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¿Sirve el entrenamiento a distancia?

Fecha: 12.02.2019

La estructura del trabajo a distancia entre entrenador y entrenado. Las herramientas tecnológicas actuales para hacerlo posible de manera eficiente. Cómo combinar estos medios con el vínculo personal. 

Corría el año 1995 cuando, luego de apenas tres años de recibida, tuve mi primer campeón argentino de triatlón de larga distancia. Su nombre: Eduardo Brouwer de Koning. Y su proeza se produjo en el primer ironman de la Argentina, el Concorman, que tuvo lugar en la ciudad de Concordia, con una magra lista de valientes participantes.
Un resumen de esa carrera fue transmitido en diferido por el canal TyC, que por aquel entonces daba sus primeros pasos en la cobertura de deportes “no convencionales”.
La definicion de esa carrera fue para alquilar balcones. Mi alumno Eduardo alcanzó y pasó a un abatido Eddy Nogales en el kilómetro 40 de la maratón. Yo iba siguiendo la carrera desde una Trafic de la organización, lo que motivó que saliera por televisión alentando desaforadamente a mi alumno.
Eso valió para que una amiga de San Luis que vio el programa me llamara días después a casa de mis padres (en ese entonces no había celulares) y me preguntara si podía entrenarla para el Circuito Andes, un evento consistente en cuatro o cinco fechas de pruebas combinadas (esquí, kayak, MTB y trail running) en distintas provincias de nuestro extenso país. Claro que acepté. Y a la movida se sumó también su marido.
Por esa época también habían visto la transmisión un par de triatletas de Mendoza (entre ellos Luciano Cichitti, actual presidente de la Federación Mendocina de Triatlón). Y fue así como a los pocos meses tenía dos alumnos de pruebas combinadas en San Luis y un grupito de cinco triatletas en Mendoza.
Más de dos décadas atrás, fueron ellos mis primeros “alumnos a distancia”. Cada domingo les enviaba los planes por fax. Mis alumnos de San Luis iban a buscarlos al telecentro del barrio y los de Mendoza a la oficina del papá de Luciano. Eso sí, debían hacerlo ni bien los enviaba y resguardarlos en un folio transparente para que no se borrara la tinta.
Para la devolución semanal me llamaban los sábados por la noche y yo los controlaba viajando una vez por mes en colectivo. Sábado San Luis, domingo Mendoza.
Cuento esta anécdota para introducirnos en el tema de los entrenamientos a distancia. Cuando el entrenador o la entrenadora no reside en cercanías de los alumnos hay que echar mano a distintas herramientas para llevar a cabo un programa serio y prolijo.
Desde siempre fui una convencida de que hay que ver en vivo y en directo al deportista. De que ese encuentro (por mas esporádico que sea) es absolutamente enriquecedor. Y también afirmo que nadie podría describir en palabras lo que el “ojo clínico” de un entrenador percibe al ver un cuerpo entrenando.
Dicho esto, pasaré a analizar de modo más actual esta modalidad que cada vez se impone más en el deporte. Y no solo de una provincia a otra sino también de un país a otro e incluso de un continente a otro. Ejemplo testigo de esto último es la triatleta Romina Biagioli, que actualmente entrena con un coach italiano.

Los tiempos cambian, las demandas también
Siempre explico que entrenar personas no es lo mismo que mandar planes. Ni mucho menos lo es bajar planes de la web, tales como “Prepare una maratón en dos meses” o “Cómo correr un ironman en menos de 10 horas”.
Debo decir que odio (es la única palabra que me sale) esos planes enlatados e irresponsables que caen indistintamente en manos de alguien que quiere bajar de peso o de un campeón argentino de 10.000 metros en pista… ¡y las consignas son las mismas para ambos!
Entre el deportista y el entrenador debe haber un vínculo que se vaya fortaleciendo semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Me es imposible pensar que alguna persona que yo no conozco haga mis planes.
En la actualidad y gracias a los innumerables avances tecnológicos, ya no envío los planes por fax ni tampoco me movilizo personalmente a cada rincón del país adonde tengo un deportista. Creo que la mejor y más revolucionaria herramienta para seguir los entrenamientos de mis deportistas de otras provincias es la de los relojes y computadoras Garmin.
Les tengo que ser muy sincera. Aun me cuesta creer que desde mi computadora puedo seguir en vivo la sesión de un alumno pedaleando en Potrero de los Funes y ver sus valores cardíacos, su velocidad, su cadencia. O que mi querido “Doc Jujuy” (como bautice hace años a un triatleta jujeño) me envíe el link de su trabajo principal de pedestrismo para analizar los tiempos de las pasadas de 400 metros, los pulsos máximos y medios, la cantidad de zancadas y hasta la oscilación del tronco al correr. Y ni hablar de cuando en el 2015 pude ver en vivo a una alumna llegar en el Ironman de Hawaii, teniendo en cuenta que en mi época, cuando alguno de los nuestros viajaba aquí nomás a Florianópolis teníamos que esperar a que regresara para enterarnos cómo le había ido.
Estos datos son valiosísimos a la hora de planificar a distancia y de hacer un seguimiento detallado de la evolución de nuestros deportistas. Sería necio de mi parte oponerme a su utilización. Por el contrario, estoy convencida de que me he enriquecido como entrenadora al introducir todas estas herramientas a mi metodología de trabajo. ¡Bienvenidas sean!

Combinar los medios para optimizar el proceso
Sin embargo debo aclarar que no me quedo única y exclusivamente con el cúmulo de datos cibernéticos, ya que les pido a mis deportistas de otras provincias dos cosas más:
1. Que me envíen cada sábado a la noche un breve resumen semanal de cómo se sintieron, qué les faltó hacer o cualquier percepción subjetiva que consideren importante contarme.
2. Que vengan una vez por mes a entrenamientos de control acá en Cordoba.
Mas allá de que acepto y me nutro de la tecnología que hace más fácil mi profesión, aun sigo sosteniendo que nada, absolutamente nada, reemplaza un gesto, una mirada, una palabra dicha en vivo y en directo, un abrazo en una llegada.
Creo que de este modo se puede complementar casi de manera ideal el entrenamiento y seguimiento de los deportistas que residen en otras ciudades o provincias. La tecnología debe sumarse al vínculo personal y no reemplazarlo. Porque después de todo somos personas, seres humanos, una conjunción de biología, razón y emoción. Y si no cuidamos que los tres planos estén en sintonía, de nada nos servirá tener el último modelo de Garmin, ni la bici más liviana del planeta, ni disponer del mejor de los planes enviados por el más eximio de los entrenadores. Cuando la emoción no acompaña, la tecnología y el seguimiento quedan huérfanos.
La motivación, la voluntad, la perseverancia, la capacidad de sobreponerse al fracaso o a no lograr un objetivo no se venden en las tiendas de deportes ni se bajan de una aplicación. Les puedo asegurar que cuando una persona quiere algo y se compromete al ciento por ciento no hay nada que lo frene. Ni la falta de recursos tecnológicos ni la distancia que lo separe de su entrenador. Cuando una persona quiere entrenar va a buscar un plan de entrenamiento enviado por fax a un telecentro perdido en un pueblito de San Luis. Es por eso que si alguien me pregunta: “Profe, ¿qué necesito para correr esa carrera de bicis?”, mi respuesta es certera: “Una bici y muchas ganas”. Todo lo demás, absolutamente todo lo demás, es mero accesorio.

*es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento: (0351)15-6225243, elisalapentah3o@hotmail.com, h3osports.com.ar.


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