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Cicloturismo

Pedalea o muereh: una familia circletera (sí, circletera) y un viaje sin destino

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“Hace un año salimos de Olavarría con los pedales floreciendo justo con la primavera. Junto con cuatro amigos más, doce ruedas de bicicleta nos dirigimos al sur de la Argentina. Llegamos hasta Bariloche para saber que la hermosa familia circletera (N. de la R.: sí, así, circletera, mezcla de circo y bicicleta) cambiaba de deseos y así fue como nos despedimos.” 

Con estos renglones empieza el primer email que nos mandaron Lusi y Gise para contarnos el viaje que luego de aquella vuelta por el sur argentino decidieron hacer juntas con una primera meta, Brasil, pero sin destino fijo ni mucho menos final. 

Cuando pegaron la vuelta del sur, Lusi y Gise volvieron a la ciudad de Olavarría un primero de abril para abrazar a sus familias y seguir, ahora con ganas de conocer las Cataratas y después cruzar a Brasil.

“Fue duro, fue muy duro —recuerdan en aquel primer email—, pero coronamos los días pedaleando más de lo que creíamos que podíamos, superadas en aprendizajes de portuñol, orgullosas de lo que logramos y pedaleando para no morir.”

Hoy cuentan su modo de vida desde @pedaleaomuereh. Seguilas, vale la pena. Y nos mandaron el texto que podés leer a continuación.

Pedalea o muereh: un viaje sin plan…

Por Lusi y Gise

El día que se estableció la cuarentena, nos encontramos con unos amigos que recién habían vuelto de México.

Hacía dos meses que habíamos vuelto de Ecuador, nuestro primer viaje a dedo durante un año. Pasamos por Bolivia y Perú y en Salta adoptamos a Elado, una gatita negra.

Como a todos, la pandemia nos dejo en shock, pero cuando empezamos a encontrar la libertad para salir a la calle a laburar (ya que hacemos arte en las calles), aprovechamos.

Con un golpe de suerte y algunos ahorros compramos las bicis (la idea de seguir viajando nunca desapareció, pero ahora le habíamos agregado ruedas a las ganas).

Nacimos en Olavarría, una ciudad (bonaerense) llena de arte, donde quienes estamos en la movida independiente somos todos amigos y la mayoría viajeros. Nos juntábamos mucho a entrenar, a comer, para ir a algún evento y para los cumpleaños coordinábamos encontrarnos en el camino. Terminamos siendo varios paseando en bici y fantaseando con la idea de viajar en galera… y así fue como sucedió.

Firmamos contrato (imaginario por supuesto) y empezamos los preparativos.

Nos fuimos adentrando en la mecánica, aprendiendo a parchar y toqueteando un poco las bicis para ver qué onda.

Eze y Leo, salieron un mes antes hacia el Partido de la Costa y junto con ellos volvió Fran, marajense (N. de la R.: gentilicio de Mar de Ajó).

Durante ese mes nos reuníamos con la Flo. Ella había viajado por Brasil en bici junto con Olga, una perrita brasileña amante del sol. Nos enseñó a armar unas alforjas con bolsas de alimento para perros y el resto fueron agarres improvisados.

El 21 de septiembre del 2021 salimos rumbo al sur Flo, Leo, Eze, Fran, Lusi, Gise, Elado y Olga. Juntos eramos “Elado de Olga CIRCLETEROS”. 

Durante 8 meses hicimos funciones de circo para juntar la plata para comer, recorrimos Buenos Aires, los calores extremos de La Pampa, Río Negro y el valle de Neuquén. Fue una hermosa convivencia y aprendimos un montón para luego largarnos a la ruta solas. 

En Bariloche nos tocó despedirnos. Nosotras queríamos conocer Brasil desde hacía rato y ya era hora. Así que pegamos la vuelta.

Pasamos por nuestra ciudad natal para saludar a la familia. Un mes en Olavarría y apareció Moro, la cachorra, que no tenía planes de ser pequeña.

En mayo del 2022 partimos rumbo a Misiones. Hicimos la ruta 14, conocimos algunos de los saltos más turísticos y pasamos por San Pedro a saludar a una amiga.

En Puerto Iguazú nos quedamos un mes. Nos instalamos en la YPF que esta a 1 kilómetro de la aduana, donde conocimos gente muy hermosa con la que conectamos mucho, juntamos la plata para conocer las Cataratas, siempre con malabares, sahumerios, algunos piercing o un poco de música, y laburamos un poco más para cruzar la frontera con algunos ahorros.

Después de 3 meses en la tierra colorada, junto con Moro y Elado, atravesamos la aduana.

No hablábamos nada en portugués, pero poco a poco fuimos entendiendo cómo funcionaba y cómo era la cultura. Atravesamos Foz Do Iguaçú por una ruta alternativa hasta llegar a la 277, que iba a ser la única ruta que transitaríamos durante los próximos meses.

Al principio fue difícil. Los postos (estaciones de servicio) se convirtieron en nuestra casa en el estado de Paraná, con duchas gratis y permiso para armar la carpa. Íbamos seguras.

Así cruzamos todo el estado, pasando por Cascavel, Guarapuava, y antes de llegar a Curitiba perdimos a Eladito en un accidente. Nuestra compañera desde hacía 4 años ya no estaba y eso nos rompió el corazón. Nos sentíamos tristes, cansadas y sin fuerzas.

Deseábamos estar en casa, abrazadas a nuestros padres, madres y hermanos. Recibimos un montón de mensajes hermosos, acompañándonos. Pero decidimos seguir viaje porque nos pareció que la ausencia de Elado se iba a sentir más estando en casa.

Para nuestra suerte, en Curitiba nos recibió una familia que habíamos conocido en la ruta. En Paraná fueron muchos días de lluvia, muchos morros y subidas muy difíciles. Veníamos golpeadas y esa semana con la familia Sawazaki fue un mimo al alma. Nos adentramos un poco más en el idioma, hicimos intercambios culinarios y nos levantaron el ánimo, cosa que nos sirvió para tener más energías a la hora de seguir.

Después de un mes y medio cruzamos al Estado de São Paulo y llegamos al fin al litoral. La primera playa fue Peruibe, y avanzamos por la ruta 101, que costea el país, para disfrutar del mar. 

Es inexplicable la magia que se encuentra dentro de las playas paradisíacas que nos sorprenden al otro lado de los morros. Barra Do Una, Maresias, Toque Toque, Uabatuba (donde llueve mucho) y las que nos faltan por conocer…

No tenemos un plan real; cuando nos preguntan decimos que vamos hasta Colombia o que queremos llegar al litoral norte de Brasil. Pero la realidad es que nuestros planes cambian todo el tiempo y como vamos tranquilas y sin apuros le hacemos caso a la intuición si pinta quedarnos o irnos de un lugar.

Por ahora llegamos a Rio de Janeiro, nos encontramos con unas amigas en Paraty, quienes se prendieron a la locura y se compraron unas bicis para seguir con nosotras. Paramos un mes en la ciudad histórica para reparar, hacer unos cambios bonitos a las bicicletas y seguir.

Mientras, nos ordenamos, paseamos y de paso vamos subiendo registros de nuestras aventuras en nuestras página de instagram @pedaleaomuereh y algunos cortos que hacemos a Youtube.

Gracias, mamá y papá, hermanos y amigos, por estar del otro lado de la pantalla, siempre haciéndonos sentir su amor. 


https://www.instagram.com/pedaleaomuereh/?hl=es-la | gisemartinnzz@gmail.com 

Cicloturismo

Cicloturistas Bahienses: diversión a pedal para todos los gustos y capacidades

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Con el paso de los años y el crecimiento imparable de la actividad cicloturista en la Argentina, la zona de Bahía Blanca fue convirtiéndose en un importante centro de actividades para una gran cantidad de agrupaciones de ciclistas, desde pequeños grupos que hacen salidas suburbanas hasta agrupaciones muy numerosas que abarcan todas las posibles facetas de la actividad. 

Entre estos últimos está el grupo Cicloturistas Bahienses, que se fundó en abril del 2021con el objeto de difundir y promover toda la actividad vinculada al ciclismo, los viajes en bici, las salidas locales, zonales y regionales, concretando recorridos cortos y largos, en grupos o individuales. Hoy lo integran más de 150 ciclistas, entre los cuales los hay de Bahía Blanca y también de la ciudad vecina de Punta Alta.

Una importante característica de Cicloturistas Bahienses es que además de la actividad central sobre las dos ruedas, la agrupación colabora participando en campañas solidarias con establecimientos escolares de Bahía Blanca y de la región y también brinda su aporte a la Plataforma de Sustentabilidad Integral, una importante institución que fomenta la movilidad sustentable a través del uso de la bicicleta y el cuidado del medio ambiente y que organiza congresos internacionales de la temática.

En cuanto al día a día, no solo los administradores del grupo organizan las salidas, ya que es posible que  cualquier integrante pueda proponer y organizar una, para lo cual debe indicar el destino, la distancia a recorrer, el horario de salida y el grado de dificultad de acuerdo al camino que se transitará. Esto permite que a veces haya más de una salida a diferentes lugares en un mismo día. Una vez aprobada la propuesta por los administradores, esta se difunde a través de Whatsapp, Facebook e Instagran. 

Las salidas diarias más habituales se realizan a la zona rural o la marítima lindantes a la ciudad de Bahía Blanca y los fines de semana o feriados a zonas más alejadas, como la localidad de Cabildo y localidades que integran el partido de Tornquist como Saldugaray y Sierra de la Ventana, entre otras, o del partido de Villarino.

En verano se organizan salidas nocturnas, ya sea para ver la salida de la luna llena a Puente Canesa (puente sobre el Arroyo Naposta), la puesta del sol en el muelle de General Cerri o desde la playa de Villa del Mar (Punta Alta).

Un abanico de actividades definitivamente para todos los gustos y capacidades.

En redes: @cicloturistasbahienses

Walter Martínez: wj_martinez@yahoo.com.ar

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Cicloturismo

Gabriela Sabatini: enamorada de la vida, de Argentina… y de la bici

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Residente en Suiza, Gabriela Sabatini no deja de visitar con frecuencia su país de origen. En esta ocasión pedaleó las Salinas Grandes jujeñas y otros puntos de la provincia. En sus redes, la extenista, hoy frecuente ciclista, posteó una selección de fotos de su viaje con un texto más que elocuente.

Ya en Jujuy, Gaby no solo pedaleó las Salinas Grandes, sino que aprovechó para visitar los mejores puntos de la provincia norteña.

Fotos: Instagram @sabatinigabyok

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Cicloturismo

10 imperdibles consejos para cicloturistas

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Viajero incansable y profesional de la actividad, Diego Andrich se subió a la bici en 1992 y no paró de viajar. Toda su experiencia la vuelca diariamente en su Tienda de Biciviajeros, de Caballito (CABA), especializada en cicloturismo. Lo que siguen son 10 de sus consejos para viajeros en bicicleta.

1  ¡Hidratá, siempre hidratá!

Agua fría, agua tibia, lo que te guste, pero siempre hidratá. Y si en tu recorrido no sabés dónde vas a conseguir agua, buscá una casa, un arroyo, un río y llená todos tus envases. ¡Hidratá, siempre hidratá!

2  Para cocinar, agua de mar

Un buen tip es que cuando hacés tu planificación y sabés que tu ruta pasa cerca del mar, podés utilizar el agua marina para la cocción. A lo sumo la dejás hervir un rato antes de poner la comida, pero de esta manera te ahorrás el consumo del agua potable, siempre imprescindible en los viajes en bicicleta.

3  Linterna de bicicleta, linterna frontal

Pedalear de noche tiene algunos secretos. No es imposible, aunque puede ser algo peligroso, pero un buen secreto es que más allá de la cantidad de lúmenes que tengas en tu iluminación es tener dos luces: una que va fija en el manubrio de la bicicleta y una linterna frontal en el casco. ¿Por qué esta última? Por la curiosidad: uno va pedaleando por un sendero, un camino nocturno totalmente oscuro en el medio de la nada y escucha un ruido y lo que uno hace automáticamente es querer ver qué produce ese ruido. Entonces, una linterna frontal te permite iluminar hacia ahí y evita que, al no tenerla, de manera inconsciente muevas el manubrio para poder ver y se produzca un accidente. 

Otra razón es que en un sendero la luz del manubrio no nos permite ver una curva que aparece de repente, mientras que la luz del casco permite que con un movimiento de cabeza logremos iluminar la curva que se nos viene encima.

Entonces: linterna de bicicleta y linterna frontal, dos productos que conjugados hacen que tu pedaleo nocturno por el medio del campo sea más seguro.

4  Precauciones al recoger agua de arroyo  

A la hora de sacar agua de un arroyo cerciorate que no haya animales bosteando y en general que no haya animales en el cauce. Y siempre que saques agua de un arroyo, que sea aguas arriba del cruce del camino por el que estás transitando, de manera de evitar que si hubo alguna contaminación producida por un vehículo ésta no esté en el agua que vas a recoger.

5  Comida liofilizada

En el bikepacking, por un tema de espacio se incorporó algo que ya existía en el mundo del aire libre, la comida liofilizada, que es comida ya cocinada y deshidratada, a la que solo hay que agregarle agua hirviendo, esperar 10 minutos, revolver, y ya está lista para comer. De esta manera evitás tener que transportar insumos, condimentos y un montón de cosas que ocupan mucho espacio. 

Muchas marcas de comida liofilizada ya vienen con un envase listo para que le agregues el agua al mismo envase de la comida, pero eso nos genera el problema de no dejar rastros, ya que generamos mucha basura por cada porción de alimento que llevamos. Por eso, algunas marcas están comercializando comida liofilizada a granel. Vas a la tienda especializada y comprás la cantidad de porciones o raciones que necesitás para tu viaje y las transportás en un envase reutilizable.

6  Menos basura

Un buen tip para no tener más basura que la mínima necesaria, es fraccionar los alimentos que vas a llevar en la salida. De esa manera generás menos basura, ya que a los envases en donde transportes el alimento fraccionado los podés reutilizar

7  Fuentes de energía

Otro dato importante a la hora de planificar un viaje en bicicleta es calcular la cantidad de horas en que vas a necesitar tu iluminación, ya sea una linterna de bicicleta o una frontal. En ese punto tenés que elegir qué te conviene más, si una linterna recargable o una linterna con pilas recargables. En el primer caso es sumamente importante comprar un power bank para recargar energía y en el segundo llevar pilas recargables de repuesto.

Lo ideal es combinar los dos sistemas de alimentación, uno recargable y otro con pilas, para que uno por lo menos lo tengamos a disposición.

8  Alimentos que absorban agua y no que la derrochen

Cuando hacés la planificación de tu viaje y sabés que vas a tener poco acceso al agua, está bueno pensar en alimentos que a la hora de cocinarlos absorban el agua y no como, por ejemplo, los fideos, en los que se desperdicia mucha agua. De esa manera vamos a necesitar menos agua o por lo menos no vamos a desperdiciarla.

9  El lugar, la época, el fuego y otras yerbas

A la hora de planificar es clave entender que lo importante no es solamente encontrar un buen recorrido sino averiguar en qué época del año está bueno ir por las condiciones climáticas, las temperaturas. También está bueno investigar dónde conseguiremos agua, dónde podremos comprar comida, dónde estará bueno dormir. No está bueno dormir en cualquier lado, en ocasiones incluso por el rastro que vamos a dejar. Obviamente, nunca encender fuego, a menos que sea un lugar sumamente preparado para eso y siempre dejar el lugar en las mismas condiciones en que lo encontramos, o mejor, para que la persona que viene atrás pueda disfrutar tanto o más que nosotros.

Repito: el fuego siempre y únicamente en el lugar que está especialmente preparado para eso. La fogata queda muy linda pero no va en cualquier lugar.

10  Cómo tomar agua caliente

Hablemos un poco de cómo combatir la deshidratación. El agua caliente es difícil de tomar pero es mucho más amena si le agregamos unas hierbas o un saquito de té o de mate cocido. Esto la hace más agradable al paladar y la tomamos más fácil. Incluso es posible agregarle hasta un poco de azúcar si ese es tu gusto. El agua caliente hidrata igual que el agua fría, pero al paladar no es agradable.

Por Diego Andrich: www.tierradebiciviajero.com.ar | 11-24670104

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Cicloturismo

Apuntes de un viaje playero y campestre por el sur de Buenos Aires y consejos prácticos para hacerlo

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Un viaje desde Mar del Plata hasta Pigüé, pedaleando por caminos rurales y playa, con días de lluvia y días de calor. Fragmentos de un diario escrito durante 850 kilómetros y 75 días de viaje.

KM 76

El camino está embarrado de la lluvia de los últimos días. Avanzo lento, pero avanzo.⁣⁣

En una curva saco fotos y veo la bruma avanzar por el campo, la neblina que no deja ver el horizonte y el aire gris plomo. En cualquier momento se larga a llover, pienso. Y se larga: refucila y llueve más y más fuerte, con furia. El barro me salpica.

Llueve con tanta intensidad que es como si me lloviera dentro de la cabeza: se me estanca el pensamiento. No sé si seguir o si dejar la bici tirada y alejarme. Viajar sola implica cargar con todas las decisiones y a veces me sabe a poco y a mucha presión tener solamente mi punto de vista. Me acuerdo de haber leído que en caso de tormenta eléctrica, si no hay refugio, lo mejor es alejarse de vías de tren, alambrados y de la bicicleta misma. En una tranquera hago eso: apoyo la bici ahí y me acuclillo a unos metros. Me miro desde afuera y solo atino a pensar qué hago pedaleando un día así.

KM 114

La calma del ambiente empieza a arremolinarse en llovizna y viento, sobre todo viento, viento en contra, fuerte y húmedo. Todo a mi alrededor es una bruma celeste. Empiezo a sentir hambre. Después de una curva veo un almacén viejo, cerrado. Apoyo la bici y un señor sale de la casa de atrás. Me pregunta si necesito algo y le pregunto si puedo quedarme bajo el alero que está detrás de la puerta, en su patio. Me dice que claro.

Dejo la bici bajo la galería y me siento en un borde de cemento. Saco el tupper con arroz que traigo desde Mar del Sur. Fue apenas ayer al mediodía que Oscar me lo dio, aunque pareciera que fue hace semanas. Como dos cucharadas y sale una chica de la casa, caminando hacia mí con algo en la mano, y cuando está enfrente extiende las manos que sostienen dos empanadas envueltas en servilleta de papel.

Cuando termino de comer vuelve la chica. Se llama Faima. La siguen dos nenas; son sus hijas, tienen seis y cuatro años. Ella, veintidós. Su papá dice que vaya bajo el techo hasta que pase la lluvia. La acompaño, me da una silla y ella se sienta en otra. Conversamos: de vivir en el campo y cómo le gusta, de la escuela de las nenas, de ser madre soltera y que sus papás la ayudan porque el chico vive en la ciudad, de que le gustaría estudiar la Tecnicatura en granos pero le faltan cuatro años de secundario y este año quiere empezar la nocturna sí o sí, de que al no tener auto viven en una cuarentena permanente.

Termino armando la carpa a las 4 de la tarde. Faima me pregunta si me quiero bañar, que cuando el agua esté caliente me avisa. A las siete y media todo está oscuro, mucho más que un día despejado. A la noche se acerca a preguntarme si quiero guiso calentito, que su mamá cocinó. Antes de dormir solo puedo agradecer. 

KM 538 

Dejo la bici en la arena y camino unos cien metros hacia adentro, donde la playa se ondula y se transforma en médanos. Cada tanto me doy vuelta a mirarla: es tanta la inmensidad que siento que puedo perderme.

En los médanos busco resguardo: esta noche va a haber viento norte. Subo y bajo por los contornos de arena, buscando un lugar donde entre la carpa. Arriba de un médano me doy vuelta a mirar la bici y algo en el pecho se estruja: tengo miedo de no creer que estoy acá, que adelante mío solo hay mar y horizonte. Acá, abajo mío, la arena está tibia. Arriba, el sol, también. Bajo por otro médano: quedo rodeada de arena y el viento se apaga. Vuelvo a buscar la bicicleta, intuyendo la arena más firme: dejo las huellas marcadas como las migas del camino a casa.

KM 600

Quedan ocho minutos para el amanecer. Arriba, en los árboles, los pájaros silban. ¿Alguna vez los escuchaste? Son como una orquesta, coordinados: los graves primero, los agudos después, el punto álgido en el momento exacto en que sale el sol. Como si supieran, como si celebraran. Hoy no escucho la última parte: ya estoy en el mar y las olas lo cubren todo.⁣

Camino por la playa. Veo un lobo marino. Hay gaviotas y dos personas más. Está frío y húmedo, esa amalgama que cuesta a veces diferenciar. Me acerco hasta la orilla, y el agua fría me eriza la piel. Después me acostumbro y encuentro placer en eso, en que se me erice la piel. Camino por la orilla como una malabarista, haciendo equilibrio entre la tierra y el mar. Mi cuerda floja son estas ganas tremendas de querer retener este momento, esta sensación. Veo mis pies abrazando la arena, piel con piel, como dijo M anoche. La piel nuestra con la piel de la tierra.

KM 682

Son las seis. Hace nueve horas que estoy en la ruta. Nueve horas de sol, viento en contra, tierra y calor. El sol, a esta hora, está dorado: debería encontrar dónde acampar. Todo a mi alrededor es campo, alambrado y cosecha. No cruzo a nadie desde hace horas. En el cielo no hay una nube. El cansancio encuentra espacio en todo mi cuerpo: las piernas acumulan kilómetros, la piel fue hogar de demasiada tierra y sol, la cabeza está agotada por el viento.⁣⁣

Veo una tranquera cerrada y la casa camino adentro, tal vez a un kilómetro. Más adelante cruzo otra tranquera cerrada, después un alambrado abierto. A lo lejos, del otro lado, veo una camioneta avanzando en medio del campo y, más allá, una fila de árboles.

Hago el último esfuerzo, el que yo espero sea el último esfuerzo del día, contra este viento que no afloja. Calculo dos kilómetros. Sigo a la camioneta como quien sigue a una luz. Encuentro una tranquera abierta y un cartel enorme que anuncia que ahí se cosechan alimentos para el mundo. Avanzo buscando gente. El sol hace zigzag entre la fila de árboles, la misma fila de árboles que tienen todos los campos en la entrada. Al lado de una camioneta, del otro lado de los árboles, hay un señor. Lleva boina, bombacha, camisa y pañuelo. Hay dos nenes con él. Le pregunto si puedo poner la carpa en algún lugar y me dice que claro, al lado del molino, así tenés agua. ⁣⁣

El sol roza el horizonte.

KM 820

La vida en el campo consiste en mirar, leo. Viajar por el campo, pienso, también. Pedalear por caminos a primera vista monótonos, sin brillo: ahí es, sospecho, donde se entrena la observación. O la búsqueda de lo sutil. Porque es fácil ver belleza donde nos enseñan a verla, donde los sentidos estallan de lujuria. Lo difícil es verla donde nos insisten que es aburrido, que ahí es todo plano, todo igual, que no pasa nada.⁣⁣ 

Entrenar la observación como una búsqueda. Entrenar la observación como quien desea con ganas: mirar de cerca, mirar de lejos, mirar de frente, mirar con intención, dejarse mirar, dejarse envolver. Entrenar la observación, entonces: un músculo que se hace fuerte como se hace fuerte todo aquello a lo que le dedicamos esa mezcla de tiempo y atención que se suele llamar amor. 

SI VOS TAMBIÉN LO QUERÉS HACER

• Si vas a pedalear por la playa, tené en cuenta las mareas. Es recomendable hacerlo durante la bajamar, cuando la arena está firme. Los horarios de las mareas los encontrás en la web de Tablas de Mareas.

• Puede haber sectores de playa que no puedas hacer por caracoleros, piedras, acantilados, reservas, áreas privadas, desembocadura de ríos, etcétera, y tengas que tomar un camino rural y/o una ruta.

• La sal daña mucho a la bici, por lo que es importante limpiarla muy bien con agua dulce apenas puedas.

• En la costa hay mucha amplitud térmica. Es muy probable que tengas días muy calurosos y días fríos. Las noches también suelen ser frías o frescas. Indispensable llevar desde malla hasta campera de abrigo e impermeable.

• Cuidate del sol: lentes de sol, protector solar, manguitas, gorro con ala y mucha hidratación. Llevar una hoja de aloe vera para pasar el gel por la piel a la noche es una buena idea.

• Para acampar, en los pueblos podés pedir permiso en casas de familia, en los balnearios turísticos hay campings y siempre es posible también hacerlo en la playa.

• Tené en cuenta que en verano hay yararás.

• Cuidado con las sudestadas y las tormentas, chequeá siempre el pronóstico. Hay caminos que se vuelven intransitables luego de lluvias fuertes.

Por Nati Bainotti

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