejas de hombres me imitan tomando café y comiendo medialunas. Adivino: han de ser choferes que, como Mariela y Sofía, se turnan en largas jornadas de carretera. Cuando bajan, las chicas comienzan la ingesta de hidratos. El desayuno es pobre en frutas. 

El segundo tramo del viaje se hace corto. Coincidimos las tres en que parar y dormir ha sido una idea estupenda. Mariela y Sofía hacen contenido para las redes, las personales y las del equipo, analizan el perfil de la carrera, la lista de corredoras inscritas, hasta que un cartel nos sorprende: San Luis, reza el arco que vigila la entrada a la provincia. Dos columnas de piedra gruesa custodian a los lados de la ruta. Al traspasarlas el ingreso se hace efectivo. 

Decidimos almorzar antes de llegar a Juana Koslay. Encontramos un comedor rutero para nada elegante, con una moza desmemoriada del menú. 

Los deportistas y la comida son un tema aparte. Previo a la competencia las restricciones alimenticias son necesarias: continúa la carga de hidratos. Pedimos unos ravioles, ellas con aceite porque mejor no correr ningún riesgo estomacal, yo me animo y pido un tuco, que en realidad no es más que la salsa de estofado a la que le han quitado la carne. No tengo un paladar tan inocente y reconozco el dejo de la grasa de algún animal en mi plato. 

Sofía y Mariela paran en el Ave Fénix, un club que hospeda deportistas de todos los rubros, ubicado sobre Avenida del Viento Chorrillero, en Juana Koslay. Allí la organización destinó cuartos para todos los equipos femeninos que participarán de la jornada de dos días de la Vuelta del Porvenir. Hay algo particular en la ubicación de este nuevo hospedaje: el chorrillo. Es el nombre de la geografía puntana donde va a tener lugar toda la carrera, tanto masculina como femenina, y su viento, el chorrillero, es además un elemento clave en el deporte que se va a desarrollar a lo largo de estos días. El chorrillero, a pesar de las molestias que ocasiona a los ciclistas, reporta beneficios no despreciables: en la época de los fuertes calores, como el verano que transitamos, sopla atemperando el clima. Al parecer, nosotras llegamos con el aliento fresco que mueve a los chorrillos entre las piedras de los ríos secos de San Luis. 

Al día siguiente es la carrera, primera etapa. La noche previa, las Ladies tienen charla técnica con el director del equipo, el Pampa Ferrari. Yo me hospedo en otro lugar, con representantes de prensa, pero también me preparo: apilo la ropa en un rincón del cuarto. Mañana 6 de la mañana arriba, directo a la largada, gracias a Verónica, manager del equipo, que me asegura un lugar en el auto de auxilio de la Ladies. Es mi primera vez en una caravana. 

La primera etapa

El sábado amanece frío y despejado, casi como si no fuese febrero en la provincia puntana. Me arrimo hacia la largada y veo el amanecer entre las incipientes montañas. Sin embargo no estoy segura de que San Luis tenga picos de cordillera, son como el inicio de otra geografía que se desarrolla con mayor intensidad en Mendoza. 

El arco de largada tiene impreso el nombre de la Vuelta, esta es la segunda edición. Ubico al equipo, sus corredoras, auxiliares y autos; al principio pienso que voy a ser inservible, que solo vine para mirar y retratar situaciones. Cuando Gustavo, mecánico y asistente del Ladies, me da su cámara y me dice si puedo sacar algunas fotos durante la carrera me doy cuenta que mi rol va a ser otro. 

Las corredoras están, en su mayoría, acompañadas por algún miembro familiar. Las junior directamente viajan con todo el entorno: madre, padre, hermanos y hermanas. Las corredoras madres han traído a sus hijos. El ciclismo es familia, escuché decir una vez en Lanús y acá, a cientos de kilómetros de las casas de cada corredora, se comprueba. Cada una de ellas tiene un pequeño ritual: una madre hace una trenza con el pelo de su hija que sobresale del casco, el padre de otra le pasa un trocito de banana perfectamente fraccionado con antelación, el técnico les arrima sus caramañolas especialmente cargadas con lo que toma cada una. Sanguchitos de membrillo, sobran.

Ordenamos la chata, Gustavo le pone el número 7 a la parte trasera; buena suerte, pienso yo. Nos acompaña el enredo de ruedas, bicicleta de auxilio y la tensión, sobre todo la tensión de estar a punto de largar. 

El equipo se acomoda en la largada y Gustavo recoge las camperas de todas sus corredoras. Larga la primera etapa del Porvenir y nosotros atrás, una larga fila de autos, la famosa caravana. Hay un orden, una idiosincrasia diré, que seguir: adelante de todo, detrás del pelotón, están los comisarios repartidos en dos vehículos: uno en moto, el otro en un auto. Luego, siguen los autos de auxilio neutral que, por alguna razón que desconocemos, se han ubicado detrás de los comisarios, aunque por lo general van al fondo de la caravana, cuando ya no hay otro auxilio posible. Después, seguimos nosotros, los autos de los equipos, en fila según el número que ha tocado por sorteo el día previo. El 7, dentro de todo, es una buena posición. Fantaseamos que podremos ver la carrera, aunque en realidad solo veremos partes. 

Maneja la chata el padre de Vane, una de las corredoras, un cordobés simpático y por demás relajado; en el asiento de acompañante va Gustavo, imagino que debe haber sido corredor también, y que por lo flaco y chiquito que es seguro ha subido bien más de un puerto. Hay tensión entre ellos, siento que a Gustavo le gustaría estar manejando, da indicaciones, le recuerda al padre de Vane que no tiene que pasarse a la mano izquierda, la caravana siempre por derecha. Cuando el auto agarra una bajada y el pelotón una subida lo vemos, a lo lejos, como una nube compacta multicolor de cabezas encascadas; es en uno de esos subibajas que me parece ver a Mercedes Fadiga levantar la mano: pide auxilio. Me sorprendo un poco de mí misma: cómo puedo reconocer a alguien en ese mundo de piernas y manubrios apretados, pero al mismo tiempo pienso que Mechi es bastante particular, reconocible entre la multitud. 

El auto de auxilio se prende fuego; Gustavo le grita con todo al padre de Vane: ¡Ahora sí, por la izquierda! Pasamos por lugares imposibles, abriéndonos camino a los bocinazos. Mechi, que ya está siendo auxiliada por un auto neutral, le grita a Gustavo que dale, que se apure, que ahora ya está, y él, que llega tarde, no logra ponerle la rueda que se merece la campeona argentina de ruta. En un segundo Mechi se sube al sillín y Gustavo empuja y corretea a su lado. Ahora tenemos que alcanzarla a la caravana. Mercedes trepa como solo había visto en televisión, en carreras pro tour, es como si lanzara una telaraña que la acerca a los autos. Mariela Delgado baja para buscarla, para ayudarla a conectar con el pelotón, y ahí van, en la danza de la caravana, como dos gitanas que conocen la coreografía a la perfección.

La carrera se vuelve paisaje: aparece el dique La Florida con sus ondulaciones y el pelotón se estrella contra el fondo azulado de puentes carcomidos por el tiempo. Más de una corredora pincha en ese terreno. Las pasamos, esquivamos a los autos de otros equipos que también las auxilian, que sufren lo que sufrimos nosotros al principio de carrera. Gustavo reconoce qué corredora es capaz de alcanzar nuevamente al pelotón y qué corredora va a terminar con el coche escoba. Por momentos dice: esta chiquita tiene miedo, con esa cadencia no va a llegar. 

En el murallón del dique presenciamos el ataque de Lola Rodríguez, la experimentada corredora del Club Ciclista del Plata que viene de ganar el Tour Femenino Internacional de Uruguay, una carrera casi obligatoria en el calendario femenino de América del Sur. El momento de quiebre está en esa subida, es el único tramo en el que puede romper al pelotón. En el auto discutimos que si la fuga no se arma acá el sprint va a ser masivo. Hay una reducción pero no es definitiva, las que quedan colgadas aún pueden acoplarse y el pelotón mayoritario todavía conserva una buena cantidad de corredoras, unas 25 de 70. Para mi sorpresa, la meta montaña se la queda Eliana Tocha, algo en lo que voy a pensar ahora y a futuro, intentar comprender cómo la sprinter del grupo gana esa posición.

La bajada no la vemos, me contarán después que fueron rápido, algunas tocan los 70 km/h. El pelotón ingresa en la zona de la rotonda de El Durazno, una ruta arbolada, en gran estado y rápida. Allí se define la meta sprint, que tampoco la vemos. Nos acercamos al auto del Pampa, que nos hace señas, y con una sonrisa nos dice: la ganó Mariela. Festejamos, a falta de radio tour los datos van y vienen entre vehículos. Me la imagino a Delgado apretando el manillar y mostrando los dientes; quizás la lanzó Sofi, pienso. 

Ya se termina, les comento a Sergio, el conductor, y a Gustavo, ¿Ya? me responden. Y sí, quedan menos de 20 kilómetros. Acá veo la diferencia entre las Ladies y la mayoría de los otros equipos: llegan juntas al final. Sofía ya me había dicho: vas a ver que nosotras vamos a ir juntas adelante y así las veo en el último kilómetro: armadas, formando una estela con los mismos colores. Sin embargo sus diferencias físicas me dejan reconocer a cada corredora por su nombre. Se desprenden en los momentos justos: 1 kilómetro, 700 metros, 500 metros, 300 metros, 200 metros y los 100 metros finales son de la sprinter, la locomotora Tocha, que pasa la meta con las manos en alto y una sonrisa de oreja a oreja.

Nosotros, desde el auto, tenemos un ángulo rarísimo, un perfil del sprint, las seguimos de costado, como un traveling cinematográfico y de hecho intentamos filmar: Gustavo y yo sacamos medio cuerpo de las ventanillas y agitamos nuestros celulares para captar ese momento, aunque ambos sabemos que es imposible. No lo vemos pero lo escuchamos, el relator nos cuenta que es Eliana la ganadora y que las Ladies se llevan los laureles de la primera jornada del Porvenir. 

Segunda etapa

La segunda etapa de la Vuelta es incertidumbre para mí: aún no sé cómo voy a llegar a la largada. A diferencia de ayer, la etapa larga a 7 kilómetros de donde estoy parando. Descarto ir pedaleando, ya que voy a transitar el recorrido junto con el auto de auxilio de las Ladies, otra vez. 

Bajo a desayunar con la idea de pedir un remís en la recepción. Hablo con la recepcionista antes de desayunar, quien muy amable me responde que ella se ocupa de conseguirme algo, que no es fácil pero que hará el intento. Las mesas del comedor están dispuestas en dos formas: las redondas son para los equipos (la prensa duerme en el mismo lugar que el Team Medellín, la selección de Chile, Swift Carbon Pro Cycling de Brasil, la selección de Paraguay y Construcciones Zea de Colombia) y las cuadradas para los mortales, que en su mayoría somos prensa. 

Sentado, en la esquina del salón, lo veo a Enrike con k; así se va a presentar él momentos después. Toma un yogur con cereales y café, tiene ojeras como yo, de esas que vienen inherentes a uno, no importa si estamos cansados o descansados. Me presento y le consulto cómo va a llegar a la largada de hoy, me dice que le envíe mi teléfono, que me va a poner en una combi para prensa (otro sueño más en menos de 15 minutos). Conversamos sobre ciclismo, medios, referentes. Me comenta que trabaja para Voces del Ciclismo, un reconocido portal que suele entrevistar a los ciclistas ni bien se bajan de la bicicleta al terminar una carrera. 

Termino mi café un poco ansiosa. Aún no sé si viajaré en la combi, en un remís o si tendré que improvisar algo, cuando bajan otros tres periodistas: José Luis Rojo Mallea, el reconocido fotógrafo que está en todas las grandes vueltas, y la dupla de Tiempo de Descuento: Marcela Dutto, fotógrafa también, y Sebastián Fernández, que no es ni más ni menos que el presentador y relator de toda la Vuelta del Porvenir. La combi, nos dicen por mensajito, queda cancelada. Me arrimo a esta mesa de trabajadores del ciclismo para garronearles un lugar en el auto. Se consultan entre ellos y, finalmente, me dicen que sí, que vamos a viajar apretados pero que no hay problema. Los veré trabajar a lo largo de toda la etapa, a diferencia mío ellos cubren todas las categorías, tienen una jornada de más de 12 horas de trabajo. 

Llegamos a la largada y cada quien dispara para sus puestos. Otra vez tengo que buscar al equipo. Hoy estoy un poco más relajada, conozco a Gustavo, a Sergio, al Pampa. Los veo, todos juntos con las corredoras, que, por cierto, también están más distendidas. Hace más calor que el día anterior y la carrera para ellas ya no está en juego sino que deben asegurarla, mantenerla en sus manos. ¿Qué significa esto? Que tendrán que correr estratégicamente, como si antes no lo hubieran hecho también, pero ahora es otra decisión deportiva, el objetivo es controlar la carrera. 

Esta vez el recorrido es un circuito que las corredoras tendrán que repetir tres veces. El día anterior fuimos a reconocerlo con algunas ciclistas: es rápido, con una meta montaña agresiva y una meta volante que aparece luego de una larga bajada. Antes de que larguen, el Pampa me pregunta si me estoy divirtiendo, que cómo veo la carrera. Le cuento mi inquietud: ¿cómo puede ser que la sprinter del equipo haya ganado las metas de montaña? Me cuenta que Tocha, además de estar en un gran estado de forma y de que estas carreras no suponen subidas largas y de mucho porcentaje, tiene mentalidad de ganadora. Él dice que, a pesar de sus jóvenes 16 años, Tocha se propone algo y va fondo, que el no pareciera no estar en su vocabulario. 

Gustavo me pregunta si puedo ir yo a buscarles las camperas a las chicas que ya están en la largada; definitivamente ya me hicieron una más en este equipo. Aprovecho para sacarles unas fotos y ver sus caras con los nervios contenidos y un pie en el suelo antes de trabarlos en pedales. Mercedes, que está adelante de todo, al igual que el resto de sus compañeras mira al piso y justo antes de que toquen la chicharra y se escuche el clásico “vía, vía”, se persigna. Comienza la carrera. 

Corro hacia el auto, Sergio y Gustavo ya están listos. Hoy tenemos una posición complicada en la caravana. Como el circuito es más trabado y justo delante nuestro queda una Transfer de San Juan, la visión está obstruida. Hacemos la primera vuelta en nuestro lugar, Sergio cada tanto se asoma por la izquierda para ver un poco más. Nada. Otro día sin radio tour, vamos ciegos, a la vieja usanza. 

El Ladies deja ver su estrategia desde el inicio: imponen un ritmo muy fuerte, con el objetivo de que nadie pueda contraatacar, resguardan a Tocha para que pueda mantener el maillot de junior, la montaña y de la general, en una redonda furiosa. Gustavo propone que en la segunda vuelta nos ubiquemos en la subida larga que termina en el Peaje Perilago para dar abastecimiento. Parece una buena idea, ya que el equipo cuenta con un auto mejor posicionado en la caravana para brindarles auxilio. Cortamos camino en la rotonda de la YPF y bordeamos el Dique Cruz de Piedra, un embalse de agua que se lucirá en las fotos aéreas. 

Sergio estaciona la camioneta bajo la sombra, Gustavo nos reparte botellas de agua para las corredoras y los tres preparamos nuestros celulares para filmarlas cuando pasen. Me ubico en el borde de la curva, pienso que es el mejor ángulo para retratar al pelotón y espero. A mi lado hay una familia numerosa; cuento: madre, padre, dos hijos, un bebé y alguien que adivino como tío. Juntos, entre neveras con pan dulce y avituallamiento para algún corredor, esperan sentados en sillas reposeras y analizan la etapa masculina del día anterior. Más adelante hay una van ploteada con la leyenda de una escuela de ciclismo. Sus dueños están tomando mate, también esperan a las corredoras. 

Sergio le grita a Gustavo y como un eco me llega a mí: ¡Ahí vienen! A lo lejos, del otro lado del dique, las veo. Al principio son una mancha indistinguible, un tren de un solo vagón que avanza. Al acercarse los colores de cada jersey se encienden y las corredoras se vuelven individuos. En la punta ataca Lola Rodriguez, a esta altura es sin duda las más combativa de la montaña. Atrás, como una sombra que no se va a despegar, viene Sofía Martelli mordiéndose los dientes y yo no puedo no gritarle: ¡Dale, Sofi! Hay dos momentos por demás emocionantes para observar una carrera: un tramo de montaña y el sprint final. En ese momento me doy cuenta que esta carrera se reduce a esas dos situaciones. Martelli esconde tras su rueda a Tocha, la chiquita, la sprinter, y extrañamente se la ve contenta. No puedo decir por qué, pero pareciera que tiene una sonrisa en la cara. Arriba, luego del peaje, la ganadora es  Nelismar Gómez, del Castaño Team. 

Nos subimos otra vez al auto. Esta vez Gustavo propone ir a la puerta del Ave Fénix para otro avituallamiento. Les pido que me dejen en la rotonda antes de la llegada, preciso ver la definición de esta etapa en la meta sprint. Me bajo rápido, como si fuésemos un grupo comando y yo la criminal más buscada del condado. Ellos doblan en la rotonda para acortar camino, antes de que pasen las ciclistas. Camino bajo el sol, que hoy sí está tremendo y me arrepiento de haberme puesto pantalones largos; el clima de San Luis puede ser impredecible. 

Me paro al lado de la mesita de los comisarios, quizás el único lugar con sombra en la zona de la terminal de ómnibus. Estamos bajo el techo del arco de llegada, busco la mejor posición para ver y grabar el sprint. A mi lado los jueces analizan números, anotan tiempos, se comunican por radio con el comisario que está en la carrera. Veo que Sebastián Fernandez tiene su celular en un trípode, lo suficientemente alto como para que yo me acuclille abajo y grabe desde un ángulo inferior la definición de la etapa. Le pido permiso y me ubico. Ahora esperamos, de oído nos van cantando por dónde pasa el pelotón: faltan 10 kilómetros, están en el peaje, ya van a doblar. Aparecen, la estampida final que pasa por entremedio del vallado. Traigo conmigo dos celulares, uno para filmar en cámara lenta y el otro normal. Me pregunto qué veré yo, si por las pantallas o el vivo. 

El final es velocidad toda junta que se nos viene encima, como una ola a punto de romper. Tocha, Granizal y Aguirre quedan bien posicionadas para disputarse el primero, segundo y tercer puesto. Nosotros, los espectadores, vemos esa forma en la que se bambolean los cuerpos: de un lado hacia el otro, los codos flexionados que sacuden el manillar, la cabeza hacia abajo y por último el lanzamiento hacia adelante de la bicicleta, a ver quién pasa la línea primera. 

La ganadora es Granizal. Incluso lo sabe microsegundos antes de traspasar la meta, pasa por el arco con las manos extendidas hacia el aire y siento que la escucho gritar. Luego, Tocha, y tercera Ludmila Aguirre. Tras ellas el resto de las ciclistas pasa con la inercia del embalaje. Un final apretadísimo, dice Sebastián, de Tiempo de Descuento, por el micrófono, y yo respiro, extiendo las rodillas y pienso: se terminó. 

 

Por Sofia Enecoiz: sofiaenecoiz@gmail.com 

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Deporte y Entrenamiento

El mundial de ciclismo de pista del 2025 se hará en el nuevo velódromo techado de San Juan

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La Unión Ciclista Internacional, máxima autoridad mundial del ciclismo deportivo, anunció oficialmente hoy la designación de San Juan como sede del campeonato mundial de ciclismo de pista a correrse en el 2025.

El escenario del evento será el velódromo cubierto de Pocito, que actualmente está en plena construcción y que según las autoridades provinciales será inaugurado dentro de seis meses. El nuevo velódromo está al lado del Estadio del Bicentenario y sus obras están demoradas por la restricción a las importaciones.

Será este el primer campeonato mundial de pista a celebrarse en nuestro país y justamente en San Juan, la provincia argentina con mayor desarrollo del ciclismo de pista y ruta. El gobernador de San Juan, Sergio Uñac, había presentado la solicitud y toda la documentación requerida a principios de septiembre al presidente de la UCI, David Lappartient (foto).
Gracias al empeño sanjuanino, Argentina se convertirá en el cuarto país de Sudamérica en organizar un mundial de pista, tras Uruguay (1968, en conjunto con Italia), Venezuela (1977) y Colombia (1995 y 2014).

Foto: Prensa San Juan

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Deporte y Entrenamiento

¿Hasta qué punto hay que aguantar el dolor en el deporte?

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Sabemos que el dolor cumple con la función de alertarnos de algún problema y también limitarnos en la actividad para no agravarlo. En la práctica deportiva es donde más dudas se presentan, ¿Es normal sentir dolor durante el ejercicio? Hay quienes sostienen que con dolor no se debe trabajar y otros que “algo de dolor es normal”. ¿Cómo saber cuál es el límite?

Se sabe, por ejemplo, que los deportistas de elite soportan un alto grado de dolor para progresar en su rendimiento. E incluso algunos afirman que el ganador es el que más dolor es capaz de soportar. En términos generales, según el momento del dolor se distinguen dos categorías:
Dolor agudo desde el comienzo de la actividad, algo que NO es normal.
Dolor al cabo de un tiempo de actividad, que puede ser normal, sobre todo si desaparece con descanso. El sobre esfuerzo continuo y repetitivo es el que más lesiones produce.
Algunos deportistas (casi todos, diría) sostienen la creencia de que al dolor uno puede acostumbrarse, aunque lo que en realidad se consigue es que el entrenamiento se haga cada vez menos eficiente. Quienes sufren más dolor están en los extremos: los que se inician y quienes se exceden.

Para redondear, como regla general y práctica se debe saber que el dolor debe ceder con el descanso y con la readaptación a determinadas rutinas. Caso contrario estaremos en presencia de la posibilidad de sufrir lesiones crónicas que contradigan de plano el propósito de la actividad física. Buenas rutas.

 

Por Doc Pedales*
Foto: Aaron Blanco Tejedor en Unsplash

*El autor de esta nota es el doctor en medicina Eduardo Saint Bonnet (MN 48943 y MP 23765), deportólogo y deportista.

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Accesorios

Consejos para pedalear bajo la lluvia

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Se acabó el invierno, meses en que quizás algunos le hayan dado tregua a la pasión por el pedal, quizás otros hayan elegido un destino turístico donde poder devorar caminos en bici. En cualquier caso, llegado ya el tiempo primaveral, para muchos treparse a esta máquina se vuelve una necesidad fundamental.
Pero no todo es sol y buenas temperaturas. Todavía quedan por delante algunos días frescos y por qué no, lluviosos, en una época del año en la que el clima suele ser inestable. Y para hacer frente a los días de lluvia cuando practicamos nuestro deporte favorito y minimizar los riesgos que inevitablemente traen los aguaceros, no está de más seguir algunos de los siguientes consejos.

La ropa adecuada
Uno de los elementos más importantes a la hora de salir un día con previsión de lluvia es elegir una vestimenta que sea impermeable y visible desde la distancia para el resto de los usuarios de la vía pública. No será necesario utilizar los últimos diseños, ni recurrir a las marcas más caras, no hay que esperar ganar algunas apuestas en Betsson para elegir este tipo de ropa. El mercado provee textiles especializados para este tipo de situaciones a muy buen precio.
Serán necesarios, como mínimo, una campera o poncho impermeables o un rompeviento resistente al agua, una calza impermeable, cubrezapatillas, guantes, cubrecasco y algún objeto reflectante, además de la propia ropa.

La planificación de la ruta
Siempre se debe saber con cierta exactitud cuál es el recorrido que se quiere cubrir, cuál es el estado de la pista, los desniveles… especialmente los días nublados, en los que todo puede empeorar repentinamente, encharcándose o embarrándose el suelo… Para esos días de riesgo, mejor planificar rutas donde nos aseguremos un paseo minimizando los riesgos, evitando caminos de tierra, zonas resbaladizas o rutas con mucho tráfico.

Previsión del tiempo
De pura lógica es comprobar antes de salir la previsión climatológica. Si este avisa de que no se trata de una simple llovizna, sino que se trata de un aguacero importante lo que se nos viene, el viento es fuerte o va a nevar, quizás sea mejor esperar a otra hora para salir, e incluso quedarse en casa ese día.

Uso de casco y gafas
Aunque portar gafas y casco son prendas habituales y necesarias para una conducción más segura, bajo la lluvia se vuelven imprescindibles. Si estos dos elementos están especialmente diseñados para pedalear bajo estas condiciones, mucho mejor. Para el casco existen, en cualquier caso, los mencionados cubrecascos, que evitarán que pase el agua a través de los canales de ventilación del casco.
En cuanto a las gafas, se consideran fundamentales para que la lluvia no entre en los ojos e impida la visión, como cabe suponer, pero deben ser transparentes. De este modo, no se perderá visibilidad ni luminosidad, algo bastante normal y peligroso en días de agua.

La presión de las ruedas
Por último, es recomendable bajar la presión de los neumáticos, puesto que de este modo se consigue aumentar la adherencia al suelo cuando este está húmedo. Así se reducirán notablemente las posibilidades de sufrir patinazos y resbalones.
Este truco es bastante popular, logrando un mayor agarre, ya que las cubiertas se adecuarán más al terreno al ampliar su superficie de contacto con el piso. Como regla general, se suele bajar unos 7 psi para las bicicletas de montaña y entre 15 y 25 psi para las de velocidad o ruta.

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Deporte y Entrenamiento

El factor Q y la ubicación de los pedales

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Bike fitting: el factor Q nos permite alinear cadera, rodilla y tobillo y descargar mejor la potencia de nuestra pedaleada.

En el gráfico con línea roja vemos una incorrecta alineación del conjunto cadera-rodilla-tobillo, mientras que en el de las líneas verdes aparece correctamente alineado.

Los pedales son parte fundamental en la interfaz de nuestro cuerpo con la bicicleta, y en la actualidad están siendo mejorados con diversos recursos que van desde la posibilidad de incorporar medidores de potencia y lectura de vectores (técnica de pedaleo) hasta otras menos tecnológicas pero muy eficientes como son los kits de ejes ampliados.
Al día de hoy sabemos que existe una serie de productos en diversas medidas para ayudar a un adecuado calce de nuestra bicicleta, tales como asientos, manubrios, stems, etcétera, y en este particular las palancas de nuestra bicicleta además del largo traen diferente Factor Q, que es la distancia entre ambas roscas del eje de los pedales.


El factor Q determina la distancia entre los pies del ciclista.

En el MTB, el factor Q está más trabajado, porque dependiendo de la especialidad se hace decisiva esta distancia. Por ejemplo, en el descenso, cuando estás parado arriba de los pedales ese factor Q debe ser mayor. Para hacer descenso es más cómodo de esa manera que llevar las piernas más juntas. En el MTB competitivo esto está más trabajado y se utiliza diferente factor Q para hacer distintas especialidades, y las marcas así lo trabajan.
En cambio en la ruta como en la pista y la contrarreloj la variación en el factor Q es mucho menor, va solo de 135 a 152 mm. Es como un estándar, no hay tantas variantes, son dos o tres medidas como máximo. Entonces pasa que cuando aparece un deportista con las caderas más anchas en la ruta o en el triatlón o en cualquiera de estas especialidades, está con problemas, porque no hay medida de factor Q para él, y para ellos es que se inventó el eje ampliado, para compensar el factor Q que viene de fábrica en esa bici.
La importancia de este Factor Q de la palanca radica en que a partir de ahí tendremos que instalar nuestros pedales, para luego colocar las trabas en las zapatillas y alinear cadera-rodilla-tobillo.
¿Pero que pasa entonces si —como dijimos— en este proceso de alineación no logramos encontrar el punto exacto debido a que el Factor Q de las palancas es muy estrecho con relación a nuestra cadera?
Hoy en día, existe la posibilidad de usar pedales con diferentes largos de ejes para compensar esta situación (Look, Ritchey, Shimano Dur Ace, Speedplay, Crank Brothers, extensores de BikeFit) y así lograr que la descarga de fuerza sea lo más vertical posible.
La idea de esto es lograr un pedaleo lo más eficiente en términos de vectores de fuerza y puntos de presión en el eje del pedal. Esto es comprobable con la oferta de potenciómetros disponibles en el mercado actual, ya que afortunadamente para nosotros cada vez incorporan mayor tecnología a la vez que se hacen más asequibles.

 

Por Roberto Hernández: roberto@amarubikefit.com | (011)3281-3482 | (íconos) FB, INSTA, Twitter Amaru Bikefit

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