Cicloturismo
Travesías extremas: Los lugares más cálidos del mundo
Así como la supervivencia en las regiones heladas depende de la habilidad para conservar el calor, en zonas de temperaturas altas nos debemos a nuestra capacidad de adaptación y de hidratación. La experiencia de Mariano Lorefice en los desiertos de Atacama, Sahara, Namib, Kavir y Gobi.
Por Mariano Lorefice*
En los últimos 25 años crucé la mayoría de los desiertos (y otros lugares) donde el calor alcanza condiciones extremas, como Atacama, Sahara, Namib, Kavir, Gobi, Australia y Mojave. En ocasiones, en países de clima tropical y húmedo, sufrí más los efectos del calor que en los secos desiertos. Pero en ambos casos la experiencia fue interesante y me sirvió para aprender la importancia de mantenerme hidratado y adaptarme a diferentes condiciones, en las cuales es difícil obtener agua y es necesario aprender a sobrevivir.
Así como la supervivencia en las regiones heladas depende de la habilidad para conservar el calor, en las zonas cálidas la vida depende de nuestra capacidad de adaptación y de mantenernos hidratados.
El agua es vida, es fundamental tanto para el calor como para el frío, infaltable en cualquier experiencia extrema y en la cotidianeidad. Jamás se la puede obviar. El agua cubre más del 75% de la superficie terrestre. Sólo una quinta parte del planeta está comprendida por desiertos. Pero en la actualidad, por el descontrol ecológico, éstos se expanden de manera muy acelerada.
Los seres humanos no tenemos la capacidad de almacenar líquido como los camellos o las plantas xerófilas (cactus). No podemos acumular reservas de agua en nuestro cuerpo; cualquier exceso de líquido es eliminado. A la vez, nuestra capacidad de transporte en la bicicleta se limita a unos 15 ó 20 litros de agua como máximo (aunque podría ser más). Entonces, si transitamos por el desierto tenemos que recurrir a algunas de las mil millones de personas que habitan las regiones áridas del planeta ¡aunque a veces sea muy difícil encontrar a alguna de esas personas!
Lo fundamental para sobrevivir, aparte de transportar agua, es ser prudente, tener conocimiento de nuestro propio cuerpo -sus posibilidades y limitaciones físicas- y haber estudiado bien la zona.
El cruce de los desiertos
La sola mención del término desierto nos trae a la mente la imagen de un sol abrazador sobre un ilimitado horizonte de arena donde no nos cabría la posibilidad de pedalear. Sin embargo casi todos los desiertos están habitados en ocasionales y apartados parajes, donde los pobladores pueden dedicarse a la extracción y explotación de minerales y crianza de animales. El único desierto que puede considerarse inaccesible es el de Takla Makan, ubicado en el interior de China y protegido por altísimas cordilleras.
Al viajar en bici es interesante observar las adaptaciones y cambios que sufren las personas de los diferentes lugares. En las zonas más calientes, tal vez duerman la siesta en las horas más pesadas del día, se trasladen con movimientos lentos y usen ropa holgada de mangas largas, turbantes y túnicas que brindan comodidad, refrescan y protegen la piel de los rayos solares y de las fuertes tormentas de arena. En Irán, por ejemplo, la costumbre religiosa me obligó a usar pantalones largos para pedalear con temperaturas que superaban los 45º.
Los camellos y dromedarios son un excelente ejemplo de cómo los animales se adaptan a todo tipo de condiciones y también me sirvieron como demostración de dominio y autocontrol. Traté de mentalizarme para imitar el tranquilo, sonriente y despreocupado andar de los camellos por caminos que no sólo eran un infierno por el calor sino también por el tránsito endemoniado de todo tipo de vehículos.
La falta de pastillas potabilizadoras para el agua me hacía tentar cada vez que un beduino, en Irán o Pakistán, corría al camino para invitarme con un té. El agua tenía un sabor desagradable, casi intomable, y al beber el té en cierta manera disminuía el riesgo de contaminación e ingería una bebida previamente hervida que al estar endulzada también me aportaba energía.
Al no tener forma eficiente y rápida de potabilizar el agua, corremos peligro de contraer alguna enfermedad o descomponernos en lugares donde una simple diarrea puede resultar muy grave. Las circunstancias hicieron que adorara a los hospitalarios beduinos y sus humildes ranchitos, no sólo porque representaban para mí necesarias casas de té, sino por ser también estaciones donde recibía buena onda y calidez humana, además de un refugio para las fuertes tormentas de arena del desierto.
En Marruecos, cuando crucé el desierto del Sahara, adopté la costumbre de beber te dulce con menta, que la gente me ofrecía con fervor. Igualmente en el desierto del Gobi, en India y en Tibet, el te con sus diferentes agregados fue una bebida hidratante, revitalizadora y que siempre sirvió para confraternizar con la gente.
Atacama
El desierto de Atacama tiene la misma superficie que Uruguay y está lejos de tener la del Sahara, que es casi tres veces tan grande como la Argentina pero se lo considera el más seco del mundo. ¡Estuvo 401 años sin llover! Con Rocinante —mi bici— tuvimos la posibilidad de atravesarlo en una semana del mes de noviembre de 1995 (viniendo de Alaska). La experiencia fue alucinante. La tranquilidad sólo se interrumpía por poblados alejados 160 kilómetros uno del otro y con ocasionales minas (les dicen “oficinas”) abandonadas y pueblos fantasmas.
Durante el día la temperatura podía llegar a 50º y a la noche bajaba a -10º. Por la mañana cuando el calor ascendía se podía escuchar resquebrajarse la salitrosa tierra. Durante la noche el cielo me brindaba uno de los mayores espectáculos del mundo.
Durante esos días, diez a quince litros de agua eran mi medida. La mayor dificultad era mantenerla a una temperatura aceptable. Para eso envolvía mis caramañolas en buzos mojados y las guardaba en el interior de las alforjas. En un termo de litro almacenaba agua fría para deleitarme con ocasionales sorbitos. Como una ironía, antes de llegar a San Pedro de Atacama me sorprendió un tamarugal en medio de la nada con un cartel que decía “Dame agua por favor”.
El Amazonas
En el Amazonas, como en otros países de clima cálido y húmedo, el calor se siente todo el tiempo y se puede llegar sufrir tanto a la sombra como por la noche. En esa ocasión llevaba una carpa muy chica que durante la noche condensaba el calor y lo aumentaba. Mi consumo de agua se incrementó. Conseguir líquido se transformó en una imperiosa necesidad.
Desde Santa Elena de Uairen, en la frontera venezolana, hasta Guajara Mirim, en la frontera con Bolivia, fueron 2300 kilómetros de pedaleo por el territorio de la Amazonia brasilera. Esta región de selvas y bosques tropicales cubre más superficie que la de una Argentina y media.
De la frontera de Venezuela a Manaus, gran capital del Amazonas, hay 1037 kilómetros y entre ambas sólo dos ciudades: Boa Vista (kilómetro 233) y Presidente Figueredo (kilómetro 906). Luego de Manaus se cruza el río Amazonas y se desembarca en Careiro, desde donde restan 690 kilómetros a Humaita, 910 kilómetros a Porto Velho y 1246 kilómetros hasta la frontera con Bolivia. La distancia entre uno y otro poblado y las altas temperaturas y humedad, transformaron el tramo de Manaus a Bolivia en un gran desafío. La supervivencia se basó en mi capacidad para mantenerme hidratado. Los pocos lugares donde podía conseguir agua eran insuficientes para proveerme del elemento vital, pero por fortuna a lo largo del desértico trayecto pude encontrar gran cantidad de ríos. Al principio traté de potabilizar agua usando un pequeño potabilizador, pero el esfuerzo de bombear no me resultó práctico. ¡Sudaba cerca de medio litro para potabilizar menos de 2 litros! Opté por acercarme a los ríos en donde el agua era menos turbia y cargarla en las caramañolas, agregándole varias gotitas de Iodo como solución potabilizadora. Las pastillas de Micropur me habían dado buen resultado en la primera parte del viaje, pero se me agotaron antes de llegar a Manaus. Eran muy eficaces, prácticas y no dejaban el desagradable sabor del iodo, que se sumaba al sabor selvático del agua (que probablemente lo aportasen los vegetales en descomposición) y al calor que la transformaba en un caldo imbebible. Agregándole un poco de azúcar y leche en polvo conseguí cambiar el sabor de mi “caldo de supervivencia” para que no me resultara tan desagradable.
Desierto de Mojave
En el verano del 2011 realicé una de las travesías más espectaculares y extremas. Comencé en el Sur de California, en el desierto de Mojave, y finalicé al Norte de San Francisco, en el Monte Tamalpais, cuna y origen del mountain bike. Fueron alrededor de 1500 kilómetros de pedaleo desde los curiosos árboles de Jhosua hasta las impresionantes y gigantescas Sequoias –árboles muy longevos, considerados las coníferas más altas que existen–.
La mayor dificultad de este viaje fue cruzar el Desierto de Mojave, donde se encuentra el valle más cálido del planeta, pasando por la Reserva Nacional Mojave y los Parques Nacionales Joshua Tree y Death Valley.
Viajé de manera autónoma, solo con mi bici. Evité las ciudades y transité por caminos secundarios, en silencio y soledad. Disfruté de un paisaje sin confines; con mi vista podía llegar a lejanas colinas al final de interminables rectas, que luego de algunas horas y con satisfacción, alcanzaba con mi bici.
En la mayoría de los casos acampaba en pequeños pueblitos o parajes deshabitados, calculando una provisión de alimentos y agua. A veces algún auto se detenía y las personas me preguntaban cómo estaba o si necesitaba algo. La gente siempre fue hospitalaria, pero debo destacar que en Death Valley nunca se detuvo nadie.
El Valle de la Muerte
Inicié el recorrido en Shoshone antes del amanecer para aprovechar y pedalear algunas horas sin el calor sofocante. A poco de comenzar llegó el primer esfuerzo del día hacia el Salsberry Pass, a 1010 msnm. Desde allí inicié un largo descenso y alcancé el punto más bajo de América: Bad Water, ubicado a 86 metros debajo del nivel del mar. Es éste el lugar más caliente y seco del mundo, con un récord de 58,1 °C. Le presté mucha atención a beber metódicamente y cada tanto comía algo. Así pude mantener mis niveles de hidratación y energía en óptimas condiciones.
En el kilómetro 116 llegué a Furnace Creek, el primer paraje habitado en donde pude cargar agua y empecé a pedalear las horas más cálidas del día por el bien llamado Valle de la Muerte. Los siguientes 45 kilómetros hasta Stovepipe Wellss los hice en un estado de atención máxima. Trataba de no “evaporarme” y me concentraba en no desvanecerme. Mientras luchaba con una extraña sensación de ir al límite, bebía el agua, con la cual podría haber hecho mate. El desplazamiento de la bici me brindaba una brisa justa y necesaria para refrescarme. Si me detenía, me cocinaba entre el ardiente asfalto del camino y el implacable sol.
Luego de Stovepipe Wellss, con 161 kilómetros pedaleados y más de 8 litros de agua bebidos, inicié el escape del infierno del modo más caliente: ¡Ascendiendo! La velocidad de la bici se redujo igual que la ventilación que ella me producía. El esfuerzo aumentó y el calor corporal superó límites que parecían imposibles. Me imaginé ser un globo de aire caliente que se elevaba gracias a las pedaleadas que generaban calor y aumentaban la temperatura de ese mismo globo, haciéndolo más sutil y volátil. Probablemente fuese un divague producto de la insolación.
Los 25 kilómetros de ascenso hasta el paso de Towne Pass, a 1550 msnm, quedaron en mi memoria como una experiencia inolvidable, un triunfo personal en el cual tuve la satisfacción de vencer el calor del desierto más cálido del mundo y la gravedad. Claro que tuve a mi favor el “peso” de la bici, en gran parte constituido por el agua que llevaba y la propia voluntad.
*Cicloviajero desde 1986. Ha completando múltiples vueltas a la Argentina y dos vueltas al mundo. Recorrió con alforjas más de 70 países. Es el creador de www.patagonia-biking.com y como guía profesional lleva realizadas más de 110 travesías por 14 países diferentes: marianolorefice@yahoo.com.
TIPS
Sobrevivir en el desierto
–Mantener una correcta hidratación. Para deshidratarse no hace falta ir a lugares muy calientes, con temperaturas inferiores a 0º y el olvido y descuido de no beber agua nos podemos deshidratar y sufrir las mismas consecuencias que en el desierto más cálido.
–El 60% del peso corporal es agua. Un hombre de 75 kilos contiene 45 litros de agua y la pérdida de solamente un 11/2 produce fatiga y disminución del rendimiento.
–Según la humedad y la intensidad con que se pedalee varía la pérdida de líquido, que puede llegar hasta dos litros por hora. Al atravesar zonas calientes el sudor funciona como sistema de refrigeración.
–En ocasiones normales de pedaleo se aconseja reponer 800 ml de agua por hora. En etapas exigentes de 150 a 200 kilómetros se recomiendan 6 litros o más. La hidratación deber ser gradual. Beber gran cantidad de agua junta propicia la deshidratación, así como también beber soluciones caseras que contengan azúcar o sales en exceso. He probado las marcas comerciales de bebidas de rehidratación y no me resultan buenas a menos que las diluya con un 20% de agua. Creo que lo más recomendable es beber agua a temperaturas templadas.
–La fórmula básica para sobrevivir en terrenos difíciles:
Voluntad = motor
Alimentación = combustible
Hidratación = vida
Autoconocimiento y prudencia = supervivencia y conservación
*Cicloviajero desde 1986. Ha completando múltiples vueltas a la Argentina y dos vueltas al mundo. Recorrió con alforjas más de 70 países. Es el creador de patagonia-biking.com y como guía profesional lleva realizadas más de 110 travesías por 14 países diferentes: marianolorefice@yahoo.com.
Nota publicada en revista Biciclub Nº 244, abril 2015.
Cicloturismo
Al borde del mundo: El viaje donde el paisaje te pasa por adentro
Por Pedro Piusselli – Redacción Biciclub
Hay libros que llegan a la redacción y se quedan un rato largo sobre el escritorio, no por falta de tiempo, sino porque desde la tapa te están desafiando. Eso me pasó con «Al borde del mundo», la nueva obra de Diego Andrich.
Muchos conocemos a Diego por sus kilómetros acumulados y su vida dedicada al cicloturismo, pero en esta novela logra algo que rara vez encontramos en la literatura de viajes: despojar al ciclista de su armadura épica para mostrar al hombre que hay detrás, con sus miedos, sus torpezas y su vulnerabilidad.
La historia detrás del manubrio La trama nos presenta a Martín, un contador de 43 años cuya vida en la ciudad se ha vuelto una planilla de Excel sin sentido. Tras la pérdida de su mujer y el vacío de una rutina gris, Martín recibe una herencia que parece más un castigo que un regalo: tres mil hectáreas de meseta basáltica en la Patagonia profunda.
Lo que sigue no es el típico relato de un atleta superando récords. Es la crónica de alguien que no sabe prender un fuego, que se pierde con el GPS en un shopping y que, de pronto, se encuentra empujando una bicicleta cargada con 50 kilos de equipo por el ripio indomable que une Maquinchao con El Caín.
El ripio como maestro Andrich describe con una fidelidad asombrosa lo que todos hemos sentido alguna vez: esa negociación silenciosa entre la rueda y la piedra, el ardor en los isquiones que no cede y el viento patagónico que no es una metáfora, sino una pared física que te obliga a decidir si seguís o te rendís.
Pero el libro va más allá del esfuerzo físico. Es una exploración sobre la soledad y el duelo. Como bien apunta el autor en un pasaje que nos quedó resonando: “En un auto vas adentro de algo, el paisaje pasa del otro lado del vidrio. En bicicleta, el paisaje te pasa por adentro”. Martín descubre que la bicicleta es el único vehículo que te permite desarmarte para volver a armarte con piezas nuevas.
Mucho más que una novela «Al borde del mundo» es una invitación a dejar de ser espectadores de nuestra propia vida. Y para los que se sientan inspirados a dar ese primer pedalazo, el libro viene con un plus fundamental: una Guía Práctica para iniciarte en el mundo de los viajes en bicicleta. Desde cómo distribuir el peso en las alforjas (30% adelante, 70% atrás) hasta la posición correcta de las manos para evitar que los nervios se compriman en las jornadas largas.
Cómo conseguirlo Si buscás una historia que te saque de la zona de confort y, de paso, querés llevarte consejos técnicos de alguien que sabe lo que es estar ahí afuera, podés conseguir el ebook escribiendo a: 📧 tierradebiciviajeros@gmail.com
El valor es de $9.950 e incluye la guía práctica de iniciación.
Una lectura obligatoria para este invierno, ideal para planificar ese viaje que venís postergando. Porque, como dice Martín en el libro, elegir no garantiza nada… pero no elegir también tiene un costo.
ABC
Cómo planificar un viaje en bicicleta
En esta nota, Jimena Sánchez, de La Vida de Viaje, nos da respuesta a las preguntas más frecuentes.
¿Cómo sé si me va a dar el estado físico?
Esta pregunta es la que se lleva el podio cuando hablamos sobre cicloturismo. Y el punto está en que asociamos a los viajes en bicicleta con “esfuerzo físico” y no con “placer físico”. Pongamos un ejemplo: toda subida tiene su recompensa cuando lográs llegar hasta su punto más alto. Después siempre hay una bajada y es ahí donde lográs el balance y te recuperás. (Menciono lo de las subidas porque también es un trending topic y porque siempre nos olvidamos de que las rutas tienen llanos y bajadas hermosas que nos hacen sentir en otro planeta.)
¿Siempre se pedalea en un viaje? No. Citando el mismo ejemplo, si una subida te cansa porque es muy empinada o notás que se te resbala o se te traba la bicicleta (esto pasa mucho sobre el ripio), te podés bajar de la bici y caminar. “Uy, pero eso te cansa también.” (Sí, te leí la mente, pero son otros músculos y otra manera de hacer fuerza. Se puede ver como otra manera de “descansar” sin dejar de avanzar.) A ver: obvio que vas a cansarte. Pero el cuerpo, con los días en ruta, se entrena. Y el primer día te vas a cansar, el segundo no tanto, y así. Podés parar las veces que necesites para descansar y podés viajar al ritmo que quieras porque es TU viaje. No existen los manuales de cómo deberías viajar. Los viajes en bicicleta no son viajes para súper atletas, sino para todas aquellas personas que estén dispuestas a conocer y conectar con su cuerpo, quieran salir de su zona cómoda y busquen disfrutar del placer de sentirse vivas haciendo deporte.
Obviamente, cuanto más hayas entrenado antes de viajar, más rápida va a ser la adaptación para pasar del “esfuerzo físico” al “placer físico” que dijimos al principio y poder disfrutar del día a día.
¿Por dónde empiezo a planificar un viaje?
Agarrá un papel y un lápiz y respondé:
– ¿A dónde te gustaría viajar? vs. ¿A dónde podés viajar? Si las dos respuestas coinciden, genial. Ahora bien, si por cuestiones económicas, laborales, de tiempos, o lo que sea, el “a dónde puedo viajar” pesa más que el “a dónde te gustaría viajar” no lo tomes como un problema. Lo real siempre es más alcanzable que lo ideal.
– ¿Cuándo?
– ¿Cuánto tiempo tenés disponible?
– ¿Va a ser un viaje en solitario o con alguien?
Una vez que tenés esta información sobre la mesa, viene la etapa de investigación, que es la más larga y tediosa, pero la más importante y necesaria. Acá tenés que ver rutas, leer blogs, foros, revistas especializadas y bajarte aplicaciones útiles de mapas. Y lo que tenés que analizar con lupa es:
– Cómo es el clima del lugar al que querés viajar. Este punto influye en el equipo de camping y en la indumentaria que necesites llevar, ya que no es lo mismo viajar en verano que en invierno.

– En qué época del año conviene ir a ese lugar: más allá del clima, los lugares y las rutas pueden verse alterados por vacaciones, fiestas regionales, feriados, etcétera. Esta es una variable muy importante si buscás tranquilidad y sobre todo seguridad a la hora de viajar.
– Cómo llegar y cómo volver puede ser el punto más estresante, pero resulta indispensable. Hay que analizar todas las opciones y tomar la mejor decisión posible. Muy raras veces salimos a un viaje en bicicleta pedaleando desde casa y no queda otra que tomarnos un avión, un micro o un tren. Esto implica siempre desarmar la bici, embalarla bien, cruzar los dedos para que nada se rompa en el viaje, llegar al destino, armar todo y recién ahí empezar a pedalear. Una vez finalizado el viaje hay que hacer los mismos pasos para emprender la vuelta. Sí: es todo un tema pero lo vivido en un viaje justifica una y mil veces la logística para llegar y volver a casa.
– Y cuáles son las rutas, caminos o senderos posibles para armar un buen itinerario de viaje teniendo en cuenta todos los puntos anteriores
¿Cómo elijo una ruta?
Esto depende del tipo de viaje que quieras y puedas hacer, además de tu disponibilidad de tiempo. Podés elegir una ruta según el destino que quieras recorrer o según la experiencia que quieras vivir. Por ejemplo nosotros en el 2013 nos propusimos unir Ushuaia-La Quiaca tomando como eje la Ruta 40. No quisimos pedalear ninguna otra ruta ni desviarnos porque la 40 era nuestro objetivo. En cambio, en el 2019 quisimos hacer lo opuesto y vivir una experiencia distinta: darle la vuelta a la isla de Tierra del Fuego por senderos y caminos alternativos.
La recomendación para un primer viaje es que elijas rutas que te transmitan confianza y seguridad (como la ruta de los Siete Lagos en la provincia de Neuquén, que tiene campings y proveedurías a lo largo del camino, por ejemplo).
Si no es tu primer viaje y querés hacer algo más jugado, hay aplicaciones que te van a ayudar un montón a elegir caminos alternativos. Una de ellas es Wikiloc, una plataforma en la que viajeras y viajeros de todo el mundo suben sus rutas y comparten sus experiencias, información del camino, puntos donde parar, etcétera.
¿Qué bici elijo? ¿Qué debe tener para hacer un viaje?
Antes de responder esta pregunta es necesario que sepas esto: lo fundamental no es la bici, sino tu cabeza y las ganas que tengas de viajar. No es indispensable contar con lo mejor del mercado ni con la última tecnología. Para viajar en bicicleta hay que ir a lo simple: que sea fácil y económico a la hora de arreglarla, sin importar si estás en un pueblo o en una gran ciudad.
Texto y fotos: La vida de viaje
Cicloturismo
El cruce más rápido del Sahara en bicicleta y sin asistencia en 12 días, 22 horas y 44 minutos
Foto: https://www.instagram.com/sergio_michelini_photography/
Protagonizada por el ultraciclista ítalo-argentino Leonardo Morilla, la travesía más rápida (y escalofriante…) del desierto del Sahara en bicicleta, que implicó recorrer sin apoyo externo 3.000 kilómetros desde Marruecos hasta Dakar, con 10.670 metros de desnivel acumulado, en 12 dias 22 horas y 42 minutos, está actualmente en proceso de transformarse en un nuevo Récord Guinness*.
Leonardo comenzó en Marrakesh, Marruecos y terminó en Dakar, Senegal, superando el récord anterior por 7 horas de diferencia, con el agregado de que, por la situación bélica que sufre esa zona, debió recorrer 3.000 kilómetros en lugar de los 1.700 del récord vigente hasta ese momento.
Foto: https://www.instagram.com/sergio_michelini_photography/
El rácord fue realizado durante el verano del Sahara, para aprovechar los vientos a favor de hasta 40 km/h que son frecuentes en esa época del año, pero unas inusuales tormentas en Mauritania provocaron que los vientos fueran en contra casi el 80% del tiempo, en forma de tormentas de arena de hasta 70 km/h.
Leonardo debido atravezar distintas adversidades:
-500 km sin dinero y sin comida debido a que momentaneamente no se podia extraer dinero en ningun cajero de toda Mauritania.
-Pasar por uno de los pocos territorios que existen llamados No man’s Land (Tierra de nadie), en la frontera entre Marruecos y Mauritania.
-Envenenamiento por comida en mal estado
-Cruzar con sobornos la frontera de los hermanos Rosso, entre Mauritania y Senegal, conocida como la frontera más corrupta de África.
-Finalizar su recorrido en Dakar el día de un intento de golpe de estado, donde el gobierno cortó internet por una semana. Lo que obligó a Leonardo a recorrer los ultimos 350 km sin GPS desde la frontera hasta la capital en menos de 24 horas, atravesando manifestaciones e incluso agresiones.
Lo que sigue son algunos relatos en primera persona de esta carrera contra el tiempo y el espacio.
Foto: https://www.instagram.com/sergio_michelini_photography/
Grasa hervida con salsa y solo dos horas de sueño
Antes de comenzar, paso una semana en Marrakech para aclimatar mi cuerpo a las temperaturas.
Me despierto en una habitación de 2 x 2 metros en Medina, Marruecos. Sin ventiladores y apenas una ventana que da a un pasillo interno. Son las 9:30, miro la temperatura: 37ºC. Siento que ya estoy agonizando y todavía ni siquiera estoy en el Sahara.
A las 22:30 salgo de Menara Gardens con 3 testigos que firman los documentos que exige el Guinness World Record.
Parto entre la multitud. No tengo muchos más recuerdos de esa noche más que escuchar música y controlar las pulsaciones. Cuando vuelvo a darme cuenta de dónde estoy, ya he cruzado la primera parte de las montañas Atlas prácticamente sin darme cuenta, ya he hecho 2000 metros de ascenso antes del amanecer.
Tenía comida suficiente para no parar por casi 1000 km; solo debía completar con proteínas como huevos y carne que encontrara en la ruta. Ya es mediodía, entro a un lugar donde veo que la gente come y le digo a la persona que quiero lo mismo, que parecía carne. Me lo sirven y en realidad era solamente grasa hervida de algún animal con una salsa. No creo que sea un plato «saludable», pero después de haber gastado unas 4000 calorías, ¡era increíble! No podía creer lo bueno que estaba ese plato de solo grasa y cartílagos. Continúo hasta que se hace de noche y voy a un restaurante mejor puesto; el dueño está sorprendido y no quiere que pague. Al final, termina invitándome a su casa y explicándome que él no es árabe, esta región pertenece a otra cultura… No entendí a qué se refería, pero esta secuencia se repitió muchas veces. Le agradezco, sacamos una foto con él y con el chef, y me despido rumbo a Tiznit, donde había visto un camping, solo que no tenía teléfono ni página web. Cuando llego, el camping estaba cerrado. Terminé durmiendo contra una pared para refugiarme del viento a las 2 de la madrugada. Era la primera vez que dormía en 40 horas.
A las 3 unos perros me acorralan en la oscuridad. Veo una luz y grito «Ici, ici», que en francés es «aquí, aquí». Era el guardián, que paseaba con sus perros por la noche.Solo hablaba árabe, pero entendí con sus gestos que podía quedarme. El problema es que ahora tenía la adrenalina lista para subirme los Atlas de nuevo; ¿Cómo dormir así? Ese día solo dormí 2 horas en 40 horas.
(Al día siguiente) me despierto con el colchón inflable completamente en el piso, muy pinchado. Sentía que mi cuerpo no se había recuperado en absoluto.
En todas las culturas, se puede ver cómo los autos te comunican sus códigos, sus reglas, la de esa ruta en particular. Ahora el código era: «Esta ruta es de los camiones principalmente». Me doy cuenta cuando un camión toca bocina por detrás, no frena ni cambia de rumbo; ya sabes que es mejor aceptar las condiciones de ellos. Ya no había más banquina, cada vez que un camión venía por detrás tocando bocina, «era mi obligación tirarme fuera del asfalto contra las piedras, contra una zanja, contra lo que sea». Yo estaba de más en esa ruta y tenía que dejar pasar a cada camión.
Recuerdo llegar a la cima, suspirar y decir, ya no quiero subir más. Me tomo unos minutos para recuperarme, después de sentirme entre la espada y la pared durante varias horas. Luego vino el descenso como recompensa, con el viento que permitía evaporar la transpiración. Llego a un camping y me pongo a reparar el colchón que tenía 7 pinchazos en total; la noche anterior, sin verlo, había dormido sobre unos vidrios rotos y unas ramas. El dueño del camping me cobra 3 euros y además me ofrece un plato de pasta. Me advierte que el agua no es potable y no hay agua caliente, pero que puede darme una olla con un poco de agua hirviendo para bañarme. Me baño sentado en una roca con 2 baldes de agua. Lo sentía como el baño más reparador que había tenido en mi vida. Pude dormir 7 horas.
Tormenta de arena
(Al tercer día) me despierto y la rueda trasera estaba completamente desinflada. La inflo y salgo lo más rápido posible mientras pienso que hoy va a ser un gran día, estoy muy descansado. Luego de cruzar esta última parte de Atlas, llego a TanTan, conocida como «Las puertas del Sahara». El viento era insoportable, soplaba en contra y cruzado. Calculé en ese momento una velocidad constante de viento de 30 km/h con ráfagas de hasta 70 km/h. Incluso caminar era difícil, tenía miedo de caer frente a un camión. Caminé durante 3 horas. Observaba que la arena estaba suspendida en el aire; en ocasiones, ráfagas de arena voladora me golpeaban, causándome una sensación de ardor en la piel y mucha tos. Cubrí mi boca con la única otra remera que tenía y atravesé TanTan; ya no sabía cómo hacer para respirar ni para abrir los ojos, ya que la arena entraba por todas partes. No era consciente de que estaba atravesando una tormenta de arena.
Levanté la vista y ahí vi una de las imágenes más aterradoras de este viaje: el horizonte estaba compuesto únicamente de arena en movimiento. No se distinguía entre el suelo, el aire y el cielo; todo eran montañas de arena. En ese momento pensé, «¿Dónde me he metido?» Yo creía que esto iba a ser más fácil… ¿Cómo pude pasar por alto esto en mi planificación? En mi cálculo, tendría viento a favor todo el tiempo, pero esto era literalmente imposible. Los camiones se detienen y me preguntan hacia dónde voy. Intento explicar que estoy intentando establecer un récord mundial, pero nadie parece entenderme. Me dan agua y se van.
The police
(Al final de lmi cuarta jornada,) a las 11 pm, llego a las puertas de la ciudad de Laayune. Un grupo de policías amables me detiene. 100 metros más adelante, militares me paran; ya no tan amables, me piden el pasaporte y me hacen muchas preguntas. Lo más extraño es que, a 100 metros de allí, me paran otros militares, pero estos estaban bastante armados y no mostraban ninguna sonrisa. Me apuntan con linternas en la cara y me preguntan por mis documentos, por qué estoy aquí y por qué a esta hora. El interrogatorio es extenso y luego me dejan ir. 100 metros más adelante me paran nuevamente policías. Ya no entendía nada. Pregunto por qué me paran tantas veces y qué está sucediendo. Me responden que son controles normales, para garantizar mi seguridad. Sin darme cuenta, había cruzado el área en disputa entre Marruecos y Sahara Occidental). Dependiendo de a quién le preguntaras, había cruzado una línea fronteriza entre dos países.
Mad Max
(Al quinto día) despierto rodeado de hombres y escenas que parecen sacadas de una película de Mad Max: animales muertos, jeeps, camionetas y motocicletas destrozadas con piezas esparcidas por todas partes. Parece un desguace con carpas en medio. Me levanto muy tarde ese día debido a la acumulación del viento en contra, lo cual me ha dejado con una gran fatiga física.
El sistema tubeless de la bicicleta deja de funcionar y tengo que reemplazarlo por una cámara de aire convencional. También aprovecho para limpiar el grupo de tracción en una gasolinera con diésel, ya que la arena ya no me permite cambiar de marchas correctamente. Pierdo mucho tiempo realizando estas reparaciones y limpiezas. Debido a la tormenta de arena, algunas partes de la carretera tienen un carril reducido y se convierten en un solo sentido, ya que las máquinas topadoras están retirando la arena de la carretera. Parece como si el Sahara estuviera «comiéndose» la ruta. Finalmente, encuentro un camping y duermo alrededor de la medianoche.
(En la séptima jornada) me despierto antes del amanecer y soy muy consciente de que estoy retrasado. A partir de este momento, no puedo permitirme perder tiempo en nada. Desayuno rápidamente y me subo a la bicicleta. Creo que solo saqué una foto ese día. Cruzo el Trópico de Cáncer y pincho la rueda trasera dos veces. Ahora uso una cámara de aire, así que tengo que limpiar y reparar la cámara, que está sucia por el líquido tubeless. Duermo en un pequeño pueblo donde la gente espera antes de que abran la aduana para cruzar a Mauritania. Estoy un poco preocupado por «No Man’s Land», ya que mañana cruzaré uno de los pocos territorios en conflicto, donde ningún país lo reclama como propio. Por lo tanto, son 5 km donde no hay leyes ni gobierno que rijan ese territorio.
No man’s land
Me despierto antes del amanecer y me dirijo directamente a la frontera. Desayuno un pan con huevos y veo un cajero automático. Pienso que es mejor sacar dinero en efectivo en Mauritania para evitar problemas con el tipo de cambio. Sin saber que esta sería mi última comida con mi último dinero en más de 500 km.
Llegar en bicicleta a una frontera en el Sahara tiene la ventaja de que te dejan pasar adelante sin hacer cola bajo el sol. Pero ser blanco tiene la desventaja de que quieren entender realmente lo que estás haciendo y asegurarse de que no seas una amenaza para ellos o un problema internacional. Cruzo «No Man’s Land» y del otro lado me encuentro con nada más y nada menos que la Guardia Civil Española. Ellos estaban caminando, hablando y saludando a la gente. Quería abrazarlos, pero decidí limitarme a darles la mano. Estaban muy contentos de verme y se reían, preguntando cómo llegué hasta allí. Mientras hablaban, tomaban jugo de naranja en vasos de vidrio, dos cosas que no había visto en más de 1000 km. Les expliqué mi situación de récord mundial y les pregunté si sería seguro seguir de noche. Me dijeron: «Ya llegaste hasta aquí, así que sabes dónde estás y cómo funciona esto. Ve tranquilo, no te pasará nada. De todos modos, vamos a informar al jefe de los militares de Mauritania y veremos qué dice». El jefe militar de Mauritania vino y dijo: «De noche no puedes continuar en bicicleta, es peligroso. Cuando veas militares de noche, quédate allí».
Mis días más difíciles: Mauritania
Pago una visa de 55 euros, que no puedo pagar con tarjeta, y me quedan solo unos 5 euros en efectivo. Un militar me dice que no me preocupe, que a 45 km hay un pueblo donde puedo usar mi tarjeta.
Ese día la temperatura rondaba los 50 grados. Llego al pueblo y resulta ser uno de los más pobres que he visto, con camellos muertos abandonados en la carretera. Ni siquiera los han enterrado. Compro algunas bebidas mientras reviso el mapa. Hay una gasolinera a 80 km y luego un pueblo a 200 km. La gasolinera está abandonada.
No tengo agua y comienzo a pedir bebidas a los militares y policías que me detienen. Llego a la ciudad a media noche; el nombre de la ciudad solo está en árabe en los carteles.
Ningún cajero automático funciona. Unos niños, junto con una persona mayor, me ayudan. Los niños se autodenominan los guardias del ATM y me muestran los 3 cajeros automáticos que hay, ninguno de los cuales funciona. Me dan algo de su escasa comida y agua. Me dicen que no me preocupe, que puedo dormir en la mezquita. Me presentan al guardián de la mezquita, que parece un imán, y a las 3 de la madrugada me recibe y, como todos los hombres religiosos, habla varios idiomas, incluido el inglés con fluidez. Le cuento mi situación y me dice que soy bienvenido, y me muestra un lugar donde puedo dormir junto con otras 20 personas. Era el patio de la mezquita. Me acuesto en mi bolsa de dormir, miro al cielo y veo un millón de estrellas.
(Al principio de mi novena jornada) me despierto con la llamada a la oración islámica a las 5 AM. Nunca antes me había sentido tan dolorido muscularmente. Mi cerebro estaba en piloto automático, ya no respondía, solo sabía que la solución estaba adelante. No tenía comida en el estómago y mi cuerpo comenzó a consumir no solo grasa sino también mis propios músculos como fuente de energía. Compro 2 panes con los últimos 20 centavos que me quedan y no me bajo de la bicicleta hasta llegar a la capital de Mauritania, Nuakchot. Llego a Nuakchot a media noche. Ningún cajero automático funciona, encuentro un hotel donde hablan inglés, les cuento mi situación y me dicen que no me preocupe, que me quede a dormir y vea cómo soluciono las cosas mañana. Pregunto por comida, pero me dicen que ya es muy tarde. Me voy a dormir sin comer.
(A la mañana de mi décima jornada) me despierto en el hotel a las 6 AM y comienzo a enviar mensajes a amigos que trabajan en diversas ONG de África. Finalmente, logro que una amiga de un amigo me dé 200 euros en efectivo y le transfiero el equivalente a su cuenta en Europa.
Tan pronto como recibo el dinero, compro un plato de arroz con pollo en el primer lugar que encuentro. Pero, poco antes de terminar de comer, empiezo a sentir un fuerte dolor en el estómago y salgo corriendo al baño. Mi cuerpo reacciona con una diarrea que llega quince minutos después de comer. Me estoy envenenando con carne en mal estado. Quedan menos de 48 horas para recorrer 600 km y decidir si rompo o no el récord mundial anterior. No puedo permitirme perder más tiempo. Compro algunos víveres para no detenerme más hasta la meta final.
Salgo muy tarde y físicamente agotado. A las 10 PM, empiezo a marearme en la carretera, y a las 11 PM, habiendo recorrido solo 50 km, me detiene un control militar. Me piden el pasaporte, me llevan al jefe y él me dice que no puedo continuar por mi seguridad; tienen esa orden y debo quedarme ahí. Para mí, es una especie de salvación, ya que ya estaba comenzando a sentir fiebre.
Los hermanos Rosso
(Al principio de mi undécima jornada) un hombre árabe con un turbante verde oscuro y una ametralladora me despierta. Muy amablemente dice: «Son las 7 AM, ya puedes irte… parece que estabas muy cansado». Antes de que me vaya, me da algo: un pan mordido y un mango.
Comienzo a pedalear hacia Rosso, conocida por ser la frontera más corrupta de toda África, administrada por dos hermanos. Llego a las 5:45 PM, justo 15 minutos antes de que cierre. Pago alrededor de 70 euros en sobornos y cruzo a Senegal en una canoa motorizada.
Del lado de Senegal ya no hay árabes, pero parece que he entrado en algún tipo de infierno. Solo veo gente vestida con uniformes militares y de policía a medias, porque en realidad ninguno es militar ni policía. Hay muy pocas mujeres, casi todas son prostitutas. No hay ningún tipo de recolección de basura, así que las moscas están en todas partes. Además, el alcohol es de venta libre en Senegal, lo que amplifica aún más la decadencia de ese lugar.
Una Coca en el prostíbulo
Me encuentro con un hombre blanco que me grita con acento español: «¡Oye! ¡Te vi en el Sahara! ¡Has cruzado el Sahara! ¡Estás loco!». Era un camionero de casi 70 años que compraba camiones en Europa y los vendía en África. Según él, me había visto durante los últimos 1500 km. Le propongo tomar un café juntos, pero eso no existe en Rosso. Él me dice: «Aquí solo hay dos prostíbulos», así que vamos a uno de ellos a tomar una Coca-Cola. Allí le muestro los mapas y le cuento mi travesía. Siendo las 8 PM y habiendo recorrido ya 250 km, él me convence de que no puedo descansar en Rosso. Si quiero romper el récord mundial, debo hacer al menos 100 km más ese día o antes de dormir. Le doy un abrazo y sigo adelante, enfrentando el viento de frente en dirección a Saint Louis.
Día 12, el último día
Me despierto a las 8 AM. A pesar de ver que he perdido mucho peso, al ponerme la ropa me doy cuenta de que algo anda mal. A pesar de eso, me siento bien y sé que es el último día. No desayuno, el dolor en el estomago me hace olvidar que debo comer.
Salgo directamente y enciendo el GPS. Pero recuerdo que no hay internet debido a un intento de golpe de estado y el gobierno cortó el servicio. Así que no sé cómo llegar a Dakar. No lo pienso dos veces y sigo en dirección sur, preguntando a la gente cómo llegar a Dakar. Todo el camino es en contra del viento.
Paso por barricadas y veo señales de incendios de la noche anterior. Algunas calles todavía están bloqueadas y algunos niños me detienen, amenazándome con palos y arrojando piedras y botellas. Un niño me roba una botella de agua. La gente está furiosa en las calles y a medida que me acerco a la capital se vuelven más agresivos y menos dispuestos a ayudar. Estoy a punto de llegar me faltan pocos kilómetros.
Dos amigas se suben a un taxi y me guían hasta el Monumento del Renacimiento Africano.
Con ellas dos como testigos, establezco el nuevo récord: el cruce más rápido del Sahara, desde Marrakech hasta Dakar.
12 días, 22 horas y 44 minutos.
*El cambio de ruta fue propuesto y aprobado por Guinnes World Record. El rácord ha sido enviado a revisión, junto con toda la documentacion requerida por las autoridades del Guinness, para ser oficial, un proceso que Guinness demora aproximadamente entre 4 meses y 1 año para aprobarlo como oficial o rechazarlo, en ca. En caso de no ser aprobado será un récord no oficial.
Cicloturismo
Bicivolador Turístico: un viaje inolvidable por la historia y la belleza rural de Navarro y Las Marianas
En un mundo cada vez más conectado digitalmente, a veces olvidamos la riqueza y la magia que nos ofrece el mundo rural. Es en estos rincones apartados donde se esconden tesoros ocultos y experiencias auténticas que nos transportan a un pasado lleno de historias fascinantes y paisajes cautivadores. En este contexto, el proyecto denominado Bicivolador Turístico emerge como una ventana única para explorar los encantos de los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires, combinando la pasión por el ciclismo con el descubrimiento de la historia, las costumbres y la gastronomía local.
Dentro de este emocionante proyecto, la localidad de Navarro se presenta como uno de los destinos destacados para el próximo mes de octubre. Situada en el corazón de Buenos Aires, a unos 110 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, esta encantadora localidad cautiva a los visitantes con su rica historia y su escenario natural. Durante tres días y dos noches, los entusiastas del ciclismo y los aventureros podrán sumergirse en una experiencia enriquecedora, que combina el esplendor rural con una presentación exclusiva de degustación de vinos, un recorrido rural al pintoresco pueblo de Las Marianas y un fascinante recorrido urbano por la localidad de Navarro.
Navarro, con su laguna municipal y su arquitectura antigua, es una joya histórica que ha resistido el paso del tiempo. Sus edificios antiguos y su encanto tradicional nos transportan a épocas pasadas, permitiéndonos revivir la grandeza y la sencillez de las generaciones anteriores.
Durante el recorrido urbano, los participantes tendrán la oportunidad de descubrir los tesoros ocultos de la ciudad, visitando lugares emblemáticos como la Parroquia San Lorenzo, el Parque Histórico Dorrego, la Estación Trocha Museo Ferroviario, la Réplica del Fortín y el Museo Palentológico, entre otros.
Pero el encanto de Navarro no se limita solo a su ejido urbano sino que en las afueras el esplendor natural toma protagonismo, ofreciendo un espectáculo visual que deleitará a los amantes de la naturaleza. El recorrido rural hacia el Pueblo de Las Marianas invita a los cicloturistas a adentrarse en la belleza natural de este lugar pintoresco y evoca una serenidad que solo se encuentra en estos parajes rurales.
Pero la experiencia no estaría completa sin una muestra de la exquisita gastronomía de la región. En el corazón de Navarro, los afortunados participantes tendrán la oportunidad de disfrutar de almuerzos en lugares como “Lo de Irma” (viejo Hotel rural) y el “Almacén Museo La Protegida”.
En resumen, el proyecto Bicivolador Turístico se convierte en un pasaporte a la historia, la cultura y la belleza rural de los pueblos y parajes bonaerenses como lo son en este caso Navarro y Las Marianas. Esta experiencia promete ser un viaje inolvidable que alimentará los sentidos y rejuvenecerá el espíritu de aquellos que quieran escapar del ruido de las grandes urbes y buscan una conexión auténtica con la tranquilidad y seguridad de estos lugares. Así que preparate para pedalear, descubrir y dejarte cautivar por la magia de la Argentina rural en Bicivolador Turístico.
Esta propuesta te invita no solo a pedalear por caminos rurales sino también a que te lleves información de la historia del lugar que visitarás e imágenes hermosas que te harán olvidar de la rutina y el acelere al que estamos acostumbrados…
PD: Bicivolador Turístico no se limita a Navarro…Ya se están diagramando experiencias para las localidades de Mercedes y Suipacha, asi que estate atento.
Para obtener más información sobre el proyecto Bicivolador Turístico y reservar tu lugar en la experiencia en Navarro, visita en instagram @bicivolador_turístico o comunícate con el celular 2324-500438.
Los cupos son limitados, así que asegúrate de reservar con anticipación para no perderte esta aventura única.
Por Mauro Lambert
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