Deporte y Entrenamiento
MTB: La presión de los neumáticos y algunos procedimientos de urgencia
Cómo llegar paso a paso a la presión adecuada para aprovechar a fondo nuestros neumáticos en la montaña. Una reparación de emergencia ante un desgarro de la cubierta en plena montaña. En Taller Park Tool, cómo reparar una cubierta tubeless y como agregarle líquido sellador.
En esta entrega nos referimos al uso de una mountain bike fuera del pavimento y en particular a su uso en montaña, que es el terreno para el cual estas bicis –y sus neumáticos- han sido diseñadas. Para usar una mountain bike en pavimento las exigencias son sensiblemente distintas a las que enumeramos aquí y cada uno debe experimentar por sí mismo hasta encontrar la configuración de inflado adecuada.
La presión adecuada
Rodar sobre una mountain bike con la apropiada presión de neumáticos puede significar una enorme diferencia en cómo se siente la bicicleta y cuánto control se tiene de ella. Una presión demasiado alta genera un pobre contacto con el piso y un andar menos controlable, mientras que una presión muy baja producirá un comportamiento impredecible de los neumáticos y los hará más susceptibles a los pinchazos.
En principio, la presión apropiada puede variar mucho de un ciclista a otro y de un neumático a otro diferente, de la misma manera que influyen en ella las condiciones del piso. La clave es encontrar cuál es la presión que funciona mejor para cada uno y para el tipo de neumáticos de que se dispone en condiciones normales para el tipo de terreno que uno recorre más frecuentemente. Una vez logrado este punto recién será posible ajustar este nivel a diferentes condiciones de piso y a diferentes situaciones.
En términos generales, he aquí un procedimiento para determinar la presión ideal para una determinada configuración de neumáticos:
– Lo primero es disponer de un buen inflador con un buen indicador de presión o mejor aun un medidor de presión independiente (que suelen medir con mayor precisión que los que vienen incorporados al inflador). Y obviamente deberemos usar siempre este mismo medidor ya que, especialmente los medidores incorporados al inflador, son bastante imprecisos con respecto a otros calibres.
– Comenzaremos inflando con una presión elevada, de alrededor de 40-50 psi (3-3.5 bar) para un neumático de 2.2-2.3 pulgadas con cámara. Para los sistemas tubeless comenzaremos más abajo, alrededor de 30-40 psi. Cuanto más pesado seas o cuanto más delgados tus neumáticos, mayor será la presión con que habrá que comenzar. Luego rodaremos con esta presión por un rato, hasta sentir cómo se comportan (si se agarran más o menos) los neumáticos al doblar en tierra suelta.
– Ahora bajaremos la presión unos 5 psi (0.35 bar) en ambos neumáticos. Nuevamente probaremos esta configuración en el mismo terreno y comparémosla con la anterior. Es muy probable que ahora sintamos alguna mejora en el agarre del neumático al piso y mayor estabilidad. Si no notamos ninguna diferencia bajaremos la presión otros 5 psi.
– Lo que estamos buscando es la menor presión con la que podemos rodar sin llegar a reducir la resistencia a los pinchazos. Este pinchazo sobreviene cuando el neumático rueda sobre un objeto y produce una compresión hasta el punto en que el neumático y la cámara son pellizcadas por la llanta y el objeto. Esto comúnmente deriva en una mordida de la cámara o en un doble pinchazo.
– Ahora continuaremos reduciendo la presión unos 3-5 psi (0.1-0.3 bar) hasta que sentimos que el neumático se está agarrando bien. Si seguimos demasiado lejos con la reducción de presión podremos comenzar a sufrir pellizcos en las cámaras. El punto en dejar de hacerlo es cuando sentimos que tenemos buen control de la bici en diferentes situaciones y cuando reducir la presión aun más ya no mejora esa sensación. Y también cuando comenzamos a sentir que ya es la llanta la que se pone en contacto cuando sobrepasamos objetos sobresalientes. Igualmente, cuando esto sucede, es conveniente, inversamente, ir subiendo la presión en pequeños intervalos (3-5 psi por vez).
– En los sistemas tubeless, en la medida en que no hay que preocuparse tanto por los pinchazos se podrá rodar con mucha menor presión y hasta se pueden soportar algunos contactos ocasionales de la llanta, pero si comenzamos a dentar nuestras llantas o a perder aire a través del asiento del neumático o si sentimos que en curvas duras estamos rodando sobre la llanta, es que nos hemos ido muy abajo.
– Con la presión de neumáticos se puede hacer también otro balance. Las bajas presiones incrementan la resistencia al rodado. Sin embargo, algunos argumentan que el incremento del control y de la tracción en los ascensos compensan ampliamente el esfuerzo necesario para vencer una mayor resistencia al rodado. Los mountain bikers experimentados se inclinan por lo general a rodar en montaña con la menor presión de neumáticos posible. Por su parte los corredores de cross country suelen preferir sacrificar un poco de control (y hasta de tracción en ascensos) en busca de mayor velocidad promedio.
– Una vez que hemos encontrado la mejor configuración de presión es conveniente practicar mucho como “sentimos” los neumáticos cuando medimos la presión con algún gesto de nuestras manos (pellizco, apriete lateral, golpe de dedo índice, etcétera). Esto nos ayudará a volver a esa configuración con cualquier inflador.
Como sobrevivir a una cubierta desgarrada (subtítulo)
Un desgarro en el lateral de la carcasa de una cubierta en plena montaña puede significar un verdadero desastre para el resto del día (y mejor que no nos suceda cuando se está haciendo tarde). Cuando se produce, la cámara suele salir a través de la rajadura y explotar. Nos quedamos entonces con una cubierta rota y sin una cámara (roguemos haber llevado una de repuesto, ya que la rotura de una cámara en esta situación puede no ser reparable con parches y pegamento.)
Lo que sigue es un procedimiento para salir del paso. Puede demandarnos unos ocho minutos, pero es fácil de realizar si tenemos los elementos:
1. Sacamos la rueda.
2. Si tenemos sacacubiertas, y caso contrario con los dedos, removemos la cubierta de un sólo lateral.
3. Sacamos la cámara y la reemplazamos o la emparchamos.
4. Inflamos la cámara lo suficiente para que tome forma.
5. Reinstalamos la cámara en la llanta.
6. Tomemos un billete, un envase de barra energética o de gel, o cualquier otro trozo de algún material resistente que consigamos y armemos una especie de parche que sea sensiblemente más grande que la rasgadura en el neumático. Lo colocamos entre la cubierta y la cámara, tapando de adentro la rajadura.
7. Reinstalamos el lateral desmontado de la cubierta.
8. Inflamos un poco y controlamos que el parche de cubierta haya quedado en su lugar, tapando toda la rajadura, además de chequear si la cubierta ha quedado bien montada.
9. Completamos el inflado hasta un punto en que consideremos que podremos rodar, sin inflar de más, salvo que la rajadura sea muy pequeña.
10. Instalamos la rueda y, si hicimos todo bien, ¡volvemos a casa pedaleando “bajito”!
Algunos trucos extras:
– Controlemos la rueda cada tanto. No dejemos que el refuerzo tome forma de globo y observemos si la cámara tiende a salirse nuevamente por la rajadura. Si la zona afectada comienza a englobarse, bajemos la presión de inflado.
– Al sacar la cámara para repararla tener mucho cuidado que los posibles alambres de la carcasa cubierta no la pinchen. Para hacer mejor esto tratemos de no usar los sacacubiertas sino las manos.
– De esta manera aprendemos que las barras energéticas no sólo sirven para alimentarse… Además, si solemos volver a casa con toda la basura que nos llevamos a la salida (como debería ser siempre) es más posible que tengamos algún elemento para resolver esta situación.
Qué se necesita:
– Inflador
– Kit para pinchazos y/o cámara de repuesto.
– Sacacubiertas o habilidad para no necesitarlos.
– Envase de barra energética o gel, o un par de billetes.
Nota publicada en la revista Biciclub Nº 235, julio 2014
Eventos
LA MÁQUINA SANGRÓ SOBRE EL ASFALTO Y LA VUELTA VOLVIÓ A SER HUMANA
Pogačar se cayó, lloró y abandonó. Y de golpe la carrera dejó de tener dueño. Enric Mas, el eterno segundón, viste de rojo. Crónica de la tercera semana de la Vuelta 2026.
Por Pedro Piusselli — Biciclub
Había un guion. Lo habían escrito ellos, los de siempre. Los del potenciómetro como Biblia y el vatio como sacramento. Tadej Pogačar venía a España a buscar la única Grande que le faltaba, a firmar el nombre número nueve en la lista de los que completaron las tres Grandes Vueltas, a cerrar la colección como quien completa un álbum de figuritas caro. El algoritmo ya lo daba ganador. Las casas de apuestas cerraron el mercado. Los analistas de sofá ya escribían el epitafio de la carrera antes de la segunda semana.
Y entonces pasó lo único que ningún software puede modelar.
El asfalto.

Etapa 8: el día que la física le ganó a los vatios
29 de agosto. A 32 kilómetros de meta. Un roce de rueda —de esos que en la jerga vieja llaman «hacer el afilador»— y el hombre que domina el pelotón mundial como un patrón de estancia se fue al suelo. No fue una escapada frustrada. No fue una pájara. Fue gravedad pura, la misma que nos tira a todos, la que no distingue entre un amateur de fondo dominguero y el mejor ciclista del planeta.
Lo que vino después no lo cuenta ningún archivo de Strava. Pogačar quedó tirado sobre el pavimento, sangrando, dolorido, y —esto es lo que te agarra las tripas— se quebró en llanto mientras lo atendían. El parte médico del doctor de carrera fue de terror: traumatismo craneal, contusiones varias y posible fractura de clavícula. Intentó volver a subirse a la bici. No pudo. El UAE lo bajó de la carrera.
El invencible lloró. La máquina sangró. Y ahí, en ese charco de sangre y bronca sobre una ruta cualquiera de España, el ciclismo volvió a ser lo que siempre fue: un deporte de carne, hueso y mala suerte. No un simulador. No un Excel con piernas.
No festejamos la caída de nadie. El que festeja una caída no entiende un carajo de este deporte. Pero sería mentir no decir lo que todos pensamos: la Vuelta, de golpe, empezó de nuevo.
Ese mismo día, mientras el mundo miraba la ambulancia, Bryan Coquard —34 años, toda una carrera esperando— se llevaba al sprint su primera victoria en una Grande, batiendo a Pedersen. La vida sigue. El pelotón no espera a nadie. Ni al rey.
Lo que dejó la tercera semana: la carrera de los mortales
Con el Faraón fuera del tablero, la Vuelta se convirtió en lo que más nos gusta: una pelea entre humanos falibles. Y el que agarró el toro de las guampas fue el menos pensado.
Enric Mas. El eterno número dos. El tipo al que durante años le pusieron la etiqueta de «el que llega segundo cuando no está el marciano de turno». Se vistió de rojo en la etapa 8 y no lo soltó más. Ganó la 9 para clavar bandera. Y llega a la última semana con la general en el puño.
Así quedó el podio provisional tras la etapa 15 (domingo 6 de septiembre):
- 1º — Enric Mas (Movistar) · maillot rojo
- 2º — Felix Gall (Decathlon-CMA CGM) · a 2:04
- 3º — Primož Roglič (Red Bull-Bora) · a 2:10
- 4º — Richard Carapaz (EF Education) · a 4:24
- 5º — Óscar Onley (Netcompany-INEOS) · a 5:44
- 6º — Jakob Omrzel (Bahrain Victorious) · a 6:14
- 7º — Mattias Skjelmose (Lidl-Trek) · a 6:49
- 8º — Cristián Rodríguez (XDS-Astana) · a 7:01
- 9º — Clément Berthet (Groupama-FDJ) · a 7:19
- 10º — Sepp Kuss (Visma) · a 8:55
(diferencias tomadas del parte tras la etapa 14; la general no se movió en la 15)
¿Dos minutos de renta a falta de una semana con crono y etapa reina? Eso no es un colchón. Eso es una sábana finita. Y Mas lo sabe.
El bajón de Roglič y el silencio de los cazadores
La etapa 14 (5 de septiembre) tuvo su propia tragedia griega: pésimo día para Primož Roglič. El esloveno, que venía a jugar de patrón heredero, se comió cerca de 2:10 en la montaña y se cayó del segundo al tercer puesto. El hombre que parecía el rival natural de Mas ahora tiene que remar de atrás. Ese día ganó Marco Brenner (Tudor), un pibe metiéndose en la historia grande.
Y en el reparto de etapas de esta semana, mientras los de la general se estudiaban, los oportunistas y los cazadores se hicieron un festín:
- Etapa 10 — Bastien Tronchon
- Etapa 11 — Matthew Brennan (otra vez el pibe, imparable a puro remate)
- Etapa 12 — Jakob Omrzel
- Etapa 13 — Wout van Aert, porque claro que sí
- Etapa 14 — Marco Brenner
- Etapa 15 — Wout van Aert, de nuevo, por si no quedaba claro quién manda entre los duros
Van Aert dobló la apuesta y tiene el maillot verde prácticamente en el bolsillo. El belga es de otra pasta: no le calculan los vatios para ganar, le calculan las agallas. Dos etapas en una semana y el liderato de la regularidad. El tipo que corre como si le debieran plata.
Lo que se viene: la semana que parte el año
Ojo, que acá no ganó nadie todavía. Faltan seis etapas y de las bravas. Este es el mapa del campo minado:
- Etapa 16 (lun 8/9) — Cortegana → Palos de la Frontera. Llano. Última bala para los velocistas antes del apocalipsis. Ojo al viento de la costa.
- Etapa 17 (mar 9/9) — Dos Hermanas → Sevilla. Otra para los sprinters. Calma tensa antes de la tormenta.
- Etapa 18 (mié 10/9) — El Puerto de Santa María → Jerez. CONTRARRELOJ INDIVIDUAL, ~32 km. Acá se define media Vuelta. Roglič es un especialista brutal contra el reloj. Mas tiembla. Si el esloveno le mete el cuchillo, esos 2:10 se pueden evaporar.
- Etapa 19 (jue 11/9) — Vélez-Málaga → Peñas Blancas. Media montaña que rompe piernas.
- Etapa 20 (vie 12/9) — La Calahorra → Collado del Alguacil. LA ETAPA REINA. Más de 5.000 metros de desnivel en el día y un remate terrorífico: cerca de 8,3 km al 10% de media. Acá se decide la Vuelta. Acá se llora o se levanta el puño.
- Etapa 21 (sáb 13/9) — Granada. Cierre con subidas a la Alhambra. Corta, explosiva, con postal de museo.
El resumen es crudo: Mas tiene que sobrevivir a una crono que lo puede desnudar y a un muro que lo puede fundir. Si aguanta el reloj de Jerez y el zarpazo del Alguacil, es campeón. Si no, la historia la escribe otro. Roglič afila el cuchillo. Gall espera agazapado. Y la montaña, esa vieja jueza que no cobra por juzgar, tiene la última palabra.

La moraleja, hermano
Vinieron a venderte una coronación anunciada. Un desfile del más fuerte. Ciencia aplicada, potencia normalizada, cero incertidumbre. Y la ruta —esa vieja anarquista— les recordó a todos que acá no hay guión que aguante. Que el más grande también sangra. Que el eterno segundón puede vestirse de rojo. Que el ciclismo, cuando es de verdad, se corre con las tripas, no con una planilla.
Pogačar volverá. Es demasiado bueno para no volver. Pero esta Vuelta, la de 2026, ya no le pertenece. Le pertenece a los que quedaron de pie. A los mortales que siguen pedaleando cuando el rey se fue en ambulancia.
Y a nosotros, que seguimos creyendo que lo humano todavía le puede ganar a la máquina.
Eventos
6ª Vuelta Olímpica a la Ciudad de Buenos Aires en Bici: 70 kilómetros para celebrar la movilidad urbana
Por sexto año consecutivo, la Ciudad de Buenos Aires será escenario de la Vuelta Olímpica en Bici, un evento masivo y recreativo que propone recorrer los límites geográficos de la Capital Federal en una jornada dedicada a la comunidad ciclista y a la movilidad sustentable. La cita tendrá lugar el próximo domingo 27 de septiembre.
Un recorrido integrador por los barrios porteños
La propuesta consiste en completar un trayecto aproximado de 70 kilómetros, conectando más de 20 barrios de la ciudad a lo largo del perímetro urbano.
A diferencia de las competencias deportivas tradicionales, la Vuelta Olímpica se plantea como una marcha participativa no competitiva: un espacio donde los ciclistas avanzan en grupo, a ritmo tranquilo y compartido, priorizando la convivencia vial, la integración comunitaria y el disfrute del espacio público sobre dos ruedas.
Información y punto de encuentro
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Fecha: Domingo 27 de septiembre.
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Horario de convocatoria: 08:00 hs.
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Lugar de salida: Azucena Villaflor y Avenida de los Italianos (Puerto Madero, CABA).
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Distancia: 70 km aprox.
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Modalidad: Recreativa, comunitaria y no competitiva.
La actividad es abierta a toda la comunidad. Se recomienda concurrir con bicicleta en condiciones mecánicas óptimas, casco de seguridad, hidratación y elementos básicos de protección personal para disfrutar de una jornada sobre ruedas en la ciudad.
Eventos
LA MÁQUINA TAMBIÉN SANGRA: POGAČAR SE FUE EN AMBULANCIA Y LA VUELTA VOLVIÓ A SER DE CARNE
Por Pedro Piusselli — Biciclub Crónica de la primera semana | Lunes 31 de agosto de 2026 (día de descanso)
Nueve etapas. Un abandono que valió por diez. Y una foto que no la firma ningún potenciómetro: Tadej Pogačar tirado en el asfalto valenciano, la clavícula partida, el cuello fracturado, la cara raspada contra el mundo real. Se fue en ambulancia. Se fue el que no se iba nunca.
Escúchenme bien, porque esto es lo que el ciclismo de laboratorio no quiere que digan en voz alta: la máquina más perfecta que parió este deporte no la frenó un rival, ni un algoritmo, ni un vatio mejor calculado. La frenó la gravedad. Esa vieja punk que no lee archivos de entrenamiento, que no respeta palmarés, que no tiene ingeniero de rendimiento. La física, señores. Pura y bruta.
Lo que pasó: el guion se rompió a 32 kilómetros de meta
Veníamos con la historia escrita en Excel. Pogačar llegaba a esta Vuelta a completar las tres Grandes —el noveno de la historia en lograrlo— y en la primera semana hizo exactamente lo que asustaba: ganar cuando quería. La crono inaugural en Mónaco. El muro de Andorra. El final roto de Castelló. Rojo en la espalda, tres etapas en el bolsillo, casi cuatro minutos de colchón. El metrónomo andando.
Y entonces, etapa 8, camino a Xeraco, después del sprint intermedio de Simat de Valldigna, antes del Puerto de Barx. Un movimiento raro, un toque, y el suelo. La cámara del helicóptero lo mostró todo: el esloveno cerrándose de golpe, el contacto, el golpe seco. Lo que siguió no es ciclismo, es reporte médico:
- Fractura desplazada de clavícula izquierda
- Fractura cervical C7 (estable, gracias a Dios)
- Conmoción cerebral
- La cara y el hombro izquierdo lijados contra la ruta
Cirugía pendiente, demorada por precaución con la conmoción. Y el UAE, esa multinacional del vatio, recogiendo del piso a su producto estrella con un comunicado clínico. «Sin otras lesiones mayores, sin secuelas neurológicas.» Traducción de la calle: por poco no lo contamos.
Bryan Coquard ganó ese sprint. Nadie lo recuerda. Porque ese día la Vuelta dejó de ser una exhibición y volvió a ser lo que siempre debió ser: una carrera donde puede pasar cualquier cosa, y pasa.
El que estaba esperando: Enric Mas se cansó de ser el segundo
Acá viene lo que me pone la piel de gallina. Porque cuando el imbatible se cae, la ruta no queda vacía: queda para el que aguantó el sillín con las tripas.
Enric Mas. El eterno escudero. El del «casi», el del podio de reparto, el que hace veinte años que carga con el mote de segundón. Ese heredó el rojo cuando Pogačar se subió a la ambulancia. Pero atención: no lo heredó y se escondió. Al día siguiente, etapa 9, cima del Alto de Aitana, el murciano soltó la mano del manillar y ganó arriba, en su tierra, delante de todos. No para cuidar. Para clavar bandera.
Eso, amigos, no es un archivo de potencia. Eso es una biografía cobrándose una revancha.
La general después de nueve etapas (maillot rojo en juego)
| Pos | Corredor | Equipo | Diferencia |
|---|---|---|---|
| 1 | Enric Mas 🔴 | Movistar | — |
| 2 | Primož Roglič | Red Bull-Bora | +1:18 |
| 3 | Felix Gall | Decathlon-CMA CGM | +1:39 |
| 4 | Oscar Onley | Netcompany-Ineos | +2:20 |
| 5 | Richard Carapaz | EF Education-EasyPost | +3:26 |
| 6 | Mattias Skjelmose | Lidl-Trek | +3:55 |
| 7 | Sepp Kuss | Visma-Lease a Bike | +4:09 |
Un minuto dieciocho a Roglič. Nada. En una Vuelta de 58.156 metros de desnivel, eso es polvo. Y ojo con el viejo zorro esloveno: Roglič sabe ganar Grandes agazapado, esperando que el líder se equivoque en la tercera semana. Gall y Onley andan finos. Y Carapaz, la Locomotora, siempre está a un ataque suicida de romper la carrera. Esto recién arranca.
Ganadores de la primera semana (para el que lleva la cuenta)
- E1 (CRI Mónaco): Tadej Pogačar
- E2 (Mónaco–Manosque): Matthew Brennan
- E4 (Andorra): Tadej Pogačar
- E5 (Costa Daurada–Terres de l’Ebre): Matthew Brennan
- E6 (Alcossebre–Castelló): Tadej Pogačar
- E7 (Valdelinares): Andreas Leknessund
- E8 (Puçol–Xeraco): Bryan Coquard
- E9 (Aitana): Enric Mas
(El ganador de la E3 a Font-Romeu no me quedó confirmado con doble fuente; cuando cierre, lo cerramos. Acá no inventamos resultados.)
Lo que viene: la montaña de verdad todavía no habló
Hoy es descanso. Aprovechen, porque la ruta se pone salvaje. Lo que asoma:
- Etapa 10 (martes) — Alcaraz a Elche de la Sierra, terreno picado y final explosivo. Día para los cazadores y los oportunistas tipo Van Aert o Brennan si Visma tira. Trampa para despistados.
- Etapa 18 (CRI, 32,1 km) — El Puerto de Santa María a Jerez. La contrarreloj larga donde Roglič puede sacar el cuchillo. Mas tendrá que defender con los dientes.
- Etapa 20, LA REINA — La Calahorra al Collado del Alguacil: 8,3 km al 9,8% de pendiente media. Un paredón. Ahí no hay táctica que valga: es tripa, cadena y no aflojar. La Vuelta se decide arriba de ese muro, a un día de Granada.
- Etapa 21 (domingo 13) — Granada. El final. La foto.
La moraleja que no van a leer en las gacetillas del pelotón
Nos vendieron una Vuelta de coronación. Un desfile del genio. Y la carrera —que es más punk que todos nosotros— nos recordó la única verdad de este deporte: arriba de la bici sos carne, no software. Podés tener los mejores vatios del planeta y terminar contando el cielo desde una camilla. Ojalá Tadej se recupere pronto y en serio, porque ninguna nota vale una vértebra. Pero que quede escrito: la Vuelta se puso interesante el día que se cayó el favorito. Y eso dice mucho de lo aburrido que estaba siendo todo.
Ahora hay carrera. Ahora hay siete tipos a cuatro minutos y una montaña que todavía no mordió. Ahora vuelve a valer la pena prender la tele.
Eventos
VAL DI SOLE NO PERDONA: LA MÁQUINA GANÓ ARRIBA, PERO ABAJO SEGUÍA HABIENDO ARGENTINOS
Por Pedro Piusselli — BICICLUB
Hay barro que ensucia y hay barro que ordena. El de Val di Sole ordena. Te agarra la rueda, te agarra la cabeza y te pone en el lugar exacto que te corresponde en la jerarquía mundial del mountain bike. Cinco días, seis disciplinas, la montaña de Trentino escupiendo raíces mojadas y una sola verdad repartida sin anestesia: acá no se esconde nadie. Ni el que gana ni el que llega a dos vueltas.
Arriba, como siempre últimamente, mandó la máquina. Tom Pidcock volvió a demostrar que cuando decide que un día es suyo, no hay foro de comentarios que lo discuta: se llevó el XCO Elite masculino con esa frialdad de reloj suizo que a algunos nos aburre y a otros nos fascina. En mujeres, Sina Frei confirmó que Suiza sigue siendo una fábrica que no para. Y ojo con el dato que nos toca de cerca en Sudamérica: el chileno Martín Vidaurre, cuarto, a un paso del podio mundial, recordándonos que el talento de esta región existe y que el techo no es una excusa geográfica, es una decisión de estructura.
Después estuvo el circo dentro del circo: Mathieu van der Poel, el hombre que juega a todos los deportes de la bici a la vez, terminó 19º y se bajó. El fenómeno también se cansa, también se resigna, también se pierde en el barro como cualquier mortal. Bienvenido al club de los que sufren, Mathieu.
Y en el Descenso, la gravedad tuvo dueños conocidos: Jackson Goldstone y Valentina Höll revalidaron sus arcoíris. Dos que bajan como si la física fuera una sugerencia y no una ley.
Todo esto ya lo sabíamos al cierre de la última nota. Lo que faltaba —lo que de verdad nos importa desde esta redacción— era ponerle nombre y número a los nuestros. Porque el Mundial no es solo la foto del que levanta los brazos. El Mundial también es el tipo de La Rioja, la piba de Mendoza y el pibe de San Juan que se subieron a un avión para medirse contra lo mejor del planeta sabiendo que el resultado iba a doler. Y fueron igual.
LOS ARGENTINOS, UNO POR UNO
Vamos a ser honestos, que es lo único que sabemos hacer acá: no hubo milagro. No hubo top 20, no hubo diploma, no hubo sorpresa que se cuele en los titulares europeos. Lo que hubo fue algo menos vendible pero más verdadero: argentinos terminando carreras del Mundial, con el motor a mano contra corredores que entrenan con presupuestos que en la FACIMO son ciencia ficción. Esto es lo confirmado en los resultados oficiales.
XCO — Cross Country Olímpico
- Agustín Durán (La Rioja) — 52º, con vuelta perdida. El campeón argentino y panamericano de XCM puso el pecho en la categoría más brutal del programa. Cincuenta y dos en el Mundial no es un fracaso: es la vara real de dónde estamos parados.
- Juan Ignacio Goudailliez (Mendoza) — 63º, con vuelta perdida. El mendocino del Marconi Racing italiano completó su carrera en un pelotón donde entrar ya es un logro.
Sub 23
- Facundo Cayata (Tucumán) — 70º, con vuelta perdida. Del corazón de San Pedro de Colalao a la montaña de Trentino. El tucumano corrió su Mundial y lo terminó, que en Sub 23 europeo es un examen sin recreo.
- Lucía Miralles (Mendoza) — 34ª, con vuelta perdida. La mejor ubicación argentina en cross country del certamen. La campeona Sub 23 nacional, curtida en el ranking español, fue nuestra referencia más sólida sobre el pedal.
Junior
- Maite Ovejero (Catamarca) — 53ª, con vuelta perdida. La catamarqueña midió el nivel juvenil mundial y volvió con la carrera en las piernas.
- Arturo Ovalles (San Juan) — 90º, con vuelta perdida.
- Agustín Tarantelli (Mendoza) — 96º, con vuelta perdida.
- Joaquín Pérez (San Juan) — 99º, con vuelta perdida.
- Samuel Sotomayor (Catamarca) — 105º, con vuelta perdida.
- Gonzalo Martín (San Juan) — 108º, con vuelta perdida.
Sí, los números duelen. Pero leelos de nuevo: seis juniors argentinos largando un Campeonato del Mundo. Hace no tanto eso era una fantasía de sobremesa. Hoy es una delegación.
DHI — Descenso
- Catalina Calderón (Elite Femenino) — 32ª, a 37.383 del arcoíris de Höll. La medallista panamericana bajó la pista más exigente del calendario y firmó la mejor actuación argentina de la gravedad en Val di Sole. Cronómetro contra las mejores del mundo, y respondió.
- Gonzalo Gajdosech (Elite Masculino) — 46º en la final, a 16.565. Pasó la clasificación —que ya es filtro brutal— y bajó entre los mejores del planeta.
- José Ignacio Fabián (Elite Masculino) — 72º en la final, a 41.153. Otro que superó el corte clasificatorio y completó su descenso mundialista.
- Pablo Seewald (Elite Masculino) — no clasificó a la final. Fue 81º en la qualy con 4:11.738, a 37.728 del mejor tiempo, y quedó afuera por el corte de los 80. A un puesto. Un puesto. El detalle que separa el sueño de la estadística.
- Fausto Sauma (Junior) — sin confirmar. No aparece en la clasificación de la final junior y no encontramos un dato fiable de su clasificatoria. En cuanto la FACIMO o el propio corredor publiquen su tiempo oficial, actualizamos. No vamos a inventarle un puesto a nadie.
LA MÁQUINA Y LA MANO
Y acá está el nudo de todo esto. Val di Sole fue, una vez más, el escenario donde la máquina europea se luce: presupuestos, técnicos, túneles de viento para bajar una montaña, pibes de 17 años con más soporte que un elite argentino. Es la máquina. Es perfecta, es fría, es imbatible en el número grueso.
Pero después está la mano. La del que llega a vuelta perdida y no se baja. La del que clasifica 81º y se queda a un lugar del sueño y aun así cargó la bici, viajó medio mundo y se tiró por el barro. Los argentinos de Val di Sole no le ganaron a la máquina —nadie con sentido común esperaba eso— pero le pusieron cuerpo humano a una tabla que, si fuera por los recursos, no tendría celeste y blanco por ningún lado.
El resultado deportivo es el que es, y lo escribimos sin maquillaje. Pero el resultado humano —seis juniors, una delegación completa, corredores de La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza y Tucumán compartiendo grilla con Pidcock y Höll— ese resultado es otra cosa. Ese no se mide en segundos.
Fuentes de resultados: mtbdata.com (clasificaciones oficiales UCI por categoría), StandMagazin (clasificatoria DHI Elite), F.A.Ci.Mo. Datos sujetos a la homologación final de la UCI.
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