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Cicloturismo

Las ruinas de San ignacio

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Un recorrido por las ruinas jesuíticas de San Ignacio Mini, el Parque Provincial Teyú-Cuaré y la casa del escritor Horacio Quiroga, todo en tierra misionera. Cicloturismo combinado con historia, verde de selva, el Río Paraná y caminatas por el lugar.

Texto: Gustavo González* y José Luis Freiberger

Fotos: Gustavo González

 

La ciudad de San Ignacio se encuentra a 55 kilómetros al noreste de Posadas, capital de la provincia de Misiones, y es el centro urbano y de servicios que se utiliza como base para el recorrido de la zona.

El punto de partida de nuestra vuelta por la ciudad es la esquina de Avenida Sarmiento (el acceso desde la Ruta 12) y Rivadavia. Por esta última hay que hacer siete cuadras hasta llegar a las ruinas e ir bordeándolas.

La visita por las ruinas se realiza a pie, y tiene una duración de aproximadamente una hora. Como la gente normalmente llega allí en tours grupales o en auto no existe un lugar específico para dejar las bicicletas, por lo que recomendamos llevar una buena cadena y un candado y no dejar a la vista elementos de valor.

Encuentro de culturas

En la visita al centro de interpretación del lugar (una especie de museo), se pueden conocer datos acerca del contacto social, religioso y cultural que han tenido los jesuitas y los guaraníes. Hay diferentes salas en las que se conservan réplicas de herramientas, canoas y hasta casas de los indígenas. También hay referencias de las creencias que tenían estos grupos, y de cómo fue la trasformación que llevaron a cabo los jesuitas para organizar el trabajo de la tierra y compartir su producción, leer (editaron libros en guaraní y español) y descansar. En definitiva, los jesuitas utilizaron una forma de relacionarse con los grupos indígenas diferente de la que había imperado entre el año 1600 y 1800, que consistía en la evangelización lisa y llana de los indígenas, la encomienda o reducción al trabajo esclavo y las cacerías y matanzas de indios, ya sea con bayonetas y rifles o indirectamente, a causa de las enfermedades que les contagiaban los conquistadores españoles, entre ellas la sífilis.

Durante más de 150 años San Ignacio Mini formó parte de otros 30 pueblos, hasta que la población fue expulsada por el Rey Carlos III de los dominios españoles. Las ruinas fueron cubiertas por la selva paranaense y destruidas por los paraguayos. Recién en 1940 fueron restauradas, y desde 1984 son patrimonio histórico de la humanidad.

Luego de la visita al centro de interpretación nos adentramos en las ruinas propiamente dichas. Recomendamos visitarlas a primera hora del día para evitar el calor agobiante y la aglomeración de gente, y disfrutar además del sonido de las aves, que nos acompañará durante el recorrido.

Senda en ascenso rumbo al parque provincial Teyú Cuaré.

Salimos de las ruinas por la calle Alberdi y retomamos por San Martín, pasando por la municipalidad y la plaza principal, hasta toparnos con el arco de Gendarmería, donde doblamos a la derecha y rodeamos el predio siguiendo carteles indicativos.

Cuando termina el asfalto, el camino se convierte en arena floja que se pega a la cadena, los piñones y los cambios de la bici, provocando un ruido bastante desagradable. Tras 4,5 kilómetros de tranquilo pedaleo arribamos a la casa del escritor Horacio Quiroga, que es la segunda parada cultural de este recorrido. La visita dura aproximadamente 45 minutos.

El lugar fue convertido en un pequeño museo que incluye un parque con vista al Río Paraná, muy bien cuidado. Allí se conservan fotos originales del autor, primeras ediciones de sus obras junto con sus herramientas de trabajo y una réplica de la primera casa que fue construida para una miniserie de TV sobre su vida.

Además de escritor, Quiroga fue periodista, fotógrafo y funcionario público. Su vida estuvo signada por la tragedia de las muertes de su padre, el suicidio de su padrastro, la muerte accidental de un amigo, el suicidio de su primera esposa y el abandono de la segunda mujer. El hombre se suicidó al enterarse que padecía una enfermedad incurable.

Casa de Horacio Quiroga en Misiones. A la izquierda se aprecia su moto y una réplica de las cámaras fotográficas de aquella época.

Quiroga llegó a Misiones por primera vez de la mano de una expedición a las ruinas jesuíticas comandada por otro famoso escritor argentino, Leopoldo Lugones. En esa ocasión quedó fascinado por la selva, compró tierras y construyó su primera casa. En 1909 se radicó por primera vez allí hasta 1915. Exploró, fabricó canoas, navegó ríos y de esa experiencia escribió “Los Desterrados”, “Cuentos de amor, de locura y de muerte”, “Cuentos de la Selva” y “Anaconda”, entre otras obras. En 1931 se radicó en Misiones, donde construyó una casa en piedra para que su joven segunda esposa se sintiera más a gusto. Vivió allí hasta 1936, cuando regresó a Buenos Aires.

El Parque provincial Teyú – Cuaré

Seguimos el pedaleo por un camino que sale directamente de la casa de Quiroga, en bajada, con arena y piedras, enmarcado por grandes árboles que sobrevivieron a los desmontes. Son dos kilómetros que se disfrutan al máximo, ya sea esquivando rocas que afloran o sintiendo la adrenalina correr por las venas.

El camino se dirige hacia las playas sobre el Río Paraná, pero hay que doblar en el primer cruce a la izquierda por una huella que parece abandonada. Hay leves pendientes y terreno irregular, lo que implica poner a prueba nuestra destreza en el manejo de la bici. Esa huella en realidad es usada como circuito por el campeonato provincial de motos enduro…

Pero todo esfuerzo tiene su premio, en este caso con la vista del Paraná y el descenso que vendrá en dirección el Parque Provincial. El camino tira hacia abajo y sólo hay pequeñas lomadas. Hay un cruce que va a la desembocadura del Arroyo Yabebiry, donde hay que seguir derecho, y se pasa por algunas casas de colonos.

El camino finaliza a orillas del Río Paraná y al pie del Peñón. Cuenta la leyenda que en estos parajes se ocultaba un lagarto gigante que hacía zozobrar las embarcaciones que remontaban el alto Paraná… Lo cierto es que Teyú Cuaré significa “cueva de lagartos” y es una reserva provincial de 78 hectáreas creada en 1991.

Vista del Río Paraná y la República del Paraguay desde el mirador del peñón de Teyú Cuaré.

El peñón que nombramos más arriba asciende con paredes verticales por unos 150 metros de la costa del río. Para recorrerlo recomendamos atar la bici a algún árbol u ocultarla en la vegetación y recorrer los diferentes senderos:

– Sendero de los miradores del Paraná. Se asciende por una escalinata en piedra y se recorren tres miradores: Uno es el del Puerto Santa Ana; otro el del islote Barco Hundido (ver foto) y el otro del Río Paraná hacia el norte.

– Sendero selvático: Si bien no hay especies de gran porte resulta agradable caminar bajo la fresca sombra de los árboles. El sendero finaliza en una bifurcación. Por la derecha se vuelve al camino vehicular principal y estacionamiento del Parque. Por la izquierda se toma el tercer sendero (casa de Borman).

– Sendero a la casa de Borman. Borman fue un jerarca nazi, lugarteniente de Hitler, que se ocultó en la depresión existente entre los dos peñones. Allí construyó su búnker en piedra, con túneles para escaparse en caso de necesidad. Ni del Paraguay ni de Argentina, ni mucho menos de Misiones, se habla de esta historia y de quien le dio el salvoconducto para instalarse allí. Lo cierto es que nos encontramos con una construcción en ruinas, en mal estado de conservación y devorada por la selva.

La vuelta

Volviendo unos kilómetros hacia atrás hay una huella que lleva a la casa de los guardaparques, lo que nos evitará subir con la bicicleta por las escaleras y senderos con grandes piedras, troncos bajos y pendientes fuertes. Desde este punto y por caminos inmersos en túneles vegetales, se puede visitar el camping Ozununú, ubicado en una playa con excelente vista al río y senderos selváticos, o también ir hasta la Playa del Sol.

Luego habrá que descender inevitablemente desde el Paraná hasta San Ignacio por caminos un poco más anchos, con arena y ripio y sin tanta sombra selvática. Pero el esfuerzo bien habrá valido la pena.

DATOS ÚTILES

Cómo llegar

– Auto: Desde Buenos Aires por ruta 9 hasta Zárate; luego Ruta 12 hasta Ceibas y Ruta 14 hasta San José. Desde allí Ruta 1 hasta Ruta 12 y por ésta a San Ignacio. Son aproximadamente 1100 km.

– Micro: Empresa Vía Bariloche de Buenos Aires a San Ignacio. Otras empresas: Crucero del Norte y Expreso Singer.

Alojamiento y servicios

– Hotel San Ignacio. Sarmiento 823, (03752) 47-0047 / 0422, hotelsanignacio@arnet.com.ar.

– Hostería Las Palmeras: (03752)470955-470480, hosterialaspalmeras@ciudad.com.ar.

– Camping Playa del Sol: Puerto Nuevo, a 3 km de San Ignacio, (03752) 47-0455, playadelsol_mnes@yahoo.com.ar.

– Camping Provincial peñón del Teyú-Cuare: (03752)44-7599.

Visitas turísticas

– Ruinas Jesuíticas de San Ignacio. Autoguiada o con guía local. Duración 1 hora. Validez de 15 días para visitar otras reducciones jesuíticas.

– Casa de Horacio Quiroga. Visita con guía local. Duración 1 hora.

– Parque Provincial Teyú Cuaré, entrada gratuita.

Dónde informarse

– Sistema Provincial Gratuito de Información Turística: 0800-555-0297, turismo@misiones.gov.ar, www.misiones.gov.ar.

Guías y excursiones de cicloturismo

– MTB Misiones, de José Luis Freiberger: Salidas y travesías de cicloturismo con MTB. Base en Capiovi y Aristóbulo del Valle, con aval de operador responsable: Aventurismo Misiones E.V.T. legajo 12494. Info: (03743) 1541-5570, joseluisfreiberger@hotmail.com.

– Este recorrido forma parte de la salida a la selva misionera organizada por Bike&Trek, operador responsable Agreste EVT Leg. 9671. Info: (15)6336-0326, (02323) 42-4066 (Luján), gg@coopenetlujan.com.ar, www.btt.com.ar/biketrek.

*Gustavo González es profesor de Geografía (UBA) y guía de Bicicleta de Montaña. Se ha capacitado en Primeros Auxilios para zonas agrestes y naturales y es Interprete Naturalista. Coordina la empresa prestadora de cicloturismo Bike&Trek. Info: bicigg@speedy.com.ar, www.biketrekgg.com.ar.

Nota publicada en Biciclub Nº 142, octubre 2006.

Cicloturismo

Salta y Jujuy: una travesía de 1200 kilómetros protagonizada por 5 experimentados viajeros

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Hector “Cachi” Gestido (57), German Yannielli (59), Carlos Teicheira (57), Claudio Nicala (58) y Ricardo Pereyra (56) integran un grupo de profesores de educación física que desarrollaron su vida y su profesión en la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, trabajando desde el nivel inicial hasta nivel superior y que al día de hoy, en razón del especial régimen jubilatorio de esa provincia, se han acogido al retiro.

El asunto es que hace unos 10 años, cuando aun estaban en funciones, comenzaron a viajar en bicicleta, haciendo dos o tres viajes anuales de alrededor de un mes de duración, entre otros el de la Carretera Austral, el de El Calafate a Ushuaia, el Camino de Santiago de Compostela portugués y francés, gran parte de Italia, la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia completa.

Naturalmente, la integración del grupo en los viajes ha ido cambiando según las posibilidades de cada uno al momento de realizarlo. Pero en la ocasión que nos ocupa, los 5 nombrados fueron los que planearon y concretaron un viaje en bicicleta por las provincias de Salta y Jujuy.

El viaje

Para concretarlo viajaron en avión desde Tierra del Fuego a Buenos Aires y desde allí a Jujuy, llevando como equipaje deportivo las bicicletas y alforjas en cajas que respetaban las medidas permitidas por la línea aérea.

Llegados a San Salvador de Jujuy el primer día de septiembre, armaron sus bicicletas para emprender a la mañana siguiente una travesía de 1200 kilómetros de pedaleo por sus propios medios, sin ningún tipo de apoyo. 

De San Salvador de Jujuy, por la ruta 9, pusieron rumbo a La Quiaca, adaptándose progresivamente a la altura. Al llegar a La Quiaca se tomaron un día de descanso, cruzaron a Bolivia y regresaron en el día, con el objetivo de prepararse para encarar la ruta 40, sabiendo que ahí comenzaba la parte más dura del recorrido, ya que no dudaban que el suelo y el clima jugarían en su contra.

De ahí en más completaron distancias diarias de aproximadamente 40 kilómetros entre los 3600 y 4200 metros sobre el nivel del mar. 

Para llegar a San Antonio de los Cobres pasaron por Cienaguillas, Timón Cruz, Paicone, Liviara, Coyaguaima, Tanques y Susque, todos pueblos son conexión wifi pero sin muchos servicios ni negocios ni alojamietos. 

Al caer el sol la temperatura bajaba considerablemente y por la noche rondaba los 8 a 12ºC bajo cero. En algunos casos durmieron en carpas y en otros en pequeñas piezas o galpones que les prestaban. 

Al llegar a San Antonio de los Cobres se prepararon para cruzar la ya antológica meta cicloturista del Abra el Acay, a 4895 msnm (el paso carretero más alto de América). “¡Muy complicado —nos recuerda Cachi Gestido—, pero el paisaje al bajar hacia el lado de la Poma y Cachi es realmente increíble …”

Desde el Abra bajaron hacia Salta por la Cuesta del Obispo y desde ahí regresaron a Jujuy por el Camino de Cornisa, entre la yunga, “otro lugar magnifico”.

Sobre un total de 26 días de travesía, los viajeros pedalearon 23.

Lo mejor y lo peor

Cachi Gestido, nuestro interlocutor del grupo, nos contó que no tuvieron mayores problemas con el tema de altura y que antes de viajar se habían hecho los estudios cardiológicos correspondientes. “En cuanto a la seguridad —afirma Cachi—, no tuvimos ningún drama, pero quiero destacar que la ruta 40 es muy complicada: nos encontramos con mucho ripio suelto, arenales, ríos congelados y viento —normal en la zona—, además de las bellezas del lugar.”

Con respecto a la mecánica, el grupo no sufrió mayores inconvenientes, salvo pinchaduras, alguna rotura de portaequipaje y, quizás un poco más problemática, la revisión y rellenado de líquido de freno, lo cual fue subsanado en San Antonio de los Cobres.

“Nos asombró —recuerda Gestido— la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Con la caída del sol la temperatura descendía bruscamente llegando a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. Así también las características culturales de los habitantes de los pequeños pueblos que nos recibieron a nuestro paso, y esos paisajes únicos que poca gente tiene la posibilidad de contemplar, ya que no se encuentran en un circuito turístico desarrollado.”

Según Gestido, los mejores momentos del viaje fueron los encuentros grupales al finalizar cada jornada de pedaleo, encuentros en los que se compartió la experiencia de cada uno durante el día entre mates, cafés y cenas. Y los peores momentos nos los resumió en dos episodios. “Por un lado, la noche que pernoctamos en carpa en un lugar llamado Tanques, la temperatura fue tan baja que al despertarnos no teníamos agua para el desayuno, ya que se había congelado dentro de los termos de acero que estaban en la carpa, al lado de las bolsas de dormir, lo que nos obligó a ir a romper el hielo de un chorrillo para obtener agua. El segundo episodio fue el trayecto de 152 kilómetros entre Cachi y Salta, que nos demandó 11 horas, debido al viento en contra y las características de la ruta, descendiendo por la Cuesta del Obispo. Llegamos a Salta totalmente extenuados.”

Y concluye con una afirmación categórica: “¡Ahora comenzamos a pensar nuestro futuro viaje!”

Info adicional: https://www.facebook.com/hector.gestido | rubenviviano@hotmail.com 

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Llegaron a Qatar los cordobeses que recorrieron 10.000 kilómetros en bicicleta para alentar a la selección en el Mundial

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Finalmente, los tres argentinos que se habían propuesto llegar a Qatar en bicicleta, recorriendo África de punta a punta y parte de Medio Oriente, cumplieron su objetivo, completando más de 10.000 kilómetros sobre sus bicicletas Venzo para llegar a tiempo para alentar a la selección en el Mundial de Fútbol Qatar 2022.
El viaje en bici les demandó 177 días. Partieron de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y llegaron a Qatar luego de recorrer 15 países. Los aventureros: Lucas Ledezma (34), Leandro Blanco Pighi (32) y Silvio Gatti (32), que zarparon en sus bicicletas en mayo de este año.

El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014, creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección de fútbol por el mundo. Antes de este viaje Ledezma llevaba recorridos más de 30.000 kilómetros en bicicleta por más de 25 países, en viajes que lo llevaron a Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

¡Esperemos que la cábala se repita en Qatar!

https://www.instagram.com/todoapedal/

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Cómo cargar la bici en formato bikepacking por Diego Andrich

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Diego Andrich es un viajero de gran experiencia y dueño de la tienda Tierra de Biciviajeros.

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Bici Salvaje: de la Selva Maya a la Amazonia para defender la selva

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El primer día de mayo del 2022, dos españoles residentes en Madrid, Isabel (27) y Pablo (32), iniciaron un viaje documental en bicicleta con propósitos medioambientales desde la Selva Maya mexicana hasta la selva amazónica ecuatoriana al que nombraron con el aguerrido nombre de Un viaje para defender la selva, una expedición que estiman que les demandará algo menos de dos años. La pareja se muestra muy activamente en redes como Bici Salvaje.

En nuestro contacto con ellos nos contaron que antes de conocerse ambos habían viajado como mochileros. Después de una vuelta por América, Pablo, de profesión fotógrafo, volvió a España queriendo saber qué es viajar en bicicleta y tras varias vacaciones de verano sobre los pedales, la idea terminó conquistándolo. Por su parte, Isabel es higienista bucodental y amante de la naturaleza en todas sus formas, también viajera y aventurera desde pequeña. “Siempre le gustó ayudar a los demás”, asegura Pablo. “A Pablo —añade Isabel— le mueve la aventura y el cuidado de la naturaleza. Sueña grandes expediciones como la de Bici Salvaje.”
Así fue que la suma de todas sus pasiones dio como resultado un gran sueño de pareja. “Algo más que un viaje”, afirman.

Para la expedición cuentan con el apoyo de la marca de bicicletas española Conor Bikes (@conorbikes_oficial), que les ha aportado un par de mountain bikes para afrontar la aventura. Las bicicletas estás adaptadas para cargar alforjas y otros equipajes que aseguran con amarres de la marca dinamarquesa Fixplus (@myfixplus). Entre otros enseres, llevan carpa, calentador, un par de sillas desmontables y un filtro de The Social Water para potabilizar el agua (@thesocialwater).
Y la pregunta del millón: ¿Cómo solventan su viaje?. Nos cuentan que manejan algunos ahorros de sus trabajos en España, “pero los guardamos como para cualquier emergencia. Nuestro principal ingreso viene del apoyo de la gente que sigue nuestro viaje a través de la plataforma buymeacoffee. Nos invitan a un café con lo que aquí pagamos un almuerzo. Gracias a esta ayuda podremos seguir con nuestro documental. Además, usamos la cámara para intercambiar con hoteles en los que poder descansar con comodidad. También viajamos con un equipo de tatuaje con el que trabajar.”
Pero vamos al grano. Y para ello nada mejor que su testimonio textual luego de los primeros tres meses de viaje. Helo aquí.

Bici Salvaje
Bici Salvaje es un viaje documental en bicicleta comprometido con el medioambiente, con esencia exploradora. Un viaje a través de Centroamérica y Sudamérica, conectando las dos selvas más importantes del continente. Esta aventura está marcada por un objetivo: conservar un ecosistema vital para la lucha contra el cambio climático y el hogar de la mitad de la biodiversidad del planeta, los bosques tropicales.

Empezamos en México con las bicicletas cargadas de ilusión y buenas intenciones, lanzándonos al desafío de recorrer pedaleando los miles de kilómetros que separan la Selva Maya en México de la Amazonia ecuatoriana.
En Bici Salvaje ponemos la energía de dos almas viajeras con ganas de vivir experiencias inolvidables cada día. Se suma el propósito de documentar nuestra aventura y no sólo eso, sino además de contar las historias de quienes defienden las selvas que agonizan ante la deforestación. Solo entre 2004 y 2017, más de 43 millones de hectáreas de bosque han sido arrasadas. Un dato que estremece, pero que en realidad no nos hacía falta conocer para ponernos en marcha.
En muchas ocasiones, en el camino nos hemos encontrado con proyectos y personas que han servido de puente y aprendizaje para poder dar voz y visibilizar los problemas que viven con respecto a la depredación de sus selvas. Una buena razón para subirnos a esta Bici Salvaje y recorrer México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.

Después de tres meses de viaje podemos contar los diferentes problemas nos han ocurrido en el camino, incluyendo desde situaciones mecánicas de la bici hasta problemas de salud. Cosas que acaban siendo normales en este tipo de aventuras. Por suerte, la amabilidad y hospitalidad de la gente con la comunidad cicloviajera ya es algo conocido.
Además de ser un medio de transporte limpio con el planeta, pedalear nos acerca a las comunidades. Este precisamente fue uno de los motivos por el que nos decantamos a viajar en bici. Sentimos más al pueblo, damos más y recibimos más.

Ponemos en el centro de Bici Salvaje a todas las personas que viven cómo desaparece la riqueza natural que les vio crecer. Las comunidades indígenas, sometidas a una gran presión, representan solo el 6,2% de la población mundial, pero protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Una parte de este proyecto busca poner el micrófono a las comunidades que están defendiendo su hogar.
“Hemos aprendido de otros proyectos locales que ponen en el centro de sus valores a su comunidad y a la naturaleza endémica. No se trata solo de nuestro relato, sino de relatos ajenos que nos aporten. Queremos acercarnos a otros proyectos que tengan una visión diferente acerca de la conservación.” Es casi más importante conservar lo que ya conocemos que lo que se está por conocer.

Aún nos queda mucha travesía por delante. Y estamos abiertos a quienes quieran colaborar en la aventura. Todos podemos contribuir cambiando nuestros hábitos de consumo. Si algún amigo nos quiere ayudar, lo primero que tiene que hacer es respetar el entorno, limpiar el parque cerca de su casa, darle un poquito de conciencia medioambiental a sus viajes y sobre todo, disfrutar.
A través de las redes sociales puedes formar parte de la comunidad de Bici Salvaje. Cada día somos más. En los días de calor sienta bien un mensaje refrescante. También se nos puede invitar a un cafecito, descansos en los que aprovechamos para editar nuestros próximos capítulos del canal de YouTube.

Mientras tanto seguimos en esta aventura sobre ruedas, disfrutando de lo que la vida en bicicleta nos regala, agradeciendo el calor de la gente y poniendo nuestras piernas bien fuertes.
¡Pedalea con nosotros en Bici Salvaje y únete a esta aventura!

 

Facebook e Instagram: @bicisalvaje.

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