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Viajeros: de los Pirineos a los Apeninos en bicicleta

Fecha: 29.06.2020

La línea de largada la dibujaba el acantilado Cantábrico. A partir de allí, darle la espalda y pedalear, siempre hacia el este. Hacia donde sale el sol. Compartí esta travesía con una amiga mayor, quien por primera vez se largaba a viajar en bicicleta. Yo con mi Orbea de carretera, a cuyo manillar encorvado se han acostumbrado mi espalda y mi mirada.

Antes de partir cambié las ruedas por unas con algunos milímetros más y algo de relieve. El cambio fue providencial, ya que durante buena parte de la ruta que íbamos trazando nos encontrábamos con caminos pedregosos.

Fueron 26 días y 1560 km. El itinerario lo íbamos disponiendo cuando encontrábamos internet. A través de Google Maps elegíamos de punto a punto, siempre hacia el este, aquellos caminos que no coincidían con las rutas principales sino que atravesaban los pueblos y los campos. Esto nos llevó a terminar muchas veces en caminos cerrados, en el patio de una casa o en collados de Pirineos llenos de piedras, adonde a pesar de nuestras ruedas más gorditas debíamos seguir a pie, empujando con más encanto y placer que fuerza y paciencia para las pendientes. Con más alegría que sudor.

En 10 días llegamos al Mediterráneo, y desde la ciudad de Narbonne, a más de 600 km de la largada, intentamos enganchar la EuroVelo8, pero EuroVelo es solamente un proyecto… Aquí coincide con el Canal du Midi, más adelante coincidirá con la Via Rhone. En estos tramos coincidentes utiliza señalización preexistente, pero donde no había tal ruta las señales desaparecen o están tan mal colocadas que nos perdíamos por horas entre viñedos y castillos, sin más remedio que tomar una ruta principal para llegar a destino.

Era julio, mes nada recomendable para andar la Costa Azul mediterránea, atestada de turistas veraniegos. Los campings estaban repletos, era difícil encontrar lugar para pernoctar. Pero afortunadamente el trazado se alejaba un poco de la costa, llevándonos hacia la Provenza por los Parques Naturales Luberon y Verdón, hacia el pre-Alpe inescrutable. Otra vez a subir y otra vez a caer en las fauces turísticas del Mediterráneo.

Con poco más de 1000 km en nuestro haber cruzamos a Italia. EuroVelo8 se esfuma por completo en el smog del tránsito efervescente, sólo hay un tramo efímero de ciclovía entre San Remo e Imperia. Decidimos pedalear el sur y cruzar los Apeninos por una antigua calzada de peregrinos, la Via Postumia, que no es muy conocida, no encontramos guía ni folleto. Sin embargo hay otra que resultó ser salvaje y linda: la Alta Via Liguria. Dejamos que fluyese y encaramos para arriba, un poquito en bicicleta y bastante a pie, por senderos de trekking, polvo y piedra furiosa, arremetiendo pendiente hacia el Paso de la Boccheta y hasta el Monte Molinático, donde cambia el viento y nos induce a emprender la retirada. Regresamos durante una semana, en un sinfín de trenes, con algunas pedaleadas breves para no perder esta sana costumbre de respirar el mundo.

Por María Taurizano


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