Viajeros: Vuelta al Lago Llanquihue

Para hacer un viaje en bicicleta no se necesitan largos períodos de tiempo ni irse muy lejos: tres días y alguno de los tantos lugares escénicos que existen en Chile son suficientes para tener la experiencia de pedalear y conectarnos con la naturaleza.


Día 1: Puerto Varas – Los Bajos

Salí de Puerto Varas rumbo a Llanquihue. Hay tres formas: bordeando las vías del tren, por autopista o por el camino Línea Nueva, paralelo a la Ruta 5. Yo tomé este último. Desde Llanquihue la ruta se acerca al lago y también empieza a zigzaguear y subir y bajar. En Frutillar veo la clásica postal del volcán Osorno y el Teatro del Lago. Me quedo unos minutos mirando, en silencio. Me pregunto si quienes viven con esta vista en el día saben lo hermoso que es, si lo extrañan cuando se van. Como unas galletas para juntar energía y sigo. Hay ripio, el camino bordea campos y veo casas alemanas que todavía hoy siguen siendo elegantes.

Es julio y los días son cortos. Cuando empieza a bajar el sol también empieza a hacer frío. Cuando viajo en bici, uno de mis momentos preferidos es la hora de buscar dónde dormir: me gusta preguntar en casas de familia por un lugar donde poner la carpa, y esa es mi oportunidad para conocer personas, entrar un ratito en la vida de otros y entender otras realidades. Como es invierno, hay muchas casas vacías: se nota porque, además del silencio y las ventanas cerradas, no sale humo de las chimeneas.
Avanzo y pregunto en una, dos, cuatro, cinco casas. En una me mandan al pueblo, en un par nadie me atiende, en otra el señor no es el dueño y se está yendo. El sol cada vez abriga menos, me empiezan a doler los pies por el frío y me quedé sin agua. Aunque quisiera acampar, todo está cercado. Estoy en Los Bajos. En una casa veo salir humo de la chimenea. Golpeo las manos. Cuando estoy por seguir, sale una mujer. Se acerca, me hace pasar, le cuento que estoy buscado un lugar para pasar la noche y, cuando menciono que busco dónde poner la carpa, me dice que hace mucho frío por la noche, que tienen cabañas libres. Que espere que va a hablar con su marido, que no hace falta que pague. No se demora: apenas tengo tiempo de observar el lugar.
Sale de su casa con una llave en la mano y me dice que puedo dormir ahí, en esa cabaña. Abre la puerta: dos camas, televisor, wifi, una mesa con cuatro sillas, baño, toalla, cocina equipada, estufa a leña. Me pregunta si está bien y un “sí, por supuesto” me resulta escaso. Prende la estufa a leña, me muestra dónde hay más leña y me deja para que me acomode. A la media hora toca la puerta: me pregunta si tomo sopa, si quiero compartir la cena con ellos, que su marido es francés, que están preparando sopa de calabaza. Que vaya a las 19.30. Me ducho y a la hora indicada voy: compartimos una comida muy francesa —con sopa de calabaza, vino y quesos de postre—, charlamos. Yo sonrío: las situaciones que me resultaban naturales viajando en bici en Colombia o Ecuador ahora se dan acá, a escasos kilómetros de donde estoy viviendo.
Al día siguiente salen temprano hacia Puerto Montt, por lo que los saludo antes de irme a dormir. En mi cabaña el fuego sigue prendido un rato más mientras escribo sobre el día que termina.


Día 2: Los Bajos – Puerto Clocker

Me despierto. Miro los volcanes. Desde que estoy en el sur es casi un ritual. Desayuno y salgo. El aire es frío pero hay sol. Al llegar a Puerto Octay veo el pueblo y el lago desde arriba: no deja de sorprenderme. Cruzo el pueblo y tomo el desvío a Playa Maitén. Mientras avanzo por la ruta, veo que hay huecos entre los arbustos que dan acceso a la playa frente al lago. Paso por uno y aprovecho para comer y escribir frente al lago. Si no fuera porque los días son cortos, me quedaría horas con ese silencio y esa soledad.
El camino desemboca en la ruta principal, y sigo en dirección a Las Cascadas. Ya está bajando el sol: es hora de buscar dónde dormir. Un señor está fuera de su casa. Me acerco: ¿Sabe dónde podría poner mi carpa? Señala hacia atrás, una casita de madera entre los árboles, y me dice que hace mucho frío para que duerma al aire libre. Por la noche hace alrededor de -1°C.
Acomodo la carpa, me higienizo, me cambio de ropa y voy a la casa de ellos. En este mini viaje no llevo cocinita pero sí comida: si me prestan la cocina puedo prepararme la cena. Mientras espero que hierva el agua para la polenta, amaso panes: José lo estaba haciendo pero respira agitado, tiene una pierna mala y le cuesta moverse. Le ofrezco ayuda y lo siento como un descanso: me deja a cargo y él se sienta.
Ceno, conversamos, miramos tele, José me cuenta los accidentes que tuvo, Jorge, un sobrino con el que vive, descansa en sus primeras vacaciones en dos años. Nos reímos mientras el pan se hornea.
“Mañana venga a desayunar señorita”, me dice José antes de que me vaya a dormir.


Día 3: Puerto Clocker – Puerto Varas

A la mañana siguiente desayuno café y pan con José y salgo. Está anunciado lluvia para después del mediodía y, por ahora, está nublado. Paso por Las Cascadas y me acuerdo que el año anterior estuve en febrero: había sol, estaba lleno de gente y todo el comercio estaba abierto. Ahora es todo lo contrario. Sigo avanzando. Paro a tomar un té y comer unas galletas aprovechando las sillas en un puesto cerrado al costado de la ruta. Hay un árbol con unas bayas moradas, las pruebo, como algunas. Después me entero que es un calafate. Un perro me hace compañía. Aparece una señora. Le pido agua y comento que va a llover. Me dice que todavía no, que cuando empiece a haber viento, a la hora llueve. Lo anoto mentalmente.

Sigo, alrededor de una hora después empieza a soplar viento. El lago quedó atrás, ahora me rodean árboles secos que van poniéndose verdes mientras me acerco a Ensenada. Cuando llego al cruce decido hacer dedo: esa última parte del recorrido la conozco, no tengo impermeable y se anuncia lluvia fuerte. A los diez minutos frena una camioneta, subimos la bici y vamos hacia Puerto Varas, mientras empieza a llover torrencialmente.

Por Nati Bainotti



Ficha Técnica

Características: es un ruta corta (165 km), con vistas muy bonitas. A pesar de tener algunas cuestas, no es de difícil. Cuenta con infraestructura turística, tiene ciclovía en un tercio del recorrido, hay afluencia de vehículos (por lo que en caso de ser necesario se puede pedir ayuda) y hay atractivos como para extender el viaje.
Tiempo necesario: tres días de pedaleo, a ritmo tranquilo.
Época ideal: Si bien es una ruta que se puede hacer en cualquier momento del año, durante el verano hay mejor clima y mayor cantidad de servicios disponibles, pero también, mayor afluencia de gente y más tránsito.
Equipo necesario: si se quisiera optar por un viaje más liviano (o por no tener todo el equipo necesario), se puede prescindir del camping y alojarse en cabañas o hostel ambas noches (por ejemplo, Puerto Octay y Cascadas son zonas con buena oferta). Caso contrario, es necesario llevar carpa, aislante, saco de dormir, cocinilla, combustible, ollita.
Recorrido: desde Puerto Varas, la ciudad con mayor conectividad del área, se puede realizar el recorrido en cualquier de los sentidos. Si se cuenta con más días pueden aprovecharse para conocer más lugares: descansar en Puerto Varas, visitar la cascada de Petrohué, subir al volcán Osorno, ir a termas.
Qué no puede faltar: cámara de fotos, impermeable, protector solar, kit antipinchaduras y multitool.
Ideal para: primer viaje en bici, viaje de fin de semana, viaje extendido si sumamos otros circuitos o visitas a atractivos.