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Viajeros: Transfagarasan, una ruta imperdible en Rumania

Fecha: 01.05.2020

Por Esteban Mazzoncini

Apenas me mostraron una foto de la famosa ruta de Transfagarasan atravesando los Cárpatos supe que quería ir por ese desafío. Atrás habían quedado los bosques y las rutas sin desniveles después de haber pedaleado los bálticos, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia.

Desde que puse un pie en Rumania todo se convirtió en montaña, parques nacionales con pendientes y subidas. Días atrás venía de experimentar las rutas que salen desde el pequeño pueblito de Zarnesti. Rutas que por momentos se convierten en senderos o caminos de piedra. Esta fue la preparación ideal para encarar desde Cartisoara, la famosa y extenuante ruta de Transfagarasan.

A simple vista, cuando uno comenta que solo son 39 kilómetros pareciera que en una mañana se puede concretar, pero lo cierto es que sus eternas curvas y ascensos con a veces más de 12% de pendiente requieren un esfuerzo grande. Aún estando en buenas condiciones físicas.

¿Cómo organicé el viaje? Decidí acampar al pie de la ruta, en un camping oficial, cenar fuerte, acostarme temprano y madrugar. Sabía que el recorrido iba a hacer largo y además, después de 3.500 kilómetros recorridos por Europa empecé a conocer un poco más mi cuerpo y mi ritmo. Pedaleo lento y hago bastantes pausas y eso haría que el trayecto durara al menos unas 8 horas según mis cálculos (finalmente fueron 9 horas).

Por momentos la ruta se vuelve monótona, ya que atraviesa inmensos pinos y árboles que no permiten ver el paisaje. Y ahí la mayor fuerza es la mental. Es no bajar los brazos y seguir a pesar de que recién empieza el desafío.

Recién en los últimos 7 kilómetros es cuando uno tiene esa famosa vista donde la ruta parece una serpiente. Y ahí uno es consciente de todo el esfuerzo realizado. De por sí es una ruta transitada por eso, por lo que lo ideal es no hacerla un fin de semana, ya que el flujo de autos y motos que van a toda velocidad aumenta considerablemente.

Hay un dato interesante y que puede ser muy práctico para todo viajero: existe una vertiente de agua fría que baja de la montaña, pero recién está una vez realizado el 60 por ciento del trayecto. De todas maneras, a pesar de estar soleado, muchas veces la ruta se llena de sombra gracias a los árboles. Por otro lado, al subir hasta casi los 2.900 metros el aire siempre es fresco.

Tomé como opción acampar en la cima, cerca del lago Balea, porque desde allí los atardeceres y amaneceres son mágicos. En caso de que todavía tengan fuerzas, al día siguiente se puede hacer un pequeño trekking de unos 45 minutos para ver el lago Capra, que está justo del otro lado de la montaña. ¡Vale la pena!

Recompensa: viajando en bici existen días muy distintos entre sí. Algunos son con lluvias, otros con vientos fuertes de frente, otros con terrenos complicados o con subidas, pero la mayor recompensa fue regresar al punto de partida, Cartisoara, y descender los 39 kilómetros sin pedalear, acompañado por el aire puro de un paisaje que pocas veces había visto en mi vida.

Recomendación: lleven abrigo por las dudas. Cuando está nublado y corre el viento, en la cima hace bastante frío. Lleven comida para uno o dos días si van a acampar. De todas maneras hay puestos de comida y algunos bares con precios accesibles.


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