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Lugares sagrados para descubrir entre Bolivia y Chile

Fecha: 12.06.2018

En los últimos años se incrementó mucho el tráfico de cicloaventureros en el tramo que va desde el Salar de Uyuni a San Pedro de Atacama y creo que, junto con la Carretera Austral Chilena, esta opción se encuentra en el top de aventura del continente. La información, tecnología y aumento de alojamientos en la zona ayudaron a que una región tan extrema pasara a ser más accesible.
Desde hace cerca de 25 años realizo travesías por esta zona. Son innumerables los recuerdos que tengo, pero las emociones más fuertes las viví como explorador, cuando no existían los GPS y era muy fácil perderse. Recuerdo el cruce de los salares pedaleando, con un horizonte ilimitado y la posibilidad de girar en cualquier dirección a 360°. Fue una experiencia fantástica, podía andar con los ojos cerrados, sin obstáculos y disfrutar de una libertad única como en ninguna otra parte del planeta. El éxtasis era tal que no importaba si estaba perdido y cuánto faltaba para llegar al borde del salar. Los únicos testigos de mi soledad eran volcanes a más de 80 kilómetros e infinitas estrellas por la noche.
Entre los salares, lagunas y volcanes, el paisaje era espectacular. Pero muchas veces he encontrado zonas con huellas abandonadas y mucha arena. Otras veces he tenido que dejar la bicicleta o el trailer que transportaba para cruzar un vado o encontrar una posible vía de escape a tramos intransitables. El esfuerzo de empujar o cargar la bici a cuestas se sentía mucho más y la respiración se agitaba por la altitud. En las manos los cayos aumentaban y la cara no podía estar descubierta al sol o al helado viento. Era importante ser humilde, no dar pasos muy largos, agachar la cabeza y cubrirse.
La clave para sobrevivir estaba en regular las fuerzas, el agua y la comida. Del mismo modo que lo hacían las vicuñas, flamencos y chinchillones del desierto.
Los animales de esta zona siempre me han fascinado, ellos tienen experiencia milenaria y se sienten muy cómodos donde para nosotros es difícil resistir. Apreciar su hermosura en un paisaje espectacular ¡vale la pena el esfuerzo!
Me encanta correr o embalar con la bici, para con mi máquina de fotos interceptar el instante en que se cruzan las vicuñas con “mis ciclistas” y retratarlos para la posteridad, en un momento mágico.
Agradezco a mi bici y a mis clientes, que me permiten regresar al borde de estas maravillosas lagunas donde los flamencos despliegan todo su color al correr sobre las aguas, antes de despegar hacia el infinito.
También me viene a la mente la arqueóloga Constanza Ceruti, a quien acompañé en algunas cumbres y a quien agradezco haberme hecho participe del descubrimiento de santuarios de altura incas. Estos son lugares sagrados que ustedes también pueden descubrir.

Texto: Mariano Lorefice

Lee el itinerario detallado de este viaje en la edición de Biciclub N° 282, disponible en kioscos y bicicleterías.


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Nº 282 - Junio 2018

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