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Cicloturismo

Aventura patagónica: Un viaje extraordinario con una bici ordinaria

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La neuquina Carla Saralegui se largó a un viaje improvisado en bicicleta que la llevó hasta Tierra del Fuego, donde la sorprendió la cuarentena. En esta nota nos relata su fantástico viaje en una bici que su padre había comprado en un supermercado.

Mi aventura comenzó en el 2019 con la idea de animarme a cumplir un sueño, conocer El Chaltén. Siempre me resultaba caro poder ir y la verdad que, sin saber bien cómo, surgió la idea de elegir a la bici como un medio de transporte barato para poder hacerlo.
Ya desde que comencé a investigar y charlar con gente sobre el tema, varios me aseguraron que no necesitaba una bici especial, simplemente que lo hiciera con la que tenía, de mi papá, que debe tener más de 15 años, una bicicleta pseudo urbana de las que se compraban en el supermercado.
La verdad que hacía rato que no la usábamos para nada, así que primero decidí ponerla en condiciones. La llevé a la bicicletería y le hice un service, pero no mucho más.
Mis amigos me ayudaron mucho. Me prestaron cosas, me regalaron otras. El que más me equipó fue Leandro, que ya había viajado en bici, prestándome las alforjas y el bolso para el manubrio. Luego una amiga me regaló una parrilla portapaquetes para adelante de la bici.
Mis viajes siempre fueron de mochila y ésta iba a ser mi primera experiencia en bicicleta. Algo que nunca imaginé que iba a hacer, aunque a la hora de armarme con lo necesario para llevar ya tenía algo de experiencia. Me compré una buena bolsa de dormir para protegerme del frío y me prestaron una carpa.
Así fue que comencé los preparativos. Ahorré un poco de plata (que realmente no era mucho) y le puse fecha al viaje.

Inexperiencia y buena suerte
El 22 de diciembre viajé rumbo a El Bolsón y el 6 de enero salimos con mi amiga Nadia, sin experiencia ni entrenamiento, solo con nuestras ganas de viajar. Las dos veníamos con más ganas de largarnos y movernos que de otra cosa. Yo solo sabía lo básico: arreglar algún pinchazo, cambiar la cubierta, pero nada más. Tampoco tuvimos entrenamiento previo, al punto que mi amiga se compró la bici unas semanas antes de salir y yo a veces la usaba para moverme por la ciudad.
De hecho en los primeros días ya tuvimos problemas, ella con su transmisión y yo con el eje trasero. Por suerte logramos conseguir ayuda y fuimos aprendiendo, todo sobre la marcha. Recuerdo que en el tramo que viajé sola, una sola vez tuve que parar al lado de la ruta a cambiar la cubierta, que se me había roto, y por suerte me las arreglé bien. Mi problema mayor siempre fue, y lo tuve hasta llegar a Tierra del Fuego, el eje trasero, al que lo afectaba el peso, pero más que nada porque las rueda ya era muy vieja. La realidad es que a esa rueda había que cambiarle todo…

De El Bolsón a Esquel
Ahora sí, el 6 de enero comenzó el viaje con mi amiga, que, como dije, se había sumado unos meses antes, cuando le conté lo que iba a hacer. Salimos de El Bolsón, Río Negro, y ya en Chubut pasamos por El Hoyo, Epuyén y Cholila, recorrimos El Parque Los Alerces y llegamos a Esquel. Esos hermosos lugares nos deslumbraron con sus paisajes y la calidez de la gente. Nos manejamos en carpa y usamos aplicaciones de viajes para encontrar dónde acampar.
En Esquel nos separamos, ya que a mi amiga se le terminaban las vacaciones. Desde ahí comenzó mi aventura en soledad.


Había salido de Neuquén pensando en cómo hacer ahorros durante el viaje y complementarlos con la venta de fotos, así que le había pedido a otra amiga, Gabriela, diseñadora gráfica, que me ayudara a hacer postales y unos anotadores con unas frases.
Gracias a eso conocí a mucha gente linda en la calle que se interesaba por mi historia, me ayudaba colaborando con mis postales y me invitaba a quedarme en su casa a comer, entre otras atenciones.

Una mujer que viaja sola
De Esquel encaré por la Ruta 40, pasé por Tecka, Gobernador Costa, Río Mayo (todo en Chubut), Perito Moreno y Los Antiguos (en Santa Cruz).
Allí mi viaje se hizo más solitario. La Patagonia es hermosa y viajar en bici te permite sentirte libre en lo que hacés, en lo que ves y en cómo sentir todo lo que te rodea. Además para mí fue un viaje de puro autodescubrimiento y de aprender a disfrutar cada pedaleada y cada momento. Aprendí muchísimo a valorar esas cosas.
Me pasaron todas cosas hermosas en la ruta. Paró gente a sacarme fotos, a convidarme mate y a ayudarme con comida y agua. Realmente eso fue lo más hermoso, porque son lugares muy solitarios, por los que no pasan muchos ciclistas. Y no saben lo que soñaba algunos de esos días con que alguien me diera un mate, cosa que se cumplió, fue muy loco.


Para mí la gente que conocés es la que te hace los viajes. En ese sentido fueron geniales todas las experiencias que tuve y agradezco haber tenido la oportunidad de conocer lo bella que es realmente la gente.
Lo más emocionante fue crecer mucho y charlar con los que me cruzaba sobre el hecho de ser mujer viajando sola. Eso fue súper alentador, ya que sentí que pude motivar a mucha más gente a hacerlo, pero sobre todo a otras mujeres. Sacándonos los miedos y prejuicios y creyendo en la gente.
Hubo tramos en los que me sentí muy cansada y donde el clima (sobre todo el viento) no me acompañaban, y ahí es donde también aprendí a pedir ayuda, a que me pudieran acercar a algún lado. Y esas situaciones me sorprendieron mucho también, ya que nunca había hecho dedo y no tenía mucha fe de que me levantaran con la bici. Pero por suerte no tuve mucho tiempo de espera, ya que son zonas que pasan muchas camionetas y camiones.


Sueños que se suman a los sueños

Llegar a El Chaltén fue super emocionante y la forma de hacerlo fue mágica y hermosa. Sentí que me había conectado con el viaje y la ruta. Saber que todo ese esfuerzo y ese camino valió la pena. No pude más que relajar varios días, sólo pensando en todo lo que había logrado.
Y como los sueños evolucionan, más todo lo que había vivido y la forma en que lo había hecho, fue que me decidí a seguir viajando así, a vivir de esa manera. Así que sin más, desde allí encaré a Ushuaia.
Pasé unos días en Calafate, aprovechando a vender. Allí, una chica que me vio en la calle me invitó a dormir en la casa. Esas invitaciones fueron impagables, tanto ahí como en Esquel y Perito Moreno; simplemente me veían y charlando me invitaban a pasar por sus casas. Realmente nuestra sociedad es súper bondadosa y solidaria y creo que eso es lo que más tenemos que mostrar cuando viajamos.


Seguí bajando hasta Río Turbio, donde me alojé con unos chicos que había conocido en el Parque Los Alerces haciendo cicloturismo. A continuación crucé a Chile y bajé por allí, cruzando a Tierra del Fuego por Punta Arenas. Los días no me acompañaron mucho, por lo que esos tramos los hice bastante más rápido.
Descanse unos días en Río Grande y arranqué la última parte.
Por loca que es la vida, llegando a Tolhuin, 100 kilómetros antes de Ushuaia, durante el mes de marzo, tuve que volver a Río Grande y decidir qué hacer, porque ya se veía que se venía una cuarentena y se estaban cerrando las rutas.
Fue por eso que muy a mi pesar y gracias a la ayuda de mis papás decidí volver el 19 de marzo, en avión, a Neuquén, dejando la bicicleta allá, y con el sueño pendiente de conocer la ciudad del fin del mundo en otro momento.
Mi idea es poder seguir viajando de esta forma en cuanto se pueda. Conseguir auspiciantes o encarar otros laburos freelance para salir a recorrer lo que pueda de mi provincia Neuquén y del país. Para luego salir rumbo a Colombia, que es otro lugar que sueño mucho con conocer.
Ahora trabajo en mis redes sociales y mi página, para que pueda crecer un poco más y así mostrar las bellezas que tenemos y motivar a más gente a que se anime a hacerlo.
Como síntesis de lo recorrido, completé unos 2.555 kilómetros, con algún tramo a dedo e incluyendo un ferry (de Punta Arenas a Porvenir, Tierra del Fuego chilena).


 

PROTAGONISTAS
La multitareas Carla

La protagonista de este viaje, Carla Saralegui (29), vive en Neuquén capital, donde, según ella misma, es “estudiante eterna de la carrera de Comunicación Social y actualmente me sostengo vendiendo productos y haciendo trabajos freelance de manejo de redes sociales y paginas web”. Antes de la cuarentena Carla tenía su emprendimiento y daba clases de zumba, actividades que abandonó cuando se decidió a emprender este viaje. Además, tiene sus hobbies: la fotografía, el baile, la escritura, salir a disfrutar del aire libre y viajar.

@viajesyfotografia_
Carlitax – viajes y fotografía
conviajesyfotografia.com
cdsaralegui@gmail.com

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Cicloturismo

África: pedaleando por la ruta de la hospitalidad

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En junio de 2019, Esteban Mazzoncini se propuso pedalear 20.000 kilómetros para unir el norte de Europa con el sur del continente africano.
En este video documental Mazzoncini relata su paso por África, en donde no todo salió como lo planeaba, y acompaña sus vivencias escritas en el libro «Pedaleando por la ruta de la hospitalidad».

Más info en https://unviajerocurioso.com | https://www.instagram.com/estebanmazzoncini/

Adquirí el libro en: https://unviajerocurioso.com/el-libro/

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Cicloturismo

Sudamérica entrañable III: Ecuador

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Definitivamente había dejado atrás el frío. Ahora empezaría a dormir más en la hamaca que en la bolsa.
Para cruzar Ecuador hay básicamente tres opciones: por la llamada Ruta del Sol, sobre la costa, las sierras en el centro o la selva por el oriente. Esta última prometía pocos desniveles pero mucha lluvia, así que, dispuesto a mojarme, opté por ésta.
El país es relativamente corto, de sur a norte sólo unos 1200 kilómetros.
De Macará hasta Loja el camino discurre por una zona de montaña más bien boscosa. En uno de los descansos me detuve frente a un campus experimental de una facultad de agronomía, donde me recibieron para alojarme. Junto a los alumnos salimos a recorrer huertas y plantaciones de frutas. De ahí me fui con la panza y las alforjas a tope de comida.
Por medio de la página warmshowers.org contacté a una persona bastante popular entre los cicloviajeros que ofrecía alojamiento en un museo. Me recibió con un trago de lo que prometía ser curativo, entre otras tantas propiedades, pero había que taparse la nariz y bajarlo de un fondo blanco para tomarlo. Al evaluar que me encontraba sólo en un museo, contra una pared repleta de escopetas, en un lugar que no conocía, con un hombre que jamás había visto y haciéndome tal propuesta…, sin dudar acepté. Aquí no se sigue la premisa de “mejor malo conocido que bueno por conocer”; aquí es mejor conocer y punto.
El trago resultó salir de un frasco de 20 litros con una culebra sumergida en alcohol etílico y alguna cosa más seguramente… Estaba inmunizado.
A los pocos días estaba entrando a la troncal amazónica. Aquí la lluvia realmente no molesta demasiado, amén de que caía a baldes, ya que ayudaba a aplacar el intenso calor tropical.
Si bien la ruta que elegí cruzaba por la selva, estaba todo bastante intervenido por la mano del hombre con sembradíos y pastoreo. Así que en busca de zonas más vírgenes me adentré, siguiendo unas finas sendas que figuraban en el mapa.
Ahora sí, esto era lo que buscaba. Al costado del camino todo era selva primaria, es decir no intervenida por el hombre (aún). Árboles de 25 metros (en ese mismo momento se descubría el árbol más alto de la Amazonia, con 88 metros), frutas por todos lados al alcance de la mano y animales e insectos de todos los colores.
Por esos tiempos se estaban desatando los feroces incendios del 2019 en el Amazonas. Se podía ver el horizonte oscurecido y oler el humo a la distancia. Árboles de 300 años y la mayor biodiversidad del planeta poco a poco serían remplazados por hectáreas de monocultivo de grano transgénico. De nuevo la codicia ganando a la sensatez.
Lo que resultaba imposible era acampar libre por aquí; sí o sí tenía que encontrar un caserío. Caso contrario, con seguridad algún bicho me comería con carpa y todo, así que con lo justo llegué a Nayamanaca, donde me encontré con que estaban celebrando algo en la plaza. Era una locura y había de todo, hasta una corrida de toros improvisada donde los borrachos se tiraban sobre los animales. En fin, estaba entre el peligro de los animales por un lado y de los hombres alcoholizados (otro tipo de animal) por el otro.
Con un ojo abierto y otro cerrado pasé la noche en el pórtico de una casa.
Me quedaban dos tramos más en estos caminos hasta retomar la troncal amazónica, pero en el medio se me cruzó un río. En lugar de puente había una tirolesa donde por medio de un cable de acero te cruzaban en un carro. El primer cruce transcurrió sin problemas, pero varios kilómetros después, en el segundo, el cable estaba dañado.

Volver significaba retroceder 10 casilleros, y la mitad de estos en subida, por lo que se me ocurrió cruzar el río  con la bici al hombro. No era demasiado profundo, más bien playo y ancho, unos 300 metros. Lo investigué un poco y aborté el plan, de modo que no quedó más que volver por el mismo camino. Allí fue donde mientras les contaba mi odisea a unos lugareños, entre risas me informaban que ese río (Pastaza) estaba infestado de boas y culebras; para usar sus mismas palabras: “es una autopista para los bichos”.
Me fui feliz de poder hacer el mismo camino por segunda vez.

Sucede algo curioso cuando te llueve todo el día nivel catarata en la bici: el agua entra hasta por el más recóndito agujero, ranura o espacio vacío. De modo que la diferencia entre la ropa que llevaba puesta y la de la alforja era prácticamente nula. Así estuve pedaleando-nadando tres días completos. Luego vendrían las típicas lluvias esporádicas, más benévolas.
Ahora empezaba a ganar altura nuevamente, tomando la ruta de las cascadas y pasando por Baños de Ambato. Quito estaba cerca ya, pero decidí desviarme para entrar primero al parque nacional Cotopaxi, donde me quedé con ganas de subir al volcán, ubicado a 5900 msnm. En un país que se mueve en dólares, el permiso estaba casi a su misma altitud. Me conformé con contemplarlo desde la base.
Venía ya con varias noches de acampada, de modo que en Quito tendría un merecido descanso en una cama y un lavado de ropa como para hacer un poco de vida citadina.
Este tipo de viajes tiene de bueno que como si nada uno pasa de dormir en la selva con los monos a una cama con sabanas en algún hostel, conociendo viajeros de todo el mundo.

Aquí por fin encontré desde mi salida de Argentina, en casi cualquier almacén, dulce de leche (manjar blanco para ellos). Fui muy feliz durante las pocas horas que me duró ese pote.
Cuando ya estaba prácticamente en la frontera con Colombia me desvié unos kilómetros para dormir en un hermoso lago. Al otro día sólo quedarían 50 kilómetros. Siempre prefiero pasar las fronteras bien temprano, más aún ésta, que había estado con complicaciones.
En mi ultimo día en Ecuador retomé la ruta y el trámite que imaginaba de sólo un rato se convirtió en unas subidas terribles. Si bien los paisajes y la gente eran asombrosos, ese día no estaba motivado para tal esfuerzo, pero como un ángel de la guarda apareció de la nada un ciclista veterano en una rutera bastante kilometrada, se me puso al lado y se puede decir que me llevó hasta arriba, para luego desaparecer sin dejar rastro. La magia del camino.
Contento y cansado me quedo con pasaporte en mano, esperando el sello para cruzar otra barrera.

*En nuestra edición del pasado mes de octubre (Nº 310) el autor contó el primer tramo de su viaje, desde Tucumán a la frontera boliviana con Perú, y en la edición del pasado noviembre (Nº 311) su travesía por Perú. En nuestra próxima edición: Colombia.

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Cicloturismo

Cicloturisteando San Luis, una guía para recorrer en bici esta gran provincia, hecha al estilo de las mejores guías cicloturísticas del mundo

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La gente de Trans Sierras, encabezada por Fernando Giannini, lanzó durante el mes de marzo Cicloturisteando San Luis, una guía de cicloturismo hecha por y para cicloturistas, que permite que cualquiera pueda armar su propio cicloviaje por la provincia en función de su particular disposición de tiempo, intereses, presupuesto, estado físico experiencia y distancia a recorrer.

La elección de San Luis para el desarrollo de esta primera experiencia en la materia, se debe a los muchos años de conocimientos acumulados por los creadores de la guía acerca de la provincia en donde residen y a un reciente y exhaustivo relevamiento que los ha convencido que San Luis tiene todo el potencial para transformarse en una provincia bikefriendly: geografía, seguridad, buenas rutas y buena gente.

Entre otras cosas, la guía incluye excelentes mapas, en donde se pueden identificar etapas principales que muestran los recorridos más recomendables y etapas alternativas para que cada uno puede personalizar su ruta ideal. Al hacer clic en cada etapa se accede a toda la información técnica y turística: una detallada ficha técnica, imágenes y videos de cada etapa. La información puede bajarse al celular en una ficha pdf y desde ahí acceder a los tracks en formatos gpx (para GPS), kml (para celulares) o wikiloc.
La propuesta ofrece diversas opciones para diagramar el viaje, entre las cuales se puede optar por un cicloviaje completo (12 etapas, recorriendo 750 kilómetros y más de 3.000 metros de desnivel), cicloviajes parciales de diferentes extensiones y dificultad y una opción personalizada que permite armar salidas de uno, dos o tres días combinando etapas y coordinando traslados.
En todos estos recorridos el viajero pasará por muchos municipios, poblados y parajes, la gran mayoría de los cuales han acompañado el proyecto, en las que es posible encontrar en sus direcciones de turismo un calco de Municipio Amigo que los identifica: San Francisco del Monte del Oro, La Carolina, Las Chacras de San Martín, San Martín, El Talita, Santa Rosa del Conlara, Los Molles, La Toma y Potrero de los Funes. En diferentes localidades que forman parte del recorrido hay comercios y prestadores amigos del proyecto (alojamientos, restaurantes, campings, bicicleterías y otros) donde el cicloturista encontrará atención especial y descuentos.

Además de conocer una hermosa y acogedora provincia, como ocurre con otros recorridos míticos a nivel mundial, quienes realicen total o parcialmente las opciones de Cicloturisteando San Luis recibirán un certificado de cicloviajero.

 

Fernando Giannini: fagian3@gmail.com | 26646590105 | www.transsierras.com.ar

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Cicloturismo

Pedalear en altura: cómo llegar a la cima en bicicleta

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La experimentada gente de Nación Salvaje enumera qué cosas hay que tener en cuenta antes de afrontar una travesía en altura, nos describe el soroche o mal de altura y cómo resolverlo y prevenirlo.

Cuando los metros sobre el nivel del mar aumentan en forma considerable, nuevos miedos, dudas y cuestionamientos aparecen, y con ellos un sin fin de limitantes que tal vez ni siquiera existan. Yo no puedo porque. Me dijeron que. Para eso tendría, etcétera, etcétera, etcétera.
Por eso queríamos contarles de qué se trata para nosotros esto de pedalear en altura y de alguna manera animarlos para que si andan con ganas de intentarlo finalmente se animen y salgan a pedalear más cerquita del cielo.
Cuando hablamos de altura sobre el nivel del mar hablamos de montaña, subidas eternas, falta de aire, malestares, paisajes increíbles y sobre todo de lentitud, paciencia, respeto y humildad. Porque aprender a sobrellevar algunos miedos no significa convertirnos en unos maníacos irresponsables, sino todo lo contrario. Para perder los miedos a las alturas es indispensable conocerla, entender cuales pueden ser los posibles riesgos reales y situaciones con las que nos podemos encontrar, pero ante todo tener la humildad necesaria para comprender que en esos lugares sos un simple invitado y las reglas no las ponés vos.
Esto significa que para realizar alguna travesía en altura no hay que ser un deportista de élite, ni un eximio aventurero, solo hace falta obtener conocimiento previo, estar mínimamente entrenados y tener ganas de hacerlo.

Qué tener en cuenta
La mayoría de las veces viajar en bicicleta no necesita una gran planificación previa; simplemente se elige un destino y luego el trayecto va sucediendo y armándose día a día. Pero si los planes significan pedalear en altura por lugares inhóspitos o poco transitados las cosas a tener en cuenta cambian bastante y es muy importante poder contar con alguna información previa antes de comenzar el viaje.

Época del año
De esto pueden depender posibles tormentas eléctricas, granizo, desmoronamientos, caudal de ríos a cruzar, nevadas, etcétera. Cada zona cordillerana tiene sus particularidades y clima, por eso es bueno saber cuál es el mejor momento para recorrerla. Esto no significa que sea imposible de realizar en otra época que no sea la ideal, pero sí es muy importante estar preparados para lo que nos pueda tocar.

Altitud
Saber cuál es el desnivel a transitar en cada etapa puede ayudarnos a calcular tiempos de pedaleo, los cuales, aunque nunca lleguen a ser exactos, nos darán una idea de cómo programar el día de ascenso, cuál será el objetivo y hasta dónde vamos a subir para acampar tranquilos y, de ser posible, cercanos a una fuente de agua.

Hidratación
En altura la hidratación es fundamental, ya que el cuerpo necesita más líquido de lo habitual y el no ingerir la cantidad necesaria te puede llevar a una rápida deshidratación y a una muy mala experiencia. Es importante consumir líquido antes de que el cuerpo te lo pida y tomar el doble que en un trayecto normal en llano. Si bien en montaña normalmente existe el agua de deshielo, no siempre está a mano o a la vista, por eso cuanta mayor información podamos obtener sobre posibles cursos de agua en el camino menor será la preocupación por conseguirla.

Equipo
En altura la temperatura desciende de 5 a 10°C cada 1000 metros de ascenso y las tormentas siempre pueden sorprendernos. Por eso es bueno contar con equipo que pueda cubrir estas situaciones y nos evite un posible problema o pasar un mal momento. Algunos ejemplos de equipo necesario: carpa 4 estaciones, campera y pantalón impermeables, bolsa de dormir y campera de abrigo (pluma o sintéticas para bajas temperaturas), interiores y medias térmicas, guantes y gorro de abrigo, lentes de sol categoría 3 o 4.

Soroche, apunamiento o mal agudo de montaña (MAM)
Este es un tema que a muchos asusta en forma desmedida y aunque realmente no es algo a lo que temerle es sumamente necesario saber de qué se trata y cómo prevenirlo. También es bueno tener en cuenta que la bici te da la enorme ventaja de ir adaptándote a la altura lentamente, ya que se sube de manera paulatina, permitiendo que el cuerpo se acostumbre a las nuevas condiciones.
A partir de los 2500 msnm la presión atmosférica y la presión del oxígeno van disminuyendo por la altura. Por eso, cuando ascendemos a niveles superiores de los 2500 msnm nuestro organismo sufre algunos cambios y debe adaptarse lentamente al nuevo medio. A este proceso se le llama aclimatación. Cada organismo funciona de manera particular y tiene distintos ritmos de adaptación, pero cuando esta aclimatación no llega a completarse de manera correcta el cuerpo comienza a sufrir de hipoxia (falta de oxígeno en la sangre) y entonces el mal agudo de montaña se hace presente, provocando distintos malestares y síntomas.
Síntomas: dolor de cabeza, mareos, fatiga, agotamiento físico, agitación, trastorno del sueño, trastornos digestivos, falta de apetito, náuseas o vómitos.
Cuando se pedalea en altura es normal sentir fatiga, un leve dolor de cabeza y agitación al respirar. Pero cuando estos síntomas se tornan demasiado fuertes o aumentan de forma considerable lo único que queda es bajar. Tan solo con bajar unos cientos de metros todos esos malestares van disminuyendo hasta desaparecer por completo. Si no se le da la importancia necesaria y se sigue subiendo sin precauciones, a partir de los 4000 msnm los síntomas se pueden agravar y en casos extremos poner en riesgo la salud.

Cómo prevenir el MAM
– Una de las claves principales y más efectivas para lograr una buena aclimatación es la lentitud. En la altura todo tiene que tomarse con una enorme calma, desde la forma de ascenso hasta cada movimiento que realizamos cotidianamente. También, de ser posible, es conveniente antes de comenzar el ascenso permanecer durante algunos días en alturas bajas como los 2500 msnm para que el cuerpo pueda comenzar a adaptarse.
– Subir despacio y permitir que el cuerpo se aclimate correctamente es una de las prevenciones principales para evitar el MAM.
– Otro factor sumamente importante que antes mencionamos es la hidratación y sumado a ella la alimentación. Es necesario consumir en mayor medida hidratos de carbono para obtener energías, pero también es recomendable no cargar demasiado el estomago, ya que la digestión en altura se vuelve mucho más lenta y comer demasiado puede traernos pesadez y molestias.
– Las hojas de coca son utilizadas desde hace más de 5000 años por comunidades aborígenes altiplánicas y el consumirlas de distintas formas, mascándolas o en té puede producir un alivio de los síntomas y también una adaptación a la altura con menos malestares.
– Existen algunos medicamentos utilizados para mal de altura, pero siempre es mejor dejar que el cuerpo se adapte en forma natural y solo utilizar algún tipo de medicina en casos extremos y con previo conocimiento o recomendación de un médico sobre lo que se toma.
– Es recomendable hacerse un chequeo médico general antes de intentar travesías en altura en la que nos vamos a ver exigidos. Y se aconseja no subir a más de 3000 msnm a personas que tienen enfermedades cardíacas, insuficiencia respiratoria, enfermedades en la sangre, madres en tiempo de gestación y niños menores de tres años.

Finalmente podemos decir que como todo desafío a realizar se necesita tener algunos cuidados e información previa, pero en recompensa el pedalear en montaña es una de las experiencias más bellas que podés regalarte. Porque pedaleando en altura vas a sentir realmente lo que es estar cansado y a creerte la persona más débil del mundo, vas a tener que parar a respirar cada pocos metros y en más de una ocasión a preguntarte cuándo se te ocurrió subir montañas en bicicleta. Pero también vas a lograr sentirte en el corazón del planeta, a valorar cada bocanada de aire, a ganar humildad en cada vuelta de pedal y a encontrarte eternamente agradecido por haber podido llegar hasta esas cimas con tu bici, donde la naturaleza se impone para demostrarnos dónde está lo puro e invaluable de estar vivos.

 

Por Nación Salvaje | www.nacionsalvaje.com

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