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Cicloturismo

Vacaciones en bicicleta en Mendoza

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La idea surgió a fines del año 2018. Ir a pedalear por los caminos de Mendoza. Ripio, asfalto, bodegas, desierto, montañas y cielo azul. En un principio estaba pensada para un grupo de ciclistas que ya había hecho otros viajes similares en los últimos años: Salta, Bariloche, Tandil y hasta el Cruce de los Andes. Pero esta vez las cosas resultaron distintas.

Como sucede a menudo, las buenas ideas van creciendo por contagio y lo que parecía ser una salida más de ese grupo de 10 o 12 compañeros de trabajo fue rápidamente ganando adeptos, hasta llegar a convocar nada menos que a 31.

La tarea para Sergio, nuestro organizador, no era fácil, no solo por la cantidad de anotados, sino también por los desafíos logísticos. El cronograma de vuelos era un rompecabezas. Además, algunos llevaban sus propias bicis y otros las debíamos alquilar. Buscar alojamiento único tampoco era fácil.

Lo primero fue encontrar la empresa justa para organizarnos el tour y nos decidimos por Rodado 26. No nos arrepentimos.

Y así partimos hacia la aventura el jueves 21 de marzo del 2019. En distintos vuelos fuimos llegando al Aeropuerto de Mendoza y desde allí nos trasladamos en combi hasta el hotel Casa La Galeana, en Chacras de Coria, un hotel pequeño pero muy cómodo, en el que ocupamos todas las habitaciones.

Antes de la cena, Ariel de Rodado 26 nos dio la bienvenida en una reunión grupal. Allí seteó las expectativas del viaje con una frase que tituló con precisión lo que sucedería: “Gente, los próximos cuatro días son vacaciones en bicicleta. Vamos a disfrutar de los paisajes, de pedalear juntos, de compartir buenos momentos.” Cena en el hotel y a dormir para juntar fuerzas para el día siguiente.

De Tupungato a Potrerillos

El viernes, luego de un desayuno liviano, a las nueve en punto partimos en dos combis hacia Tupungato. Allí, tomamos la ruta 89 y en la entrada de la Estancia Los Coirones las combis se detuvieron. Descargamos las bicis de los trailers y comenzamos a poner todo a punto.

Cuando todo estuvo listo, comenzó el pedaleo. Continuamos por la 89, un camino de ripio con muchas piedras. En el primer tramo de 15 kilómetros, entre muchas subidas y pocas y pequeñas bajadas, ascendimos 700 metros en medio de un paisaje espectacular, con el Cordón del Plata de fondo. Llegamos así hasta el punto más alto de la ruta 89, donde los muchachos de Rodado 26 habían armado un gazebo para almorzar. Sandwiches, frutas frescas y secas y mucho líquido. Todo perfecto para descansar un poco y retomar fuerzas.

Luego del almuerzo emprendimos la bajada. Siempre en ripio, la primera parte en forma de caracoles, muy divertida pero con la necesidad de prestar mucha atención al camino. Luego, al llegar a la zona del valle, el camino se hizo más recto, aunque continuaba descendiendo. Al llegar al pueblo de Las Vegas, el ripio de la ruta se hizo asfalto y la bajada continuó hasta el dique de Potrerillos. En total, 22 kilómetros de descenso muy rápido, donde algunos intrépidos alcanzaron casi 70 kilómetros por hora en algún tramo.    

Manzano histórico y Salentein

Nuevamente a las nueve en punto partimos en las combis, esta vez con rumbo a Tunuyán. A partir de allí, tomamos la ruta 94 hasta la intersección con el camino de La Quebrada, donde comenzó el pedaleo del día.

Los primeros cinco kilómetros fueron en ascenso, hasta llegar al Monumento al Manzano Histórico, lugar donde se dice que San Martín se detuvo cuando volvía de su campaña a Chile. Un poco decepcionados al enterarnos de que el famoso manzano ya no existe, y luego de socorrer a un ciclista solitario que había sufrido una caída en un sendero detrás del monumento, seguimos ascendiendo por la 94, ahora de ripio, dos kilómetros más hasta el Campamento de los Maristas. En ese lugar hicimos una parada técnica para comer algo de queso, dulce de batata y frutas secas.

En ese punto el grupo se dividió. Los más entrenados siguieron subiendo por la 94 algunos kilómetros más hasta llegar a las ruinas del hotel Samai Huasi. Los demás volvimos sobre nuestros pasos hasta la intersección con la ruta 89, justo donde está emplazado el Cristo de la Hermandad.

Tomamos un camino asfaltado en dirección a Tupungato. Luego de 20 kilómetros de descenso llegamos todos juntos al acceso a la Bodega Salentein, donde compartimos una muy buena degustación de empanadas y vinos de la casa. Por la tarde realizamos una visita a esta particular bodega.

De Uspallata a Villavicencio

Ya se había hecho costumbre la salida puntual a las nueve. Las combis con sus trailers nos llevaron por los increíbles paisajes de la ruta 7 hasta la ciudad de Uspallata. Saliendo de esa ciudad por la Ruta 52 abandonamos el asfalto y nos internamos en la Reserva Natural de Villavicencio.

En un punto de esa ruta nos detuvimos y comenzó el pedaleo. Fue el tramo más desafiante de todo el viaje, 12 kilómetros durísimos en ascenso casi constante en los que ganamos 1000 metros de altitud. Luego de casi dos horas llegamos a la Cruz del Paramillo, a 3000 metros de altitud, donde disfrutamos de un hermosa vista del Cerro Aconcagua. A partir de allí, cuatro kilómetros más con algunos repechos exigentes hasta llegar al Mirador del Balcón, donde nos esperaba la deseada bajada, los famosos caracoles de Villavicencio, 23 kilómetros de puro camino de cornisa, con más de 300 curvas, según los conocedores. Los picos de adrenalina nos acompañaron todo el trayecto, hasta el final del camino donde el famoso hotel inmortalizado en las botellas de agua mineral nos recibió para dar por finalizado el día de pedaleo.

Por la noche, de vuelta en Casa La Galeana, el Chino y Gaby, los asadores expertos del grupo, se mandaron un asado impresionante para todos.

Entre viñedos y senderos del pedemonte

El último día de pedealeo lo arrancamos montados en las bicis desde el hotel. Hicimos diez kilómetros hacia el sur y luego hacia el oeste con algo de pendiente ascendente hasta el dique Cipolletti, en Luján de Cuyo. A partir de allí nos internamos a pedalear por los viñedos de la bodega Luigi Bosca y luego por caminos internos, siempre rodeados de viñas y pequeñas bodegas.

Al mediodía llegamos a la bodega Nieto Senetiner, con su casco de estilo colonial excelentemente mantenido. Nos recibieron con una cata de vinos, visita a las instalaciones y un estupendo asado. Por la tarde los más fanáticos hicieron una pasada por los Senderos del Pedemonte, llenos de caminos angostos, más exigentes desde lo técnico pero muy divertidos.

Finalizado el último día, fuimos partiendo desde el hotel hacia al aeropuerto, organizados de acuerdo con nuestros cronogramas de vuelos de vuelta. La organización de Rodado 26 fue impecable de inicio a fin.

Hermosa visita a Mendoza. Un viaje inolvidable de cuatro días donde descubrimos lugares increíbles para recorrer en bici, rodeados de paisajes majestuosos. Un ambiente relajado para compartir momentos distintos a los habituales del trabajo y conocernos de una forma más cercana. Para algunos fue además el reencuentro con la bici después de años. Para todos una hermosa experiencia que nos dejó con las ganas de seguir haciendo viajes grupales en bicicleta.

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Cicloturismo

África: pedaleando por la ruta de la hospitalidad

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En junio de 2019, Esteban Mazzoncini se propuso pedalear 20.000 kilómetros para unir el norte de Europa con el sur del continente africano.
En este video documental Mazzoncini relata su paso por África, en donde no todo salió como lo planeaba, y acompaña sus vivencias escritas en el libro «Pedaleando por la ruta de la hospitalidad».

Más info en https://unviajerocurioso.com | https://www.instagram.com/estebanmazzoncini/

Adquirí el libro en: https://unviajerocurioso.com/el-libro/

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Cicloturismo

Aventura patagónica: Un viaje extraordinario con una bici ordinaria

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La neuquina Carla Saralegui se largó a un viaje improvisado en bicicleta que la llevó hasta Tierra del Fuego, donde la sorprendió la cuarentena. En esta nota nos relata su fantástico viaje en una bici que su padre había comprado en un supermercado. (más…)

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Cicloturismo

Sudamérica entrañable III: Ecuador

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Definitivamente había dejado atrás el frío. Ahora empezaría a dormir más en la hamaca que en la bolsa.
Para cruzar Ecuador hay básicamente tres opciones: por la llamada Ruta del Sol, sobre la costa, las sierras en el centro o la selva por el oriente. Esta última prometía pocos desniveles pero mucha lluvia, así que, dispuesto a mojarme, opté por ésta.
El país es relativamente corto, de sur a norte sólo unos 1200 kilómetros.
De Macará hasta Loja el camino discurre por una zona de montaña más bien boscosa. En uno de los descansos me detuve frente a un campus experimental de una facultad de agronomía, donde me recibieron para alojarme. Junto a los alumnos salimos a recorrer huertas y plantaciones de frutas. De ahí me fui con la panza y las alforjas a tope de comida.
Por medio de la página warmshowers.org contacté a una persona bastante popular entre los cicloviajeros que ofrecía alojamiento en un museo. Me recibió con un trago de lo que prometía ser curativo, entre otras tantas propiedades, pero había que taparse la nariz y bajarlo de un fondo blanco para tomarlo. Al evaluar que me encontraba sólo en un museo, contra una pared repleta de escopetas, en un lugar que no conocía, con un hombre que jamás había visto y haciéndome tal propuesta…, sin dudar acepté. Aquí no se sigue la premisa de “mejor malo conocido que bueno por conocer”; aquí es mejor conocer y punto.
El trago resultó salir de un frasco de 20 litros con una culebra sumergida en alcohol etílico y alguna cosa más seguramente… Estaba inmunizado.
A los pocos días estaba entrando a la troncal amazónica. Aquí la lluvia realmente no molesta demasiado, amén de que caía a baldes, ya que ayudaba a aplacar el intenso calor tropical.
Si bien la ruta que elegí cruzaba por la selva, estaba todo bastante intervenido por la mano del hombre con sembradíos y pastoreo. Así que en busca de zonas más vírgenes me adentré, siguiendo unas finas sendas que figuraban en el mapa.
Ahora sí, esto era lo que buscaba. Al costado del camino todo era selva primaria, es decir no intervenida por el hombre (aún). Árboles de 25 metros (en ese mismo momento se descubría el árbol más alto de la Amazonia, con 88 metros), frutas por todos lados al alcance de la mano y animales e insectos de todos los colores.
Por esos tiempos se estaban desatando los feroces incendios del 2019 en el Amazonas. Se podía ver el horizonte oscurecido y oler el humo a la distancia. Árboles de 300 años y la mayor biodiversidad del planeta poco a poco serían remplazados por hectáreas de monocultivo de grano transgénico. De nuevo la codicia ganando a la sensatez.
Lo que resultaba imposible era acampar libre por aquí; sí o sí tenía que encontrar un caserío. Caso contrario, con seguridad algún bicho me comería con carpa y todo, así que con lo justo llegué a Nayamanaca, donde me encontré con que estaban celebrando algo en la plaza. Era una locura y había de todo, hasta una corrida de toros improvisada donde los borrachos se tiraban sobre los animales. En fin, estaba entre el peligro de los animales por un lado y de los hombres alcoholizados (otro tipo de animal) por el otro.
Con un ojo abierto y otro cerrado pasé la noche en el pórtico de una casa.
Me quedaban dos tramos más en estos caminos hasta retomar la troncal amazónica, pero en el medio se me cruzó un río. En lugar de puente había una tirolesa donde por medio de un cable de acero te cruzaban en un carro. El primer cruce transcurrió sin problemas, pero varios kilómetros después, en el segundo, el cable estaba dañado.

Volver significaba retroceder 10 casilleros, y la mitad de estos en subida, por lo que se me ocurrió cruzar el río  con la bici al hombro. No era demasiado profundo, más bien playo y ancho, unos 300 metros. Lo investigué un poco y aborté el plan, de modo que no quedó más que volver por el mismo camino. Allí fue donde mientras les contaba mi odisea a unos lugareños, entre risas me informaban que ese río (Pastaza) estaba infestado de boas y culebras; para usar sus mismas palabras: “es una autopista para los bichos”.
Me fui feliz de poder hacer el mismo camino por segunda vez.

Sucede algo curioso cuando te llueve todo el día nivel catarata en la bici: el agua entra hasta por el más recóndito agujero, ranura o espacio vacío. De modo que la diferencia entre la ropa que llevaba puesta y la de la alforja era prácticamente nula. Así estuve pedaleando-nadando tres días completos. Luego vendrían las típicas lluvias esporádicas, más benévolas.
Ahora empezaba a ganar altura nuevamente, tomando la ruta de las cascadas y pasando por Baños de Ambato. Quito estaba cerca ya, pero decidí desviarme para entrar primero al parque nacional Cotopaxi, donde me quedé con ganas de subir al volcán, ubicado a 5900 msnm. En un país que se mueve en dólares, el permiso estaba casi a su misma altitud. Me conformé con contemplarlo desde la base.
Venía ya con varias noches de acampada, de modo que en Quito tendría un merecido descanso en una cama y un lavado de ropa como para hacer un poco de vida citadina.
Este tipo de viajes tiene de bueno que como si nada uno pasa de dormir en la selva con los monos a una cama con sabanas en algún hostel, conociendo viajeros de todo el mundo.

Aquí por fin encontré desde mi salida de Argentina, en casi cualquier almacén, dulce de leche (manjar blanco para ellos). Fui muy feliz durante las pocas horas que me duró ese pote.
Cuando ya estaba prácticamente en la frontera con Colombia me desvié unos kilómetros para dormir en un hermoso lago. Al otro día sólo quedarían 50 kilómetros. Siempre prefiero pasar las fronteras bien temprano, más aún ésta, que había estado con complicaciones.
En mi ultimo día en Ecuador retomé la ruta y el trámite que imaginaba de sólo un rato se convirtió en unas subidas terribles. Si bien los paisajes y la gente eran asombrosos, ese día no estaba motivado para tal esfuerzo, pero como un ángel de la guarda apareció de la nada un ciclista veterano en una rutera bastante kilometrada, se me puso al lado y se puede decir que me llevó hasta arriba, para luego desaparecer sin dejar rastro. La magia del camino.
Contento y cansado me quedo con pasaporte en mano, esperando el sello para cruzar otra barrera.

*En nuestra edición del pasado mes de octubre (Nº 310) el autor contó el primer tramo de su viaje, desde Tucumán a la frontera boliviana con Perú, y en la edición del pasado noviembre (Nº 311) su travesía por Perú. En nuestra próxima edición: Colombia.

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Cicloturismo

Cicloturisteando San Luis, una guía para recorrer en bici esta gran provincia, hecha al estilo de las mejores guías cicloturísticas del mundo

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La gente de Trans Sierras, encabezada por Fernando Giannini, lanzó durante el mes de marzo Cicloturisteando San Luis, una guía de cicloturismo hecha por y para cicloturistas, que permite que cualquiera pueda armar su propio cicloviaje por la provincia en función de su particular disposición de tiempo, intereses, presupuesto, estado físico experiencia y distancia a recorrer.

La elección de San Luis para el desarrollo de esta primera experiencia en la materia, se debe a los muchos años de conocimientos acumulados por los creadores de la guía acerca de la provincia en donde residen y a un reciente y exhaustivo relevamiento que los ha convencido que San Luis tiene todo el potencial para transformarse en una provincia bikefriendly: geografía, seguridad, buenas rutas y buena gente.

Entre otras cosas, la guía incluye excelentes mapas, en donde se pueden identificar etapas principales que muestran los recorridos más recomendables y etapas alternativas para que cada uno puede personalizar su ruta ideal. Al hacer clic en cada etapa se accede a toda la información técnica y turística: una detallada ficha técnica, imágenes y videos de cada etapa. La información puede bajarse al celular en una ficha pdf y desde ahí acceder a los tracks en formatos gpx (para GPS), kml (para celulares) o wikiloc.
La propuesta ofrece diversas opciones para diagramar el viaje, entre las cuales se puede optar por un cicloviaje completo (12 etapas, recorriendo 750 kilómetros y más de 3.000 metros de desnivel), cicloviajes parciales de diferentes extensiones y dificultad y una opción personalizada que permite armar salidas de uno, dos o tres días combinando etapas y coordinando traslados.
En todos estos recorridos el viajero pasará por muchos municipios, poblados y parajes, la gran mayoría de los cuales han acompañado el proyecto, en las que es posible encontrar en sus direcciones de turismo un calco de Municipio Amigo que los identifica: San Francisco del Monte del Oro, La Carolina, Las Chacras de San Martín, San Martín, El Talita, Santa Rosa del Conlara, Los Molles, La Toma y Potrero de los Funes. En diferentes localidades que forman parte del recorrido hay comercios y prestadores amigos del proyecto (alojamientos, restaurantes, campings, bicicleterías y otros) donde el cicloturista encontrará atención especial y descuentos.

Además de conocer una hermosa y acogedora provincia, como ocurre con otros recorridos míticos a nivel mundial, quienes realicen total o parcialmente las opciones de Cicloturisteando San Luis recibirán un certificado de cicloviajero.

 

Fernando Giannini: fagian3@gmail.com | 26646590105 | www.transsierras.com.ar

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