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Cicloturismo

Guía de recorridos con alforjas: Misiones al natural


Una provincia limítrofe llena de mixturas y rutas soñadas. Viajar en bicicleta por Misiones es sentir el pulso de la naturaleza al compás de sus subidas y bajadas. La guía de una vuelta completa: de sur a norte y de oeste a este a puro golpe de pedal.

Texto: Jimena Sánchez | Fotos: Andrés Calla*

En el 2013 recorrimos la Patagonia, Cuyo y el Norte argentino. En el 2015 salimos a rodar por el Litoral y parte del centro del país. De cada provincia destacamos una ruta, un circuito, un lugar imperdible. Ninguna pasa desapercibida. Cada una tiene su personalidad, su sello particular.
Lo que nos sucede con Misiones es que no podemos reducirla a un tramo específico. No podemos recomendarles “el mejor y más lindo circuito para pedalear”, porque es una provincia que es bella en su totalidad. Por eso esta guía incluye sus cuatro caras: la del oeste, que limita con Paraguay, la del este, que hermana con Brasil, la del sur, repleta de historia, y la del norte, con el punto más neurálgico de todos, las maravillosas Cataratas del Iguazú.

ETAPA 1
Azara-Puerto Iguazú
No es necesario ningún cartel de bienvenida: Misiones nos saluda con su tierra colorada y sus primeras subidas empinadas que anticipan los 386 kilómetros de esta primera parte del recorrido.
La humedad se hace sentir en la piel. El calor, también. Las piernas, el alma y los ojos comienzan a viajar por una de las zonas de mayor biodiversidad de la Argentina: la selva paranaense, compartida con Paraguay y Brasil.
La primera parada es Azara, sobre la Ruta Provincial N°1, un pueblo muy pequeño que se cruza en pocos minutos y donde hay que tener cuidado con el tráfico porque no hay banquinas. Pedaleando nada más que 20 kilómetros llegamos a Apóstoles, la tierra sagrada de la yerba mate. En el museo Juan Szychowski (donde hoy funciona la empresa yerbatera Amanda) se puede revivir la historia de lo que fue el primer taller construido con piezas de madera hechas a mano que sirvieron de base para montar la maquinaria necesaria para la molienda y el envasado de la yerba.
De ahora en adelante atravesaremos el centro de la provincia hasta llegar a Dos de Mayo por la Ruta Nacional 14. ¿Qué tiene de bueno este camino? Sus banquinas asfaltadas que pueden confundirse con bicisendas, un paisaje vivo, pendientes de tobogán y rincones secretos poco conocidos.
Desde Apóstoles las subidas son constantes. Un buen número para este segundo día de pedaleo intenso son 50 kilómetros. En este punto del mapa tenemos la opción de abastecernos de comida y agua en el pueblo Cerro Azul y que nuestro dulce hogar sea el parador turístico que está justo enfrente, sobre la Ruta 14. Es un lugar súper tranquilo para armar la carpa, con previo aviso a la policía del lugar (recordar que la principal moneda de cambio de todo cicloviajero es una sonrisa y unos minutos de charla sobre de dónde venimos y hacia dónde vamos).
La gente de Misiones se destaca por ser hospitalaria y empática, así que no faltará la oportunidad de cruzarnos con personas que nos vean pedaleando, se acerquen con el mate o el tereré bajo el brazo y nos inviten a sus casas para que podamos compartir una comida o un colchón donde descansar. Así es el corazón del Litoral.
Al día siguiente nos esperan 48 kilómetros hasta llegar a Oberá, la segunda ciudad más grande de Misiones, donde habitan colectividades de diferentes nacionalidades, como escandinavos, italianos, franceses, rusos, polacos, suizos, españoles, paraguayos y brasileños.

Rodeada de arroyos, cascadas y serranías, es un lugar para quedarse dos o tres días. No les vamos a mentir: es la ciudad menos pensada para ser recorrida en bicicleta. Sus calles son empinadas al extremo, casi como sacadas de una montaña rusa. Pero lo que vale la pena son los alrededores de Oberá: uno de sus imperdibles es el salto Berrondo. Allí funciona un camping con todos los servicios y en excelentes condiciones para descansar. También hay senderos para caminar. Está a 9 kilómetros de la ciudad de Oberá, sobre la Ruta Provincial 103. Es el lugar recomendado para recargar energías en contacto con la naturaleza nativa de Misiones.
Al retomar la Ruta 14 continuamos con las pendientes pronunciadas. En nuestro caso, y porque salimos a media mañana de Oberá, tuvimos que acampar en la estación de servicio que está en la entrada de Campo Grande, después de pedalear 38 kilómetros de subidas y bajadas constantes.
Una opción para los que quieren seguir conociendo los saltos misioneros y algunos de sus parques provinciales es desviarse de la Ruta 14 hacia el Parque Provincial Salto Encantado, uno de los puntos turísticos más destacables de la provincia. Ideal para pasar una mañana de mates, fotos y caminatas por la selva, este parque no cuenta con zona de acampe pero sí tiene servicios y la entrada es muy económica.
Una vez en Dos de Mayo nos desviamos para el oeste. Plena atención en esta parte del recorrido: vamos a tomar la Ruta Provincial 11, que no tiene banquina y cuyas curvas y contracurvas son muy cerradas. A ajustarse el casco y a mantener una velocidad prudente. Este camino conecta la Ruta 14 con la Ruta Nacional 12, que une la región mesopotámica con el resto del país. Lo positivo: las banquinas son amplias y están asfaltadas. Lo negativo: el tráfico es mayor.
De ahora en adelante los pueblos y ciudades se continúan como postas: Puerto Piray, Eldorado, Wanda y Puerto Iguazú. Ésta última, a pesar de ser una ciudad recomendada en todas las guías turísticas del mundo, conserva lugares con una mística especial: la larga costanera con los ríos Iguazú y Paraná a la vista, el hito de las Tres Fronteras, la “Ferinha” (una calle con ofertas gastronómicas de lo más variadas), la feria de artesanos locales y guaraníes y el mirador panorámico que es fuente de inspiración para cientos de artistas.
Terminar esta primera etapa del recorrido con la visita a las Cataratas de Iguazú no tiene precio. No hay palabras para describirlas. Su fuerza es animal. Sus caídas con diferentes alturas le quitan el aliento a cualquiera: la Garganta del Diablo tiene una altura de 80 metros y el 40% del agua de las Cataratas se desprende de este monumental salto con forma de herradura.
Hay que tomarse el tiempo para recorrerlas y sentirlas. Hay que oírlas y respirarlas. Hay que vivirlas.

ETAPA 2
Puerto Iguazú-Posadas
Una vez que llegamos al extremo más norteño de la provincia, ya es hora del regreso. Pero la vuelta aún tiene sorpresas: serán 673 km de rutas de selva, tierra colorada, caminos perdidos en los mapas, saltos y estancias jesuíticas.
Lo interesante de este recorrido es vivir el cóctel de culturas que caracteriza a esta provincia limítrofe: los argentinos se mimetizan con los brasileños o quizás es al revés. Poco importa. El portuñol se oye en cada curva, la hospitalidad sigue rodando y el viaje continúa.
Una vez que salimos de Puerto Iguazú, encaramos para el este de Misiones. La ruta estrella es la Provincial 101, que cruza el Parque Nacional Iguazú. Son 40 kilómetros de tierra firme que conviene evitar si es que llovió durante los días previos. Las mariposas, los sonidos agrestes, los tigres que no vemos pero están, el sonido de las cataratas a nuestras espaldas y los pájaros silbando bajito son el escenario de nuestras pedaleadas.
Continuando por la Ruta 101 se cruzan los poblados de Cabure-í, Andresito, San Antonio y Bernardo de Irigoyen, donde conversando con la gente local siempre se conseguirá un lugar donde acampar. El camino asfaltado es un sueño, y aunque no haya banquinas el tráfico es tan poco que no dificulta el andar. Son esas rutas donde uno puede mirar al lapacho florecido, saludar al lugareño y pedalear siguiendo el ritmo del caracol.
Dejamos atrás la Ruta 101 y retomamos la 14, que sube y baja las serranías misioneras con tramos de asfalto, ripio y tosca. Una vez en San Vicente, bajamos por la Ruta Provincial 13 hacia El Soberbio, un destino poco conocido en la provincia de Misiones.


La exuberancia de su selva, la fuerza de sus ríos y la presencia de los Saltos de Moconá hacen de este lugar un paraíso. Los Saltos están dentro del Parque Provincial Moconá y son el segundo destino turístico de la provincia, pero no siempre se pueden ver. Para llegar a ellos se debe hacer un paseo náutico en lancha que muchas veces se suspende por dos motivos: uno, la crecida del río Uruguay y sus afluentes y, dos, la actividad de las represas cercanas.
Lo espectacular de estos saltos es que tienen la particularidad de ser paralelos al curso del agua y no transversales como la mayoría. Son producto de una falla geológica que alcanza los 170 metros de profundidad, pero lo que sobresale son 15 metros como máximo.
Si bien la Ruta de la Selva que conecta a El Soberbio con los Saltos de Moconá es digna de ser recorrida, es un camino demasiado exigente para hacerlo en bicicleta. Como es recorrido por turistas durante todo el año, hacer dedo es una buena opción. Recomendamos previamente visitar la página saltosdelmocona.tur.ar para saber si el Parque está o no habilitado.
Cuando salimos de El Soberbio, la Ruta 2 (también conocida como ruta costera) es el camino perfecto para todo cicloturista: poco tráfico, paisajes enmarcados por el río Uruguay y un camino en perfecto estado para andar. Son 119 kilómetros que se pueden hacer en un día, aunque también existe la posibilidad de descansar en el camping municipal de Panambí antes de continuar los últimos kilómetros de la travesía.
Desde acá volvemos al centro de la provincia por la Ruta Provincial 5. Regresamos a Oberá, pero esta vez solo de paso, para avanzar hacia Cerro Corá por la Ruta Provincial 3. El camino es glorioso, súper recomendado para recorrerlo durante la mañana o la tarde.
Nuestra última parada es Posadas y un viaje en el tiempo a 60 kilómetros de la ciudad donde se encuentran las ruinas de San Ignacio Miní, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En 1609 los jesuitas fundaron allí la primera misión con el fin de difundir su religión, educar y proteger a los guaraníes de otras formas coloniales de explotación. Aprendieron su lengua y utilizaron el arte como elemento evangelizador. Fue una colonización pacífica hasta que en 1768 los jesuitas abandonan por orden real la región. Las guerras terminan destruyendo las reducciones, pero las voces de esos primeros pobladores continúan latiendo en sus construcciones, que aún hoy se mantienen de pie.

Así termina nuestro recorrido por Misiones. Una provincia al natural, fresca y sencillamente espectacular.

TIPS
Los imperdibles de este recorrido
– Acampar en el salto Berrondo en Oberá.
– El Parque Provincial Salto Encantado y sus pasarelas.
– Las maravillosas Cataratas de Iguazú.
– La Ruta Provincial 2 o ruta costera, ideal para hacer cicloturismo.

RECOMENDACIONES
A tener en cuenta
– Si querés parar en casas de familia no te olvides de utilizar la red social Warmshowers, una red de intercambio mundial de hospedaje exclusiva para cicloviajeros.
– Recomendación: NO andar descalzo sobre ninguna superficie, porque te puede picar el pique, una pulga que se mete en la piel (generalmente en la planta del pie) y que la debés sacar porque empieza a crecer y puede levantar fiebre y picazón, hasta el punto de impedirte caminar.
– Por más que en la ruta se vean muchos arroyos y ríos, tené en cuenta que el agua no es potable, ya que arrastra muchos sedimentos.
– El calor es un factor determinante a la hora de pedalear. Recomendamos no hacer este recorrido en verano.

*Jime Sánchez y Andrés Calla, integrantes de La Vida de Viaje, recorren Argentina en bicicleta desde 2013 y comparten sus aventuras en www.lavidadeviaje.com.

Nota publicada en revista Biciclub Nº 256, abril 2016.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Alberto

    29 octubre, 2017 a las 6:46 am

    Excelente. Me encantó. Misiones es una provincia que me fascinante y voy a tomar toda la las recomendaciones que dan para el momento que me toque recorrerla en bicicleta.

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ABC

Cómo planificar un viaje en bicicleta

Estamos en tiempos de pandemia, sí. Pero eso no nos impide soñar con viajes y —por qué no— planificar uno en bicicleta. En esta nota, Jimena Sánchez, de La Vida de Viaje, nos da respuesta a las preguntas más frecuentes.

¿Cómo sé si me va a dar el estado físico?
Esta pregunta es la que se lleva el podio cuando hablamos sobre cicloturismo. Y el punto está en que asociamos a los viajes en bicicleta con “esfuerzo físico” y no con “placer físico”. Pongamos un ejemplo: toda subida tiene su recompensa cuando lográs llegar hasta su punto más alto. Después siempre hay una bajada y es ahí donde lográs el balance y te recuperás. (Menciono lo de las subidas porque también es un trending topic y porque siempre nos olvidamos de que las rutas tienen llanos y bajadas hermosas que nos hacen sentir en otro planeta.)
¿Siempre se pedalea en un viaje? No. Citando el mismo ejemplo, si una subida te cansa porque es muy empinada o notás que se te resbala o se te traba la bicicleta (esto pasa mucho sobre el ripio), te podés bajar de la bici y caminar. “Uy, pero eso te cansa también.” (Sí, te leí la mente, pero son otros músculos y otra manera de hacer fuerza. Se puede ver como otra manera de “descansar” sin dejar de avanzar.) A ver: obvio que vas a cansarte. Pero el cuerpo, con los días en ruta, se entrena. Y el primer día te vas a cansar, el segundo no tanto, y así. Podés parar las veces que necesites para descansar y podés viajar al ritmo que quieras porque es TU viaje. No existen los manuales de cómo deberías viajar. Los viajes en bicicleta no son viajes para súper atletas, sino para todas aquellas personas que estén dispuestas a conocer y conectar con su cuerpo, quieran salir de su zona cómoda y busquen disfrutar del placer de sentirse vivas haciendo deporte.
Obviamente, cuanto más hayas entrenado antes de viajar, más rápida va a ser la adaptación para pasar del “esfuerzo físico” al “placer físico” que dijimos al principio y poder disfrutar del día a día.

¿Por dónde empiezo a planificar un viaje?
Agarrá un papel y un lápiz y respondé:
– ¿A dónde te gustaría viajar? vs. ¿A dónde podés viajar? Si las dos respuestas coinciden, genial. Ahora bien, si por cuestiones económicas, laborales, de tiempos, o lo que sea, el “a dónde puedo viajar” pesa más que el “a dónde te gustaría viajar” no lo tomes como un problema. Lo real siempre es más alcanzable que lo ideal.

– ¿Cuándo?
– ¿Cuánto tiempo tenés disponible?
– ¿Va a ser un viaje en solitario o con alguien?
Una vez que tenés esta información sobre la mesa, viene la etapa de investigación, que es la más larga y tediosa, pero la más importante y necesaria. Acá tenés que ver rutas, leer blogs, foros, revistas especializadas y bajarte aplicaciones útiles de mapas. Y lo que tenés que analizar con lupa es:
– Cómo es el clima del lugar al que querés viajar. Este punto influye en el equipo de camping y en la indumentaria que necesites llevar, ya que no es lo mismo viajar en verano que en invierno.


– En qué época del año conviene ir a ese lugar: más allá del clima, los lugares y las rutas pueden verse alterados por vacaciones, fiestas regionales, feriados, etcétera. Esta es una variable muy importante si buscás tranquilidad y sobre todo seguridad a la hora de viajar.
– Cómo llegar y cómo volver puede ser el punto más estresante, pero resulta indispensable. Hay que analizar todas las opciones y tomar la mejor decisión posible. Muy raras veces salimos a un viaje en bicicleta pedaleando desde casa y no queda otra que tomarnos un avión, un micro o un tren. Esto implica siempre desarmar la bici, embalarla bien, cruzar los dedos para que nada se rompa en el viaje, llegar al destino, armar todo y recién ahí empezar a pedalear. Una vez finalizado el viaje hay que hacer los mismos pasos para emprender la vuelta. Sí: es todo un tema pero lo vivido en un viaje justifica una y mil veces la logística para llegar y volver a casa.
– Y cuáles son las rutas, caminos o senderos posibles para armar un buen itinerario de viaje teniendo en cuenta todos los puntos anteriores

¿Cómo elijo una ruta?
Esto depende del tipo de viaje que quieras y puedas hacer, además de tu disponibilidad de tiempo. Podés elegir una ruta según el destino que quieras recorrer o según la experiencia que quieras vivir. Por ejemplo nosotros en el 2013 nos propusimos unir Ushuaia-La Quiaca tomando como eje la Ruta 40. No quisimos pedalear ninguna otra ruta ni desviarnos porque la 40 era nuestro objetivo. En cambio, en el 2019 quisimos hacer lo opuesto y vivir una experiencia distinta: darle la vuelta a la isla de Tierra del Fuego por senderos y caminos alternativos.
La recomendación para un primer viaje es que elijas rutas que te transmitan confianza y seguridad (como la ruta de los Siete Lagos en la provincia de Neuquén, que tiene campings y proveedurías a lo largo del camino, por ejemplo).
Si no es tu primer viaje y querés hacer algo más jugado, hay aplicaciones que te van a ayudar un montón a elegir caminos alternativos. Una de ellas es Wikiloc, una plataforma en la que viajeras y viajeros de todo el mundo suben sus rutas y comparten sus experiencias, información del camino, puntos donde parar, etcétera.

¿Qué bici elijo? ¿Qué debe tener para hacer un viaje?
Antes de responder esta pregunta es necesario que sepas esto: lo fundamental no es la bici, sino tu cabeza y las ganas que tengas de viajar. No es indispensable contar con lo mejor del mercado ni con la última tecnología. Para viajar en bicicleta hay que ir a lo simple: que sea fácil y económico a la hora de arreglarla, sin importar si estás en un pueblo o en una gran ciudad.

Texto y fotos: La vida de viaje

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Cicloturismo

Una expedición en bici al corazón del Karakoram

En esta nota, que nos envía Martín Bissig, fotógrafo de algunos de los viajes de Hans Rey, tres mountain bikers de raza se proponen recorrer en bici uno de los trayectos más arduos de esa región de las más grandes montañas. Una experiencia brutalmente agotadora, con mucho más tiempo con las bicis sobre ellos que con ellos sobre sus bicis. (más…)

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Cicloturismo

Cicloturismo en Chascomús: un clásico con amenities


En un impasse de tareas docentes que la virtualidad hizo el milagro de multiplicar, cierro los ojos y siento el aire fresco de la laguna…
Chascomús es una ciudad distinguida. Ganadera, cuna de dirigentes políticos, cuenta además con varias figuras del ciclismo: de acá son Juan Carlos Haedo y sus hijos. Hay muchas actividades deportivas y culturales que evidencian el crecimiento de los últimos años. A pesar de ser un destino clásico para ciclistas, solo vine una vez, hace mucho, en grupo. Un recorrido interminable por caminos de tierra en el que las pinchaduras y la caída del sol nos obligaron a retomar la Ruta 2 cuando ya nadie disimulaba el cansancio. Recuerdo la entrada a la ciudad y la cena con pizza y empanadas en una plaza céntrica como algo liberador.
Esta vez vine con mi compañera en un plan relajado. Nos movemos en bicicleta porque reservamos lejos del centro. Y qué suerte. Las cabañas de la Avenida Costanera España ya fueron alquiladas, y muchos tuvieron que armar la carpa en el jardín de alguna casa, señal de que los campings no dan abasto. A pocos metros, en la laguna, centenares de pescadores amateurs le confían la caña al hijo y destapan una cerveza, mirando siempre hacia la otra orilla.
Una vez acomodados en la cabaña, pasamos la tarde en la pileta y tomando mate en el jardín, mientras planeamos una vuelta nocturna por la laguna. ¿Lo esencial?: hidratación, buenas luces y bananas. Contra los mosquitos, repelente y resignación.

La vuelta a la laguna
Para salir del complejo atravesamos varias cuadras por un camino de piedras sin alumbrado. Apenas cruzamos las vías y llegamos a Intendente Martino, un grupo de competidores nos pasa a gran velocidad, los saludamos y alcanzamos a escuchar su respuesta. La música llega desde los autos, por lo general trap o reggaetón. En la feria de artesanos, donde todavía quedan algunos puestos abiertos, se escucha a Jorge Cafrune. Varios restaurantes y bares están casi llenos a pesar de que ya es la una. Pedaleamos un rato envueltos en músicas, luces y olor a carne asada hasta que de poco el aire se siente más frío, los comercios se van dispersando y ya no hay tantos autos. Algunos caserones abandonados, no tan viejos pero espectrales, nos ven acelerar. Cuando atravesamos el puente sobre el Arroyo Vitel me acuerdo de historias de aparecidos que escuché de chico en fogones en Monte Hermoso. Tengo ganas de contar alguna, pero mi compañera quedó atrás. La espero y cuando está lo bastante cerca como para escucharme sentimos las primeras nubes de mosquitos en la cara.
Al principio es como si nos arrojaran cenizas. Entrecerramos los ojos y aceleramos. ¿Cuántos mosquitos hay en el mundo? Imagino que la orilla de la laguna debe estar cubierta por millones y millones de mosquitos que se mantienen casi en el mismo lugar, a centímetros del agua, en una vibración perfecta y continua.
Cada tanto las luces de algún auto nos ilumina la entrada de un camping. Aprovechamos esos momentos en que los mosquitos parecen diseminarse y bajamos a sacar alguna foto. Todo un error: siguen ahí, y ahora se ensañan con aquellas partes de nuestros cuerpos al descubierto de calzas, zapatillas y guantes, aunque también nos pican a través de la ropa. Sacamos fotos desenfocadas, subimos a las bicicletas y pedaleamos como si participáramos del Trasmontaña.
Pasamos el ACA y escuchamos risas y voces animadas. En la pileta de una casa unos jóvenes le hacen frente a la noche del verano, que no es tan calurosa. Algunas cabañas de piedra y madera interrumpen las zonas boscosas. Me gusta mucho más esta parte de Chascomús que la otra, sobrepoblada, ruidosa e inquieta. Al llegar al Club San Huberto doblamos a la derecha y cruzamos las vías hacia nuestro complejo. A elongar y descansar, esto continúa.

Gándara es Gándara
Son las ocho de la mañana, ya desayunamos y nos aplicamos el protector. El sol aun no pica y la idea es estar de regreso cerca del mediodía. Modo paseo: algunas paradas, fotos y visita a la fábrica abandonada. La tarde será dedicada enteramente a la pileta: esto es cicloturismo pequeñoburgués sin culpa.
Pedaleamos por la costanera hasta un camino de tierra que nos lleva a la ruta 20. Cuando doblamos a la derecha y tomamos el camino viejo a Gándara nos recibe el viento en contra: una ráfaga de aire seco y cálido que de ahora en adelante va a ir en aumento. Según el mapa estamos muy cerca del aeródromo, pero no vemos ni escuchamos ninguna avioneta. Todo es aridez con intervalos de hierbas pampeanas y algunos árboles. Muy de tanto en tanto, alguna estancia. El sol se mueve y nos azota desde un cielo con pocas nubes.
Una huella serrucho me sacude y me olvido de lo que estoy pensando. Es muy fácil distraerse, el paisaje no cambia y solo vimos pasar dos autos. Si alguien va a Gándara, lo hace por ruta. Aunque a esta hora, lo dudo.
Pasamos otra estancia, abandonada. Hago zoom con el celular para distinguir el nombre: María Llavaneras… Avanzo unos pasos sobre un colchón de yuyos y cardos: Haras Llavaneras… El nombre no me dice mucho. Horas más tarde consultaré internet y encontraré la página de una estancia mucho más cuidada que la que tengo enfrente. La estancia, dice la página, fue pensada para el desarrollo del caballo de salto de alta competición, y su fundador es un español que bautizó el lugar en homenaje a un pueblo de Barcelona, San Andrés de Llavaneras. No tengo idea de dónde estarán esos caballos; desde que nos metimos en este camino solo vimos algunas vacas. El sol nos obliga a reponer el protector y a hidratarnos. Ahora sí, derecho a la fábrica.
El camino se bifurca y volvemos a doblar a la derecha. Al rato, un cartel oxidado anuncia: “Gandara”, así, sin tilde. Trato de recordar cómo aparecía el nombre en las publicidades del yogurt hasta que me doy por vencido.
Hace un rato que no hablamos, el viento en contra nos fatiga. No debe faltarnos más de un kilómetro, pero ya vengo sintiendo el hambre. Los metros finales son los más duros porque miramos hacia adelante y la fábrica no aparece.


Hasta que la encontramos, después de otra curva. Resulta un poco más chica de lo que esperaba. Al principio seguimos de largo, avanzamos 500 o 600 metros. Vemos el cartel de la estación de ferrocarril con el pasto crecido, unas pocas casas de ex empleados, un colegio agrícola y el camino asfaltado que lleva a la Ruta 2. Luego volvemos a descansar bajo unos árboles, frente a la fábrica. Pasa un rato y llegan dos autos desde el camino asfaltado. Luego, una moto. Los ocupantes, en su mayoría parejas, se bajan, miran, se sacan algunas fotos en la entrada y permanecen un rato más, para sentir que el viaje valió la pena. Hacemos lo propio y nos retratamos buscando un ángulo que esquive al sol y la trompa de uno de los autos que estacionó demasiado cerca del portón. Luego sacamos otra foto con las bicicletas solas, apoyadas contra la pared. Comemos alguna fruta y nos preparamos para la vuelta. Son las diez y media y el sol pega más fuerte pero ahora el viento juega para nosotros. Unos minutos después dejamos atrás el cartel oxidado.


Antes de venir a Chascomús leí que habían abierto una fábrica Gándara con sede en Pilar. Al parecer se trata de una pequeña planta de inversores chinos. La nota señalaba que se había generado una falsa expectativa en los pocos habitantes aledaños a la planta original, sin la infraestructura necesaria para volver a producir. Pienso en esas cosas durante el regreso, hasta que me doy cuenta y trato de conectarme con el paisaje, los árboles, las pocas estancias. Tomo un trago de agua fresca y miro el cielo. Por momentos parece que habrá una pausa de sol, pero las nubes son muy chicas y no hay tregua. De golpe: ¡dos paracaidistas! El descenso de las figuras recortadas, suspendidas contra el cielo puro del aeródromo. Ahora sí: pedaleamos sin detenernos hasta el asfalto y el ruido. La pileta es nuestra zanahoria invisible, unos kilómetros más allá.
¡Hasta una salida más sacrificada, amigos!

 

SÍNTESIS DEL VIAJE
Fechas: del 22 al 25 de febrero 2019
Distancia: 82 km


Por Mariano Favier: marianofavier@gmail.com

 

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Cicloturismo

Viajeros: Tierra del Moncayo y Tierras Altas (España)

Cuando exploro nuevos senderos siempre tengo la misma sensación, ese nudo en el estomago que crece con la incertidumbre de lo desconocido. ¿Qué descubriré? Es algo que me hace salir una vez tras otra de viaje para conocer nuevas regiones, países y zonas remotas. Pero lo que no esperaba es que muy cerca del lugar donde vivo se encontraba una aventura que me llevaría a conocer pueblos con un gran patrimonio histórico-artístico heredado de su pasado cristiano e islámico. Montañas como el Moncayo, cargadas de leyendas y fantasías: desde los celtíberos hasta Bécquer, pasando por la mitología romana, los milagros cristianos y la fantasía popular, que juntos anidan y crecen en cuevas y pozas de la zona.
Una reciente red de senderos creada en la región de Soria nos permiten practicar nuestro deporte favorito de forma divertida y al mismo tiempo conocer gran parte de la historia y patrimonio de sus pueblos y localidades más remotas. Para esta ocasión he elegido una de las montañas que llevo apreciando y admirando desde mi niñez, El Moncayo. La provincia de Soria nos propone un camino de línea ascendente que parte desde Ágreda hasta Vozmediano. Allí aflora el río Queiles a borbotones de mil quinientos litros de agua por segundo en su mismo nacimiento, en un recorrido de pino, roble, hayedo y frescuras que conducirá hasta el Pico San Miguel, a 2.300 metros de altitud.


Para mantener este alto nivel decidí completar mi viaje desplazándome hasta las Tierras Altas de Soria. Tierras Altas o La Sierra, como la conocen popularmente sus habitantes, es una comarca de la provincia de Soria, que está situada en el norte de la provincia. Una belleza sin igual que esconde pueblos de piedra y gentes de monte. Un paisaje prehistórico que esconde bellos pueblos despoblados que nos hacen imaginar e intuir como fueron en el pasado.
Si buscas más información acerca de la provincia de Soria y todo lo que tiene para ofrecerte puedes visitar su pagina web: www.sorianitelaimaginas.com

Texto: David Cachón | Fotos: Fernando Marmolejo

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