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Cicloturismo

Un viaje extraordinario que terminó bien casi por milagro

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En noviembre del año 2019 el freerider suizo Alban Aubert se vino a la Argentina para trepar con su e-bike un volcán de 6012 msnm ubicado en Catamarca. Pero aunque nada salió como se esperaba, pudo coronar el cerro y volver en soledad a encontrarse con su grupo de apoyo y su novia en medio de la noche cerrada. Una aventura extraordinaria, de la que Alban salió ileso gracias vaya a saber qué…

 

Mi trepada al Cerro Laguna Blanca cargando con una e-bike sin baterías

Por Alban Aubert

¡La e-bike nos lleva definitivamente a nuevos horizontes! Al hacerme de la primera de ellas, inmediatamente se me ocurrió que quería escalar las montañas más altas. Después de una investigación detallada, finalmente encontré algunas cumbres adecuadas en Bolivia y Argentina. La elección recayó en Argentina, ya que conocía la belleza de este país por viajes anteriores.
Mi cumbre sería el Laguna Blanca, de 6012 msnm, que se encuentra en el noroeste del país. Es un volcán bastante desconocido, que fue escalado recién en el año 2000 por primera vez. Los hechos y las cifras sobre los caminos a la cima fueron difíciles de encontrar y finalmente decidí elegir la cara Este, por ser la menos empinada.
Después de un largo vuelo a Buenos Aires, había llegado la hora de hacerme de las baterías en la empresa importadora de Merida en Argentina. Hablé con ellos y finalmente me confirmaron que las baterías aún no habían llegado a Buenos Aires. Difícil de creer después de toda la preparación que habíamos hecho muchas semanas antes y la confirmación recibida de que todo iba por buen camino. Pero desde Merida Alemania me confirmaron finalmente que la empresa de transporte aún no había despachado siquiera las baterías desde Alemania. ¡Que decepción! Pero todos sabemos que siempre el vaso está medio lleno y no medio vacío…: no podría subir pedaleando normalmente con mi e-bike pero al menos sería menos pesada a la hora de cargarla.

De paso por Tucumán
Finalmente había llegado la hora de tomar el vuelo a San Miguel de Tucumán, cuyo aeropuerto es el más cercano a mi montaña. Mi novia Julia se unía a mí en esta aventura para atacar una cumbre tan alta por primera vez en su vida.
Luego de las agradables temperaturas primaverales que habíamos disfrutado en Buenos Aires nos encontramos en San Miguel de Tucumán… ¡con 40 grados! Constantine Fiene, el fotógrafo, se unió a nosotros medio día después, directamente desde Europa. Los tres exploramos brevemente algunos rincones de la calurosa ciudad pero terminamos felices en un restaurante bien climatizado.
Al día siguiente, después de habernos comprado unos shorts de verano, volvimos a intentar recorrer la ciudad y acostumbrarnos al cambio de hora.
Un conductor nos recogió a la mañana siguiente. El objetivo era subir en coche desde los 400 msnm de la ciudad de Tucumán hasta los 3400 msnm. Con un ascenso rápido queríamos evitar en la medida de lo posible el impacto del cambio de altitud.

Aclimatación en Catamarca
Después de un viaje de 9 horas finalmente llegamos a El Peñón, en la provincia de Catamarca, un pequeño pueblo donde el tiempo no importa y el viento sopla con fuerza sobre sus calles arenosas. Las 200 personas que viven allí ni siquiera tienen línea telefónica y durante la noche no hay electricidad. Nos quedaríamos un momento para acostumbrarnos a la altura, relajarnos del viaje viaje y contactar a un guía. La buena noticia fue que podríamos hacer la primera parte de la subida en un vehículo 4×4 y con ese viaje de 2 horas lograríamos evitar dormir una noche allí arriba, expuestos a fuertes vientos en una meseta sin fin.

Esto nos ayudó especialmente, dado el hecho de que Constantine realmente no había tenido tiempo de prepararse para la altitud, ya que se había unido a nosotros directamente después de una temporada completa de la Copa del Mundo, trabajando para SR Suntour.
Julia y yo habíamos estado bastante tiempo en casa, en los Alpes, entre los 2000 y los 3100 msnm antes del viaje. Esa era también la razón por la que no usé una cámara de presión para mi preparación y confié solo en mi preparación al aire libre.

¡Vamos!
A las 3 AM comenzamos nuestra aventura. Tomamos un desayuno rápido pero saludable y nos dejamos conducir 2 horas por un camino lleno de baches. A los 4400 msnm dejamos atrás la 4×4 y comenzamos la caminata junto a Diego y Miguel, que nos guiarán. Al menos ese era el plan…
Con las mochilas ya listas, cargamos la bicicleta al hombro y comenzamos a movernos lentamente en la oscuridad. Después de unos metros, nuestros dos guías se detuvieron y quemaron algunas plantas de coca como agradecimiento al planeta, que ellos llaman Pachamama.

Tocados por este breve momento mágico, continuamos nuestro camino a través de la salvaje meseta, siguiendo un sendero estrecho rodeado de pequeños arbustos. Definitivamente era un tramo que podría haber hecho mucho más rápido en bicicleta, pero en soledad, sin el resto de mi equipo.
A las 4700 metros las circunstancias cambiarían. Cada vez era todo más empinado y caminábamos sobre un campo de piedras sueltas. En cada paso nos deslizábamos un poco hacia atrás y el viento soplaba fuerte y frío de todas direcciones.


Era bastante agotador. Cuando nuestros guías me preguntaron cuál era el camino a seguir me di cuenta de que nuestro viaje iba tardar un poco más de lo que pensábamos… Después de innumerables aventuras por el mundo, era la primera vez en mi vida que estaba muy mal asesorado y no tenía a mi lado a los profesionales con los que hubiera querido trabajar. Por lo tanto era yo mismo el que ahora guiaba al equipo hacia adelante, y como siempre estoy preparado para los imprevistos, podía contar en mi teléfono con todos los mapas que había descargado y la señal de GPS.

Tres para abajo, dos para arriba
Continuamos por el camino, que subía en línea recta al lado de un enorme cañón. Constantine mostraba lentamente signos de debilidad. La altura mostraba su impacto y aún quedaba mucho camino por recorrer. A los 5300 metros decidimos que Constantine iniciara su descenso y Julia se uniese a él junto con Diego, ya que también su nivel de energía estaba disminuyendo drásticamente y tenía dudas de poder llegar a la cima en esas condiciones.
Yo continué con Miguel, que parecía disponer de un pack de energía increíble y al que se me hacía difícil seguir. Cruzamos finalmente una zona rocosa donde el subsuelo era más estable. ¡A los 5500 llegamos a la nieve! Había una gran meseta al pie de la siguiente subida. Me sentí feliz de llegar a este punto todavía en buenas condiciones personales, ya que había un gran muro esperándonos. ¡Impresionante! Los siguientes 400 metros de subida serían los más difíciles, tan empinada que tuve que parar cada 5 pasos y respirar. Pero avanzamos a un ritmo regular. Miguel siempre se mantenía un poco adelante y me esperaba detrás de una roca para protegerse del viento.

En soledad
A los 5950 metros llegamos a la última meseta, a los pies de nuestra cumbre, que aún se mantenía fuera de nuestra vista, lejos pero ya no tanto. Comenzamos a preparar mi bicicleta. Por detrás de mi mochila yo llevaba las ruedas y Miguel el cuadro. En ese punto, lamentablemente Miguel me avisaría que iba a abandonar la marcha. Ya llevábamos escalando más de 10 horas y tenía miedo que oscureciese.
Sabiendo que solo me faltaba subir los últimos 100 metros, me decidí a continuar. Empujé mi bicicleta hacia adelante y le deseé una buena bajada a Miguel.
Poco después llegué a un área muy expuesta al viento. Era difícil mantenerse en pie y seguir con la bicicleta. Incluso se me volvía difícil hacer una revisión rápida de mi GPS, ya que me resultaba casi imposible quitarme y volverme a poner los guantes. Un segundo sin atención y se habrían volado.
Vi la cumbre, que todavía estaba a un kilómetro de distancia. Seguí hasta llegar a los 6000 metros. ¡Después de 12 horas de ascenso estaba muy feliz de alcanzar esta altitud con mi bicicleta!
El temporal de viento imposibilitaba quedarme más tiempo, con una temperatura claramente por debajo de los 0 grados y todavía me esperaba toda la bajada. Detrás de una tramo rocoso traté de rodar algunos metros para realmente tener ese momento en 6000 en mi memoria. Pero ya no quise correr ningún riesgo, ya que solo tenía un teléfono satelital conmigo y mi teléfono móvil con la batería ya consumida. Desafortunadamente, no fue posible recargar para tomar al menos una foto.

El regreso
La primera bajada fue bastante técnica, aunque bastante pedaleable. Pero conduje despacio y seguro. No tenía absolutamente ninguna inclinación al riesgo de lastimarme aquí y esperar en el frío por un posible rescate.
La luz del día me acompañó hasta que bajé a 5500 metros. Luego, la noche ya caía lentamente. Aunque sabía que montaña abajo sería técnicamente pedaleable, decidí empujar mi bicicleta. Pero donde sentía que podía montarla con seguridad, disfruté de algunos momentos dejándome llevar por ella. Pero aún así, durante el 80% de esta segunda parte de la bajada tuve la bici a mi lado.
Alrededor de las 8 PM llamé a Ariel con mi teléfono satelital. Era mi contacto en el país y le pedí que mandase un WhatsApp al resto del equipo para confirmarles que estaba bien. No había llamado antes porque recordaba que no había internet después de las 7 PM en el pueblo, debido a que cortaban el generador eléctrico durante la noche. Y el resto de mi equipo no tenía servicio telefónico.
Seguí adelante ya en la noche oscura, con el 100% de concentración. Cuando finalmente llegué a la última meseta, traté de llamar a Ariel nuevamente, pero sin éxito. Supuse que ya estaría durmiendo. Por suerte pude llamar al hermano de Julia, que vive en Buenos Aires, y pedirle que se comunicase con los demás.
Seguí empujando mi bicicleta, me sentía casi como un robot… , avanzando a través de arbustos y caminos rocosos. ¡Alrededor de la medianoche pude ver las luces de un automóvil! ¡Por fin! Allí estaba Julia con el chofer, Miguel y Diego, aliviados de encontrarme en la oscuridad, en medio de la nada. No habían recibido mi último mensaje y estaban más que preocupados.
23 horas después de que sonara el despertador por última vez, caí en mi cama lleno de felicidad.

 

albanaubert@hotmail.com | http://www.albanaubert.com

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Salta y Jujuy: una travesía de 1200 kilómetros protagonizada por 5 experimentados viajeros

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Hector “Cachi” Gestido (57), German Yannielli (59), Carlos Teicheira (57), Claudio Nicala (58) y Ricardo Pereyra (56) integran un grupo de profesores de educación física que desarrollaron su vida y su profesión en la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, trabajando desde el nivel inicial hasta nivel superior y que al día de hoy, en razón del especial régimen jubilatorio de esa provincia, se han acogido al retiro.

El asunto es que hace unos 10 años, cuando aun estaban en funciones, comenzaron a viajar en bicicleta, haciendo dos o tres viajes anuales de alrededor de un mes de duración, entre otros el de la Carretera Austral, el de El Calafate a Ushuaia, el Camino de Santiago de Compostela portugués y francés, gran parte de Italia, la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia completa.

Naturalmente, la integración del grupo en los viajes ha ido cambiando según las posibilidades de cada uno al momento de realizarlo. Pero en la ocasión que nos ocupa, los 5 nombrados fueron los que planearon y concretaron un viaje en bicicleta por las provincias de Salta y Jujuy.

El viaje

Para concretarlo viajaron en avión desde Tierra del Fuego a Buenos Aires y desde allí a Jujuy, llevando como equipaje deportivo las bicicletas y alforjas en cajas que respetaban las medidas permitidas por la línea aérea.

Llegados a San Salvador de Jujuy el primer día de septiembre, armaron sus bicicletas para emprender a la mañana siguiente una travesía de 1200 kilómetros de pedaleo por sus propios medios, sin ningún tipo de apoyo. 

De San Salvador de Jujuy, por la ruta 9, pusieron rumbo a La Quiaca, adaptándose progresivamente a la altura. Al llegar a La Quiaca se tomaron un día de descanso, cruzaron a Bolivia y regresaron en el día, con el objetivo de prepararse para encarar la ruta 40, sabiendo que ahí comenzaba la parte más dura del recorrido, ya que no dudaban que el suelo y el clima jugarían en su contra.

De ahí en más completaron distancias diarias de aproximadamente 40 kilómetros entre los 3600 y 4200 metros sobre el nivel del mar. 

Para llegar a San Antonio de los Cobres pasaron por Cienaguillas, Timón Cruz, Paicone, Liviara, Coyaguaima, Tanques y Susque, todos pueblos son conexión wifi pero sin muchos servicios ni negocios ni alojamietos. 

Al caer el sol la temperatura bajaba considerablemente y por la noche rondaba los 8 a 12ºC bajo cero. En algunos casos durmieron en carpas y en otros en pequeñas piezas o galpones que les prestaban. 

Al llegar a San Antonio de los Cobres se prepararon para cruzar la ya antológica meta cicloturista del Abra el Acay, a 4895 msnm (el paso carretero más alto de América). “¡Muy complicado —nos recuerda Cachi Gestido—, pero el paisaje al bajar hacia el lado de la Poma y Cachi es realmente increíble …”

Desde el Abra bajaron hacia Salta por la Cuesta del Obispo y desde ahí regresaron a Jujuy por el Camino de Cornisa, entre la yunga, “otro lugar magnifico”.

Sobre un total de 26 días de travesía, los viajeros pedalearon 23.

Lo mejor y lo peor

Cachi Gestido, nuestro interlocutor del grupo, nos contó que no tuvieron mayores problemas con el tema de altura y que antes de viajar se habían hecho los estudios cardiológicos correspondientes. “En cuanto a la seguridad —afirma Cachi—, no tuvimos ningún drama, pero quiero destacar que la ruta 40 es muy complicada: nos encontramos con mucho ripio suelto, arenales, ríos congelados y viento —normal en la zona—, además de las bellezas del lugar.”

Con respecto a la mecánica, el grupo no sufrió mayores inconvenientes, salvo pinchaduras, alguna rotura de portaequipaje y, quizás un poco más problemática, la revisión y rellenado de líquido de freno, lo cual fue subsanado en San Antonio de los Cobres.

“Nos asombró —recuerda Gestido— la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Con la caída del sol la temperatura descendía bruscamente llegando a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. Así también las características culturales de los habitantes de los pequeños pueblos que nos recibieron a nuestro paso, y esos paisajes únicos que poca gente tiene la posibilidad de contemplar, ya que no se encuentran en un circuito turístico desarrollado.”

Según Gestido, los mejores momentos del viaje fueron los encuentros grupales al finalizar cada jornada de pedaleo, encuentros en los que se compartió la experiencia de cada uno durante el día entre mates, cafés y cenas. Y los peores momentos nos los resumió en dos episodios. “Por un lado, la noche que pernoctamos en carpa en un lugar llamado Tanques, la temperatura fue tan baja que al despertarnos no teníamos agua para el desayuno, ya que se había congelado dentro de los termos de acero que estaban en la carpa, al lado de las bolsas de dormir, lo que nos obligó a ir a romper el hielo de un chorrillo para obtener agua. El segundo episodio fue el trayecto de 152 kilómetros entre Cachi y Salta, que nos demandó 11 horas, debido al viento en contra y las características de la ruta, descendiendo por la Cuesta del Obispo. Llegamos a Salta totalmente extenuados.”

Y concluye con una afirmación categórica: “¡Ahora comenzamos a pensar nuestro futuro viaje!”

Info adicional: https://www.facebook.com/hector.gestido | rubenviviano@hotmail.com 

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Llegaron a Qatar los cordobeses que recorrieron 10.000 kilómetros en bicicleta para alentar a la selección en el Mundial

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Finalmente, los tres argentinos que se habían propuesto llegar a Qatar en bicicleta, recorriendo África de punta a punta y parte de Medio Oriente, cumplieron su objetivo, completando más de 10.000 kilómetros sobre sus bicicletas Venzo para llegar a tiempo para alentar a la selección en el Mundial de Fútbol Qatar 2022.
El viaje en bici les demandó 177 días. Partieron de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y llegaron a Qatar luego de recorrer 15 países. Los aventureros: Lucas Ledezma (34), Leandro Blanco Pighi (32) y Silvio Gatti (32), que zarparon en sus bicicletas en mayo de este año.

El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014, creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección de fútbol por el mundo. Antes de este viaje Ledezma llevaba recorridos más de 30.000 kilómetros en bicicleta por más de 25 países, en viajes que lo llevaron a Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

¡Esperemos que la cábala se repita en Qatar!

https://www.instagram.com/todoapedal/

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Cómo cargar la bici en formato bikepacking por Diego Andrich

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Diego Andrich es un viajero de gran experiencia y dueño de la tienda Tierra de Biciviajeros.

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Bici Salvaje: de la Selva Maya a la Amazonia para defender la selva

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El primer día de mayo del 2022, dos españoles residentes en Madrid, Isabel (27) y Pablo (32), iniciaron un viaje documental en bicicleta con propósitos medioambientales desde la Selva Maya mexicana hasta la selva amazónica ecuatoriana al que nombraron con el aguerrido nombre de Un viaje para defender la selva, una expedición que estiman que les demandará algo menos de dos años. La pareja se muestra muy activamente en redes como Bici Salvaje.

En nuestro contacto con ellos nos contaron que antes de conocerse ambos habían viajado como mochileros. Después de una vuelta por América, Pablo, de profesión fotógrafo, volvió a España queriendo saber qué es viajar en bicicleta y tras varias vacaciones de verano sobre los pedales, la idea terminó conquistándolo. Por su parte, Isabel es higienista bucodental y amante de la naturaleza en todas sus formas, también viajera y aventurera desde pequeña. “Siempre le gustó ayudar a los demás”, asegura Pablo. “A Pablo —añade Isabel— le mueve la aventura y el cuidado de la naturaleza. Sueña grandes expediciones como la de Bici Salvaje.”
Así fue que la suma de todas sus pasiones dio como resultado un gran sueño de pareja. “Algo más que un viaje”, afirman.

Para la expedición cuentan con el apoyo de la marca de bicicletas española Conor Bikes (@conorbikes_oficial), que les ha aportado un par de mountain bikes para afrontar la aventura. Las bicicletas estás adaptadas para cargar alforjas y otros equipajes que aseguran con amarres de la marca dinamarquesa Fixplus (@myfixplus). Entre otros enseres, llevan carpa, calentador, un par de sillas desmontables y un filtro de The Social Water para potabilizar el agua (@thesocialwater).
Y la pregunta del millón: ¿Cómo solventan su viaje?. Nos cuentan que manejan algunos ahorros de sus trabajos en España, “pero los guardamos como para cualquier emergencia. Nuestro principal ingreso viene del apoyo de la gente que sigue nuestro viaje a través de la plataforma buymeacoffee. Nos invitan a un café con lo que aquí pagamos un almuerzo. Gracias a esta ayuda podremos seguir con nuestro documental. Además, usamos la cámara para intercambiar con hoteles en los que poder descansar con comodidad. También viajamos con un equipo de tatuaje con el que trabajar.”
Pero vamos al grano. Y para ello nada mejor que su testimonio textual luego de los primeros tres meses de viaje. Helo aquí.

Bici Salvaje
Bici Salvaje es un viaje documental en bicicleta comprometido con el medioambiente, con esencia exploradora. Un viaje a través de Centroamérica y Sudamérica, conectando las dos selvas más importantes del continente. Esta aventura está marcada por un objetivo: conservar un ecosistema vital para la lucha contra el cambio climático y el hogar de la mitad de la biodiversidad del planeta, los bosques tropicales.

Empezamos en México con las bicicletas cargadas de ilusión y buenas intenciones, lanzándonos al desafío de recorrer pedaleando los miles de kilómetros que separan la Selva Maya en México de la Amazonia ecuatoriana.
En Bici Salvaje ponemos la energía de dos almas viajeras con ganas de vivir experiencias inolvidables cada día. Se suma el propósito de documentar nuestra aventura y no sólo eso, sino además de contar las historias de quienes defienden las selvas que agonizan ante la deforestación. Solo entre 2004 y 2017, más de 43 millones de hectáreas de bosque han sido arrasadas. Un dato que estremece, pero que en realidad no nos hacía falta conocer para ponernos en marcha.
En muchas ocasiones, en el camino nos hemos encontrado con proyectos y personas que han servido de puente y aprendizaje para poder dar voz y visibilizar los problemas que viven con respecto a la depredación de sus selvas. Una buena razón para subirnos a esta Bici Salvaje y recorrer México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.

Después de tres meses de viaje podemos contar los diferentes problemas nos han ocurrido en el camino, incluyendo desde situaciones mecánicas de la bici hasta problemas de salud. Cosas que acaban siendo normales en este tipo de aventuras. Por suerte, la amabilidad y hospitalidad de la gente con la comunidad cicloviajera ya es algo conocido.
Además de ser un medio de transporte limpio con el planeta, pedalear nos acerca a las comunidades. Este precisamente fue uno de los motivos por el que nos decantamos a viajar en bici. Sentimos más al pueblo, damos más y recibimos más.

Ponemos en el centro de Bici Salvaje a todas las personas que viven cómo desaparece la riqueza natural que les vio crecer. Las comunidades indígenas, sometidas a una gran presión, representan solo el 6,2% de la población mundial, pero protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Una parte de este proyecto busca poner el micrófono a las comunidades que están defendiendo su hogar.
“Hemos aprendido de otros proyectos locales que ponen en el centro de sus valores a su comunidad y a la naturaleza endémica. No se trata solo de nuestro relato, sino de relatos ajenos que nos aporten. Queremos acercarnos a otros proyectos que tengan una visión diferente acerca de la conservación.” Es casi más importante conservar lo que ya conocemos que lo que se está por conocer.

Aún nos queda mucha travesía por delante. Y estamos abiertos a quienes quieran colaborar en la aventura. Todos podemos contribuir cambiando nuestros hábitos de consumo. Si algún amigo nos quiere ayudar, lo primero que tiene que hacer es respetar el entorno, limpiar el parque cerca de su casa, darle un poquito de conciencia medioambiental a sus viajes y sobre todo, disfrutar.
A través de las redes sociales puedes formar parte de la comunidad de Bici Salvaje. Cada día somos más. En los días de calor sienta bien un mensaje refrescante. También se nos puede invitar a un cafecito, descansos en los que aprovechamos para editar nuestros próximos capítulos del canal de YouTube.

Mientras tanto seguimos en esta aventura sobre ruedas, disfrutando de lo que la vida en bicicleta nos regala, agradeciendo el calor de la gente y poniendo nuestras piernas bien fuertes.
¡Pedalea con nosotros en Bici Salvaje y únete a esta aventura!

 

Facebook e Instagram: @bicisalvaje.

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