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“Cuerpo, bici y camino se funden, y la mente queda afuera”

Fecha: 27.04.2014

El autor de Bici Zen habla del proceso de escritura de esta original obra y de cómo el pedaleo se convierte en una práctica que permite reencontrarse con la propia esencia.

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Foto: Isabel García

En el auge actual del ciclismo urbano se unen la necesidad de una movilidad sustentable y la de experimentar vivencias no conscientes, ya que en su andar el ciclista se reencuentra con su verdadera naturaleza. En ese sentido es que el zen parece haber sido especialmente diseñado para que quien pedalea comprenda lo que ocurre en su cuerpo y en su mente. Estas son las ideas principales de “Bici zen | Ciclismo urbano como camino”, el libro que acaba de lanzar Juan Carlos Kreimer.
Además de andar en bicicleta, Kreimer (68) se define como un hombre con múltiples oficios e intereses, desde la carpintería hasta la búsqueda espiritual, pasando por la escritura. Este inquieto porteño comenzó a vincularse profesionalmente con las letras desde el periodismo cultural, a mediados de los 60, cuando el rock nacional apenas nacía. También escribió varias novelas y fue fundador-editor de la revista Uno Mismo.
Dice el autor que este libro era un objetivo que se había trazado hace varios años: “Venía tomando notas en papelitos y carpetas abiertas bajo muchos temas y subtemas. Tenía subrayadas páginas de libros, recortes de diarios y revistas de todo tipo”, explica.

¿Cómo fue ese “pasaje” de las ideas anotadas en una libreta al orden del material que confluiría en el libro?
Muy liberador. Sentía que algún día tenía que hacerlo. Cada vez que me subía a la bici mi cabeza se reactivaba y siempre, indefectiblemente, volvía con más notitas. Caminar me sirve para tomar distancia de lo que ya escribí y ver lo que sobra o falta. Andar en bici me da cuerda. Había terminado otra novela, titulada “¿Quién lo hará posible?”, y quería sacarme de adentro todo esto de la bici antes de sumergirme en otra historia. Lo tomé como un recreo. “Voy a escribir todo lo que quiero”, me dije, aunque a nadie le guste o interese. Si la publicaba, bien, si no también. Lo importante era seguir sobre la compu ese impulso que te agarra a cualquier hora del día en que sentís que tenés que salir a dar una vuelta con la bici. Sin saber bien para qué. Y entonces, al abrir el Word, en vez de tranquilizarme me repotenciaba. Escribía sin saber adónde me llevaría el texto. Más tiraba del hilo, más material encontraba. El problema fue cuando empecé a notar que muchos textos volvían sobre lo mismo. Ahí cambié el rumbo y empecé a poner cada escrito encima de otro, más que uno después de otro, para ver qué era lo propio de cada aspecto y qué lo común. Lo común iba a una carpeta llamada sobrantes. Ahí, al editar el material, podría decir que nació el libro. Al sacar texto y dejar las ideas o hechos lo más pelados posible me di cuenta que, paradojalmente, volvía a reencontrarme con lo que me gusta del oficio: que el texto me diga a mí lo que yo quería escribir. No todo fue una ciclovía: muchas partes no encajaban con la siguiente, no sabía adónde ubicarlas. Ahí recurría al zen: lo que es, es.

¿En qué tipo de lector pensaste al escribir?
En el centauro urbano. No en un ciclista que entrena y sale a la ruta. Tampoco en el macho o hembra power ranger que sale a las siete de la tarde, híper producido, a andar por Palermo como si fuera a cruzar el Aconcagua. Pensaba en los tantos que van por la calle a cualquier hora, entre los autos o por la bicisenda, entrando y saliendo de su mundo interno mientras su cuerpo avanza por el aire. En ese estado que todos tenemos aunque no seamos demasiado conscientes de él. En los que nos sentimos unificados por andar en bici, seamos una mujer que va de un lugar a otro, una chica que va a la facultad, un pibe delivery que tiene sus minutos de paraíso antes de que se enfríe la pizza que lleva atrás, en los tipos que vamos al trabajo con la mochila cargada de papeles, en las personas que conocí en los grupos de yoga, en las mamás que van a buscar al chico a la escuela con la bici… Más que un lector, me interesó hablarle a esa sensiblidad común y, con ese interlocutor en la cabeza, ponerle palabras a una mirada lo más realista posible.

tapa-finalEn el libro hablás de la integración hombre-bici-camino. ¿Cómo definís coloquialmente ese concepto?
Me cito: el ciclista que alguna vez experimentó esa ausencia en carne propia no necesita ninguna argumentación que le explique ese despertar. Al pedalear se le hace evidente que se sumerge en la misma sustancia que lo rodea y que su visión es tomada por una capacidad de compenetrarse con todo cuanto ve más allá de lo que ve. Se percibe unido a algo infinitamente mayor que su cuerpo, su conciencia, su lenguaje. No es una inmensidad ahí adelante, ni atrás, ni arriba, ni abajo: es algo que reconoce en todas partes, mire adonde mire. Algo está ahí, en ese instante, y se presenta de la misma manera que puede hacerlo la eternidad. “No sé qué es, sólo que es, lo comprenda o no.”
Las ideas o pensamientos poco a poco empiezan a desvanecerse y liberan a la conciencia de sus recorridos neuronales habituales. La actividad mental se vuelve un campo por donde circulan ondas despojadas de contenidos, o con contenidos autogenerados desde planos que la conciencia ordinaria no controla.
La mente no detiene su actividad. Algunos pensamientos entran y salen, pero la mente no se adhiere a ninguno, los mira pasar.
Una armónica sencillez rige la interrelación de las partes y alínea con una pauta mayor. En ella, todo lo que consideramos yo o mí, no se diferencia de nuestro avanzar.
Arriba de la bicicleta, el cuerpo parece perder su peso y la mente expandir su conciencia. Percibir la bici entre las piernas como una prolongación de Eso hace olvidarme de este cuerpo. Olvidar que las ruedas apoyan en el pavimento. Que hay infinidad de otros entes a mi alrededor. Cuerpo, bici y camino se funden y mi mente queda afuera del tiempo, afuera del recorrido, afuera del cuerpo. Si hay un yo presente es el de la experiencia.

Nota publicada en revista Biciclub Nº216, diciembre 2012.

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Hablamos sobre: Bicis y arte, Ciclismo urbano, Personajes

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