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Recorridos en bici: rumbo al Pueblo Escondido

Fecha: 13.04.2018


¿Que impulsó al gran navegante argentino Vito Dumas a realizar la vuelta al mundo navegando en solitario? He leído mucho al respecto y no me cabe duda de su valentía, de sus conocimientos marinos, de su organización personal y de su capacidad de resolver situaciones en condiciones extremas. Pero se me cruzó por la mente la curiosa idea de que quizás le costó conseguir compañeros para semejante aventura. Imagino algunas conversaciones antes de partir: “Este fin de semana no puedo, el otro sí”, “Mi familia no me deja”, “Mejor vamos para el otro lado”, “Son muchos kilómetros”. Es dura la vida del aventurero y la soledad es a veces una decisión práctica e impulsiva.
Una mañana de domingo, cuando parte del país aclama al rey Momo, decido arrancar un recorrido varias veces soñado y postergado. Voy a pedalear un par de días. El destino es conocer el mítico Pueblo Escondido, en Córdoba. Me acompaña mi bicicleta Reid, una gravel ideal para este viaje. Como le habrá pasado al señor Dumas, cuando comenté el destino, a mí también me dijeron que estaba loco.

El futuro llegó y es el bikepacking
Un recorrido en bicicleta de 48 horas debería catalogarse como una aventura express en el manual de los biciviajeros. En cuanto a mi caso planifiqué dormir una noche en el auto y la otra en un refugio en la montaña, porque evito transportar carpa o usar portapaquetes con grandes alforjas. Sólo cinco pequeños bolsos colocados en lugares estratégicos de mi bicicleta me permiten llevar lo básico para esta excursión. Esto, señores, se llama bikepacking y es la evolución del cicloturismo. Nos facilita el desplazamiento alivianando nuestro peso total y permite disfrutar una conducción rápida y agresiva. Solo llevamos lo necesario e indispensable.
La noche es placentera y extraña a la vez. Una improvisada cama en la parte trasera de mi auto obra de albergue fugaz para dormir, casi abrazado a mi compañera australiana. Para evitar confusiones aclaro que este origen geográfico es el de mi bicicleta Reid Granite 2.0, una máquina pensada y diseñada para el cicloturismo.
Río de los Sauces es un típico y pequeño pueblo de las sierras cordobesas dividido en dos por un arroyo, que por cierto tiene muchos sauces. Son las 8 de la mañana y luego de dejar el auto en el camping del pueblo, a la sombra de uno de los árboles que dan nombre al lugar, comienzo el recorrido con la esperanza de dormir la próxima noche en Pueblo Escondido. Las cubiertas de mi bicicleta ya dejan huellas en tierras cordobesas.

El emprendedor del año
La ruta ya estaba memorizada de tanta búsqueda en internet. Salgo del pueblo, me dirijo rumbo norte hacia La Cruz y doblo a la izquierda en el primer desvío a los 10 kilómetros. Desde ahí comienza un largo camino en el que el ascenso será estoico y apenas será olvidado durante una bajada obligada por alguna cañada. Los 80 kilómetros programados para ese día son duros pero los tomo con calma; los paisajes así lo ameritan.
Paro para almorzar junto a un arroyo, ante la vista de un gigantesco lagarto overo y más adelante hago una siesta de algunos minutos bajo un pequeño árbol al costado del camino. Anotaciones lógicas para la bitácora de viaje.
Promedia el recorrido y la tarde cuando en la nada del camino observo una pequeña casilla y un oxidado y borroso cartel que ofrece bebidas y choripanes. Nadie a la vista invita a seguir mi viaje, pero me detengo por un instante y comparto con el improvisado kiosco la sombra de un añoso árbol. Solo escucho mi agitada respiración y con pocas esperanzas golpeo tímidamente la vieja casilla. A los pocos segundos aparece el dueño de semejante emprendimiento con un lento caminar. Ante mi pedido por alguna bebida no duda en expresar: “Agua, gaseosas, jugo, cerveza”. Sorprendido me decido por una Coca y el buen señor, con pinta de gaucho extraído de una pintura de Molina Campos, entra en la casilla y regresa con una botella del preciado brebaje. El valor del producto no me sorprende en absoluto, pero sí su estado casi congelado. Puedo observar los cristales de hielo naciendo en el interior del envase. ¿Qué clase de brujería es esta en medio de la montaña? La respuesta del buen hombre fue contundente: “Tengo un freezer a gas”.
Llegan al lugar varios motoqueros enduristas y con un idéntico relato podría describir su sorpresa cuando el dueño de este oasis les trajo un par de cervezas con escarcha sobre la botella. Unos minutos de descanso sirven para que los clientes reunidos alrededor de esa vieja casilla decidan nombrar a esta persona el “emprendedor del año.”

Texto y fotos: Gustavo Almada, www.lordbike.com.ar
Lee la nota completa en Biciclub de abril, N° 280, disponible en kioscos de diarios y bicicleterías.


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Nº 283 - Julio 2018

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