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Viajeros: Ruta Sava, Croacia

Fecha: 26.06.2020

Cuando estuve en el 2015 en Croacia, como parte del viaje que venía haciendo a dedo por los Balcanes, pensé que había conocido un poco de este increíble país.

En realidad había estado solamente en la famosa ciudad de Dubrovnik y otros pueblitos pequeños. Ahora estoy recorriendo el mundo arriba de una bicicleta y la manera de descubrir las cosas son completamente diferentes. Estoy conociendo cada país a través de su gente y es de esta manera cuando siento que puedo profundizar en cada lugar que me detengo.

Apenas puse un pie en Croacia me quedé en Lipovac. En realidad no estaba planeado parar a los cinco kilómetros y dormir en su estadio de fútbol, pero en el puesto fronterizo me insistieron que estaba totalmente prohibido viajar en bicicleta por la autopista y menos siendo de noche. Eso me obligaría a tomar rutas secundarias, muchas veces de tierra o en mal estado, pero al mismo tiempo me permitiría conocer la vida rural de Croacia y más adelante la increíble Ruta Sava. ¿Por qué digo increíble? No solo por sus paisajes, por su ruta que va bordeando por momentos el río Sava y luego el Una, nombre que le dio la infantería de Napoleón al verlo por primera vez (Una de único), sino porque es ahí donde está la parte más importante de este país. Su historia, su pasado. Me refiero a la guerra con Serbia que tuvo lugar entre 1991 y 1995.

Apenas dejé Lipovac, el primer desafío no fue el clima. Tampoco las subidas, como había tenido en Rumania, ni los mosquitos, ni la transpiración o los camiones pasando a toda velocidad. El primer obstáculo fue una puerta de hierro con candado que me encontré en medio de una ruta solitaria. Estaba en medio de la nada y no podía creer lo que estaba viendo. ¿La solución?: desarmar la bicicleta por completo, trepar la puerta e ir pasando las alforjas, la comida, la bici, todo por partes, para estar del otro lado y continuar con la aventura.

Entré de alguna manera al “patio trasero” de otro pueblo llamado Dragalic. En un momento me detuve en una iglesia completamente destruida. El silencio y la soledad me pusieron la piel de gallina con solo imaginar lo que estaría pasando por ese tranquilo pueblo tan solo unos años atrás.

A partir de ahí recorrí varios kilómetros por rutas planas y en contacto con la naturaleza. Al atardecer llegué al pueblito Hrvatska Kostajnica, justo en la frontera entre Croacia y Bosnia-Herzegovina. Acampar frente al río fue uno de los mayores premios de esta ruta. Necesitaba ver agua. Necesitaba conectarme con esa paz que transmite la corriente y nadar en sus aguas cristalinas.

Cuando me preguntan que es lo que más me gustó de Croacia hasta el momento, la respuesta es sin lugar a dudas la hospitalidad de la gente. Ahora esto muy cerca de Eslovenia. Sigo avanzando kilómetro tras kilómetro para algún día cumplir el sueño de recorrer 20.000 km y llegar a Ciudad del Cabo, Sudáfrica. ¡Falta mucho!, me dicen algunos. Y yo les respondo: “No importa, soy millonario en tiempo”.

La ruta está muy bien marcada, con carteles y mapas que indican el recorrido. Más del 60 por ciento transcurre sin subidas pronunciadas, bien asfaltadas y hay muchos pueblos con mercados donde abastecerse de comida. Se puede acampar libre en varios sitios o incluso pedir permiso a la gente local para poner la carpa en su jardín.

Por Esteban Mazzoncini


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