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Travesía por Colombia: selva, cafetales y muy buena gente

Fecha: 10.04.2020

Protagonizada por diez mujeres y cuatro varones, una travesía de montaña de 300 kilómetros durante seis días por el eje cafetero de Colombia (Departamento del Quindío), fruto de una detallada diagramación y con una precisa logística. Ideal para guardar en tu agenda de viajes futuros.

Texto: Fernando Giannini* |  Fotos: Jaime García Arroyave y Luis Enrique Quiscualtud

Esta tierra de grandes ciclistas nos atraía hace tiempo. Con la excusa de conocer los orígenes de los Nairos, Uranes, López, Gavirias y Henaos, nos encontramos con montañas rebosantes de verdes, gente que se desvive por atenderte bien, pendientes durísimas que justifican la existencia de esos monstruos del ciclismo y, fundamentalmente, un país que de alguna forma (vaya uno a saber cómo) ha pasado a ser un destino seguro y tranquilo.
Fue así que 14 almas partimos al Quindío, siendo la rama femenina la protagonista, ya que nada menos que 10 mujeres aceptaron el desafío de descubrir esta maravillosa tierra, invirtiendo miles de pulsaciones, llenado las retinas de verdes y deleitándonos tanto con la gastronomía local como con la atención especial del colombiano.
El proceso de diagramación, logística y diseño del recorrido me llevó entre cuatro y cinco meses de contactos, análisis de mapas, opciones de zonas o regiones y referencias, así que después de pensarla mucho decidímos que recorreríamos el eje cafetero, departamento del Quindío, con Iván Villanueva, de la Ruta de Colombia en Bicicleta. Un gran acierto, como el de haber ido a Colombia.
El epicentro de la travesía fue la pintoresca localidad de Calarcá, donde comenzó y finalizó el periplo ciclista, dividido en seis etapas que nos permitieron sumar unos 280 kilómetros y casi 6000 metros de desnivel.

Descubriendo un destino subestimado
Etapa 1: Calarcá-Salento-Valle del Cocora-Salento / 60 km y 1500 m de desnivel+
Ansiedad, sorpresa y subidas fueron los protagonistas de la etapa. Después de descansar de un complicado viaje, alojados ya en lo de Juana (estancia Cafetera La Paloma), nos fuimos a buscar las bicicletas, adecuarlas a nuestras medidas y necesidades y así poder por fin comenzar a pedalear en tierra colombiana.
Solo tres kilómetros de asfalto y entramos ya a la tierra y nos sorprendimos con lo que se trasformó en una constante por seis días: laderear, subir y bajar la mítica montaña colombiana inmersos en una prodigiosa selva que no dejaríamos hasta nuestro último día. Temprano entendimos que el desnivel acumulado no sería el problema; la dificultad estaría en las pendientes, muchas de ellas superiores al 15%.
Como sucede siempre que uno descubre una región, el interés y la curiosidad engañan al físico y las horas transcurren gastando glucógeno pero sin darse cuenta.
Por ser domingo pudimos ver y entender la pasión de los colombianos por el ciclismo. Es algo auténtico, que se explica por los cientos de ciclistas de todo biotipo, edad y nivel que nos cruzamos.
Así arribamos a Salento, ya con cinco horas de pedaleo, pero el “mapita“ indicaba que aún nos quedaba por cubrir 12 kilómetros y unos 500 metros de desnivel para llegar a los 2.400 msnm, corazón del Valle del Cocora.
Con actitud encaramos lo que faltaba, ilusionados, formando parte del típico paisaje de la palma de cera**. Bordeando por kilómetros el río Quindío arribamos adonde nos esperaban para compartir el ritual de plantar una pequeña palma y ponerle un nombre, símbolo y registro de nuestra presencia.
Almorzamos y regresamos nuevamente a Salento y aquí vivimos la experiencia que describe al pueblo colombiano: entrando al poblado yo venía guiando, paso por una heladería y salen dos niños, los miro y para establecer relación consulto: ¿está bueno el helado? Uno me mira y me ve ciclista cansado y me responde: “Está bueno don, ¿quiere que se lo dé..?” Sin palabras.

Por senderos, cascadas y caseríos
Etapa 2: Salento-Filandia /45 Km y 780 m de desnivel+
Las dos horas de diferencia nos hacían estar despiertos ya a las seis de la mañana. Desayuno muy completo, donde los protagonistas son el café, las frutas y las arepas. Y a comenzar a pedalear.
Esta vez una etapa más calma. De- sandamos unos ocho kilómetros y de ahí entramos a un valle que nos llevó a la cascada Santa Rita. Para acceder pedaleamos más de ocho kilómetros por senderos que bordean el río y tuvimos que cruzar un viejo túnel ferroviario.
Arribamos a la cascada, fotos de rigor y a encarar un sector asfaltado que nos depositó en el lugar de almuerzo. Luego seis kilómetros por la autopista principal cafetera y desvío a Filandia, con unos tranquilos 10 kilómetros en bajada. Pero el pueblo estaba en lo alto, de modo que para llegar a destino fueron dos kilómetros con pendiente del 16%, como para recordarnos que seguíamos en Colombia.
Filandia es un pueblo hermoso, con una típica plaza central rodeada de puestos de productos regionales como nueces, dulces, frutas y café. Su principal atracción es una heladería que fabrica helado artesanal de gustos típicos de la región, un merecido refrigerio para todos. Alojamiento muy bueno y a bañarse, tomar el café de gentileza y aunque el cuerpo pidiera a gritos una cama, salir a conocer y formar parte de este poblado; excepto el mecánico del grupo (Andrés Salavarrieta) que, con su muy buena onda y como lo hiciera todos los días, se encargó de restaurar las bicis.

Por la huella de las frutas y los monos aulladores
Etapa 3: Filandia-Circasia- Montenegro- Pueblo Tapado/ 48 km y 480 m de desnivel+
Esa mañana decidimos trasladarnos en vehículo el tramo de asfalto para comenzar a pedalear directamente en el camino de tierra que ingresa a la reserva natural Barbas Bremen, una zona fitogeográfica conocida como bosques de niebla, donde se encuentran diversidad de árboles endémicos (yarumos blancos o laureles, robles, cedros) que conforman el corredor de los monos aulladores. Allí fuimos con la esperanza de poder verlos. Nos encontramos además con una zona mixta de bosque y selva protegida y cultivos de diferentes frutales.
Pedaleamos por una huella poco utilizada para el tránsito normal, un recorrido mixto donde si bien predominaba la bajada, los cruces de un valle a otro estaban signados por subidas de muy fuertes pendientes. No pudimos ver a los monos, pero sí escucharlos claramente. Además pudimos degustar frutas exóticas como granadillas, mandarina-limón, lulos, guayabas, etcétera, cuyos árboles encontrábamos a nuestro paso.
Luego de unos 25 kilómetros cruzamos un río con una amigable cascada que nos invitó a refrescarnos y ascendimos un camino sinuoso que nos depositó en Circasia, lugar donde visitamos una de las principales fábricas de indumentaria de ciclismo de Colombia, Manzur, donde la amabilidad y predisposición de su dueño (nos permitió ingresar con 17 bicicletas a su local de venta) sedujo al staff de viajeros a adquirir sus excelentes productos.
Almuerzo en el restaurant El Jippon, nombrado así en homenaje al medio de movilidad más antiguo y aun hoy más utilizado en la región, el jeep.
Finalizada la reposición de fuerzas emprendimos lo que quedaba del recorrido camino a Montenegro, para terminar finalmente frente al parque del café, en Palo Tapado, en un complejo donde los protagonistas fueron los Guatines*** (pequeños capibaras), dueños de la parquización del lugar.

Tour del café, frutas y mariposas
Etapa 4: Calarcá-Calarcá / 27 km y 280 m de desnivel+
Este fue un día que lo dedicamos a conocer la cultura cafetera de la región. El recorrido nos llevó por las diferentes fincas productoras de café, rodeados de plantaciones de plátanos y cafetales, acompañados de un barista (especialista en todos los temas relacionados al café, desde la plantación hasta la taza que uno degusta).
Aprovechamos muy bien su compañía y pudimos entender el posicionamiento mundial del café colombiano, como así también que las producciones agrícolas de Sudamérica sufren todas los mismos inconvenientes si son realizadas por pequeños productores.
Promediando el recorrido hicimos stop en la Finca San José, que posee su marca propia de café, donde nos invitaron a degustarlo, enseñándonos la forma correcta de prepararlo. Luego del café vino una degustación de todas las frutas de la región amablemente preparada por Julio Villanueva (cheff y guía de la travesía) para cerrar el aspecto gastronómico cultural.
Pedaleamos unos cinco kilómetros hasta el centro de Calarcá, donde nos esperaba el almuerzo, una bandeja paisa, plato típico que posee los alimentos más utilizados de la región, sumamente abundante, con nueve ingredientes: frijoles, arroz, huevo, chorizo, chicharrón, tajada de plátano, arepa, carne de res molida, aguacate.
Ahí compartimos un momento inolvidable de música, ya que un lugareño nos ofreció amablemente con su guitarra una canción y el cantor de nuestro grupo se sumó inmediatamente. Así fue que pudimos improvisar una pequeña peña binacional y entre canciones y almuerzo nos dimos cuenta que nos quedaban solo dos horas para visitar la principal atracción de la región, el Mariposario y Parque Botánico del Quindío y hacia allá partimos a compartir una visita guiada para conocer decenas de especies de mariposas y los nombres y características de las plantas que nos venían acompañando en el recorrido.
Con las últimas horas de luz arribamos nuevamente al alojamiento de doña Luz, que nos esperaba con un café en la mano y una sonrisa en su boca, una verdadera postal colombiana.

El parque ciclomontañista
Etapa 5: Calarcá-Villa Virginia – Calarcá / 35 km y 1250 m de desnivel+
La distancia cubierta en relación al desnivel acumulado lo dice todo. Un recorrido duro, con pendientes monstruosas (varios sectores al 20% y más) tanto de bajada como de subida. Huellas y senderos señalizados conforman el parque ciclomontañista de la región, que los días festivos se llena, literalmente, de ciclistas de montaña.
Fue una etapa que sacó lo mejor del grupo. A pesar de ser una travesía, la única forma de poder hacerla todos era con ayuda de los pares. Los más fuertes dieron muestra de su solidaridad tirando, empujando y/o alentando al resto. Así transcurrimos el día con varios stops para recuperar fuerzas a base de bocadillos de dulce de guayaba. La soledad de la selva nos atrapó por completo. Fue la etapa donde terminamos de comprender el origen de las cualidades ciclísticas de los escarabajos colombianos.
El cierre no pudo ser mejor. Fuimos recibidos en la finca La Primavera, donde nos esperaban con sus trajes típicos para compartir un ajiaco (tres tipos de papa: pastusa, sabanera y criolla; guasca, alcaparras, crema de leche, caldo y pollo) y, obviamente, café.

El cierre inolvidable
Etapa 6: Calarcá-Quebrada Negra-Córdoba-Pijao-Buena Vista / 60 km y 1480 m de desnivel+
Ultimo día de la travesía. Ya éramos una verdadera familia. El desafío de ese día era máximo en distancia y con un puerto mítico de la región, el Alto del Carnicero.
Primera parte bastante tranquila, pedaleando sobre la margen derecha del río Santo Domingo hasta Quebrada Negra, donde comenzó un ascenso tipo colombiano de unos siete kilómetros, para luego llegar a la pintoresca localidad de Córdoba. Allí, degustación de empanadas típicas y a subir el mencionado puerto.
Camino en excelente estado, paisaje fabuloso y pendiente fueron las constantes de unas dos horas de pedaleo. A la llegada al puerto hubo abrazo grupal, que reflejaba tanto el esfuerzo realizado como ya vislumbrar que todo se terminaba.
Luego descenso corto y llegada a Pijao, coincidente con los festejos del día del niño. Acá pudimos comprobar que los políticos, sean de donde sean, utilizan todo lo que tienen a mano para promocionarse.
Después de degustar el café del día partimos al destino final, Bella Vista, pensando que todo lo que teníamos que subir ya había sido subido, pero el acumulado de mi GPS marcaba que aún quedaban unos 300 metros. No dije nada y dejé que todos descubriéramos las tres subidas que aun nos faltaban para comenzar a descender. Al final de la última nos encontramos con la imagen de un valle imponente. Llegué con mis últimas fuerzas al lado de mi compañera, nos detuvimos y ambos coincidimos en considerarnos afortunados.
Finalmente unos kilómetros de descenso y la certeza de que ya todo se terminaba. Me fui rezagando inconscientemente, intentando hacer durar más el muy buen momento. Curva final y nuevamente abrazos de camaradería, satisfacción por lo realizado y la convicción, no les quepa dudas, que terminaba una de nuestras mejores inversiones de tiempo: visitar, conocer y vivir Colombia.


*fagian3@gmail.com

** La palma de cera del Quindío es una palma nativa de los bosques montanos húmedos andinos del Parque Nacional Natural Los Nevados, Colomiba.

*** El guatín es un pequeño roedor.


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