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Cicloturismo

Sudamérica entrañable V: de Paraguay a casa

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Preso de las promociones aéreas, partiendo de Bogotá y luego de algunas escalas eternas, aterricé en Asunción, la capital del Paraguay. Rodeado de buena gente pasé unos días de descanso en la ciudad, para luego acometer el rodaje por las rutas paraguayas. Lamentablemente no fueron muchos los kilómetros recorridos en estas tierras, pero me guardo la amabilidad de su gente y la gran cantidad de chipá consumido.
Mientras buscaba una bajada al río Paraguay para pasar la noche, un paisano de a caballo con un 38 en la cintura me indicó por dónde debía ir. Ciertas veces, cuando el terreno es trabado, resulta mejor dejar la bici, caminar para inspeccionar y luego volver por ella.
Así fue que encontré el camino ideal. Pero volviendo por mis cosas me encontré con una familia de monos Caraya que comienzaron a aullarme enérgicamente. Sin ningún interés en generar una disputa territorial me fui silbando bajito por dónde había venido.
Hacía unos días que por un inconveniente con el banco estaba sin dinero, de manera que tendría que cruzar a Argentina antes de lo pensado para solucionarlo.
A pesar de ser un enemigo obstinado de las fronteras y todo lo que ellas generan, la sensación de volver a mi país fue algo que me llenó de alegría. Ingresé por Formosa en una balsa y desde ahí comencé a bajar hacia el sur.
El sol fuerte de diciembre y el viento norte se hacían notar, de modo que nuevamente retomé las paradas del mediodía.
Algo que sólo se puede ver en Argentina y en ningún otro país de Sudamérica son los campings municipales en cada pueblo, que, con sencillas mesas y bancos de hormigón, parrilleros y árboles pintados a la cal transmiten una sensación de amistad en cada pueblo. Realmente eso facilita mucho las cosas, así que pedaleaba hasta bien entrada la noche y sabía que seguramente encontraría uno de estos lugares listo para recibirme.
En Corrientes me esperaba un viejo amigo, que se encargó de hacerme el primer asado luego de varios meses, para que, a continuación, con energía de sobra, seguir bajando por la ruta 12, pasando por Tres de Abril, Goya, Esquina, La Paz, Cerrito, etcétera.
En el cruce por Entre Ríos, con sus amigables ondulaciones de terreno, me encontré con un control policial que me indicó detenerme por primera vez en todo el viaje.


Una fuerte tormenta terminó por cortar los caminos y me dejó dos días varado en La Paz, con la suerte de que la peña de Boca Juniors de la ciudad me recibió como huésped. Al no ser un seguidor del fútbol y sin preferencia por ningún equipo, no tuve mayor inconveniente en convertirme en bostero por unos días.
Tarareando algún tema de Sergio Denis con la letra modificada, seguí bajando, ahora con un sostenido viento norte a favor.
Dejando atrás las colonias alemanas, en el sur de Entre Ríos, ya estaba en Victoria, resguardándome del sol en el patio de un famoso monasterio, comiendo dulce de leche del frasco.

Cuando por fin me dispuse a cruzar el tramo que separa Victoria de Rosario, me enteré por boca de un gendarme que no estaba permitido hacerlo en bici o caminando. Así que un camión me acercó los 60 kilómetros finales.
Rosario me recibió con muchos amigos y festejos, pero se acercaba Navidad y tenia que hacer el último tramo del viaje, los 120 kilómetros me separan de Rosario hasta Las Rosas. Naturalmente, este tramo lo he realizado cientos de veces en auto o colectivo en mi época universitaria, de modo que lo conocía muy bien.
Quizás inconscientemente iba a un ritmo demasiado lento, como queriendo dilatar el tiempo. Hasta que por fin vi mis pagos, uno de los tantos pueblos/ciudades pequeñas entre campos de tierra fértil y manos de gente trabajadora.
En los últimos 5 kilómetros me detuve para tratar de asimilar todo lo que había sucedido en este gran viaje por Sudamérica, pero fue en vano, llevará mucho tiempo esa empresa.
Finalmente me paré sobre los pedales y a una velocidad innecesaria atravesé el ingreso principal a la ciudad. A las pocas cuadras me encontré con mi casa, con familiares y amigos levantando las manos y gritando, recibiendo a un peregrino que volvía adonde todo empezó.
Es bueno volver a casa.

Por Bernardo Gassmann


 

Los números del viaje

Países recorridos: 6.
Kilómetros pedaleados: 10.194.
Tiempo de viaje: 9 meses y medio.
Peso de la bicicleta + equipo: 45 kg.
Pinchazos: 70.
Altura máxima alcanzada: 6542 msnm (Nevado Sajama, Bolivia).


El protagonista y su equipamiento

Nombre y apellido: Bernardo Gassmann.
Edad: 30 años
Profesión: Ingeniero Civil.
Localidad: Las Rosas, Santa Fe.
Datos de contacto: bernardogassmann@gmail.com | 3471-561500 | @bernigassmann
Bicicleta: Cuadro de aluminio rodado 26, suspensión (el autor recomienda horquilla rígida), 24 velocidades, frenos v-brake, dos portaequipajes, 4 alforjas (2 Blackburn, 2 caseras impermeables).
Acampada: Carpa Nortland Bike Pro p/2 personas | Bolsa de dormir The North Face, pluma | Aislante común de techo | Hamaca paraguaya.
Cocina: Calentador MSR a gasolina | Juego de marmitas | 1 termo | Navaja.
Ropa: 3 remeras MC 1 ML | 2 pantalones desmontables | 1 buzo | 1 camisa | 2 pares zapatillas | 1 campera pluma fina | 1 rompeviento | 1 impermeable | Casco | Chaleco reflectivo | Gorra-gorro-buff-medias-guantes | 1 mochila 25 litros compresible | Bolsa para compras reutilizable.
Higiene: Toalla secado rápido | Botiquín | Jabón blanco | Cepillo de dientes.
Electrónica: Panel solar | Pack de carga | Cámara réflex | Go Pro | Linternas (fontal y de bici) | Parlante bluetooth | Pilas recargables.
Herramientas: Multitool | Parches y solución | Pinza plegable | Pulsiana (francesa) chica | Extractor de piñón | Hojita de sierra | Precintos | Tornillos varios | Alambre | Rayos | Aceite | 2 cámaras | 1 cubierta | Candado | Inflador

 

EN SÍNTESIS

Fecha: 2019
Distancia: 1.356 kilómetros
Contacto: bernardogassmann@gmail.com

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Cicloturismo

En bicicleta entre los ríos de Entre Ríos

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Este fue un viaje impulsado por una larga cuarentena que hizo mella en nuestros cuerpos (in)quietos; por la incertidumbre de una pandemia que socavó las coordenadas del mundo; por la necesidad de sumergirnos en el monte y en el río para respirar horizontes menos viciados de humos, de urgencias, de impotencias; por el deseo de conocer, de comunicarnos, de compartir, de (con)movernos; para transmitir y al mismo tiempo (des)aprender algo más en el viaje mayor, transitorio y frágil, que es la vida.

Brotó de un puñado de días disponibles, de un comentario remado en el Paraná, de un recorrido solapado entre otros mapas, de una vuelta de manubrio/realidad/humildad que viró el rumbo desde el oeste hacia el este. De repente –como toda certeza–, la idea de rodar hasta el Parque Nacional El Palmar como destino principal. Esta vez saliendo desde y volviendo a casa, atalaya de nuestros días, como quienes sencillamente salen a dar una vuelta por el centro de Entre Ríos, uniendo la provincia de costa a costa, pedaleando incógnitas en su corazón.

Priorizamos caminos rurales, de tierras y de ripios cambiantes, que conectan parajes, almacenes, montes, estancias, cuencas y poblaciones a veces invisibilizadas por la concentración de recursos y de actividades sobre las costas de los ríos Paraná y Uruguay. Entre Ríos, en su versión dominante, es una provincia que continúa desarrollándose fuertemente sobre sus márgenes ribereñas (donde hay agua, hay vida) pero, a veces, parece olvidarse del “entre” que le da soporte a su nombre compuesto. Su identidad reposa sobre sus ríos pero, desde las costas, en estos 6 años de vida paranaense, rara vez me han podido contar con detalles de la vida en el centro de la provincia. Dudas latentes que con el tiempo despertaron la curiosidad y despabilaron las piernas.

Nos propusimos disfrutar del PN El Palmar (Sitio Ramsar)* en un contexto en donde los humedales nos duelen por su destrucción sistemática, pero también quisimos saber qué es lo que queda de la selva de Montiel y cómo se vive la entrerrianía del centro. Entonces, tratamos de amar la trama hasta su desenlace, a pesar de las olas y los golpes de calor, del viento en contra, de las tormentas, de una pandemia que –aunque minimizada en diferentes lugares– sigue vigente y que, sorpresivamente, nos vinculó con más personas de las que imaginamos antes de salir. De hecho, nuestro andar desplegó una red de personas de toda la provincia (gracias infinitas) que, baqueanas de sus respectivos lugares, brindaron sus saberes sobre recorridos, estados de los caminos y puntos de aprovisionamiento, entre otras yerbas.

El segundo día de travesía fue, sin dudas, el más aventurero. Luego de una noche pura en el almacén Francese de Crucesitas Séptima, amanecimos rodando el mismo ripio maltrecho y transitado del primer día, hasta sus divisiones en el Almacén Iglesias. La conexión entre este conocido almacén de campo y Estación Raíces recorre el reducto más austral de la región biogeográfica conocida como Selva de Montiel. En su porfía y múltiples bifurcaciones, el camino de tierra compacta se angosta y se hunde en una vegetación profusa, que crece junto con el canto estridular de las chicharras y de otros insectos que se regodean en la siesta de verano. A medida que nos acercamos al arroyo Durazno, el paisaje se hizo más inhóspito y bello. En su recorrido, los caballos y los pájaros huían de estos seres multicolores montados sobre corceles de caucho y aluminio. Mientras que las jaurías, siempre comandadas por el perro de menor porte, se desactivaban rápidamente una vez que superábamos su portal. Las mariposas –en todos sus tamaños y colores– insistían en volar a nuestra par, aleteando buenos augurios. La paisanada nos orientó gentil y animosamente, en un vocabulario de leguas y ademanes que hizo honor a la mezcla de olvido, magia y confusión que aún nombra a esta región como “selva”.

Durante los kilómetros más agrestes y calurosos descubrimos el verde que habita el corazón entrerriano: ecos de coplas que cantan los misterios de la vida matrera, que brota alborotada, que pervive en un imaginario espinoso de la Entre Ríos profunda, aún cuando sobresalen las taperas y las hectáreas sembradas al compás del «desarrollo».

El broche de oro fue el cruce del río Gualeguay –el más importante del centro de Entre Ríos– por la balsa ubicada al sudoeste de la ciudad de Villaguay –la de mayor relevancia en el centro de la provincia. La fuerte bajante mantenía en silencio a nuestro nexo flotante entre costas. Para lograr nuestro cometido, con alegría y alivio, mojamos las piernas para mantener secos nuestros equipajes y bicis. Aunque, sin la advertencia de una niña, podríamos haber terminado en un pozo del descuidado artefacto: una escena que no hubiese sido digna de celebración en las antípodas de Kossakovsky**. Parece ser que los buenos augurios a veces son sutiles y frágiles protecciones. Esa noche acampamos en el balneario de Villaguay, en un entorno muy agradable, que favoreció el descanso reparador sobre el final de una jornada a pura vida sobre ruedas.

Sin dudas, la pandemia nos marcó una suerte de retorno hacia el mundo más próximo e íntimo: percepción, atención, disfrute y cuidado de nuestras realidades más cercanas. En lo personal fue un aprendizaje potente: a veces no hace falta atravesar regiones o países para aventurarse, para descubrirse rodando la vida. Creo que es una remembranza de un aprendizaje tan infantil como el de andar en bicicleta. Las buenas preguntas, un puñado de emociones y de certezas elementales, pueden brotar en una vuelta a la manzana, en el patio de casa, en el club del barrio o en la plaza, en el camino al río, en la noche de verano que se resiste a dormir mientras la vía láctea siga encendida.
Ciertamente, “no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama” (anónimo, por ende universal). Y yo, con cada kilómetro, quiero a Entre Ríos cada día un poquito más.

Datos

Cicloviajeros: Emmanuel Ferretty y María Kendziur.
Recorrido: Paraná > Viale > Crucesitas Séptima > Estación Raíces > Villaguay > Jubileo > PN El Palmar (ida) > Ubajay > Villa Clara > Villaguay > Paso de la Laguna > María Grande > Paraná.
Kilómetros: 600.
Duración: 10 días (7 de pedaleo y 3 de descanso).
Fecha: fines de enero de 2021.
Contacto: eferretty@gmail.com

 

*Un sitio Ramsar es un humedal designado como de importancia internacional bajo la Convención sobre Humedales, conocida como la Convención de Ramsar. Es un tratado ambiental intergubernamental establecido en 1971 por la UNESCO, que entró en vigor en 1975. Proporciona la base para la acción nacional y cooperación internacional con respecto a la conservación de humedales y el uso racional y sostenible de sus recursos.

**Víctor Kossakovsky es un cineasta ruso.

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Cicloturismo

Olavarría: la reinvención de un prestador de cicloturismo

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Matías “Bachi” Castañares, Técnico Superior en Turismo y Guía de Turismo Rural, lleva adelante desde hace seis años un proyecto de salidas cicloturísticas recreativas llamado Bici Tours Olavarría.

“La finalidad -afirma- es redescubir los atractivos turísticos de nuestra ciudad y que la ciudadanía pueda acceder a ellos a través de un medio de movilidad como la bicicleta, que no contamina, fortalece nuestra salud física y psíquica, mejora nuestra circulación y, como siempre digo: la mejor píldora para el estrés es montar una bici.”

 

Los tesoros de Olavarría

Según Bachi, el impulso para crear este proyecto fue su convencimiento de que Olavarría es una ciudad netamente turística: “Rica en atractivos, tales como estancias, lagunas, pueblos colonos, canteras activas e inactivas, fábricas abandonadas, cuevas, cerros, vistas panorámicas únicas, y no sólo en las afueras de la ciudad sino también en el mismo casco urbano. Con puentes colgantes únicos en la provincia y el arroyo Tapalqué, que atraviesa y divide la ciudad en dos. Los parques Norte y Sur, llenos de árboles de antaño, y mucho más.”


En “la cuidad más linda del mundo”, como asegura Bachi, el fuerte es la piedra y el cemento, la industria metalmecánica, la agricultura y la ganadería, pero también el turismo, la industria sin chimeneas, la que impulsa millones de puestos de trabajo en el mundo entero. A este panorama se suma que Olavarría se encuentra en el centro de la provincia de Buenos Aires, atravesada por la ruta nacionales 226 y la provincial 51.

 

Bici Tours Olavarría

Bachí nos contaba que el proyecto nació en un momento gris de su vida y que le ayudó a salir adelante, a conocer mucha gente y muchos nuevos lugares. A él le dedica mucho tiempo, planificando, buscando lugares nuevos para visitar.
Durante los primeros cinco años de vida de Bici Tours Olavarría las salidas fueron gratuitas para la comunidad, los últimos dos años de ese quinquenio sustentadas por un sponsor y ahora cobrando un valor mínimo. Por su parte el municipio facilita una camioneta de apoyo, profesores de educación física, hidratación y hasta un seguro de accidentes personales para los participantes.


“Durante la pandemia, el sector turístico está siendo uno de los más golpeados, sin poder trabajar durante casi ocho meses. Nos vimos muy afectados, sin ingresos -rememora. El mes pasado recibimos un fondo de Nación y otro de Provincia para los prestadores turísticos monotributistas que en su mayoría no pudimos trabajar. Eso nos ayudó a pagar muchos gastos acumulados de estos meses sin poder brindar servicios.”


Cuando se liberaron las actividades deportivas al aire libre y después del knock out de no saber para dónde salir, ya que este era su único ingreso, les habilitaron para salir en grupos de 10 personas, cuando estaba acostumbrado a trabajar con 100 y más también: “Me dije: voy a seguir haciendo lo que me gusta, lo que me hace rico, pero rico del alma. Lo que me despeja la mente, lo que me da libertad. Porque como siempre digo, las únicas cadenas que te dan libertad son las de la bicicleta.”

 

La nueva realidad

Fue así que Bachi volvió a armar las salidas, aunque ahora con menos gente, lo que asegura que le permite estar más en contacto con todo el grupo y disfrutar más de las salidas, tanto a él como a sus asistentes. En paralelo empezó a realizar entrenamientos personalizados para principiantes, ya que veía que mucha gente quería sumarse a las salidas, pero hacía mucho que no andaban en bici o no hacían kilómetros o no sabían cómo pasar un cambio en pendientes o como lograr una postura correcta en la bicicleta. O bien gente que no se animaba a salir en soledad. “También está bueno eso -asegura-, pasar mi aprendizaje personal durante estos años a otras personas. Para que disfruten a pleno esta hermosa actividad llamada cicloturismo.”


El proyecto Bici Tours es muy ambicioso. Abarca lo social, lo deportivo, lo cultural, lo solidario, lo turístico, la importancia del ocio en nuestra vida cotidiana. Bachi reconoce que muchas personas necesitan dejar atrás su rutina semanal, tanto en lo laboral como en su casa “y este es un buen cable a tierra para recargar energías, ya que andamos por lugares que te producen precisamente esa sensación de paz, de tranquilidad, de calma”.

Olavarría nos espera

“Ahora, para que esto sea completo, faltaría traer turistas de otras ciudades o países a que prueben la experiencia de una salida grupal de cicloturismo y que conozcan nuestros hermosos paisajes -propone. Me sentiría realizado con este proyecto, viendo a Olavarría como una ciudad de turismo receptivo, explotando al máximo sus atractivos y su potencial turístico. Porque no sólo tenemos para ofrecer cicloturismo sino también actividades como trekking, cabalgatas, canotaje, pesca deportiva, rapel, parapente y hasta tirarse en paracaídas. O bien alojarse en una estancia o en una cabaña y disfrutar del aire de campo.”
Hace poco Bachi y su gente armó la página web www.bicitours.com.ar y están presentes en Instagram y Facebook como Bici Tours Olavarría. La idea es llegar a más personas y lograr que visiten la imponente ciudad de Olavarría.
El proyecto tiene también su parte solidaria, que Bachi asegura que le enseñó a ver más allá de su entorno, recolectando donaciones y ayudando a merenderos y comedores barriales, organizaciones sociales y casos puntuales de familias particulares de muy bajos recursos económicos.

“Hemos recibido pedidos de camas, frazadas, garrafas, alimentos, ropa, bicicletas, medicamentos y los hemos conseguido publicando en nuestro grupo de WhatsApp o en las redes sociales. También hemos entregado juguetes para el día del niño, navidad o reyes. Si cada persona pudiera aportar un granito de arena, el mundo sería más simple y habría más amor -afirma. Podemos lograrlo o no, pero al menos lo habríamos intentado.” Y culmina: “Nos encontramos en la bici.”

 

www.bicitours.com.ar | Instagram y Facebook: Bici Tours Olavarría | matiase.castanares@gmail.com

Fotos: Margarita Pellegrini

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Cicloturismo

Viajero y dueño de una tienda de cicloturismo, Diego Andrich nos abre sus alforjas…

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Diego Andrich (49), o simplemente Barba para algunos, nació y vive en la ciudad de Buenos Aires, donde regentea Tierra de Biciviajeros, una tienda especializada en cicloturismo (¡y mucho más!) ubicada en el corazón de la ciudad, Caballito. Con María Luján “Luly” López son padres de Selene (24) y Brisa (22).

La vida del Barba siempre estuvo ligada a las dos ruedas, tanto que al preguntarle cuándo empezó solo atina a un “¡Uff, de chiquito, calculo que a los 6 o siete años!” Pero de lo que sí se acuerda con precisión es que en 1992 se largó a viajar, “gracias a entender que se podía solo y que era una manera de poder seguir pedaleando”. Tanto es así que desde aquel entonces hasta hoy sigue convencido que su viaje más importante es “el que vendrá”, siguiendo la senda que viene transitando: “Buscar lugares cada vez más fríos para pedalear.”

El Barba es así y te aseguramos que vale la pena que lo conozcas, visitando su tienda. Pero mientras tanto, a modo de aperitivo, te recomendamos que leas sus respuestas a nuestro ping pong.

 

¿Cuál es el origen de tu sobrenombre?

Jajajaja, las pocas ganas de afeitarme.

¿Por qué viajás? ¿Qué estás buscando?

Para seguir juntando anécdotas para cuando tenga nietos.

¿Preferís viajar solo/a o acompañado? 

Depende de los destinos. Hay algunos que están buenos para compartir, como fue el Camino de Santiago, que hicimos con mi mujer y lo pasamos genial.

Tu primera bici.

Una rodado 20 plegable que supimos soldar para que pareciese una BMX de los 80.

Tu primer viaje

La ruta 40.

Tu primera bici de viaje y tu primer equipamiento de viaje.

Una Giant Sedona con alforjas hechas por la madre de un conocido.

¿Hasta dónde llegás con la mecánica?

¡¡¡Me llevo bien!!!

¿Cómo financiás tus viajes?

Trabajando antes. Desde hace bastante se trata de viajes de tiempo acotado, pero sigo buscando nuevos caminos.

Un momento de viaje en que peor te sentiste

Jajajaja, más allá de las veces que se te aparece la famosa frase ”qué hago acá”,  nunca. Los viajes son una suma de sensaciones y el balance siempre es positivo.

Un momento de viaje en que mejor te sentiste

Todos.

Tu destino o recorrido preferido

Los que están en mi cabeza y aun no hice.

¿Hacer kilómetros o conocer?

¡¡¡Conocer!!! Pero está bueno poder hacer kilómetros. El destino es el que da la respuesta.

Bicicletas actuales (marca y modelo).

Una Zentih Alpes de acero, una Aurora Fat X1 de aluminio, una de acero estilo panadero (viejita) y otra estilo chopera, también de acero.

Equipamiento actual para viajes

Alforjas o bikepacking, a elegir según el destino.

¿Cuadro de aluminio o cromoly?

Indistinto. Si la bici me gusta, es de mi talla y sirve para lo que quiero hacer el material no me afecta.

¿Un sueño cicloturista cumplido?

Haber comprobado que solo la costa norte de la Península Mitre (Tierra del Fuego) se puede pedalear.

Mi meta como viajero es llegar a…

¡Lugares cada vez más fríos!

 

www.tierradebiciviajero.com.ar | Instagram @tierradebiciviajeros | Facebook Tierra de Biciviajeros -Tienda https://www.facebook.com/tierradebiciviajeros

Fotos: Ariel Sabatella

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Cicloturismo

Efectos colaterales de la cuarentena: de mochileros a cicloviajeros

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Siempre nos ha gustado viajar. ¿A quién no? Ya teníamos algunos viajes encima, pero hace algunos años tomamos la decisión de dejarlo todo y salir a conocer el mundo con mochilas. Hoy llevamos recorridos 17 países del continente americano. Lo recorrimos de sur a norte y de norte a sur, dando algunas vueltas en S en el medio.
Nos gusta recorrer y conocer cada lugar al que vamos; no solo lo turístico, también su gastronomía, su gente, sus costumbres, su peculiaridad. Es por eso que nos gusta tomarnos el tiempo necesario en cada zona que queremos conocer.
Somos Meli, de Lima, Perú, y Matu, de Mar del Plata, Argentina, dos lugares a los que siempre vamos a volver.

Cuarentena en Bariloche
El año pasado, recorriendo la Patagonia como mochileros, luego de hacer temporada en Chile y con la intención de volver a casa en Lima, cruzamos la frontera con Argentina para conocer Esquel, volver y continuar hacia el norte por Chile. La idea original era que esto nos llevara 4 días, pero al segundo día después de cruzar, se cerraron las fronteras de Argentina y se anunció la dichosa cuarentena. La estrella del 2020 nos dejaba encerrados.


Logramos llegar a Bariloche, donde planeábamos esperar allí los presuntos “15 días” que duraría el confinamiento, “quincena” que luego se extendería por meses y meses. Nos mudamos unas cuantas veces y se nos fue terminado el dinero. Comenzamos a hacer tapabocas a mano y probando algunas otras cosas para sobrevivir, hasta que finalmente creamos nuestro pequeño negocio y así fue como la gente local nos comenzó a conocer como «los chicos de los budines».
Pasamos por todas las estaciones. El crudo invierno nos agarró sin abrigos, ya que habíamos regalado los nuestros justo antes de entrar al país, pensando que ya no los íbamos a necesitar, por lo que tuvimos que hacernos de todo nuevamente. Pasado el invierno, continuamos esperando que abriesen las fronteras sin éxito, y así fue como poco a poco ideamos un nuevo proyecto: ¡Volver a casa en bici! Algo nuevo e inexperimentado para nosotros.

Para viajar en bici solo nos faltaban las bicis…
Siempre que podemos nos gusta recibir viajeros en casa, así como también en ocasiones nos reciben a nosotros. En los últimos años hospedamos y conocimos a varios cicloviajeros y eso comenzó a gestar en nosotros las ganas de pedalear, hasta que finalmente las circunstancias nos llevaron a hacerlo (!!).
Al principio comenzamos a imaginarnos hacer el Camino de los Siete Lagos por la ruta 40, pero después pensamos: ¿Y si hacemos un poco más? Quizás desde Bariloche hasta Junín de los Andes… Y así, poco a poco, nos fuimos ilusionando, hasta que decidimos hacer… ¡todo en bici!
Eso sí, nos faltaban nada menos que las bicicletas…


Buscamos por mucho tiempo, hasta que por fin las encontramos, primero una y un tiempo después la segunda. Dos bicicletas usadas. Nos costó mucho decidir el rodado. Queríamos 27.5, pero terminamos optando por tener dos rodado 26, por la simplicidad y rapidez de conseguir repuestos en cualquier pueblo del recorrido.
Comenzamos a repararlas, armarlas y equiparlas con bastante amor e ingenio. Hicimos muchas cosas, incluyendo portabotellas y botellas grandes, alforjas caseras, grips artesanales para el manubrio y otras cosas más. (Queremos aprovechar esta parte del relato para enviarle un gran saludo a Iozzer: sus parrillas son excelentes y él nos dio una mano grande.)

De Bariloche a Mar del Plata
Nos encariñamos mucho con Bariloche y se ve que él también con nosotros, porque no nos soltó fácil: tuvimos muchos inconvenientes antes de salir y terminamos saliendo después de lo planeado.
Finalmente partimos con las bicis cargadas para 3 o 4 meses de viaje…, desde la Cordillera hasta el Océano Atlántico.
El primer destino fue Villa La Angostura. Desde ahí recorrimos los 7 lagos, surcamos caminos de montaña intransitables, senderos junto a manadas de ciervos y otros animales que nos sorprendieron, rutas abandonadas, el valle en Neuquén y Río Negro, rectas de asfalto infinitas en la zona pampeana, campos bonaerenses y llegamos a la costa atlántica. Cerca de 1.800 kilómetros en nuestra primera travesía en bici…


Viajar en bicicleta es muy distinto a viajar con mochilas. Disfrutar en la ruta de la brisa en el rostro, llegar a cada lugar con la satisfacción de saber que llegaste por tí mismo, cargando todo tu equipaje, no tiene precio. Es una recompensa única. Luchar y calcular los fuertes vientos, acampar en lugares mágicos, conocer cada uno de los pueblos diminutos que antes no registrábamos, aprender de cada uno de ellos. Parar a almorzar o por unos mates al costado de un arroyo perdido o del único árbol que encontramos en kilómetros. Sentir los sonidos de la naturaleza. Y ni hablar de llegar a un lugar y que la gente se asombre y se acerque a entrevistarnos sin poder creerlo, que te inviten agua, una comida o hasta compartir su techo.
Toda esa experiencia se une en algo mágico.


Llegamos hace unos días a Mardel justo con las nuevas medidas de confinamiento. El camino sigue, la travesía aún continúa. Vamos a esperar a que se alivie la pandemia un poco y luego seguiremos por muchos pueblos y ciudades nuevas y quién sabe qué nuevas sorpresas nos estén esperando por ahí…

Si quieres seguir nuestro viaje y aventuras, iremos actualizando y subiendo nuestros caminos en Instagram: @matusyd  https://www.instagram.com/matusyd/

 

Por Melissa Andrea Toscano y Matías Otero

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