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“No uso las ciclovías porque no estoy a favor de la segregación”

Fecha: 23.03.2018

 

Es sábado al mediodía y Daniela Suau Contreras (37) recién vuelve a su casa después de pedalear. Nos avisa que ya podemos llamarla: se va a hacer un café y está con nosotros. “Fui al Cerro San Cristóbal, la meca de los ciclistas acá en Santiago. Cerca de donde vivo hay un acceso, en total son cuatro. Entonces subí, paseé por arriba, salí por otro acceso, hice cerca de 25 kilómetros. Lo considero ciclismo recreacional, voy ahí a despejarme”, nos cuenta.

¿Cómo ves hoy el ciclismo urbano en Santiago?
El auge del ciclismo urbano en Santiago comenzó con el tema del Transantiago (N de la R: el sistema de transporte público urbano que opera en el área metropolitana de Santiago, integrado por el Metro de Santiago y el servicio de tren suburbano Metrotren Nos). El cambio de modelo fue complejo y no estuvo tan bien implementado. Eso asustó a mucha gente e hizo que saliera a andar en bicicleta, porque es una opción cómoda para radios cortos. Cuando empezó este auge del ciclismo no había infraestructura; ésta es resultado de una demanda tardía a la presencia de ciclistas en las calles. También Chile se alineó con esta macromirada mundial de la mejora de calidad de vida con la bici, creó un plan maestro de ciclovías que está completando la presidenta Bachelet, si mal no recuerdo de 190 kilómetros de ciclovías. La infraestructura atrae. Pero confieso que no soy usuaria de ciclovías.

¿Por qué no las usás?
Porque no estoy a favor de la segregación. Entiendo el uso de ciclovías, tengo una sobrina de 13 años y sé que ella se va a sentir más segura ahí, entiendo a la mamá con los niños o a una persona con movilidad reducida. Pero no es un campo electromagnético donde no pueda entrar un auto. Hemos tenido accidentes donde el auto se mete ahí. Creo que es relativo hablar de una sensación mayor de seguridad por ciclovías. Hubo un muy mal mensaje en Latinoamérica: que la calle es del automovilista. En nuestra legislación actual la bicicleta figura como un medio de transporte y no de uso deportivo. Esto implica que hay que compartir espacios. Prefiero ir por la calle compartiendo con otros vehículos, naturalmente resguardando mi seguridad porque no soy suicida, y cuando hay transporte público de gran porte ellos pueden ver reducido su campo visual y que se genere un accidente. Sin embargo se sabe que el principal factor de accidentes es la velocidad. Si la gente no quiere andar en bicicleta en la calle, es súper claro: hay que bajar la velocidad. Si vamos todos más despacio, podemos convivir. Desde este punto de vista, soy partidaria de usar la bicicleta en la calle. La gran problemática que hay todavía con las ciclovías es que seguimos con la perspectiva de no incomodar al automovilista y no de no quitarle espacio al peatón. Es un gran error. Como movimiento ciclista en Chile hoy hablamos de pro movilidad: el foco está puesto en hacer ciudades a escala más humana, con eje en el peatón y en el ciclista. Pedimos ciudades focalizadas en personas, ni siquiera en los ciclistas, y que la infraestructura ciclista no vaya en desmedro del peatón, como lo hacen las autopistas.

Chile fue pionero en movilizar el ciclismo de género en Latinoamérica con la experiencia de Macleta. ¿Al crecer el ciclismo urbano en Santiago, crece la cantidad de mujeres que usan la bicicleta?
En 2015 me invitaron a un encuentro de ciclistas en Quito donde conocí un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que hablaba de 15 ó 20% de mujeres. Es bajo. Pero en el fondo hay otros elementos que juegan en eso y tienen que ver con machismo. Normalmente somos vulneradas en el espacio público, entonces en la bicicleta el riesgo es mucho mayor. Se naturalizó la violencia hacia la mujer y también pasa en el ciclismo urbano, de parte de micreros, automovilistas y/o taxistas, de los conductores de esos modos, porque trato de no estigmatizar: sí hay personas así pero no se trata de las personas sino de los modos. Muchas mujeres me dicen: Daniela, me da pavor que un vehículo se me tire encima. Y por lo general quien te tira el auto es un hombre. Y también hay casos de acoso sexual en bicicleta. Pero hay otros matices. Mi lucha de ir en bicicleta vestida lo menos deportiva posible es por eso. El mensaje que tenemos que transmitir al resto de las mujeres es que no necesitas disfrazarte para andar en bicicleta. La mirada que tienen muchas es que van a llegar sudadas y se van a comprar un montón de prendas que no quieren. Eso ahuyenta a las mujeres, son mitos en torno al ciclismo. También hoy hay más modelos de bicicletas en Santiago, se reflotaron modelos antiguos. En los 90 no se salían de la mountain bike, que personalmente me parece la bicicleta más horrorosa de la vida para andar en una ciudad como esta. Sí veo cada vez más ciclistas, más por ciclovías que por la calle. Eso puedo decirte por andar en bici, no tanto por datos duros.

Lee la nota completa en Biciclub de marzo N° 279, disponible en kioscos y bicicleterías de todo el país.
Texto: Rocío Cortina
Fotos: Enrique Lohse


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Hablamos sobre: Ciclismo urbano, Rocío Cortina

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