Conectá con nosotros

Cicloturismo

Regresos en cuarentena: “¡El país está así por gente como vos!”

Publicado

el

El cordobés Leandro Mazuquin (29) es, además de viajero, mecánico de bicicletas y vendedor de repuestos y bicis. Actualmente reside en Córdoba, pero pese a su corta edad vivió también en Ushuaia, en Comandante Luis Piedrabuena y en El Calafate.

Su primer viaje en bicicleta fue en 2014, desde Comandante Luis Piedrabuena, Santa Cruz, hasta Córdoba. Fueron tres meses en los que completó 3.000 kilómetros.

Le gustó, así que al año siguiente hizo la Ruta 40 desde La Quiaca, Jujuy, hasta a Cabo Vírgenes, Santa Cruz. En seis meses pedaleó 5.000 kilómetros.

En 2017 concretó su primer viaje en modalidad bikepacking: 190 kilómetros desde Chilecito, La Rioja, hasta Fiambalá, Catamarca.

Entusiasmado con el bikepacking, entre 2017 y 2018 completó 12.000 kilómetros durante un año por Argentina y Chile.

Y en 2019 recorrió en un mes el Impenetrable chaqueño, viaje que le demandó 1.800 kilómetros de pedaleo.

Pero la historia a la que iremos al grano en estas páginas es diferente en todo sentido a sus aventuras anteriores. Para este año Leandro había programado un gran viaje. Planeaba recorrer América desde Córdoba hasta Ecuador, lo que comenzó a concretar lleno de ilusiones el pasado 16 de enero, cuando partió de Córdoba con rumbo norte.

Renuente a los caminos muy concurridos, recorrió las rutas de monte de Santiago del Estero (1 y 4), pasó por Salta y entró a Bolivia por Yacuiba. De ahí recorrió parte de Perú (Cusco incluido) y de la puna chilena, siempre por caminos no convencionales, hasta que cuando estaba parando en la Casa Ciclista Pingüi, de Uyuni, Bolivia, donde trabajaba vendiendo chocolates en la peatonal, se decretó la cuarentena.

Había estado en Uyuni desde el 4 hasta el 17 de marzo y el 18, decidido a regresar a su país comenzó un periplo de pesadilla que se inició tomando un bus desde Uyuni hasta Atocha (90 km), otro desde Atocha a Tupiza (110 km) y otro de Tupiza a Villazón (90 km), ya en la frontera entre Bolivia y Argentina.

He aquí su propio relato de cómo siguió esta inesperada aventura.


 

VOLVER A CASA ESTA VEZ NO FUE NADA FÁCIL

No fue fácil. Tomé tres buses en Perú, luego tres en Bolivia, para llegar a Villazón el 18 de marzo a las tres de la tarde, donde decidí cruzar a Argentina ese mismo día. Las fronteras se habían cerrado para los no residentes, por lo que no tuve problemas para cruzar, así que fui directo a La Quiaca, del otro lado de la frontera.

Odisea jujeña    

Después de un día de descansar en La Quiaca el encargado del hospedaje me echó porque tenía órdenes de cerrar el lugar por la cuarentena, así que ese mismo día me fui pedaleando hasta un pueblo llamado Tres Cruces, a unos 100 kilómetros.

En ese lugar, sobre la ruta, se encuentra un puesto de Gendarmería en donde uno de los siete gendarmes que estaban en el lugar me informó que no podían pasar, según el decreto “nosecuanto”, ni vehículos particulares ni peatones: “Vuelva a La Quiaca”, me largó. “Pero yo vengo de La Quiaca, de donde me echaron y no puedo volver —le dije. Pedaleé 100 kilómetros y son la cuatro de la tarde…” Pero nada conmovió al gendarme, que cerró la charla de sordos con un “no me interesa, andate de acá y bla bla bla…”

Completamente desorientado con respecto a qué hacer, decidí volver a La Quiaca, pero solo hice 10 kilómetros y acampé en una iglesia abandonada.

Al día siguiente seguí desandando camino hasta que llegué a otro pueblo, Abra Pampa, donde todas las personas con la que tomé contacto me trataron y miraron muy mal. Pero por suerte me enteré que a las 10 de la mañana saldría un bus hasta la capital jujeña, al cual logré subir. Eso sí, el chofer me advirtió de entrada: “Yo te dejo subir, pero si en el control de gendarmería de Tres Cruces te bajan no es tema mío.”

Esta vez tuve suerte. Esa mañana el gendarme estaba de buenas y ni siquiera tuve que rogarle para que me dejase pasar. Siguió el viaje, pasamos dos controles más sin problemas y luego de 200 y pico de kilómetros llegamos a San Salvador de Jujuy, la capital de la provincia. En la terminal fue una verdadera locura. No había casi pasajeros pero si muchos policías. Me pidieron que me identificase y me preguntaron de dónde venía y yo, sin saber mucho del problema, ingenuamente, le dije que de Perú. En un instante todo fue caos, se pusieron muy nerviosos, como locos, me decían que me fuera de inmediato de la terminal y de la provincia.

Así que me trepé a la bici y le metí unos 50 kilómetros hasta Pampa Blanca, un pueblo ubicado cerca de la frontera provincial con Salta. Armé mi carpa en un lavadero de camiones de una estación de servicio y a dormir.

Si no soy de Salta no hago falta

Al día siguiente, 22 de marzo, me dispuse a cruzar la frontera con Salta. Fue duro de verdad. En el puesto había seis policías y 10 gendarmes. Uno de ellos me soltó un “El país está así por gente como vos y bla bla bla.” Después de varios insultos decidieron llamar al fiscal jujeño, quien decidió que me fuese, en síntesis que pasaran el problema a Salta. Ese día, para alejarme lo más posible de ese lugar, pedaleé más de 110 kilómetros y acampé en un terreno con unas válvulas de gas sobre la ruta.

El lunes 23 de marzo arribé a Metán, Salta, luego de una jornada durísima, con tres pinchazos y mucho calor. Llegué al borde del pueblo, que estaba todo vallado con terraplenes y con una sola entrada, por la cual solo podían pasar los residentes. A duras penas conseguí que me vendieran dos latas de picadillo y me fui del pueblo para acampar en una estación de servicio cercana.

Al día siguiente mi suerte comenzó a cambiar. En un puesto caminero conseguí una especie de permiso para circular, un improvisado papel que decía que circulaba en bici…, pero con eso atravesé innumerables controles. Después de 140 kilómetros de pedal logre llegar a Rapelli, en la frontera provincial entre Salta y Santiago del Estero. Allí la policía caminera me dejó acampar atrás del puesto, ya que al pueblo solo entraban residentes. Cómo sería la cosa que tuve que darle plata a un policía para que me comprara algo de comida.

Santiago del Estero con regalos

El miércoles 25 de marzo fue mi día más duro en cuanto a mecánica. Solo logre meter 73 kilómetros. La rueda trasera se pinchó cuatro veces y descubrí que el eje trasero estaba roto. No quedaba más que reírme… Encima, a las seis de la tarde comenzó a lloviznar y no encontraba un sitio para acampar. Quedaban pocas horas de luz cuando a los lejos pude atisbar una casa abandonada. ¡Sí, un regalo del cielo!

Al día siguiente, debía comprar cámaras en La Banda, pero otra vez la misma historia: solo entraban residentes. Nuevamente le tuve que dar la plata a un policía para que me las comprase, ya que el pueblo estaba vallado con terraplenes y había una sola entrada.

El 27 fue día de regalos. Un camionero tucumano me regaló un desayuno, el dueño de un restaurante me dio pan, un kiosquero me dio un paquete de galletas y una lata de picadillo. También tuve la oportunidad de comprar gas butano para mi cocina.

El 28 de marzo fue un largo día de 140 kilómetros y al día siguiente llegué a los límites de mi provincia, Córdoba, después de meter 130 kilómetros.

Córdoba, mi casa

Al cruzar la frontera hubo sin embargo algunos sobresaltos, ya que después de pasar tres controles policiales no pude quedarme en el pueblo y tuve que meter otros 10 kilómetros para acampar en un santuario. Llegué a las 18.30, luego de diez horas y media de pura ruta…

El lunes 30 metí 110 kilómetros y terminé acampando en una gomería abandonada, a 15 kilómetros de un pueblo donde también solo podían entrar residentes. A las 10 de la noche empezó a llover y no paró hasta las seis de la mañana del día siguiente.

En la jornada siguiente  hice 40 kilómetros para llegar a la casa de Mariano, mi amigo y compañero de colegio secundario, por donde había pasado al principio de mi viaje, tres meses atrás. Me pegué una ducha, una afeitada y lavé la ropa. “Mañana sigo viaje —me dije—, solo faltan 20 kilómetros para volver a casa.”

Dicho y hecho, al día siguiente, 1 de abril, partí a las 8 de la mañana. Ya no tendré que pasar más controles, pensé…


mazuquin | Leandro mazuquin | leandromazuquin

Continua leyendo
Publicidad
Click para comentar

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cicloturismo

Ciclismo gravel por los más vertiginosos senderos de montaña

Publicado

el

David Cachón es un mountain biker profesional español que ha sido dos veces campeón mundial de MTB Trials, ha batido récords Guinness y actualmente se dedica a aventurarse en lugares extremos y contar sus historias en textos, fotos y videos. Aquí defiende a capa y espada las bicis gravel y en videos y fotos nos muestra de qué son capaces.

Una gravel… con suspensión

Poner rumbo a las montañas es fácil, pero encontrar la ruta perfecta para disfrutar al cien por ciento de una bicicleta gravel en un entorno escarpado y complicado, no lo es tanto. ¡Por suerte esta vez contaba con una ayuda extra! Hacia unas pocas semanas que había recibido en casa la nueva horquilla SR Suntour GVX, una horquilla dirigida al usuario de bicicletas gravel, todavía en fase de prototipo, pero esa es siempre la mejor excusa para poder darle caña a tope, sin miedo a que se rompa.

El destino: senderos épicos

Reconozco que tengo una obsesión. Nada malo, no penséis nada raro, se trata de apuntar en una libreta todos los sitios en los que me gustaría rodar en bicicleta y que me llaman la atención. Muchos de ellos los veo en televisión, revistas o internet… No tengo limites geográficos, de hecho cuanto más lejano sea el país y el lugar mejor. Pero hay algo que nunca deja de sorprenderme y es que en muchas ocasiones cerca de nuestros hogares, en las zonas en las que vivimos, tenemos lugares fantásticos y muchas veces realmente increíbles, pero que por la “normalización” que hacemos del entorno ya no llaman nuestra atención, pero igualmente son lugares flipantes.
Hace muchos años que le tenía echado el ojo a esta zona del Prepirineo. Por unas cosas u otras nunca había cuadrado todo para ir a explorar la zona de una forma concienzuda. Es lo que os comentaba antes que ocurre con los lugares que tenemos cerca de casa. Además el bueno de Kilian Bron (un rider al que respeto mucho) había hecho viral un video POV en esa zona, así que ya no tenía mucho sentido ir con mi bicicleta de montaña allí para tomar unos videos o unas fotografías. Pero si que lo tenía para hacerlo con una gravel. Todo sería mucho más puro, más preciso y por lo tanto mucho más peligroso. Un nuevo nivel de pilotaje al que la horquilla Suntour GVX me daría el acceso directo.
El Desfiladero de Monrebey, también llamado Congost de Mont-Rebei, es la frontera natural entre las regiones de Aragón y Cataluña, entre las comarcas de la Ribagorza y el Pallars Jussa. Sin duda alguna un lugar súper espectacular y simplemente único.
El entorno era perfecto, carreteras estrechas con un firme bastante desgastado y bacheado, infinitas pistas de tierra que confluyen en todas las direcciones y unos senderos ultra técnicos que ponen a prueba tu destreza, vértigo y equilibrio. ¡Es perfecto!

¿Por qué una horquilla de suspensión para gravel?

Yo siempre he defendido que soy un amante de la bicicleta y de todas sus modalidades. Los que me conocéis lo sabéis muy bien. Me encanta la bicicleta, trato de practicar todas las disciplinas posibles y aprender de todas y cada una de ellas.
Me gusta el ciclismo de carretera, me gusta pedalear, me gusta el XC… pero hace algunos años en un viaje por Alemania descubrí el gravel. Me encantó ese concepto. Un mundo nuevo se abrió ante mí, ya que había atravesado una temporada cargada de “sustos” y pequeños incidentes que me ocurrían cada vez que salía con mi bicicleta de carretera. Es muy frustrante saber que tienes un accidente por culpa de un conductor que no respeta las normas, que odia a los ciclistas o que simplemente no está en condiciones de conducir un coche.
Por otro lado, la bicicleta de XC nunca ha tenido mucho sentido para mí. Que nadie me mal interprete, adoro esa modalidad, pero para un tipo como yo y con mi estilo sobre la bicicleta el XC puede ser sustituido fácilmente por el gravel o dar un paso más y llegar al All Mountain. Son modalidades que para mi entender navegan a orillas de tus preferencias, estilos y formas de ver la bicicleta. Para alguien que piense en competir es perfecto, pero para mí, que hace muchos años que busco otra serie de experiencias y sensaciones sobre la bicicleta, ha sido sustituido por las bicicletas gravel.
Llegados a este punto queda claro que la bicicleta de gravel me ofrece una polivalencia total y me permite hacer lo mismo que haría con una bicicleta de XC: pistas, caminos, senderos…, pero tal vez si la situación se complica puedo volver por carretera o incluso gracias a su calidad rodadora hacer unos kilómetros extra de forma más fácil.
Tan solo le encontraba una pega al ciclismo de gravel. El dolor que me dejaba en las muñecas, codos y hombros cuando hacía una larga salida con ella. Si quieres ir por caminos exigentes, son muchos los impactos que tu cuerpo absorberá a lo largo de los kilómetros, miles de micro impactos que van directamente a tus articulaciones, huesos, tendones, músculos…, lo que finalmente se transforma en inflamación, entumecimiento y un par de días con dolores articulares. Al menos a mí me ocurría, a pesar de ser un jovenzuelo de 43 años…

Un nuevo nivel de pilotaje

Cuando los chicos de Suntour me dijeron que estaban pensando en diseñar una horquilla de suspensión para gravel me pareció simplemente alucinante. Era exactamente lo que necesitaba, algo que amortiguara todos esos impactos. Cuando recibí la horquilla y la probé en mi bicicleta pude comprobar que se trataba de una de las mejores ideas de los últimos años. Lo digo de verdad, me encantó. No solo me evitaba el desagradable dolor en las articulaciones, sino que mi nivel de pilotaje en zonas técnicas había aumentado a un nuevo nivel gracias a la nueva horquilla. ¡¡Joder, ha sido genial!
Las zonas rotas, con baches o incluso raíces, dejan de ser un obstáculo complicado para simplemente ser una irregularidad del terreno que la GVX absorbe con facilidad. En una bicicleta tan rígida y con las ruedas tan finas (comparadas con una MTB), es vital que la rueda se mantenga pegada al terreno para garantizar el control y la estabilidad.
Un nuevo nivel ha llegado a la era del Gravel!!!!
Nos vemos en los senderos amigos.

Texto & Riding: @david_cachon
Fotografía & Film: David Ponce
Edición video: Alberto Porras

Continua leyendo

Cicloturismo

Un día en bicicleta por el Valle del Manso, un retazo patagónico del paraíso

Publicado

el

La zona del Manso es un profundo valle de cordillera ubicado entre Bariloche y El Bolsón. Jime y Andrés, de La Vida de Viaje, pedalearon un sendero de 20 kilómetros que va paralelo al Manso, uno de los ríos más lindos y caudalosos de la región. Este es su diario de viaje.

Pienso en lo que más me llamó la atención del camino del Valle del Manso y se me vienen fragmentos a la mente: la ruta, seca y áspera, pero con un tinte húmedo por el bosque y las montañas a los costados. El río, caudaloso y a la vez suave, que por momentos es azul y por momentos verde. Los árboles y sus especies que quiero llevar conmigo: la lenga, el ñire, el coihue, el ciprés, el maitén. Los pájaros que vuelan en el sentido contrario al que vamos, pájaros que no escucho porque el motor de la camioneta tapa ese fino contacto que puedo tener con el mundo exterior. Por eso, cuando estoy en la naturaleza, elijo la bicicleta: es mi manera de recordar no en fragmentos, sino en modo panorámico.
Estacionamos, bajamos las bicicletas, comemos pizza fría de ayer mientras cebamos mate, cruzamos la primera pasarela y empezamos a pedalear. Esa transición de movimientos entre lo pasivo de la camioneta y lo activo de la bicicleta es muy parecida a la sensación de sacarle el papel a ese chocolate que te encanta, y que te da placer y ansiedad a la vez. Esto lo sentimos siempre, sea el camino que sea. Será la incertidumbre de lo nuevo, la adrenalina de lo distinto, o hasta quizá una señal de que lo que estamos por hacer nos hace sentir muy bien.
No tengo un anotador encima y peco de ser una persona con poca memoria. Por eso agarro el celular y empiezo a enumerar la sutileza del paisaje que miro:

nubes cirros rasgando el cielo
bosquecitos en la cima de las montañas
la pared de piedra del cerro que bordeamos
teros que cantan y ovejas que corren
vacas que mastican y que no me sacan los ojos de encima
una perra que me lame las piernas mientras mueve la cola
una familia de bandurrias picoteando el pasto verde
grillos sonando cerca y lejos
los reflejos del río sobre los troncos de los árboles
el brillo de la luz del sol sobre el agua

Freno para esperar a Andrés y dejo la bici a un lado para tocar la textura de las hojas y de las flores. Es un hábito que empecé a incorporar desde que decidí involucrarme con la naturaleza. Porque si no la toco, ¿cómo la describo después? Si no la huelo, ¿cómo puedo saber a qué se parece? Si no me detengo, ¿cómo construyo un vínculo con ella? Cuando lo hago una distancia se rompe y una unión, breve y contemplativa, nace.
La senda se achica y se agranda. A veces es de tierra y otras veces de piedras. Es nítida, pero cada tanto desaparece entre hojas y ramas. Se interrumpe por pastos inundados, arroyos que parecen ríos y árboles caídos que tenemos que esquivar. Es llana y también inclinada. La senda no es recta: subimos y bajamos, pedaleamos y caminamos, abrimos y cerramos tranqueras.
Cada tanto paramos a descansar: comemos unas bananas, tomamos agua fresca, disfrutamos de la quietud del camino. Porque si bien estamos acá para estar en movimiento, son estos momentos de reposo donde el paisaje se vuelve tranquilo, manso. Por algo este lugar debe llevar ese nombre.
Llegamos a la última pasarela. Eso quiere decir que hasta acá pedaleamos 20 kilómetros. En horas habrán sido cuatro entre las paradas, las fotos, la filmación, las anotaciones. Y me encanta pensar en esto ahora porque durante el camino no se me ocurrió contabilizar ni el tiempo ni la distancia. A veces los números se vuelven fugitivos y lo único que queda es un momentum donde lo que tiene sentido es el movimiento y el paisaje en sí mismo.
La imagen del Valle del Manso se fue completando como un gran rompecabezas que empezó con fragmentos muteados y que termina con retratos vivos. Mientras volvemos por la ruta principal, el sol se esconde detrás de un cerro y me llevo la experiencia que a mí me gusta: en modo panorámico y con los sentidos latiendo.

Ficha de ruta
Kilómetros: 42 (ida: 20 km de sendero / vuelta: 22 km de ripio por Ruta Provincial 83).
Lugar: Río Negro, Argentina.
Tipo de recorrido: circular.
Rutas: Ruta Provincial 83 y sendero de montaña.
Itinerario: el sendero arranca en la primera pasarela que se conoce como “Paso Andrade” (sobre la -RP 83, a 11.5 km de la RN 40) y termina en la última pasarela llamada “Paso Jones” a la altura del -Camping: La Pasarela de El Manso.
Tiempo aproximado: 6/7 horas en total
Alturas:
Inicio: 472 msnm
Punto más alto: 560 msnm
Fin: 472 msnm
Desnivel acumulado: +390 m / -390 m

 

TEXTOS: Jimena Sánchez | FOTOS: Andrés Calla | lavidadeviaje.com | https://www.instagram.com/lavidadeviaje/

Continua leyendo

Cicloturismo

Cicloturismo, una alternativa sustentable para la post pandemia

Publicado

el

Mientras que la industria del turismo tiene que luchar durante el epílogo de la pandemia con las estrategias de apertura, las normas de higiene y la capacidad de las camas para garantizar a los huéspedes vacaciones seguras, las cifras de la demanda de bicicletas y sus nuevas formas de moda (gravel, ebikes, cargo, etcétera) llega a las nubes. Como interfaz entre los dos sectores (turismo y bicicletas), el cicloturismo se beneficia especialmente a nivel local. Desde el advenimiento de las restricciones de viaje impuestas por la pandemia, si no antes, las vacaciones en las cercanías se han convertido en una megatendencia global.

De esta tendencia nos habla en las siguientes líneas el Licenciado en Turismo Ezequiel Romagnoli.

Foto: Mark Stosberg en Unsplash 

 

Del viaje turístico tradicional al viaje de cercanía

Por Ezequiel Romagnoli

El desarrollo del turismo se encuentra condicionado por la evolución de la pandemia mundial, no sólo por las restricciones dictaminadas por los diversos estados en pos de contenerla, sino también por el miedo y la incertidumbre de los viajeros ante esta situación.

En este contexto, diversos estudios y especialistas proyectan un cambio en los hábitos de los turistas, quienes, paulatinamente, irán migrando de un paradigma de viaje tradicional (visitas a grandes urbes, con largas estadías) a uno caracterizado por viajes de cercanía, en entornos naturales y de corta duración pero con mayor frecuencia, que permita ajustar el itinerario a la compleja realidad económica de cada individuo*.

Encuestas realizadas por booking.com** en enero del 2021 reflejan una tendencia global que se repite en nuestro país: el turismo lidera la lista de prioridades post-pandemia de las personas (el 69% de los argentinos relevados cree que es más importante viajar ahora que antes de la pandemia). Por otra parte, existe un consenso en el debate sobre la recuperación del volumen de turistas, el cual sostiene que la actividad se recuperará primero a nivel doméstico y luego a nivel internacional.
Dentro de esta crisis, surge la posibilidad de potenciar una modalidad de turismo local y sustentable, con un público cada vez mayor y que, sobre todo, continuará con esta tendencia debido a que se amolda al nuevo perfil del público: el cicloturismo. No son pocos los estados que consideran esta modalidad y que ya están promocionando e invirtiendo en ella con vistas al turismo post pandemia. Algunos ejemplos relevantes que podemos mencionar son:

-La aprobación del presupuesto por parte del gobierno croata para destinar cerca de 650 mil dólares a la financiación de proyectos privados relacionados al cicloturismo.

-El Primer Foro de Cicloturismo de Euskadi (presentado por su consejero en Turismo, Comercio y Consumo), en pos de promocionar las rutas verdes, coordinar acciones y esfuerzos con profesionales del sector turístico, hotelero y de la industria del ciclismo, entre otras.

-La FITUR (Feria Internacional de Turismo), donde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de dicho país expuso sobre la red de caminos naturales, con el objetivo de promover el cicloturismo.

-La International Research Conference, que reunió a profesionales e investigadores de diversas disciplinas en París para debatir sobre la actualidad y el desarrollo del cicloturismo.

-La Conferencia de Cicloturismo y Eurovelo (red de ciclovías transfronteriza europea de más de 90.000 km de longitud) que se realizará en octubre de este año en Barcelona.

Como actividad, el cicloturismo repercute positivamente en el aprovechamiento de espacios en desuso, la puesta en valor del patrimonio histórico y natural, contribuye a la distribución de flujo de turistas hacia zonas que menos visitas reciben y a la desestacionalización de los destinos.

También posee la cualidad de ser una actividad de bajo impacto ambiental, al no generar emisiones de carbono y, sobre todo, al concientizar y promover buenas prácticas en los entornos naturales.

En resumen, la evolución del cicloturismo sigue los lineamientos del desarrollo sustentable, equilibrado y contribuye al crecimiento económico de las comunidades locales.

Es cuestión de tiempo para que en nuestro país se identifique esta posibilidad y, llegado ese momento, serán los sectores público-privados junto a las comunidades quienes deberán trabajar en conjunto para instalar la oferta. Generar nuevas experiencias y atractivos será el desafío para el turismo post pandemia, y aquellas localidades que apuesten primero por el cicloturismo serán las que cuenten con ventaja en el campo de los destinos innovadores.

 

Ezequiel Romagnoli es Licenciado en Turismo y actualmente está enfocado en la gestión y planificación de actividades sustentables. Contacto: ezequiel.romagnoli@gmail.com

* https://www.booking.com/articles/impact-awakening-the-rise-of-responsible-travel.xa.html

** https://www.impulsonegocios.com/el-turismo-lidera-la-lista-de-prioridades-post-pandemia-para-argentinos

Continua leyendo

Cicloturismo

Mariano Lorefice te invita a participar gratuitamente de una travesía en formato bikepacking desde El Calafate a Ushuaia

Publicado

el

La travesía en solitario y con alforjas que hiciera Mariano Lorefice en marzo/abril de este año desde La Quiaca a Ushuaia por la ruta 40 (Pedaleando por la vida 2021) tuvo como objetivo realizar una acción en concreto a favor del medio ambiente en conjunto con la ONG internacional One Tree Planted, de manera que quienes quisieran pudieran contribuir activamente y sumarse al proyecto con una donación en https://forest-fundraiser.raisely.com/mariano-lorefice, dinero que será destinado para reforestar la selva del Amazonas. En agradecimiento a esa colaboración, que aun puede hacerse, Lorefice invitó en su momento a todos los donantes a ser parte de manera gratuita de una nueva travesía que se realizará en diciembre de este 2021 desde El Calafate a Ushuaia, disfrutando de su vasta experiencia como guía de mountain bike. “Hace un tiempo crucé el Amazonas y con mucha tristeza puede ver como quemaban la selva para deforestar. Siempre realicé campañas, promoví el uso de la bicicleta y el cuidado de la naturaleza pero, en esta ocasión, colaboraré activamente con un programa de reforestación”, cuenta Lorefice, en relación a su alianza con la ONG One Tree Planted.
El asunto es que la hora del premio se aproxima. Mariano nos ha confirmado que el mes de diciembre estará guiando gratuitamente el viaje prometido en la modalidad bikepacking, desde El Calafate hasta Ushuaia.
La propuesta está abierta a todos los que quieran participar y deseen hacer una donación voluntaria (desde 2 dólares o 300 pesos), para la campaña de reforestación en la que se involucró y promocionó.
El que sigue es el mapa del recorrido de esa travesía.

“En 1986 —rememora Mariano— hice mi primera travesía de aventura por la Patagonia. En 1989 pedaleé por primera vez a Ushuaia y desde entonces regresé muchas veces, solo o con otros ciclistas, como guía. Ushuaia también fue el punto final de mis campañas ecológicas, así que es un lugar mágico para mí. Por eso hoy quiero invitarte a pedalear juntos en mi nueva aventura, disfrutando de la modalidad bikepacking, con alforjas, por nuestra salud y la del planeta.”

En resumen, he aquí lo que ofrece Mariano a los que lo acompañen en esta mágica pedaleada:
➡Fecha y lugar: 17/12/2021 al 02/01/2022. Recorrido entre El Calafate y Ushuaia, Patagonia argentina y chilena. También es posible realizar solamente algún tramo.
➡Distancia: 1150 km en 16 etapas, pedaleando a ritmo lento, para disfrutar del paisaje.
➡Costo: mínimo dos árboles (2 dólares estadounidenses) donados a la ONG One Tree Planted para reforestar el Amazonas. Si tu donación es mayor ¡tendremos más árboles!
➡¿Qué necesitás?: Tu bici equipada para el viaje (carpa incluida), pasajes, alojamiento y comida.
➡¿Qué te ofrezco?: gratuitamente, mis servicios y experiencia como guía, vehículo de apoyo (para casos de emergencia) y la posibilidad de, a través de tu donación, hacer un planeta mejor para todos. “¡Te espero!”, afirma finalmente Mariano.

 

Instagram @mariano.lorefice | marianolorefice@yahoo.com | Whatsapp +39 3331098573

Continua leyendo

Más Leídas