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Deporte y Entrenamiento

Una plegable por la montaña

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Las bicicletas plegables están revolucionando la movilidad urbana en Buenos Aires. Pero con más de dos años en nuestra bicicletería Lord Bike, identificamos siempre las mismas inquietudes sobre ellas: ¿Andan rápido? ¿Hay que pedalear más? ¿Resisten o se rompen? Decidimos sacarnos las dudas y llevar una Tern Link D16 al extremo en el clásico trayecto Copina a Cóndor (Córdoba), ida y vuelta. La única modificación sobre la bici fue en las cubiertas originales, unas Schwalbe Kojak, que se reemplazaron por unas Kenda con tacos, imprescindibles para circular con seguridad por caminos de montaña.
Estos dos parajes, ubicados en el Camino de las Altas Cumbres, nacieron en 1913 cuando se construyó un camino de montaña para unir los Valles de Punilla y de Traslasierra. En la actualidad están conectados por un tramo de 18 kilómetros. Se trata de un típico camino de montaña, duro y pedregoso, que asciende desde los 1448 msmn hasta los 2200 msmn.
Comenzamos a pedalear en Villa Carlos Paz (600 msnm). La ruta hasta Copina es de asfalto. En los primeros kilómetros de ruta, si bien extrañé las cubiertas originales de la bici, me adapté rápido a los tacos en el asfalto y pude mantener un promedio de 20/25 km/h.
Una pequeña recta de 500 metros en bajada me permitió probar la bici a fondo. La ciclocomputadora marcaba 52 km/h, la estabilidad del rodado era asombrosa y la inercia me permitía adelantar aún sin pedalear a mis compañeros en mountain bikes.
Luego de 25 kilómetros apareció un desvío a la derecha con un camino en bajada y, como única referencia, una pequeña casa. Luego de 5 kilómetros más llegamos a Copina. Recorrimos 40 kilómetros desde Carlos Paz y estábamos a los 1448 msnm.
Hicimos una parada en este caserío. No había ningún lugar para comprar, salvo un pequeño quiosco con más bebidas alcohólicas que alimentos para la venta. Miré los árboles y estaban cubiertos de líquenes, claveles del aire y barbas de viejo, síntomas de aire puro y polución cero. De pronto algún poblador curioso se asomó por una ventana, otro salió raudamente de una casa y se metió en otra. Recordé al pueblo Macondo, en Cien Años de Soledad, la novela de García Márquez.
Comenzó el ascenso a El Cóndor. Teníamos 18 kilómetros por delante hasta llegar a los 2200 msnm. Éramos los únicos locos que subíamos, ya que la mayoría hacía el camino inverso.
Me despedí del plato grande de mi Tern D16 y entró en acción el plato de 39 dientes y el juego con las coronas de piñón. Los tacos de la Kenda se aferraban como garras al piso; sólo era cuestión de pedalear. La bici trepaba y en ningún momento se trababa. Comenzaban a aparecer los famosos puentes colgantes. Era inevitable parar a sacar fotos. Atrás y a lo lejos se veía el lago San Roque; daba miedo ver lo que habíamos ascendido.
Cargamos agua en las vertientes y devoramos barritas de cereal. En el último tramo de este camino estaba la parte más difícil. El cansancio y las pendientes nos acompañaron en las últimas horas de luz. A lo lejos veíamos las antenas en la cumbre; era el faro a dónde nos dirigíamos.
Finalmente llegamos. No sé si algún ciclista hizo este recorrido con una plegable antes, pero me tomo el atrevimiento de autoproclamarme como el primero. Una auténtica locura. La confianza que tenía en este producto se confirmó.
Cansados y con un poco de frío llegamos al Parador El Cóndor. Como un oasis nos recibió en medio de la nada. Todo lo que un aventurero en dos ruedas podía esperar estaba en ese lugar: comida, refugio y más comida. Si hablábamos de calorías consumidas en el ascenso, creo que fueron recuperadas en pocos minutos.
Alquilamos unos cómodos dormis para pasar la noche en la montaña. Una gran cena en el salón del parador, un baño de agua caliente y una buena cama fueron los premios completos a una dura jornada de bici.
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Horas después, el sol que se filtraba por las rendijas de la ventana me invitó despertame. Tras un buen desayuno y las consabidas explicaciones a algún curioso que preguntó cómo habíamos subido con esa bici “chiquitita”, hice un rápido chequeo de la plegable. El sistema de bisagras OCL, que equipa a la mayoría de las Tern, se comportó de forma increíble, sin ningún juego ni ruido. Sin dudas es el mejor sistema de bisagras en plegables.
Preparé los frenos para un uso extremo en la bajada, aunque en subida prácticamente no los había usado. Los cambios entraban todos perfectamente y la pata del descarrilador, que a la vista parece muy expuesta a los golpes, no tenía ni una marca. Estábamos listos para lo mejor del fin de semana, el descenso.
Tan sólo 40 minutos nos llevó lo que el día anterior había sido una maratónica etapa de subidas interminables. Como reza el dicho: lo que difícil viene, fácil se va.
Empezamos a bajar. Parado en los pedales tirando el peso hacia atrás y tratando de copiar los peraltes y esquivar las rocas, dolían los gemelos y las manos, pero el viento en la cara y la vista del valle me hacían olvidar todo. En la inmensidad de la montaña el hombre-ciclista se reencuentra con su espíritu de niño y se divierte como si bajara por un tobogán.
Los frenos chillaron luego de pasar por el agua que cruzaba el camino, pero no perdieron eficacia. El poste de manubrio, al ser rígido, me permitía exigirlo. En las curvas cerradas y derrapando en los ángulos cerrados, la D16 bajaba velozmente. Al chequear la computadora, la velocidad máxima me marcaba 42 km/h. En un terreno sin rectas largas, increíble para una plegable.
Llegamos a Copina. Nos quedaba el camino a Carlos Paz, todo en bajada. Con poco tránsito y bajando se podía observar quien subía, así que pudimos correr a gusto y ocupar toda la ruta cortando las curvas. Alcancé una velocidad máxima de 62 km/h.
El viaje llegaba a su fin, no quise mirar atrás porque ya extrañaba la montaña.
Mientras pedaleamos hasta el auto para iniciar el regreso a Buenos Aires, agendé a Copina, El Cóndor, Copina como uno de los diez recorridos que un ciclista no debería dejar de hacer en Argentina.
Texto: Gustavo Almada

RECORRIDO POR LAS ALTAS CUMBRES CON UNA TERN D16
Lugares: Copina y El Cóndor (Córdoba)
Kilómetros: 160 kilómetros en un día y medio
Época: Abril
Ciclistas: Gustavo Almada, Octavio Almada, Claudio Duclos, Jerónimo Duclos, Damián Canelas
Info: lordbike.com.ar, Facebook: ldbike, blog.lordbike.com.ar

Nota publicada en la sección Viajeros de la revista Biciclub Nº 248, agosto de 2015.

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UNA PIEDRA CONTRA EL ALGORITMO

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    Balance final de la Vuelta a España 2026: la máquina venía a hacer historia y la frenó un cascote. En el vacío que dejó, apareció un hombre que llevaba una década comiendo segundos puestos. Se llama Enric Mas. Y ganó.

Por Pedro Piusselli — Biciclub
Fotos 📸 @cxcling #LaVuelta26


Arranquemos por donde duele.

Tadej Pogačar llegó a Mónaco con la calculadora hecha. Le faltaba solo la Vuelta para cerrar las tres Grandes y meterse en el club de los nueve elegidos de la historia. Venía con el potenciómetro afilado, el equipo perfecto, los watios en la vitrina. El proyecto era quirúrgico. Ganar, coronar, subir la foto, facturar.

Y ganó. Vaya si ganó. Se llevó tres etapas, se vistió de rojo siete días, aplastó como aplasta él: sin épica, con Excel. La máquina funcionaba. El algoritmo iba puntual.

Hasta que en la etapa 8 el ciclismo le recordó una cosa que ningún software procesa: el asfalto no negocia.

Una caída. Una piedra en el camino —un cascote, un detalle analógico, lo más viejo del mundo— y el hombre que domina la física del pedaleo terminó en el piso con la clavícula rota. Adiós Vuelta. Adiós historia. Adiós triplete, al menos por este año.

No lo bajó un rival. No lo bajó una estrategia. Lo bajó la gravedad. Lo más humano que hay.

Y ahí, señoras y señores, empezó la carrera de verdad.


EL ETERNO SEGUNDO SE CANSÓ DE PERDER

Durante años, Enric Mas fue el chiste triste del pelotón español. El pibe que siempre llegaba cerca. Tres veces segundo en esta misma Vuelta. El corredor al que le sobraban las piernas y le faltaba el podio más alto. El que muchos ya daban por fósil, por carne de «casi».

Cuando Pogačar se fue al hospital, Mas no salió a festejar. Salió a matar.

Agarró el rojo, se subió al Alto de Aitana en la etapa 9 y ganó como se gana cuando uno está podrido de que le pisen la cabeza. No fue un regalo. Fue una decisión. El tipo dijo basta y se puso el maillot como una armadura.

De ahí en más, defendió. Con tripas, no con planilla. Con un Movistar que por una vez en su vida no se pegó un tiro en el pie, tirando por él en cada rampa. Raúl García Pierna, Iván Romeo, laburantes anónimos rompiéndose para que el capitán respirara.

Y en la etapa reina, la número 20, la del monstruo del Collado del Alguacil (8,3 km al 9,8%, un muro que escupe), aguantó todos los ataques. Le tiró Carapaz. Le apretó Gall. Mas no se movió del sitio. Ese día se aseguró el título de manera virtual.

El domingo en Granada solo faltaba firmar. Y firmó.

Primer español que gana la Vuelta desde Alberto Contador en 2014. Doce años de sequía. Doce años de banderas guardadas en el cajón. Se terminó.


LO QUE PASÓ, SIN VUELTAS

  • General (podio final):Enric Mas (Movistar). 2º Primož Roglič (Red Bull-Bora-Hansgrohe) a 2:15. 3º Félix Gall (Decathlon CMA CGM) a 2:44.
  • El resto del Top 6: 4º Richard Carapaz (EF Education) +6:54; 5º Sepp Kuss (Visma) +8:45; 6º Oscar Onley (Netcompany-INEOS) +9:28.
  • Puntos (verde): Wout van Aert (Visma), 326 puntos. Redención pura después de aquel abandono de 2024. El belga vino, sprintó y se cobró revancha.
  • Montaña (lunares): Santiago Buitrago (Bahrain Victorious), 78 puntos. El colombiano se comió las cimas.
  • Jóvenes (blanco): Oscar Onley (Netcompany-INEOS). El pibe escocés, sexto en la general. Anotalo, que va a dar que hablar.

LAS POSTALES QUE NO ENTRAN EN NINGÚN POWER METER

  • Pogačar, etapa 8. El favorito absoluto, el que venía por la historia, tirado en el asfalto por una piedra. La imagen del año. La prueba de que este deporte, por más watios que le metan, sigue siendo carne, hueso y suerte.
  • Mikel Landa gana la etapa 20. El otro eterno desgraciado del ciclismo, el rey de la mala fortuna, resucitó en el Alguacil con una fuga de las de antes. Landa ganando la reina es el ciclismo pidiendo perdón por todo lo que le debía.
  • Tobias Halland Johannessen se lleva Granada. La última, la 21, se la quedó el noruego de Uno-X en un final roto, de esos que fracturan al pelotón a puro repecho. La fuga contra el cronómetro. Ganó la fuga. Ganó el atrevimiento.
  • La etapa 3, cancelada por el clima. Porque ni la organización más millonaria le gana al cielo cuando el cielo dice no.

LA LECTURA, SIN ANESTESIA

Esta Vuelta iba a ser un desfile. Un trámite. La coronación programada del ciclista-software que no falla nunca. Los relojes de potencia, los algoritmos de pacing, los ingenieros de laboratorio ya tenían el guion escrito.

Y el guion se hizo pedazos contra una piedra.

No lo festejo por Pogačar —ojalá se recupere rápido, es un fenómeno y el pelotón lo necesita entero—. Lo festejo por lo que significa: el ciclismo todavía no se dejó domesticar del todo. Todavía hay lugar para el accidente, para el vacío, para que un tipo al que daban por terminado agarre la bandera y se rompa el alma.

Enric Mas no ganó con el mejor motor del mundo. Ganó porque estuvo ahí. Porque no se cayó. Porque cuando se abrió la puerta, entró corriendo y no miró para atrás. Ganó el que quedó de pie.

Y eso, en la era de las máquinas, es casi un acto de rebeldía.

La Vuelta más dura de la historia —3.275 km, 58.156 metros de desnivel— no la ganó la potencia. La ganaron las tripas.

Que aprendan los que miden todo.

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LA MÁQUINA SANGRÓ SOBRE EL ASFALTO Y LA VUELTA VOLVIÓ A SER HUMANA

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Pogačar se cayó, lloró y abandonó. Y de golpe la carrera dejó de tener dueño. Enric Mas, el eterno segundón, viste de rojo. Crónica de la tercera semana de la Vuelta 2026.

Por Pedro Piusselli — Biciclub


Había un guion. Lo habían escrito ellos, los de siempre. Los del potenciómetro como Biblia y el vatio como sacramento. Tadej Pogačar venía a España a buscar la única Grande que le faltaba, a firmar el nombre número nueve en la lista de los que completaron las tres Grandes Vueltas, a cerrar la colección como quien completa un álbum de figuritas caro. El algoritmo ya lo daba ganador. Las casas de apuestas cerraron el mercado. Los analistas de sofá ya escribían el epitafio de la carrera antes de la segunda semana.

Y entonces pasó lo único que ningún software puede modelar.

El asfalto.


Etapa 8: el día que la física le ganó a los vatios

29 de agosto. A 32 kilómetros de meta. Un roce de rueda —de esos que en la jerga vieja llaman «hacer el afilador»— y el hombre que domina el pelotón mundial como un patrón de estancia se fue al suelo. No fue una escapada frustrada. No fue una pájara. Fue gravedad pura, la misma que nos tira a todos, la que no distingue entre un amateur de fondo dominguero y el mejor ciclista del planeta.

Lo que vino después no lo cuenta ningún archivo de Strava. Pogačar quedó tirado sobre el pavimento, sangrando, dolorido, y —esto es lo que te agarra las tripas— se quebró en llanto mientras lo atendían. El parte médico del doctor de carrera fue de terror: traumatismo craneal, contusiones varias y posible fractura de clavícula. Intentó volver a subirse a la bici. No pudo. El UAE lo bajó de la carrera.

El invencible lloró. La máquina sangró. Y ahí, en ese charco de sangre y bronca sobre una ruta cualquiera de España, el ciclismo volvió a ser lo que siempre fue: un deporte de carne, hueso y mala suerte. No un simulador. No un Excel con piernas.

No festejamos la caída de nadie. El que festeja una caída no entiende un carajo de este deporte. Pero sería mentir no decir lo que todos pensamos: la Vuelta, de golpe, empezó de nuevo.

Ese mismo día, mientras el mundo miraba la ambulancia, Bryan Coquard —34 años, toda una carrera esperando— se llevaba al sprint su primera victoria en una Grande, batiendo a Pedersen. La vida sigue. El pelotón no espera a nadie. Ni al rey.

Lo que dejó la tercera semana: la carrera de los mortales

Con el Faraón fuera del tablero, la Vuelta se convirtió en lo que más nos gusta: una pelea entre humanos falibles. Y el que agarró el toro de las guampas fue el menos pensado.

Enric Mas. El eterno número dos. El tipo al que durante años le pusieron la etiqueta de «el que llega segundo cuando no está el marciano de turno». Se vistió de rojo en la etapa 8 y no lo soltó más. Ganó la 9 para clavar bandera. Y llega a la última semana con la general en el puño.

Así quedó el podio provisional tras la etapa 15 (domingo 6 de septiembre):

  • 1º — Enric Mas (Movistar) · maillot rojo
  • 2º — Felix Gall (Decathlon-CMA CGM) · a 2:04
  • 3º — Primož Roglič (Red Bull-Bora) · a 2:10
  • 4º — Richard Carapaz (EF Education) · a 4:24
  • 5º — Óscar Onley (Netcompany-INEOS) · a 5:44
  • 6º — Jakob Omrzel (Bahrain Victorious) · a 6:14
  • 7º — Mattias Skjelmose (Lidl-Trek) · a 6:49
  • 8º — Cristián Rodríguez (XDS-Astana) · a 7:01
  • 9º — Clément Berthet (Groupama-FDJ) · a 7:19
  • 10º — Sepp Kuss (Visma) · a 8:55

(diferencias tomadas del parte tras la etapa 14; la general no se movió en la 15)

¿Dos minutos de renta a falta de una semana con crono y etapa reina? Eso no es un colchón. Eso es una sábana finita. Y Mas lo sabe.

El bajón de Roglič y el silencio de los cazadores

La etapa 14 (5 de septiembre) tuvo su propia tragedia griega: pésimo día para Primož Roglič. El esloveno, que venía a jugar de patrón heredero, se comió cerca de 2:10 en la montaña y se cayó del segundo al tercer puesto. El hombre que parecía el rival natural de Mas ahora tiene que remar de atrás. Ese día ganó Marco Brenner (Tudor), un pibe metiéndose en la historia grande.

Y en el reparto de etapas de esta semana, mientras los de la general se estudiaban, los oportunistas y los cazadores se hicieron un festín:

  • Etapa 10 — Bastien Tronchon
  • Etapa 11 — Matthew Brennan (otra vez el pibe, imparable a puro remate)
  • Etapa 12 — Jakob Omrzel
  • Etapa 13Wout van Aert, porque claro que sí
  • Etapa 14 — Marco Brenner
  • Etapa 15Wout van Aert, de nuevo, por si no quedaba claro quién manda entre los duros

Van Aert dobló la apuesta y tiene el maillot verde prácticamente en el bolsillo. El belga es de otra pasta: no le calculan los vatios para ganar, le calculan las agallas. Dos etapas en una semana y el liderato de la regularidad. El tipo que corre como si le debieran plata.

Lo que se viene: la semana que parte el año

Ojo, que acá no ganó nadie todavía. Faltan seis etapas y de las bravas. Este es el mapa del campo minado:

  • Etapa 16 (lun 8/9) — Cortegana → Palos de la Frontera. Llano. Última bala para los velocistas antes del apocalipsis. Ojo al viento de la costa.
  • Etapa 17 (mar 9/9) — Dos Hermanas → Sevilla. Otra para los sprinters. Calma tensa antes de la tormenta.
  • Etapa 18 (mié 10/9) — El Puerto de Santa María → Jerez. CONTRARRELOJ INDIVIDUAL, ~32 km. Acá se define media Vuelta. Roglič es un especialista brutal contra el reloj. Mas tiembla. Si el esloveno le mete el cuchillo, esos 2:10 se pueden evaporar.
  • Etapa 19 (jue 11/9) — Vélez-Málaga → Peñas Blancas. Media montaña que rompe piernas.
  • Etapa 20 (vie 12/9) — La Calahorra → Collado del Alguacil. LA ETAPA REINA. Más de 5.000 metros de desnivel en el día y un remate terrorífico: cerca de 8,3 km al 10% de media. Acá se decide la Vuelta. Acá se llora o se levanta el puño.
  • Etapa 21 (sáb 13/9) — Granada. Cierre con subidas a la Alhambra. Corta, explosiva, con postal de museo.

El resumen es crudo: Mas tiene que sobrevivir a una crono que lo puede desnudar y a un muro que lo puede fundir. Si aguanta el reloj de Jerez y el zarpazo del Alguacil, es campeón. Si no, la historia la escribe otro. Roglič afila el cuchillo. Gall espera agazapado. Y la montaña, esa vieja jueza que no cobra por juzgar, tiene la última palabra.


La moraleja, hermano

Vinieron a venderte una coronación anunciada. Un desfile del más fuerte. Ciencia aplicada, potencia normalizada, cero incertidumbre. Y la ruta —esa vieja anarquista— les recordó a todos que acá no hay guión que aguante. Que el más grande también sangra. Que el eterno segundón puede vestirse de rojo. Que el ciclismo, cuando es de verdad, se corre con las tripas, no con una planilla.

Pogačar volverá. Es demasiado bueno para no volver. Pero esta Vuelta, la de 2026, ya no le pertenece. Le pertenece a los que quedaron de pie. A los mortales que siguen pedaleando cuando el rey se fue en ambulancia.

Y a nosotros, que seguimos creyendo que lo humano todavía le puede ganar a la máquina.

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6ª Vuelta Olímpica a la Ciudad de Buenos Aires en Bici: 70 kilómetros para celebrar la movilidad urbana

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Por sexto año consecutivo, la Ciudad de Buenos Aires será escenario de la Vuelta Olímpica en Bici, un evento masivo y recreativo que propone recorrer los límites geográficos de la Capital Federal en una jornada dedicada a la comunidad ciclista y a la movilidad sustentable. La cita tendrá lugar el próximo domingo 27 de septiembre.

Un recorrido integrador por los barrios porteños

La propuesta consiste en completar un trayecto aproximado de 70 kilómetros, conectando más de 20 barrios de la ciudad a lo largo del perímetro urbano.

A diferencia de las competencias deportivas tradicionales, la Vuelta Olímpica se plantea como una marcha participativa no competitiva: un espacio donde los ciclistas avanzan en grupo, a ritmo tranquilo y compartido, priorizando la convivencia vial, la integración comunitaria y el disfrute del espacio público sobre dos ruedas.

 Información y punto de encuentro

  • Fecha: Domingo 27 de septiembre.

  • Horario de convocatoria: 08:00 hs.

  • Lugar de salida: Azucena Villaflor y Avenida de los Italianos (Puerto Madero, CABA).

  • Distancia: 70 km aprox.

  • Modalidad: Recreativa, comunitaria y no competitiva.

La actividad es abierta a toda la comunidad. Se recomienda concurrir con bicicleta en condiciones mecánicas óptimas, casco de seguridad, hidratación y elementos básicos de protección personal para disfrutar de una jornada sobre ruedas en la ciudad.

Más info https://www.instagram.com/masacriticaba/

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LA MÁQUINA TAMBIÉN SANGRA: POGAČAR SE FUE EN AMBULANCIA Y LA VUELTA VOLVIÓ A SER DE CARNE

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Por Pedro Piusselli — Biciclub Crónica de la primera semana | Lunes 31 de agosto de 2026 (día de descanso)


Nueve etapas. Un abandono que valió por diez. Y una foto que no la firma ningún potenciómetro: Tadej Pogačar tirado en el asfalto valenciano, la clavícula partida, el cuello fracturado, la cara raspada contra el mundo real. Se fue en ambulancia. Se fue el que no se iba nunca.

Escúchenme bien, porque esto es lo que el ciclismo de laboratorio no quiere que digan en voz alta: la máquina más perfecta que parió este deporte no la frenó un rival, ni un algoritmo, ni un vatio mejor calculado. La frenó la gravedad. Esa vieja punk que no lee archivos de entrenamiento, que no respeta palmarés, que no tiene ingeniero de rendimiento. La física, señores. Pura y bruta.

Lo que pasó: el guion se rompió a 32 kilómetros de meta

Veníamos con la historia escrita en Excel. Pogačar llegaba a esta Vuelta a completar las tres Grandes —el noveno de la historia en lograrlo— y en la primera semana hizo exactamente lo que asustaba: ganar cuando quería. La crono inaugural en Mónaco. El muro de Andorra. El final roto de Castelló. Rojo en la espalda, tres etapas en el bolsillo, casi cuatro minutos de colchón. El metrónomo andando.

Y entonces, etapa 8, camino a Xeraco, después del sprint intermedio de Simat de Valldigna, antes del Puerto de Barx. Un movimiento raro, un toque, y el suelo. La cámara del helicóptero lo mostró todo: el esloveno cerrándose de golpe, el contacto, el golpe seco. Lo que siguió no es ciclismo, es reporte médico:

  • Fractura desplazada de clavícula izquierda
  • Fractura cervical C7 (estable, gracias a Dios)
  • Conmoción cerebral
  • La cara y el hombro izquierdo lijados contra la ruta

Cirugía pendiente, demorada por precaución con la conmoción. Y el UAE, esa multinacional del vatio, recogiendo del piso a su producto estrella con un comunicado clínico. «Sin otras lesiones mayores, sin secuelas neurológicas.» Traducción de la calle: por poco no lo contamos.

Bryan Coquard ganó ese sprint. Nadie lo recuerda. Porque ese día la Vuelta dejó de ser una exhibición y volvió a ser lo que siempre debió ser: una carrera donde puede pasar cualquier cosa, y pasa.

El que estaba esperando: Enric Mas se cansó de ser el segundo

Acá viene lo que me pone la piel de gallina. Porque cuando el imbatible se cae, la ruta no queda vacía: queda para el que aguantó el sillín con las tripas.

Enric Mas. El eterno escudero. El del «casi», el del podio de reparto, el que hace veinte años que carga con el mote de segundón. Ese heredó el rojo cuando Pogačar se subió a la ambulancia. Pero atención: no lo heredó y se escondió. Al día siguiente, etapa 9, cima del Alto de Aitana, el murciano soltó la mano del manillar y ganó arriba, en su tierra, delante de todos. No para cuidar. Para clavar bandera.

Eso, amigos, no es un archivo de potencia. Eso es una biografía cobrándose una revancha.

La general después de nueve etapas (maillot rojo en juego)

Pos Corredor Equipo Diferencia
1 Enric Mas 🔴 Movistar
2 Primož Roglič Red Bull-Bora +1:18
3 Felix Gall Decathlon-CMA CGM +1:39
4 Oscar Onley Netcompany-Ineos +2:20
5 Richard Carapaz EF Education-EasyPost +3:26
6 Mattias Skjelmose Lidl-Trek +3:55
7 Sepp Kuss Visma-Lease a Bike +4:09

Un minuto dieciocho a Roglič. Nada. En una Vuelta de 58.156 metros de desnivel, eso es polvo. Y ojo con el viejo zorro esloveno: Roglič sabe ganar Grandes agazapado, esperando que el líder se equivoque en la tercera semana. Gall y Onley andan finos. Y Carapaz, la Locomotora, siempre está a un ataque suicida de romper la carrera. Esto recién arranca.

Ganadores de la primera semana (para el que lleva la cuenta)

  • E1 (CRI Mónaco): Tadej Pogačar
  • E2 (Mónaco–Manosque): Matthew Brennan
  • E4 (Andorra): Tadej Pogačar
  • E5 (Costa Daurada–Terres de l’Ebre): Matthew Brennan
  • E6 (Alcossebre–Castelló): Tadej Pogačar
  • E7 (Valdelinares): Andreas Leknessund
  • E8 (Puçol–Xeraco): Bryan Coquard
  • E9 (Aitana): Enric Mas

(El ganador de la E3 a Font-Romeu no me quedó confirmado con doble fuente; cuando cierre, lo cerramos. Acá no inventamos resultados.)

Lo que viene: la montaña de verdad todavía no habló

Hoy es descanso. Aprovechen, porque la ruta se pone salvaje. Lo que asoma:

  • Etapa 10 (martes) — Alcaraz a Elche de la Sierra, terreno picado y final explosivo. Día para los cazadores y los oportunistas tipo Van Aert o Brennan si Visma tira. Trampa para despistados.
  • Etapa 18 (CRI, 32,1 km) — El Puerto de Santa María a Jerez. La contrarreloj larga donde Roglič puede sacar el cuchillo. Mas tendrá que defender con los dientes.
  • Etapa 20, LA REINA — La Calahorra al Collado del Alguacil: 8,3 km al 9,8% de pendiente media. Un paredón. Ahí no hay táctica que valga: es tripa, cadena y no aflojar. La Vuelta se decide arriba de ese muro, a un día de Granada.
  • Etapa 21 (domingo 13) — Granada. El final. La foto.

La moraleja que no van a leer en las gacetillas del pelotón

Nos vendieron una Vuelta de coronación. Un desfile del genio. Y la carrera —que es más punk que todos nosotros— nos recordó la única verdad de este deporte: arriba de la bici sos carne, no software. Podés tener los mejores vatios del planeta y terminar contando el cielo desde una camilla. Ojalá Tadej se recupere pronto y en serio, porque ninguna nota vale una vértebra. Pero que quede escrito: la Vuelta se puso interesante el día que se cayó el favorito. Y eso dice mucho de lo aburrido que estaba siendo todo.

Ahora hay carrera. Ahora hay siete tipos a cuatro minutos y una montaña que todavía no mordió. Ahora vuelve a valer la pena prender la tele.

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