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Cicloturismo

Lugares sagrados para descubrir entre Bolivia y Chile

En los últimos años se incrementó mucho el tráfico de cicloaventureros en el tramo que va desde el Salar de Uyuni a San Pedro de Atacama y creo que, junto con la Carretera Austral Chilena, esta opción se encuentra en el top de aventura del continente. La información, tecnología y aumento de alojamientos en la zona ayudaron a que una región tan extrema pasara a ser más accesible.
Desde hace cerca de 25 años realizo travesías por esta zona. Son innumerables los recuerdos que tengo, pero las emociones más fuertes las viví como explorador, cuando no existían los GPS y era muy fácil perderse. Recuerdo el cruce de los salares pedaleando, con un horizonte ilimitado y la posibilidad de girar en cualquier dirección a 360°. Fue una experiencia fantástica, podía andar con los ojos cerrados, sin obstáculos y disfrutar de una libertad única como en ninguna otra parte del planeta. El éxtasis era tal que no importaba si estaba perdido y cuánto faltaba para llegar al borde del salar. Los únicos testigos de mi soledad eran volcanes a más de 80 kilómetros e infinitas estrellas por la noche.
Entre los salares, lagunas y volcanes, el paisaje era espectacular. Pero muchas veces he encontrado zonas con huellas abandonadas y mucha arena. Otras veces he tenido que dejar la bicicleta o el trailer que transportaba para cruzar un vado o encontrar una posible vía de escape a tramos intransitables. El esfuerzo de empujar o cargar la bici a cuestas se sentía mucho más y la respiración se agitaba por la altitud. En las manos los cayos aumentaban y la cara no podía estar descubierta al sol o al helado viento. Era importante ser humilde, no dar pasos muy largos, agachar la cabeza y cubrirse.
La clave para sobrevivir estaba en regular las fuerzas, el agua y la comida. Del mismo modo que lo hacían las vicuñas, flamencos y chinchillones del desierto.
Los animales de esta zona siempre me han fascinado, ellos tienen experiencia milenaria y se sienten muy cómodos donde para nosotros es difícil resistir. Apreciar su hermosura en un paisaje espectacular ¡vale la pena el esfuerzo!
Me encanta correr o embalar con la bici, para con mi máquina de fotos interceptar el instante en que se cruzan las vicuñas con “mis ciclistas” y retratarlos para la posteridad, en un momento mágico.
Agradezco a mi bici y a mis clientes, que me permiten regresar al borde de estas maravillosas lagunas donde los flamencos despliegan todo su color al correr sobre las aguas, antes de despegar hacia el infinito.
También me viene a la mente la arqueóloga Constanza Ceruti, a quien acompañé en algunas cumbres y a quien agradezco haberme hecho participe del descubrimiento de santuarios de altura incas. Estos son lugares sagrados que ustedes también pueden descubrir.

Texto: Mariano Lorefice

Lee el itinerario detallado de este viaje en la edición de Biciclub N° 282, disponible en kioscos y bicicleterías.

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Ciclismo urbano

Paseos culturales en bicicleta por Buenos Aires

Viajero incansable y colaborador de Biciclub con sus atractivos relatos de viajes, Esteban Mazzoncini ha vuelto hace unos meses a Buenos Aires luego de un largo viaje en bicicleta y está organizando paseos culturales en bicicleta junto a Mariela Cavallo, una guía de turismo experta en contar historias de esta hermosa ciudad. Los paseos son de dificultad baja, de unos 6 kilómetros y con paradas donde además se ofrecen tips de fotografía y mecánica de la bici. El recorrido finaliza en el lago Regatas de Palermo, donde los participantes son invitados a un pícnic saludable, un juego sorpresa y una charla acerca de cómo organizar un viaje en bici por el mundo.

Instagram: @estebanmazzoncini | @baconcierge

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Cicloturismo

Irán en bici: hospitalidad y belleza

Irán, ese país tan lejano y desconocido para mí, con tan diferente cultura, religión e historia, fue uno de los destinos más esperados en mi viaje. Es uno de esos países que no se visitan todos los días, así que intenté aprovecharlo al máximo.

Pasé allí exactamente dos meses, desde mayo a julio de 2019, pedaleando casi 2300 kilómetros. Las rutas fueron siempre bastante seguras para pedalear, con banquinas. Abundaban también los parques públicos, donde estaba permitido acampar, y la comida en restaurantes en general era extremadamente barata. Así que gastaba poco; comía bien y rico; conocía mucho la vida de los locales; y disfrutaba de un clima de calor en la mejor época del año, justo antes del calor agobiante del verano (julio/agosto). Se daban así todas las condiciones para un viaje ideal.

Algunas cosas llamaron mi atención, y es que por aquel entonces, ingresé al país durante ramadán (el mes de ayuno de los musulmanes), por lo que debía cuidarme de no comer ni tomar agua en espacios públicos durante el día. Era interesante ver cómo su religión estaba así tan presente en su día a día, aunque también descubrí a muchos no-musulmanes que (como yo) se escondían a comer y romper el ayuno. Claro que en la ruta la regla no era tan estricta: podía hidratarme y comer sin problemas. Otra regla (de vestimenta) era vestir siempre de pantalón largo. Intenté cumplirla, pero luego supe que al hacer deporte podía ir de cortos, por lo que así lo hacía cuando pedaleaba. Eso sí, estando sin la bici debía usar los largos aunque hicieran 35°C de temperatura…

Mis expectativas en cuanto a la famosa hospitalidad iraní eran altas, fruto de tantos comentarios positivos recibidos por otros viajeros que la habían experimentado previamente. Y aún así, dicha hospitalidad superó largamente tales expectativas.

Era una incógnita constante saber con quien almorzaría, o donde pasaría la noche, pues eran tantísimas las invitaciones de la gente, día tras día, lo que hacía al viaje aun más interesante e intenso a la vez. Y siempre esas ayudas llegaban de forma desinteresada, contentos de colaborar con el viajero.

Por otra parte, llegar en bicicleta a ciudades con tanta historia como Isfahan, Hamedan, o Shiraz, eran satisfacciones enormes. Visitar sus enormes mezquitas, de una arquitectura y belleza difícil de describir, o pasear entre grandes bazares repletos de comidas, artesanías o alfombras persas, son hoy recuerdos preciosos. O bien acampar a escasos 200 metros de Persépolis, los restos de la antigua ciudad capital del imperio persa, construida hace más de 2500 años, o pedalear en botes acuáticos en las cuevas de Ali Sadr, al noroeste del país, las cuevas acuáticas más grandes del mundo.

Creo sin dudar que Irán fue uno de los puntos altos en mi viaje. Un país al que siempre querría volver, con mucho más para explorar y conocer. Y que, en mi opinión, reúne todas las características para quien planea hacer un viaje en un destino exótico pero a la vez seguro, barato, y con una riqueza humana y una histórica difíciles de superar.


Por Maximiliano Buss: en nuestra edición 305, del pasado mes de abril, publicamos en página 62 una síntesis del viaje de Maximiliano Buss entre Barcelona y Bangkok. Este relato corresponde a su paso por Irán.

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Cicloturismo

En vivo, el jueves 19/11 a las 20 hs de Argentina, hablamos de cómo armar tu viaje soñado

Sabemos que te gusta andar en bicicleta y que te apasionan los viajes y las aventuras. También sabemos que estás extrañando todo eso, y mucho.
Por eso desde Biciclub y Trans Sierras te ofrecemos de manera gratuita una serie de charlas online de 30 a 45 minutos sobre viajes en bicicleta (o, por qué no, también sumando trekking o remo). Hablaremos de viajes muy cerquita y otros de muy, muy lejos, porque en definitiva sólo se trata de buscar una excusa para conocer y pedalear.
En la primera charla, a realizarse el jueves 19 de noviembre a las 20 hs, compartiremos todo lo referido a un viaje por Cuba, realizado hace cuatro años. Te contaremos detalles y tips para que descubras este destino, tengas herramientas para armar tu viaje, sugerencias sobre qué hacer y que no. Todo esto en base a experiencias vividas y compartiendo mapas, diseños de recorridos, distancias, aciertos y errores, entre otras cosas.
Al finalizar la exposición tendrás un espacio abierto a preguntas.
La idea es compartir esta pasión que tenemos en común porque, sin dudas, pronto volveremos a armar alforjas y salir a descubrir nuevos destinos.

Toda la info e inscripciones haciendo click acá

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Cicloturismo

Vacaciones en bicicleta en Mendoza

La idea surgió a fines del año 2018. Ir a pedalear por los caminos de Mendoza. Ripio, asfalto, bodegas, desierto, montañas y cielo azul. En un principio estaba pensada para un grupo de ciclistas que ya había hecho otros viajes similares en los últimos años: Salta, Bariloche, Tandil y hasta el Cruce de los Andes. Pero esta vez las cosas resultaron distintas.

Como sucede a menudo, las buenas ideas van creciendo por contagio y lo que parecía ser una salida más de ese grupo de 10 o 12 compañeros de trabajo fue rápidamente ganando adeptos, hasta llegar a convocar nada menos que a 31.

La tarea para Sergio, nuestro organizador, no era fácil, no solo por la cantidad de anotados, sino también por los desafíos logísticos. El cronograma de vuelos era un rompecabezas. Además, algunos llevaban sus propias bicis y otros las debíamos alquilar. Buscar alojamiento único tampoco era fácil.

Lo primero fue encontrar la empresa justa para organizarnos el tour y nos decidimos por Rodado 26. No nos arrepentimos.

Y así partimos hacia la aventura el jueves 21 de marzo del 2019. En distintos vuelos fuimos llegando al Aeropuerto de Mendoza y desde allí nos trasladamos en combi hasta el hotel Casa La Galeana, en Chacras de Coria, un hotel pequeño pero muy cómodo, en el que ocupamos todas las habitaciones.

Antes de la cena, Ariel de Rodado 26 nos dio la bienvenida en una reunión grupal. Allí seteó las expectativas del viaje con una frase que tituló con precisión lo que sucedería: “Gente, los próximos cuatro días son vacaciones en bicicleta. Vamos a disfrutar de los paisajes, de pedalear juntos, de compartir buenos momentos.” Cena en el hotel y a dormir para juntar fuerzas para el día siguiente.

De Tupungato a Potrerillos

El viernes, luego de un desayuno liviano, a las nueve en punto partimos en dos combis hacia Tupungato. Allí, tomamos la ruta 89 y en la entrada de la Estancia Los Coirones las combis se detuvieron. Descargamos las bicis de los trailers y comenzamos a poner todo a punto.

Cuando todo estuvo listo, comenzó el pedaleo. Continuamos por la 89, un camino de ripio con muchas piedras. En el primer tramo de 15 kilómetros, entre muchas subidas y pocas y pequeñas bajadas, ascendimos 700 metros en medio de un paisaje espectacular, con el Cordón del Plata de fondo. Llegamos así hasta el punto más alto de la ruta 89, donde los muchachos de Rodado 26 habían armado un gazebo para almorzar. Sandwiches, frutas frescas y secas y mucho líquido. Todo perfecto para descansar un poco y retomar fuerzas.

Luego del almuerzo emprendimos la bajada. Siempre en ripio, la primera parte en forma de caracoles, muy divertida pero con la necesidad de prestar mucha atención al camino. Luego, al llegar a la zona del valle, el camino se hizo más recto, aunque continuaba descendiendo. Al llegar al pueblo de Las Vegas, el ripio de la ruta se hizo asfalto y la bajada continuó hasta el dique de Potrerillos. En total, 22 kilómetros de descenso muy rápido, donde algunos intrépidos alcanzaron casi 70 kilómetros por hora en algún tramo.    

Manzano histórico y Salentein

Nuevamente a las nueve en punto partimos en las combis, esta vez con rumbo a Tunuyán. A partir de allí, tomamos la ruta 94 hasta la intersección con el camino de La Quebrada, donde comenzó el pedaleo del día.

Los primeros cinco kilómetros fueron en ascenso, hasta llegar al Monumento al Manzano Histórico, lugar donde se dice que San Martín se detuvo cuando volvía de su campaña a Chile. Un poco decepcionados al enterarnos de que el famoso manzano ya no existe, y luego de socorrer a un ciclista solitario que había sufrido una caída en un sendero detrás del monumento, seguimos ascendiendo por la 94, ahora de ripio, dos kilómetros más hasta el Campamento de los Maristas. En ese lugar hicimos una parada técnica para comer algo de queso, dulce de batata y frutas secas.

En ese punto el grupo se dividió. Los más entrenados siguieron subiendo por la 94 algunos kilómetros más hasta llegar a las ruinas del hotel Samai Huasi. Los demás volvimos sobre nuestros pasos hasta la intersección con la ruta 89, justo donde está emplazado el Cristo de la Hermandad.

Tomamos un camino asfaltado en dirección a Tupungato. Luego de 20 kilómetros de descenso llegamos todos juntos al acceso a la Bodega Salentein, donde compartimos una muy buena degustación de empanadas y vinos de la casa. Por la tarde realizamos una visita a esta particular bodega.

De Uspallata a Villavicencio

Ya se había hecho costumbre la salida puntual a las nueve. Las combis con sus trailers nos llevaron por los increíbles paisajes de la ruta 7 hasta la ciudad de Uspallata. Saliendo de esa ciudad por la Ruta 52 abandonamos el asfalto y nos internamos en la Reserva Natural de Villavicencio.

En un punto de esa ruta nos detuvimos y comenzó el pedaleo. Fue el tramo más desafiante de todo el viaje, 12 kilómetros durísimos en ascenso casi constante en los que ganamos 1000 metros de altitud. Luego de casi dos horas llegamos a la Cruz del Paramillo, a 3000 metros de altitud, donde disfrutamos de un hermosa vista del Cerro Aconcagua. A partir de allí, cuatro kilómetros más con algunos repechos exigentes hasta llegar al Mirador del Balcón, donde nos esperaba la deseada bajada, los famosos caracoles de Villavicencio, 23 kilómetros de puro camino de cornisa, con más de 300 curvas, según los conocedores. Los picos de adrenalina nos acompañaron todo el trayecto, hasta el final del camino donde el famoso hotel inmortalizado en las botellas de agua mineral nos recibió para dar por finalizado el día de pedaleo.

Por la noche, de vuelta en Casa La Galeana, el Chino y Gaby, los asadores expertos del grupo, se mandaron un asado impresionante para todos.

Entre viñedos y senderos del pedemonte

El último día de pedealeo lo arrancamos montados en las bicis desde el hotel. Hicimos diez kilómetros hacia el sur y luego hacia el oeste con algo de pendiente ascendente hasta el dique Cipolletti, en Luján de Cuyo. A partir de allí nos internamos a pedalear por los viñedos de la bodega Luigi Bosca y luego por caminos internos, siempre rodeados de viñas y pequeñas bodegas.

Al mediodía llegamos a la bodega Nieto Senetiner, con su casco de estilo colonial excelentemente mantenido. Nos recibieron con una cata de vinos, visita a las instalaciones y un estupendo asado. Por la tarde los más fanáticos hicieron una pasada por los Senderos del Pedemonte, llenos de caminos angostos, más exigentes desde lo técnico pero muy divertidos.

Finalizado el último día, fuimos partiendo desde el hotel hacia al aeropuerto, organizados de acuerdo con nuestros cronogramas de vuelos de vuelta. La organización de Rodado 26 fue impecable de inicio a fin.

Hermosa visita a Mendoza. Un viaje inolvidable de cuatro días donde descubrimos lugares increíbles para recorrer en bici, rodeados de paisajes majestuosos. Un ambiente relajado para compartir momentos distintos a los habituales del trabajo y conocernos de una forma más cercana. Para algunos fue además el reencuentro con la bici después de años. Para todos una hermosa experiencia que nos dejó con las ganas de seguir haciendo viajes grupales en bicicleta.

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Edición Digital

Nº 311

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