Con una red de ciclovías que viene creciendo de manera lenta pero constante, Buenos Aires es pionera argentina en crear infraestructura para los (aun) locos que se animan a moverse en bici. Por suerte otras ciudades como Córdoba y Rosario están avanzando en la misma dirección, quizás motivadas en parte por el ejemplo porteño. Pero hoy la Capital Federal parece debatirse entre seguir sumando kilómetros o mantener y perfeccionar los que ya existen.
A continuación voy a poner en foco cinco lugares que necesitan de una urgente revisión y acción por parte de la Subsecretaría de Transporte de la Ciudad, ya que la experiencia real del usuario demuestra que ahí la exposición al riesgo de accidentes aumenta y mucho.
Veamos cuáles son:
1. Acceso desde el sur a Retiro
Estamos hablando de una zona de tránsito pesado por excelencia. La cercanía con el puerto y la terminal de ómnibus hace que a toda hora camiones y micros de larga distancia compartan el espacio con las bicicletas. Acá necesitamos ciclovías o bicisendas de primer nivel sin excepción.
La prolija bicisenda de Antártida Argentina, anulada a metros de llegar a la Torre de los Ingleses, es un claro ejemplo de cómo los ciudadanos se perjudican cuando no hay diálogo entre distintas facciones políticas, sin importar de qué lado se mire. Al parecer habría un problema de jurisdicción entre Nación y Ciudad, lo que hizo que se prohibiera pasar por terrenos federales.

La alternativa es seguir por la vereda (algo que no debería hacerse pero se hace) para encontrarse con el cruce de rieles curvos que ya ha hecho accidentar a más de uno. Por eso, hasta que haya una solución a este problema mi recomendación es descender de la bicicleta y seguir a pie.

Una vez pasada esta cuadra, todavía tenemos otra situación incómoda para llegar a la plaza: atravesar la Avenida Eduardo Madero en su cruce con San Martín. La senda verde para bicicletas suele estar casi borrada y ocurre lo mismo con el paso de cebra. Esto hace que el tránsito pesado pierda toda referencia de ese cruce y en muchas ocasiones quede bloqueado para ciclistas y peatones.

Hace varias semanas que la única prevención que tienen los ciclistas es un cartel ubicado a escasos metros del cruce, poca cosa si pensamos que esta es hoy la zona de mayor peligro para quienes transitan en bicicleta o caminando por las áreas aledañas al centro porteño.

La propuesta de solución es retomar de manera urgente el diálogo entre gobiernos para recuperar la traza bloqueada de Antártida Argentina. En cuanto al cruce de Madero, son necesarios agentes de tránsito que ordenen el movimiento vehicular e impidan que se bloqueen los cruces (tal como se hace hoy en varias intersecciones de la 9 de Julio).
2. Giro peligroso en Azcuénaga y French
En este caso el problema es para quienes circulan por Azcuénaga y luego quieren seguir por French hacia la izquierda. El semáforo que les permite cruzar es, al mismo tiempo, el que les impide girar y por tanto quedan como en una trampa, esperando sobre la calzada y expuestos al giro de los autos que vienen por Azcuénaga.

Mi propuesta de solución en este caso es generar una zona de detención protegida en la esquina noreste del cruce. A la vez, esto cerraría el ángulo de giro de los autos que vengan por Azcuénaga, obligándolos a reducir la velocidad a la que doblan.
3. Montevideo entre Mitre y Rivadavia
No entiendo qué quiso hacerse en este tramo de la ciclovía de Montevideo. Curiosamente no se separó a los ciclistas del tránsito motorizado, sino que se separo a los ciclistas entre ellos. Se protegió parcialmente con flex-posts (los palitos amarillos) a los que van en sentido sur-norte y se dejó expuestos a los que van norte-sur. A estos últimos, lo único que los cuida es una doble línea blanca en el asfalto que no goza de mucho respeto.

Aún en el caso de los autos que no pisan la ciclovía, sus espejos retrovisores izquierdos quedan obstaculizando el paso de quienes tienen manubrios anchos (bicis playeras por ejemplo).

En esta cuadra, Montevideo se angosta y ésa es una de las probables razones por la cual se hizo lo que se hizo. La propuesta es realizar la ciclovía bien hecha, algo que sí se puede, porque aún agregando el cordón separador un colectivo pasa sin problemas.
4. Contenedores en Juncal y en Arenales
Era algo que pasaba desapercibido hace casi dos años, cuando se instaló el problema. La cantidad de ciclistas no era la misma que hoy y por eso no se notaba tanto. Pero ahora es mucha más la gente que elije la bici y hace falta una solución definitiva.
En varias cuadras de Juncal y de Arenales los contenedores negros fueron instalados bloqueando un carril completo en esas ciclovías que son de doble mano. Desde el Gobierno de la Ciudad intentan minimizar la situación diciendo que esto representa solamente un kilómetro del total de la red para bicicletas. En el mapa puede ser una excusa válida, pero en la calle, cuando estás pedaleando, en esos mil metros pasan muchas situaciones que pueden representar un choque, una caída o herir seriamente a un tercero.
El principal conflicto se da con los peatones. Hay contenedores instalados oficialmente (con plataforma de material) a pocos metros de las esquinas. Esto bloquea la visión de las personas que están por cruzar una calle y por supuesto, se ven obligadas a meterse sobre la ciclovía para mirar si viene alguien. Hacer eso cuando circulan bicicletas de ambas manos es exponerse al riesgo de ser atropellados.

Otra situación peligrosa se da por las noches. Quienes vienen circulando en sentido contrario al tránsito motorizado se ven encandilados por las luces de los autos. Al encontrarse entonces con un contenedor lo que hacen es esquivarlo casi a ciegas, rezando para que no venga otro ciclista de frente.

Por último, el contrasentido: el hecho de que en algún momento del día los camiones de residuos tengan que trabajar atravesando la ciclovía es justamente lo contrario para lo que esta fue concebida: separar camiones, colectivos y autos de las bicicletas.

La solución viene por el lado de ponerse de acuerdo ya no entre gobiernos, sino dentro de una misma gestión. Las áreas de transporte y medio ambiente encaran dos importantes proyectos como lo son el manejo de los residuos y la movilidad sustentable, pero se opacan mutuamente con situaciones como ésta.
Si aún así fuera imposible llegar a un consenso, se podría ampliar la ciclovía quitándole unos centímetros más al automóvil. Se trata de una jugada fuerte pero para nada descabellada en un gobierno que quiere priorizar la bicicleta. Acá va un boceto rápido que realicé gracias a la idea que me dio el grupo BiciUrbanos de Córdoba. Algún arquitecto, ingeniero o similar podría emprolijarlo. ¡Les dejo el desafío y les pido que me lo envíen!

5. Ciclovía Alsina, alias La Inclinada
La Inclinada es el nombre popular que ya se escucha entre los ciclistas porteños. La ciclovía de la calle Alsina es bastante angosta y casi no está separada de autos, colectivos y camiones. Asimismo tiene fuertes desniveles e inclinaciones que llegan muy cerca de los 45 grados (de ahí su apodo).

El tema de la inclinación no es sólo una incomodidad al andar, sino que permite que se acumule agua durante los días de lluvia y por lo general es agua que arrastra aceites u otras sustancias derramadas en el asfalto por vehículos a explosión. Esto aumenta el riesgo de perder adherencia y caerse de la bici en una calle frecuentada por camiones y colectivos.

Si bien es angosta podríamos decir que es aceptable para circular. Pero las primeras miradas engañan. Si la observamos de cerca vemos que el desnivel de la calzada nos achica aún más el ancho disponible. Obviamente que puestos a elegir entre los dos niveles, vamos a elegir el que corre junto al cordón ya que si andamos por el otro, los colectivos nos zumban la oreja.

Por más vueltas que se le quiera dar, la solución es rehacer desde cero esta ciclovía. Eliminar el desnivel, optimizar el drenaje y separar físicamente. ¡Necesitaría lo que en otros rubros llaman un extreme make over!
Conclusión para no amargarse
Buenos Aires tiene buenas ciclovías. Hay tramos que se lucen por la tranquilidad que ofrecen al ciclista, pero hay otros que descolocan e invitan a buscar soluciones lógicas. La gestión actual del Gobierno de la Ciudad arrancó con mucha fuerza su apuesta por la bici, pero se dejó llevar por algunos vicios ligados a la solución fácil y más orientada al maquillaje que a la practicidad.
Es importante que las autoridades se nutran de la experiencia de los propios ciudadanos que usan a diario la bicicleta como medio de transporte. Admitir inconvenientes y rediseñar ciclovías es parte de la mejora continua que permitirá a Buenos Aires seguir siendo ejemplo para otras ciudades.
Los lugares mencionados en esta nota podés ubicarlos en el mapa haciendo click acá.
Por Martín Lehmann: @tincholehmann | martinbeccar@gmail.com