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Cicloturismo

Travesía por Colombia: selva, cafetales y muy buena gente

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Protagonizada por diez mujeres y cuatro varones, una travesía de montaña de 300 kilómetros durante seis días por el eje cafetero de Colombia (Departamento del Quindío), fruto de una detallada diagramación y con una precisa logística. Ideal para guardar en tu agenda de viajes futuros.

Texto: Fernando Giannini* |  Fotos: Jaime García Arroyave y Luis Enrique Quiscualtud

Esta tierra de grandes ciclistas nos atraía hace tiempo. Con la excusa de conocer los orígenes de los Nairos, Uranes, López, Gavirias y Henaos, nos encontramos con montañas rebosantes de verdes, gente que se desvive por atenderte bien, pendientes durísimas que justifican la existencia de esos monstruos del ciclismo y, fundamentalmente, un país que de alguna forma (vaya uno a saber cómo) ha pasado a ser un destino seguro y tranquilo.
Fue así que 14 almas partimos al Quindío, siendo la rama femenina la protagonista, ya que nada menos que 10 mujeres aceptaron el desafío de descubrir esta maravillosa tierra, invirtiendo miles de pulsaciones, llenado las retinas de verdes y deleitándonos tanto con la gastronomía local como con la atención especial del colombiano.
El proceso de diagramación, logística y diseño del recorrido me llevó entre cuatro y cinco meses de contactos, análisis de mapas, opciones de zonas o regiones y referencias, así que después de pensarla mucho decidímos que recorreríamos el eje cafetero, departamento del Quindío, con Iván Villanueva, de la Ruta de Colombia en Bicicleta. Un gran acierto, como el de haber ido a Colombia.
El epicentro de la travesía fue la pintoresca localidad de Calarcá, donde comenzó y finalizó el periplo ciclista, dividido en seis etapas que nos permitieron sumar unos 280 kilómetros y casi 6000 metros de desnivel.

Descubriendo un destino subestimado
Etapa 1: Calarcá-Salento-Valle del Cocora-Salento / 60 km y 1500 m de desnivel+
Ansiedad, sorpresa y subidas fueron los protagonistas de la etapa. Después de descansar de un complicado viaje, alojados ya en lo de Juana (estancia Cafetera La Paloma), nos fuimos a buscar las bicicletas, adecuarlas a nuestras medidas y necesidades y así poder por fin comenzar a pedalear en tierra colombiana.
Solo tres kilómetros de asfalto y entramos ya a la tierra y nos sorprendimos con lo que se trasformó en una constante por seis días: laderear, subir y bajar la mítica montaña colombiana inmersos en una prodigiosa selva que no dejaríamos hasta nuestro último día. Temprano entendimos que el desnivel acumulado no sería el problema; la dificultad estaría en las pendientes, muchas de ellas superiores al 15%.
Como sucede siempre que uno descubre una región, el interés y la curiosidad engañan al físico y las horas transcurren gastando glucógeno pero sin darse cuenta.
Por ser domingo pudimos ver y entender la pasión de los colombianos por el ciclismo. Es algo auténtico, que se explica por los cientos de ciclistas de todo biotipo, edad y nivel que nos cruzamos.
Así arribamos a Salento, ya con cinco horas de pedaleo, pero el “mapita“ indicaba que aún nos quedaba por cubrir 12 kilómetros y unos 500 metros de desnivel para llegar a los 2.400 msnm, corazón del Valle del Cocora.
Con actitud encaramos lo que faltaba, ilusionados, formando parte del típico paisaje de la palma de cera**. Bordeando por kilómetros el río Quindío arribamos adonde nos esperaban para compartir el ritual de plantar una pequeña palma y ponerle un nombre, símbolo y registro de nuestra presencia.
Almorzamos y regresamos nuevamente a Salento y aquí vivimos la experiencia que describe al pueblo colombiano: entrando al poblado yo venía guiando, paso por una heladería y salen dos niños, los miro y para establecer relación consulto: ¿está bueno el helado? Uno me mira y me ve ciclista cansado y me responde: “Está bueno don, ¿quiere que se lo dé..?” Sin palabras.

Por senderos, cascadas y caseríos
Etapa 2: Salento-Filandia /45 Km y 780 m de desnivel+
Las dos horas de diferencia nos hacían estar despiertos ya a las seis de la mañana. Desayuno muy completo, donde los protagonistas son el café, las frutas y las arepas. Y a comenzar a pedalear.
Esta vez una etapa más calma. De- sandamos unos ocho kilómetros y de ahí entramos a un valle que nos llevó a la cascada Santa Rita. Para acceder pedaleamos más de ocho kilómetros por senderos que bordean el río y tuvimos que cruzar un viejo túnel ferroviario.
Arribamos a la cascada, fotos de rigor y a encarar un sector asfaltado que nos depositó en el lugar de almuerzo. Luego seis kilómetros por la autopista principal cafetera y desvío a Filandia, con unos tranquilos 10 kilómetros en bajada. Pero el pueblo estaba en lo alto, de modo que para llegar a destino fueron dos kilómetros con pendiente del 16%, como para recordarnos que seguíamos en Colombia.
Filandia es un pueblo hermoso, con una típica plaza central rodeada de puestos de productos regionales como nueces, dulces, frutas y café. Su principal atracción es una heladería que fabrica helado artesanal de gustos típicos de la región, un merecido refrigerio para todos. Alojamiento muy bueno y a bañarse, tomar el café de gentileza y aunque el cuerpo pidiera a gritos una cama, salir a conocer y formar parte de este poblado; excepto el mecánico del grupo (Andrés Salavarrieta) que, con su muy buena onda y como lo hiciera todos los días, se encargó de restaurar las bicis.

Por la huella de las frutas y los monos aulladores
Etapa 3: Filandia-Circasia- Montenegro- Pueblo Tapado/ 48 km y 480 m de desnivel+
Esa mañana decidimos trasladarnos en vehículo el tramo de asfalto para comenzar a pedalear directamente en el camino de tierra que ingresa a la reserva natural Barbas Bremen, una zona fitogeográfica conocida como bosques de niebla, donde se encuentran diversidad de árboles endémicos (yarumos blancos o laureles, robles, cedros) que conforman el corredor de los monos aulladores. Allí fuimos con la esperanza de poder verlos. Nos encontramos además con una zona mixta de bosque y selva protegida y cultivos de diferentes frutales.
Pedaleamos por una huella poco utilizada para el tránsito normal, un recorrido mixto donde si bien predominaba la bajada, los cruces de un valle a otro estaban signados por subidas de muy fuertes pendientes. No pudimos ver a los monos, pero sí escucharlos claramente. Además pudimos degustar frutas exóticas como granadillas, mandarina-limón, lulos, guayabas, etcétera, cuyos árboles encontrábamos a nuestro paso.
Luego de unos 25 kilómetros cruzamos un río con una amigable cascada que nos invitó a refrescarnos y ascendimos un camino sinuoso que nos depositó en Circasia, lugar donde visitamos una de las principales fábricas de indumentaria de ciclismo de Colombia, Manzur, donde la amabilidad y predisposición de su dueño (nos permitió ingresar con 17 bicicletas a su local de venta) sedujo al staff de viajeros a adquirir sus excelentes productos.
Almuerzo en el restaurant El Jippon, nombrado así en homenaje al medio de movilidad más antiguo y aun hoy más utilizado en la región, el jeep.
Finalizada la reposición de fuerzas emprendimos lo que quedaba del recorrido camino a Montenegro, para terminar finalmente frente al parque del café, en Palo Tapado, en un complejo donde los protagonistas fueron los Guatines*** (pequeños capibaras), dueños de la parquización del lugar.

Tour del café, frutas y mariposas
Etapa 4: Calarcá-Calarcá / 27 km y 280 m de desnivel+
Este fue un día que lo dedicamos a conocer la cultura cafetera de la región. El recorrido nos llevó por las diferentes fincas productoras de café, rodeados de plantaciones de plátanos y cafetales, acompañados de un barista (especialista en todos los temas relacionados al café, desde la plantación hasta la taza que uno degusta).
Aprovechamos muy bien su compañía y pudimos entender el posicionamiento mundial del café colombiano, como así también que las producciones agrícolas de Sudamérica sufren todas los mismos inconvenientes si son realizadas por pequeños productores.
Promediando el recorrido hicimos stop en la Finca San José, que posee su marca propia de café, donde nos invitaron a degustarlo, enseñándonos la forma correcta de prepararlo. Luego del café vino una degustación de todas las frutas de la región amablemente preparada por Julio Villanueva (cheff y guía de la travesía) para cerrar el aspecto gastronómico cultural.
Pedaleamos unos cinco kilómetros hasta el centro de Calarcá, donde nos esperaba el almuerzo, una bandeja paisa, plato típico que posee los alimentos más utilizados de la región, sumamente abundante, con nueve ingredientes: frijoles, arroz, huevo, chorizo, chicharrón, tajada de plátano, arepa, carne de res molida, aguacate.
Ahí compartimos un momento inolvidable de música, ya que un lugareño nos ofreció amablemente con su guitarra una canción y el cantor de nuestro grupo se sumó inmediatamente. Así fue que pudimos improvisar una pequeña peña binacional y entre canciones y almuerzo nos dimos cuenta que nos quedaban solo dos horas para visitar la principal atracción de la región, el Mariposario y Parque Botánico del Quindío y hacia allá partimos a compartir una visita guiada para conocer decenas de especies de mariposas y los nombres y características de las plantas que nos venían acompañando en el recorrido.
Con las últimas horas de luz arribamos nuevamente al alojamiento de doña Luz, que nos esperaba con un café en la mano y una sonrisa en su boca, una verdadera postal colombiana.

El parque ciclomontañista
Etapa 5: Calarcá-Villa Virginia – Calarcá / 35 km y 1250 m de desnivel+
La distancia cubierta en relación al desnivel acumulado lo dice todo. Un recorrido duro, con pendientes monstruosas (varios sectores al 20% y más) tanto de bajada como de subida. Huellas y senderos señalizados conforman el parque ciclomontañista de la región, que los días festivos se llena, literalmente, de ciclistas de montaña.
Fue una etapa que sacó lo mejor del grupo. A pesar de ser una travesía, la única forma de poder hacerla todos era con ayuda de los pares. Los más fuertes dieron muestra de su solidaridad tirando, empujando y/o alentando al resto. Así transcurrimos el día con varios stops para recuperar fuerzas a base de bocadillos de dulce de guayaba. La soledad de la selva nos atrapó por completo. Fue la etapa donde terminamos de comprender el origen de las cualidades ciclísticas de los escarabajos colombianos.
El cierre no pudo ser mejor. Fuimos recibidos en la finca La Primavera, donde nos esperaban con sus trajes típicos para compartir un ajiaco (tres tipos de papa: pastusa, sabanera y criolla; guasca, alcaparras, crema de leche, caldo y pollo) y, obviamente, café.

El cierre inolvidable
Etapa 6: Calarcá-Quebrada Negra-Córdoba-Pijao-Buena Vista / 60 km y 1480 m de desnivel+
Ultimo día de la travesía. Ya éramos una verdadera familia. El desafío de ese día era máximo en distancia y con un puerto mítico de la región, el Alto del Carnicero.
Primera parte bastante tranquila, pedaleando sobre la margen derecha del río Santo Domingo hasta Quebrada Negra, donde comenzó un ascenso tipo colombiano de unos siete kilómetros, para luego llegar a la pintoresca localidad de Córdoba. Allí, degustación de empanadas típicas y a subir el mencionado puerto.
Camino en excelente estado, paisaje fabuloso y pendiente fueron las constantes de unas dos horas de pedaleo. A la llegada al puerto hubo abrazo grupal, que reflejaba tanto el esfuerzo realizado como ya vislumbrar que todo se terminaba.
Luego descenso corto y llegada a Pijao, coincidente con los festejos del día del niño. Acá pudimos comprobar que los políticos, sean de donde sean, utilizan todo lo que tienen a mano para promocionarse.
Después de degustar el café del día partimos al destino final, Bella Vista, pensando que todo lo que teníamos que subir ya había sido subido, pero el acumulado de mi GPS marcaba que aún quedaban unos 300 metros. No dije nada y dejé que todos descubriéramos las tres subidas que aun nos faltaban para comenzar a descender. Al final de la última nos encontramos con la imagen de un valle imponente. Llegué con mis últimas fuerzas al lado de mi compañera, nos detuvimos y ambos coincidimos en considerarnos afortunados.
Finalmente unos kilómetros de descenso y la certeza de que ya todo se terminaba. Me fui rezagando inconscientemente, intentando hacer durar más el muy buen momento. Curva final y nuevamente abrazos de camaradería, satisfacción por lo realizado y la convicción, no les quepa dudas, que terminaba una de nuestras mejores inversiones de tiempo: visitar, conocer y vivir Colombia.


*fagian3@gmail.com

** La palma de cera del Quindío es una palma nativa de los bosques montanos húmedos andinos del Parque Nacional Natural Los Nevados, Colomiba.

*** El guatín es un pequeño roedor.

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Salta y Jujuy: una travesía de 1200 kilómetros protagonizada por 5 experimentados viajeros

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Hector “Cachi” Gestido (57), German Yannielli (59), Carlos Teicheira (57), Claudio Nicala (58) y Ricardo Pereyra (56) integran un grupo de profesores de educación física que desarrollaron su vida y su profesión en la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, trabajando desde el nivel inicial hasta nivel superior y que al día de hoy, en razón del especial régimen jubilatorio de esa provincia, se han acogido al retiro.

El asunto es que hace unos 10 años, cuando aun estaban en funciones, comenzaron a viajar en bicicleta, haciendo dos o tres viajes anuales de alrededor de un mes de duración, entre otros el de la Carretera Austral, el de El Calafate a Ushuaia, el Camino de Santiago de Compostela portugués y francés, gran parte de Italia, la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia completa.

Naturalmente, la integración del grupo en los viajes ha ido cambiando según las posibilidades de cada uno al momento de realizarlo. Pero en la ocasión que nos ocupa, los 5 nombrados fueron los que planearon y concretaron un viaje en bicicleta por las provincias de Salta y Jujuy.

El viaje

Para concretarlo viajaron en avión desde Tierra del Fuego a Buenos Aires y desde allí a Jujuy, llevando como equipaje deportivo las bicicletas y alforjas en cajas que respetaban las medidas permitidas por la línea aérea.

Llegados a San Salvador de Jujuy el primer día de septiembre, armaron sus bicicletas para emprender a la mañana siguiente una travesía de 1200 kilómetros de pedaleo por sus propios medios, sin ningún tipo de apoyo. 

De San Salvador de Jujuy, por la ruta 9, pusieron rumbo a La Quiaca, adaptándose progresivamente a la altura. Al llegar a La Quiaca se tomaron un día de descanso, cruzaron a Bolivia y regresaron en el día, con el objetivo de prepararse para encarar la ruta 40, sabiendo que ahí comenzaba la parte más dura del recorrido, ya que no dudaban que el suelo y el clima jugarían en su contra.

De ahí en más completaron distancias diarias de aproximadamente 40 kilómetros entre los 3600 y 4200 metros sobre el nivel del mar. 

Para llegar a San Antonio de los Cobres pasaron por Cienaguillas, Timón Cruz, Paicone, Liviara, Coyaguaima, Tanques y Susque, todos pueblos son conexión wifi pero sin muchos servicios ni negocios ni alojamietos. 

Al caer el sol la temperatura bajaba considerablemente y por la noche rondaba los 8 a 12ºC bajo cero. En algunos casos durmieron en carpas y en otros en pequeñas piezas o galpones que les prestaban. 

Al llegar a San Antonio de los Cobres se prepararon para cruzar la ya antológica meta cicloturista del Abra el Acay, a 4895 msnm (el paso carretero más alto de América). “¡Muy complicado —nos recuerda Cachi Gestido—, pero el paisaje al bajar hacia el lado de la Poma y Cachi es realmente increíble …”

Desde el Abra bajaron hacia Salta por la Cuesta del Obispo y desde ahí regresaron a Jujuy por el Camino de Cornisa, entre la yunga, “otro lugar magnifico”.

Sobre un total de 26 días de travesía, los viajeros pedalearon 23.

Lo mejor y lo peor

Cachi Gestido, nuestro interlocutor del grupo, nos contó que no tuvieron mayores problemas con el tema de altura y que antes de viajar se habían hecho los estudios cardiológicos correspondientes. “En cuanto a la seguridad —afirma Cachi—, no tuvimos ningún drama, pero quiero destacar que la ruta 40 es muy complicada: nos encontramos con mucho ripio suelto, arenales, ríos congelados y viento —normal en la zona—, además de las bellezas del lugar.”

Con respecto a la mecánica, el grupo no sufrió mayores inconvenientes, salvo pinchaduras, alguna rotura de portaequipaje y, quizás un poco más problemática, la revisión y rellenado de líquido de freno, lo cual fue subsanado en San Antonio de los Cobres.

“Nos asombró —recuerda Gestido— la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Con la caída del sol la temperatura descendía bruscamente llegando a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. Así también las características culturales de los habitantes de los pequeños pueblos que nos recibieron a nuestro paso, y esos paisajes únicos que poca gente tiene la posibilidad de contemplar, ya que no se encuentran en un circuito turístico desarrollado.”

Según Gestido, los mejores momentos del viaje fueron los encuentros grupales al finalizar cada jornada de pedaleo, encuentros en los que se compartió la experiencia de cada uno durante el día entre mates, cafés y cenas. Y los peores momentos nos los resumió en dos episodios. “Por un lado, la noche que pernoctamos en carpa en un lugar llamado Tanques, la temperatura fue tan baja que al despertarnos no teníamos agua para el desayuno, ya que se había congelado dentro de los termos de acero que estaban en la carpa, al lado de las bolsas de dormir, lo que nos obligó a ir a romper el hielo de un chorrillo para obtener agua. El segundo episodio fue el trayecto de 152 kilómetros entre Cachi y Salta, que nos demandó 11 horas, debido al viento en contra y las características de la ruta, descendiendo por la Cuesta del Obispo. Llegamos a Salta totalmente extenuados.”

Y concluye con una afirmación categórica: “¡Ahora comenzamos a pensar nuestro futuro viaje!”

Info adicional: https://www.facebook.com/hector.gestido | rubenviviano@hotmail.com 

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Llegaron a Qatar los cordobeses que recorrieron 10.000 kilómetros en bicicleta para alentar a la selección en el Mundial

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Finalmente, los tres argentinos que se habían propuesto llegar a Qatar en bicicleta, recorriendo África de punta a punta y parte de Medio Oriente, cumplieron su objetivo, completando más de 10.000 kilómetros sobre sus bicicletas Venzo para llegar a tiempo para alentar a la selección en el Mundial de Fútbol Qatar 2022.
El viaje en bici les demandó 177 días. Partieron de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y llegaron a Qatar luego de recorrer 15 países. Los aventureros: Lucas Ledezma (34), Leandro Blanco Pighi (32) y Silvio Gatti (32), que zarparon en sus bicicletas en mayo de este año.

El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014, creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección de fútbol por el mundo. Antes de este viaje Ledezma llevaba recorridos más de 30.000 kilómetros en bicicleta por más de 25 países, en viajes que lo llevaron a Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

¡Esperemos que la cábala se repita en Qatar!

https://www.instagram.com/todoapedal/

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Cómo cargar la bici en formato bikepacking por Diego Andrich

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Diego Andrich es un viajero de gran experiencia y dueño de la tienda Tierra de Biciviajeros.

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Bici Salvaje: de la Selva Maya a la Amazonia para defender la selva

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El primer día de mayo del 2022, dos españoles residentes en Madrid, Isabel (27) y Pablo (32), iniciaron un viaje documental en bicicleta con propósitos medioambientales desde la Selva Maya mexicana hasta la selva amazónica ecuatoriana al que nombraron con el aguerrido nombre de Un viaje para defender la selva, una expedición que estiman que les demandará algo menos de dos años. La pareja se muestra muy activamente en redes como Bici Salvaje.

En nuestro contacto con ellos nos contaron que antes de conocerse ambos habían viajado como mochileros. Después de una vuelta por América, Pablo, de profesión fotógrafo, volvió a España queriendo saber qué es viajar en bicicleta y tras varias vacaciones de verano sobre los pedales, la idea terminó conquistándolo. Por su parte, Isabel es higienista bucodental y amante de la naturaleza en todas sus formas, también viajera y aventurera desde pequeña. “Siempre le gustó ayudar a los demás”, asegura Pablo. “A Pablo —añade Isabel— le mueve la aventura y el cuidado de la naturaleza. Sueña grandes expediciones como la de Bici Salvaje.”
Así fue que la suma de todas sus pasiones dio como resultado un gran sueño de pareja. “Algo más que un viaje”, afirman.

Para la expedición cuentan con el apoyo de la marca de bicicletas española Conor Bikes (@conorbikes_oficial), que les ha aportado un par de mountain bikes para afrontar la aventura. Las bicicletas estás adaptadas para cargar alforjas y otros equipajes que aseguran con amarres de la marca dinamarquesa Fixplus (@myfixplus). Entre otros enseres, llevan carpa, calentador, un par de sillas desmontables y un filtro de The Social Water para potabilizar el agua (@thesocialwater).
Y la pregunta del millón: ¿Cómo solventan su viaje?. Nos cuentan que manejan algunos ahorros de sus trabajos en España, “pero los guardamos como para cualquier emergencia. Nuestro principal ingreso viene del apoyo de la gente que sigue nuestro viaje a través de la plataforma buymeacoffee. Nos invitan a un café con lo que aquí pagamos un almuerzo. Gracias a esta ayuda podremos seguir con nuestro documental. Además, usamos la cámara para intercambiar con hoteles en los que poder descansar con comodidad. También viajamos con un equipo de tatuaje con el que trabajar.”
Pero vamos al grano. Y para ello nada mejor que su testimonio textual luego de los primeros tres meses de viaje. Helo aquí.

Bici Salvaje
Bici Salvaje es un viaje documental en bicicleta comprometido con el medioambiente, con esencia exploradora. Un viaje a través de Centroamérica y Sudamérica, conectando las dos selvas más importantes del continente. Esta aventura está marcada por un objetivo: conservar un ecosistema vital para la lucha contra el cambio climático y el hogar de la mitad de la biodiversidad del planeta, los bosques tropicales.

Empezamos en México con las bicicletas cargadas de ilusión y buenas intenciones, lanzándonos al desafío de recorrer pedaleando los miles de kilómetros que separan la Selva Maya en México de la Amazonia ecuatoriana.
En Bici Salvaje ponemos la energía de dos almas viajeras con ganas de vivir experiencias inolvidables cada día. Se suma el propósito de documentar nuestra aventura y no sólo eso, sino además de contar las historias de quienes defienden las selvas que agonizan ante la deforestación. Solo entre 2004 y 2017, más de 43 millones de hectáreas de bosque han sido arrasadas. Un dato que estremece, pero que en realidad no nos hacía falta conocer para ponernos en marcha.
En muchas ocasiones, en el camino nos hemos encontrado con proyectos y personas que han servido de puente y aprendizaje para poder dar voz y visibilizar los problemas que viven con respecto a la depredación de sus selvas. Una buena razón para subirnos a esta Bici Salvaje y recorrer México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.

Después de tres meses de viaje podemos contar los diferentes problemas nos han ocurrido en el camino, incluyendo desde situaciones mecánicas de la bici hasta problemas de salud. Cosas que acaban siendo normales en este tipo de aventuras. Por suerte, la amabilidad y hospitalidad de la gente con la comunidad cicloviajera ya es algo conocido.
Además de ser un medio de transporte limpio con el planeta, pedalear nos acerca a las comunidades. Este precisamente fue uno de los motivos por el que nos decantamos a viajar en bici. Sentimos más al pueblo, damos más y recibimos más.

Ponemos en el centro de Bici Salvaje a todas las personas que viven cómo desaparece la riqueza natural que les vio crecer. Las comunidades indígenas, sometidas a una gran presión, representan solo el 6,2% de la población mundial, pero protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Una parte de este proyecto busca poner el micrófono a las comunidades que están defendiendo su hogar.
“Hemos aprendido de otros proyectos locales que ponen en el centro de sus valores a su comunidad y a la naturaleza endémica. No se trata solo de nuestro relato, sino de relatos ajenos que nos aporten. Queremos acercarnos a otros proyectos que tengan una visión diferente acerca de la conservación.” Es casi más importante conservar lo que ya conocemos que lo que se está por conocer.

Aún nos queda mucha travesía por delante. Y estamos abiertos a quienes quieran colaborar en la aventura. Todos podemos contribuir cambiando nuestros hábitos de consumo. Si algún amigo nos quiere ayudar, lo primero que tiene que hacer es respetar el entorno, limpiar el parque cerca de su casa, darle un poquito de conciencia medioambiental a sus viajes y sobre todo, disfrutar.
A través de las redes sociales puedes formar parte de la comunidad de Bici Salvaje. Cada día somos más. En los días de calor sienta bien un mensaje refrescante. También se nos puede invitar a un cafecito, descansos en los que aprovechamos para editar nuestros próximos capítulos del canal de YouTube.

Mientras tanto seguimos en esta aventura sobre ruedas, disfrutando de lo que la vida en bicicleta nos regala, agradeciendo el calor de la gente y poniendo nuestras piernas bien fuertes.
¡Pedalea con nosotros en Bici Salvaje y únete a esta aventura!

 

Facebook e Instagram: @bicisalvaje.

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