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“Si te demuestro que se puede ir al colegio en bici, quizás lo recuerdes”

Fecha: 16.08.2018

Un docente de escuela media propone el cruce entre educación y transporte sustentable como forma de producir cambios en las ciudades.

Texto: Rocío Cortina | Foto: Ariel Sabatella

Cuando era estudiante, Pablo Gazzola elegía transitar la ciudad en bicicleta porque era más barato. Hoy, a sus 35 años, transforma el pedaleo en una apuesta por la convivencia urbana, el cuidado del medio ambiente, la salud y, sobre todo, su profesión: la docencia. Llegar en su bicicleta fixie a los tres colegios secundarios donde trabaja es para Gazzola una forma del famoso “predicar con el ejemplo”. Así se ha convertido en Profe en bici, el nombre que usa desde su cuenta de Twitter para escribir sobre temas de movilidad sustentable y docencia.
En las aulas Gazzola está al frente de las materias de filosofía y ciencias de la educación.
“La filosofía me enseñó a poner entre signos de pregunta al statu quo y las ciencias de la educación afinaron la puntería de mis cuestionamientos a las cosas que suceden en las aulas”, explica a Biciclub.

¿Qué vínculo encontrás entre el transporte alternativo en bicicleta y la educación formal?
Prácticamente no hay vínculo. La bici representa todo lo que le falta a la educación. Hoy la educación formal es como el automóvil en la modernidad: con motor consumista, al servicio de un sistema que no entiende, que te aísla de los otros, de la naturaleza, del saber significativo. La bicicleta, en cambio, invita a conectar: con tu ciudad, con tus vecinos, con el aire de tu barrio, con vos mismo. De ahí surge el sentido, que después de todo, es lo que impulsa la vida de los hombres. Para seguir a Nietzsche, él decía: quien tiene un por qué para vivir encontrará casi siempre el cómo. Preguntarse por la educación formal, ponerla en jaque, avisarle que hace décadas ha perdido la partida es lo mismo que está haciendo la bicicleta con el auto en relación al transporte en las ciudades. La ventaja de la bici es que ella se presenta como una alternativa seria. Pero en cuestiones educativas todavía no hemos encontrado con esa claridad un norte que nos oriente.

¿De qué forma llevás a las aulas la conciencia sobre transporte urbano y temas ambientales?
Con los años tuve la suerte de elegir qué materias dar. Hoy todas las asignaturas que dicto tienen una fuerte carga política y social. Desde allí, por el tipo de contenidos, me resulta muy fácil despertar la conciencia de una vida en armonía con el entorno, donde esté incluida la bicicleta. Todos los días que puedo, llego al colegio subido a ella. ¿Alcanza con esto? No. La enseñanza, por mucho que lo deseemos, no garantiza el aprendizaje. En un sistema educativo que no favorece que los chicos se apropien de contenidos significativos, en un mundo que bombardea con publicidades vendiendo las ventajas de una vida individualista y aislada de todo y que te invita a no pensar absolutamente nada, comunicar ciertas cosas se vuelve una tarea titánica. Por suerte, a algunos de mis alumnos el mensaje les hace eco, pero no me animaría a decir que son la mayoría. Si así fuera, estaría confiado en que tras el paso de una sola generación, las cosas cambiarían radicalmente. No soy tan optimista.

Sos un predicador del ejemplo. ¿Cuál es la importancia de llegar a los estudiantes de esa forma?
El ejemplo siempre es contundente. Demuestra que es posible lo que uno está diciendo. Pero como decía antes, no alcanza. En educación algunos conocemos el famoso proverbio de Confucio: “Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé”. Predicar con el ejemplo se ubica en la parte intermedia del proverbio: te demuestro que se puede ir al colegio en bici, y vos, quizás, lo recuerdes, es decir quizás se te vuelva significativo el mensaje. ¡Pero no alcanza! Siento que aún me falta algo para llegar al tercer paso. Me pregunto cómo hacer para que mis alumnos efectivamente se suban a la bici.

En un artículo de tu blog hablás del aula como un ecosistema y “la sustitución de un sistema lineal, por un sistema cuasi circular, integrado, donde los saberes se interrelacionan”. ¿Cómo ingresa la bicicleta en ese sistema?
Creo que los seres humanos somos seres relacionales, formamos un sistema con la naturaleza, con los otros, con lo sagrado, con nosotros mismos. No es posible que uno de esos vínculos funcione a costa de los otros: eso sería una ficción. La modernidad fue un tiempo en donde creímos que el vínculo con nosotros mismos era tan importante que podía cargarse a los otros tres. Y ahí, como decía antes, está el automóvil como una expresión de ello, pero podría mencionar mil ejemplos más. Nadie cree que desviar un río para construir una represa y llenarse los bolsillos de dinero no tenga consecuencias; la naturaleza pasa factura. Nadie cree que concentrar la riqueza en poquitas manos y atentar contra la vida de millones de personas no tenga consecuencias; tarde o temprano habrá que dar cuenta por un sistema económico perverso. ¿Por qué creemos que subirnos a nuestro auto, aislarnos con aire acondicionado y radio para estar más cómodos, a costa del resto, no va a tener consecuencias? Al instante te das cuenta que subirte a la comodidad de tu auto no es gratis: tránsito insoportable, pocos lugares para estacionar, multas, embotellamientos, peajes, taller, nafta cada vez más cara, insultos, estrés… ¿De verdad alguien cree que no tiene consecuencias? Entonces, cuando uno entiende que somos una unidad con todo, ser coherente deja de ser una obligación moral y se convierte en un imperativo inevitable. No puedo decir una cosa en el aula y hacer otra cuando salgo de allí. Esas cosas igual pasan: hay docentes que dicen A y hacen B, pero en general, cuando dicen A, a sus alumnos no les brillan los ojos. Es muy distinto cuando estás convencido de lo que comunicás en el aula y lo hacés con pasión, a cuando sólo es una careta momentánea que te ponés porque es lo que hay que decir.

¿Cómo ves hoy las políticas de transporte que se llevan adelante en la Ciudad de Buenos Aires?
La red de ciclovías ha significado una importante inversión y sus logros se ven en la cantidad de ciudadanos que circulan por ellas. Lo mismo las líneas de Metrobús. En cierta medida han favorecido el desplazamiento en medios de transporte mucho más sostenibles que el auto. Sería un necio si dijese que no se han hecho cosas valiosas y significativas en la ciudad. Pero nada de esto es una genialidad; digamos que nos pusimos un poco más a tono con lo que sucede en el resto de las ciudades latinoamericanas. No es comparable con lo que sucede en Europa. La red de subte no avanza. Las ciclovías de doble circulación son un peligro, súper lentas al estar en arterias menores y no se multan las invasiones permanentes de los automovilistas que estacionan o se detienen sobre ellas. Las estaciones de bicicletas públicas están concentradas en la franja noreste de la ciudad, con bicis cuyo mantenimiento deja mucho que desear. Todas las escuelas en el horario de ingreso de sus alumnos tienen al menos una docena de autos en infracción, estacionados en doble o triple fila y ninguna autoridad parece enterarse. En las avenidas en que se ha implementado el Metrobús se les ha restado mucho espacio de vereda a los peatones. No hay verdadera intermodalidad: no me puedo subir con mi bici al subte. Ni hablar de que nos paguen un poco más por ir a trabajar en bici. Falta crecer mucho en este sentido. Estoy convencido de que no será un tercero el que venga con la solución mágica. Hay que asumir la responsabilidad que nos toca y hacer lo que esté al alcance de nuestras posibilidades. Para quienes andamos en bicicleta hay que seguir ganando las calles a fuerza de pedal. 2

profenbici.wixsite.com/inicio
Twitter: @ProfenB


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