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Viajeros: Centroamérica soñada

Fecha: 14.08.2019

Siempre soñé México, mayas, zapatistas, corridos y mariachis sobre tequila. Soñé Costa Rica como la Jurasic Park de Centroamérica, con volcanes y animales exóticos, entre una flora espesa llena de pájaros cantores. Soñé Panamá y su canal, la antigua ciudad, Pedro Navaja y Rubén Blades sonando por las calles que también pisó el pirata Morgan. Soñé Nicaragua con Sandino, un pueblo campesino y Rubén Darío en un campo sembrado con molinos de viento y turbinas, rodeando a un lago dentro de una isla con dos volcanes.

Soñé veranos atrás que todo este viaje lo hacía en una bici de bambú y el 5 de mayo del 2017 la estaba construyendo. Unas cubiertas coreanas Tannus (700×32) sin aire, (las soñadas, las “imponchables”). En principio un portaequipaje trasero con 2 alforjas “BiciBolsas Mexico” más una bolsa DryMaster de lona impermeable.

El 5 de junio comenzó el pedal desde “la Casa del Ciclista” de Xochimilco en la Ciudad de México hacia Puebla, dirección sur. Trepando 23 kilómetros la montaña por el paso de Cortes en medio de dos volcanes a más de 3.600 msnm. Luego de bajar por un camino de ripio desmejorado por las lluvias, hasta retomar el asfalto para llegar a la mágica ciudad de Cholula, pegadita a Puebla, donde me esperaba un compa ciclista para hospedarme por unos días. Luego cruzar Oaxaca hacia la costa pacífica, atravesando las altas montañas, para terminar bajando al mar y conocer las bahías de Huatulco. Seguir con mucho calor en ruta por la costa y cruzar por La Ventosa, un impactante parque eólico donde se llegan a registrar vientos de más de 100 km/h. Por suerte ahí no hubo esas violentas ráfagas pero sí hubo rotura de rayos que me dejaron a pie por más de 40 km hasta llegar a Santo Domingo Zanatepeq, donde Rodrigo Razgado, un warmshower, me recibiría junto a su familia.

Seguir camino San Cristóbal de las Casas pasando por Tuxtla de Gutiérrez en una subida interminable hacia las nubes por el Cañón del Sumidero. Haciendo base en San Cristobal de las Casas, rodar hacia Palenque por una semana, visitar las cascadas azules y altas hasta llegar a las ruinas mayas, rodeado de monos aulladores.
Volver por territorios zapatistas y participar del festival “CompArte por la humanidad”, pudiendo dejar un granito de arena y agradeciendo su labor revolucionaria con una obra que pude entregar a las compañeras y compañeros zapatistas en la Junta de Buen Gobierno, del Caracol Oventic, para el cierre del festival “Contra los muros todas las artes”.

Después de pasar por los Lagos de Colón, entrar a Guatemala: Huehuetenango, Xela y llegar a Panajachel sobre las costas del Lago Atitlán, rodeado de volcanes.

La ruta continuó por el Pacífico haciendo en El Salvador la conexión vía lancha con Nicaragua, sobre el Golfo de Fonseca. Pagar impuestos para entrar, 12 dólares (!), discutir, demorar…, seguir. Ciudad de León con los bomberos y al otro día Managua. Parar con el colectivo de “Bicicletada Managua” y rodar por la ciudad donde Sandino vigila todo desde las alturas. Para octubre ya era tiempo de tormentas y huracanes por la costa atlántica. Por 3 días “Nate” me mantuvo dentro de una habitación en la antigua ciudad de Granada.

Al volver a la ruta, inundaciones, arboles dados vuelta y techos volados. Bordeando el inmenso lago Guatemala tomar un ferry para desembarcar en la isla de Ometepe. Un lugar muy poderoso, con sus dos volcanes y sus puestas de sol calmas, llenas de pájaros sobre bananos.

Luego de atravesar el campo eólico, pasar la frontera hacia Costa Rica. Entrar para ver una de las más hermosas puestas de sol del viaje. Parar en Liberia, hacer amistad. Seguir hacia el centro pasando por el volcán Arenal, la laguna y sus aguas termales “de los pobres”. Visitar a una amiga y su compa por San Ramón (Moncho), en “la resistencia artística”. Visitar la capital, San José (Chepe), tener la oportunidad de dar una pequeña charla sobre cicloviajes. Seguir cruzando en Costa Rica la cordillera central para pasar al Atlántico hacia Limón, donde la cultura afro-jamaicana florece.

Luego de pasar y reposar por Cahuita y Puerto Viejo llega el cruce hacia Panamá, para encarar los últimos 700 kilómetros. Entrando por el noreste cruzar a la isla de Bocas del Toro para disfrutar de playa Estrella y sus aguas turquesas. Volver al continente para cruzar nuevamente la cordillera central y desembocar en la costa pacífica por Chiriqui, antes una jornada calurosa y con pérdida del rumbo en los últimos kilómetros. Siguiendo hacia la ciudad, pasando por el hospitalario pueblo de Tolé, luego Santiago y las playas de Farallón para reposar antes de surcar los últimos 120 kilómetros que me separaban del final de la travesía, solo después de cruzar el intimidante Puente de las Américas.

 

 

Por Ignacio Alfaro


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Nº 296 - Agosto 2019


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