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Reflexiones en dos ruedas

Enfermedad y deporte: “Mi debilidad se transformó en mi fortaleza“

Una enfermedad discapacitante ayudó al protagonista de esta nota a convertirse en un deportista full time de las dos ruedas, a las que llegó luego de tener que abandonar el béisbol, su deporte de origen, como consecuencia de su enfermedad.

Nació en Zapala, Neuquén y actualmente vive en La Silleta, Salta. A partir de los 45 años, un fuerte dolor en la zona de la pelvis llevó a Carlos Lezcano (53) a una consulta médica. Luego de un largo año de estudios llegó el diagnóstico: espondilitis anquilosante, una forma de artritis muy severa (ver información al final de la nota). En ese entonces jugaba béisbol, deporte en el que además era entrenador de infantiles.

Al no poder continuar jugando por los dolores que le producían los impactos al correr, comenzó a descubrir que “con la bicicleta no aparecían esos dolores y sobre todo – recalca- a disfrutar de la naturaleza, lo que me desenchufaba. Empecé con la bici en el 2016, después que me diagnosticaron la enfermedad. Seguí jugando al béisbol unos años más, pero no pude seguir por los dolores, más que nada en el  tobillo.”

Finalmente abandonó el béisbol y se fue volcando más y más a la bicicleta. Arrancó con una  rodado 26 del 98 que tenía en su casa y al tiempo se pasó a una rodado 29 con cuadro de aluminio modelo 2017. Pero algo le faltaba, “y era precisamente sentir la competencia de los domingos que me daba el béisbol. Así que me decidí a correr y en el 2018 me hice de una bicicleta con cuadro de carbono, me entusiasmó más el tema y en el 2019 vino la rutera, para entrenar de otra forma y bajar costos en la MTB. Pero bueno, hoy ya estoy metido hasta el cuello (ríe), tratando de mejorar y entrenar más para para enfrentar mayores desafíos.”

Hoy Lezcano, que forma parte del team Palito Macías Bike, entrena seis días a la semana de 2 a 5 horas diarias, según lo que toque hacer con la bici de ruta o la de mountain, compite en MTB, le gusta particularmente el cross country y eventualmente algunas carreras de travesía.

“La bicicleta es fundamental para mí tratamiento -asegura-, ya que me permite mover todos mis músculos, huesos y mente al cien por ciento y no solo no me produce dolor sino que, al contrario, me ayuda a fortalecerme, acompañándola con entrenamiento físico y psicológico personalizado en el club Kine. Además consumo buena alimentación, descanso y trabajo mi parte espiritual con la práctica del tai chi chuan y el zhineng qigong, que me aportan bienestar y me ayudan a sobrellevar mis dolores cuando aparecen. Trato de no tomar ningún remedio y siempre estoy acompañado de un reumatólogo, que me alienta al deporte y me controla, ya que el secreto está en moverse. Me apasiona el deporte y siempre me ha gustado aprender lo más posible sobre ellos. En definitiva, siento que tengo que agradecer a mi enfermedad porque con ella llegué a hacer cosas que no me imaginaba que podía lograr. Mi debilidad se transformó en mi fortaleza.”

 

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La espondilitis anquilosante

Esta dolencia es una forma de artritis que afecta las articulaciones de la columna. Su nombre viene de las palabras griegas ankylos, que significa rigidez de una articulación, y spondylo, que significa vértebra. La espondilitis causa inflamación (enrojecimiento, calor, hinchazón y dolor) en la columna vertebral o en las vértebras. A menudo implica la inflamación de las articulaciones sacroilíacas, donde la columna se une a la pelvis.

En algunas personas, esta enfermedad puede afectar a otras articulaciones, hombros, costillas, caderas, rodillas y pies., así como a los lugares donde los tendones y los ligamentos se unen a los huesos. A veces puede afectar a otros órganos como los ojos, los intestinos y, muy rara vez, al corazón y a los pulmones.

Muchas personas que tienen espondilitis anquilosante tienen dolor de espalda leve que va y viene. Otras tienen dolor severo y constante y algunas pierden la flexibilidad en la columna. En los casos más graves la inflamación puede hacer que se unan dos o más huesos de la columna, lo que puede hacer que la caja torácica se endurezca y que se reduzca la capacidad pulmonar.

Suele aparecer en adolescentes o en adultos jóvenes.


*Carlos Lezcano nos dejó un hashtag: #voyporvosea y su cuenta @eldubislezcano para los que quieran conectarse con él.

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Ciclismo urbano

Calles salvajes: “Hoy quisieron matarme”

Tengo 21 años, desde hace más de 10 que me manejo con bastante autonomía por la ciudad. A los 9 o 10 años empecé a ir a la escuela en bicicleta, vivía en Baigorria. Cuando empecé la secundaria me empecé a mover en colectivo por un tema de distancia y tuve a la bici bastante abandonada, hasta que me mudé a Rosario.
Al poco tiempo de mudarme la bici se hizo una parte fundamental de mí, no sólo para trasladarme sino para trabajar. Recorrí diversas “plataformas” de envíos a domicilio y después empecé a hacer bicimensajería por mi cuenta. El último gran cambio que hice fue meterme en la mecánica de bicicletas, que es mi trabajo actual.
Moverse en bicicleta en la ciudad es algo que puede ser fantástico, y este año, entre la pandemia y los meses donde no hubo transporte urbano, esto se evidenció fuertemente. Rápidamente la municipalidad de Rosario dispuso nuevas bicisendas en las principales avenidas de la ciudad (un reclamo que se venía haciendo desde hace mucho).
Pero pese a todos los avances que hubo (principal y casi únicamente más bicisendas), andar en bici por la ciudad sigue siendo un desafío. Podría nombrar de memoria diversos lugares específicos donde por un diseño mediocre y hasta diría negligente, la nueva infraestructura ciclística genera más problemas que soluciones. Desde la esquina de Entre Ríos y Córdoba, donde por culpa de taxis, patrulleros y autos particulares mal estacionados, los colectivos siempre se terminan subiendo a la bicisenda, o la bicisenda de Avenida Pellegrini, por donde constantemente las motos circulan a alta velocidad.
Hoy me tocó vivir un par de situaciones de riesgo. Venía por la bicisenda de Avenida Ovidio Lagos al 4000, una camioneta dobló a la izquierda sin el guiño y sin mirar y estuve a centímetros de terminar abajo. Un par de cuadras más al norte, otra camioneta, esperando para doblar a la izquierda, nuevamente sin el guiño y completamente cruzada sobre la bicisenda. La pude esquivar por la derecha y al pasar golpeé en la parte trasera de la chata para hacerle saber que estaba haciendo todo mal. Avancé unos metros, miré para atrás, la camioneta puso reversa en el medio de la avenida y encaró para mi lado. Seguí avanzando y para poder tomar más distancia pasé un semáforo en rojo. La camioneta hizo lo mismo, pasó el semáforo en rojo, adelantando a los demás autos por la derecha. Me alcanzó. La tenía a centímetros atrás mío. Sentía como aceleraba y clavaba los frenos justo antes de tocarme. No sabía si la contaba. El escenario de ser atropellado cada vez era más real y cercano. Doblé en contramano a la derecha. La camioneta también dobló en contramano. Ya estaba, no le importaba nada. Vi un garaje abierto, un taller mecánico, me metí. No había nadie, pegue unos gritos, no salía nadie. Por suerte aparecieron unos vecinos que habían visto toda la secuencia y se quedaron un rato conmigo. Nunca me temblaron tanto las piernas.
No sé cuál es la solución pero tengo en claro cual es el principal problema. Ningún ciclista puede estar seguro en la calle mientras haya gente arriba de un auto con este tipo de actitudes negligentes y en algunos casos criminales. Y al estado parece no importarle. ¿Cuándo fue la última vez que escucharon de una multa por no usar el guiño? ¿Alguna vez vieron cómo multaban a una moto por ir por la bicisenda?
Es incontable la cantidad de veces que sufrí en carne propia la negligencia, impunidad y violencia por parte de automovilistas. Ya me cansé. Me cansé de pedir las cosas bien, me cansé de decir amablemente (o no tanto) “poné el guiño”, me cansé de que me manden a la mierda después de eso, que me amenacen de muerte o que me digan que en la esquina se bajan y me cagan a piñas. Si vas a poner en riesgo mi vida por no usar el guiño o no mirar los espejos y encima ni siquiera vas a pedir disculpas o aceptar tu error, si creés que no merezco circular en la misma calle por la que lo haces vos, no esperes que reaccione amablemente, se acabó, podes despedirte del guiño o del espejito que no usás. No te preocupes, eso se puede volver a comprar, y si existiera una multa debería ser bastante más cara.
¿Los ciclistas a veces hacemos cosas incorrectas? Solo puedo hablar desde mi lugar, y sí, paso semáforos en rojo a diario entre otras cosas, pero con la certeza de que jamás puse en riesgo la vida de nadie, ni siquiera la mía, y muchísimo menos a propósito.
Si un día me muero en un “accidente” probablemente sea abajo de una Hilux último modelo con todos los papeles al día.

Julian Casiello: juliancasiello@gmail.com

Foto: @bicipaladin

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Reflexiones en dos ruedas

Según las Naciones Unidas hoy es el Día de la Bicicleta

Durante el mes de abril del año 2018 la Organización de las Naciones Unidas decidió proclamar al 3 de junio como el Día Mundial de la Bicicleta, reconociendo en sus considerandos los múltiples beneficios que trae la bicicleta a la humanidad y en particular “la singularidad, la longevidad y la versatilidad de la bicicleta, que lleva en uso dos siglos y que constituye un medio de transporte sostenible, sencillo, asequible, fiable, limpio y ecológico que contribuye a la gestión ambiental y beneficia la salud”.
La Organización de las Naciones Unidas asigna días internacionales con la intención de “sensibilizar al público en general sobre temas de gran interés, tales como los derechos humanos, el desarrollo sostenible o la salud. Al mismo tiempo, pretenden llamar la atención de los medios de comunicación y los gobiernos para dar a conocer problemas sin resolver que precisan la puesta en marcha de medidas políticas concretas”.
En fin, ya había un día mundial de la bici, cuya fecha, el 19 de abril, fue elegida por los propios ciclistas hace décadas, cosa que a la ONU parece no importarle. Igualmente, en buena hora, gracias por la gentileza y ¡chin chin por la bici, hermosa!

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Ciclismo urbano

Sí, digámoslo, en Argentina el coronavirus le salva la vida a 20 personas por día

Cambiar el paisaje urbano, con más gente en bici y caminando que en auto, ya no hay que imaginarlo, lo hemos constatado. Todos nosotros hemos cruzado durante estos días una calle o avenida por cualquier lugar, todo nosotros hemos visto en algún momento arterias desiertas, semáforos inútiles, pasos de cebra en desuso.
Y también hemos podido constatar que en Argentina la fatídica cifra de unos 20 muertos por día en accidentes de tránsito ha descendido prácticamente a cero. El coronavirus ha matado a mucha gente, pero “gracias a él”, al haber tan pocos autos en las calles, en este mes que lleva la pandemia, unas 600 vidas se han salvado y unas miles de personas no han quedado lisiadas de por vida tras ser parte de un “accidente de tránsito”.
Puede que el dato parezca banal y que el razonamiento capcioso, pero no lo es. Los muertos por coronavirus en este mes no llegan a 100, mientras que los que han salvado su vida por que el coronavirus ha restringido la presencia de automóviles en las calles son cerca de 600 y miles los que se han salvado de quedar con secuelas.
¿Nos quedará como saldo algún aprendizaje social, cultural y político de esto? ¿Aprenderemos ahora que los miles de muertos por año por causa del tránsito automotor son por causa de una pandemia? ¿No será que hay que restringir drásticamente y para siempre la circulación de automóviles en las ciudades? ¿No será esta la gran oportunidad? ¿O los 100 muertos por coronavirus de este mes son más importantes que los 600 que hubieran muerto por “accidentes”?
En fin, para reflexionar.

Por Mario García

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Ciclismo urbano

Coronavirus: el camino de salida

Sea como sea, que la salida de esto sea caminando, en bici o en patines, que las calles se cubran de gente, no de autos, que el aire sea cada vez más puro y limpio, que nuestros pulmones estén preparados para enfrentar a sus enemigos. Sin autos, sin gases, sin agrotóxicos. Que la salida de esto sea un homenaje a la vida.

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