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Cicloturismo

Mi primera aventura en bicicleta allá por 1996

El autor de esta nota se inició en la bici a principios de los 90, cuando optó por su primera mountain bike. Hizo kilómetros, participó en carreras y en decenas de actividades en dos ruedas, hasta que en el año 96, con su amigo Gustavo decidieron hacer un viaje iniciático en bici nada menos que por la isla de Tierra del Fuego, en aquel entonces (y quizás hoy también) un destino no apto para inexpertos.

Era un destino bastante extremo, pero como Anabella, la novia de Gustavo en ese momento, estaba trabajando en una estancia de la zona, era una buena excusa para viajar. Teníamos un contacto. Además habíamos conocido en el stand de Tierra del Fuego de una expo al Gato Curuchet, un personaje entrañable, super aventurero, que nos escuchó y nos dio gran apoyo para arrancar. No solo nos informó, sino que también nos invitó a pasar un tiempo en su refugio de montaña en Altos del Valle, ubicado a 26 kilómetros de Ushuaia.

Recuerdo que en esa época ir a Tierra del Fuego era sinónimo de ir al fin del mundo y creíamos que no íbamos a conseguir ciertas cosas para la travesía. Nuestra falta de experiencia hizo que enviáramos los víveres por encomienda a la casa de un conocido en Ushuaia. ¡Una locura!

Ya teníamos fecha para el viaje, el 1º de enero de 1996, y los pasajes comprados. A esa altura Gustavo había tenido una discusión con Anabella y se quería bajar de la travesía, pero por suerte pude convencerlo.

En la tierra del fuego… y el frío

¡Por fin llegó el gran día! Viajamos el 31 de diciembre a la noche y el año nuevo nos agarró haciendo escala en Comodoro Rivadavia. La noche siguiente la pasamos en Río Gallegos y a la mañana siguiente volamos a Ushuaia, el punto de partida de nuestro viaje en bici. Cuando abrieron la puerta del avión entendí el clima que iba a reinar durante la travesía: mucho frío y viento.

Armamos las bicicletas en el aeropuerto y aun con la mitad de la carga (el resto lo habíamos enviado por correo) comenzamos a pedalear hacia el pueblo. En mi caso nunca me había subido a una bici cargada con alforjas. Realmente se sentía raro, pero no tardé en acostumbrarme. Siempre digo que no hay bici más adecuada que la de todo terreno para este tipo de travesías.

Ya saliendo del aeropuerto comencé a darme cuenta que me iba a gustar mucho lo que estaba por comenzar. Luego de ubicar la casa donde recibieron nuestros víveres, confirmamos que habríamos podido abastecernos de todo directamente en el lugar…

Cuando agregamos la comida y terminamos de ordenar todo el equipaje, notamos que era casi imposible mantener el equilibrio con la bici tan cargada. Una locura. Con el paso del tiempo fuimos aprendiendo a cargar menos cosas.

La improvisación

Al día siguiente comenzamos la travesía rumbo al Parque Nacional Tierra del Fuego. El camino era hermoso y los paisajes imponentes. Recuerdo que en ese momento sentí la mayor sensación de libertad de mi vida. Habíamos acampado en el Lago Roca y nuestra idea era estar solo un par de días y luego rumbear para otros lados. Cuando llegaba la noche nos juntábamos a charlar con otros acampantes en torno a un fuego. Incluso había unas chicas que no dormían de noche, ya que no tenían equipamiento para tanto frío.

En esa época yo llevaba un walkman con unos pequeños parlantes. Unos rosarinos me dieron una cinta para reproducir que aun hoy conservo: sonaban The Police y Billy Joel.

Nos la pasábamos el día recorriendo el parque en bici y en ocasiones caminando por las picadas para trekking. No teníamos ganas de irnos, pero si no lo hacíamos se nos iba a pasar todo el tiempo ahí. Finalmente, luego de cinco días, una mañana arrancamos hacia Ushuaia nuevamente y una vez en la ciudad fuimos a comer a El Turco, un bodegón de esos en los que se come bueno, bonito y barato. No recuerdo haber comido tanto como en ese almuerzo.

Una vez que dejamos el restaurante no sabíamos bien qué iba a ser de nosotros. En ese momento entendí una de las características esenciales de los viajes en bici, la improvisación. Uno sale a la ruta con una idea de recorrido y sobre la marcha lo va corrigiendo.

Esa tarde se había puesto muy feo el clima, la temperatura había bajado mucho y caía aguanieve. No teníamos ni idea adónde íbamos a pasar la noche. Fue cuando a Gustavo se le ocurrió hablar con la tía de Anabella, que vivía en el pueblo y que nos ofreció dormir en una prefabricada que tenía montada sobre trineos en el parque de su casa. Estaba sin terminar, hasta los vidrios de las ventanas faltaban, pero allí nos refugiamos para pasar la noche. Soplaba tanto viento que realmente parecía que se volaba la casa.

Con el Gato

A la mañana siguiente encaramos la ruta 3 rumbo al refugio de montaña del Gato Curuchet. En esa época ese camino era todo de ripio. El Valle de Lobos estaba a 26 kilómetros de la ciudad. La travesía se hizo bastante larga. Los vehículos pasaban muy cerca nuestro, incluso un camión estuvo a punto de atropellarme. Pero finalmente llegamos al encuentro con el Gato ¡Qué recibimiento! ¡Qué bien la pasamos esos días que nos quedamos en su cabaña!

En aquella época el lugar se dedicaba a criar perros Husky Siberianos y Alaskan Husky. Su actividad se basaba en los trineos tirados por los perros, para competición y para las travesías por la zona. Uno de esos días hicimos un trekking hasta la Laguna Esmeralda. Todas las vivencias que veníamos capitalizando durante el viaje eran inolvidables y al igual que cuando nos fuimos del Parque Nacional, al irnos de Akeaata, la cabaña donde dormíamos durante la estadía con el Gato, se nos caían las lágrimas.

La tormenta que no cesa

Ese día el objetivo era llegar a la Estancia Harberton. Nos esperaban condiciones extremas en el camino. Durante la travesía, de aproximadamente 65 kilómetros, llovió, nos pegó el sol y tuvimos aguanieve. También nos castigó el viento y durante un pequeño trayecto por la ruta 3 se nos pegó por todos lados el polvo que levantaban los camiones.

Durante la primera parte del día avanzamos bastante rápido, pero lo que no sabíamos era que los últimos 19 kilómetros iban a estar plagados de calamina (camino con serrucho). Recuerdo que se hizo interminable, pero los paisajes eran increíbles.

Finalmente llegamos al casco de la estancia a las 10 de la noche. Ya no podíamos más del cansancio y no veíamos la hora de tirar la carpa y comer algo caliente. Fue cuando nos sorprendieron con la noticia de que no nos dejaban pernoctar en los alrededores de la casa. Nos indicaron que para acampar debíamos seguir 5 kilómetros más por la misma ruta. No lo podíamos creer, y ni siquiera funcionó decirles que éramos conocidos de Anabella, que estaba trabajando para ellos.

Con la cabeza gacha retomamos el pedaleo. Llegamos al lugar autorizado y en poco tiempo estábamos calentándonos la comida.

A la mañana siguiente no paraba de llover, el clima era fatal. Nos enteramos que esa noche había soplado el viento a más de 100 km/h. Hacía tanto frío que no nos alcanzaba ponernos toda la ropa y quedarnos dentro de la carpa. No nos animábamos a salir y hasta prendimos el calentador dentro del vestíbulo de la tienda, cosa extremadamente peligrosa.

La lluvia no paró nunca. Teníamos todo mojado y como el clima no parecía mejorar, decidimos levantar campamento. Regresamos entonces al casco de la estancia, donde una estufa salamandra nos esperaba para darnos calor. No había nada que no tuviéramos mojado y para colmo hacía como 10 días que no nos pegábamos un baño. Recién entonces nos dimos cuenta que la gente nos hablaba de lejos…

Una noche marítima

Poco a poco nos fuimos secando y entrando en calor. La casa estaba situada en una entrada que se conectaba con el Canal de Beagle a la que llegaban embarcaciones. En un momento arribó un barco de prácticos, La Fueguina. Recuerdo que lo tripulaban dos personajes, Daniel y Silvio. Pegamos muy buena onda con ambos y nos invitaron a navegar y a acompañarlos en sus tareas durante la noche, con la idea de que a la mañana siguiente nos llevarían hasta el puerto de Ushuaia.

Y así fue como a medianoche nos embarcamos en una nueva e inesperada aventura. Pasamos la noche navegando por el Canal del Beagle, recorriendo la Isla de los Estados y contactando barcos para proporcionarles diversos servicios. Recuerdo que a un buque de guerra le llevamos repuestos y de un pesquero, El Centurión del Atlántico, buscamos a un marinero que había sufrido un accidente. Fue una experiencia inolvidable y además los muchachos nos contaron infinidad de historias de su trabajo en el mar.

Al día siguiente, cerca del mediodía, estábamos de regreso en el punto inicial del viaje.

Hasta nuestro regreso a casa seguimos recorriendo los alrededores de Ushuaia y visitando gente que habíamos conocido durante la travesía.

Antes de salir de Buenos Aires teníamos un bosquejo del viaje, bosquejo que al final terminó siendo lo que fue. Y de eso tratan los viajes en bici, de ir improvisando sobre la marcha. Sentía que en dos semanas habíamos tenido más aventuras que en el resto de nuestras vidas hasta ese momento. Sabía con claridad que solo era el comienzo y que luego vendrían innumerables viajes. Es el día de hoy que seguimos haciéndolo y siempre entre amigos. Un año viví la experiencia de hacerlo solo y gracias a eso conocí a uno de mis mejores amigos, Federico López. Pero si les puedo dar un consejo, los viajes en bicicleta son para compartirlos con amigos, se disfrutan mucho más de esa manera.


Por Federico Araujo: creador del grupo de Viajando en bicicleta (traveling by bicycle) y del travellingbybicycle

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Cicloturismo

Viajeros: La vuelta al gran Cañón del Atuel

Un nuevo año y un nuevo viaje terminó, esta vez nos llevó al Cañón del Atuel, en la provincia de Mendoza.

Como todos los años para los días que comprenden entre navidad y año nuevo, con un grupo de amigos hacemos un viaje en bici por algún lugar de interés para todos. El año pasado fue la trepada al Champaquí y para esta fecha planificamos el recorrido al gran cañón.

La realización de la travesía tiene dos tramos. El primero une San Rafael con el Nihuil, atravesando el Cañón del Atuel, y el segundo que comprende el regreso desde el Nihuil hacia San Rafael.

El primer tramo arrancó despertándonos a las 5:00 de la mañana del 27 de diciembre, para desayunar y partir a las 6:00. El camino no presenta bifurcaciones, por lo que es bastante sencillo de seguir. Hay que tener en cuenta que si bien a lo largo del cañón se cuenta con arroyos y diques que te proveen de agua, es elemental ir bien provistos de esta. El sol y el horario es un tema relevante a tener en cuenta, pero particularmente, dado que lo que hacemos es cicloturismo, seguramente nos detendremos a tomar fotos y apreciar el paisaje, haciendo que el viaje nos lleve entre 6 y 8 horas, siendo las ultimas al rayo del inclemente sol de la región.

Durante todo el recorrido se aprecian paisajes inimaginables, vistas que solo son apreciables sobre la bicicleta. Los diques, detenerse a escuchar el sonido del arroyo, contemplar lagos inmensos, atravesar túneles en total oscuridad, son solo algunas de las cosas que se pueden apreciar, además de las cuatro centrales hidroeléctricas que se ven a lo largo del recorrido.

Los últimos 6 kilómetros de este primer tramo es lo más difícil, es una trepada considerable con un zigzagueo constante, que en nuestro caso, por el horario (13:00 hs), se hicieron agotadores, más considerando la carencia de un lugar con sombra para descansar siquiera unos minutos. El recorrido por el Cañón del Atuel es en principio, saliendo de San Rafael, de asfalto, para luego ser ripio hasta llegar a El Nihuil.

Pasadas varias horas de pedaleo, una 8 aproximadamente, llegamos a El Nihuil, donde nos esperaba una cabaña para pasar la noche y al otro día regresar a San Rafael.

Las vías para el segundo tramo eran dos: una por las rutas 180, 144 y 143 y la otra volver por donde habíamos venido. En este punto, tres elegimos volver por la ruta, por el simple hecho de apreciar otro aspecto del viaje, y uno de nosotros optó por volver por el cañón para enamorarse nuevamente del recorrido.

La agenda fue la misma: madrugar para salir a las 6:00 desde El Nihuil hacia San Rafael. Los que volvimos por ruta tardamos 4 horas, el que lo hizo por el cañón tardó un poco más. La parte de la ruta tiene un encanto único: te encontrás en medio de la nada, transitando una ruta desolada, hermoso para sentirse parte de esta.

Se debe tener en cuenta que cuando se va hacia El Nihuil desde San Rafael, se va en ascenso, por lo que el regreso es mucho más sencillo. Siempre se debe tener a mano buena  protección solar, hidratación y estar entrenado, pero a falta de entrenamiento es la  determinación lo que nos hará seguir adelante.

En total fueron 160 kilómetros en bicicleta, entre los tramos realizados y lo recorrido por El Nihuil, con un desnivel aproximado de 625 metros. Hubo asado, algo de pastas, recorrimos viñedos y todo en medio de muchas sonrisas, que al fin y al cabo es lo que siempre vamos a buscar.

Por Daniel Bernardo

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Cicloturismo

Nati Bainotti, viajera solitaria: sin miedo al miedo

Nació hace 31 años en Santa Fe, Argentina, y estudió Relaciones Públicas. En febrero del 2008, con apenas 18 años, aprovechó sus vacaciones en la universidad para viajar con mochila. Tuvieron que pasar cuatro años más para que se decidiera, ya con 23 años, a hacer su primer viaje en bici. Por aquel entonces Nati vivía en Santiago de Chile, de donde, el mismo día de Navidad inició con un amigo un viaje de cinco días al sur, en el cual pedalearon desde Panguipulli hasta un poco más allá de la frontera argentina.
Dos años después, en agosto del 2014, cambió la mochila por la bicicleta. Había llegado a dedo hasta Quito y desde ahí siguió recorriendo Ecuador, cruzando el país a lo largo y a lo ancho durante siete meses (ver Biciclub Nº 292, abril 2019). Luego, de octubre del 2015 a marzo del 2017 viajó por Colombia, en mayo del 2019 pedaleó desde Bariloche hasta el Parque Conguillío (Chile) y en diciembre del 2019 partió desde desde Santiago de Chile rumbo a San Juan.
Viajera incansable, nuestra entrevistada pedaleó, publicó un libro, da cursos junto a otra viajera, Jime Sánchez (lavidadeviaje.com), para alentar a otras mujeres a viajar. Y hoy respondió a algunas de nuestras inquietudes, permitiendo que de su galera volara parte de su magia.

¿Cómo te animaste a viajar sola por primera vez? ¿Cuáles eran tus miedos y cómo los derribaste?
Al terminar mi primer viaje en bici allá en Chile me di cuenta que quería hacer un viaje más largo. Que si en cinco días había sentido tanto, no podía imaginarme lo que sería durante más tiempo. Tenía proyectado viajar por Sudamérica al año siguiente, de mochilera, y así lo hice. En Bolivia terminé de tomar la decisión y en Ecuador cambié finalmente la mochila por la bici.
El día anterior a salir no registraba nada en mí, tenía tanto miedo que estaba paralizada. Miedo a no poder, miedo a que se parta el marco de la bici, miedo a cansarme, miedo a darme cuenta de que era demasiado para mí, miedo a haberme creído capaz de algo de lo que no era, miedo a no encontrar dónde dormir, miedo a arrepentirme en medio de la montaña. Quise quedarme una noche más en la Casa Ciclista de Tumbaco, en la que estaba, y Santiago, el dueño, me dijo que no: era su forma de darme un empujón. A la mañana siguiente, todavía endurecida por el miedo, leí el mensaje de una amiga de mi familia: me decía que no le tuviese miedo al miedo, que el miedo es movilizador, que lo usase como fuerza motora. Esa idea me siguió acompañando a través de los años y los viajes, porque aunque siga viajando los miedos no desaparecen, se transforman. Cada vez que estoy por salir de viaje y siento miedo, una parte de mí se siente feliz, porque sentir nuevos miedos significa que me estoy exponiendo a experiencias que me sacan de mi zona de confort. Y la experiencia me tranquiliza: sé que apenas pise la ruta, los nervios producto del miedo se vuelven chiquitos y se disuelven.

Luego de esa primera experiencia ¿Cuál fue el mayor aprendizaje que tuviste para animarte a seguir viajando?
Dos: confiar en mí misma, algo que tiene muchas implicancias, como tenerme paciencia, darme permiso, confiar en mi intuición, creer en que soy capaz de hacerlo, y desarrollar la empatía. Esto último, más que animarme a viajar, me motiva. Me mueve profundamente conocer cómo viven otras personas, compartir un pedacito del cotidiano de otros.

¿Cómo te las arreglaste económicamente durante los viajes? Este es un gran impedimento para muchos viajeros que no se terminan de animar a hacerlo
Ha ido variando y varía según el viaje. En viajes largos -de meses o años- trabajo en el camino: he escrito para diarios, revistas y blogs, autopubliqué mi libro y lo vendía en el camino, hice voluntariados (que, si bien no me generan un ingreso, me evitan gastar dinero porque intercambio horas de trabajo por alojamiento y comida), he dado charlas y talleres haciendo trueque.
Hoy en día genero contenido, dicto talleres de escritura y de viaje y vendo mi libro.
Hay muchas formas de sustentar un viaje. La clave, creo, está en pensar qué nos gusta hacer, qué nos gustaría aprender y darnos la oportunidad de probar. También tener en cuenta algo: viajando, por lo menos viajando en bici, con carpa y preparando nuestra propia comida, los gastos, salvo excepciones, se reducen a lo esencial.

¿Qué beneficios y qué desventajas sentís que tiene viajar en solitario como mujer respecto de hacerlo acompañada?
Viajar sola me permite manejar mis tiempos, mis ritmos y mis decisiones. No tengo que consultar con nadie, hago lo que tengo ganas, fluyo. Eso mismo, sin embargo, a veces es una carga, sobre todo para tomar decisiones: no tener otro punto de vista o alguien con quien pensar qué hacer puede ser agotador. Por otro lado, viajar sola me vuelve más abierta y receptiva con la gente, porque tengo más ganas, justamente, de compartir. Sin duda, son dos experiencias diferentes, ninguna para mí mejor que la otra, sino distintas.
Pero en viajar sola hay, también, un beneficio indiscutible: la gente está mucho más predispuesta a ayudar, a abrir su hogar, a compartir. Tal vez por ésta -lamentablemente- sensación de desprotección, hay mucha empatía de parte de familias y sobre todo de otras mujeres por querer cuidarnos. Eso es súper lindo.

¿Como alentarías a otras mujeres a que lo hagan?
Les diría que piensen en lo que quieren hacer ellas, más allá de lo que les diga la familia, los amigos o esa voz interna que suele boicotearnos. Que se aferren a esas ganas, a ese anhelo. Que todas tenemos miedo, que es normal. Que los listen, que anoten todos esos miedos que tienen y piensen cómo pueden resolverlos. Investiguen, lean blogs, aprovechen la virtualidad para conectar con mujeres que ya hayan viajado. Esas son las personas que pueden ayudarlas. Las redes sociales hoy nos ponen a un click de distancia de personas que, aunque estén lejos, pueden darnos la inspiración, la motivación y la información que estamos necesitando.
Ponerse pequeños pasos también ayuda a avanzar: investigar qué vamos a necesitar y planificar cómo podemos ir consiguiéndolo poco a poco.
También pueden sumarse a la próxima edición de Salí a la Ruta, el taller que doy junto con Jime Sánchez para motivar y ayudar a planificar viajes en bicicleta.

En base a tu experiencia ¿Cuál podría ser un viaje iniciático para una mujer que no se anima pero que sueña con viajar en bici sola? ¿Qué consejos o claves le darías para hacerlo con éxito?
En Argentina Siete Lagos es sin dudas el lugar ideal. No solo es una ruta bellísima y accesible sino que en verano hay mucha gente viajando, por lo que es muy probable que nos sintamos acompañadas. Además, si querés hacer un viaje un poco más largo, hay muchas opciones para estirar el recorrido.
En cuanto a claves, quizás me repito, pero aunque suene cliché creo que es eso: confiar en una misma, en que somos capaces. Creernos posibles. Sacarle un poco de peso al hecho de que vamos solas. Eso no significa dejar de tener nuestras precauciones y cuidados, claro, pero son los mismos que tenemos, lamentablemente, todavía hoy, en nuestro día a día. Planificar lo que se puede planificar: ruta, posible lugar/pueblo donde dormir, lugares de abastecimiento, etcétera, y confiar en una, en el camino, en los otros, en el viaje.

Instagram @natibainotti | mividaenunamochila.com

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Cicloturismo

Seminario online: La aventura de conquistar la felicidad

Viajero incansable y colaborador de Biciclub con sus atractivos relatos de viajes, Esteban Mazzoncini tiene además otras inquietudes para compartir, algunas de las que resume en un seminario online en torno al tema de la felicidad. Veamos su propuesta en sus propias palabras.

Con fecha de inicio libre, este seminario online de desarrollo personal está dividido en cinco encuentros dedicados a que puedas conquistar tu propia felicidad, eliminar tus propias barreras y creencias y vivir en abundancia en tiempos adversos.
Además, es un espacio de aprendizaje, un tiempo que te regalarás para aprender a poner una PAUSA en tu vida y reconocer qué cosas te gustaría que fueran diferentes. El objetivo principal es acompañarte a que observes de qué manera observás tu vida y la realidad para modificar conductas aprendidas y prejuicios, valorar tus dones y habilidades, confiar en quien eres y que aquello que tanto sueñas se haga realidad.

Abordaremos los siguientes temas:

1. ¿Qué es la felicidad?
En este primer encuentro veremos cuál es el origen de la felicidad, la importancia entre el SER antes que el TENER, las moléculas que nos brindan bienestar, cómo sentir felicidad en el día a día.

2. Vivir en abundancia.
En el segundo encuentro abordaremos cuáles son las cinco leyes para vivir en la abundancia y qué tipo de observador eres del mundo que te rodea.

3. Aprendiendo a aprender.
A través de los enemigos del aprendizaje podrás evaluar con cuál te identificás más. De esta manera entrarás en nuevos espacios de desarrollo personal.

4. Descubre tu misión.
Cuál es la razón por la que estamos en esta vida. Mediante una guía y a través de ejercicios podrás descubrir qué es lo que realmente te apasiona.

5. Tu ser creativo.
En este último encuentro aprenderás a ver que todos somos creativos, que por distintas razones nos ponemos barreras limitantes. Eliminarás tus prejuicios para crear en libertad.

Al finalizar el seminario tendrás un encuentro online en vivo de 90 minutos para conversar qué aspectos de tu vida te gustaría modificar.

Más info: estebanmazzoncini@gmail.com | www.instagram.com/estebanmazzoncini/

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Cicloturismo

El Giro de Italia de Mariano Lorefice

El 25 de agosto, se largaba en Italia el Giro de Italia Non Stop (GINS), una competencia de ultra distancia que daría toda la vuelta de la península por sus caminos costeros, completando más de 4.000 kilómetros.
Pero para que ella fuera posible, entre el 7 y el 26 de julio Mariano Lorefice hizo el recorrido completo, cubriendo 4.140 kilómetros con el objetivo de recoger datos en su GPS para que el organizador del evento, amigo de Mariano, pudiera brindarle a los participantes un mapa certero del recorrido.
Esto es lo que nos contó al respecto.


“Esta vuelta me sirvió para conocer lugares de la bellísima Italia que no conocía, reencontrarme con personas, hacer nuevos amigos y ampliar mis conocimientos para poder ofrecer un mejor servicio como guía. También para compartir el viaje virtual y fotos con quienes me siguieron.
Pedalear al aire libre y en libertad después de más de cuatro meses de cuarentena (en Argentina), fue un placer único.
La vuelta empezó y finalizó en Bologna, ciudad en la que vivo, realizando el relevamiento del recorrido del GINS, asegurando tramos por donde pasarán los corredores. Fue importante finalizar algunas semanas antes de la competencia y antes del 27 de julio, que era la fecha en la que debía iniciar un viaje con clientes.


En este Giro se incluyen los desafíos más importantes para el ciclismo, como los pasos más duros y también de espectacular belleza, transitando por rutas asfaltadas y a veces por caminos secundarios de tierra o cortos tramos de sendero. Es un recorrido muy ondulado, con pocos tramos llanos, y con un desnivel que supera los 40.000+ metros. A veces muy sinuoso y trabado, pasando por centenares de pueblitos, miles de cruces en donde hay que estar atentos y paisajes que sorprenden por la espectacular naturaleza. No es un recorrido rápido y se adapta más al ritmo del cicloturismo que de la competición.
Estos son algunos de los ítems que se pueden destacar:
• Los Dolomitas los Alpes y Apeninos, con pasos míticos como Stelvio, Zoncolan, Mortirolo, Muro di Sormano, entre otros.
• Le Strade Bianche en la campiña toscana.
• Cinque Terre, la costa de Amalfi, el Conero, el promontorio de Gargano para los amantes del ciclismo junto al mar.
• Ciudades como: Tirino, Pisa, Siena, Nápoles, Matera, por nombrar solo algunas.


Fueron 20 días de pedaleo, sin ningún día de descanso a una media de 206 kilómetros diarios, realizando un esfuerzo tranquilo pero de muchas horas, en las que también hacía paradas para comer, sacar fotos, mandar mensajes, cocinar y armar campamento. En general las etapas iniciaban a las 6.15 y finalizaban después de las 22 hs. La fatiga y el cansancio eran imperceptibles por la emoción del viaje y los espectaculares paisajes que fui viviendo. Estoy disponible para cualquier ciclista aventurero que necesite información sobre este recorrido.”

Info: patagonia-biking.com/es

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Edición Digital

Nº 310

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