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To lycra or not to lycra

Fecha: 04.09.2013

Hace poco me encontré con un amigo que hace rato no veía. La idea era tomar unos cafés y ponernos al día con nuestras vidas. La cita era por la tarde y coincidió con el final de una salida mía larga en bici, para las que me visto en “lycra”, cosa que sólo hago en esas especiales ocasiones.

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El asunto es que inmediatamente luego de los de rigor “¿cómo estás?”, sin decir agua va mi amigo se despachó con la siguiente historia.
“Hace poco -me dijo- venía en auto (mi amigo no sólo no anda en bici sino que ni siquiera tiene una) por Libertador (una amplia avenida de Buenos Aires, que atraviesa los Bosques de Palermo), y un cuarentón vestido más o menos como vos pedaleaba delante mío, por el medio del carril. Como había tránsito en los carriles contiguos tuve que bajar la velocidad y esperar un buen rato para poder cambiarme de carril y superarlo. Al emparejarme con él bajé la velocidad y le señalé la bicisenda que corría sobre la vereda. Seguí mi marcha y en la primera esquina me detuvo el semáforo, por lo que el ciclista me dio alcance, me hizo señas que abriera mi ventanilla de la derecha, cosa que hice, y con su más meliflua voz de teleteatro y una benévola sonrisa me lanzó un ‘la calle es para compartir’. Y concluyó: ¿A vos te parece?”
Se me quedó mirando, quizás en busca de consentimiento, quizás esperando una respuesta. Tomándome tiempo para hacerlo, inspiré profundo para mis adentros. Hace mucho que no nos veíamos, mi amigo es una buena persona, y lo menos que quería era iniciar nuestro encuentro con una polémica.
Pero como el tema está en carne viva entre los que andamos en bicicleta en las ciudades le respondí diciéndole que estaba dentro de los derechos del ciclista el rodar por medio de su carril en cualquier calle o avenida o ruta donde no esté expresamente prohibido andar en bicicleta. Y que en realidad la que había sido abusiva era su conducta, ya que había ido contra alguien que estaba en su derecho. Dije todo esto con calma y cortesía, pero lo dije.
Mi amigo probablemente entendió el metamensaje más que el mensaje, se dio cuenta que no era un tema apropiado para el momento, sonrió con cariño, asintió, evitó la inminente discusión y nuestro encuentro siguió por los carriles que habíamos planeado.
Por mi parte, la situación hizo que ni bien nos despidiéramos mi cabeza siguiera dando vueltas en torno a otras cosas que le hubiera dicho a mi amigo respecto de su anécdota.
Acepto que en mi caso, cuando pedaleo por esa zona de la Avenida del Libertador, utilizo la bicisenda en lugar de la avenida. Pero inmediatemente pensé que si el ciclista que mencionó mi amigo no conocía la zona, probablemente no haya visto una bicisenda que desde la calle es muy difícil de detectar. O incluso quizás estaba por doblar a la izquierda y por lo tanto necesitaba ubicarse en el carril de giro hacia ese lado, que en esa zona de la avenida precisamente está sobre el extremo izquierdo. O quizás estaba rodando a 35 km/h, demasiado rápido para una bicisenda que se comparte con peatones, aunque obviamente demasiado lento para una avenida en la que se puede rodar a 60 km/h. Y finalmente pensé que en última instancia si mi amigo había perdido a lo sumo uno o dos minutos en su viaje…, no daba para quejarse, ni siquiera invocando un derecho que en este caso no existía.
Llegado a este punto comencé a buscar razones del comportamiento de mi amigo. Es decir, qué razones damos nosotros los que andamos en bicicleta para que buena gente como mi amigo llegue a conclusiones tan equivocadas respecto de sus derechos y los nuestros.
La primera razón, digamos inconsciente, era la ropa de lycra. ¿Por qué si no mi amigo iba a venirle a la cabeza el tema cuando llegué si no era por mi ropa, similar a la que usaba su ciclista molesto de Libertador? Sin duda, como automovilista mi amigo nos veía en nuestro uniforme de lycra como parte de la tropa “enemiga”. Uno de esos bastardos lycrosos que dan diariamente que hablar -con razón- a los lobistas del automóvil, que pasan sin detenerse las luces rojas y los pasos a nivel de los ferrocarriles, que atraviesan las sendas peatonales a mil, que circulan por aceras sin cuidado alguno y que ignoran cualquiera regla de tránsito escrita y por escribir. Son todos iguales porque se visten igual. Así de simple. No importa que muchos de los que andan en bici por la ciudad, quizás la mayoría, respeten la mayor parte de esas normas. Si uno de ellos es un loco peligroso, todos los demás lo son.
En ese punto me enojé un poco conmigo por no haberle dicho algo de todo esto a mi amigo. Quizás hubiera servido para que en algo cambiara su actitud. Y también le debería haber contado por qué yo uso lycra en algunas ocasiones, en viajes largos por lo general. Es que no hay duda alguna de la comodidad que aporta esta ropa “especial”, en el caso de la calza por su badana protectora que evita dañar la piel de mis zonas “sensibles”, en el caso de la camiseta por su respirabilidad, y en ambos casos por lo ergonómica que resulta esta vestimenta cuando se pedalean largas distancias. Debiera quizás haberle dicho que no uso lycra para identificarme con una “banda de locos del asfalto” sino de la misma forma en que uso ojotas cuando voy a la playa o un abrigo en invierno o un paraguas cuando llueve. Por comodidad. Ni siquiera por querer verme bien (en mi caso luzco realmente ridículo en calzas y jersey), sino sólo por pura comodidad.
Pero tampoco le dije esto a mi amigo. Eso sí, la ocasión me ayudó para reflexionar sobre algunas reacciones que esta cuestión de la lycra provoca en la gente no iniciada en el ciclismo.
Una es que muchos de ellos suelen pensar que cuando uno se viste en lycra trata de emular a esos tremendos atletas que corren el Tour de France, lo que los lleva inmediatamente a reafirmar nuestra irresponsabilidad en el tránsito. Como si todos los que llevan la camiseta del Barcelona en el mundo anduvieran por ahí dribleando una pelota como Lionel Messi.
Otra es que probablemente algunos sientan envidia que gente grande, incluso en algunos casos portadora de antiestéticas panzas, no tenga empacho alguno en vestirse ridículamente y andar como en tacos por ahí.
Y finalmente, ¿no será acaso envidia de que nosotros evitamos cumplir algunas normas de tránsito que ellos no pueden violar, o que podemos circular más rápido que los automovilistas en horas pico, o llegar antes que ellos en recorridos cortos y hasta medianos, y encima divertirnos…?
La respuesta a todo eso que podría haberme preguntado mi amigo y que no hizo porque yo mismo no le conté todas estas cosas es simple: “Vengan, súmense a nosotros, súbanse a la bici. Cuanta más gente en bicicleta, menos autos para entorpecer el tránsito.” Y: “Dejemos la lycra de lado. Si encontrás que es más cómodo andar en bici en ojotas y pantalones oxford, adelante, ¡vivan las ojotas y los pantalones oxford!” Y por último: “Si nos sumamos todos a la bici, la vida en las ciudades será mejor, más pacífica, más humana. Habrá espacio para todos y todos mereceremos respeto, más allá de cómo nos vistamos.”

por Mario García


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Hablamos sobre: Ciclismo urbano, Mario García, Reflexiones en dos ruedas

5 Responses to “To lycra or not to lycra”

  1. irene dice:

    Muchos amigos me han comentado además, que al ir en calzas y en bici, a otros hombres les parece gracioso pegarles un chirlo en la cola.
    De alguna manera, entiendo que buscan denigrar a quien creen que está ¿trasvestido?
    Esto está mal en tantos niveles…
    En fin, la actitud me resulta horrible, sea como sea.

  2. Jorge dice:

    Bueno el tema d la lycra no tendria porque importar tanto como lo payasesco q lucen los ciclistas con tantos colorinches que parecen piñon fijo ya, yo uso lycra pero de un solo color me daria verguenza usar tantos colores y parecer un dibujito animado jeje

  3. Hace poco iba en mi plegable rodando junto a mi esposa en fila de uno como corresponde.. Un automóvil vora blanco se me puso a la par y bajando el vidrio me dice si no me daba vergüenza andar en una bici tan chica ( aclaro que ya peino canas 55 años ) y me molesto un poco .. No alcance a responderle pero cuando se iba raudo pensé que yo circulaba en lo que amo y junto a quien amo con el aire puro en mi cara y este automovilista encerrado en.su maquina y me sentí mucho mejor …. La bici te da felicidad y calma los nervios….

  4. Silvana dice:

    alegar que no este expresamente prohibido circular bicicletas por las calles no es motivo…tampoco se prohibe circular rollers o caballos, y no hace falta decir que circular por la calle es muy peligroso… autos, colectivos y camoones rozandote no es la mejor convivencia…. los ciclistas en su mayoria no respetan los semaforos… hace falta mas infraestructura,
    educacion y respeto porcparte de todos! ( aclaro que yo ando en bici )

  5. hache dice:

    Lo q hace falta es respeto y mas información.. La ignorancia de la gente de xq se usa cierta ropa técnica y el colorido, es lo q hace q hagan comentarios inapropiados…

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