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Ciclismo urbano

El gomero de Santa Rosa

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No hay mal que por bien no venga, una de cal y una de arena…, dichos que quieren convencernos de que siempre que pasa algo malo atrás viene una situación mejor. Esta historia de un pinchazo un día lunes lo revela. ¿A quién no le pasó? Un mal día, la rueda rota y la lluvia.

Por Magdalena Lunadei*

Ya no temo a las inclemencias climáticas para pedalear, sólo desisto en caso de lluvias fuertes. El invierno va dejando atrás los rosas intensos que me regala cada nuevo día el alba desde mi ventana. El frío y el viento no me atemorizan para arrancar la jornada. La sensación de independencia y de libertad no se cambia por los apretujones, los alientos matutinos, las toses y los malos humores de los viajeros de transporte público. A las pocas cuadras, con buen abrigo, música y la obligación de llegar al trabajo como una ciudadana más, las bajas temperaturas pasan a ser externas y el cuerpo ya supera esa etapa.
Los días anteriores habían sido emocionalmente muy complicados. Cada tanto sucede. Son rachas en las que todo se aleja de su cauce, aunque uno ponga lo mejor de sí. Sólo es cuestión de calmarse y esperar que pase la tormenta. Pero en el afán de dejar pasar esa tempestad y arrancar una nueva semana, Santa Rosa, la de todos los años hacia fines del mes de agosto a la misma hora y en el mismo lugar, la que maldecimos en la ciudad, la que esperan aunque precavidos en los campos para dar de beber a sus tierras, se haría presente una vez más.

¿No pensaron en nosotros?
Arranqué el lunes deseando recuperar la paz y el optimismo. Me cargué la bici al hombro bajándola por la escalera y en cuanto abrí la puerta del edificio se me tambaleó en las manos sacudida por la fuerza de la Santa. Besé a mis hijos que se iban al colegio con Nati, la niñera, prendí la radio en el celular y, poniéndome los auriculares y guantes, me subí firme a la Magoocleta.
El viento daba pelea de a ratos pero no afectaba el andar. El mismo camino de cada mañana me llevó instintivamente. De repente, sobre la bicisenda de la calle Padilla, la bicicleta se estancó mucho más que por el efecto del viento en contra y confirmé que había pinchado. Resignada a los gajes del oficio, la llevé hasta un estacionamiento. Para no amargarme y sin culpa, me tomé un taxi.
Salí del trabajo lo más temprano que pude, con la idea de recuperarla y emparcharla. Fui en subte para hacer rápido. El papá de mis hijos me cubrió y los retiró del colegio, así yo podía solucionar el percance.
Pero cuando el destino burlón conspira contra uno, no tiene sentido ir en contra de sus mañas. Busqué la bicicletería más cercana. Al llegar comenzó a llover. Eran las tres menos diez de la tarde. Un cartel de letras grandes manuscritas decía que abrían a las 15 hs. Debajo de un balcón ínfimo esperé el horario, mientras la tormenta se avivaba y la lluvia se tornaba cada vez más intensa. El pequeño balcón ya no servía de refugio y algunas prendas mías perdían su impermeabilidad momentánea. Con las manos heladas, el pelo mojado y casi temblando, entré al kiosco de al lado, en el que se veía una máquina de café. Compré una ficha, puse el vaso y cuando quise activar la expendedora mágica para tomar fuerte entre mis dedos la poción de la templanza…, resultaría que el hijito del kiosquero había metido algo en la ranura y había que desarmar todo con el técnico para arreglarla. Volví al lado de la bici, con las manos vacías y la garganta seca a esperar al bicicletero que jamás llegó. En ese momento vi, brillosa, una tachuela grande clavada en la cubierta trasera de la bici. Más de media hora perdida en vano. Sola, mojada y destemplada, me fui a otra bicicletería. Parecía que se habían puesto de acuerdo porque seguramente nadie saldría con ese día a andar en bici. O no pensaron en que los que ya estábamos en la calle podríamos necesitar de ellos más que nunca. Tras diez minutos más de mojadura sin que nadie apareciera, emprendí la caminata de regreso a casa rogando que todo pasase rápido. Vi una tercera bicicletería, pero al llegar y encontrarla con candado puesto aprendí la lección de ya no esperar.

Loreto
Mientras la tormenta frenaba el manubrio de la bici sobre la vereda, luego de algunas cuadras a pie por Avenida Juan B. Justo divisé entre la bruma el cartel de una gomería: “Autos, motos, bicicletas”. Sin dudarlo, crucé.
Era un lugar minúsculo, donde apenas entraba un auto en la fosa y algo más. Era como una cueva perdida en el tiempo, donde una “dama bien” nunca debería entrar, a menos que fuese la única posibilidad del mundo. Y en el mío, realmente lo era. El gomero parecía extraído de un cuento de suspenso urbano. Lo vi con una maza grande en la mano derecha golpeando una rueda de auto. Tenía el pelo por debajo de los hombros en varias tonalidades. Las raíces muy blancas, el medio entrecano y un caoba gastado en los veinte centímetros restantes que no quiso mantener. Con el envión en el brazo aún de la maza que acababa de golpear, sosteniendo fragmentos de dentadura postiza con sus labios, con una colita en un lado del cabello despeinado de años que nada sostenía, mugre acumulada y aspecto de loco, como si hubiese llegado de la guerra, con cara de muy pocos amigos se me acercó rengueando y me dijo:
– Doña… ¿en qué la ayudo?
– En cambiar mi mala suerte de hoy para poder volver a casa.
– Ahhh, pinchó la rueda trasera doña. Si me espera veinte minutos se la lleva.
Al lado de la gomería había una estación de servicio. Fui a hacer tiempo y pude por fin tomar el café que me debía, ahora con un alfajor de arroz. La infusión espumosa aclimató en parte el cuerpo y la golosina colaboró con bajar la ansiedad. Desde el teléfono hice un chiste en Facebook sobre lo sucedido y mientras me reía sola con las ocurrencias de los lectores, sabiendo que la Magoocleta estaba siendo arreglada, cambié de humor y fui a buscarla a la gomería del terror. Estuvo lista con puntualidad.
Cuando estaba por pagarle al hombre, el sonido de un ave se escuchó en el diminuto lugar. De repente, sentí un picotazo en la zapatilla mojada. Era un loro digno de su amo. Con colores indefinidos, porque la suciedad de sus plumas no permitía distinguirlos, intentaba desatar mis cordones con su pico aguileño. El gomero loco lo retaba diciéndole “Loreto, no molestes a la señora”, mientras me advertía no tocarlo por su mal carácter. Le pagué agregándole una propina por el favor y con una sonrisa ya más amigable me deseó un buen regreso a casa.
Pedaleando bajo el llanto enfurecido de Santa Rosa, sosteniendo firme la bici, siempre bien pegada al cordón por miedo a no poder maniobrarla con la fuerza del viento que golpeaba el cuadro de costado, fui acercándome al calor de hogar que anhelaba, con el agua que pegaba fuerte y rasposa como arena en la cara.
Al llegar a la torre, mis hijos me esperaban dentro del auto del papá. Con mis calzas frías adheridas a los muslos y empapada les sonreí haciendo sonar el timbre de metal en mi entrada triunfal al edificio. La vida da una de cal y una de arena, y el inconveniente del día fue solucionado con el sentimiento victorioso de haber vencido tras una dura batalla a la tormenta. Ubiqué al entrar a la bicicleta sucia y embarrada en su estacionamiento metálico en el living.
Prendí la computadora y después de mucho tiempo vi una publicación con mi foto, en la que me felicitaban por el relato “Ojos de Cielo”, que había sido publicado en la revista de ciclismo urbano La Guía BAiker y compartida en una página web de ciclismo. Tras disfrutar las palabras alentadoras de quienes lo habían leído y a quienes juro no conocer ni de referencia, el alma me volvió al cuerpo con la linda sorpresa de haber cumplido el sueño de poder publicar, por primera vez, un texto mío.
Nada importó: ni el frío, ni el viento, ni la lluvia, ni la tachuela que alguien tiró para hacer daño en una bicisenda. Seguramente el que actuó con saña no tuvo en cuenta que el pinche maldito se lo iba a llevar una loca a la que le apasiona convertir en literatura sus historias simples. Gracias a la pinchadura, a los desafíos climáticos y a ese artículo que me hizo sentir reconocida en uno de mis hobbies, hoy estoy firme, desvelada y entibiando el alma, a la una y media de la mañana, cerrando este relato, mientras tomo otro café bien caliente…

*Ciclista urbana y cicloturista. Escribe relatos de sus aventuras en bici que pronto formarán parte del libro “¿Pedaleamos? Relatos en Bicicleta.» Info: magoolunadei@hotmail.com

Nota publicada en revista Biciclub Nº 267, marzo 2017.

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ABC

Clases para aprender a andar en bici en Buenos Aires

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Laureano Núñez es ciclista, organiza salidas en bici para principiantes y da clases para todos aquellos –adultos y niños a partir de los 12 años– que aun no saben pedalear y quieren aprender. Las clases son 100% personalizadas.
Las clases se realizan en Puerto Madero, una vez por semana, acordando los horarios según los requerimientos de los alumnos, y duran una hora.
La idea es tener nociones básicas de cómo pedalear en la ciudad, aprender la técnica, perder el miedo y practicar. También se enseñan nociones básicas de mecánica (como arreglar una pinchadura y cambiar una cámara) y teoría básica sobre seguridad vial para movernos de forma segura.
Las clases finalizan cuando el alumno siente que alcanzó su meta y siente que puede seguir por si solo.

Más info sobre las clases: 112823-1343

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Ciclismo urbano

19 de abril: día de la bicicleta

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Bici + LSD: un gran paseo

Desde 1984, mucha gente festeja cada 19 de abril como el día de la bicicleta, pero la mayoría absoluta desconoce cuál es el origen del festejo. El hecho es que en aquel año, 1984, alguien observó que el 19 de abril se cumplía un aniversario del día en que Albert Hofmann tomara accidentalmente LSD por primera vez.
Les contamos la historia.

Albert_Hofmann

Albert Hofmann (1906/2008) fue un afamado químico suizo que entre sus principales logros está el de haber descripto la estructura de la quitina, aunque es más conocido por ser el primero en haber sintetizado, ingerido y por lo tanto experimentado los efectos psicotrópicos del LSD, mientras estudiaba los alcaloides producidos por un hongo parásito del centeno llamado cornezuelo.

La sustancia que Hofmann describiría como “una de las dos o tres cosas más importantes que he hecho en mi vida”, fue sintetizada por él por primera vez en 1938, mientras estudiaba los derivados del ácido lisérgico. La dejó de lado, pero en 1943 volvió a interesarse en ella. Hofmann confiesa que tuvo “la sensación de que esta sustancia podría poseer otras propiedades además de las establecidas en las primeras investigaciones”. Ello lo condujo a sintetizar de nuevo LSD-25, para que el departamento farmacológico del laboratorio Sandoz (hoy Novartis) donde trabajaba llevara a cabo algunas pruebas.

El asunto es que mientras purificaba y cristalizaba LSD le irrumpieron una serie de extrañas sensaciones. Había absorbido accidentalmente una pequeña cantidad del producto a través de la punta de sus dedos. En un informe que le enviara a un colega poco después describiría las sensaciones que lo asaltaron: “Me vi forzado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a media tarde y a dirigirme a casa, encontrándome afectado por una notable inquietud, combinada con cierto mareo. En casa me tumbé y me hundí en una condición de intoxicación no desagradable, caracterizada por una imaginación extremadamente estimulada. En un estado parecido al del sueño, con los ojos cerrados (encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante), percibí un flujo ininterrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos. Esta condición se desvaneció dos horas después.”

Inmediatamente dedujo que había ingerido LSD accidentalmente y que esta sustancia era la que le había provocado aquellas sensaciones, de modo que, como buen científico, decidió llegar al fondo del asunto y experimentar el tema en sí mismo.

Fue así que el 19 de abril de 1943 Hofmann ingirió intencionalmente lo que consideró por entonces una dosis mínimamente efectiva de LSD, 250 microgramos, dando pie a lo que ya es leyenda, quizás el más famoso de los paseos en bicicleta. Nos lo cuenta el propio Hofmann: “A esta altura ya estaba claro que el LSD era el que había causado la experiencia previa, ya que las percepciones alteradas eran del mismo tipo, sólo que ahora mucho más intensas. Tenía que esforzarme por hablar de manera inteligible. Le pedí a mi asistente, que estaba informado del experimento, que me acompañara a casa. Fuimos en bicicletas, ya que por las restricciones de la guerra no había automóviles disponibles. Camino a casa, mi estado comenzó a tomar formas amenazadoras. Todo en mi campo de visión ondulaba y se distorsionaba, tal como se ve en un espejo curvo. También tenía la sensación de no poder moverme, pese a lo cual mi asistente me contaría luego que habíamos viajado muy rápidamente.”

Hofmann, que no podía concebir el uso del LSD más allá de la medicina, sufrió años más tarde la prohibición del LSD por parte de los gobiernos, preocupados por los efectos que producía en ese momento la contracultura hippie, que había “secuestrado” a la sustancia. El estaba convencido del potencial curativo de la droga: “Si fuera posible detener su uso inapropiado, su mal uso, entonces pienso que sería posible dispensarla para su uso médico. Pero mientras siga siendo mal utilizada y mientras la gente siga sin entender realmente los psicodélicos, utilizándolos como drogas placenteras, errando a la hora de apreciar las muy profundas experiencias psíquicas que pueden inducir, su uso médico seguirá parado. Su consumo en las calles ha sido un problema durante más de treinta años. En las calles las drogas se entienden mal y ocurren accidentes. Esto hace muy difícil que las autoridades sanitarias cambien su política y permitan el uso médico. Y aunque podría ser posible convencer a las autoridades sanitarias de que los psicodélicos podrían ser utilizados con seguridad en manos responsables, su uso callejero sigue haciendo muy difícil que estas autoridades sanitarias estén de acuerdo.”

Hofmann murió el 11 de enero del 2008, a los 102 años de edad. Protagonizó en vida el más extraño viaje en bicicleta, drogándose sin intención ni de ganar una carrera ni de sentir placer sino con el único propósito de investigar curaciones para las enfermedades del hombre. Sólo por ello merece que prendamos una vela en su honor… y que demos un paseo en bicicleta en su homenaje.

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Ciclismo urbano

Seguros Rivadavia: Bici Pro, la cobertura especial para ciclistas que compiten

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Seguros Rivadavia desarrolló un seguro que otorga la máxima seguridad a los que andamos en bicicleta: protege al asegurado y a su bicicleta ante fenómenos tales como el robo, los accidentes personales y la responsabilidad civil, pudiendo incluir el robo de efectos personales, equipos electrónicos o daños.

Seguros Rivadavia ofrece tres alternativas, de acuerdo a las características de la bicicleta y el uso dado a la misma: Bici Total, Bici Max y Bici Pro. En esta nota te contamos sobre el plan Bici Pro, un producto especialmente diseñado para ciclistas que participan en competencias amateurs, con mayor flexibilidad en las sumas asegurables y coberturas a medida.

Coberturas
-Robo Total.
-Robo de Efectos Personales.
-Robo de Equipos Electrónicos Portátiles.
-Daños a la Bicicleta.
-Muerte Accidental.
-Invalidez Total y Parcial Permanente por Accidente.
-Gastos de Asistencia Médico-Farmacéutica por Accidente.
-Cobertura de Responsabilidad Civil del Ciclista.

Coberturas adicionales para todos los planes
Con el fin de brindar un servicio de excelencia, para este seguro se ofrecen, sin cargo, los siguientes servicios ante una urgencia:
-Traslado por avería de la bicicleta.
-Asistencia por rotura de neumático.
-Reintegro de medicamentos como consecuencia de intento de robo.
-Envío de taxi o remís para traslado a domicilio a causa de robo.
-Envío de ambulancia hasta el centro médico más cercano en caso de accidente.
-Cambio de cerraduras por robo.
-Envío de taxi o remís hasta la dependencia policial más cercana en caso de robo.
-Reembolso de gastos de DNI por robo.
-Asesoramiento legal ante el robo o accidente sufrido.
-Conexión con centros de reparación de bicicletas.

 

Visitá el cotizador online de Seguros Rivadavia en http://www.segurosrivadavia.com/personas/bicicletas/cotizacion.php

Para más información: www.segurosrivadavia.com | 0810-999-3200 | info@segurosrivadavia.com
O bien contactarse con cualquiera de los Productores Asesores de Seguros Rivadavia en todo el país.

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Ciclismo urbano

Ya está todo listo en Mar del Plata para el 5° Foro Argentino de la Bici, a celebrarse entre el 10 y el 12 de noviembre

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El evento ciudadano a favor de la movilidad sostenible más importante del país ya está preparado para recibirte en la ciudad de Mar del Plata entre el 10 y 12 de noviembre próximos. Luego de que en el pasado pre-foro en la Villa Victoria se viviese una jornada de gran entusiasmo y amor por la bicicleta, la ciudad se prepara para la quinta edición de un Foro que reúne a gente del todo el país.


El  cronograma aún no está cerrado, pero  podemos  adelantar  algunas  actividades que pondrán muy felices a quienes amen a la bicicleta y la movilidad sostenible.

El día viernes 10 de noviembre, las actividades se realizarán en la Plaza Mitre (Colón y Mitre). Allí habrá varias charlas:
-Cómo construir infraestructuras seguras.
-Siniestralidad vial.
-ONGs vinculadas a la bici y el cicloactivismo.
-Una actividad con la ONG marplatense Guías a la par, con prueba de tándems y convocatoria de guías.
-Demostraciones de bicipolo, deporte que está arribando a Mardel.
-Números de monociclos y demostración de Stunt.
-Talleres para infancias, para aprender a andar en bici y cuidados a tener en cuenta.

Y a las 17 hs se saldrá pedaleando en caravana hacia el camping municipal Centro Scout, donde acamparán los cicloviajeros que vayan llegando desde todo el país, y a donde se desarrollarán los siguientes días del Foro.

Esa misma noche se proyectarán cortometrajes y habrá un encuentro en el bar cultural La Periferia, ubicado a unas cuadras del camping.

El día sábado, ya en el camping, la jornada comenzará con una clase de yoga ofrecida por Lulea. Luego se realizará un paseo en bici recorriendo la naturaleza de la zona, para
regresar al medio día y disfrutar de un día pleno de charlas interesantísimas, entre otras:

-Mujeres y disidencias en el mundo de la ciclomecánica.
-Experiencias de viajar en bicicleta.
-Psicología del tránsito.
-Diseño y arte enfocado en la bicicleta.

También habrá talleres de primeros auxilios, emparchado y sobre aprender a andar en bicicleta.

En la jornada del domingo, más distendida, se eligirá la ciudad sede del FAB 2025 y luego de almorzar se partirá en una caravana colectiva hacia el centro, para darle un cierre a puro pedal, a este encuentro que dará que hablar.

Recordamos que todas las actividades son gratuitas y abiertas a toda la comunidad.

Info: Agustín Arevalo (11 58222110)  | Luciana Fernandez Ravelo (11 69811446) |  Vanesa Camino (2233 482931) | Luz Calabrese ( 2235 794099)
Fotos: Patricio Devoto y Soledad Gonzalez Lagarde  @soledadgonzalezlagarde

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