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Para que no nos coma el lobo

Fecha: 10.03.2013

Foto: Atodopedal

Foto: Atodopedal

Por una mera cuestión de sociabilidad y búsqueda de compañía en el camino, tradicionalmente los ciclistas nos hemos reunido en clubes. Pedalear en grupo es más divertido que hacerlo en soledad y mucho más aun si se trata de tus amigos. Obviamente, algunos ciclistas son solitarios que prefieren pedalear sin compañía; si ese es tu caso, los grupos de ciclistas no son para vos.
Pero hay muchas razones para sumarse a un club –o a una peña, o a un grupo organizado. Los miembros de un club disfrutan de hacer conocer a los neófitos sus conocimientos de las bicicletas y del ciclismo, de modo que estos ámbitos son un buen lugar donde aprender. Y allí se puede obtener la mejor información sobre equipamiento, ya que los usuarios no tienen el mismo punto de vista que tiene el «marketing». E incluso se pueden aprender las cosas que ningún libro ni revista te pueden enseñar, las técnicas que hacen que los kilómetros se hagan más cortos, los mejores caminos para rodar, las mejores paradas para comer, cuáles son los parajes peligrosos, cuándo y cómo encararlos.
Los clubes reúnen la experiencia de muchos ciclistas durante mucho tiempo. Podés hacerlo por vos mismo, pero aún un piloto experto tarda mucho en una zona que no conoce en encontrar los mejores recorridos y los mejores momentos del día para enfrentarlos. Sumarte a un club significa aprender en un momento lo que a muchos otros ciclistas les ha tomado años aprender.
Otra de las ventajas de los clubes es que sus actividades ciclistas más corrientes están orientadas a los que están iniciándose en la bici, de modo que la mayor parte de los que participan puedan concretar sus primeros desafíos. Y es emocionante lo que se puede lograr cuando tus compañeros de ruta te alientan.
Buena parte de los clubes de ciclistas organizan actividades sociales, ya sea picnics o campamentos o incluso fiestas, además de transmitirte información ciclista de otras regiones o sumarse a las salidas de clubes de otros puntos del país.
Y, finalmente, los clubes sirven como una organización política que representa a los ciclistas en sus reclamos ante las autoridades. Los ciclistas necesitamos caminos y leyes de tránsito equitativas y la única manera de obtener ventajas en este terreno es la acción política. Los clubes son nuestro reaseguro para empujar cualquier acción pública en este tema.
En los países europeos, con gran tradición ciclista, existen básicamente dos tipos de clubes: los orientados al cicloturismo y los orientados a la competición. En nuestro país, los más numerosos y poblados son los del primer grupo (las peñas, las variadas formas de asociaciones de ciclistas urbanos, las agrupaciones de cicloturistas, etcétera). Y como parte del segundo grupo están los pelotones de entrenamiento –más o menos orgánicos– y algunos pocos clubes tradicionales que forman parte de la federación de ciclismo.
Formar parte de un club significa básicamente unirse a otros con los que compartiremos algunos de nuestros propósitos –aunque esos propósitos se reduzcan a salir a pedalear durante el fin de semana. Y sumando diversos intereses, unidos por el puro placer de pedalear, nuestro interés particular puede potenciarse hasta límites desconocidos. Seguramente que entre la variopinta fauna de cualquier club habrá quien, además de pedalear a nuestro lado el fin de semana, dedicará parte de su tiempo a investigar nuevos recorridos, a averiguar sobre tal o cual componente, a descubrir la bicicletería más amigable y barata, y hasta alguien dispuesto a dedicar tiempo extra de su trabajo y de su pedaleo para luchar políticamente por nuestros reclamos como ciclistas. Sumar, con un mismo objetivo, siempre trae ventajas.
En épocas en las que luchar por el «interés común» está sumamente devaluado, pareciera útil reflexionar sobre las ventajas que trae la asociación y la suma de esfuerzos. El cordero que camina solo por el campo termina en las fauces del lobo.

Por Mario García.

Intro de Biciclub Nº219, Marzo 2013.


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Hablamos sobre: Mario García, Reflexiones en dos ruedas

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