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Cicloturismo

Mariano Lorefice te invita a participar gratuitamente de una travesía en formato bikepacking desde El Calafate a Ushuaia

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La travesía en solitario y con alforjas que hiciera Mariano Lorefice en marzo/abril de este año desde La Quiaca a Ushuaia por la ruta 40 (Pedaleando por la vida 2021) tuvo como objetivo realizar una acción en concreto a favor del medio ambiente en conjunto con la ONG internacional One Tree Planted, de manera que quienes quisieran pudieran contribuir activamente y sumarse al proyecto con una donación en https://forest-fundraiser.raisely.com/mariano-lorefice, dinero que será destinado para reforestar la selva del Amazonas. En agradecimiento a esa colaboración, que aun puede hacerse, Lorefice invitó en su momento a todos los donantes a ser parte de manera gratuita de una nueva travesía que se realizará en diciembre de este 2021 desde El Calafate a Ushuaia, disfrutando de su vasta experiencia como guía de mountain bike. “Hace un tiempo crucé el Amazonas y con mucha tristeza puede ver como quemaban la selva para deforestar. Siempre realicé campañas, promoví el uso de la bicicleta y el cuidado de la naturaleza pero, en esta ocasión, colaboraré activamente con un programa de reforestación”, cuenta Lorefice, en relación a su alianza con la ONG One Tree Planted.
El asunto es que la hora del premio se aproxima. Mariano nos ha confirmado que el mes de diciembre estará guiando gratuitamente el viaje prometido en la modalidad bikepacking, desde El Calafate hasta Ushuaia.
La propuesta está abierta a todos los que quieran participar y deseen hacer una donación voluntaria (desde 2 dólares o 300 pesos), para la campaña de reforestación en la que se involucró y promocionó.
El que sigue es el mapa del recorrido de esa travesía.

“En 1986 —rememora Mariano— hice mi primera travesía de aventura por la Patagonia. En 1989 pedaleé por primera vez a Ushuaia y desde entonces regresé muchas veces, solo o con otros ciclistas, como guía. Ushuaia también fue el punto final de mis campañas ecológicas, así que es un lugar mágico para mí. Por eso hoy quiero invitarte a pedalear juntos en mi nueva aventura, disfrutando de la modalidad bikepacking, con alforjas, por nuestra salud y la del planeta.”

En resumen, he aquí lo que ofrece Mariano a los que lo acompañen en esta mágica pedaleada:
➡Fecha y lugar: 17/12/2021 al 02/01/2022. Recorrido entre El Calafate y Ushuaia, Patagonia argentina y chilena. También es posible realizar solamente algún tramo.
➡Distancia: 1150 km en 16 etapas, pedaleando a ritmo lento, para disfrutar del paisaje.
➡Costo: mínimo dos árboles (2 dólares estadounidenses) donados a la ONG One Tree Planted para reforestar el Amazonas. Si tu donación es mayor ¡tendremos más árboles!
➡¿Qué necesitás?: Tu bici equipada para el viaje (carpa incluida), pasajes, alojamiento y comida.
➡¿Qué te ofrezco?: gratuitamente, mis servicios y experiencia como guía, vehículo de apoyo (para casos de emergencia) y la posibilidad de, a través de tu donación, hacer un planeta mejor para todos. “¡Te espero!”, afirma finalmente Mariano.

 

Instagram @mariano.lorefice | marianolorefice@yahoo.com | Whatsapp +39 3331098573

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Cicloturismo

Ciclismo gravel por los más vertiginosos senderos de montaña

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David Cachón es un mountain biker profesional español que ha sido dos veces campeón mundial de MTB Trials, ha batido récords Guinness y actualmente se dedica a aventurarse en lugares extremos y contar sus historias en textos, fotos y videos. Aquí defiende a capa y espada las bicis gravel y en videos y fotos nos muestra de qué son capaces.

Una gravel… con suspensión

Poner rumbo a las montañas es fácil, pero encontrar la ruta perfecta para disfrutar al cien por ciento de una bicicleta gravel en un entorno escarpado y complicado, no lo es tanto. ¡Por suerte esta vez contaba con una ayuda extra! Hacia unas pocas semanas que había recibido en casa la nueva horquilla SR Suntour GVX, una horquilla dirigida al usuario de bicicletas gravel, todavía en fase de prototipo, pero esa es siempre la mejor excusa para poder darle caña a tope, sin miedo a que se rompa.

El destino: senderos épicos

Reconozco que tengo una obsesión. Nada malo, no penséis nada raro, se trata de apuntar en una libreta todos los sitios en los que me gustaría rodar en bicicleta y que me llaman la atención. Muchos de ellos los veo en televisión, revistas o internet… No tengo limites geográficos, de hecho cuanto más lejano sea el país y el lugar mejor. Pero hay algo que nunca deja de sorprenderme y es que en muchas ocasiones cerca de nuestros hogares, en las zonas en las que vivimos, tenemos lugares fantásticos y muchas veces realmente increíbles, pero que por la “normalización” que hacemos del entorno ya no llaman nuestra atención, pero igualmente son lugares flipantes.
Hace muchos años que le tenía echado el ojo a esta zona del Prepirineo. Por unas cosas u otras nunca había cuadrado todo para ir a explorar la zona de una forma concienzuda. Es lo que os comentaba antes que ocurre con los lugares que tenemos cerca de casa. Además el bueno de Kilian Bron (un rider al que respeto mucho) había hecho viral un video POV en esa zona, así que ya no tenía mucho sentido ir con mi bicicleta de montaña allí para tomar unos videos o unas fotografías. Pero si que lo tenía para hacerlo con una gravel. Todo sería mucho más puro, más preciso y por lo tanto mucho más peligroso. Un nuevo nivel de pilotaje al que la horquilla Suntour GVX me daría el acceso directo.
El Desfiladero de Monrebey, también llamado Congost de Mont-Rebei, es la frontera natural entre las regiones de Aragón y Cataluña, entre las comarcas de la Ribagorza y el Pallars Jussa. Sin duda alguna un lugar súper espectacular y simplemente único.
El entorno era perfecto, carreteras estrechas con un firme bastante desgastado y bacheado, infinitas pistas de tierra que confluyen en todas las direcciones y unos senderos ultra técnicos que ponen a prueba tu destreza, vértigo y equilibrio. ¡Es perfecto!

¿Por qué una horquilla de suspensión para gravel?

Yo siempre he defendido que soy un amante de la bicicleta y de todas sus modalidades. Los que me conocéis lo sabéis muy bien. Me encanta la bicicleta, trato de practicar todas las disciplinas posibles y aprender de todas y cada una de ellas.
Me gusta el ciclismo de carretera, me gusta pedalear, me gusta el XC… pero hace algunos años en un viaje por Alemania descubrí el gravel. Me encantó ese concepto. Un mundo nuevo se abrió ante mí, ya que había atravesado una temporada cargada de “sustos” y pequeños incidentes que me ocurrían cada vez que salía con mi bicicleta de carretera. Es muy frustrante saber que tienes un accidente por culpa de un conductor que no respeta las normas, que odia a los ciclistas o que simplemente no está en condiciones de conducir un coche.
Por otro lado, la bicicleta de XC nunca ha tenido mucho sentido para mí. Que nadie me mal interprete, adoro esa modalidad, pero para un tipo como yo y con mi estilo sobre la bicicleta el XC puede ser sustituido fácilmente por el gravel o dar un paso más y llegar al All Mountain. Son modalidades que para mi entender navegan a orillas de tus preferencias, estilos y formas de ver la bicicleta. Para alguien que piense en competir es perfecto, pero para mí, que hace muchos años que busco otra serie de experiencias y sensaciones sobre la bicicleta, ha sido sustituido por las bicicletas gravel.
Llegados a este punto queda claro que la bicicleta de gravel me ofrece una polivalencia total y me permite hacer lo mismo que haría con una bicicleta de XC: pistas, caminos, senderos…, pero tal vez si la situación se complica puedo volver por carretera o incluso gracias a su calidad rodadora hacer unos kilómetros extra de forma más fácil.
Tan solo le encontraba una pega al ciclismo de gravel. El dolor que me dejaba en las muñecas, codos y hombros cuando hacía una larga salida con ella. Si quieres ir por caminos exigentes, son muchos los impactos que tu cuerpo absorberá a lo largo de los kilómetros, miles de micro impactos que van directamente a tus articulaciones, huesos, tendones, músculos…, lo que finalmente se transforma en inflamación, entumecimiento y un par de días con dolores articulares. Al menos a mí me ocurría, a pesar de ser un jovenzuelo de 43 años…

Un nuevo nivel de pilotaje

Cuando los chicos de Suntour me dijeron que estaban pensando en diseñar una horquilla de suspensión para gravel me pareció simplemente alucinante. Era exactamente lo que necesitaba, algo que amortiguara todos esos impactos. Cuando recibí la horquilla y la probé en mi bicicleta pude comprobar que se trataba de una de las mejores ideas de los últimos años. Lo digo de verdad, me encantó. No solo me evitaba el desagradable dolor en las articulaciones, sino que mi nivel de pilotaje en zonas técnicas había aumentado a un nuevo nivel gracias a la nueva horquilla. ¡¡Joder, ha sido genial!
Las zonas rotas, con baches o incluso raíces, dejan de ser un obstáculo complicado para simplemente ser una irregularidad del terreno que la GVX absorbe con facilidad. En una bicicleta tan rígida y con las ruedas tan finas (comparadas con una MTB), es vital que la rueda se mantenga pegada al terreno para garantizar el control y la estabilidad.
Un nuevo nivel ha llegado a la era del Gravel!!!!
Nos vemos en los senderos amigos.

Texto & Riding: @david_cachon
Fotografía & Film: David Ponce
Edición video: Alberto Porras

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Cicloturismo

Un día en bicicleta por el Valle del Manso, un retazo patagónico del paraíso

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La zona del Manso es un profundo valle de cordillera ubicado entre Bariloche y El Bolsón. Jime y Andrés, de La Vida de Viaje, pedalearon un sendero de 20 kilómetros que va paralelo al Manso, uno de los ríos más lindos y caudalosos de la región. Este es su diario de viaje.

Pienso en lo que más me llamó la atención del camino del Valle del Manso y se me vienen fragmentos a la mente: la ruta, seca y áspera, pero con un tinte húmedo por el bosque y las montañas a los costados. El río, caudaloso y a la vez suave, que por momentos es azul y por momentos verde. Los árboles y sus especies que quiero llevar conmigo: la lenga, el ñire, el coihue, el ciprés, el maitén. Los pájaros que vuelan en el sentido contrario al que vamos, pájaros que no escucho porque el motor de la camioneta tapa ese fino contacto que puedo tener con el mundo exterior. Por eso, cuando estoy en la naturaleza, elijo la bicicleta: es mi manera de recordar no en fragmentos, sino en modo panorámico.
Estacionamos, bajamos las bicicletas, comemos pizza fría de ayer mientras cebamos mate, cruzamos la primera pasarela y empezamos a pedalear. Esa transición de movimientos entre lo pasivo de la camioneta y lo activo de la bicicleta es muy parecida a la sensación de sacarle el papel a ese chocolate que te encanta, y que te da placer y ansiedad a la vez. Esto lo sentimos siempre, sea el camino que sea. Será la incertidumbre de lo nuevo, la adrenalina de lo distinto, o hasta quizá una señal de que lo que estamos por hacer nos hace sentir muy bien.
No tengo un anotador encima y peco de ser una persona con poca memoria. Por eso agarro el celular y empiezo a enumerar la sutileza del paisaje que miro:

nubes cirros rasgando el cielo
bosquecitos en la cima de las montañas
la pared de piedra del cerro que bordeamos
teros que cantan y ovejas que corren
vacas que mastican y que no me sacan los ojos de encima
una perra que me lame las piernas mientras mueve la cola
una familia de bandurrias picoteando el pasto verde
grillos sonando cerca y lejos
los reflejos del río sobre los troncos de los árboles
el brillo de la luz del sol sobre el agua

Freno para esperar a Andrés y dejo la bici a un lado para tocar la textura de las hojas y de las flores. Es un hábito que empecé a incorporar desde que decidí involucrarme con la naturaleza. Porque si no la toco, ¿cómo la describo después? Si no la huelo, ¿cómo puedo saber a qué se parece? Si no me detengo, ¿cómo construyo un vínculo con ella? Cuando lo hago una distancia se rompe y una unión, breve y contemplativa, nace.
La senda se achica y se agranda. A veces es de tierra y otras veces de piedras. Es nítida, pero cada tanto desaparece entre hojas y ramas. Se interrumpe por pastos inundados, arroyos que parecen ríos y árboles caídos que tenemos que esquivar. Es llana y también inclinada. La senda no es recta: subimos y bajamos, pedaleamos y caminamos, abrimos y cerramos tranqueras.
Cada tanto paramos a descansar: comemos unas bananas, tomamos agua fresca, disfrutamos de la quietud del camino. Porque si bien estamos acá para estar en movimiento, son estos momentos de reposo donde el paisaje se vuelve tranquilo, manso. Por algo este lugar debe llevar ese nombre.
Llegamos a la última pasarela. Eso quiere decir que hasta acá pedaleamos 20 kilómetros. En horas habrán sido cuatro entre las paradas, las fotos, la filmación, las anotaciones. Y me encanta pensar en esto ahora porque durante el camino no se me ocurrió contabilizar ni el tiempo ni la distancia. A veces los números se vuelven fugitivos y lo único que queda es un momentum donde lo que tiene sentido es el movimiento y el paisaje en sí mismo.
La imagen del Valle del Manso se fue completando como un gran rompecabezas que empezó con fragmentos muteados y que termina con retratos vivos. Mientras volvemos por la ruta principal, el sol se esconde detrás de un cerro y me llevo la experiencia que a mí me gusta: en modo panorámico y con los sentidos latiendo.

Ficha de ruta
Kilómetros: 42 (ida: 20 km de sendero / vuelta: 22 km de ripio por Ruta Provincial 83).
Lugar: Río Negro, Argentina.
Tipo de recorrido: circular.
Rutas: Ruta Provincial 83 y sendero de montaña.
Itinerario: el sendero arranca en la primera pasarela que se conoce como “Paso Andrade” (sobre la -RP 83, a 11.5 km de la RN 40) y termina en la última pasarela llamada “Paso Jones” a la altura del -Camping: La Pasarela de El Manso.
Tiempo aproximado: 6/7 horas en total
Alturas:
Inicio: 472 msnm
Punto más alto: 560 msnm
Fin: 472 msnm
Desnivel acumulado: +390 m / -390 m

 

TEXTOS: Jimena Sánchez | FOTOS: Andrés Calla | lavidadeviaje.com | https://www.instagram.com/lavidadeviaje/

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Cicloturismo

Cicloturismo, una alternativa sustentable para la post pandemia

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Mientras que la industria del turismo tiene que luchar durante el epílogo de la pandemia con las estrategias de apertura, las normas de higiene y la capacidad de las camas para garantizar a los huéspedes vacaciones seguras, las cifras de la demanda de bicicletas y sus nuevas formas de moda (gravel, ebikes, cargo, etcétera) llega a las nubes. Como interfaz entre los dos sectores (turismo y bicicletas), el cicloturismo se beneficia especialmente a nivel local. Desde el advenimiento de las restricciones de viaje impuestas por la pandemia, si no antes, las vacaciones en las cercanías se han convertido en una megatendencia global.

De esta tendencia nos habla en las siguientes líneas el Licenciado en Turismo Ezequiel Romagnoli.

Foto: Mark Stosberg en Unsplash 

 

Del viaje turístico tradicional al viaje de cercanía

Por Ezequiel Romagnoli

El desarrollo del turismo se encuentra condicionado por la evolución de la pandemia mundial, no sólo por las restricciones dictaminadas por los diversos estados en pos de contenerla, sino también por el miedo y la incertidumbre de los viajeros ante esta situación.

En este contexto, diversos estudios y especialistas proyectan un cambio en los hábitos de los turistas, quienes, paulatinamente, irán migrando de un paradigma de viaje tradicional (visitas a grandes urbes, con largas estadías) a uno caracterizado por viajes de cercanía, en entornos naturales y de corta duración pero con mayor frecuencia, que permita ajustar el itinerario a la compleja realidad económica de cada individuo*.

Encuestas realizadas por booking.com** en enero del 2021 reflejan una tendencia global que se repite en nuestro país: el turismo lidera la lista de prioridades post-pandemia de las personas (el 69% de los argentinos relevados cree que es más importante viajar ahora que antes de la pandemia). Por otra parte, existe un consenso en el debate sobre la recuperación del volumen de turistas, el cual sostiene que la actividad se recuperará primero a nivel doméstico y luego a nivel internacional.
Dentro de esta crisis, surge la posibilidad de potenciar una modalidad de turismo local y sustentable, con un público cada vez mayor y que, sobre todo, continuará con esta tendencia debido a que se amolda al nuevo perfil del público: el cicloturismo. No son pocos los estados que consideran esta modalidad y que ya están promocionando e invirtiendo en ella con vistas al turismo post pandemia. Algunos ejemplos relevantes que podemos mencionar son:

-La aprobación del presupuesto por parte del gobierno croata para destinar cerca de 650 mil dólares a la financiación de proyectos privados relacionados al cicloturismo.

-El Primer Foro de Cicloturismo de Euskadi (presentado por su consejero en Turismo, Comercio y Consumo), en pos de promocionar las rutas verdes, coordinar acciones y esfuerzos con profesionales del sector turístico, hotelero y de la industria del ciclismo, entre otras.

-La FITUR (Feria Internacional de Turismo), donde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de dicho país expuso sobre la red de caminos naturales, con el objetivo de promover el cicloturismo.

-La International Research Conference, que reunió a profesionales e investigadores de diversas disciplinas en París para debatir sobre la actualidad y el desarrollo del cicloturismo.

-La Conferencia de Cicloturismo y Eurovelo (red de ciclovías transfronteriza europea de más de 90.000 km de longitud) que se realizará en octubre de este año en Barcelona.

Como actividad, el cicloturismo repercute positivamente en el aprovechamiento de espacios en desuso, la puesta en valor del patrimonio histórico y natural, contribuye a la distribución de flujo de turistas hacia zonas que menos visitas reciben y a la desestacionalización de los destinos.

También posee la cualidad de ser una actividad de bajo impacto ambiental, al no generar emisiones de carbono y, sobre todo, al concientizar y promover buenas prácticas en los entornos naturales.

En resumen, la evolución del cicloturismo sigue los lineamientos del desarrollo sustentable, equilibrado y contribuye al crecimiento económico de las comunidades locales.

Es cuestión de tiempo para que en nuestro país se identifique esta posibilidad y, llegado ese momento, serán los sectores público-privados junto a las comunidades quienes deberán trabajar en conjunto para instalar la oferta. Generar nuevas experiencias y atractivos será el desafío para el turismo post pandemia, y aquellas localidades que apuesten primero por el cicloturismo serán las que cuenten con ventaja en el campo de los destinos innovadores.

 

Ezequiel Romagnoli es Licenciado en Turismo y actualmente está enfocado en la gestión y planificación de actividades sustentables. Contacto: ezequiel.romagnoli@gmail.com

* https://www.booking.com/articles/impact-awakening-the-rise-of-responsible-travel.xa.html

** https://www.impulsonegocios.com/el-turismo-lidera-la-lista-de-prioridades-post-pandemia-para-argentinos

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Cicloturismo

Me topé con Mendoza (un asombroso viaje en bicicleta)

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Como casi siempre en mi vida, sobre todo en los últimos años, he recorrido caminos inciertos, pero éste iba a tener un contexto único, especial e irrepetible, como cada aventura.
Un año atrás estaba en Cali, Colombia, capital de la salsa, pero Alaska era el destino, finalmente inconcluso debido a la pandemia. Así fue que me encontré paralizado, preguntándome qué iba a pasar, qué hacer, adónde ir, cómo volver a mi hogar, decisión que había tomado después de ver que la situación se sostenía en el tiempo y se hacía más y más compleja.
Después de sortear varios inconvenientes para repatriarme, con un panorama absolutamente impensado, cruzando países que impedían la circulación, llegué a Mendoza.

La decisión
Ya allí, los días… y los meses, transcurrían. Las restricciones hacían imposible subirme nuevamente a mi bicicleta. Mi compañera por años se encontraba varada en un rincón de casa, sobre ella cientos de recuerdos cosechados desde aquel inicio en el Fin del Mundo.
Con la llegada de la primavera la vuelta a la carretera estaba cada vez más cerca. Ya era hora de comenzar a soñar. Empezaba a planificar mi viaje.
Pienso, siento, reflexiono y hago un resumen de mis experiencias. Sé que soy un afortunado: nunca imaginé visitar lugares ubicados en el otro extremo del globo como Nepal, Nueva Zelanda o Vietnam, entre muchos otros. Sin dudas vivir afuera dejó algo pendiente: debía descubrir la provincia y las montañas que alguna vez me vieron partir. Ahora estaba aquí y era tiempo de saldarlo.
No fue muy difícil decidir la dirección que tomaría: el sur tenía todo lo que necesitaba. La Cordillera sería mi punto de referencia hacia esta nueva aventura. Montañas, cerros, valles, volcanes, lagos, todo un cóctel con sabor a libertad.

Los preparativos
La soledad es algo con lo que muchos viajeros lidiamos. Comúnmente las personas nos paran y nos preguntan: “¿Cómo es eso de viajar solo?” Nunca he tenido una respuesta clara a esta pregunta, más bien contesto que nunca estoy solo, siempre surge algo o alguien con quien compartir. Esta vez no iba a ser la excepción: semanas antes había hablado con Juan, un amigo, que como buen amante de la bici y la montaña escuchó sobre esta aventura y no pudo resistirse a acompañarme.
A veces me sorprendo al ver con qué rapidez afianzamos relaciones. Llevo tiempo haciendo amigos en la ruta; muchas veces un compañero se vuelve maestro, hermano. Innumerables historias compartidas en el transitar de innumerables rutas nos hacen aprender de la simpleza de una buena charla y un fogón, momentos que alcanzan para sentirnos compañeros de toda una vida.

Desempolvé las alforjas y las coloqué poco a poco en la bici, observando que todo estuviera en condiciones. Un viaje de estas características necesita de la mejor atención: cadena, frenos, neumáticos, todo tenía que estar a punto. Reconozco que preparar la bici con el tiempo se ha transformado en una práctica muy agradable, sensación parecida a la de armar las maletas cuando te vas de vacaciones.

El viaje
Finalmente llegó el día: me encontraba sobre la ruta. Los nervios que se habían acumulado en los últimos días se desvanecían con cada pedaleada.
Como era de esperar, los primeros días fueron bastantes duros. Volver a la ruta luego de estar parado varios meses no fue fácil y menos cuando las comodidades escasean. La rutina empieza a ser otra: horas arriba de la bici, buscar lugar donde montar la tienda y por supuesto cocinar nuestro menú diario, arroz y fideos.
Le decía adiós a la ciudad para sumergirme de lleno en el corazón de la Cordillera. Atrás quedaban los últimos kilómetros de pavimento. Adentrado suavemente por senderos agrestes e irregulares, la montaña empezaba a marcarme su ritmo.
En la zona del Alto del Valle Tunuyán, llegamos al Refugio Real de la Cruz, luego de haber coronado el Paso El Portillo, a 4300 msnm. El Paso Internacional Portillo de Piuquenes continuaba cerrado, así que no hubo otra salida que volver por el mismo camino y realizar la hazaña dos veces.

Como suelo decir, los lugares más excitantes se encuentran al final del mapa, donde las huellas son nuestro horizonte y los animales son espías que silenciosamente observan los pasos de los intrusos. Las emociones se multiplican, los colores son más intensos y los aromas más profundos, experimentando así una de las sensaciones más placenteras que pueda tener el ser humano: en la soledad e inmensidad nos sentimos más vivos que nunca.
Hace no mucho tomé la decisión de cambiar mi manera de viajar; ahora todo se resume a la bici y a un poco de equipaje. Una forma de viaje más sustentable y amigable con el medio ambiente que además permite que me mueva con mayor autonomía y ligereza sobre terrenos abruptos. Sin embargo, en muchas ocasiones el camino se volvía intransitable y empujar o cargar la bici cuando no hay modo de pedalear es la única forma de avanzar.

Al tomar la vieja y mítica ex ruta 40, hoy nombrada ruta 101, el sonido constante de mis ruedas abriendo camino sobre el ripio me recuerda que debo agudizar mis reflejos para fundirme con el paisaje mendocino de montañas y desiertos, en gran parte de su extensión acompañado con el perfume de jarillas, su flora por excelencia. Los caudalosos ríos y montañas como postales panorámicas son su gran atractivo, albergue de liebres, vizcachas, choiques y aves que en varias ocasiones se hicieron notar.

La Reserva Laguna del Diamante en San Carlos fue toda una sorpresa, no podría haberme imaginado contemplando tanta belleza, había escuchado alguna vez sobre estas aguas, escondidas a unos 3250 msnm, ubicadas en un campo de escorias volcánicas. El Volcán Maipo (5323 msnm) y a sus pies la laguna hacen de este lugar una postal imposible de olvidar.
La vida se ve mejor desde arriba. La altura nos hace lentos y nos somete a situaciones más extremas. El duro frío, los fuertes vientos sumados a la disminución de la presión son un conjunto de dificultades con que tenemos que aprender a lidiar. Una buena aclimatación se convierte en una de las mejores soluciones. ¡Toda una odisea!
En la montaña, los últimos rayos de sol pueden significar el comienzo de una noche helada. Afortunadamente el verano hace que la indumentaria no tenga que ser demasiada. Tengo conmigo una campera de plumas que me ayuda a mantenerme caliente, un buzo, un par de remeras y dos calzas largas térmicas. Lo justo y necesario para poder viajar ligero y así sortear todo esos obstáculos que el camino me pone.
Retomo la ruta 40 . Es el turno de visitar uno de los hoteles más emblemáticos y remotos de Mendoza, que no se encuentra en funcionamiento hace más de 30 años. Sus huéspedes nos hospedamos en una parada obligada con las mejores vistas al valle.

La visita al Hotel Termas del Sosneado, un bloque de tres pisos formado de piedras en medio de la Cordillera, junto a sus tres termas, hacen de este lugar un paraíso para cualquier aventurero.
En el monte, encontrar una arbolada es descubrir un pequeño oasis, sin duda un refugio confortable. Aquí los puesteros tienen una fuerte connotación histórica y cultural. Ellos se encargan de la práctica ganadera de caprinos y ovinos, abandonan sus familias y se desplazan hacia los campos altos durante el verano (veraneada) para engordar a sus animales.
Los arrieros también forman parte de este escenario. Encontrarse con ellos es volver a sentir la calidez de un abrazo al alma.

El sur era el destino, Malargüe el punto de referencia. Últimos kilómetros y ya estaba allí en la ciudad para cumplir unos de los propósitos con los que había emprendido este viaje: unir dos de los valles más imponentes que pueda haber, Valle Noble y Valle Hermoso.
Si de aventura se tratara esta sería la más asombrosa, el inicio sobre la Carretera de Carqueque me regalaría en cada pedaleada un paraje inesperado.

La Reserva Natural Castillos de Pincheira, monumento natural tallado por acciones erosiva, sorprende por sus dimensiones.

Portezuelo de Carqueque, a 2848 msnm, es el siguiente atractivo para concluir con las majestuosas vistas al Valle Noble y Valle Hermoso.

Me tomó por sorpresa ver como la hospitalidad en las personas seguía allí, viva. Será que estas tierras rodeadas por valles ayudan a conservar valores que otros ya hemos perdido. Mi persistencia en el camino no sería nada si no fuera por la amabilidad y atención que muchos solemos recibir. La familia se amplía y como nuevos integrantes, recibimos los honores. A veces es un plato de comida, un pedazo de pan, una cama, una ducha caliente y si estamos de suerte algo de carne, pero el mayor regalo es escuchar y aprender de las vivencias de quienes nos reciben. Cuando el destino me cruza con ellos, leo sus manos y sus pieles curtidas, los que reflejan el paso del tiempo, como la corteza de un árbol graba la belleza de lo humano, huellas de una identidad que va quedando en el ayer.
Como si esto hubiera sido poco, mis ansias por seguir descubriendo continuaron, y en una vuelta inesperada mi cabeza decidiría que esto no era suficiente. Volví a San Rafael, esta vez a conocer esos famosos diques de los que tanto me habían nombrado: Agua del Toro, Los Reyunos, El Tigre, El Nihuil y Valle Grande. Tenía que ver que Mendoza no era solo montañas.

Mi plan de viaje continúa y mi afán de explorador también. Hoy la bici se encuentra nuevamente en el mismo rincón, sobre sus ruedas lo recorrido y vivido, y con ella la ambición inacabable de explorar mis límites.

 

Por Gonzalo Zamorano
@gonzalo.zamorano

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