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Reflexiones en dos ruedas

Se puede vivir en la carretera

Luis Rodrigo Ibarra Santoyo (26) y Pablo Enrique Cisneros (23) son dos mexicanos que residen en Aguascalientes y se preparan para emprender, el 20 de septiembre, un viaje en bicicleta hasta la ciudad peruana de Cusco. Les acercamos un relato que describe qué los movió a realizar esta aventura y los proyectos relacionados con el viaje.

por Luis Rodrigo Ibarra Santoyo

No suelo tomar muchas decisiones sobre mi futuro, en general me considero una hoja al viento. Sin embargo, algunas de mis decisiones terminan por ser contundentes y aunque sigo pensando que lo que me mueve es el viento y la atracción de la luna, algunas de mis decisiones terminan por encausar mis pasos.
Cuando tenía seis años decidí que jamás memorizaría el alfabeto en su orden clásico. Conocía las letras pero creía inútil y tedioso memorizar su orden. Me aferré a esa idea y logré ser un ignorante del orden del abecedario hasta entrar a la universidad. Hoy en día conozco el orden de las letras pero tengo que admitir que aun me cuesta trabajo recitar el abecedario.
A los 18 años tomé una serie de decisiones importantes sobre mi vida. La primera fue viajar cada vez que tuviese la más mínima posibilidad de hacerlo, la segunda fue abanderar toda clase de “causas perdidas”: desde evitar el maltrato animal hasta luchar por los ideales más revolucionarios de nuestra época. Lo que ahora a los 26 años me ha llevado a tomar una nueva decisión grande y contundente: viajaré desde Aguascalientes, México, hasta Cusco, Perú, en bicicleta. ¿Por qué?: porque se me da la gana, porque la vida se puede apreciar de otra forma cuando se viaja, porque quiero aprender todo lo que el camino me puede enseñar pero sobretodo porque se puede.
Pero seamos congruentes, el motor de mi vida se relaciona con las causas perdidas y con el afán de aprender todo lo que pueda mientras camino (o pedaleo), así que mientras recorro las carreteras de América (porque América es un continente y no un país) acompañado por mi amigo Pablo, abanderaremos la lucha por los derechos de las personas migrantes que sufren todo tipo de atropellos al abandonar su país de origen; apegándonos de esta manera a la campaña Paso Migratorio de Amnistía Internacional. Cada vez que exista la ocasión compilaremos historias relacionadas con la migración y sus desventuras. A la vez, trataremos de aprender cada aspecto de la agricultura tradicional y de subsistencia, en pro de la ecología y el campesinado y, claro está, en contra de los monopolios agrícolas y las prácticas que deterioran el campo y empobrecen a los campesinos. La intención inicial era la de realizar un documental sobre los procesos que relacionan el campo y la migración, pero si no logramos esta meta, al menos documentaremos con otras herramientas (documentos pdf, blogs, ponencias, etcétera) dichos procesos y los pondremos a disposición en las redes sociales.
Recorreremos 9000 kilómetros en bicicleta durante siete meses, no sólo porque somos idealistas sino porque estamos convencidos de que se puede vivir en la carretera. Dejaremos la comodidad de la vida cotidiana atrás. Creemos que vale soñar con algo distinto a tener casa, coche y familia y confiamos que podemos demostrar que se puede dejar todo atrás y recorrer países en bicicleta. Reduciremos nuestras necesidades al mínimo. Adiós a la renta, a internet, al agua caliente, a la cama y a otros servicios. Adiós al salario quincenal que sólo rinde 10 días y a las ataduras del confort.
El precio de la libertad no es alto, basta con tener una bicicleta y un sueño.

Para seguir este proyecto virtualmente, acompañarlos en algún trayecto o conocerlos: ir.amnistia.mx/Ruta

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Fotografía: Ricardo Ledesma

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Ciclismo urbano

Calles salvajes: “Hoy quisieron matarme”

Tengo 21 años, desde hace más de 10 que me manejo con bastante autonomía por la ciudad. A los 9 o 10 años empecé a ir a la escuela en bicicleta, vivía en Baigorria. Cuando empecé la secundaria me empecé a mover en colectivo por un tema de distancia y tuve a la bici bastante abandonada, hasta que me mudé a Rosario.
Al poco tiempo de mudarme la bici se hizo una parte fundamental de mí, no sólo para trasladarme sino para trabajar. Recorrí diversas “plataformas” de envíos a domicilio y después empecé a hacer bicimensajería por mi cuenta. El último gran cambio que hice fue meterme en la mecánica de bicicletas, que es mi trabajo actual.
Moverse en bicicleta en la ciudad es algo que puede ser fantástico, y este año, entre la pandemia y los meses donde no hubo transporte urbano, esto se evidenció fuertemente. Rápidamente la municipalidad de Rosario dispuso nuevas bicisendas en las principales avenidas de la ciudad (un reclamo que se venía haciendo desde hace mucho).
Pero pese a todos los avances que hubo (principal y casi únicamente más bicisendas), andar en bici por la ciudad sigue siendo un desafío. Podría nombrar de memoria diversos lugares específicos donde por un diseño mediocre y hasta diría negligente, la nueva infraestructura ciclística genera más problemas que soluciones. Desde la esquina de Entre Ríos y Córdoba, donde por culpa de taxis, patrulleros y autos particulares mal estacionados, los colectivos siempre se terminan subiendo a la bicisenda, o la bicisenda de Avenida Pellegrini, por donde constantemente las motos circulan a alta velocidad.
Hoy me tocó vivir un par de situaciones de riesgo. Venía por la bicisenda de Avenida Ovidio Lagos al 4000, una camioneta dobló a la izquierda sin el guiño y sin mirar y estuve a centímetros de terminar abajo. Un par de cuadras más al norte, otra camioneta, esperando para doblar a la izquierda, nuevamente sin el guiño y completamente cruzada sobre la bicisenda. La pude esquivar por la derecha y al pasar golpeé en la parte trasera de la chata para hacerle saber que estaba haciendo todo mal. Avancé unos metros, miré para atrás, la camioneta puso reversa en el medio de la avenida y encaró para mi lado. Seguí avanzando y para poder tomar más distancia pasé un semáforo en rojo. La camioneta hizo lo mismo, pasó el semáforo en rojo, adelantando a los demás autos por la derecha. Me alcanzó. La tenía a centímetros atrás mío. Sentía como aceleraba y clavaba los frenos justo antes de tocarme. No sabía si la contaba. El escenario de ser atropellado cada vez era más real y cercano. Doblé en contramano a la derecha. La camioneta también dobló en contramano. Ya estaba, no le importaba nada. Vi un garaje abierto, un taller mecánico, me metí. No había nadie, pegue unos gritos, no salía nadie. Por suerte aparecieron unos vecinos que habían visto toda la secuencia y se quedaron un rato conmigo. Nunca me temblaron tanto las piernas.
No sé cuál es la solución pero tengo en claro cual es el principal problema. Ningún ciclista puede estar seguro en la calle mientras haya gente arriba de un auto con este tipo de actitudes negligentes y en algunos casos criminales. Y al estado parece no importarle. ¿Cuándo fue la última vez que escucharon de una multa por no usar el guiño? ¿Alguna vez vieron cómo multaban a una moto por ir por la bicisenda?
Es incontable la cantidad de veces que sufrí en carne propia la negligencia, impunidad y violencia por parte de automovilistas. Ya me cansé. Me cansé de pedir las cosas bien, me cansé de decir amablemente (o no tanto) “poné el guiño”, me cansé de que me manden a la mierda después de eso, que me amenacen de muerte o que me digan que en la esquina se bajan y me cagan a piñas. Si vas a poner en riesgo mi vida por no usar el guiño o no mirar los espejos y encima ni siquiera vas a pedir disculpas o aceptar tu error, si creés que no merezco circular en la misma calle por la que lo haces vos, no esperes que reaccione amablemente, se acabó, podes despedirte del guiño o del espejito que no usás. No te preocupes, eso se puede volver a comprar, y si existiera una multa debería ser bastante más cara.
¿Los ciclistas a veces hacemos cosas incorrectas? Solo puedo hablar desde mi lugar, y sí, paso semáforos en rojo a diario entre otras cosas, pero con la certeza de que jamás puse en riesgo la vida de nadie, ni siquiera la mía, y muchísimo menos a propósito.
Si un día me muero en un “accidente” probablemente sea abajo de una Hilux último modelo con todos los papeles al día.

Julian Casiello: juliancasiello@gmail.com

Foto: @bicipaladin

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Reflexiones en dos ruedas

Enfermedad y deporte: “Mi debilidad se transformó en mi fortaleza“

Una enfermedad discapacitante ayudó al protagonista de esta nota a convertirse en un deportista full time de las dos ruedas, a las que llegó luego de tener que abandonar el béisbol, su deporte de origen, como consecuencia de su enfermedad. (más…)

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Reflexiones en dos ruedas

Según las Naciones Unidas hoy es el Día de la Bicicleta

Durante el mes de abril del año 2018 la Organización de las Naciones Unidas decidió proclamar al 3 de junio como el Día Mundial de la Bicicleta, reconociendo en sus considerandos los múltiples beneficios que trae la bicicleta a la humanidad y en particular “la singularidad, la longevidad y la versatilidad de la bicicleta, que lleva en uso dos siglos y que constituye un medio de transporte sostenible, sencillo, asequible, fiable, limpio y ecológico que contribuye a la gestión ambiental y beneficia la salud”.
La Organización de las Naciones Unidas asigna días internacionales con la intención de “sensibilizar al público en general sobre temas de gran interés, tales como los derechos humanos, el desarrollo sostenible o la salud. Al mismo tiempo, pretenden llamar la atención de los medios de comunicación y los gobiernos para dar a conocer problemas sin resolver que precisan la puesta en marcha de medidas políticas concretas”.
En fin, ya había un día mundial de la bici, cuya fecha, el 19 de abril, fue elegida por los propios ciclistas hace décadas, cosa que a la ONU parece no importarle. Igualmente, en buena hora, gracias por la gentileza y ¡chin chin por la bici, hermosa!

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Ciclismo urbano

Sí, digámoslo, en Argentina el coronavirus le salva la vida a 20 personas por día

Cambiar el paisaje urbano, con más gente en bici y caminando que en auto, ya no hay que imaginarlo, lo hemos constatado. Todos nosotros hemos cruzado durante estos días una calle o avenida por cualquier lugar, todo nosotros hemos visto en algún momento arterias desiertas, semáforos inútiles, pasos de cebra en desuso.
Y también hemos podido constatar que en Argentina la fatídica cifra de unos 20 muertos por día en accidentes de tránsito ha descendido prácticamente a cero. El coronavirus ha matado a mucha gente, pero “gracias a él”, al haber tan pocos autos en las calles, en este mes que lleva la pandemia, unas 600 vidas se han salvado y unas miles de personas no han quedado lisiadas de por vida tras ser parte de un “accidente de tránsito”.
Puede que el dato parezca banal y que el razonamiento capcioso, pero no lo es. Los muertos por coronavirus en este mes no llegan a 100, mientras que los que han salvado su vida por que el coronavirus ha restringido la presencia de automóviles en las calles son cerca de 600 y miles los que se han salvado de quedar con secuelas.
¿Nos quedará como saldo algún aprendizaje social, cultural y político de esto? ¿Aprenderemos ahora que los miles de muertos por año por causa del tránsito automotor son por causa de una pandemia? ¿No será que hay que restringir drásticamente y para siempre la circulación de automóviles en las ciudades? ¿No será esta la gran oportunidad? ¿O los 100 muertos por coronavirus de este mes son más importantes que los 600 que hubieran muerto por “accidentes”?
En fin, para reflexionar.

Por Mario García

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Edición Digital

Nº 311

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