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Cicloturismo

Viajeros: de Lisboa a Santiago de Compostela

Después de haber realizado en 2016 el denominado Camino Francés hacia Santiago de Compostela, en esta ocasión decidimos partir desde Lisboa hacia el mismo destino.
Partimos desde la catedral un día domingo, para salir con menos tránsito. Desde ahí el río Tajo ofrece un paseo totalmente apto para la bici. Por más de 100 kilómetros todo parece transitar por zonas llanas hasta abandonar el valle del río, donde comienzan los desafíos: empinadas cuestas por senderos dentro de plantaciones de pinos y eucaliptus, pero sin tránsito y en soledad.
Muchos peregrinos antiguos destacan de este sector las chacras con plantaciones de tomate, pimientos, zapallos, maíz y todo tipo de frutales. Las aldeas son muy pequeñas y alternan cuadros de colores según lo que cultivan, siendo el común denominador los olivares.
Un largo devenir urbano luego de cruzar un enorme acueducto romano nos descargó en Coimbra, ciudad dividida por el río Mondego, donde se destacan el casco medieval y el paseo costero.
Las empinadas colinas donde se ubica Coimbra no la hacen muy transitable para las bicis, pero esto es compensado por la belleza del paisaje urbano y el respeto de los conductores hacia los ciclistas.
Los días sucesivos alternaron placer y displacer: polígonos industriales y cientos de hectáreas de viñedos con intensos desniveles. Estos se fueron haciendo muy intensos, acumulando más de 1000 metros positivos para las jornadas de 60 km.
Nuevamente quedamos extasiados al transitar la calzada romana Vía XVI, perfectamente adoquinada, nivelada y conservada. Los lugareños se abocaban a la tarea de extraer la corteza a los alcornoques, con el cual fabrican artesanías, carteras y corchos, dejando como desvestidos a los árboles.
En Águeda recorrimos el paseo ribereño del río homónimo, bien preparado para las bicis y el descanso. Esta ciudad presenta la particularidad de una peatonal cubierta de paraguas de colores.
Luego de Águeda nos engulló el área metropolitana de Oporto, la segunda ciudad del país, hasta darnos la frente con el puente de hierro Don Luis I, colosal obra de un discípulo de Eiffel que cruza el río Douro ingresando a Oporto, una impresionante ciudad con joyas de diversos momentos de la historia de la arquitectura.
Al día siguiente no fue fácil salir del enjambre urbano, pero lo logramos. Poco a poco el ambiente natural va cambiando, ante la creciente humedad. Comienza a predominar el olor a frutos fermentados, sobre todo manzanas, las ruedas pisan higos, damascos y moras.
Entre viñedos de los típicos vinos verdes transcurren las jornadas hasta Ponte de Lima. Para cruzar el río rodamos sobre un puente romano de diez arcos, todo en piedra. Las culturas nativas decían que aquel que osara cruzar el curso de agua perdería para siempre la memoria, la patria y familia.
Entre muros de piedra se desarrolla una senda montañosa de fuerte relieve ascendente, donde el río va quedando abajo. Cruzamos el reto más importante del camino, la sierra de Labruja. Una nueva ruta romana, esta vez la Vía XIX, de piedra, transcurre entre acequias y pequeños arroyos de inigualable belleza casi hasta la entrada a Valença do Minho, ciudad fronteriza con Galicia.
Esta ciudad posee una fortaleza con tres ciudadelas, con pequeñas calles empedradas, edificios históricos y un puñado de pintorescos bares donde confluyen las distintas lenguas.


Para entrar a Galicia, España, superamos el río Miño por un puente de hierro de 400 metros de largo hecho en 1881.
Una senda nos conduce por la ribera hasta dar con un empedrado que toma altura y se introduce en el casco de histórico de Tuy, ciudad que conoció la visita de romanos, suevos, visigodos y vikingos y que en la actualidad es punto de salida de miles de peregrinos que realizan los últimos 100 km del Camino. Desde allí comenzamos a cruzarnos con más caminantes y a tener dificultades para alojarnos en albergues públicos, donde se prioriza al que recorre el camino a pie por sobre los ciclistas.
Galicia tiene muy organizado el tránsito para las bicis, buena señalización de las rutas, sendas para ciclistas con poco o nulo tránsito y paseos exclusivos.
Las rías son los nuevos elementos naturales que nos acompañan. Nuevamente otra vía romana nos permite adentrarnos en un bosque, en esta ocasión la XIX, del 43 AC.
Llegamos a Pontevedra, importante ciudad del camino. En sus astilleros fue construida la carabela Santa María, utilizada por Colón.
En este punto comenzamos a enfrentarnos a los problemas derivados de la masividad, no encontrando albergues accesibles a nuestro presupuesto, lo que nos obligó a seguir la ruta hasta dar con uno en medio de la montaña.
La última jornada transcurre con la emoción de estar con la meta al alcance, ya por sendas específicas para bicis en bosques que por el clima lluvioso se encontraban entre neblinas, un escenario muy emotivo. Desde un balcón del camino divisamos las torres de la catedral de Santiago, meta de nuestro viaje.


Al ingreso a la ciudad un muro consignaba la frase: “No hay gloria sin dolor”.
La plaza del Obradorio en Santiago se colma de emociones, de nacionalidades, de personajes que conviven con la meta. Haber llegado es la gloria de cada uno.

Por Gustavo Rebord

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Cicloturismo

Viajeros: La vuelta al gran Cañón del Atuel

Un nuevo año y un nuevo viaje terminó, esta vez nos llevó al Cañón del Atuel, en la provincia de Mendoza.

Como todos los años para los días que comprenden entre navidad y año nuevo, con un grupo de amigos hacemos un viaje en bici por algún lugar de interés para todos. El año pasado fue la trepada al Champaquí y para esta fecha planificamos el recorrido al gran cañón.

La realización de la travesía tiene dos tramos. El primero une San Rafael con el Nihuil, atravesando el Cañón del Atuel, y el segundo que comprende el regreso desde el Nihuil hacia San Rafael.

El primer tramo arrancó despertándonos a las 5:00 de la mañana del 27 de diciembre, para desayunar y partir a las 6:00. El camino no presenta bifurcaciones, por lo que es bastante sencillo de seguir. Hay que tener en cuenta que si bien a lo largo del cañón se cuenta con arroyos y diques que te proveen de agua, es elemental ir bien provistos de esta. El sol y el horario es un tema relevante a tener en cuenta, pero particularmente, dado que lo que hacemos es cicloturismo, seguramente nos detendremos a tomar fotos y apreciar el paisaje, haciendo que el viaje nos lleve entre 6 y 8 horas, siendo las ultimas al rayo del inclemente sol de la región.

Durante todo el recorrido se aprecian paisajes inimaginables, vistas que solo son apreciables sobre la bicicleta. Los diques, detenerse a escuchar el sonido del arroyo, contemplar lagos inmensos, atravesar túneles en total oscuridad, son solo algunas de las cosas que se pueden apreciar, además de las cuatro centrales hidroeléctricas que se ven a lo largo del recorrido.

Los últimos 6 kilómetros de este primer tramo es lo más difícil, es una trepada considerable con un zigzagueo constante, que en nuestro caso, por el horario (13:00 hs), se hicieron agotadores, más considerando la carencia de un lugar con sombra para descansar siquiera unos minutos. El recorrido por el Cañón del Atuel es en principio, saliendo de San Rafael, de asfalto, para luego ser ripio hasta llegar a El Nihuil.

Pasadas varias horas de pedaleo, una 8 aproximadamente, llegamos a El Nihuil, donde nos esperaba una cabaña para pasar la noche y al otro día regresar a San Rafael.

Las vías para el segundo tramo eran dos: una por las rutas 180, 144 y 143 y la otra volver por donde habíamos venido. En este punto, tres elegimos volver por la ruta, por el simple hecho de apreciar otro aspecto del viaje, y uno de nosotros optó por volver por el cañón para enamorarse nuevamente del recorrido.

La agenda fue la misma: madrugar para salir a las 6:00 desde El Nihuil hacia San Rafael. Los que volvimos por ruta tardamos 4 horas, el que lo hizo por el cañón tardó un poco más. La parte de la ruta tiene un encanto único: te encontrás en medio de la nada, transitando una ruta desolada, hermoso para sentirse parte de esta.

Se debe tener en cuenta que cuando se va hacia El Nihuil desde San Rafael, se va en ascenso, por lo que el regreso es mucho más sencillo. Siempre se debe tener a mano buena  protección solar, hidratación y estar entrenado, pero a falta de entrenamiento es la  determinación lo que nos hará seguir adelante.

En total fueron 160 kilómetros en bicicleta, entre los tramos realizados y lo recorrido por El Nihuil, con un desnivel aproximado de 625 metros. Hubo asado, algo de pastas, recorrimos viñedos y todo en medio de muchas sonrisas, que al fin y al cabo es lo que siempre vamos a buscar.

Por Daniel Bernardo

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Cicloturismo

Nati Bainotti, viajera solitaria: sin miedo al miedo

Nació hace 31 años en Santa Fe, Argentina, y estudió Relaciones Públicas. En febrero del 2008, con apenas 18 años, aprovechó sus vacaciones en la universidad para viajar con mochila. Tuvieron que pasar cuatro años más para que se decidiera, ya con 23 años, a hacer su primer viaje en bici. Por aquel entonces Nati vivía en Santiago de Chile, de donde, el mismo día de Navidad inició con un amigo un viaje de cinco días al sur, en el cual pedalearon desde Panguipulli hasta un poco más allá de la frontera argentina.
Dos años después, en agosto del 2014, cambió la mochila por la bicicleta. Había llegado a dedo hasta Quito y desde ahí siguió recorriendo Ecuador, cruzando el país a lo largo y a lo ancho durante siete meses (ver Biciclub Nº 292, abril 2019). Luego, de octubre del 2015 a marzo del 2017 viajó por Colombia, en mayo del 2019 pedaleó desde Bariloche hasta el Parque Conguillío (Chile) y en diciembre del 2019 partió desde desde Santiago de Chile rumbo a San Juan.
Viajera incansable, nuestra entrevistada pedaleó, publicó un libro, da cursos junto a otra viajera, Jime Sánchez (lavidadeviaje.com), para alentar a otras mujeres a viajar. Y hoy respondió a algunas de nuestras inquietudes, permitiendo que de su galera volara parte de su magia.

¿Cómo te animaste a viajar sola por primera vez? ¿Cuáles eran tus miedos y cómo los derribaste?
Al terminar mi primer viaje en bici allá en Chile me di cuenta que quería hacer un viaje más largo. Que si en cinco días había sentido tanto, no podía imaginarme lo que sería durante más tiempo. Tenía proyectado viajar por Sudamérica al año siguiente, de mochilera, y así lo hice. En Bolivia terminé de tomar la decisión y en Ecuador cambié finalmente la mochila por la bici.
El día anterior a salir no registraba nada en mí, tenía tanto miedo que estaba paralizada. Miedo a no poder, miedo a que se parta el marco de la bici, miedo a cansarme, miedo a darme cuenta de que era demasiado para mí, miedo a haberme creído capaz de algo de lo que no era, miedo a no encontrar dónde dormir, miedo a arrepentirme en medio de la montaña. Quise quedarme una noche más en la Casa Ciclista de Tumbaco, en la que estaba, y Santiago, el dueño, me dijo que no: era su forma de darme un empujón. A la mañana siguiente, todavía endurecida por el miedo, leí el mensaje de una amiga de mi familia: me decía que no le tuviese miedo al miedo, que el miedo es movilizador, que lo usase como fuerza motora. Esa idea me siguió acompañando a través de los años y los viajes, porque aunque siga viajando los miedos no desaparecen, se transforman. Cada vez que estoy por salir de viaje y siento miedo, una parte de mí se siente feliz, porque sentir nuevos miedos significa que me estoy exponiendo a experiencias que me sacan de mi zona de confort. Y la experiencia me tranquiliza: sé que apenas pise la ruta, los nervios producto del miedo se vuelven chiquitos y se disuelven.

Luego de esa primera experiencia ¿Cuál fue el mayor aprendizaje que tuviste para animarte a seguir viajando?
Dos: confiar en mí misma, algo que tiene muchas implicancias, como tenerme paciencia, darme permiso, confiar en mi intuición, creer en que soy capaz de hacerlo, y desarrollar la empatía. Esto último, más que animarme a viajar, me motiva. Me mueve profundamente conocer cómo viven otras personas, compartir un pedacito del cotidiano de otros.

¿Cómo te las arreglaste económicamente durante los viajes? Este es un gran impedimento para muchos viajeros que no se terminan de animar a hacerlo
Ha ido variando y varía según el viaje. En viajes largos -de meses o años- trabajo en el camino: he escrito para diarios, revistas y blogs, autopubliqué mi libro y lo vendía en el camino, hice voluntariados (que, si bien no me generan un ingreso, me evitan gastar dinero porque intercambio horas de trabajo por alojamiento y comida), he dado charlas y talleres haciendo trueque.
Hoy en día genero contenido, dicto talleres de escritura y de viaje y vendo mi libro.
Hay muchas formas de sustentar un viaje. La clave, creo, está en pensar qué nos gusta hacer, qué nos gustaría aprender y darnos la oportunidad de probar. También tener en cuenta algo: viajando, por lo menos viajando en bici, con carpa y preparando nuestra propia comida, los gastos, salvo excepciones, se reducen a lo esencial.

¿Qué beneficios y qué desventajas sentís que tiene viajar en solitario como mujer respecto de hacerlo acompañada?
Viajar sola me permite manejar mis tiempos, mis ritmos y mis decisiones. No tengo que consultar con nadie, hago lo que tengo ganas, fluyo. Eso mismo, sin embargo, a veces es una carga, sobre todo para tomar decisiones: no tener otro punto de vista o alguien con quien pensar qué hacer puede ser agotador. Por otro lado, viajar sola me vuelve más abierta y receptiva con la gente, porque tengo más ganas, justamente, de compartir. Sin duda, son dos experiencias diferentes, ninguna para mí mejor que la otra, sino distintas.
Pero en viajar sola hay, también, un beneficio indiscutible: la gente está mucho más predispuesta a ayudar, a abrir su hogar, a compartir. Tal vez por ésta -lamentablemente- sensación de desprotección, hay mucha empatía de parte de familias y sobre todo de otras mujeres por querer cuidarnos. Eso es súper lindo.

¿Como alentarías a otras mujeres a que lo hagan?
Les diría que piensen en lo que quieren hacer ellas, más allá de lo que les diga la familia, los amigos o esa voz interna que suele boicotearnos. Que se aferren a esas ganas, a ese anhelo. Que todas tenemos miedo, que es normal. Que los listen, que anoten todos esos miedos que tienen y piensen cómo pueden resolverlos. Investiguen, lean blogs, aprovechen la virtualidad para conectar con mujeres que ya hayan viajado. Esas son las personas que pueden ayudarlas. Las redes sociales hoy nos ponen a un click de distancia de personas que, aunque estén lejos, pueden darnos la inspiración, la motivación y la información que estamos necesitando.
Ponerse pequeños pasos también ayuda a avanzar: investigar qué vamos a necesitar y planificar cómo podemos ir consiguiéndolo poco a poco.
También pueden sumarse a la próxima edición de Salí a la Ruta, el taller que doy junto con Jime Sánchez para motivar y ayudar a planificar viajes en bicicleta.

En base a tu experiencia ¿Cuál podría ser un viaje iniciático para una mujer que no se anima pero que sueña con viajar en bici sola? ¿Qué consejos o claves le darías para hacerlo con éxito?
En Argentina Siete Lagos es sin dudas el lugar ideal. No solo es una ruta bellísima y accesible sino que en verano hay mucha gente viajando, por lo que es muy probable que nos sintamos acompañadas. Además, si querés hacer un viaje un poco más largo, hay muchas opciones para estirar el recorrido.
En cuanto a claves, quizás me repito, pero aunque suene cliché creo que es eso: confiar en una misma, en que somos capaces. Creernos posibles. Sacarle un poco de peso al hecho de que vamos solas. Eso no significa dejar de tener nuestras precauciones y cuidados, claro, pero son los mismos que tenemos, lamentablemente, todavía hoy, en nuestro día a día. Planificar lo que se puede planificar: ruta, posible lugar/pueblo donde dormir, lugares de abastecimiento, etcétera, y confiar en una, en el camino, en los otros, en el viaje.

Instagram @natibainotti | mividaenunamochila.com

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Seminario online: La aventura de conquistar la felicidad

Viajero incansable y colaborador de Biciclub con sus atractivos relatos de viajes, Esteban Mazzoncini tiene además otras inquietudes para compartir, algunas de las que resume en un seminario online en torno al tema de la felicidad. Veamos su propuesta en sus propias palabras.

Con fecha de inicio libre, este seminario online de desarrollo personal está dividido en cinco encuentros dedicados a que puedas conquistar tu propia felicidad, eliminar tus propias barreras y creencias y vivir en abundancia en tiempos adversos.
Además, es un espacio de aprendizaje, un tiempo que te regalarás para aprender a poner una PAUSA en tu vida y reconocer qué cosas te gustaría que fueran diferentes. El objetivo principal es acompañarte a que observes de qué manera observás tu vida y la realidad para modificar conductas aprendidas y prejuicios, valorar tus dones y habilidades, confiar en quien eres y que aquello que tanto sueñas se haga realidad.

Abordaremos los siguientes temas:

1. ¿Qué es la felicidad?
En este primer encuentro veremos cuál es el origen de la felicidad, la importancia entre el SER antes que el TENER, las moléculas que nos brindan bienestar, cómo sentir felicidad en el día a día.

2. Vivir en abundancia.
En el segundo encuentro abordaremos cuáles son las cinco leyes para vivir en la abundancia y qué tipo de observador eres del mundo que te rodea.

3. Aprendiendo a aprender.
A través de los enemigos del aprendizaje podrás evaluar con cuál te identificás más. De esta manera entrarás en nuevos espacios de desarrollo personal.

4. Descubre tu misión.
Cuál es la razón por la que estamos en esta vida. Mediante una guía y a través de ejercicios podrás descubrir qué es lo que realmente te apasiona.

5. Tu ser creativo.
En este último encuentro aprenderás a ver que todos somos creativos, que por distintas razones nos ponemos barreras limitantes. Eliminarás tus prejuicios para crear en libertad.

Al finalizar el seminario tendrás un encuentro online en vivo de 90 minutos para conversar qué aspectos de tu vida te gustaría modificar.

Más info: estebanmazzoncini@gmail.com | www.instagram.com/estebanmazzoncini/

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Edición Digital

Nº 310

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