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Deporte y Entrenamiento

Las fotos y un magnífico relato de la Vuelta del Porvenir femenina corrida en San Luis

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Entre el 9 y el 13 de febrero pasados se corrió en San Luis la Vuelta del Provenir, una carrera de ruta por etapas en las que hubo una sección masculina y una femenina. De esta última trata esta vívida crónica.

 

El Porvenir de las ladies
Por Sofia Enecoiz

El Merry móvil viaja hacia la tierra prometida de San Luis, capital del ciclismo. Atraviesa la lluvia y de fondo suena un éxito tras otro de Alejandro Sanz. Viajo otra vez con Mariela y Sofía, ahora las dos forman parte del mismo equipo, el Weber Shimano Ladies Power. 

El ciclismo es federal, nos obliga a viajar por todo el país. Las chicas se turnan para manejar, yo voy de observadora. A último momento surge la posibilidad de ir a cubrir la Vuelta del Porvenir y se concede mi sueño de ser prensa oficialmente. Hacemos una parada para dormir en un típico hotel de camioneros en la localidad de Vedia, llegamos por la noche, parece un pueblo fantasma. Los pisos del hospedaje están alfombrados, detalle que me hace conectar con cualquier verano de mi niñez en la costa. Dormimos las tres en un cuarto con tres camas y un ventilador que nos sobrevuela; emite el sonido blanco que ayuda a conciliar el sueño. Hay un detalle que me llama la atención: ambas corredoras utilizan grabaciones de meditaciones para ir a dormir. Me pregunto si eso me serviría a mí en una situación de concentración, nunca lo probé, mi meditación es el rumiar de las alas del artefacto destartalado. 

Partimos a la mañana. Me levanto más temprano que ellas, bajo al desayunador y para mi sorpresa no estoy sola; varias parejas de hombres me imitan tomando café y comiendo medialunas. Adivino: han de ser choferes que, como Mariela y Sofía, se turnan en largas jornadas de carretera. Cuando bajan, las chicas comienzan la ingesta de hidratos. El desayuno es pobre en frutas. 

El segundo tramo del viaje se hace corto. Coincidimos las tres en que parar y dormir ha sido una idea estupenda. Mariela y Sofía hacen contenido para las redes, las personales y las del equipo, analizan el perfil de la carrera, la lista de corredoras inscritas, hasta que un cartel nos sorprende: San Luis, reza el arco que vigila la entrada a la provincia. Dos columnas de piedra gruesa custodian a los lados de la ruta. Al traspasarlas el ingreso se hace efectivo. 

Decidimos almorzar antes de llegar a Juana Koslay. Encontramos un comedor rutero para nada elegante, con una moza desmemoriada del menú. 

Los deportistas y la comida son un tema aparte. Previo a la competencia las restricciones alimenticias son necesarias: continúa la carga de hidratos. Pedimos unos ravioles, ellas con aceite porque mejor no correr ningún riesgo estomacal, yo me animo y pido un tuco, que en realidad no es más que la salsa de estofado a la que le han quitado la carne. No tengo un paladar tan inocente y reconozco el dejo de la grasa de algún animal en mi plato. 

Sofía y Mariela paran en el Ave Fénix, un club que hospeda deportistas de todos los rubros, ubicado sobre Avenida del Viento Chorrillero, en Juana Koslay. Allí la organización destinó cuartos para todos los equipos femeninos que participarán de la jornada de dos días de la Vuelta del Porvenir. Hay algo particular en la ubicación de este nuevo hospedaje: el chorrillo. Es el nombre de la geografía puntana donde va a tener lugar toda la carrera, tanto masculina como femenina, y su viento, el chorrillero, es además un elemento clave en el deporte que se va a desarrollar a lo largo de estos días. El chorrillero, a pesar de las molestias que ocasiona a los ciclistas, reporta beneficios no despreciables: en la época de los fuertes calores, como el verano que transitamos, sopla atemperando el clima. Al parecer, nosotras llegamos con el aliento fresco que mueve a los chorrillos entre las piedras de los ríos secos de San Luis. 

Al día siguiente es la carrera, primera etapa. La noche previa, las Ladies tienen charla técnica con el director del equipo, el Pampa Ferrari. Yo me hospedo en otro lugar, con representantes de prensa, pero también me preparo: apilo la ropa en un rincón del cuarto. Mañana 6 de la mañana arriba, directo a la largada, gracias a Verónica, manager del equipo, que me asegura un lugar en el auto de auxilio de la Ladies. Es mi primera vez en una caravana. 

La primera etapa

El sábado amanece frío y despejado, casi como si no fuese febrero en la provincia puntana. Me arrimo hacia la largada y veo el amanecer entre las incipientes montañas. Sin embargo no estoy segura de que San Luis tenga picos de cordillera, son como el inicio de otra geografía que se desarrolla con mayor intensidad en Mendoza. 

El arco de largada tiene impreso el nombre de la Vuelta, esta es la segunda edición. Ubico al equipo, sus corredoras, auxiliares y autos; al principio pienso que voy a ser inservible, que solo vine para mirar y retratar situaciones. Cuando Gustavo, mecánico y asistente del Ladies, me da su cámara y me dice si puedo sacar algunas fotos durante la carrera me doy cuenta que mi rol va a ser otro. 

Las corredoras están, en su mayoría, acompañadas por algún miembro familiar. Las junior directamente viajan con todo el entorno: madre, padre, hermanos y hermanas. Las corredoras madres han traído a sus hijos. El ciclismo es familia, escuché decir una vez en Lanús y acá, a cientos de kilómetros de las casas de cada corredora, se comprueba. Cada una de ellas tiene un pequeño ritual: una madre hace una trenza con el pelo de su hija que sobresale del casco, el padre de otra le pasa un trocito de banana perfectamente fraccionado con antelación, el técnico les arrima sus caramañolas especialmente cargadas con lo que toma cada una. Sanguchitos de membrillo, sobran.

Ordenamos la chata, Gustavo le pone el número 7 a la parte trasera; buena suerte, pienso yo. Nos acompaña el enredo de ruedas, bicicleta de auxilio y la tensión, sobre todo la tensión de estar a punto de largar. 

El equipo se acomoda en la largada y Gustavo recoge las camperas de todas sus corredoras. Larga la primera etapa del Porvenir y nosotros atrás, una larga fila de autos, la famosa caravana. Hay un orden, una idiosincrasia diré, que seguir: adelante de todo, detrás del pelotón, están los comisarios repartidos en dos vehículos: uno en moto, el otro en un auto. Luego, siguen los autos de auxilio neutral que, por alguna razón que desconocemos, se han ubicado detrás de los comisarios, aunque por lo general van al fondo de la caravana, cuando ya no hay otro auxilio posible. Después, seguimos nosotros, los autos de los equipos, en fila según el número que ha tocado por sorteo el día previo. El 7, dentro de todo, es una buena posición. Fantaseamos que podremos ver la carrera, aunque en realidad solo veremos partes. 

Maneja la chata el padre de Vane, una de las corredoras, un cordobés simpático y por demás relajado; en el asiento de acompañante va Gustavo, imagino que debe haber sido corredor también, y que por lo flaco y chiquito que es seguro ha subido bien más de un puerto. Hay tensión entre ellos, siento que a Gustavo le gustaría estar manejando, da indicaciones, le recuerda al padre de Vane que no tiene que pasarse a la mano izquierda, la caravana siempre por derecha. Cuando el auto agarra una bajada y el pelotón una subida lo vemos, a lo lejos, como una nube compacta multicolor de cabezas encascadas; es en uno de esos subibajas que me parece ver a Mercedes Fadiga levantar la mano: pide auxilio. Me sorprendo un poco de mí misma: cómo puedo reconocer a alguien en ese mundo de piernas y manubrios apretados, pero al mismo tiempo pienso que Mechi es bastante particular, reconocible entre la multitud. 

El auto de auxilio se prende fuego; Gustavo le grita con todo al padre de Vane: ¡Ahora sí, por la izquierda! Pasamos por lugares imposibles, abriéndonos camino a los bocinazos. Mechi, que ya está siendo auxiliada por un auto neutral, le grita a Gustavo que dale, que se apure, que ahora ya está, y él, que llega tarde, no logra ponerle la rueda que se merece la campeona argentina de ruta. En un segundo Mechi se sube al sillín y Gustavo empuja y corretea a su lado. Ahora tenemos que alcanzarla a la caravana. Mercedes trepa como solo había visto en televisión, en carreras pro tour, es como si lanzara una telaraña que la acerca a los autos. Mariela Delgado baja para buscarla, para ayudarla a conectar con el pelotón, y ahí van, en la danza de la caravana, como dos gitanas que conocen la coreografía a la perfección.

La carrera se vuelve paisaje: aparece el dique La Florida con sus ondulaciones y el pelotón se estrella contra el fondo azulado de puentes carcomidos por el tiempo. Más de una corredora pincha en ese terreno. Las pasamos, esquivamos a los autos de otros equipos que también las auxilian, que sufren lo que sufrimos nosotros al principio de carrera. Gustavo reconoce qué corredora es capaz de alcanzar nuevamente al pelotón y qué corredora va a terminar con el coche escoba. Por momentos dice: esta chiquita tiene miedo, con esa cadencia no va a llegar. 

En el murallón del dique presenciamos el ataque de Lola Rodríguez, la experimentada corredora del Club Ciclista del Plata que viene de ganar el Tour Femenino Internacional de Uruguay, una carrera casi obligatoria en el calendario femenino de América del Sur. El momento de quiebre está en esa subida, es el único tramo en el que puede romper al pelotón. En el auto discutimos que si la fuga no se arma acá el sprint va a ser masivo. Hay una reducción pero no es definitiva, las que quedan colgadas aún pueden acoplarse y el pelotón mayoritario todavía conserva una buena cantidad de corredoras, unas 25 de 70. Para mi sorpresa, la meta montaña se la queda Eliana Tocha, algo en lo que voy a pensar ahora y a futuro, intentar comprender cómo la sprinter del grupo gana esa posición.

La bajada no la vemos, me contarán después que fueron rápido, algunas tocan los 70 km/h. El pelotón ingresa en la zona de la rotonda de El Durazno, una ruta arbolada, en gran estado y rápida. Allí se define la meta sprint, que tampoco la vemos. Nos acercamos al auto del Pampa, que nos hace señas, y con una sonrisa nos dice: la ganó Mariela. Festejamos, a falta de radio tour los datos van y vienen entre vehículos. Me la imagino a Delgado apretando el manillar y mostrando los dientes; quizás la lanzó Sofi, pienso. 

Ya se termina, les comento a Sergio, el conductor, y a Gustavo, ¿Ya? me responden. Y sí, quedan menos de 20 kilómetros. Acá veo la diferencia entre las Ladies y la mayoría de los otros equipos: llegan juntas al final. Sofía ya me había dicho: vas a ver que nosotras vamos a ir juntas adelante y así las veo en el último kilómetro: armadas, formando una estela con los mismos colores. Sin embargo sus diferencias físicas me dejan reconocer a cada corredora por su nombre. Se desprenden en los momentos justos: 1 kilómetro, 700 metros, 500 metros, 300 metros, 200 metros y los 100 metros finales son de la sprinter, la locomotora Tocha, que pasa la meta con las manos en alto y una sonrisa de oreja a oreja.

Nosotros, desde el auto, tenemos un ángulo rarísimo, un perfil del sprint, las seguimos de costado, como un traveling cinematográfico y de hecho intentamos filmar: Gustavo y yo sacamos medio cuerpo de las ventanillas y agitamos nuestros celulares para captar ese momento, aunque ambos sabemos que es imposible. No lo vemos pero lo escuchamos, el relator nos cuenta que es Eliana la ganadora y que las Ladies se llevan los laureles de la primera jornada del Porvenir. 

Segunda etapa

La segunda etapa de la Vuelta es incertidumbre para mí: aún no sé cómo voy a llegar a la largada. A diferencia de ayer, la etapa larga a 7 kilómetros de donde estoy parando. Descarto ir pedaleando, ya que voy a transitar el recorrido junto con el auto de auxilio de las Ladies, otra vez. 

Bajo a desayunar con la idea de pedir un remís en la recepción. Hablo con la recepcionista antes de desayunar, quien muy amable me responde que ella se ocupa de conseguirme algo, que no es fácil pero que hará el intento. Las mesas del comedor están dispuestas en dos formas: las redondas son para los equipos (la prensa duerme en el mismo lugar que el Team Medellín, la selección de Chile, Swift Carbon Pro Cycling de Brasil, la selección de Paraguay y Construcciones Zea de Colombia) y las cuadradas para los mortales, que en su mayoría somos prensa. 

Sentado, en la esquina del salón, lo veo a Enrike con k; así se va a presentar él momentos después. Toma un yogur con cereales y café, tiene ojeras como yo, de esas que vienen inherentes a uno, no importa si estamos cansados o descansados. Me presento y le consulto cómo va a llegar a la largada de hoy, me dice que le envíe mi teléfono, que me va a poner en una combi para prensa (otro sueño más en menos de 15 minutos). Conversamos sobre ciclismo, medios, referentes. Me comenta que trabaja para Voces del Ciclismo, un reconocido portal que suele entrevistar a los ciclistas ni bien se bajan de la bicicleta al terminar una carrera. 

Termino mi café un poco ansiosa. Aún no sé si viajaré en la combi, en un remís o si tendré que improvisar algo, cuando bajan otros tres periodistas: José Luis Rojo Mallea, el reconocido fotógrafo que está en todas las grandes vueltas, y la dupla de Tiempo de Descuento: Marcela Dutto, fotógrafa también, y Sebastián Fernández, que no es ni más ni menos que el presentador y relator de toda la Vuelta del Porvenir. La combi, nos dicen por mensajito, queda cancelada. Me arrimo a esta mesa de trabajadores del ciclismo para garronearles un lugar en el auto. Se consultan entre ellos y, finalmente, me dicen que sí, que vamos a viajar apretados pero que no hay problema. Los veré trabajar a lo largo de toda la etapa, a diferencia mío ellos cubren todas las categorías, tienen una jornada de más de 12 horas de trabajo. 

Llegamos a la largada y cada quien dispara para sus puestos. Otra vez tengo que buscar al equipo. Hoy estoy un poco más relajada, conozco a Gustavo, a Sergio, al Pampa. Los veo, todos juntos con las corredoras, que, por cierto, también están más distendidas. Hace más calor que el día anterior y la carrera para ellas ya no está en juego sino que deben asegurarla, mantenerla en sus manos. ¿Qué significa esto? Que tendrán que correr estratégicamente, como si antes no lo hubieran hecho también, pero ahora es otra decisión deportiva, el objetivo es controlar la carrera. 

Esta vez el recorrido es un circuito que las corredoras tendrán que repetir tres veces. El día anterior fuimos a reconocerlo con algunas ciclistas: es rápido, con una meta montaña agresiva y una meta volante que aparece luego de una larga bajada. Antes de que larguen, el Pampa me pregunta si me estoy divirtiendo, que cómo veo la carrera. Le cuento mi inquietud: ¿cómo puede ser que la sprinter del equipo haya ganado las metas de montaña? Me cuenta que Tocha, además de estar en un gran estado de forma y de que estas carreras no suponen subidas largas y de mucho porcentaje, tiene mentalidad de ganadora. Él dice que, a pesar de sus jóvenes 16 años, Tocha se propone algo y va fondo, que el no pareciera no estar en su vocabulario. 

Gustavo me pregunta si puedo ir yo a buscarles las camperas a las chicas que ya están en la largada; definitivamente ya me hicieron una más en este equipo. Aprovecho para sacarles unas fotos y ver sus caras con los nervios contenidos y un pie en el suelo antes de trabarlos en pedales. Mercedes, que está adelante de todo, al igual que el resto de sus compañeras mira al piso y justo antes de que toquen la chicharra y se escuche el clásico “vía, vía”, se persigna. Comienza la carrera. 

Corro hacia el auto, Sergio y Gustavo ya están listos. Hoy tenemos una posición complicada en la caravana. Como el circuito es más trabado y justo delante nuestro queda una Transfer de San Juan, la visión está obstruida. Hacemos la primera vuelta en nuestro lugar, Sergio cada tanto se asoma por la izquierda para ver un poco más. Nada. Otro día sin radio tour, vamos ciegos, a la vieja usanza. 

El Ladies deja ver su estrategia desde el inicio: imponen un ritmo muy fuerte, con el objetivo de que nadie pueda contraatacar, resguardan a Tocha para que pueda mantener el maillot de junior, la montaña y de la general, en una redonda furiosa. Gustavo propone que en la segunda vuelta nos ubiquemos en la subida larga que termina en el Peaje Perilago para dar abastecimiento. Parece una buena idea, ya que el equipo cuenta con un auto mejor posicionado en la caravana para brindarles auxilio. Cortamos camino en la rotonda de la YPF y bordeamos el Dique Cruz de Piedra, un embalse de agua que se lucirá en las fotos aéreas. 

Sergio estaciona la camioneta bajo la sombra, Gustavo nos reparte botellas de agua para las corredoras y los tres preparamos nuestros celulares para filmarlas cuando pasen. Me ubico en el borde de la curva, pienso que es el mejor ángulo para retratar al pelotón y espero. A mi lado hay una familia numerosa; cuento: madre, padre, dos hijos, un bebé y alguien que adivino como tío. Juntos, entre neveras con pan dulce y avituallamiento para algún corredor, esperan sentados en sillas reposeras y analizan la etapa masculina del día anterior. Más adelante hay una van ploteada con la leyenda de una escuela de ciclismo. Sus dueños están tomando mate, también esperan a las corredoras. 

Sergio le grita a Gustavo y como un eco me llega a mí: ¡Ahí vienen! A lo lejos, del otro lado del dique, las veo. Al principio son una mancha indistinguible, un tren de un solo vagón que avanza. Al acercarse los colores de cada jersey se encienden y las corredoras se vuelven individuos. En la punta ataca Lola Rodriguez, a esta altura es sin duda las más combativa de la montaña. Atrás, como una sombra que no se va a despegar, viene Sofía Martelli mordiéndose los dientes y yo no puedo no gritarle: ¡Dale, Sofi! Hay dos momentos por demás emocionantes para observar una carrera: un tramo de montaña y el sprint final. En ese momento me doy cuenta que esta carrera se reduce a esas dos situaciones. Martelli esconde tras su rueda a Tocha, la chiquita, la sprinter, y extrañamente se la ve contenta. No puedo decir por qué, pero pareciera que tiene una sonrisa en la cara. Arriba, luego del peaje, la ganadora es  Nelismar Gómez, del Castaño Team. 

Nos subimos otra vez al auto. Esta vez Gustavo propone ir a la puerta del Ave Fénix para otro avituallamiento. Les pido que me dejen en la rotonda antes de la llegada, preciso ver la definición de esta etapa en la meta sprint. Me bajo rápido, como si fuésemos un grupo comando y yo la criminal más buscada del condado. Ellos doblan en la rotonda para acortar camino, antes de que pasen las ciclistas. Camino bajo el sol, que hoy sí está tremendo y me arrepiento de haberme puesto pantalones largos; el clima de San Luis puede ser impredecible. 

Me paro al lado de la mesita de los comisarios, quizás el único lugar con sombra en la zona de la terminal de ómnibus. Estamos bajo el techo del arco de llegada, busco la mejor posición para ver y grabar el sprint. A mi lado los jueces analizan números, anotan tiempos, se comunican por radio con el comisario que está en la carrera. Veo que Sebastián Fernandez tiene su celular en un trípode, lo suficientemente alto como para que yo me acuclille abajo y grabe desde un ángulo inferior la definición de la etapa. Le pido permiso y me ubico. Ahora esperamos, de oído nos van cantando por dónde pasa el pelotón: faltan 10 kilómetros, están en el peaje, ya van a doblar. Aparecen, la estampida final que pasa por entremedio del vallado. Traigo conmigo dos celulares, uno para filmar en cámara lenta y el otro normal. Me pregunto qué veré yo, si por las pantallas o el vivo. 

El final es velocidad toda junta que se nos viene encima, como una ola a punto de romper. Tocha, Granizal y Aguirre quedan bien posicionadas para disputarse el primero, segundo y tercer puesto. Nosotros, los espectadores, vemos esa forma en la que se bambolean los cuerpos: de un lado hacia el otro, los codos flexionados que sacuden el manillar, la cabeza hacia abajo y por último el lanzamiento hacia adelante de la bicicleta, a ver quién pasa la línea primera. 

La ganadora es Granizal. Incluso lo sabe microsegundos antes de traspasar la meta, pasa por el arco con las manos extendidas hacia el aire y siento que la escucho gritar. Luego, Tocha, y tercera Ludmila Aguirre. Tras ellas el resto de las ciclistas pasa con la inercia del embalaje. Un final apretadísimo, dice Sebastián, de Tiempo de Descuento, por el micrófono, y yo respiro, extiendo las rodillas y pienso: se terminó. 

 

Por Sofia Enecoiz: sofiaenecoiz@gmail.com 

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Tour de France 2026: El triunfo de la carne sobre el algoritmo, la tiranía de Pogačar y la historia de Del Toro

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Se apagan las luces en París. Se terminó la 113.ª edición del Tour de France. Tres semanas de sufrimiento deshumano, de tipos pedaleando al borde del colapso, de sangre seca en el asfalto y de planillas de Excel que terminaron decorando los tachos de basura de los hoteles de concentración.

Nos quisieron vender un Tour de laboratorio. Un ajedrez estéril donde los vatios por kilo y las radios desde el auto iban a dictar el destino del Maillot Amarillo. Pero la ruta, como siempre, es una bestia indomable. Este Tour de France 2026 no lo ganó la ciencia; lo ganó el hambre salvaje, la locura individual y el coraje de los que se animaron a romper el guion.

Por Pedro Piusselli

1. Pogačar: El rey sin cadenas que incineró las calculadoras

Tadej Pogačar no es un ciclista; es una fuerza de la naturaleza que se alimenta del pánico de sus rivales. Con el abandono de Jonas Vingegaard en la segunda semana —el gran sismo que destruyó la estructura táctica del Visma—, el esloveno no se dedicó a especular ni a administrar la ventaja como un contador público.

Al contrario: en el infierno del doblete al Alpe d’Huez y en los pasos de oxígeno escaso por encima de los 2.600 metros en el Galibier, Tadej aceleró donde la lógica decía que había que cuidar las piernas. Se coronó campeón absoluto con el Maillot Amarillo y la Montaña no por cálculo métrico, sino porque corre con la furia de los antiguos mitos. Demostró que cuando la carretera se pone vertical y los pulmones queman, los potenciómetros son un adorno inútil.

2. Isaac Del Toro: La consagración de la nueva sangre

Si lo de Tadej fue una exhibición de tiranía, lo del pibe mexicano Isaac Del Toro fue una consagración histórica. Quienes creían que el maillot blanco le iba a pesar o que trabajaría solo como un gregario obediente, no entendieron la pasta de la que está hecho.

Del Toro se bancó la presión del pelotón más salvaje del planeta, defendió el Maillot Blanco de los jóvenes hasta los Campos Elíseos y se subió al podio final del Tour en París. El ciclismo latinoamericano tiene a un nuevo gladiador sentado en la mesa grande de los capos de este deporte.

3. El cuadro de honor definitivo en París

  • 🟡 Maillot Amarillo (Campeón General): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).

  • 🟢 Maillot Verde (Puntos / Regularidad): Mads Pedersen (Lidl-Trek), llevándose la camiseta a pura potencia, coraje y consistencia en los sprints.

  • Maillot Blanco (Mejor Joven Sub-26): Isaac Del Toro (UAE Team Emirates), la gran revelación del año.

  • 🔴 Maillot de Lunares (Rey de la Montaña): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).

4. La lección final: El ciclismo sigue siendo humano

Las megacorporaciones del deporte van a volver a sus centrales operativas a analizar teraflops de datos, buscando entender cómo un tipo sonriendo sobre la bici destruyó sus estrategias multimillonarias.

El Tour de France 2026 nos deja la lección más hermosa de todas: podés comprar el mejor túnel de viento del mundo, podés medir hasta el último gramo de glucógeno que consume un atleta, pero jamás vas a poder medir el corazón, la agresividad y el coraje de un rebelde con las piernas prendidas fuego.

El algoritmo perdió. Ganó el ciclismo real. ¡Nos vemos en la ruta!

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Tour de France 2026: El colapso de Vingegaard, la soledad de Pogačar y el terror a los Alpes

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Por Pedro Piusselli

Quince días de tortura. Quince días de tipos pedaleando con la boca llena de sangre y barro seco, de pulsaciones al límite del paro cardíaco y de algoritmos que se incineraron en directo. Llegamos al segundo y último día de descanso del Tour de France 2026 y el pelotón frena en los Alpes con un sismo que sacudió los cimientos del deporte: el abandono de Jonas Vingegaard.

El gigante danés, la máquina fría de rendir vatios perfectos, tuvo que tirar la toalla. Se terminó el duelo de titanes. La retirada del líder del Visma-Lease a Bike no solo dejó a su equipo huérfano y en ruinas tácticas, sino que expuso la verdad más cruda de este deporte: hasta el cuerpo más microscópicamente preparado por ingenieros de rendimiento se quiebra cuando la ruta exige más de lo que la biología puede dar.

1. El terremoto Vingegaard y la caída del imperio Visma

Lo que ocurrió esta semana fue un baño de realidad para los que creían que el ciclismo se podía controlar desde un auto con planillas de Excel. Visma armó una estructura multimillonaria pensada únicamente para blindar a Jonas y desgastar a Pogačar. Pero el cuerpo dijo basta.

Ver a Vingegaard desmontar y poner pie en tierra fue un golpe helado para el pelotón. Sin su gran rival en carrera, el laboratorio corporativo del Visma colapsó por completo. El Tour no perdona la fragilidad humana, y este abandono reescribe la historia de la carrera: se acabó la guerra fría de desgaste y empieza el sálvese quien pueda.

2. La picadora de carne de Solaison

Si el abandono de Jonas fue el golpe psicológico, la etapa camino al Plateau de Solaison fue el matadero físico. Una pared de categoría Especial con 11 kilómetros al 9% de pendiente promedio al cierre de la segunda semana, donde el pelotón llegó con el tanque en reserva roja.

Sin el tren del Visma dictando un ritmo anestesiante, Solaison fue una carnicería sin anestesia. Las tácticas se fueron a la basura, los gregarios se desintegraron y vimos a los capos pelear mano a mano, con la cara deformada por el dolor. Solaison no fue una etapa de ciclismo; fue un juicio final.


3. La nueva realidad: Pogačar en solitario y la batalla por el podio

La clasificación general dio un vuelco dramático en este segundo descanso:

  • Tadej Pogačar (UAE Team Emirates) reina sin sombra: Con Vingegaard fuera de combate, el esloveno navega con una ventaja aplastante en el Maillot Amarillo. Pero ojo: correr sin su gran referencia lo obliga a gestionar la carrera él mismo, sin el estímulo de tener a su némesis pisándole los talones.

  • La explosión de Isaac Del Toro (UAE): El pibe mexicano queda ahora como una pieza central del podio y la revelación absoluta del Tour, aguantando con los galones de un veterano.

  • La jauría por los escalones restantes: Con la baja de Jonas, nombres como Remco Evenepoel y los outsiders ven una grieta histórica para pelear por un podio en París que hasta hace una semana parecía blindado.

4. El botín de guerra tras 15 etapas

  • Maillot Amarillo (General): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).

  • Maillot Verde (Puntos): Mads Pedersen (Lidl-Trek), aguantando la camiseta de la velocidad a puro coraje.

  • Maillot de Lunares (Montaña): Tadej Pogačar (liderando la montaña sin discusión).

  • Maillot Blanco (Jóvenes): Isaac Del Toro (UAE Team Emirates), intocable entre los menores de 25 años.

5. Lo que viene: El infierno del doblete del Alpe d’Huez

Sin Vingegaard para contener a Pogačar, la tercera semana promete ser una carnicería descontrolada. Las etapas 19 y 20 nos meten de lleno en el doblete al Alpe d’Huez por vertientes distintas.

La etapa 20 será el apocalipsis: Croix de Fer, Telégraphe, el techo del Tour en el Galibier (2.642 m) y el inédito Col de Sarenne a 24 horas del final. A más de 2.000 metros de altitud el oxígeno se vuelve un lujo. Sin el danés en la ecuación, los Alpes van a ser el territorio de los valientes y de los desesperados.

El veredicto del segundo descanso

El abandono de Vingegaard nos recuerda por qué amamos este deporte: porque no hay software que garantice la gloria. Que sigan los científicos del deporte buscando explicaciones en los hoteles; la tercera semana se va a definir con las tripas. El Tour no perdona a nadie.

Foto: 📸 : A.S.O. / @charlylopezph & @thomas_maheux

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Tour de France 2026: Pantallas rotas, dolor real y el olor a miedo en el primer descanso

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Tour de France 2026: Pantallas rotas, dolor real y el olor a miedo en el primer descanso

Por Pedro Piusselli

Nueve días de tortura. Nueve días de tipos al límite del colapso físico, de directores de equipo sudando frío detrás del volante y de transmisiones que intentan venderte un deporte quirúrgico y controlado que, por suerte, todavía se les escapa de las manos. El pelotón del Tour de France 2026 frena hoy a lamerse las heridas en este primer día de descanso. Es el momento perfecto para ver dónde se rompieron sus malditos planes, quién tiene la sangre en el ojo y hacia dónde apunta la tormenta que se viene.

Querían un Tour de laboratorio. Diseñaron estrategias milimétricas para mantener a los líderes flotando en una burbuja estéril de vatios calculados. Pero el ciclismo de verdad es mugre, es asfalto hirviendo, es viento cruzado y es agonía pura. Y esta primera semana se encargó de recordarles que el algoritmo no tiene piernas.

1. El pánico de Barcelona: Sin guardaespaldas en Montjuïc

El Tour arrancó pateando el tablero con una Contrarreloj por Equipos en Barcelona que prometía ser histórica, y vaya si lo fue. Pero no por la sincronización estética de los trenes aerodinámicos, sino por el sálvese quien pueda que provocó la nueva regla de la organización.

Al obligar a tomar el tiempo del equipo con el primer corredor, pero computar el tiempo individual para la clasificación general, los directores tuvieron un cortocircuito mental. Se terminó la vieja táctica de viajar protegidos como una corporación donde los gregarios te hacen de escudo y te llevan entre algodones para que flotes sin despeinarse.

En Barcelona los dejaron sin guardaespaldas. Vimos a los capos de escuadra totalmente expuestos, doblando al límite en las curvas urbanas y reventándose el pecho en solitario en la subida final al Estadio Olímpico de Montjuïc. Ver la cara de pánico y las bocas abiertas de los máximos favoritos al cruzar la meta, dándose cuenta de que desde el segundo uno iban a tener que sangrar solos, fue una caricia para los que amamos el ciclismo clásico. Las primeras diferencias de este Tour se marcaron con riñón y sudor individual, no con la inercia del presupuesto.

2. El Tourmalet y los Pirineos escupieron la mentira

La etapa 6 fue un puñetazo en la boca del estómago para los que basaron su pretemporada en simuladores virtuales y números teóricos de túnel de viento. El Tourmalet no entiende de software.

Las megacorporaciones de la categoría quisieron imponer su ley. Pusieron a sus gregarios de un millón de dólares a sostener ritmos de destrucción masiva en las rampas de los Pirineos, buscando adormecer la carrera bajo la dictadura de los vatios por kilo. Pero la montaña es el mejor detector de mentiras del planeta.

Cuando el aire empieza a faltar por encima de los 2.000 metros y la pendiente muerde los talones, la teoría se evapora. Vimos nombres importantes quedar descolgados del grupo de favoritos mucho antes de lo previsto, arrastrando las piernas y perdiendo minutos que en el ciclismo moderno son una sentencia de muerte. El Tourmalet no perdona el humo de la pretemporada: o tenés el punto de maduración justo en las piernas o la ruta te escupe para atrás sin piedad.

3. El mano a mano: El ring de los favoritos

Olvidate de las declaraciones de prensa diplomáticas; en el pelotón se huelen el miedo. La general está al rojo vivo y las posiciones actuales reflejan que esto va a ser una guerra de desgaste psicológico:

  • Tadej Pogačar (UAE Team Emirates) lidera con 32h 17′ 04″. El esloveno es el dueño absoluto del circo por ahora. Se calzó el amarillo y corre con la confianza de quien se sabe el más fuerte del patio, obligando a los demás a salir de su libreto defensivo.

  • Jonas Vingegaard (Visma | Lease a Bike) acecha a 2m 42s. Fiel a su estilo de hielo, el danés resiste apoyado en su tren de montaña. No se desespera; sabe que la verdadera altitud y el desgaste de la tercera semana juegan a su favor.

  • Isaac Del Toro (UAE Team Emirates) completa el podio a 3m 27s. El pibe mexicano es la absoluta revelación de este Tour. Su presencia en el tercer escalón de la general es un dolor de cabeza táctico para los rivales del UAE, que ahora tienen que vigilar dos frentes.

4. El botín de guerra: Quiénes visten los Maillots hoy

  • Maillot Amarillo (General): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates).

  • Maillot Verde (Puntos): Mads Pedersen (Lidl-Trek), dominando la regularidad a base de potencia y consistencia pura en los sprints.

  • Maillot de Lunares (Montaña): Tadej Pogačar (UAE Team Emirates). Como el esloveno ya viste de amarillo, la mística camiseta de la montaña la lucirá Jonas Vingegaard en la ruta por ser el segundo de esa clasificación.

  • Maillot Blanco (Jóvenes): Isaac Del Toro (UAE Team Emirates), custodiando la corona sub-26 y demostrando que el futuro ya llegó y no pide permiso.

5. Lo que viene en la segunda semana: El territorio del caos

Si la primera semana dolió, la segunda va a quebrar voluntades. Dejamos atrás la frescura y entramos en el terreno de la fatiga crónica.

El pelotón va a cruzar etapas de transición traicioneras, donde el viento de costado y las emboscadas en media montaña van a desgastar los nervios de los favoritos. Pero todo el mundo tiene la cabeza puesta en el cierre de este segundo bloque: la Etapa 15 con el final agónico en el Plateau de Solaison el próximo domingo.

Esa pared de categoría Especial, con sus 11 kilómetros destructivos a casi el 9% de pendiente promedio, va a ser el escenario de un cara a cara brutal. Ahí no va a haber gregarios que valgan, ni radios que dicten tácticas. Va a ser el hombre contra su propia agonía, en la víspera del segundo día de descanso.

El veredicto del primer descanso

Las computadoras siguen encendidas en los hoteles de los equipos, buscando la fórmula mágica para recuperar los músculos de los líderes. Pero el Tour de France se resiste a morir en una oficina.

Que sigan mirando las pantallas de sus ciclocomputadores y rezándole a los datos. La carretera, el calor y el cansancio acumulado se van a encargar de apagárselas de un golpe en la cabeza. Esto sigue siendo un deporte de carne y hueso, y el verdadero infierno recién está por empezar.

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El Tour de France 2026 a horas de la largada: La paradoja del potenciómetro que amenaza la épica del ciclismo

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Por Pedro Piusselli

Estamos a solo horas de que se habilite la rampa de salida. Mañana arranca el Tour de France 2026 y la mística de la ronda francesa ya tiene a todo el mundo de las dos ruedas con los ojos clavados en el calendario. Sin embargo, antes de que caiga la bandera y el pelotón empiece a devorarse los primeros kilómetros, la previa de esta edición abre un debate profundo sobre la naturaleza misma de la competición moderna.

Este Tour 2026 se presenta, desde el calentamiento, como la confirmación absoluta de un cambio de era: la deshumanización del esfuerzo. Nos preparamos para tres semanas donde la ciencia del rendimiento deportivo amenaza con domesticar por completo los arrebatos heroicos a puro corazón y desarrollo de plato grande que hicieron grande a este deporte.

La dictadura de los vatios por kilo que se viene

Si miramos las planificaciones de los equiposdominantes (con el Visma-Lease a Bike y el UAE Team Emirates a la cabeza de esta carrera armamentística), queda claro que los directores de equipo han convertido la geografía de Europa en una ecuación matemática antes de haberla pisado. Mañana no solo largan ciclistas; largan algoritmos.

  • Ritmos de laboratorio: La previa nos muestra que los gregarios ya no van a tirar por instinto ni por sensaciones. Están programados para ponerse al frente del pelotón a sostener unos exactos y calculados vatios por kilogramo. El objetivo es claro: neutralizar cualquier intento de épica. Si un rival tiene la osadía de saltar, la orden desde el auto ya está escrita: mantener el número en la pantalla porque la ciencia dice que el atacante va a explotar más adelante.

  • Anatomía de lo previsible: Con la tecnología de simulación actual, los directores saben exactamente cuánto combustible tiene el tanque de cada atleta antes de la largada. El margen para lo inesperado se reduce al mínimo en un mapa que este año, además, carece de tramos de pavé o gravel que puedan caotizar la carrera.

La crítica no va dirigida a los ciclistas, que son verdaderos superhumanos capaces de soportar niveles de dolor intolerables, sino a un modelo de competición que, desde el día uno, premia la previsibilidad por sobre la audacia.

El contraataque de los «Outsiders»: ¿Hay espacio para la rebeldía?

El ciclismo grande necesita de la rebeldía para mantener su mística. Si el Tour se vuelve una hoja de Excel viviente, la audiencia bosteza. Por eso, la gran expectativa a partir de mañana está puesta en los equipos medianos.

Conscientes de que no pueden ganar la guerra de desgaste en los números de laboratorio contra las billeteras multimillonarias de las megacorporaciones, su única opción es romper el guion establecido. Las escapadas suicidas de larga distancia y las tácticas caóticas en las etapas de media montaña o emboscadas de transición son el último refugio del ciclismo romántico. Es ahí, donde el terreno es inestable y las calculadoras mienten, donde esperamos volver a ver la esencia pura del deporte.

Las cuatro batallas reales donde el algoritmo puede volar por los aires

Para fortuna de los románticos, la organización del Tour ha diseñado un recorrido con cuatro momentos clave que prometen cortocircuitar los planes más fríos de los directores de equipo:

  1. Etapa 1 (Sábado 4 de Julio) – Contrarreloj por Equipos en Barcelona: El Tour patea el tablero de entrada con una CRE tras décadas de ausencia en el inicio, pero con una regla revolucionaria: el tiempo del equipo se toma con el primer corredor en cruzar la meta, pero para la clasificación general se computará el tiempo individual de cada líder. Se terminó el viajar protegidos en bloque; los capos van a tener que vaciarse solos en la subida final a Montjuïc. Habrá diferencias reales desde el primer segundo.

  2. Etapa 6 (Jueves 9 de Julio) – Pau a Gavarnie-Gèdre: El primer examen serio de alta montaña en los Pirineos. El pelotón va a encadenar el Col d’Aspin y el mítico Col du Tourmalet antes de terminar en el puerto inédito de Gavarnie-Gèdre. Al caer en la primera semana, es el día del juicio: los que no hayan llegado con el punto justo de preparación van a quedar expuestos ante el ritmo de carrera y perderán minutos irrecuperables.

  3. Etapa 15 (Domingo 19 de Julio) – Champagnole a Plateau de Solaison: Un cierre de segunda semana brutal justo antes del descanso. La meta está en el durísimo Plateau de Solaison, un puerto de categoría Especial con más de 11 kilómetros al 9% de pendiente promedio. Una pared de desgaste puro donde las estrategias de equipo se desarman y el ritmo de los gregarios ya no alcanza para tapar las debilidades individuales.

  4. El doblete del Alpe d’Huez (Etapas 19 y 20 – Viernes 24 y Sábado 25 de Julio): Una locura histórica. El Tour se define subiendo al Alpe d’Huez dos días seguidos por vertientes distintas. La Etapa 20 será una carnicería total cruzando la Croix de Fer, el Telegraphe, el techo del Tour en el Col del Galibier (2.642 m) y subiendo al Alpe por el inédito Col de Sarenne. A solo 24 horas de París, el que tenga una mala tarde acá pierde el Maillot Amarillo en el último suspiro.

Conclusión: El algoritmo contra la historia

El Tour de France 2026 que arranca mañana promete un nivel físico descomunal y velocidades récord, pero nos deja una advertencia flotando en el aire antes del primer pedalazo. Si la dependencia tecnológica de los corredores en plena carrera sigue creciendo sin límites, corremos el riesgo de transformar la carrera más hermosa del planeta en una partida de ajedrez jugada por computadoras desde los autos de los directores.

La mística del Tour se construyó sobre el sufrimiento impredecible, sobre el error humano y las desfallecidas históricas. Esperemos que a partir de mañana, las piernas, el coraje y la locura de algún rebelde logren cortocircuitar las calculadoras de los ingenieros. Que gane el mejor, pero que gane el más humano.

A partir de mañana, las calculadoras se encienden, pero la última palabra la van a tener las piernas y el asfalto. Para que no te pierdas nada de lo que pasa detrás de los números y las estrategias de laboratorio, nos vamos a encontrar acá mismo cada día de descanso. En esas jornadas donde el pelotón frena a respirar, nosotros nos sentamos a hacer el análisis semanal en frío, destripando las tácticas de los directores de equipo y buscando a esos rebeldes que se animen a romper el algoritmo.

¡Que empiece a rodar el Tour!

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