Conectá con nosotros

Cicloturismo

Un viajero argentino varado en Georgia por la pandemia

Publicado

el

Durante su viaje en bicicleta desde Italia a India, el argentino Sebastián Saladino fue sorprendido por la pandemia en Georgia, un país ubicado al sur de Rusia. En esta entrega te contamos quién es Seba, su plan de viaje y algunas pequeñas historias de su estadía en Georgia durante la pandemia de coronavirus.


Al momento de hacer este reportaje por medios digitales Sebastián Saladino (28), protagonista de un largo viaje al que ha bautizado como Bicicleta Infinita, estaba en Georgia, viviendo la pandemia de una manera muy particular.
Hasta ese momento, partiendo de Italia, había pasado por Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Albania, Macedonia del norte, Grecia, Turquía y obviamente parte de Georgia, desde donde, en cuanto pueda, partirá rumbo a India, la meta de este viaje.

Bicicleta Infinita
Seba Saladino nació en Río Cuarto, Córdoba, a los 18 años se mudó a la capital provincial para estudiar ingeniería industrial y durante los últimos dos años de la carrera trabajó en Fiat. Pero mientras tanto acariciaba un sueño que iba tomando forma con experiencias aisladas: “Mi actividad preferida siempre fue viajar -nos cuenta- y si podía hacerlo en bicicleta mucho mejor. También usaba la bici como medio de transporte en la ciudad y de forma recreativa por las sierras, aunque nunca de manera competitiva.”
Hasta que en el verano del año 2015 desarrolló, junto a un amigo, un primer ensayo de lo que sería luego su periplo actual: “Pedaleamos toda la costa de Uruguay durante un mes, lo que fue una primera e increíble experiencia de cicloviaje.”
Solo una semana después de exponer su tesis de grado Seba dio un salto hacia sus sueños, volando con destino a Europa, adonde viajó durante algunas semanas como mochilero, para finalmente instalarse en Italia durante seis meses con el propósito de realizar su trámite de ciudadanía. Y ahí se produjo el parto de un gran proyecto: “Logrado ese objetivo, yo sabía que quería ir hasta Turquía por tierra y recorrer los Balcanes por la costa del Mar Adriático, pero el hecho de hacerlo en bicicleta me parecía mucho más lindo, aventurero, económico, saludable, único y de pura libertad. Por eso, mientras hacía mi ciudadanía en el norte de Italia comencé a preparar esta gran aventura que llamé Bicicleta Infinita.”
Naturalmente, el primer problema que tuvo que resolver fue el del equipamiento: “Comencé buscando sponsors que me apoyaran para equiparme con lo necesario -recuerda. Toqué muchas puertas, hasta que finalmente una pequeña fábrica de bicicletas se vio reflejada en mis objetivos y mi proyecto desafiante y me ofreció una bicicleta. El resto del equipamiento, en parte lo compré yo y en parte lo tenía. De hecho, utilizo mis mochilas como alforjas.”

El equipo y el dinero
Seba lleva en su viaje equipamiento básico de camping (carpa, bolsa de dormir, colchoneta inflable, elementos para cocinar, etcétera), un kit para la bicicleta (algunos repuestos y herramientas básicas), un kit de primeros auxilios, ropa básica de verano e invierno, tablet, cámara deportiva, mate y bandera Argentina. “El viaje en bicicleta es muy económico -afirma. Partiendo de que el combustible son tus piernas, haciendo acampada libre y cocinándose uno mismo, el presupuesto es realmente bajo. Mi viaje se financia, en gran parte, con mis ahorros, trabajos voluntarios y algunas veces con la venta de postales y merchandising en la calle. También he incorporado la opción de donaciones en mi página web.”

Rusia
Después de recorrer varios países, la mayoría de ellos exóticos para nosotros los latinoamericanos, Seba intenta resumirnos las grandes sensaciones de este tramo: “Este viaje está repleto de buenas experiencias, desde paisajes y atardeceres soñados hasta experimentar la hospitalidad de la gente. Nunca olvidaré la cantidad de té çay que me han invitado a tomar en Turquía o las veces que los albaneses me han invitado a dormir en sus casas. Y experiencias negativas no había tenido nunca, hasta que llegué a Georgia y comenzó la pandemia. Cuando me dirigía hacia la capital del país comenzaron a cerrar alojamientos, restaurantes y todos los lugares de posible concentración de gente, la policía llegaba a mi campamento para controlarme la temperatura, la gente local prefería mantener distancia con el turista y hasta incluso me cerraron la puerta en la cara en una estación policial cuando quise hacer una consulta.”
Sumado a estos acontecimientos, nuestro viajero se encontró entre otras incomodidades con tormentas de nieve, temperaturas bajo cero y una ruta con gran cantidad de camiones, motivo por el cual decidió tomar un tren para llegar a Tiflis, la capital de Georgia, donde al momento de hacer esta nota (mediados de abril) se encontraba haciendo la cuarentena en un departamento junto a otros cuatro cicloviajeros. “Honestamente -confiesa-, estar acá bloqueados no es tan malo, ya que es una linda ciudad, en un hermoso país, con buena y cálida gente, precios económicos y accesibles, visa de un año, sabrosa gastronomía y, detalle no menor, ricos vinos, ya que es en Georgia donde esta bebida se originó. La cuarentena no es obligatoria aún, entonces podemos salir a visitar la ciudad, aunque todos los comercios están cerrados y se recomienda quedarse siempre en casa. Estoy a la espera que la situación sea mejor y se pueda circular nuevamente en bicicleta y poder cruzar las fronteras que me separan de mi nuevo gran destino: la India.”


CRÓNICAS
Mis días en Georgia

29 de febrero
¡En la frontera se tomaron como cinco minutos para revisar mi pasaporte! Antes, al salir de Turquía, un policía turco me había dicho que no mencionara que había estado en Grecia: “Están muy estrictos con todo el tema del coronavirus”, me advirtió.
Finalmente pasé y me dirigí a Batumi. una hermosa ciudad sobre el Mar Negro. Súper moderna, edificios extravagantes, casinos, costanera, parques hermosos. La verdad, muy, muy linda. Allí me encontré con otros cinco cicloviajeros. ¡Ahora éramos un grupo de seis! Una mañana salimos todos juntos pedaleando rumbo al norte, con destino a Mestia. Si ya éramos muchos, esa primera tarde encontramos a otros dos españoles. Por la tarde éramos ocho cicloviajeros acampando juntos al lado del río, donde hicimos un lindo fogón y hubo mucha charla.
A la mañana siguiente salimos en pelotón. Fue raro estar pedaleando en un grupo tan grande y al mismo tiempo una experiencia única estar así acompañado. La gente nos observaba y saludaba. Esa noche acampamos en unas termas naturales. No eran increíbles pero el río estaba muy lindo.

A mitad del día siguiente, después del almuerzo, la policía nos comenzó a seguir a cierta distancia, hasta que nos frenaron y nos preguntaron de dónde éramos. Continuaron siguiéndonos por unos 15 kilómetros. Llegamos a un lugar donde queríamos acampar, le preguntamos si podíamos y nos dijeron que sí, pero cuando empezábamos a armar las carpas apareció de nuevo la camioneta de la policía y nos dijo que no podíamos, que debíamos acampar en la estación de policía. Insistimos en que nos dejasen acampar ahí, al lado del río y finalmente nos lo permitieron.
Minutos más tarde el mismo policía volvió a aparecer en un auto blanco y se estacionó a unos metros de nosotros, para custodiarnos durante toda la noche. Cuando preguntamos a qué se debía esto, nos dijo que era por seguridad, algo de Rusia… Más tarde averiguamos con más detalle en internet: nos encontrábamos cerca de la región de Abjasia, que pretende ser independiente de Georgia (o al menos que intenta serlo) con apoyo de Rusia aunque con nulo reconocimiento internacional. Pero la cuestión era que donde estábamos parecía seguro y más aún con la policía en nuestras nucas.
A la mañana del día siguiente la policía nos siguió unos 5 kilómetros en una gran subida hacia el dique Enguri. Fueron en definitiva casi 24 horas de marcha custodiados por la policía georgiana. Por un lado puede estar bueno tener esa compañía y sentirte seguro, pero por otro es un poco molesto sentir que nunca se está solo y que hay alguien pendiente de lo que hagas.

12 de marzo
Días mas tarde, después de haber vivido una hermosa experiencia con una familia local, seguimos camino hacia el centro de Georgia. En una noche de acampada libre vivimos una increíble situación, pero esta vez no tan agradable. Mientras acampábamos, poco después de cenar, vino una policía y una ambulancia para hacernos un chequeo por coronavirus. Se ve que algún vecino avisó que había extranjeros y vinieron a controlar. Lo gracioso era como estaban vestidos: mameluco blanco, barbijos, antifaz, cofia, guantes, el cuerpo totalmente cubierto, como si fueran a trabajar con un espécimen desconocido y peligroso. Nos tomaron la temperatura y nos pidieron algunos datos. Estábamos ok, nos pidieron disculpas por las molestias y nos explicaron la situación. Pero lo raro fue que nuevamente la policía no se fue, se quedó toda la noche vigilándonos, con las luces de la camioneta apuntando hacia nosotros. Y a las 7:30 sonó la sirena, nos hablaron en georgiano por el parlante del auto y nos hicieron señas para que nos fuéramos del lugar. Fue una situación muy molesta, porque no podíamos desayunar tranquilos que ya estaban a los bocinazos para que nos moviésemos, ya que tenían la orden de escoltarnos hasta el límite con la otra región/provincia, ubicado a unos 3 kilómetros.
Cuando dejaron de seguirnos nuestro enojo fue disminuyendo, pero el sabor amargo de toda la situación perduró. Fue notorio que en situaciones como estas el trato con las personas no es el normal, toman distancia, te miran raro, como que algunos piensan que estas infectado con el Covid-19 solo por ser un turista o por venir de Italia (hasta las banderas italianas de nuestras bicis tuvimos que sacar).
A todos estos sucesos extraños se sumaba que casi todos los cicloviajeros que habíamos conocido estaban pensando en volver a sus casas, sobre todo porque Azerbaiyán había cerrado sus visas por 45 días y cada vez se complicaba más cruzar el Mar Caspio en ferry.

17 de marzo
A medida que pasaban los días la situación se ponía más dura y difícil de lo pensado. Pase un día pedaleando bajo la lluvia, esperando encontrar un alojamiento para la noche. En cada hotel donde preguntaba me decían que estaba cerrado y cuando preguntaba a qué se debía no me respondían. Finalmente, a eso de las 16 horas entré en un pueblito donde había un hotel y la señora me dijo que debido al Covid-19 no podían aceptar gente y ni siquiera me permitirían armar la carpa en el jardín. La gente ya estaba espantada con el tema. Me dijeron que podía acampar cerca del río, que fue lo que finalmente hice.
Al despertar al otro día y abrir la carpa me llevé la sorpresa de que estaba nevando. Con mucho frío en las manos armé todo y partí. Cada vez nevaba más fuerte y la ruta me ofrecía subidas y cientos de camiones. Sumado a esta inclemencia climática, ya ni siquiera los restaurantes me recibían. Fui a uno solo para pedirles internet y me dijeron que no tenían y que estaba cerrado, mientras mantenían la distancia y se tapaban la boca. La gente entró en pánico.
Cansado de la situación, del frío, mojado y bajo una intensa e interminable nevada empecé a buscar una ciudad con estación de tren para tomar uno que me llevase a la capital del país. Pero cuando me detuve en la estación de policía para hacer una pregunta me cerraron la puerta en la cara, indicándome que me alejase y repitiendo con tono de alarma: “¡Coronavirus! ¡Coronavirus!”. Intenté informarme y me dijo que no hablaba inglés, mientras me hacía señas para que me fuese. Esto ya me provocó indignación, enojo e impotencia. Con gran esfuerzo pedaleé hasta Khashuri, donde finalmente logré tomar un tren hasta la capital georgina, Tbilisi (o Tiflis), donde estaban mis amigos. Necesitaba llegar a esta gran ciudad antes que la situación empeorase.

9 de abril
Ya llevamos mas de tres semanas en la ciudad. Georgia declaró estado de emergencia, con lo cual todos los comercios cerraron excepto supermercados y farmacias. Se puede circular por la calle y salir a pasear, pero obviamente no es lo recomendado y por ende tratamos de evitarlo. La gente y el gobierno han tomado buenas medidas de prevención, la gente usa barbijos y guantes, respetan la distancia recomendada en las colas, se usa alcohol en gel, etcétera. Dado esto el numero de casos en Georgia es bajo y de momento no hay muertos por Covid-19. Somos cinco cicloviajeros conviviendo y esperando que la situación mejore para que al menos podamos viajar en bici dentro del país. Intentamos aprovechar el tiempo trabajando en nuestros blogs y redes sociales, videos y fotos, escritura y lectura, entre otras actividades. Tenemos la esperanza y el pensamiento positivo que cuando la emergencia termine, podamos volver a circular, aunque respecto a la reapertura de las fronteras de los países limítrofes tenemos poca información y por lo tanto pocas decisiones podemos tomar respecto a nuestros futuros itinerarios.
Por el momento, solo queda esperar.


DATA
En bici a India

Partida: desde Italia el 9 de agosto del 2019.
Kilómetros recorridos hasta Tiflis: 4541.
Países visitados: Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Albania, Macedonia del Norte, Grecia, Turquía y Georgia.


Contacto: bicicletainfinita | bicicletainfinita.com

   

Cicloturismo

Salta y Jujuy: una travesía de 1200 kilómetros protagonizada por 5 experimentados viajeros

Publicado

el

Hector “Cachi” Gestido (57), German Yannielli (59), Carlos Teicheira (57), Claudio Nicala (58) y Ricardo Pereyra (56) integran un grupo de profesores de educación física que desarrollaron su vida y su profesión en la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, trabajando desde el nivel inicial hasta nivel superior y que al día de hoy, en razón del especial régimen jubilatorio de esa provincia, se han acogido al retiro.

El asunto es que hace unos 10 años, cuando aun estaban en funciones, comenzaron a viajar en bicicleta, haciendo dos o tres viajes anuales de alrededor de un mes de duración, entre otros el de la Carretera Austral, el de El Calafate a Ushuaia, el Camino de Santiago de Compostela portugués y francés, gran parte de Italia, la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia completa.

Naturalmente, la integración del grupo en los viajes ha ido cambiando según las posibilidades de cada uno al momento de realizarlo. Pero en la ocasión que nos ocupa, los 5 nombrados fueron los que planearon y concretaron un viaje en bicicleta por las provincias de Salta y Jujuy.

El viaje

Para concretarlo viajaron en avión desde Tierra del Fuego a Buenos Aires y desde allí a Jujuy, llevando como equipaje deportivo las bicicletas y alforjas en cajas que respetaban las medidas permitidas por la línea aérea.

Llegados a San Salvador de Jujuy el primer día de septiembre, armaron sus bicicletas para emprender a la mañana siguiente una travesía de 1200 kilómetros de pedaleo por sus propios medios, sin ningún tipo de apoyo. 

De San Salvador de Jujuy, por la ruta 9, pusieron rumbo a La Quiaca, adaptándose progresivamente a la altura. Al llegar a La Quiaca se tomaron un día de descanso, cruzaron a Bolivia y regresaron en el día, con el objetivo de prepararse para encarar la ruta 40, sabiendo que ahí comenzaba la parte más dura del recorrido, ya que no dudaban que el suelo y el clima jugarían en su contra.

De ahí en más completaron distancias diarias de aproximadamente 40 kilómetros entre los 3600 y 4200 metros sobre el nivel del mar. 

Para llegar a San Antonio de los Cobres pasaron por Cienaguillas, Timón Cruz, Paicone, Liviara, Coyaguaima, Tanques y Susque, todos pueblos son conexión wifi pero sin muchos servicios ni negocios ni alojamietos. 

Al caer el sol la temperatura bajaba considerablemente y por la noche rondaba los 8 a 12ºC bajo cero. En algunos casos durmieron en carpas y en otros en pequeñas piezas o galpones que les prestaban. 

Al llegar a San Antonio de los Cobres se prepararon para cruzar la ya antológica meta cicloturista del Abra el Acay, a 4895 msnm (el paso carretero más alto de América). “¡Muy complicado —nos recuerda Cachi Gestido—, pero el paisaje al bajar hacia el lado de la Poma y Cachi es realmente increíble …”

Desde el Abra bajaron hacia Salta por la Cuesta del Obispo y desde ahí regresaron a Jujuy por el Camino de Cornisa, entre la yunga, “otro lugar magnifico”.

Sobre un total de 26 días de travesía, los viajeros pedalearon 23.

Lo mejor y lo peor

Cachi Gestido, nuestro interlocutor del grupo, nos contó que no tuvieron mayores problemas con el tema de altura y que antes de viajar se habían hecho los estudios cardiológicos correspondientes. “En cuanto a la seguridad —afirma Cachi—, no tuvimos ningún drama, pero quiero destacar que la ruta 40 es muy complicada: nos encontramos con mucho ripio suelto, arenales, ríos congelados y viento —normal en la zona—, además de las bellezas del lugar.”

Con respecto a la mecánica, el grupo no sufrió mayores inconvenientes, salvo pinchaduras, alguna rotura de portaequipaje y, quizás un poco más problemática, la revisión y rellenado de líquido de freno, lo cual fue subsanado en San Antonio de los Cobres.

“Nos asombró —recuerda Gestido— la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Con la caída del sol la temperatura descendía bruscamente llegando a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. Así también las características culturales de los habitantes de los pequeños pueblos que nos recibieron a nuestro paso, y esos paisajes únicos que poca gente tiene la posibilidad de contemplar, ya que no se encuentran en un circuito turístico desarrollado.”

Según Gestido, los mejores momentos del viaje fueron los encuentros grupales al finalizar cada jornada de pedaleo, encuentros en los que se compartió la experiencia de cada uno durante el día entre mates, cafés y cenas. Y los peores momentos nos los resumió en dos episodios. “Por un lado, la noche que pernoctamos en carpa en un lugar llamado Tanques, la temperatura fue tan baja que al despertarnos no teníamos agua para el desayuno, ya que se había congelado dentro de los termos de acero que estaban en la carpa, al lado de las bolsas de dormir, lo que nos obligó a ir a romper el hielo de un chorrillo para obtener agua. El segundo episodio fue el trayecto de 152 kilómetros entre Cachi y Salta, que nos demandó 11 horas, debido al viento en contra y las características de la ruta, descendiendo por la Cuesta del Obispo. Llegamos a Salta totalmente extenuados.”

Y concluye con una afirmación categórica: “¡Ahora comenzamos a pensar nuestro futuro viaje!”

Info adicional: https://www.facebook.com/hector.gestido | rubenviviano@hotmail.com 

Continua leyendo

Cicloturismo

Llegaron a Qatar los cordobeses que recorrieron 10.000 kilómetros en bicicleta para alentar a la selección en el Mundial

Publicado

el

Por

Finalmente, los tres argentinos que se habían propuesto llegar a Qatar en bicicleta, recorriendo África de punta a punta y parte de Medio Oriente, cumplieron su objetivo, completando más de 10.000 kilómetros sobre sus bicicletas Venzo para llegar a tiempo para alentar a la selección en el Mundial de Fútbol Qatar 2022.
El viaje en bici les demandó 177 días. Partieron de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y llegaron a Qatar luego de recorrer 15 países. Los aventureros: Lucas Ledezma (34), Leandro Blanco Pighi (32) y Silvio Gatti (32), que zarparon en sus bicicletas en mayo de este año.

El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014, creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección de fútbol por el mundo. Antes de este viaje Ledezma llevaba recorridos más de 30.000 kilómetros en bicicleta por más de 25 países, en viajes que lo llevaron a Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

¡Esperemos que la cábala se repita en Qatar!

https://www.instagram.com/todoapedal/

Continua leyendo

Cicloturismo

Cómo cargar la bici en formato bikepacking por Diego Andrich

Publicado

el

Diego Andrich es un viajero de gran experiencia y dueño de la tienda Tierra de Biciviajeros.

Continua leyendo

Cicloturismo

Bici Salvaje: de la Selva Maya a la Amazonia para defender la selva

Publicado

el

El primer día de mayo del 2022, dos españoles residentes en Madrid, Isabel (27) y Pablo (32), iniciaron un viaje documental en bicicleta con propósitos medioambientales desde la Selva Maya mexicana hasta la selva amazónica ecuatoriana al que nombraron con el aguerrido nombre de Un viaje para defender la selva, una expedición que estiman que les demandará algo menos de dos años. La pareja se muestra muy activamente en redes como Bici Salvaje.

En nuestro contacto con ellos nos contaron que antes de conocerse ambos habían viajado como mochileros. Después de una vuelta por América, Pablo, de profesión fotógrafo, volvió a España queriendo saber qué es viajar en bicicleta y tras varias vacaciones de verano sobre los pedales, la idea terminó conquistándolo. Por su parte, Isabel es higienista bucodental y amante de la naturaleza en todas sus formas, también viajera y aventurera desde pequeña. “Siempre le gustó ayudar a los demás”, asegura Pablo. “A Pablo —añade Isabel— le mueve la aventura y el cuidado de la naturaleza. Sueña grandes expediciones como la de Bici Salvaje.”
Así fue que la suma de todas sus pasiones dio como resultado un gran sueño de pareja. “Algo más que un viaje”, afirman.

Para la expedición cuentan con el apoyo de la marca de bicicletas española Conor Bikes (@conorbikes_oficial), que les ha aportado un par de mountain bikes para afrontar la aventura. Las bicicletas estás adaptadas para cargar alforjas y otros equipajes que aseguran con amarres de la marca dinamarquesa Fixplus (@myfixplus). Entre otros enseres, llevan carpa, calentador, un par de sillas desmontables y un filtro de The Social Water para potabilizar el agua (@thesocialwater).
Y la pregunta del millón: ¿Cómo solventan su viaje?. Nos cuentan que manejan algunos ahorros de sus trabajos en España, “pero los guardamos como para cualquier emergencia. Nuestro principal ingreso viene del apoyo de la gente que sigue nuestro viaje a través de la plataforma buymeacoffee. Nos invitan a un café con lo que aquí pagamos un almuerzo. Gracias a esta ayuda podremos seguir con nuestro documental. Además, usamos la cámara para intercambiar con hoteles en los que poder descansar con comodidad. También viajamos con un equipo de tatuaje con el que trabajar.”
Pero vamos al grano. Y para ello nada mejor que su testimonio textual luego de los primeros tres meses de viaje. Helo aquí.

Bici Salvaje
Bici Salvaje es un viaje documental en bicicleta comprometido con el medioambiente, con esencia exploradora. Un viaje a través de Centroamérica y Sudamérica, conectando las dos selvas más importantes del continente. Esta aventura está marcada por un objetivo: conservar un ecosistema vital para la lucha contra el cambio climático y el hogar de la mitad de la biodiversidad del planeta, los bosques tropicales.

Empezamos en México con las bicicletas cargadas de ilusión y buenas intenciones, lanzándonos al desafío de recorrer pedaleando los miles de kilómetros que separan la Selva Maya en México de la Amazonia ecuatoriana.
En Bici Salvaje ponemos la energía de dos almas viajeras con ganas de vivir experiencias inolvidables cada día. Se suma el propósito de documentar nuestra aventura y no sólo eso, sino además de contar las historias de quienes defienden las selvas que agonizan ante la deforestación. Solo entre 2004 y 2017, más de 43 millones de hectáreas de bosque han sido arrasadas. Un dato que estremece, pero que en realidad no nos hacía falta conocer para ponernos en marcha.
En muchas ocasiones, en el camino nos hemos encontrado con proyectos y personas que han servido de puente y aprendizaje para poder dar voz y visibilizar los problemas que viven con respecto a la depredación de sus selvas. Una buena razón para subirnos a esta Bici Salvaje y recorrer México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.

Después de tres meses de viaje podemos contar los diferentes problemas nos han ocurrido en el camino, incluyendo desde situaciones mecánicas de la bici hasta problemas de salud. Cosas que acaban siendo normales en este tipo de aventuras. Por suerte, la amabilidad y hospitalidad de la gente con la comunidad cicloviajera ya es algo conocido.
Además de ser un medio de transporte limpio con el planeta, pedalear nos acerca a las comunidades. Este precisamente fue uno de los motivos por el que nos decantamos a viajar en bici. Sentimos más al pueblo, damos más y recibimos más.

Ponemos en el centro de Bici Salvaje a todas las personas que viven cómo desaparece la riqueza natural que les vio crecer. Las comunidades indígenas, sometidas a una gran presión, representan solo el 6,2% de la población mundial, pero protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Una parte de este proyecto busca poner el micrófono a las comunidades que están defendiendo su hogar.
“Hemos aprendido de otros proyectos locales que ponen en el centro de sus valores a su comunidad y a la naturaleza endémica. No se trata solo de nuestro relato, sino de relatos ajenos que nos aporten. Queremos acercarnos a otros proyectos que tengan una visión diferente acerca de la conservación.” Es casi más importante conservar lo que ya conocemos que lo que se está por conocer.

Aún nos queda mucha travesía por delante. Y estamos abiertos a quienes quieran colaborar en la aventura. Todos podemos contribuir cambiando nuestros hábitos de consumo. Si algún amigo nos quiere ayudar, lo primero que tiene que hacer es respetar el entorno, limpiar el parque cerca de su casa, darle un poquito de conciencia medioambiental a sus viajes y sobre todo, disfrutar.
A través de las redes sociales puedes formar parte de la comunidad de Bici Salvaje. Cada día somos más. En los días de calor sienta bien un mensaje refrescante. También se nos puede invitar a un cafecito, descansos en los que aprovechamos para editar nuestros próximos capítulos del canal de YouTube.

Mientras tanto seguimos en esta aventura sobre ruedas, disfrutando de lo que la vida en bicicleta nos regala, agradeciendo el calor de la gente y poniendo nuestras piernas bien fuertes.
¡Pedalea con nosotros en Bici Salvaje y únete a esta aventura!

 

Facebook e Instagram: @bicisalvaje.

Continua leyendo

Más Leídas