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Aprender a pedalear de grande

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Mucha más gente de la que solemos creer los ciclistas no sabe andar en bicicleta. He aquí un completo informe sobre los mejores métodos para aprender a pedalear de grande y las razones por las cuales vale la pena hacerlo. Testimonios de gente que lo ha logrado. La experiencia internacional al respecto.

Por Rocío Cortina

Foto por: Claudio Olivares Medina – www.ciclismourbano.info

Dicen que cuando alguien aprende a andar en bici, no se olvida nunca más. Pero, ¿cómo se empieza?, ¿de la mano de quién?, ¿en qué momento de la vida? Lo más frecuente es que, como en el caso de otras tantas habilidades, sean los mayores quienes inicien a los pequeños en la aventura del pedaleo, pero también puede ser al revés. Es que, por diferentes motivos, hay personas adultas que no saben andar en bici pero desean poder hacerlo. Desde la teoría, la principal diferencia entre aprender en la infancia o de más grande es que el nño incorpora la destreza más fácilmente, por un lado sin tantos miedos ni ideas preestablecidas y por otro con la flexibilidad que caracteriza al cuerpo infantil, encontrando más fácilmente el equilibrio. Y desde la práctica, cuando el paso de los años indica que ya no son válidas las rueditas y que las caídas no causan gracia sino que encima duelen, lo que realmente importa es tener ganas de intentarlo.

Porrazos, equilibrio y avances
Las palabras de quienes incursionaron por primera vez en la bici de grandes dejan en claro que vale la pena animarse aunque los miedos se hagan presentes. Laura Reyno (39), de Haedo, Buenos Aires, se subió a una mountain bike por primera vez a sus 26 años, gracias a un novio que le regaló la bici y la ayudó a empezar: «Aprendí mucho más rápido de lo que imaginaba. Practiqué una tarde en la calle Intendente Goria, en ese entonces de tierra, por donde no circulaban muchos autos ni gente, dos requisitos importantes para mí, por seguridad y porque me daba mucha vergüenza que alguien me viese. Pedaleé unas cuantas horas, muy orgullosa de no haberme caído, hasta cuando emprendí la vuelta a casa, a dos cuadras, y pasé de la tierra al asfalto. El cambio de terreno y sentir que la bici iba más rápido me asusté y me caí. Pero fue increíble la sensación de estar andando sola y avanzar.»
El caso de Alicia (57), de Lanús, Buenos Aires, fue a pura prueba y error. Ya casada y con dos hijos que iban de acá para allá con sus propias bicis, se animó a concretar el deseo postergado: «Era una asignatura pendiente» cuenta-, entonces en el fondo de mi casa, que es más o menos grande, empecé con la cross de Mariano, mi hijo. Me iban ayudando los chicos y mi marido. Pasaron unos cuantos porrazos, un rosal que se me clavó. «Creo que es peor la vergüenza que la caída. Pero aprendí. Y después me iba a trabajar en bicicleta. No me animaba a la avenida, pero iba a 20 cuadras, a lo de mis tíos, a estudiar. Yo estaba bárbara con esa bici.»
Pablo (43), de Capital Federal, eligió acercarse al pedaleo haciendo spinning en un gimnasio. Su profesor organizaba salidas, a las que un día decidió sumarse para aprender «en serio»: La primera vez fue en Reserva Otamendi. Agarré fuerte el manubrio, giré las manos para ambos lados, me paré en los pedales y arranqué. Volanteé a un lado y al otro con el manubrio y mantuve el equilibrio. Era un lugar amplio y con espacio. No me caí en ningún momento. Tenía miedo, pero bueno, me largué. Además, mucho riesgo no había, porque el suelo era arenoso.»

Aprender solo
Igual que el miedo a la caída, al golpe o al fracaso, la vergüenza es un obstáculo frecuente para que un adulto se suba por primera vez a la bici. Como afirmaban los testimonios anteriores, se suele evitar la mirada del otro. En la bicicletería Canaglia se ocupan de enseñar a pedalear cuidando este aspecto: «Enseñamos a aprender solos» explica Claudio Canaglia-. «Acondicionamos la bicicleta para que el adulto llegue cómodo al piso, le sacamos los pedales y lo ponemos media hora a caminar con la bici entre las piernas. Otra media hora hacemos que empuje y levante los pies y la siguiente media hora un poco más fuerte. De esa manera la persona puede ir sola a un parque y poner en práctica los ejercicios sin que nadie la mire». Con este procedimiento, el aprendiz habrá logrado el equilibrio, para luego, con los pedales puestos en la bici, dar el paso siguiente.

Abandonar es fracasar
Desde la Bici Escuela Argentina, que funcionó en la década del 90 en Buenos Aires, Silvana Solá enseñó durante más de tres años a adultos de ente 35 y 70 años, siempre con un porcentaje de éxito mayor al 95% (ver columna aparte): «Lo más difícil fue desterrar los prejuicios que uno adquiere con los años: miedo a esto, a aquello y a lo otro. Miedo a caerse, a hacer el ridículo, a no poder lograrlo», dice Silvana, quien recuerda que se inició en este particular acto de docencia con una mujer de 50 años, a quien debió guiar psicológicamente para que perdiera sus temores. La mejor experiencia que la instructora tuvo fue con Olga, una alumna de 70 años: «Le costó conseguir el equilibrio tres veces más que a todos los demás. Pero fue tenaz; eso marcó la diferencia. Y lo logró un día. Su sonrisa era la de un niño viajando en la primera bicicleta. Desde aquel momento tengo un dicho para mi vida: la única manera de fracasar es abandonar.»

Encuentro de generaciones
Al advertir la falta de espacios en donde los adultos pudieran adquirir la habilidad del pedaleo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, desde el programa Mejor en Bici, organizó durante las vacaciones de invierno 2012 una actividad tanto para mayores como para chicos. Los instructores ayudaron a andar en bici a cerca de 60 personas en los bosques de Palermo. Gonzalo De la Rosa, mecánico de Shimano, colaboró en esas jornadas y explica: ¨En general, los adultos lo tomaban con un poco más de vergüenza pero igual se animaban. En cuanto a las caídas, no había miedos porque se previó estar sobre tierra para evitar lastimaduras.»
La técnica implementada en este caso dependía del control que tuviese la persona sobre el rodado. Primero se les enseñó el funcionamiento de la bicicleta y luego se los ayudó a andar, las primeras dos veces sostenidos por los colaboradores y la tercera quitando el sostén hasta que la persona pudiera mantener por sí sola el equilibrio.
De esta experiencia, destaca Gonzalo, «hubo un hombre de 72 años que aprendió a andar después de dos clases. Llegó con algo de miedo pero se fue súper agradecido».
La bici se convierte en punto de encuentro entre generaciones, transmitiendo la habilidad de jóvenes a mayores. Y la rueda vuelve a empezar cuando, quienes han aprendido de grandes, quieren enseñar a sus hijos o nietos. Laura comenta que por ahora, su hija de dos años acompaña a ella y a su marido en la sillita trasera de la bici: «Hacemos salidas cortitas, en general a plazas. Ya tiene su Camicleta y su casco, aunque todavía no llega con los pies al piso y no la puede usar sola. Su rodado actual es un pata-pata que domina a la perfección, tanto en velocidad como en maniobrabilidad. «Yo creo que ni bien crezca unos centímetros más agarra la Camicleta y no la para nadie! En casa está en un ambiente de bicis, para ella es algo natural.»
En el caso de Pablo, su hija tiene 11 años y él mismo le enseñó: «La llevé al vial costero de Vicente López con una bici rodado 24. Lo mejor es ponerse los rollers, sostenerla de inicio de atrás y que ella pedalee y obtenga el equilibrio. Está en la etapa vergonzosa con los padres, así que para engancharse lo ideal es que vaya a andar con amigas.»
Actualmente Pablo usa su bici para rodar por la ciudad y también hace viajes de cicloturismo con Bike & Trek. Y es que una vez que se logra el control sobre la bici se descubre el mágico desplazamiento en dos ruedas y la sensación del viento rozando en la cara, aparece un nuevo modo de disfrutar la vida. Alicia, que también aprendió de grande, lo resume así: «Cuando me subí a la bici, recuerdo que sentí libertad. La pedaleada es una sensación de placer.»

 

CÓMO APRENDER
Un método

Por Silvana Solá*

Es erróneo decir que hay que enseñar a andar en bici. Cada uno debe descubrir por sí mismo cómo hacerlo. Ni rueditas ni gente que sostenga ayudan; más bien retardan el aprendizaje. Sólo se trata de experimentar el equilibrio por uno mismo.
La medida del cuadro debe ser la correspondiente a la talla de la persona e incluso más chica, pero nunca mayor. Por ejemplo, alguien que mida 1,80 m de altura utilizará un cuadro de 18 pulgadas mientras que alguien de 1,50 m no podrá superar un cuadro de 15 pulgadas.
La altura del asiento, para empezar, debe permitir que la persona pueda sentarse y apoyar cómodamente los pies en el piso. (Una vez que el alumno aprendió a pedalear y paulatinamente le va perdiendo el miedo al andar, el asiento deber? elevarse hasta la altura correcta.) Las manos deben descansar sobre los puños y los dedos índices y mayor deben estar sobre los frenos de modo de accionarlos rápido y fácilmente.
Para guiar a un adulto hay que hacer más hincapié en las cuestiones mentales que en las netamente prácticas. Brindándole seguridad y convenciéndolo, con técnicas de inducción que dejo al libre albedrío de cada uno, que pedalear es tan fácil y natural como caminar. Correr detrás del novato sosteniéndole el asiento para equilibrarlo es la mejor manera de arruinar todo. Con este sistema que ahora veremos, los alumnos pueden hacerlo solos o con algún guía o ayudante que oficiará de apoyo moral y logístico únicamente.
El siguiente es un método para que cada cual aprenda a su ritmo. En algunos minutos, horas o días se puede arrancar pedaleando:

1. Hay que quitar los pedales de las palancas (ojo: el sentido de la rosca es distinto en cada pedal). Luego habrá que sentarse, apoyando los pies en el piso y empujar la bici como caminando, sin levantar la cola del asiento y alternando los pies como si se tratara de un andador. A medida que la bici empieza a rodar, hay que experimentar el uso de los frenos. Frenar y volver a empezar la caminata con la bici entre las piernas y sin despegar la cola del asiento.
2. Una vez que uno se siente seguro con este ejercicio, el paso siguiente es impulsar la bici, siempre sentado, con los dos pies juntos. Si lo hacemos con la suficiente fuerza, el rodado tomará suficiente impulso como para romper la inercia y experimentar el equilibrio tan ansiado. Esto se logra luego de impulsarnos -con todas las ganas- y despegando los pies del piso. El secreto para aprobar este segundo ejercicio es relajarse y gozar.
3. Si estamos bien seguros y confiados de haber llegado hasta aquí, buscaremos una pendiente suave para que nos ayude a repetir el ejercicio 2 con mayor impulso. La idea es lograr que -con ayuda de la pendiente- la velocidad y la distancia sea mayor y, por ende, experimentar la mágica y placentera sensación de la libertad por más tiempo.
4. Si a esta altura el ya casi ciclista está canchero en mantener el equilibrio y en el uso de los frenos, llegó el momento de volver a colocar los pedales. De ahí en más, combinando los ejercicios anteriores con el inicio de la pedaleada, todo es cuestión de práctica. En esta etapa es necesario que el ayudante le explique al nuevo ciclista cómo es la mejor manera de romper la inercia al dar el primer golpe de pedal, entre otras cuestiones que son útiles escuchar de boca de algún experimentado.
5. Las siguientes clases serán para incorporar nuevas habilidades y técnicas de dominio y conducción. En forma progresiva habrá que subir el asiento y arrancar parado en lugar de sentado, etcétera.

*Ciclista y periodista. Colaboró en Biciclub desde sus inicios y condujo la Bici Escuela Argentina durante los años 90.

 

EXPERIENCIAS
¿Por qué no aprendiste de chico/a?

Alicia (57), Lanús, maestra jardinera: «En la casa de mis tíos había una bicicletita de mi hermano que estaba colgada, pero mis tíos no me la daban porque mi papá no quería que la usara. Él le tenía miedo. Andaba mucho, pero tuvo un amigo que se mató arriba de la bici. O sea, no aprendí de chiquita por sobreprotección paterna. Además yo era nena y toda esa cuestión no era como ahora. Tenía un hermano varón que sí aprendió, pero no anduvo mucho tampoco por ese mismo miedo que te digo.»
Pablo (43), contador público, Capital Federal: «De chico vivía en un departamento de la zona céntrica de Buenos Aires. Jamás tuve bicicleta y no tenía manera de aprender.»
Laura (39), Haedo, puericultora: «No recuerdo por qué no aprendí de chica a andar en bici. Tengo dos hermanos varones más grandes y ellos sí sabían. Creería que fue porque no me llamaba la atención en ese momento. Sí recuerdo que en la pubertad y adolescencia tenía ganas de hacerlo pero me daba mucha vergüenza decir que no sabía. Salvo mi familia creo que nadie estaba enterado de ello.»

 

EN EL MUNDO
La bici como alternativa

La bicicleta es una alternativa ecológica al caos de tránsito automotor en los grandes centros urbanos. Por eso, en distintos países crecen las iniciativas que apuntan a enseñar a adultos a pedalear. Veamos algunas.

España
La Ciclería es una asociación fundada en 2007 en Zaragoza por un grupo de amantes de la bicicleta que buscan fomentar su uso. Entienden a este vehículo como un símbolo para transmitir valores de respeto al entorno y a las personas. Entre otras actividades, enseñan a adultos a pedalear por primera vez y luego a moverse por la ciudad con seguridad y a realizar un mantenimiento básico de la bici.

Chile
En Santiago de Chile, la ONG Macleta se propone fomentar el uso de la bicicleta por parte de mujeres. Para las que no tienen esa habilidad se ha organizado una bici-escuela que divide a las aprendices en dos niveles, el «Aprende a pedalear» y el «Bájate de la vereda». En el primero se trabaja con mujeres que nunca se han subido a la bici. Se les enseña a equilibrarse, a pedalear, a frenar. En el segundo se intenta alejar el temor de pedalear entre el tránsito automotor, motivo por el cual muchas personas ruedan por la vereda, algo que es costumbre en Chile, produciendo así accidentes entre peatones y ciclistas.

Suiza
La bicicleta es el medio de transporte por excelencia en el paisaje urbano de Suiza. Tanto que uno de los problemas que encuentran muchos inmigrantes es no tener la habilidad para rodar, lo cual se traduce en un obstáculo para su integración en la sociedad. Atendiendo a esto, en 2010 se organizó un curso destinado especialmente a extranjeros, para poder iniciarlos en esta forma de movilidad.

 Nota publicada en Biciclub Nº214, octubre 2012.

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Clases para aprender a andar en bici en Buenos Aires

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Laureano Núñez es ciclista, organiza salidas en bici para principiantes y da clases para todos aquellos –adultos y niños a partir de los 12 años– que aun no saben pedalear y quieren aprender. Las clases son 100% personalizadas.
Las clases se realizan en Puerto Madero, una vez por semana, acordando los horarios según los requerimientos de los alumnos, y duran una hora.
La idea es tener nociones básicas de cómo pedalear en la ciudad, aprender la técnica, perder el miedo y practicar. También se enseñan nociones básicas de mecánica (como arreglar una pinchadura y cambiar una cámara) y teoría básica sobre seguridad vial para movernos de forma segura.
Las clases finalizan cuando el alumno siente que alcanzó su meta y siente que puede seguir por si solo.

Más info sobre las clases: 112823-1343

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La técnica de pedaleo adecuada

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Es común que durante el pedaleo muchas personas sientan molestias, dolores o sensaciones extrañas que no son habituales. ¿Alguna vez analizaste tu técnica de pedaleo y tu posición en la bici? ¿Sufrís de dolores de espalda, cuello o rodillas al terminar tus sesiones de entrenamiento? ¿Sentís que al pedalear hacés demasiada fuerza o vas demasiado liviano?
Mejorar la técnica puede ser la solución para evitar lesiones, dolores musculares y/o articulares, reducir el desgaste innecesario durante una sesión de entrenamiento y disfrutar plenamente del pedaleo.

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La postura correcta
Antes de subirse a la bici es recomendable establecer la altura del asiento. Éste debe situarse al nivel de la cadera y estar paralelo respecto del piso. Una vez sentados en posición de pedaleo, al apoyar el talón sobre el pedal (en el momento en que se encuentra el pedal más cerca del piso) la pierna debe quedar semiflexionada y no extendida por completo.
Si al pedalear hay un balanceo de la cadera hacia a un lado y otro, significa que el asiento está alto. Si existe una exagerada flexión de las rodillas (sobrepasan en altura a la cadera), debe corregirse la altura del asiento subiéndolo. Atención: una flexión exagerada de rodilla puede acarrear lesiones.
Respecto a los brazos, no deben estar extendidos al pedalear. Es algo común que pase cuando la distancia entre el manubrio y el asiento es demasiado grande. Por el contrario debe haber una semiflexión de los codos de manera que se mantengan relajados los miembros superiores (cuello, hombros, brazos, manos). Además, esto evitará que las irregularidades del terreno, convertidas en vibraciones, repercutan en nuestra espalda y miembros superiores, especialmente en antebrazos. Así lograremos que no aparezcan esas sensaciones de contractura muscular que con el paso del tiempo se pueden agudizar, hasta obligarnos a parar de pedalear.
Las manos se deben mantener relajadas y apoyadas sobre el manubrio (éste no debe estar ni muy bajo ni muy alto respecto de la posición del asiento). No deben ir agarradas haciendo fuerza en todo momento, algo que solo será necesario en determinadas situaciones, como por ejemplo, al pararnos en los pedales, encarar una pendiente o aumentar la velocidad repentinamente (embalar).
El torso tiene que estar inclinado hacia el frente a unos 45º respecto del manubrio, de modo de evitar chocar frontalmente contra el aire y tener molestias en la zona lumbar. Y cuidado, en ningún momento se debe descargar el peso corporal totalmente hacia adelante. Éste debe estar balanceado entre el asiento y el manubrio.

El ciclo de pedaleo
Básicamente nos referiremos al pedaleo como un movimiento circular con una aceleración hacia el frente que luego irá descendiendo para comenzar a ascender hasta llegar a la posición inicial. Partimos de la base de que en cada ciclo debe aplicarse la fuerza de manera uniforme durante todos los momentos del pedaleo. De esta manera se involucra un mayor número de músculos, especialmente glúteos, flexores de pierna, flexores de cadera y extensores de pierna (cuádriceps), los cuales se emplearán de manera colectiva.
Obviamente, para lograr el pedaleo uniforme lo mejor será hacerlo con pedales de sistema click-on o automáticos y zapatos de ciclismo con sus calas específicas. Con pedales con punteras o simplemente pedales convencionales, muchos momentos del ciclo de pedaleo no pueden aprovecharse.

El ciclismo estacionario o indoor
Se trata de una excelente opción para complementar el entrenamiento, comenzar a pedalear o simplemente movernos un rato. El objetivo principal de quienes se acercan a esta actividad es continuar con el entrenamiento, haciendo trabajos específicos de pasadas y fuerza.
El ciclismo indoor es una excelente oportunidad para concentrarnos también en nuestra técnica de pedaleo. Esto es importante porque esa técnica (sea buena o mala) irremediablemente la aplicaremos luego cuando estemos rodando en nuestra bicicleta.
Hay que prestar atención especialmente en clases grupales, ya que al subirnos a una bici fija que fue usada por otra persona siempre habrá que realizarle modificaciones antes de comenzar.

Los errores más comunes
– Pedalear con el asiento bajo o alto, lo que trae como consecuencia dolores en las rodillas y en la parte baja de la espalda.
– Pedalear todo el tiempo con muy baja o demasiada cadencia produce un desgaste innecesario de energía. Se siente como un pedaleo trabado o, al contrario, demasiado fácil.
– Hacer fuerza con los brazos y mantener los hombros duros ¡A relajarse!
– Llevar muy rígidos los tobillos. La articulación del tobillo se modifica en cada ciclo de pedaleo y es importante permitir que esto suceda con naturalidad.

Consejo para mejorar
Pedile a alguien que te filme de frente, de espalda y de perfil mientras pedaleás. Luego analizá tu posición y técnica. Recordá que trabajar y mejorar tu forma de pedalear te permitirá hacerlo de manera eficiente y disfrutar más de las sesiones indoor así como los kilómetros en ruta.

Por Pablo Canales: Profesor en Educación Física (UNLP), Especialista en Rehabilitación por el ejercicio (UCALP), Entrenador de Atletismo/ Triatlón e Instructor de Spinning: canalespra@gmail.com, pra_canales@hotmail.com.

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Cómo planificar un viaje en bicicleta

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En esta nota, Jimena Sánchez, de La Vida de Viaje, nos da respuesta a las preguntas más frecuentes.

¿Cómo sé si me va a dar el estado físico?
Esta pregunta es la que se lleva el podio cuando hablamos sobre cicloturismo. Y el punto está en que asociamos a los viajes en bicicleta con “esfuerzo físico” y no con “placer físico”. Pongamos un ejemplo: toda subida tiene su recompensa cuando lográs llegar hasta su punto más alto. Después siempre hay una bajada y es ahí donde lográs el balance y te recuperás. (Menciono lo de las subidas porque también es un trending topic y porque siempre nos olvidamos de que las rutas tienen llanos y bajadas hermosas que nos hacen sentir en otro planeta.)
¿Siempre se pedalea en un viaje? No. Citando el mismo ejemplo, si una subida te cansa porque es muy empinada o notás que se te resbala o se te traba la bicicleta (esto pasa mucho sobre el ripio), te podés bajar de la bici y caminar. “Uy, pero eso te cansa también.” (Sí, te leí la mente, pero son otros músculos y otra manera de hacer fuerza. Se puede ver como otra manera de “descansar” sin dejar de avanzar.) A ver: obvio que vas a cansarte. Pero el cuerpo, con los días en ruta, se entrena. Y el primer día te vas a cansar, el segundo no tanto, y así. Podés parar las veces que necesites para descansar y podés viajar al ritmo que quieras porque es TU viaje. No existen los manuales de cómo deberías viajar. Los viajes en bicicleta no son viajes para súper atletas, sino para todas aquellas personas que estén dispuestas a conocer y conectar con su cuerpo, quieran salir de su zona cómoda y busquen disfrutar del placer de sentirse vivas haciendo deporte.
Obviamente, cuanto más hayas entrenado antes de viajar, más rápida va a ser la adaptación para pasar del “esfuerzo físico” al “placer físico” que dijimos al principio y poder disfrutar del día a día.

¿Por dónde empiezo a planificar un viaje?
Agarrá un papel y un lápiz y respondé:
– ¿A dónde te gustaría viajar? vs. ¿A dónde podés viajar? Si las dos respuestas coinciden, genial. Ahora bien, si por cuestiones económicas, laborales, de tiempos, o lo que sea, el “a dónde puedo viajar” pesa más que el “a dónde te gustaría viajar” no lo tomes como un problema. Lo real siempre es más alcanzable que lo ideal.

– ¿Cuándo?
– ¿Cuánto tiempo tenés disponible?
– ¿Va a ser un viaje en solitario o con alguien?
Una vez que tenés esta información sobre la mesa, viene la etapa de investigación, que es la más larga y tediosa, pero la más importante y necesaria. Acá tenés que ver rutas, leer blogs, foros, revistas especializadas y bajarte aplicaciones útiles de mapas. Y lo que tenés que analizar con lupa es:
– Cómo es el clima del lugar al que querés viajar. Este punto influye en el equipo de camping y en la indumentaria que necesites llevar, ya que no es lo mismo viajar en verano que en invierno.


– En qué época del año conviene ir a ese lugar: más allá del clima, los lugares y las rutas pueden verse alterados por vacaciones, fiestas regionales, feriados, etcétera. Esta es una variable muy importante si buscás tranquilidad y sobre todo seguridad a la hora de viajar.
– Cómo llegar y cómo volver puede ser el punto más estresante, pero resulta indispensable. Hay que analizar todas las opciones y tomar la mejor decisión posible. Muy raras veces salimos a un viaje en bicicleta pedaleando desde casa y no queda otra que tomarnos un avión, un micro o un tren. Esto implica siempre desarmar la bici, embalarla bien, cruzar los dedos para que nada se rompa en el viaje, llegar al destino, armar todo y recién ahí empezar a pedalear. Una vez finalizado el viaje hay que hacer los mismos pasos para emprender la vuelta. Sí: es todo un tema pero lo vivido en un viaje justifica una y mil veces la logística para llegar y volver a casa.
– Y cuáles son las rutas, caminos o senderos posibles para armar un buen itinerario de viaje teniendo en cuenta todos los puntos anteriores

¿Cómo elijo una ruta?
Esto depende del tipo de viaje que quieras y puedas hacer, además de tu disponibilidad de tiempo. Podés elegir una ruta según el destino que quieras recorrer o según la experiencia que quieras vivir. Por ejemplo nosotros en el 2013 nos propusimos unir Ushuaia-La Quiaca tomando como eje la Ruta 40. No quisimos pedalear ninguna otra ruta ni desviarnos porque la 40 era nuestro objetivo. En cambio, en el 2019 quisimos hacer lo opuesto y vivir una experiencia distinta: darle la vuelta a la isla de Tierra del Fuego por senderos y caminos alternativos.
La recomendación para un primer viaje es que elijas rutas que te transmitan confianza y seguridad (como la ruta de los Siete Lagos en la provincia de Neuquén, que tiene campings y proveedurías a lo largo del camino, por ejemplo).
Si no es tu primer viaje y querés hacer algo más jugado, hay aplicaciones que te van a ayudar un montón a elegir caminos alternativos. Una de ellas es Wikiloc, una plataforma en la que viajeras y viajeros de todo el mundo suben sus rutas y comparten sus experiencias, información del camino, puntos donde parar, etcétera.

¿Qué bici elijo? ¿Qué debe tener para hacer un viaje?
Antes de responder esta pregunta es necesario que sepas esto: lo fundamental no es la bici, sino tu cabeza y las ganas que tengas de viajar. No es indispensable contar con lo mejor del mercado ni con la última tecnología. Para viajar en bicicleta hay que ir a lo simple: que sea fácil y económico a la hora de arreglarla, sin importar si estás en un pueblo o en una gran ciudad.

Texto y fotos: La vida de viaje

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La mejor postura para escalar y la mejor para descender

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Ya hablamos en esta nota acerca de qué ajustes debemos hacer en nuestra bicicleta para que ella y nuestras particulares medidas corporales armonicen y con ello se potencie el esfuerzo físico que realizamos al pedalear. En esta entrega quiero que reflexionemos sobre dos situaciones claves que se dan en el ciclismo de montaña, la escalada y el descenso, y cómo conviene posicionarnos en la bicicleta en cada caso.

Posición de subida
A la hora de encarar una subida vamos adoptar lo que yo suelo llamar la “posicion fea”, esto es:
– Meter la cola para adentro, posicionándonos en la punta del asiento, lo que nos va a ayudar al equilibro y a imprimir una fuerza significativa con nuestros cuádriceps,
– inclinar nuestro pecho hasta pegarlo al manubrio, lo que hace que llevemos peso a la rueda de adelante y así evitar irnos para atrás, y por último
– llevar los codos pegados al cuerpo y tirando con fuerza hacia abajo, sintiendo la misma fuerza que se hace en el ejercicio de remo en el gimnasio, lo que nos va a permitir darle dirección a la subida y que la rueda delantera no se vaya para donde ella quiera.
Una vez en la subida el secreto es mantener la calma, no olvidarse de respirar y dejar que nuestra rueda se afirme al piso, siempre manteniendo la posición que he descripto, realizando toda la fuerza con nuestros cuádriceps.

Posición de bajada o de ataque
Esta es la posición que nos va a dar mayor disfrute en el ciclismo, la famosa “posición de ataque”, llamada así porque vamos en una postura que enfrenta a los obstáculos que se presentan en nuestro camino y no en una posición escondida o temerosa. Esto no significa que nos vamos a llevar todo por delante sino que vamos a estar en alerta y bien posicionadas frente a los obstáculos. Al principio nos puede costar un poco, pero la mejor forma de automatizar esta postura es practicándola mucho y exagerando los gestos que voy a mencionar hasta que sean incorporados naturalmente a la hora de montar la bicicleta.
En este caso necesitamos aplicar cinco gestos. Al principio vamos a pensar que son muchos, pero luego de hacerlos varias veces, en la práctica vamos a ver que son automáticos en nuestra actitud corporal a la hora de encarar un descenso en bici:
– Desplazar la cola y por lo tanto nuestro peso, para atrás, para evitar irnos de cabeza,
– bajar los talones, o sea que los talones siempre vayan tirados hacia abajo, lo que nos obligará a desplazar la cola para atrás y evitará que nos caigamos hacia delante por inercia,
– ubicar el mentón cerca del manubrio (pese a que en un principio nos dé un poco de impresión acercar la cabeza al manubrio en una bajada), cosa que no será difícil si hicimos correctamente los primeros dos gestos y que nos ayudará a bajar de una manera súper estable, porque le vamos a estar poniendo peso a la rueda de adelante, lo que hace que esta se desplace en línea recta y no para donde quiera el terreno (por esto es que la llamamos posición de ataque, ya que ahora no vamos a estar escondidas en la parte de atrás de la bicicleta sino que vamos a estar en una posición de seguridad, con la que podremos enfrentar cualquier tipo de obstáculo de manera más estable),
– abrir bien los codos, en una posición similar a la de un gorila tocándose la axila, lo que nos va a permitir estar cómodas para dirigir la bicicleta en las curvas y tener mejor manejo, y
– exagerar todos los gestos y enumerarlos mentalmente cada vez que bajemos, hasta hacerlos automáticos.
Una vez incorporada la posición de ataque vamos a notar que es súper segura, ya que nos garantiza ir protegidas adentro de la bicicleta. Aquí también el secreto es mantener la calma y recordar que una vez que encaremos una bajada tendremos que seguirla hasta el final, sin caer en crisis y recordando que las bicicletas están diseñadas para superar obstáculos. Y una última reflexión: si nuestra velocidad de bajada es muy poca va a ser más difícil la maniobra, dado que perderemos el equilibrio y no permitirá que el sistema de suspensión de la bicicleta funcione correctamente.


Por Pilar Adoue: es de Mendoza y es embajadora de Specialized Argentina. Contacto: @pili_adoue 


Fotos: Mariano Díaz y Juani Cocuelle

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