Ocultar Barra

Viajeros en bici: recorrido por San Luis

Fecha: 11.09.2018

Por Franco Faggiolani
El viernes 30 de marzo era mi cumpleaños y coincidía con el feriado largo. ¿Qué mejor manera de festejarlo sino pedaleando? Invité entonces a mis amigos Federico y Humberto (hermanos Capriccioni) a realizar la travesía de Merlo (San Luis) a Pueblo Escondido (Córdoba).
El día parecía de verano. Tomamos unos mates, cargamos las alforjas y a eso de las 9 de la mañana partimos por la Avenida del Sol hacia el filo.
Llevamos lo mínimo e indispensable, cuanto menos peso mejor: una muda de ropa, provisiones, cámara de repuesto, parches, herramientas básicas, mucha agua, bolsa de dormir y lo más importante, el casco.
Fue un recorrido largo y pesado. Si bien eran alrededor de 18 kilómetros, el filo asciende a 2.000 msnm, mientras que Merlo está a 950 msnm.


Hay vistas y miradores espectaculares, pero mi recomendación es que disfruten en la bajada. Tardamos alrededor de tres horas y media en llegar al filo, realizando paradas de descanso para comer frutas y estirar un poco. ¡Íbamos a 5 o 6 kilómetros por hora!
Una vez que llegamos al filo, nuestra felicidad era inmensa, lo peor ya había pasado. Eran las 12:30, un horario excelente para degustar las riquísimas empanadas de carne que venden ahí. Con ganas de comernos media docena por persona, nos conformamos con dos cada uno, ya que teníamos que seguir viaje.
En el filo, donde termina el asfalto, termina también la provincia de San Luis y comienza Córdoba. Seguimos aproximadamente un kilómetro por “la autopista de tierra” (está en excelente estado) y nos encontramos con un cruce hacia la izquierda que conduce a Cerro Áspero. Una vez ahí, seguimos el pedaleo por unos ocho kilómetros y encontramos subidas y bajadas hasta llegar a una división donde muchos dejan sus autos para seguir a pie. El camino derecho iba a Pueblo Escondido, el otro hacia el Salto del Tigre. Tomamos erróneamente el segundo, llegamos al Salto y la verdad es que es hermoso. Si van a realizar esta travesía lo tienen que conocer, pero no vayan en bici, ya que luego para llegar a Pueblo Escondido tienen que cruzar por el medio de la montaña y puede ser dificultoso. Aunque en lo personal, a mí me encantó.
Entre perdidas, cambios de caminos y paradas se hicieron las 15.30 y nos dimos cuenta de que estábamos llegando. Al rato de seguir bajando por las piedras de la montaña (al mejor estilo Red Bull), ¡llegamos!


Pueblo Escondido cuenta con servicio de cantina y hospedaje. Sin embargo el sitio se encuentra en las mismas condiciones desde que fue abandonado. Existen dos posibilidades para quedarse a pasar la noche: carpa o alquiler de habitación, que cuenta con cama y colchón, sin sábanas (las habitaciones son las que usaron los mineros que vivían en su momento cuando el pueblo se encontraba en funcionamiento). En cuanto a la comida, venden picadas, sándwiches, bebidas y también se puede adquirir la media pensión del hospedaje, que incluye una comida (cena o almuerzo) y desayuno. Es recomendable reservar lugar, sobre todo en fechas turísticas.
Aprovechamos para recorrer el lugar, tomamos unas cervezas y fuimos a pegarnos una ducha. Pero nos encontramos con que no sólo no había agua caliente ¡sino que salía helada! Luego de pegar unos saltos y gritos nos bañamos y fuimos a comer. Había pastas o paella. Optamos por las pastas y la verdad que fue una decisión acertada, nos comimos ¡Tres platos cada uno! Unos panqueques con dulce de leche de postre y el cansancio cayó con todo. Fuimos a descansar, al otro día nos esperaba el desayuno, café con leche y tostadas.
Preparamos todo y antes de las 10 emprendimos el regreso. Optamos por otro recorrido más sencillo. Sin embargo fue cansador. Había muchísimas piedras y solo era posible pedalear en ciertos tramos, hasta llegar al cruce donde los autos estacionaban. Desde ahí el pedaleo era continuo. Subidas y bajadas nuevamente, pero eso no fue malo, lo malo fue la lluvia torrencial que nos agarró, con granizo, aunque no más grande que las gotas que caían.
Así llegamos nuevamente al filo, mojados y con mucho frío. Esta vez cambiamos las empanadas por choripán. Nos faltaba lo mejor, ¡la bajada! Nos pusimos toda la ropa que teníamos, el frío nos congelaba, pero la bajada era nuestro anhelo. Ajustamos los cascos, nos agarramos fuerte del manubrio y nos tiramos. Lo que nos había costado tanto subir lo bajamos en minutos, alcanzando velocidades de hasta 60 kilómetros por hora. Hay que tener mucha precaución, bajar constantemente frenando, hay curvas y contra curvas muy peligrosas, y si tenés frenos v-brake es posible que quemes parte de la cubierta.
Y así fue como llegamos a la base de Merlo. Un viaje concluido, un objetivo cumplido. Pero no terminó ahí, porque pedaleamos 30 kilómetros más hacia Villa Larca, donde nos albergamos en las cabañas Piedras Puntanas y terminamos de festejar mi cumpleaños con un espectacular cordero al horno de barro.

Nota publicada en revista Biciclub #282, junio de 2018.


Si te gustó, compartilo con:

Hablamos sobre: Viajes en bici

Dejá tu comentario

Eres humano o robot? * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

iCONSEGUILA EN LOS KIOSCOS!

Nº 287 - Noviembre 2018

NOTA DE TAPA
Cómo lavar y lubricar nuestra bicicleta.
ENTRENAMIENTO
Técnicas del MTB: cómo dominar un rock garden.
VIAJES
Bikerafting y ciclismo en el Río Santa Cruz. [+]

    canaglia

    philco

    newton

    bici Up

    silva

    ubice

    adsgoogle

    mov responsable