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Ciclismo urbano

Leyes de tránsito: el semáforo y la bicicleta

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Si bien hay una obligación de frenar en el semáforo rojo para todo tipo de vehículo, incluyendo bicicletas, el tuit de una reconocida activista urbana disparó la polémica y el debate. ¿Debe la bicicleta frenar en el semáforo? Sí, pero es necesario abrir el debate sobre la ley.

“El semáforo es para vehículos motorizados. Para peatones y ciclistas es solamente una advertencia”, tuiteó una estudiosa de las ciudades y del entorno urbano para pedir que se modifique la ley, como expresó luego en otro tuit Gigi Levit (@GigiLevit).
El tuit generó mucha polémica, claro, porque su autora se refería a su visión de la dinámica del tránsito, a lo que consideró necesario, en oposición a lo que actualmente dice la ley, que es respetar el semáforo siempre.
Es que actualmente la ley de tránsito no distingue y todo vehículo debe detenerse con la luz roja del semáforo. Bueno, los peatones también.
“La ley hoy dice que las bicicletas no pueden cruzar con el semaforo en rojo… Eso no significa que esa ley no pueda o deba cambiar”, expresó Dafna Nudelman.
Desde otra visión, también se dijo: “Una bicicleta cruzando en rojo es un peligro para sí y para terceros. Puede atropellar a un peatón o causar que un auto atropelle a terceros tratando de esquivarla. Y puede arruinar la vida de un conductor que la atropelle, no sólo arriesga la suya propia”, expresó una forista.
“Al menos en CABA es un peligro que las bicicletas se piensen que no son vehículos y que son peatones. El peatón tiene la libertad de cruzar en rojo si no viene nadie. La bicicleta no debería, con el fin de evitar accidentes. No van a matar a nadie pero pueden lastimar mucho”, explicó otra persona que comentó.
Mientras esté vigente la ley hay que respetarla. Esto no impide proponer y debatir soluciones que podrían implicar una mejora en función del bien común y no del interés particular del ciclista o del automovilista. Son dos planos diferentes.
La autora del tuit plantea que esperar en el semáforo junto a los autos y arrancar en simultáneo con los camiones, colectivos o vehículos motorizados en general, incluso motos, representa un peligro para su integridad física.
Y también un potencial problema para estos motorizados que pueden verse involucrados en una colisión con un vehículo que va más lento, como es la bicicleta.
Por ende la autora y urbanista Levit plantea que si en la intersección no pasa nadie, la bicicleta debería poder pasar. Antes que el resto. De manera similar a como están diferenciadas las zonas para la espera de las motos, al principio de los cruces (algo que se conoce como ley de Idaho o Idaho stop).
“Las veces que sentí peligro por mí vida andando en bici fue al lado de un colectivo o intentando entrar en una bicisenda muy angosta. Jamás por cruzar después de que pasaron los autos y todavía no terminó la luz roja”, explica.

El Idaho stop
Los ciclistas deben detenerse en las luces rojas y ceder el paso antes de seguir derecho a través de la intersección y antes de girar a la izquierda en una intersección, eso dice la ley vigente en Idaho, Estados Unidos.
La ley legalizó el comportamiento real de los ciclistas. En 2012, un decreto en París permitió a los ciclistas de esa ciudad girar a la derecha o, si no hay una calle a la derecha, seguir recto en rojo, con la condición de que “tengan precaución” y cedan el paso a los peatones.
Según los expertos en seguridad vial, se estimó que la medida reduciría las colisiones. En 2015, la ley de París se modificó para permitir a los ciclistas tratar ciertos semáforos como señales de ceder el paso según lo permitido por la señalización. En suma, los semáforos en rojo se toman, para los ciclistas, como una señal de PARE. Detención y si no viene nadie, seguir.
Esta ley rige en Oregon, San Francisco, Minnesota, Arizona, Montana, Utah, Washington DC, New York City, Oklahoma, Colorado, California y otros estados norteamericanos, aunque también tiene sus detractores.
Para algunos, las bicicletas deberían tener iguales derechos y deberes que los autos.

Responsabilidad civil, derechos y obligaciones
Está claro entonces que según la ley actual los ciclistas sí deben frenar si el semáforo o luz así lo indica, igual que el automovilista, camionero o motoquero.
“Si estás manejando un tanque de acero de una tonelada, tenés una responsabilidad con respecto a usuarios más vulnerables (peatones y bicis). La velocidad máxima es un límite, no una obligación. En una zona limitada a 50, nada te impide ir a 40 o a 30”, expresó otra forista (@VeloSimone).
La bicicleta es un vehículo con derechos de circular entre ellos y con obligaciones, frenar ante el semáforo, entre ellas. El punto es si esta ley debe o no rediscutirse, según planteó, en ciertas intersecciones y aspectos del tránsito:
“Los fanáticos de las leyes me dan un toque de miedo. O sea, la ley está para regular y está bien usarla como marco de encuentro y debate, pero también se aplica y se corrige o se enmienda múltiples cantidades de veces”, agregó.

Leyes autocéntricas
“Alguien osó cuestionar el respeto al semáforo y hordas de autocentristas expresaron su indignación. Eso ocurre porque el semáforo es la única norma que respetan en mayor proporción que el resto”, expresó Matías Ava.
“¿Imaginate si hubiera la misma indignación hacia el automovilista que no respeta la señal de PARE cómo es la del automovilista hacia el ciclista que cruza en rojo cuando no viene nadie?”
Sobre la supuesta necesidad de instalar semáforos, Andrés Kilstein explicó que Buenos Aires es de las ciudades con mayor cantidad de esquinas semaforizadas del mundo, para amortiguar el daño que causa el automóvil.
“El automovilista no tiene una penalidad por no frenar en un paso peatonal, pero sí tiene enorme capacidad de daño. La responsabilidad es proporcional al daño que se puede hacer. El riesgo de muerte es masa x velocidad”, concluyó.

Por Sergio Mohadeb*

*Artículo originalmente publicado en Derecho en Zapatillas, página de la cual el autor es titular:  derechoenzapatillas.com/2021/el-semaforo-y-la-bicicleta/

Ciclismo urbano

Ciclismo urbano: cuando la noche es nuestra

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No descubro nada si digo que subirse a la bici para andar por la ciudad tiene un encanto especial. Y no hay clima o ambiente que no haga especial a esa rodada, obviamente tomando en cuenta los gustos y preferencias de cada uno, cada uno de las cuales tiene sus fanáticos y detractores.

Están quienes disfrutan el agobiante verano para pedalear y quienes detestan lidiar con el sudor o con el calor que irradia el asfalto. Son estos los amantes del frío y la preparación estilo “capas de cebolla”, con su certeza de que el movimiento les brinda la temperatura ideal. Hasta el viento y la lluvia tienen un gustito especial, casi como si saliéramos a jugar y divertirnos con las condiciones climáticas. Y están los que prefieren salir con los primeros rayos del sol y aquellos de los que vamos a hablar en esta nota (entre los que me incluyo): quienes disfrutamos la ciudad de noche.

Lo imprescindible

Para disfrutar de la noche en bicicleta no voy a pasar por alto las recomendaciones básicas, casi de supervivencia, que todo ciclista urbano que se precie como tal debe tener en cuenta. 

Como partidario del “vestirse para el destino y no para el camino”, no soy muy amigo de la ropa fluorescente o reflectiva, aunque obviamente (y aplicando el sentido común) tampoco recomiendo vestirse completamente oscuros, estilo ninja, porque eso nos hace invisibles a los ojos de los demás. 

Las luces son innegociables. La función de las luces no es tanto que nosotros veamos el camino (las luces de la ciudad suelen ser más que suficientes) sino para llamar la atención y que nos vean los demás. Luces blancas adelante y rojas atrás, deben estar religiosamente puestas cada vez que salgamos a rodar. De hecho, siempre recomiendo tener un juego de luces extra (de las más económicas) por cualquier imprevisto que nos juegue una mala pasada, como perderlas, roturas o que se acabe la pila/batería. 

Otro riesgo que enfrentamos (sobre todo los fines de semana) tiene que ver con el alcohol y la conducción, que hace que tengamos que mantener los radares atentos ante cualquier situación que percibamos fuera de control, para poder anticiparnos y evitar un mal momento.

Todas las noches, la noche 

La nocturnidad tiene varias etapas bien marcadas, con sus características y vida propia, casi como si fueran capítulos diferentes, que los voy a definir de manera completamente arbitraria. 

Desde que los rayos del sol se apagan definitivamente hasta las 22 horas, la noche mantiene la inercia de lo que fue el día. Movimiento, gente que vuelve a sus casas, gente que sale. Si no fuera por las luces nadie notaría la diferencia: ruido, movimiento, la danza de los ciudadanos moviéndose al compás de la rutina. Es quizás el momento donde más precauciones debemos tomar, porque el tránsito es aún intenso y la transición desde la tarde hace que nuestros ojos (y los de los demás) deban adaptarse a la nueva situación. 

Luego de esta primera etapa de intensidad, de repente notaremos que las calles empiezan a despejarse. Casi de un momento a otro notamos que el nivel abrumador de ruido desciende bruscamente y es ahí donde empezamos a relajar (un poco nada más) la tensión del tránsito y es cuando se empiezan a disfrutar las pedaleadas. 

Esta segunda etapa arbitrariamente la defino desde las 22 hasta las 2 o 3 de la madrugada. Las luces de la ciudad en la noche plena le dan un marco más espectacular aún a la travesía. Sea que salimos con destino a algún lugar puntual (al cine, a tomar algo con amigos, a alguna cita) o que simplemente decidimos dejarnos llevar, vamos a poder apreciar el paisaje urbano de avenidas con poca actividad, pudiendo llegar con la vista más allá y apreciar ese horizonte que durante el día se nos hacía invisible. 

Salir a estas horas nos muestra una postal que en nada se parece a la de apenas algunas horas atrás. El movimiento de la ciudad aún perdura y lo vemos en los bares, cervecerías, puntos de encuentro, que de alguna manera la sentimos como la compañía de nuestra rodada, junto con el ruido de nuestras ruedas deslizándose por el pavimento (sí, se pueden oír), que nos hace sentir que vamos flotando sin llamar demasiado la atención, sin interrumpir los momentos de los demás. Es el momento en el que compartimos la calle con otros intrépidos que disfrutan la noche como nosotros, como también con quienes se ganan la vida repartiendo las comidas que muchos están esperando ansiosos en sus casas. Casi de manera implícita, entre ciclistas urbanos se respira ese espíritu de camaradería y compañerismo; difícilmente escucharemos discusiones estériles o agresiones gratuitas entre “compedaleros”. Nada de ruidos molestos, bocinas, motores gritones. La ciudad a esta hora es un territorio fértil, en donde podemos sacar a relucir todo lo bueno que le hace la bicicleta a la ciudad. 

Pasadas las 3 y hasta que el sol vuelve a decir presente se van agotando todos los indicios de movimiento que podíamos ver. Realmente la ciudad se convierte en un desierto y la soledad del pedaleo es algo que definitivamente se puede disfrutar. Quizás también sea el momento en el cual estemos emprendiendo la vuelta o la retirada y sean los últimos kilómetros de nuestro viaje. Nada quita que ahora disfrutemos del encanto de tener las calles casi a nuestra entera disposición. Es el momento de relajar el pedaleo, no dejar que nada nos apure y hasta quizás podamos repasar mentalmente el balance de nuestro día, sabiendo que nos espera nuestra casa y un merecido descanso para nuestras piernas, pero con la satisfacción de haber disfrutado de esos estímulos y postales atípicas que nos regala la ciudad cuando cae la noche, cuando sentimos a cada golpe de pedal que arriba de la bicicleta… la noche es nuestra.

Por Matías Avallone, conductor del programa de radio B Invasión Bicicleta. 

https://twitter.com/matiasavallone | https://twitter.com/binvasionbici

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ABC

El Banco Interamericano de Desarrollo desaconseja el patentamiento de bicicletas por considerarlo inútil, burocrático e irreal

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En una reciente publicación de Biciclub (https://biciclub.com/luchemos-contra-el-proyecto-de-patentamiento-de-bicicletas-en-buenos-aires/) informamos que durante este mes de noviembre la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires va a tratar un proyecto de ley que propone un sistema de patentamiento para bicicletas y monopatines con el objetivo de “reducir el robo de estos vehículos”. El proyecto fue presentado por el legislador oficialista Diego Weck, de la UCR Evolución.

Para ello se crearía un Registro Único de Ciclorodados y Dispositivos de Movilidad Personal, que contempla una inscripción voluntaria de esos medios de movilidad para personas mayores de 16 años. Cada vehículo registrado llevará grabado un número de patente y su propietario dispondrá de una cédula verde similar a la de los automotores, ambas cosas con costo a cargo del propietario de la bici.
Todos los ciclistas sabemos que un grabado en la bici no evitará robos ni hurtos, ya que las bicis ya llevan grabado el número de cuadro de fábrica y nada impide que las roben, ya sea para revenderlas como están o para venderlas por partes, ya sea en el mismo distrito donde fue robada o en otro. Como tampoco ni el patentamiento ni el grabado de partes de autos o motos impide que esos vehículos sean robados. Por otra parte, como buenos argentinos que somos, sabemos que esta medida, de aprobarse, sería voluntaria de entrada pero que todo lo voluntario tarde o temprano se convierte en obligatorio, por parte de un Estado voraz, que solo apunta a inventar nuevos recursos recaudatorios en lugar de gastar menos. Y también sabemos que el costo del patentamiento, que el proyecto promete que sería modesto, no tardará en crecer, con el único objeto de alimentar una nueva burocracia estatal. 

En definitiva, podemos afirmar sin sombra de duda que cualquier medida de este tipo desalienta el uso de la bicicleta.

A esta conclusión, que puede resultar a primera vista “caprichosa” e injustificada, llega no solo Biciclub, sino también el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que en un exhaustivo manual denominado Ciclociudades, elaborado en México con colaboración de los Países Bajos, afirma lo siguiente en lo referente a marco regulatorio de la bicicleta como medio de transporte urbano:

“Registro de bicicletas: en el siglo XX desapareció el registro obligatorio de bicicletas. Actualmente, sólo en algunas ciudades de Estados Unidos y Países Bajos se tiene un registro voluntario con el objeto de evitar robos, pero no es un requisito para circular. Por lo tanto, no se deben colocar placas a las bicicletas ni exigir licencia o permiso vigente de manejo a los ciclistas. Como menciona Pardo (2010), es un consenso general (entre quienes se dedican al tema) que es inútil, burocrático e irreal exigir registro obligatorio de las bicicletas, pues éstas no representan un riesgo significativo ni existe una razón específica para exigir su registro. Además, este tipo de requisitos reduce el uso sin generar efectos positivos en las ciudades.”

http://ciclociudades.mx/manual: Tomo II (Programa de Movilidad de la Bicicleta), punto 3.4: La bicicleta en la regulación del tránsito.

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Clases para aprender a andar en bici en Buenos Aires

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Laureano Núñez es ciclista, organiza salidas en bici para principiantes y da clases para todos aquellos –adultos y niños a partir de los 12 años– que aun no saben pedalear y quieren aprender. Las clases son 100% personalizadas.
Debido a la situación actual, disponen de comunicación electrónica para un distanciamiento social efectivo.
Las clases se realizan en Puerto Madero, una vez por semana, acordando los horarios según los requerimientos de los alumnos, y duran una hora.
La idea es tener nociones básicas de cómo pedalear en la ciudad, aprender la técnica, perder el miedo y practicar. También se enseñan nociones básicas de mecánica (como arreglar una pinchadura y cambiar una cámara) y teoría básica sobre seguridad vial para movernos de forma segura.
Las clases finalizan cuando el alumno siente que alcanzó su meta y siente que puede seguir por si solo.

Más info sobre las clases: 112823-1343

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Seguros Rivadavia ofrece variedad de coberturas para la bicicleta y el ciclista  

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Seguros Rivadavia ofrece tres líneas de seguros de bicicletas: Bici Pro, Bici Max y Bici Total, las tres con diversas alternativas de contratación en sus coberturas y capitales asegurados. 

Todos estos planes amparan la pérdida total por robo de la bicicleta, el daño total y parcial (tanto en Argentina como en el exterior, si se opta por contratar la extensión de cobertura), accidentes personales para el ciclista y responsabilidad civil ante cualquier accidente que sufra circulando y que pueda provocar daños a terceros, el robo de efectos personales o equipos portátiles electrónicos que porten en bolsos o mochilas en circunstancias de uso de la bicicleta.
En suma, las siguientes son las coberturas básicas:
• Robo total.
• Muerte accidental.
• Invalidez total y parcial permanente por accidente.
• Gastos de asistencia médico-farmacéutica por accidente.
• Cobertura de responsabilidad civil del ciclista.
Y estas coberturas se complementan con una importante gama de servicios adicionales sin cargo para el asegurado.
Pueden acceder a estos planes bicicletas fabricadas desde el año 2000 en adelante.

Para más información: www.segurosrivadavia.com | 0810-999-3200 | info@segurosrivadavia.com
O bien, contactarse con cualquiera de los Productores Asesores de Seguros Rivadavia en todo el país.

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