Conectá con nosotros

Cicloturismo

Una mujer, dos ruedas y tres mil kilómetros

Publicado

el

La mujer, la libertad y la bicicleta no comparten solamente el artículo femenino que las define. Hay una relación entre estos tres elementos que se va construyendo poco a poco: la primera alcanza a la segunda mediante la tercera. Esta es la historia de una mujer, sobre dos ruedas, viajando tres mil kilómetros.

Fueron muchas las razones que me llevaron a elegir a Croacia como punto final de este viaje. Quería volver a visitar las playas rocosas, el azul turquesa único del Adriático, caminar por los laberintos de las calles de la región de Dalmacia y, sobre todo, reencontrarme con buenos amigos croatas que habían compartido techo conmigo en el pasado. Bueno, tal vez esa fue la gran razón, la razón inicial. Sin embargo lo que me hizo seguir pedaleando más allá de los 1800 kilómetros que separan a Barcelona de Croacia…, eso lo encontré en la carretera, sobre mi bicicleta.

 

La bicicleta y el comienzo de la saga
La Rocinante era la que me llevaba al trabajo todos los días: una vieja Peugeot naranja, fabricada en 1975. Los zapatos no eran unas zapatillas de ciclismo, sino un par de chanclas, y en las alforjas, compradas de segunda mano, llevaba las vicisitudes de la inexperiencia sumadas al deseo de conocer lo desconocido.
Nunca había viajado sola en bicicleta y nunca había hecho un campamento libre/salvaje sola. Entonces, para que uno fuera el empujón del otro, invité a Bruno y así salimos juntos de Barcelona en un caluroso día de verano. Con él fui hasta Fréjus en Francia, unos 800 kilómetros.
Mi experiencia en el cicloturismo se reducía a una pequeña aventura por la costa uruguaya en 2016, lo que me aseguró que cambiar la cámara de aire no fuera una pesadilla, excepto cuando necesité cambiar la cámara ya completamente parchada en Albania: si no fuera por la piedad y la simpatía de un coleccionista de baratijas que me salvó con una cámara de 29” producida en la ex Unión Soviética, tal vez el viaje hubiera terminado allí mismo.
Los primeros kilómetros fueron alucinantes. Andar en bicicleta por la Costa Brava, en España, es un deleite para la vista, aunque no tanto para las piernas. Hay un sinfín de subidas y bajadas que siempre terminan en una playa con mar azul turquesa. Doscientos kilómetros y cinco días después cruzamos la primera frontera y ¡voilá, estábamos en Francia! La emoción de cruzar una frontera desata una inexplicable explosión de endorfina. Quien es cicloviajero sabe lo especial que es el “día de cruzar la frontera”.
Pero antes…

 

No todas son flores si vas en carpa
En mi diario describí uno de los días de esas primeras etapas por España: “60 kilómetros, 60 metros de desnivel, 35°C, Sant Antoni de Calonge-Ampuriabrava (Gerona, España): día tranquilo, solo una subida más cuesta arriba, luego una plenitud llana larga. A pesar de ser un lugar muy bello, por donde atravesamos muchos kilómetros en medio de hermosas plantaciones de girasoles, Ampuriabrava es como un parque, una reserva natural, absolutamente llena de mosquitos durante el verano. Curiosamente no había muchas posibilidades para acampar en la naturaleza. Nuestras opciones eran un espacio entre barriles de basura o al lado de una estación de agua súper hedionda. Fue ahí donde acampamos. Viajar sin dinero no siempre es tan divertido como parece.”
No todas son flores en el viejo continente. No siempre es fácil encontrar un lugar para simplemente armar tu carpa y pasar la noche (el famoso campamento salvaje), además de que cada país tiene sus propias leyes con respecto a la práctica. Pese a ello, el también conocido como camping gratuito alivia el presupuesto de viaje y ha sido y es mi mayor aliado en esta (y otras) aventuras. Cabe mencionar que las aplicaciones Couchsurfing y Warmshowers fomentan el alojamiento solidario para los viajeros, además de fortalecer los lazos entre personas de diferentes países y culturas. Entre camping gratuito, alojamiento solidario e invitaciones aleatorias de buenos samaritanos, los gastos que tuve con el alojamiento se resumieron en siete noches de las 90 que viajé.

Gente que te cuida
Sí, viajar sin dinero puede ser muy divertido y garantiza situaciones que el dinero ciertamente no brinda. Una vez, al pasar por la bahía de Kotor, en Montenegro, conocí a una familia serbia que estaba de vacaciones en la costa. Me invitaron a acampar en su jardín y la invitación terminó siendo un fin de semana completo con derecho a una habitación dentro de la casa y un regalo de la abuela cuando finalmente me dejaron seguir viaje. Otra vez, ya exhausta por las terribles subidas y el calor sofocante, no tuve fuerzas para reparar la cámara que se había roto por tercera vez ese día y fui rescatada por un croata que, además de ser muy amable y ofrecerme una cerveza, era un ex-ciclista fanático. Terminé conociendo a su familia y pasando una noche en su casa.
Por el camino, me reencontré con amigos y fue como si estuviera un poco en casa otra vez.
Pero cuando Bruno se fue y yo me quedé sola, un nuevo capítulo empezó, completamente diferente…

 

Cuando él se fue…
“¿Pero no tienes miedo? ¿Qué piensa tu familia de eso? ¿Dónde está tu novio/esposo? ” Desafortunadamente esas fueron las preguntas que más escuché. Sin embargo un extraño sentimiento de gratitud cruza mi mente cada vez que me hacen estas preguntas. Son ellas las que me llevan adelante, las que me hacen cruzar fronteras, avanzar con sueños. Tengo miedo, claro, pero aprendí a lidiar con eso. Hablo con mi miedo y así sigo con la convicción de que el mundo todavía es un buen lugar.
Por supuesto, viajar en bicicleta tiene un aspecto físico, pero el esfuerzo psicológico es el más desafiante. Son horas y horas de pedalear, sola, en silencio, escuchando tus pensamientos más salvajes, los que en el día a día no tienen tiempo de escapar.
Y aquí es donde aprendemos a hablar con nuestros miedos y temores. Es cuando te encuentras cara a cara contigo mismo, cuando algo sucede. Poco a poco el cuerpo se adapta y, quizás lo más importante, la mente se calma. El miedo ya no es tu mayor enemigo y el ciclismo se convierte en la mayor terapia.
Hubieron que pasar unos días para que me pudiera acostumbrar al hecho de estar sola. Tímidamente crucé de Francia a Italia después de haber compartido la jornada con Brigitt, la única ciclista en solitario con la que me crucé en esta aventura (!!).

 

¿Qué significa llegar?
Ingresar a Italia puede ser una alegría o un tormento: el “lío”, los ruidos y los choferes terribles hicieron que mi corazón hasta añorara a la ciudad de São Paulo (mi ciudad natal). Los carriles bici muy respetados y funcionales de Francia quedaron atrás, dando paso a las carreteras estrechas y sinuosas de la costa de Liguria. La verdad sea dicha, pasé por Italia muy rápido. Mi objetivo era Croacia y solo por eso estaba ahí.
En un esfuerzo por “llegar”, pedaleé más de 100 kilómetros durante varios días seguidos, hasta que finalmente (después de cruzar los pocos kilómetros de la costa de Eslovenia), llegué.
Sobre esa llegada, en el cuaderno de apuntar la vida escribí: “Día 29, kilómetro 1814,22. ¡Madre, llegué! Hoy fue uno de esos días para anotar en el cuaderno. Hace seis meses, llegar a Croacia en bicicleta parecía un plan de niño, sin pie ni cabeza. Nunca llegué a planear mucho, creo que siempre fui fan de ‘deja que la carretera te muestre el camino’. Luego de un mes y más de mil kilómetros ella me mostró que la vida se hace día a día, que sí, que la gente es buena, que los altibajos son metáforas de esta vida loca y que no hay límites para la verdadera voluntad”.
Y justo cuando mis piernas empezaban a adaptarse al ritmo del viaje, llegué. Pero después de todo, ¿qué significa llegar? “En la próxima frontera me detengo”, “La próxima ciudad será la última”… Y así seguí otros 1200 kilómetros, atravesando Croacia de punta a punta, conociendo todas las playas de la costa de Montenegro, entrando en Albania (que, lo confieso, antes de ese viaje ni siquiera sabía cómo señalar en el mapa dónde estaba), y finalmente poner fin a esta odisea en Skopje, Macedonia.

 

Mujer en bici
Cuando el alma es nómada, los amigos son el refugio seguro, el ancla, el hogar. Los nuevos amigos que haces en el camino son principalmente la razón por la que el viaje continúa. Así se han acumulado cientos de anécdotas a lo largo de estos 3000 kilómetros. Las palabras nunca serán suficientes para agradecer a todos los que me abrieron su casa, a los que me invitaron a tomar una cerveza fría en un verano tan caluroso, a los que imprimieron un mapa de 27 páginas para que no me perdiera, a los que se pusieron en contacto con amigos para poder tener un lugar donde dormir en otra ciudad y, sobre todo, a todos los que me preguntaron si no tenía miedo de viajar sola en bicicleta. Me hacéis creer en un mundo mejor y me hacéis seguir adelante.
Este breve relato de viaje no tiene ninguna intención de autopromoción egóica. ¡Es un intento de demostrar que las mujeres podemos y viajaremos solas en bicicleta!

Por Marina Thaler Machado | thaler.marina@gmail.com


 

BIO
Soy Marina 

Marina Thaler Machado nació en el año 1992 en Campinas, una localidad serrana ubicada a unos 100 kilómetros de San Pablo, Brasil. Es historiadora, formada en la Universidad de Sao Paulo, aunque aclara que más que nada es “trotamundos de corazón”. Vivió en Armenia, Irlanda y España, donde trabajó desde camarera a profesora de yoga. “Cuando terminé la universidad me fui a vivir a Yerevan, Armenia, donde trabajé como profesora de yoga voluntaria en una ONG. Seis meses después empecé un viaje a dedo desde Armenia a Georgia, Turquía, Grecia, Egipto, Marruecos y España. Acabado el dinero, me tomé un vuelo a Dublin, donde viví en una casa con diez chicos croatas, los amigos que motivarían mi primer viaje en bici. Fueron seis meses viviendo en la gris capital de Irlanda, trabajando como mucama. Luego la sangre latina me llevó a vivir a Barcelona, donde no conocía a nadie ni nada. Limpié habitaciones de hostales, vendí pizza, rellené empanadas, fui camarera en un restaurant vegetariano, hasta que me tomé la vieja bicicleta naranja y partí a Croacia, para volver a ver a mis amigos. Ese viaje, que aquí relato, fue en el 2018.”
Ahora Marina está estacionada en Chile, con los sueños de seguir un viaje en bici que quedó en suspenso por el coronavirus. Previamente había alcanzado a recorrer la Patagonia desde Bariloche a Ushuaia.

 

Publicidad
Click para comentar

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Cicloturismo

Un viaje extraordinario que terminó bien casi por milagro

Publicado

el

En noviembre del año 2019 el freerider suizo Alban Aubert se vino a la Argentina para trepar con su e-bike un volcán de 6012 msnm ubicado en Catamarca. Pero aunque nada salió como se esperaba, pudo coronar el cerro y volver en soledad a encontrarse con su grupo de apoyo y su novia en medio de la noche cerrada. Una aventura extraordinaria, de la que Alban salió ileso gracias vaya a saber qué…

 

Mi trepada al Cerro Laguna Blanca cargando con una e-bike sin baterías

Por Alban Aubert

¡La e-bike nos lleva definitivamente a nuevos horizontes! Al hacerme de la primera de ellas, inmediatamente se me ocurrió que quería escalar las montañas más altas. Después de una investigación detallada, finalmente encontré algunas cumbres adecuadas en Bolivia y Argentina. La elección recayó en Argentina, ya que conocía la belleza de este país por viajes anteriores.
Mi cumbre sería el Laguna Blanca, de 6012 msnm, que se encuentra en el noroeste del país. Es un volcán bastante desconocido, que fue escalado recién en el año 2000 por primera vez. Los hechos y las cifras sobre los caminos a la cima fueron difíciles de encontrar y finalmente decidí elegir la cara Este, por ser la menos empinada.
Después de un largo vuelo a Buenos Aires, había llegado la hora de hacerme de las baterías en la empresa importadora de Merida en Argentina. Hablé con ellos y finalmente me confirmaron que las baterías aún no habían llegado a Buenos Aires. Difícil de creer después de toda la preparación que habíamos hecho muchas semanas antes y la confirmación recibida de que todo iba por buen camino. Pero desde Merida Alemania me confirmaron finalmente que la empresa de transporte aún no había despachado siquiera las baterías desde Alemania. ¡Que decepción! Pero todos sabemos que siempre el vaso está medio lleno y no medio vacío…: no podría subir pedaleando normalmente con mi e-bike pero al menos sería menos pesada a la hora de cargarla.

De paso por Tucumán
Finalmente había llegado la hora de tomar el vuelo a San Miguel de Tucumán, cuyo aeropuerto es el más cercano a mi montaña. Mi novia Julia se unía a mí en esta aventura para atacar una cumbre tan alta por primera vez en su vida.
Luego de las agradables temperaturas primaverales que habíamos disfrutado en Buenos Aires nos encontramos en San Miguel de Tucumán… ¡con 40 grados! Constantine Fiene, el fotógrafo, se unió a nosotros medio día después, directamente desde Europa. Los tres exploramos brevemente algunos rincones de la calurosa ciudad pero terminamos felices en un restaurante bien climatizado.
Al día siguiente, después de habernos comprado unos shorts de verano, volvimos a intentar recorrer la ciudad y acostumbrarnos al cambio de hora.
Un conductor nos recogió a la mañana siguiente. El objetivo era subir en coche desde los 400 msnm de la ciudad de Tucumán hasta los 3400 msnm. Con un ascenso rápido queríamos evitar en la medida de lo posible el impacto del cambio de altitud.

Aclimatación en Catamarca
Después de un viaje de 9 horas finalmente llegamos a El Peñón, en la provincia de Catamarca, un pequeño pueblo donde el tiempo no importa y el viento sopla con fuerza sobre sus calles arenosas. Las 200 personas que viven allí ni siquiera tienen línea telefónica y durante la noche no hay electricidad. Nos quedaríamos un momento para acostumbrarnos a la altura, relajarnos del viaje viaje y contactar a un guía. La buena noticia fue que podríamos hacer la primera parte de la subida en un vehículo 4×4 y con ese viaje de 2 horas lograríamos evitar dormir una noche allí arriba, expuestos a fuertes vientos en una meseta sin fin.

Esto nos ayudó especialmente, dado el hecho de que Constantine realmente no había tenido tiempo de prepararse para la altitud, ya que se había unido a nosotros directamente después de una temporada completa de la Copa del Mundo, trabajando para SR Suntour.
Julia y yo habíamos estado bastante tiempo en casa, en los Alpes, entre los 2000 y los 3100 msnm antes del viaje. Esa era también la razón por la que no usé una cámara de presión para mi preparación y confié solo en mi preparación al aire libre.

¡Vamos!
A las 3 AM comenzamos nuestra aventura. Tomamos un desayuno rápido pero saludable y nos dejamos conducir 2 horas por un camino lleno de baches. A los 4400 msnm dejamos atrás la 4×4 y comenzamos la caminata junto a Diego y Miguel, que nos guiarán. Al menos ese era el plan…
Con las mochilas ya listas, cargamos la bicicleta al hombro y comenzamos a movernos lentamente en la oscuridad. Después de unos metros, nuestros dos guías se detuvieron y quemaron algunas plantas de coca como agradecimiento al planeta, que ellos llaman Pachamama.

Tocados por este breve momento mágico, continuamos nuestro camino a través de la salvaje meseta, siguiendo un sendero estrecho rodeado de pequeños arbustos. Definitivamente era un tramo que podría haber hecho mucho más rápido en bicicleta, pero en soledad, sin el resto de mi equipo.
A las 4700 metros las circunstancias cambiarían. Cada vez era todo más empinado y caminábamos sobre un campo de piedras sueltas. En cada paso nos deslizábamos un poco hacia atrás y el viento soplaba fuerte y frío de todas direcciones.


Era bastante agotador. Cuando nuestros guías me preguntaron cuál era el camino a seguir me di cuenta de que nuestro viaje iba tardar un poco más de lo que pensábamos… Después de innumerables aventuras por el mundo, era la primera vez en mi vida que estaba muy mal asesorado y no tenía a mi lado a los profesionales con los que hubiera querido trabajar. Por lo tanto era yo mismo el que ahora guiaba al equipo hacia adelante, y como siempre estoy preparado para los imprevistos, podía contar en mi teléfono con todos los mapas que había descargado y la señal de GPS.

Tres para abajo, dos para arriba
Continuamos por el camino, que subía en línea recta al lado de un enorme cañón. Constantine mostraba lentamente signos de debilidad. La altura mostraba su impacto y aún quedaba mucho camino por recorrer. A los 5300 metros decidimos que Constantine iniciara su descenso y Julia se uniese a él junto con Diego, ya que también su nivel de energía estaba disminuyendo drásticamente y tenía dudas de poder llegar a la cima en esas condiciones.
Yo continué con Miguel, que parecía disponer de un pack de energía increíble y al que se me hacía difícil seguir. Cruzamos finalmente una zona rocosa donde el subsuelo era más estable. ¡A los 5500 llegamos a la nieve! Había una gran meseta al pie de la siguiente subida. Me sentí feliz de llegar a este punto todavía en buenas condiciones personales, ya que había un gran muro esperándonos. ¡Impresionante! Los siguientes 400 metros de subida serían los más difíciles, tan empinada que tuve que parar cada 5 pasos y respirar. Pero avanzamos a un ritmo regular. Miguel siempre se mantenía un poco adelante y me esperaba detrás de una roca para protegerse del viento.

En soledad
A los 5950 metros llegamos a la última meseta, a los pies de nuestra cumbre, que aún se mantenía fuera de nuestra vista, lejos pero ya no tanto. Comenzamos a preparar mi bicicleta. Por detrás de mi mochila yo llevaba las ruedas y Miguel el cuadro. En ese punto, lamentablemente Miguel me avisaría que iba a abandonar la marcha. Ya llevábamos escalando más de 10 horas y tenía miedo que oscureciese.
Sabiendo que solo me faltaba subir los últimos 100 metros, me decidí a continuar. Empujé mi bicicleta hacia adelante y le deseé una buena bajada a Miguel.
Poco después llegué a un área muy expuesta al viento. Era difícil mantenerse en pie y seguir con la bicicleta. Incluso se me volvía difícil hacer una revisión rápida de mi GPS, ya que me resultaba casi imposible quitarme y volverme a poner los guantes. Un segundo sin atención y se habrían volado.
Vi la cumbre, que todavía estaba a un kilómetro de distancia. Seguí hasta llegar a los 6000 metros. ¡Después de 12 horas de ascenso estaba muy feliz de alcanzar esta altitud con mi bicicleta!
El temporal de viento imposibilitaba quedarme más tiempo, con una temperatura claramente por debajo de los 0 grados y todavía me esperaba toda la bajada. Detrás de una tramo rocoso traté de rodar algunos metros para realmente tener ese momento en 6000 en mi memoria. Pero ya no quise correr ningún riesgo, ya que solo tenía un teléfono satelital conmigo y mi teléfono móvil con la batería ya consumida. Desafortunadamente, no fue posible recargar para tomar al menos una foto.

El regreso
La primera bajada fue bastante técnica, aunque bastante pedaleable. Pero conduje despacio y seguro. No tenía absolutamente ninguna inclinación al riesgo de lastimarme aquí y esperar en el frío por un posible rescate.
La luz del día me acompañó hasta que bajé a 5500 metros. Luego, la noche ya caía lentamente. Aunque sabía que montaña abajo sería técnicamente pedaleable, decidí empujar mi bicicleta. Pero donde sentía que podía montarla con seguridad, disfruté de algunos momentos dejándome llevar por ella. Pero aún así, durante el 80% de esta segunda parte de la bajada tuve la bici a mi lado.
Alrededor de las 8 PM llamé a Ariel con mi teléfono satelital. Era mi contacto en el país y le pedí que mandase un WhatsApp al resto del equipo para confirmarles que estaba bien. No había llamado antes porque recordaba que no había internet después de las 7 PM en el pueblo, debido a que cortaban el generador eléctrico durante la noche. Y el resto de mi equipo no tenía servicio telefónico.
Seguí adelante ya en la noche oscura, con el 100% de concentración. Cuando finalmente llegué a la última meseta, traté de llamar a Ariel nuevamente, pero sin éxito. Supuse que ya estaría durmiendo. Por suerte pude llamar al hermano de Julia, que vive en Buenos Aires, y pedirle que se comunicase con los demás.
Seguí empujando mi bicicleta, me sentía casi como un robot… , avanzando a través de arbustos y caminos rocosos. ¡Alrededor de la medianoche pude ver las luces de un automóvil! ¡Por fin! Allí estaba Julia con el chofer, Miguel y Diego, aliviados de encontrarme en la oscuridad, en medio de la nada. No habían recibido mi último mensaje y estaban más que preocupados.
23 horas después de que sonara el despertador por última vez, caí en mi cama lleno de felicidad.

 

albanaubert@hotmail.com | http://www.albanaubert.com

Continua leyendo

Cicloturismo

Un inquietante recorrido en bicicleta por el Fin del Mundo

Publicado

el

Maru Brambilla (36), profesora de biología, y José Cirigliano (26), empleado en una estación de servicio, son de San Nicolás de los Arroyos, una ciudad de la provincia de Buenos Aires recostada sobre el río Paraná. “Antes de viajar en bicicleta —nos contaban en su primer contacto con nosotros— llevábamos una vida urbana convencional, cómoda y rutinaria, pero nada nos apasionaba y llenaba realmente. Fue entonces que decidimos renunciar a nuestros trabajos y vendimos todo lo que teníamos para salir a viajar en bicicleta sin fecha de regreso. Así fuimos creando esta forma de vida, donde cada día es una incertidumbre y está lleno de emociones.”

La decisión de hacer el viaje en bicicleta provino de su amor previo por ellas: “Que nuestro cuerpo sea el motor, ir lento, descubriendo detalles, y también por la auto superación y el esfuerzo que implica, y ni hablar de que es un medio muy simple, económico y sustentable. En bici tenemos autonomía para trasladarnos y permanentemente estamos en contacto con el entorno. Y el cargar con todo el peso de lo que llevamos también nos obliga a tomar consciencia de que es lo realmente necesario para subsistir. Además es un medio que genera una gran curiosidad y empatía en la gente.”

Así es que la pareja está viajando desde el mes de enero del 2021 de manera ininterrumpida. Llegaron a Ushuaia luego de pedalear 11.000 kilómetros atravesando 10 provincias (Buenos Aires, Río Negro, Neuquén, Mendoza, San Luis, Córdoba, La Pampa, Chubut, Santa Cruzy Tierra del Fuego). Y el proyecto que sigue es llegar a las 23 provincias argentinas antes de salir a recorrer todo el continente.

Desde Ushuaia, donde se metieron en lugares recónditos de la isla (uno de cuyos recorridos relatan a continuación de esta presentación), tienen como objetivo muy cercano subir por la ruta 3 hasta Buenos Aires y desde allí pedalear el litoral durante los meses de invierno. “No tenemos un cronograma fijo ni tiempos que cumplir, solo nuestros deseos de viajar y conocer lugares, personas y vivir experiencias nuevas.”

Hasta el momento se mueven en dos mountain bikes con suspensión delantera: José con una Peugeot M01 rodado 29 con transmisión 3×10 SLX y Maru con una GT Zaskar rodado 29, con transmisión 2×10 SLX. Llevan portaequipajes delanteros y traseros, con alforjas caseras, carpa, bolsas de dormir, marmita y calentadores (alcohol y gas butano), ropa, mochila de trekking, equipo fotográfico y postales de su viaje que venden en el camino.
Paralelamente han creado en redes Soñando en Bicicleta, un proyecto para compartir su estilo de vida, cosa que hacen a través de su Instagram @sonyandoenbicicleta, donde dan a conocer el día a día de todo lo que implica para ellos viajar en bici: logística, consejos, experiencias, datos y también reflexiones sobre su filosofía de vida, mientras intentan estimular a otros a cumplir sus sueños.
En suma, Maru y José nos han conquistado con sus textos y sus imágenes. Esperemos que también te conquisten a vos con este relato de sus aventuras por la Ushuaia profunda.


¿Qué hacer en el fin del mundo en bicicleta?

Por Maru Brambilla y José Cirigliano

Llegamos a Ushuaia luego de 13 meses de viaje, 11.000 kilómetros y 10 provincias pedaleadas. Y estamos asombrados desde el primer día con esta ciudad que realmente tiene de todo y para todos los gustos.
Como amantes del trekking, de entrada hicimos algunos de los innumerables senderos que hay por valles y bosques, llegando a lagunas y glaciares. También disfrutamos de una navegación a la Isla Martillo para ver pingüinos. ¡Pero ya extrañábamos a nuestras bicis!
Así que, descargados, nos fuimos a recorrer todo el Parque Nacional Tierra del Fuego. Fueron 50 kilómetros ida y vuelta, rodando por todos sus rincones. El camino es de tierra y no presenta gran dificultad, pero entendiendo que por estos lados es inevitable el desnivel, íbamos preparados para encarar algunas trepadas.
Lo hicimos, ¡pero no fue suficiente! Así que vamos a contarles hoy de otra travesía, en este caso en bici con alforjas y preparados para acampar. En esta aventura fuimos tres, ya que nos acompañó José Vicentín, un amigo que vive aquí en Ushuaia.
Fueron cuatro días y tres noches en los que recorrimos aproximadamente 130 kilómetros con un desnivel positivo de 1300 metros. Salimos desde Playa Larga rumbo a Puerto Almanza, bordeando el Canal de Beagle, entre bosques y mar, para retomar luego a la ciudad por la ruta J y ruta 3.
Ya nos habían hablado de ese recorrido, por lo que buscamos algo más de información, chequeamos mapas, el tiempo, y nos fuimos. Es importante aclarar que lo hicimos en la última semana de febrero y que desconocemos cómo será esa zona en otra época del año.
Comenzamos por la Reserva Provincial Playa Larga. Desde allí, donde termina la calle, tomamos un sendero de trekking. A medida que avanzamos nos adentrábamos más en el bosque, la vegetación se cerraba y se complicaba permanecer arriba de la bici. Ni hablar de otras partes con troncos caídos y abundante barro, en donde fue empujar y empujar, además de descender con sumo cuidado para no bajar haciendo culipatín con bici y todo.

Luego de 12 kilómetros en esas condiciones y una noche de por medio (imaginen lo lento que avanzamos en esa zona) llegamos a Estancia Túnel, donde ya aparece una huella vehicular que nos permite continuar, ahora sí, pedaleando. Tuvimos que vadear 5 o 6 ríos poco profundos pero muy fríos. El último de ellos fue en Puerto Remolino, donde comienza la Ruta Provincial K o 30, de ripio/tierra.

Por ella continuamos al lado del mar, bordeando el canal de Beagle, hasta llegar a Puerto Almanza, donde ya hay casas de familias, restaurantes y hasta algún almacén con provisiones básicas.
En Ushuaia se suele decir que en 24 horas transcurren todas las estaciones del año. Y algo así fueron cada uno de estos 4 días de travesía: lluvias intensas, luego garúas, sol radiante y al rato algo de granizo, vientos fuertes que sacudían la carpa y paraban de repente. Pasar de abrigarnos y no sentir los dedos de las manos a estar acalorados bajo el sol que aparece y calienta otra vez.
Por suerte, en el camino hay un par de refugios. Uno de ellos fue nuestra casita durante la segunda noche.
Saliendo de Almanza tomamos la ruta J con destino a la Ruta 3. Se puede ir también en sentido opuesto, rumbo a Estancia Moat, extendiendo así los días de travesía.

La Ruta J nos alejó del mar, nos rodeó el bosque y a su lado apareció el río Lasifahaj, dibujando una curva tras otra. Empezamos a acompañarlo zigzagueando, subiendo y bajando una y otra vez. No podíamos sacarnos la sorpresa de la cara al recorrer estos caminos, donde el verde intenso nos recuerda que en cualquier momento vuelve a llover, aunque afortunadamente sobran lugares donde armar campamento.
El último día vamos descontando kilómetros y llegamos a la ruta 3, donde recién aparece el asfalto.
Durante estos días nos embarramos, nos mojamos, empujamos las bicis hasta que nos dolían los hombros, los brazos y la espalda. Por momentos tuvimos tanto frío que no sentíamos los dedos y costaba meter los cambios.

Desde nuestra experiencia, esta travesía tiene una dificultad alta si tenemos en cuenta que los primeros 12 kilómetros son por un sendero de trekking en el cual casi no se puede pedalear y con la bici cargada se avanza muy lento, siempre empujando y levantándola. Por esto recomendamos ir lo más liviano posible en cuanto a equipamiento.
La dificultad sin duda también la aporta el clima. En la ciudad puede estar soleado y en esta zona no parar de llover. Por lo cual es necesario ir preparados en cuando a vestimenta impermeable, carpa que soporte la lluvia y vientos fuertes, bolsa de dormir adecuada para noches muy frías, y portar todo en alforjas o bolsos impermeables para que al parar dispongamos de abrigo seco.
Creemos que es muy delgada la línea entre disfrutar este camino o pasarla realmente mal. Hay que afrontarlo bien preparado y con mucha responsabilidad sobre lo que estás haciendo.
Si es así te va a encantar, ¡como a nosotros! Por la satisfacción de superar obstáculos, porque nos implicó un gran desafío físico y mental y además porque llegamos a ver paisajes únicos. La sensación de libertad y de inmensidad en medio de tanta naturaleza es indescriptible.

Esta travesía y mucho más podés encontrar en nuestro Instagram @sonyandoenbicicleta, donde compartimos recorridos, experiencias personales que surgen de nuestra vida diaria, y ¿por qué no? motivamos a otros a salir a cumplir sus sueños. Además te invitamos a acompañarnos en nuestro proyecto de pedalear las 23 provincias Argentinas.

@sonyandoenbicicleta

Continua leyendo

Cicloturismo

Nación Salvaje: un viaje extraordinario por el maravilloso Parque Patagonia

Publicado

el

Cuando la vista se te pierda en un ocre eterno de atardeceres profundos.
Cuando el viento gobierne tus pelos, tus pasos, tu paciencia.
Cuando los cielos te provoquen suspiros inevitables y la intensidad del afuera te estremezca el adentro.
No te asustes ni te impacientes; escucha, observa con atención, que estás llegando a tierras donde la libertad aún no pudo ser domesticada.
El parque Patagonia se encuentra al norte de la provincia de Santa Cruz, que con sus 243.943 kilómetros cuadrados es la segunda más grande de la Argentina, pero también la de menor densidad poblacional. Tierras en donde el “por ahí no hay nada” se traduce en enormes extensiones de naturaleza virgen, en geografías intensamente agrestes en las que es mucho más probable cruzarse con grandes manadas de guanacos salvajes que con algún otro ser humano.

La primera vez que recorrimos la provincia en bici fue en el 2014, durante nuestro viaje por la ruta 40 y las sensaciones que tuvimos en ese entonces fueron las que a lo largo del tiempo nos hicieron volver una y otra vez, hasta elegirla hoy en día como nuestro hogar.
No es un lugar fácil ni cómodo, porque como todo lo indomable e impredecible te obliga a adaptarte, a sentirte chiquito, a ganar humildad, a entender sobre prioridades.
Pero para contrarrestar aquella rudeza de su clima y sus distancias, siempre te regala muchas de las experiencias más auténticas y extraordinarias que se puedan tener. Por eso cuando recibimos la invitación para conocer el Parque Patagonia en bici no tuvimos dudas de cuál tendría que ser nuestra respuesta y claramente no nos equivocamos.
Pedaleamos por senderos que bordeaban impactantes cañadones, mezclamos bici con trekking para llegar a lagunas escondidas repletas de flamencos, vimos por primera vez una familia de pumas, caminamos entre cerros color fantasía. En tan solo dos días atravesamos estepa, cerros, roca, ríos, nos encontramos entre árboles frondosos y reparadores. Conocimos gente que ama lo que hace. Gente que cree en lo que hace. Conocimos un parque en el que siempre fuimos bienvenidos y donde en tan solo dos días logramos sentirnos en viaje.

Los accesos al Parque
El Parque Patagonia Argentina cuenta con dos portales de acceso: el Portal La Ascensión y el Portal Cañadón Pinturas. Ambos tienen distintos senderos que permiten internarse en impactantes geografías y cuentan con servicios de uso público. Nosotros en esta oportunidad fuimos a visitar el Portal Cañadón Pinturas, y aunque ya somos viejos conocedores de la zona lo que encontramos fue una sorpresa constante en cada rincón que recorrimos.
El Portal Cañadón Pinturas tiene cinco senderos de distintas dificultades:
Tierra de Colores,
Koi,
La Guanaca,
Los Balcones y la
Bajada de los Toldos.

Pedaleando en los cinco senderos
El primer sendero que conocimos fue Tierra de Colores, ya que se encuentra a pocos metros de la entrada al portal. Es un recorrrido de dos kilómetros de baja dificultad en el que transitás por escenografías de cuento, entre cerros amarillos, rosados y ocres que recuerdan a los increíbles paisajes del norte argentino —con la sorprendente particularidad de estar en medio de la estepa patagonica, lo que hace a la experiencia aún más extraordinaria.

Pasamos la primera noche en La Posada de los Toldos, donde podes optar por hospedaje o camping libre con acceso a baños y un refugio. Nosotros ese día elegimos dormir en la camioneta.
A la mañana siguiente preparamos las bicis con el equipo y tomamos el camino que nos llevaría durante 19 kilómetros al inicio de los demás senderos, hasta concluir finalmente en la Cueva de las Manos.
Pedaleamos entre hermosas mesetas y llanuras extensas que dibujaban el horizonte hasta la entrada al sendero Koi, que asciende hasta la meseta Sumich. Abandonamos por un rato el camino para subir pedaleando por un estrecha huella que nos permitió avanzar algunos kilómetros, hasta que fue necesario dejar de las bicis y seguir a pie. Luego de un breve trekking llegamos a una laguna llena de flamencos rosados que se robaron nuestra atención por un largo rato.
Más adelante nos esperaba el final del recorrido, que permite una vista amplia e impactante del lugar. La bajada en bici por el sendero fue aún más divertida y llegamos nuevamente al camino en apenas algunos minutos, para volver a tomarlo en dirección a la Cueva de las Manos. La ruta estaba en excelentes condiciones, lo que nos permitió ir disfrutando del lugar sin contratiempos ni distracciones.
Luego de algunos kilómetros volvimos a encontrarnos con el cartel que marcaba el inicio del sendero La Guanaca, un trekking de 6 kilómetros que asciende al Cerro Amarillo, para terminar con una gran panorámica del cañadón Río Pinturas, acompañados de cóndores.
Más tarde, al regresar al inicio del sendero La Guanaca, nos metimos por el sendero Los Balcones, que nos llevó hasta la Bajada de los Toldos, pedaleando durante 3 kilómetros por una huella que va bordeando el cañadón, lo que hizo de ese tramo uno de los recorridos más impresionantes que hicimos en bici, porque mientras las ruedas giraban entretenidamente por una sendero serpenteante pero sin grandes dificultades, todo a nuestro costado se había vuelto un mundo de roca, colores y formaciones sorprendentes que nos mantuvieron con los ojos muy abiertos y las sonrisas constantes hasta la gran Bajada de los Toldos, donde el cañadón decide que es momento de dejarse de rodeos y mostrar toda su magia.
En ese punto, la Cueva de las Manos nos queda del otro lado del cañadón, por lo que para visitarla es necesario dejar las bicis y realizar una importante bajada que cruza el río por un camino perfectamente marcado que te permite recorrer parte del hermoso Río Pinturas, rodeados de vegetación, para ascender finalmente hasta la entrada a las cuevas.

Esa tarde, como tantas otras veces, armamos la carpa, calentamos el agua para el mate y esperamos a la puesta del sol. Pero el pequeño balcón que habíamos elegido para pasar la noche no era cosa de todos los días. Frente a nosotros el imponente y milenario cañadón del Río Pinturas nos sacudía las emociones y las ideas, para hablarnos de otras épocas, en las que la convivencia con el entorno estaba ligada a lazos mucho más simples y profundos que la mera codicia y ambición a la que nos fuimos acostumbrando.

Información útil
El portal Cañadón Pinturas se encuentra a 56 km de la localidad de Perito Moreno por la ruta 40.
Para conocer las Cuevas de las Manos es necesario pagar entrada (actualmente para residentes Argentinos es de 600 pesos) y esperar el horario de la visita guiada. Abre de 9 a 19 y las visitas guiadas son cada hora, con una duración aproximada de una hora. No se hacen reservas, el acceso es por orden de llegada y el número máximo por guiada es de 20 personas.
Si vas en carpa o motorhome vas a poder tener acceso a espacios de servicios públicos y gratuitos.
Aunque la distancia entre La Posada de los Toldos y La Cueva de las Manos es de tan solo 19 km, recomendamos ir con tiempo para poder entrar en los distintos senderos que se encuentran en el camino.
Al ser un lugar donde la fauna está protegida y no perseguida, como en otras zonas de Santa Cruz, es normal ver grandes manadas de guanacos, zorros o flamencos con total tranquilidad al costado del camino. Por lo que es fundamental respetar su hábitat y no molestarlos ni darles de comer ni asustarlos como si fueran parte de un entretenimiento.
La basura o residuos que se generen, sin importar las circunstancias o que tipo de basura generemos, deben volver con uno, lo que significa que una cáscara de fruta también es basura que no pertenece al lugar aunque sea orgánica, al igual que el papel higiénico. Por eso llevar siempre una bolsa donde poder acumular los residuos es indispensable.
En lugares que no están preparados o habilitados para realizar fuego como campings o fogones, el fuego nunca es una opción. Si vas a acampar en la naturaleza es necesario llevar una cocina a gas, alcohol o MSR.

El clima en Santa Cruz es muy variable y aun en días de verano, donde el sol es muy fuerte, la temperatura puede bajar abruptamente de un momento a otro. Sea cual fuere el recorrido que vamos a emprender, recomendamos llevar siempre buen abrigo aunque las condiciones muchas veces parezcan no ameritarlo.

Por Nación Salvaje

www.nacionsalvaje.com | www.facebook.com/NacionSalvaje/ | www.instagram.com/nacionsalvaje/

Continua leyendo

Cicloturismo

Cuatro argentinos harán un viaje de más de 10.000 kilómetros en bici desde Sudáfrica a Qatar para ver el mundial de fútbol

Publicado

el

Con la mira puesta en arribar al mundial de fútbol de Qatar 2022 que se disputará durante los meses de noviembre y diciembre, cuatro argentinos apasionados de la bicicleta partirán el próximo mes de mayo desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) para arribar a Doha (Qatar) después de recorrer más de 10.000 kilómetros a través de África y Medio Oriente.
El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014 y fue creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección argentina de fútbol por el mundo. Actualmente Ledezma lleva recorridos más de 30.000 kilómetros en bici por más de 25 países, en viajes que lo llevaron al mundial de Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

Siguiendo este impulso es que nació Pedaleando África, el proyecto que nos ocupa en estas líneas y que protagonizarán cuatro aventureros:
Lucas Ledezma, profesor de educación física y protagonista de los viajes en bici a algunos de los eventos de fútbol más importantes de los últimos años (@todoapedal).
Silvio Gatti, licenciado en turismo y ambiente, viajero aficionado cordobés que vive en Barcelona y que ha recorrido más de 15 países de América, Europa y Asia (@bikepackingargentina)
Leandro Blanco Pighi, licenciado en comunicación social, escritor, periodista de viajes, conferencista “y ante todo trotamundos”, como el mismo se define. Ha publicado dos libros, lleva más de 10 años viajando alrededor del mundo y ha visitado más de 40 países (@viajero_intermitente).
Sebastián Rodríguez, realizador audiovisual y fotógrafo, un apasionado por la aventura que será el encargado de registrar en imágenes esta travesía (@seba.spila).

La hoja de ruta de los viajeros (que obviamente puede sufrir modificaciones por imprevistos sobre la marcha) es la siguiente:
Pedalear 7.556 kilómetros desde Ciudad delCabo hasta Adís Abeba (Etiopía).
Volar desde Adís Abeba hasta El Cairo (Egipto).
Pedalear 1.297 kilómetros desde El Cairo hasta el puerto de Nuweibaa (Egipto).
En Nuweibaa tomar el ferry que los llevará a Jordania y desde allí pedalear otros 2.646 kilómetros por Irak, Kuwait y Arabia Saudita para llegar a Doha, la capital qatarí, el día 21 de noviembre del 2022.

Continua leyendo

Más Leídas