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Curiosidades

Lucho, el caniche que pasea en bici

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Christian Heymann tiene 38 años, es de Ecuador pero actualmente vive en Panamá. Hace 3 años y medio que adoptó a Lucho, un simpático caniche discapacitado que lamentablemente sufrió maltratos en el pasado.
Pero afortunadamente la vida los juntó y desde entonces son inseparables. Christian le fabricó un carrito especial para que pueda correr como cualquier otro perro. La primera “silla de ruedas”, como la llama él, la construyó con tubos de plomería y luego fue reemplazada por una de aluminio (que también las fabrica para otros perros necesitados).

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Ambos comparten el gusto de salir a andar en bici. Christian va pedaleando en su Giant y Lucho muy cómodamente observa todo desde el tráiler rojo y negro. Eso sí, llevan también la silla de ruedas para cuando se detienen en algún lugar, así Lucho puede moverse y hacer de las suyas.
Ellos tienen una página de Facebook en la que suben fotos y videos de sus actividades. Además, la utilizan para difundir otros contenidos relacionados a mascotas y adopciones.

https://www.facebook.com/poodlesobreruedas/

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Curiosidades

Pasó en el taller: una «emergencia»

—¡Hola qué tal, buenas tardes! —el hombre estira el brazo para darme la mano.
—Hola, bien, decime —contesto y sigo trabajando.
—Yo alguna vez vine a pedirte un parche, ¿me podés prestar 50 pesos?
Entrecierro los ojos, miro a un amigo que presenciaba la situación.
—¿Me estás preguntando en serio o me estás cargando?
—Es en serio, es una emergencia.
—Disculpá, pero no, no te conozco, no sé quién sos y no sé la emergencia —no noto en él signos de preocupación ni nada parecido.
—Bueno, gracias —sonríe medio riéndose y se va.
Para su extraña “emergencia” este muchacho no pidió vaquita, no lo vi pedir ni antes ni después a ningún local vecino, su actitud era despreocupada… ¿Por qué a mí?

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

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Curiosidades

Pasó en el taller: ¡que clientela!


Conocido grandote del barrio, de unos 150 kilos, ingresa al taller.
—Buenas, che, viste los rayos de bici…, ¿se venden sueltos?
—Sí, me tenés que decir la medida.
—¿Tenés uno para mostrarme? Te digo para qué es: quiero hacerle un “manguito” a un hueso de pescado para que quede una punta. Le das con eso a alguien y lo arruinas.
—Ajam….
—Sí, viste que está todo re complicado. Es para una amiga. Le hago un manguito de cuero y queda re disimulado. Al primero que se mande una…
(El hombre hace un gesto como que apuñala a alguien)
—Claro, emm, yo creo que si lo hacés así y así, te va a quedar con mejor agarre y con un alma de acero en el hueso.
—Gracias amigo, después te lo traigo.
No sé quién fue peor: el que vino con la idea o el que le cerró la idea…

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

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Curiosidades

Pasó en el taller: «Me apretaste de más las tuercas»

Una mujer de unos veintitantos ingresa al taller.
—Hace dos semanas te traje esta bici para cambiarle la rueda y al par de días se trabó. Mi amiga me dijo que es porque le apretaste mucho las tuercas.
(Miro la rueda, es contrapedal, conos recontra flojos, cubierta nueva. Tengo la idea que le había hecho un parche aparte de cambiarle la cubierta).
—Sí, pero esto no es por apretar mucho. Está re flojo y el sistema de adentro o se te desarmó y clavó o se te venía rompiendo y se terminó de romper.
—Pero el otro día la puse nueva.
—Sí, pero lo que pusiste nueva fue la cubierta, no la maza.
—Pero yo ya te pagué.
—Sí, pero cambiamos cubierta. La llanta y la maza son viejas y por lo que veo ya no daba más esa rueda.
(Veo óxido, algún golpe).
—Yo no la veo rota.
—Claro, pero se te jodió de adentro.
—Arreglámela, yo ya te pagué.
—Te repito, la maza está detonada. A la maza no le hice nada, lo que cambié fue la cubierta.
—Mi amiga me dijo que apretaste de más las tuercas…
—Mirá, ponele que apreté las tuercas a morir. Si así fuera, esto que te pasó no pasaría. Se te desarmó de adentro, eso es por usarla floja, no por apretarla.
—Pero mi amiga me dijo que las apretaste mucho. Aflojalas, ella me dijo que apretaste de más las tuercas.
(Le muevo la rueda para todos lados)
—Si estuviesen apretadas no se moverían así. Esto es de usarla floja y que se te terminó de joder o ya venía en las últimas y detonó. Si querés te hago un dibujo de qué te pasó. No sé más cómo explicarte.
—No te voy a volver a pagar, arreglamelá. Yo no la veo rota, ¿sabés qué? ya se cómo laburas acá, a este lugar no vengo más.
(Portazo y puteadas de fondo. Se fue sin entender el problema de su rueda, con un diagnóstico erróneo).

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

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Pasó en el taller: «No uses la bici así que te vas a matar»

Una chica de unos 25 años entra al taller.
—Hola, ¿Te puedo pedir un favor? ¿Me podrás apretar el manubrio?
Miro la bicicleta, es una playera con manubrio chopero. Miro desde abajo el stem.
—Aunque te lo apriete se te va a seguir moviendo. ¿Ves que acá abajo se te partió? Yo que vos lo cambiaría o no la usaría, porque se te va a salir el manubrio.
—Dejá, no importa, ando así, voy despacito.
—Pero no la uses, posta, se te va a salir.
—Después cuando pueda lo cambio.
Al otro día, veo venir a la chica con el manubrio en la mano.
—Hola, cambiale esa pieza.
—Ufff, hola ¡Te raspaste todo el brazo!
La chica se levanta un poco la manga del pantalón. Tiene toda la pierna afrutillada.
—Uhhh, te hiciste mierda. Dejámela un rato que termino unas cosas y te la hago.
—Dale, hasta luego.
Esto pasa seguido. No sé qué piensan cuando les digo “No uses la bici así que te vas a matar” y la usan igual. A veces no es por falta de plata, es de colgados. Pasa hasta con cuadros partidos y ruedas que se abren al medio.

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

 

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Edición Digital

Nº 311

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