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Ciclismo urbano

Seguridad vial: qué modelo seguir

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En Latinoamérica y en países del norte europeo, como Dinamarca u Holanda, existen diferentes modos de entender la cuestión vial. Veamos los puntos claves y cómo se inserta el ciclismo urbano en ellos, así como también la prevención de siniestros.
Por Martín Lehmann*

Una de las polémicas más grandes en torno a la bicicleta es el uso del casco. Hay quienes están a favor y quienes están en contra, ambos con sus motivos y fundamentos. Pero es importante darnos cuenta de que la discusión de fondo en realidad no es esta. Lo que se debate es el concepto que cada grupo tiene sobre la seguridad vial.
Podemos dividir la teoría de la seguridad para los ciclistas urbanos en dos modelos: el que busca adaptar la bicicleta a las normas actuales y el que quiere adaptar las normas actuales a la bicicleta. No es la intención de esta nota promover uno de estos modelos y desalentar el otro. El objetivo es poner en evidencia que existe una marcada diferencia entre ellos, aunque ambos persiguen una misma meta: cuidar la vida de los ciclistas urbanos.
En general en Latinoamérica prevalece la idea de que la bicicleta se tiene que adaptar a las condiciones que propone el tránsito automotor. De esta forma, la bici tiene que hacerse lugar entre normas e infraestructura de tránsito que por décadas fueron desarrolladas para el automóvil. De ahí que al que anda en bicicleta se le impone respetar los semáforos, no circular a contramano, usar indumentaria visible y casco. Se acepta la idea de que quien anda en bici lo hace dentro de un entorno de alto riesgo.
En el otro extremo nos encontramos con la forma de encarar la seguridad vial en países del norte europeo como Dinamarca u Holanda, donde el uso del casco en las ciudades es una rareza, actualmente hay una quita progresiva de semáforos y además se penaliza fuertemente la imprudencia al volante del automovilista. A diferencia del primero, este modelo hace énfasis en crear un entorno de bajo riesgo, poniendo a la bici como la segunda manera más natural de moverse luego de caminar.
Elegir un modelo u otro definirá cuánto y de qué manera avanzaremos hacia una ciudad llena de bicicletas. En nuestra región las autoridades muestran un favoritismo notorio por la primera forma de entender la seguridad vial. Tal vez porque aún la industria automotriz tiene un gran peso en las decisiones políticas, son muy pocos los que se proponen replantearla. Y con esto no me refiero a ir contra los autos, sino a reformular el rol y el espacio que se les da en las ciudades.
Es interesante ver que los problemas para ambas concepciones son los mismos. Por eso vamos a enumerar los más comunes y a ver cómo resuelve cada modelo las mismas situaciones.

1. Cuestión de peso
Si analizamos que un auto pesa generalmente por arriba de una tonelada y una bicicleta urbana alrededor de 15 kilos, nos damos cuenta que compartir una misma vía requiere que ambos tengan una excelente relación, evitando el más mínimo incidente. Esto ocurre acá y en cualquier parte del mundo pero, como decía anteriormente, la forma de encarar la seguridad es diferente.
En nuestro país, por ejemplo, se hace hincapié en que el ciclista sea muy visible, sugiriéndole usar indumentaria clara (hasta incluso chalecos reflectivos) y llevar sí o sí un casco en la cabeza. Se instalan ciclovías en las calles, pero generalmente pobres en su calidad y planificación, por lo cual no logran ser del todo eficientes.
En otros lugares del mundo se trabaja primero fuertemente en una cultura de responsabilidad de quien maneja el vehículo pesado, haciéndole saber al conductor la responsabilidad que eso conlleva y dejándole muy en claro las penalidades por poner en riesgo a peatones o ciclistas. También se instalan ciclovías, pero éstas son desarrolladas con la misma calidad y planificación que el resto de las calles. Además, no solo se utiliza la segregación del tránsito como recurso, sino que se fomentan áreas de convivencia como las “zonas 30”, donde se limita y controla con rigurosidad la velocidad máxima. Eso no significa que el ciclista puede hacer lo que quiere, sino que se le facilitan las cosas para que elegir la bici sea algo más atractivo.

2. Semáforos, esa antigüedad
En cualquier gran ciudad resulta extraño encontrar una esquina sin semáforos. Es que este objeto ya está tan instalado en el mobiliario y la cultura urbana que es raro no verlo. Sin embargo no siempre fue así. Su aparición y uso masivo comenzó con el crecimiento de la industria automotriz. De hecho el primer semáforo automático fue patentado en 1917 en Estados Unidos. Mucho tiempo antes de eso circulaban cientos de bicicletas por el mundo e interactuaban sin mayores problemas con los peatones.
Acá tenemos otro ejemplo de cómo se diferencian los estilos de seguridad vial. Frente a los semáforos nuestro estilo intenta seguir reteniendo a las bicicletas dentro de un esquema pensado para evitar el choque de autos, obligando a todos, incluidos ciclistas y peatones, a respetar la luz roja (que, repito, fue creada exclusivamente para los autos).
Del otro lado, en ciudades como Áms-terdam ya están yendo en el sentido contrario al quitar algunos semáforos de esquinas céntricas. A priori puede sonar como una locura y un presagio de que se avecina una seguidilla de choques. Pero es todo lo contrario. La ausencia de los semáforos obliga a las personas a retomar el contacto visual, aminorar la marcha y negociar el momento de paso. Además, se logra un tránsito más fluido porque todos bajan la velocidad pero nunca llegan a detenerse por completo.

3. Casco sí, casco no
La discusión estrella es la del uso del casco. Este es uno de los temas donde queda más evidente la diferencia de modelos acerca de la seguridad vial. Estamos hablando del uso del casco respecto al ciclismo urbano. Su uso en la actividad deportiva lógicamente no merece oposición ni polémica.
Se parte de una certeza compartida: el casco previene lesiones ante una caída. A partir de ahí se empieza a dividir la cosa.
La idea más difundida por estas latitudes es la del casco obligatorio, decisión muchas veces fundamentada en la falsa creencia de pensar que el casco nos brinda seguridad activa, es decir, nos protege mientras andamos en bici. No es así. La gente no circula más segura en bici por usar casco. Éste accesorio es un elemento de seguridad pasiva: solamente sirve al momento de un golpe en la cabeza. Existe también la idea fantasiosa de que los cascos de bicicleta pueden ser efectivos en cualquier incidente vial, cuando según los propios fabricantes estos ofrecen protección en casos de impactos a menos de 20 kilómetros por hora. Una caída practicando mountain bike o entrenando en un circuito son situaciones en que el casco evitaría o reduciría lesiones. Pero pensar que puede actuar de igual manera al ser atropellados a 60 kilómetros por hora por un auto es poco real.
Si miramos el otro modelo, no es obligatorio su uso ya que se considera mucho más importante trabajar sobre la seguridad activa y la prevención. Es decir, evitar que el accidente llegue a darse. Los que sostienen esta forma de ver las cosas también dicen que la obligatoriedad del casco desalienta el uso de la bici y reduce la cantidad de personas que la eligen.
De ninguna manera quiero desaconsejar el uso del casco. Quiero dejar en claro que es un accesorio útil pero no infalible y que debemos tener cuidado con la actitud recurrente de nuestros gobiernos de desentenderse de crear calles seguras porque la gente está obligada a llevar un casco “mágico” en la cabeza.

Estos son solo algunos ejemplos con los cuales podemos distinguir fácilmente las dos diferentes formas de buscar la seguridad vial ante los mismos problemas. No pretendo que digamos que uno es acertado y el otro no. Pero es para analizar la gran popularidad que han ganado las bicicletas en ciudades como Copenhague y Ámsterdam durante las últimas décadas. Podríamos decir que el estilo que adoptaron por allá les ha dado muy buenos resultados. Entonces deberíamos plantearnos si acá estamos yendo en la dirección correcta o podríamos buscar la forma de mejorar nuestra seguridad vial copiando algunas medidas ya probadas en los modelos más exitosos. El tiempo dirá si la brecha que separa ambos estilos se mantendrá, se contraerá o se terminará expandiendo.

*Periodista y guía de ciclismo urbano en eventos turísticos y corporativos. @tincholehmann, tincholehmann.com.ar

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Sumate a la «Marea Azul»

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Sumate a la Bicicleteada «Marea Azul», que se realizará el próximo jueves 2 de abril de 2026 en conmemoración por el Día Mundial de la Concientización del Autismo.

Este evento, organizado por TGD Padres TEA Grupo Promotor y Empujando Límites, propone una jornada de visibilización y encuentro familiar sobre ruedas por las calles de la Ciudad de Buenos Aires.

Detalles del evento

La convocatoria es abierta, de carácter libre y gratuito, y no requiere inscripción previa. Los participantes pueden acercarse directamente al punto de encuentro o sumarse a lo largo del trayecto.

  • 📅 Fecha: Jueves 2 de Abril de 2026.
  • 📍 Punto de encuentro: El Planetario.
  • 🕑 Horario de encuentro: 14:00 h.
  • 🚲 Horario de salida: 14:30 h.
  • 🗺️ Recorrido: Av. Sarmiento – Av. del Libertador – Cerrito – Obelisco – Plaza del Vaticano (junto al Teatro Colón).
  • 🏁 Llegada estimada: 15:45 h. (para el comienzo del acto central).

¿Cómo participar?

La consigna principal es conformar una verdadera «Marea Azul». Se invita a todos los asistentes a vestir una remera azul y, quienes lo deseen, pueden decorar sus bicicletas con globos o flecos del mismo color.

Para garantizar la seguridad de todos los asistentes, el uso del casco es estrictamente obligatorio.

Nota: El evento se suspenderá en caso de lluvia.

¡Agendá, invitá y difundí! Los esperamos para compartir una tarde de pedaleo, familia y concientización.

Contacto de los organizadores: 📧 Prensa y medios: info@tgd-padres.com.ar 🌐 Web: www.tgd-padres.com.ar

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30 Días en Bici 2026

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30 Días en Bici es una iniciativa que promueve el uso diario y cotidiano de la bicicleta invitando cada mes de abril a probar sus ventajas durante 30 días para generar así el hábito de moverse en bici.

Es un evento de alcance global que ya se ha extendido a más de 70 ciudades del planeta y este año cumple 11 años en el mundo de habla hispana.

La idea de esta campaña es naturalizar la bicicleta como una vía de movilidad personal económica, funcional y amigable con el medio ambiente.

Para difundir la propuesta, 30 días en bici propone el desafío de desplazarse únicamente utilizando bicicletas durante los 30 días del mes de abril. Es decir, que cada persona involucrada en este reto global asimile esta forma de moverse como parte de su rutina diaria.

‌🚲CÓMO PARTICIPAR

Si quieres sumarte a la iniciativa que es tendencia en Internet, solo necesitás una bici y tener disposición para pedalear. Literalmente, basta comprometerse a usar únicamente la bicicleta para moverte durante todo el mes de abril.

No importa si solo la utilizarás para ir desde casa al trabajo, o emprenderás un viaje…, la idea es atreverse a un estilo de vida más consciente a través de la adopción de una movilidad sustentable.

Para que esta sea una actividad de ciudadanía, 30 días en bici te propone anotarte en el sitio oficial del evento y contagiar a tus amigos y contactos compartiendo fotos en tus redes. Incluso es posible anotarse como voluntario y colaborar con los diferentes proyectos promovidos durante 30 días en bici.

Compartí historias en tus perfiles usando las etiquetas #30díasenbici o #30DEB. 30 Días en Bici en 🇦🇷 👉 @30diasenbiciba y @psibahiablanca

‌ℹ️ Toda la info en https://www.30diasenbici.com

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Clases para aprender a andar en bici en Buenos Aires

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Laureano Núñez es ciclista, organiza salidas en bici para principiantes y da clases para todos aquellos –adultos y niños a partir de los 12 años– que aun no saben pedalear y quieren aprender. Las clases son 100% personalizadas.
Las clases se realizan en Puerto Madero, una vez por semana, acordando los horarios según los requerimientos de los alumnos, y duran una hora.
La idea es tener nociones básicas de cómo pedalear en la ciudad, aprender la técnica, perder el miedo y practicar. También se enseñan nociones básicas de mecánica (como arreglar una pinchadura y cambiar una cámara) y teoría básica sobre seguridad vial para movernos de forma segura.
Las clases finalizan cuando el alumno siente que alcanzó su meta y siente que puede seguir por si solo.

Más info sobre las clases: 112823-1343

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Ciclismo urbano

19 de abril: día de la bicicleta

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Bici + LSD: un gran paseo

Desde 1984, mucha gente festeja cada 19 de abril como el día de la bicicleta, pero la mayoría absoluta desconoce cuál es el origen del festejo. El hecho es que en aquel año, 1984, alguien observó que el 19 de abril se cumplía un aniversario del día en que Albert Hofmann tomara accidentalmente LSD por primera vez.
Les contamos la historia.

Albert_Hofmann

Albert Hofmann (1906/2008) fue un afamado químico suizo que entre sus principales logros está el de haber descripto la estructura de la quitina, aunque es más conocido por ser el primero en haber sintetizado, ingerido y por lo tanto experimentado los efectos psicotrópicos del LSD, mientras estudiaba los alcaloides producidos por un hongo parásito del centeno llamado cornezuelo.

La sustancia que Hofmann describiría como “una de las dos o tres cosas más importantes que he hecho en mi vida”, fue sintetizada por él por primera vez en 1938, mientras estudiaba los derivados del ácido lisérgico. La dejó de lado, pero en 1943 volvió a interesarse en ella. Hofmann confiesa que tuvo “la sensación de que esta sustancia podría poseer otras propiedades además de las establecidas en las primeras investigaciones”. Ello lo condujo a sintetizar de nuevo LSD-25, para que el departamento farmacológico del laboratorio Sandoz (hoy Novartis) donde trabajaba llevara a cabo algunas pruebas.

El asunto es que mientras purificaba y cristalizaba LSD le irrumpieron una serie de extrañas sensaciones. Había absorbido accidentalmente una pequeña cantidad del producto a través de la punta de sus dedos. En un informe que le enviara a un colega poco después describiría las sensaciones que lo asaltaron: “Me vi forzado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a media tarde y a dirigirme a casa, encontrándome afectado por una notable inquietud, combinada con cierto mareo. En casa me tumbé y me hundí en una condición de intoxicación no desagradable, caracterizada por una imaginación extremadamente estimulada. En un estado parecido al del sueño, con los ojos cerrados (encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante), percibí un flujo ininterrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos. Esta condición se desvaneció dos horas después.”

Inmediatamente dedujo que había ingerido LSD accidentalmente y que esta sustancia era la que le había provocado aquellas sensaciones, de modo que, como buen científico, decidió llegar al fondo del asunto y experimentar el tema en sí mismo.

Fue así que el 19 de abril de 1943 Hofmann ingirió intencionalmente lo que consideró por entonces una dosis mínimamente efectiva de LSD, 250 microgramos, dando pie a lo que ya es leyenda, quizás el más famoso de los paseos en bicicleta. Nos lo cuenta el propio Hofmann: “A esta altura ya estaba claro que el LSD era el que había causado la experiencia previa, ya que las percepciones alteradas eran del mismo tipo, sólo que ahora mucho más intensas. Tenía que esforzarme por hablar de manera inteligible. Le pedí a mi asistente, que estaba informado del experimento, que me acompañara a casa. Fuimos en bicicletas, ya que por las restricciones de la guerra no había automóviles disponibles. Camino a casa, mi estado comenzó a tomar formas amenazadoras. Todo en mi campo de visión ondulaba y se distorsionaba, tal como se ve en un espejo curvo. También tenía la sensación de no poder moverme, pese a lo cual mi asistente me contaría luego que habíamos viajado muy rápidamente.”

Hofmann, que no podía concebir el uso del LSD más allá de la medicina, sufrió años más tarde la prohibición del LSD por parte de los gobiernos, preocupados por los efectos que producía en ese momento la contracultura hippie, que había “secuestrado” a la sustancia. El estaba convencido del potencial curativo de la droga: “Si fuera posible detener su uso inapropiado, su mal uso, entonces pienso que sería posible dispensarla para su uso médico. Pero mientras siga siendo mal utilizada y mientras la gente siga sin entender realmente los psicodélicos, utilizándolos como drogas placenteras, errando a la hora de apreciar las muy profundas experiencias psíquicas que pueden inducir, su uso médico seguirá parado. Su consumo en las calles ha sido un problema durante más de treinta años. En las calles las drogas se entienden mal y ocurren accidentes. Esto hace muy difícil que las autoridades sanitarias cambien su política y permitan el uso médico. Y aunque podría ser posible convencer a las autoridades sanitarias de que los psicodélicos podrían ser utilizados con seguridad en manos responsables, su uso callejero sigue haciendo muy difícil que estas autoridades sanitarias estén de acuerdo.”

Hofmann murió el 11 de enero del 2008, a los 102 años de edad. Protagonizó en vida el más extraño viaje en bicicleta, drogándose sin intención ni de ganar una carrera ni de sentir placer sino con el único propósito de investigar curaciones para las enfermedades del hombre. Sólo por ello merece que prendamos una vela en su honor… y que demos un paseo en bicicleta en su homenaje.

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