Conectá con nosotros

Cicloturismo

Ciclismo de aventura: un largo camino hacia la sostenibilidad y la reducción del impacto del ciclismo sobre la naturaleza

Publicado

el

Como en el montañismo, el trail running, la escalada y hasta podríamos decir la pesca deportiva, entre otras disciplinas englobadas dentro del deporte de naturaleza, el ciclismo de aventura enfrenta hoy el gran desafío de crear sostenibilidad en cuanto al desarrollo masivo de la actividad, ya que, como se ve a simple vista, en los últimos tiempos los deportes relacionados directamente con la naturaleza han crecido exponencialmente y todo parece indicar que el ciclismo, en su expresión más aventurera, no parece quedarse afuera de este fenómeno que parece estar recién en sus comienzos. La ventaja que tenemos todos aquellos que encontramos la exploración y la aventura en la fusión de la bici con la naturaleza es que contamos con algunos antecedentes que nos indican cuál es el camino a seguir y qué errores no debemos cometer para que el impacto que generemos en los entornos naturales donde nos movemos no sea tan grande o, con algo de suerte y mucho más trabajo, pueda hasta llegar a ser un impacto positivo.

Hacia una nueva cultura de los deportes de aventura
Quien crea que caminando en una montaña o pedaleando en un sendero por el bosque está generando a su alrededor solo cosas positivas está equivocado, ya que si bien está más que claro que acercarse a la naturaleza para desarrollar deportes o actividades que nos liguen de manera directa a ella trae un sinfín de beneficios para las personas, la manera en que lo hagamos será la que defina en forma directa el impacto que nosotros generemos sobre ella.

Durante años se habló de los beneficios de la vida al aire libre y muchas veces nos encontramos hablando de un estilo de vida en la naturaleza y de la libertad que de ello se desprende. Las redes sociales rebalsan de personas mostrando sus actividades en entornos naturales de los más diversos y en el relato colectivo está cada vez más presente la necesidad de salir a la naturaleza. ¿Pero cuántos de nosotros nos hemos puesto a pensar, o lo que sería aún más justo, cuántos de nosotros hemos trabajado para reducir el impacto o mejorar los lugares adonde vamos a buscar lo que nos hace tan bien?

Se dice que la cultura es ese conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una época o grupo determinado y se dice también, que los derechos de uno terminan donde comienzan los derechos de algún otro, con lo cual debemos admitir que inevitablemente lo que nos comienza a suceder es eso que ocurre cuando dejamos de ser uno para pasar a ser parte de una comunidad y es ahí donde nos guste o no debemos trabajar para ponernos de acuerdo y sobre todo para lograr crear esa sostenibilidad que nos garantice que nuestras actividades se puedan seguir llevando a cabo a lo largo del tiempo sin que los lugares donde las desarrollamos sufran modificaciones o daños irreparables causados por malas prácticas o hábitos en los que nunca nadie se puso a pensar.

¿Quién es el culpable?
Lejos de señalar con el dedo, nos queda hacer una autocrítica urgente y buscar en lo colectivo la respuesta y la motivación para abordar y trabajar conjuntamente en las diferentes problemáticas que enfrentamos todos aquellos que practicamos deportes de aventura en la naturaleza. Grupos de escaladores y montañistas ya están trabajando, desde hace algún tiempo en la difusión e implementación de nuevas técnicas de bajo impacto y desde varias organizaciones se realizan acciones para garantizar el libre acceso a las montañas y la implementación de políticas públicas que defiendan y pongan en valor la práctica de estos deportes que conectan directamente a las personas con la naturaleza.


La basura, el alambrado, el fuego, la huella, el sendero erosionado, el ruido, la tranquera, no es solo un resultado del que pasó por ahí antes que nosotros. Tampoco son únicamente responsables los escaladores, los paisanos, los turistas, los bikers, los organizadores de carreras ni el boludo que tiró el sobrecito de gel… Somos un poco todos, somos cada vez más y todos debemos tomar cartas en el asunto desde el lugar que nos toque. Cambiando hábitos, poniéndonos en duda, enseñando, involucrándonos y generando acciones directas que equilibren la balanza en pos de la sostenibilidad de las actividades
¡Es lo menos que podemos hacer!
Para bien o para mal, debemos aceptar que no estamos solos en este mundo y que ello implica ser parte de una comunidad que a partir de sus hábitos y costumbres tiene la posibilidad de modificar para siempre y sin criterio los lugares con los que interactúa o la de crear sostenibilidad y conciencia sobre el cuidado de esos mismos lugares.

En lo personal hemos pasado los últimos 7 años en la Cordillera de los Andes desarrollando travesías en lugares en donde, en muchas ocasiones, nunca antes había transitado una bicicleta y podemos asegurar que el impacto existe y que es cuantitativamente mayor si no se es verdaderamente consciente de él…
Comenzar por el principio

Desde finales de los 80 se viene trabajando a nivel mundial en la creación y mejora de un programa para la implementación de prácticas que ayuden a minimizar los impactos en áreas naturales. La idea a grandes rasgos es trabajar en la educación y la formación de las personas que visitan regularmente áreas naturales, para que ellos mismos desarrollen prácticas voluntarias que minimicen los problemas y con el tiempo se pueda moderar el control restrictivo que se debe implementar obligatoriamente en las áreas naturales en donde el impacto es muy importante. Si bien este trabajo no está enfocado específicamente para una actividad en especial, sus siete principios básicos, se han transformado en el mejor punto de partida para comenzar a mejorar las prácticas que llevamos a cabo cuando nos aventuramos por zonas agrestes. Nos queda, como comunidad, la tarea de adoptar y adaptar estos siete principios a la cultura del ciclismo de aventura para poder garantizar la sostenibilidad de la actividad, pero sobre todo la sustentabilidad de los lugares que visitamos.

Leave No Trace (No Deje Rastro) y las técnicas de bajo impacto
1. Planifique su viaje

La planificación en el ciclismo de aventura es una gran herramienta y si bien no es fundamental cuando realizamos viajes de cicloturismo convencionales, se vuelve indispensable cuando decidimos realizar una travesía por ambientes naturales menos frecuentados. Saber dónde tendremos agua, reparo, por qué clase de terreno nos tocará transitar con nuestras bicis o dónde podremos reabastecernos de comida son solo algunas de las cosas que deberemos resolver para lograr concretar una travesía exitosa.

En lo que respecta puntualmente al impacto, la planificación del viaje es la que nos va a poder hacer tomar decisiones que prioricen el respeto hacia el lugar por el que vamos a transitar. No es lo mismo, por ejemplo, visitar un lugar en periodos de mucha lluvia, en donde vamos a encontrar suelos húmedos y barrosos, que hacerlo en épocas secas en donde nuestra huella definitivamente va a ser menor.

Muchas veces los lugares no son aptos para nuestras bicis o simplemente el uso de las mismas está prohibido por razones de impacto, con lo cual no queda más que reformular el recorrido o hacerlo en otra modalidad.
Respecto a esto último, la aparición del bikepacking ha abierto nuevas posibilidades, ya que es una modalidad que nos permite pedalear por lugares en donde antes hubiera sido imposible, pero también nos coloca frente a la necesidad/responsabilidad de encontrar un equilibrio que transforme a la bici en una herramienta más para las travesías y no genere un impacto excesivo en los lugares a recorrer.

En el ciclismo de aventura planificar también nos va a permitir reducir los riesgos y evitar problemas con pobladores. Tener información de los lugares que vamos a recorrer siempre es un gran beneficio y es lo que nos va a permitir tomar decisiones responsables para con el entorno, para con nosotros mismos y para la comunidad del ciclismo de aventura.

2. Transita y acampa en superficies durables
Respecto a esto existe muchísima información en base a experiencias relacionadas al senderismo, pero es poca la información y la experiencia específica para las actividades relacionadas al ciclismo de aventura. Aun así, existen conceptos generales que se pueden aplicar a estas disciplinas y que nos van a permitir iniciar el camino para la creación de prácticas de bajo impacto específicas para el ciclismo de aventura.
A grandes rasgos, las áreas se pueden clasificar en dos tipos, dependiendo del tipo de uso. Por un lado existen las áreas populares o de alto uso (rutas cicloturísticas convencionales) y por otro las áreas vírgenes o menos frecuentadas (senderos de montaña, rutas específicas de bikepacking o single track). El tipo de zona por el que transitemos va a modificar las prácticas que implementemos para minimizar el impacto en nuestra visita.

Este quizás sea el mayor desafío que tenemos por delante todos aquellos que practicamos alguna disciplina del ciclismo de aventura, ya que nos enfrentamos a uno de los mayores problemas generados a partir de nuestra actividad. El impacto de las bicis siempre va a ser mayor que el que pueda generar una persona caminando y por ese motivo es que deberíamos ser más cuidadosos a la hora de elegir por qué terreno transitar. En este sentido, y hablando de zonas prístinas, en donde no existe un sendero, podemos hacer mención a algunas prácticas que llevamos adelante para reducir el impacto o minimizar la huella:
Rutas cicloturísticas convencionales: en este tipo de viajes o travesías generalmente se transita por caminos diseñados para vehículos, con lo cual ya existe un gran impacto inicial. La lógica, entonces, sería la de comportarnos adecuadamente para con este tipo de lugares. No dejar rastro implica cuidar de esos sitios a través de acciones tan simples como la de hacernos cargo de nuestros residuos, respetar las normas básicas de la ruta y los pueblos que visitamos.
Solo como ejemplo y a modo de autocrítica, deberíamos ponernos a pensar en lo que una persona de un pequeño pueblo puede sentir al vernos acampar en un lugar indebido o sin el permiso necesario, para entender que el impacto no solo implica daños a las áreas naturales más vírgenes sino que también se genera alrededor de todos los ambientes que visitamos. Por eso, insistimos en la importancia de la creación de una cultura que respete a la naturaleza por sobre todas las cosas, pero que también sea respetuosa con las culturas con las que interactúa.
Rutas menos frecuentadas/senderos/fuera de ruta: en este tipo de travesías es en donde deberíamos prestar especial atención y no porque en el cicloturismo convencional no se tengan que tomar recaudos, sino porque lo que hagamos mientras transitamos un sendero poco frecuentado o un lugar por el que nunca antes transitó una bicicleta es lo que va a marcar una enorme diferencia a la hora de evaluar el impacto. Por lo tanto es aquí donde tenemos que realizar el mayor trabajo, ya que, como dijimos anteriormente, es muy poca la información y la experiencia específica que existe sobre este tema. Aun así podemos encontrar una guía muy útil en las recomendaciones que Leave No Trace nos recuerda y desde allí realizar la adaptación correspondiente al ciclismo de aventura.

Como aclaración podemos decir que más allá de cualquier forma, la idea es que prime el sentido común y prevalezca el concepto de intentar dejar el lugar tal cual lo conocimos para que los próximos en visitarlo puedan disfrutarlo tal cual lo disfrutamos nosotros.

3. Manejo y gestión de desechos
Quizás esta sea una de las acciones que más fácilmente podemos implementar e imaginamos que a estas alturas ya casi no existen cicloviajeros que no sean cuidadosos con el tema de los residuos. Pero aún así, siempre hay hábitos nuevos que podemos incorporar para reducir nuestros desechos.
Particularmente, nos gusta trabajar en la idea de volver con todo lo que iniciamos las travesía, es decir que intentamos no dejar ningún tipo de desecho a excepción de los fisiológicos, pero aun para estos casos, también existen prácticas que ayudarán a minimizar el impacto. En este caso Leave No Trace nos recomienda: “Lo que viene contigo se vuelve contigo”
La idea principal de este concepto es minimizar la basura que llevamos a la montaña, pero fundamentalmente hacer cumplir la premisa de regresar con toda la basura con la que iniciamos la travesía.
Veamos ahora el tema de cómo ir al baño en la montaña.
Generalmente, los problemas de desechos fisiológicos son serios solamente en áreas con uso bastante alto y sin baños instalados, pero aun así y teniendo en cuenta que cada vez somos más en las montañas y que decenas de estudios mostraron que los microorganismos patógenos pueden sobrevivir durante un año o más en los excrementos enterrados, resulta necesario implementar una práctica sumamente simple que evita y minimiza considerablemente los riesgos y el impacto que generamos a la hora de ir al baño en el monte.
Alejarse al menos 50 metros de las costas de lagos o ríos.
Hacer un pequeño pozo de unos 20 cm y luego tapar los excrementos asegurándose de que no pueda ser descubierto fácilmente.
No dejar enterrado el papel higiénico. Siempre llevarlo de vuelta en una bolsita.
A la hora de higienizarnos y lavar debemos entender que hasta los jabones biodegradables contaminan el agua y afectan a la vida acuática. Por eso es recomendable hacerlo lejos de cursos de agua y desechar el agua jabonosa en un pozo que luego debe ser tapado cuidadosamente al momento de dejar el lugar.

4. Reducir el uso de fuego
Durante muchos años estuvo de moda entre los cicloturistas la costumbre de no llevar cocina y en cambio hacer fuego como recurso principal. La idea del minimalismo, de vivir con poco o solo con los elementos que la naturaleza nos brinda puede parecer sumamente romántica y afortunadamente somos muchos los que practicamos esa filosofía de vida. Pero también debemos aceptar que los extremos suelen ser los lugares en donde no prima la coherencia y en donde lo colectivo se comienza a empañar para darle lugar a los aspectos más individualistas del ser humano. El fuego, en este caso, es el fiel reflejo de esa fórmula, ya que muchas veces no se trata de una cuestión personal, sino más bien del respeto a lo colectivo por sobre todas las cosas. Si bien el fuego está presente en nuestra cultura, no todos lo saben manejar con responsabilidad y está comprobado que por ese motivo se han producido y se producen muchos de los incendios que provocan desastres irreparables en los ambientes naturales que visitamos.

Por ese motivo y pensando en fomentar una cultura colectiva que respete el medio ambiente por sobre todas las cosas es que se aconseja llevar y utilizar calentador como principal y único recurso en nuestras travesías y solo hacer fuego en áreas permitidas en donde no exista ningún tipo de riesgo.

5. Deja lo que encuentres
Ni sacar ni poner nada debería ser la premisa en este caso y a pesar de que es común que las personas se lleven un recuerdo en forma de flor, planta, piedra o, en el peor de los casos, algún resto arqueológico o bien privado que por lejano confunden con abandonado o “sin dueño”. Debemos ser conscientes de que lo que está en la montaña es de la montaña, lo mismo que en el bosque, la playa, el desierto o el mar (aunque en este último no esté del todo claro). En definitiva se trata de no llevarse nada y de dejar todo tal cual estaba cuando llegamos y eso también implica no dejar nada, no construir nada, ni introducir nada que no sea del lugar.

6. Respeta la vida silvestre
Nunca olvidar que nosotros estamos de visita y ante esa premisa debemos ser sumamente responsables y respetar estrictamente a la fauna y la flora del lugar. No acercarse a los animales, no alimentarlos ni molestarlos es lo mínimo que podemos hacer. La planificación en estos casos nos va a permitir conocer sobre la fauna local, especies existentes, su comportamiento, épocas de reproducción y demás información que nos permitirá decidir responsablemente en beneficio de la misma.

Además, como cada vez más cicloviajeros viajan acompañados de sus mascotas, se debe tener en cuenta que las mismas producen grandes problemas en las especies nativas, con lo cual es sumamente importante no llevar mascotas a los lugares silvestres.

7. Considera a otros visitantes
En este punto prima el sentido común aplicado al respeto por el otro y la conciencia de que cada uno de nuestros actos va a repercutir de una u otra forma en la vida del otro. Y si bien este principio debería aplicarse en todos los lugares del planeta, es necesario adaptarlo a los ámbitos naturales que visitamos. El silencio, el cuidado de los espacios compartidos, al igual que la voluntad de colaborar con los otros en situaciones que lo requieran es lo que nos va a mejorar a nosotros y a los otros en la experiencia en la naturaleza…

Texto y fotos: Nación Salvaje

Cicloturismo

Un viaje en bici desde Ushuaia hacia el norte, el encuentro con Ngurú y un libro como fruto de aventuras y desventuras

Publicado

el

Sebastián Inzua (Córdoba, 1989), autor del libro Pacto – En el despertar viajero es farmacéutico, cicloviajero, montañero y expedicionario. Y con el fruto de sus aventuras y de su viaje con su perro Ngurú crea contenidos en rodartierra.com y en redes como Rodar Tierra. Un cordobés apasionado por viajar y emprender aventuras, que se define sin titubeos como “un ser que siente el llamado a vivir poéticamente”. 

Lo que sigue es un sucinto relato que refleja el espíritu de sus andanzas en bici, el encuentro con Ngurú y el origen de su libro.

Pacto – En el despertar viajero         

Por Sebastián Inzúa

Mis viajes comenzaron recorriendo la provincia de Córdoba en tiempos de estudios universitarios y mis primeros trabajos como profesional de la salud. Mientras, iba forjando el sueño de viajar en bicicleta, de recorrer el país desde Ushuaia a La Quiaca. 

Cuando me sentí listo, volé al Fin del Mundo y comencé la travesía. Pude habitar la genuina y salvaje Patagonia en su naturaleza, combinando estados solitarios para desarrollar el auto descubrimiento y el desarrollo personal, con momentos junto a los pobladores y pueblos originarios para aprender de sus culturas y cosmovisiones. Además, en esta primera etapa era embajador de una Fundación y desarrollaba acciones altruistas. 

Cuando recorría el sur de la provincia de Mendoza sufrí una crisis. Sentí un llamado a pausar el viaje y debí tomar una decisión. Luego de batallar contra el ego, renuncié al objetivo y emprendí el regreso a casa. Al cambiar de ruta tuve que pedalear por un tramo desértico y desolado en el sur de la estepa cuyana. Y al atardecer, coincidí con un perro. Acampamos juntos y al día siguiente me siguió en mi recorrido durante kilómetros. En ese momento crítico sentí poderosas señales de que debíamos adoptarnos para viajar juntos. Junté todo el agua posible en un santuario de la Difunta Correa y seguimos hasta que nos quedamos sin agua, momento en el cual apareció un ángel del camino y nos auxilió llevándonos a una ciudad próxima, donde construimos un carro para cruzar las Altas Cumbres de Córdoba y regresar a casa. 

Luego de un año de relativa pausa, en el cual atendimos la salud de Ngurú, mi perro compañero, y modifiqué la bicicleta para poder llevarlo, emprendimos la segunda etapa del viaje, desde Córdoba a La Quiaca. En ese recorrido desarrollamos varias expediciones de aventura en las cuales combinamos el viajar en bicicleta y el subir montañas. Recorrimos Córdoba, Cuyo, las yungas tucumanas, la Puna en la alta Catamarca y Salta, los valles calchaquíes, entre otras zonas del centro y noroeste argentino. 

En la crisis por las restricciones de circulación a causa de la pandemia pude escribir mi primer libro de viaje y, luego de un arduo trabajo, pude autopublicarlo. El libro se llama Pacto – En el despertar viajero y se subtitula Una travesía en bicicleta por la Patagonia al encuentro del Amor Incondicional. En él cuento cómo nació el sueño de viajar en bicicleta y las señales que me llegaban en esos momentos, las aventuras y desventuras de la primera etapa del viaje, desde Ushuaia a Córdoba. 

El libro contiene 260 páginas en 54 breves capítulos, 3 mapas personalizados, 28 fotografías en blanco y negro y el prólogo es de Griselda Moreno, una excepcional mujer aventurera. Además, la portada es un pintura hecha a mano, inspirada en dos fotografías del viaje. A continuación comparto algunos títulos de capítulos: 

• Forjando un sueño llegan las señales.

• La carta de papá suplicando parar.

• La Ruta 40 y el camino prohibido.

• El néctar de la libertad y otro cruce ilegal.

• Machi, un ser chmánico. 

• El Lago Escondido y el pirata. 

• Expedición Trasandina al vivo volcán. 

• El quebranto, la decisión más difícil. 

• Cita en el taller, lo real de BiciRodar. 

El libro se puede adquirir a través de mi web rodartierra.com y en puntos de venta y retiro en CABA, Ushuaia, Córdoba y Santiago de Chile. Actualmente estamos preparando el próximo viaje, en el cual emprenderemos diversas aventuras y realizaremos charlas, mentorías, talleres y presentaciones del libro. Toda la info en la web rodartierra.com y en mis redes sociales como @rodartierra 

Continua leyendo

Cicloturismo

Cómo viajar en tren de larga distancia con la bici en Argentina. Adónde se puede viajar y cómo preparar la bici

Publicado

el

La viajera argentina Nati Bainotti redactó este práctico informe a la hora de planificar un viaje en el que necesitamos hacer algún tramo en tren con nuestra bicicleta.

¿A dónde puedo viajar?⁣

Con Trenes Argentinos en las líneas que unen Buenos Aires con:⁣

•Bahía Blanca⁣

•Mar del Plata⁣

•Tucumán⁣

•Córdoba⁣

•Rosario⁣

•Gral Guido – Pinamar⁣

•San Luis (Justo Daract)

•En AMBA, en todas las formaciones, excepto en el ramal Victoria-Capilla del Señor y el Tren de la Costa.⁣

⁣•Llevar la bici NO tiene costo extra.

¿Dónde va la bici? ¿Hay que embalarla? ⁣

•Va en el furgón. Se debe quitar la rueda delantera, atarla al cuadro y embalar la bici de manera visible (con un film, por ejemplo).⁣

•Si vas con la bici sin embalar, lo que suceda va a quedar a consideración del personal: pueden pedirte que le saques la rueda y la embales en el momento (para ello podés llevar precintos y film).

¿Puedo subirme y bajarme en cualquier estación?⁣

•En los servicios a y desde Tucumán y Córdoba, sí.⁣

•En los servicios a y desde Mar del Plata, Bahía Blanca y Pinamar solo podés en las estaciones cabeceras. En el servicio a Pinamar se hace cambio de tren en General Guido, por lo que también podés subir/bajar ahí.⁣

¿Dónde van las alforjas?⁣

•Podés dejarlas en el furgón y llevarte las cosas de valor, comida, etcétera, con vos, o llevarlas cargadas al vagón y dejarlas en el portaequipaje.⁣

¿Cómo compro el pasaje?⁣

•En boleterías o la web. En @trenesargentinosop anuncian cada vez que se habilita la venta de pasajes. En verano los pax vuelan el primer día. En temporada baja se consiguen con más facilidad.⁣

Otros

•Podés llevar cosas para comida y mate. Todas las butacas tienen una bandeja retráctil, muy cómoda para comer. Hay dispenser de agua fría/caliente.⁣

•Hay un vagón comedor donde comprar comida.⁣

•Hay un baño en cada vagón (con papel).

•Hay enchufes en cada vagón.⁣

•Te dan ticket por cada cosa que dejás en el furgón, por lo que es bastante seguro.⁣

•No se puede viajar con animales.⁣

¿Ya viajaste en bici + tren? ¿Tenés alguna experiencia o info que podría servirle a otros viajeros? Pasá el dato en los comentarios.

Continua leyendo

Cicloturismo

Salta y Jujuy: una travesía de 1200 kilómetros protagonizada por 5 experimentados viajeros

Publicado

el

Hector “Cachi” Gestido (57), German Yannielli (59), Carlos Teicheira (57), Claudio Nicala (58) y Ricardo Pereyra (56) integran un grupo de profesores de educación física que desarrollaron su vida y su profesión en la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, trabajando desde el nivel inicial hasta nivel superior y que al día de hoy, en razón del especial régimen jubilatorio de esa provincia, se han acogido al retiro.

El asunto es que hace unos 10 años, cuando aun estaban en funciones, comenzaron a viajar en bicicleta, haciendo dos o tres viajes anuales de alrededor de un mes de duración, entre otros el de la Carretera Austral, el de El Calafate a Ushuaia, el Camino de Santiago de Compostela portugués y francés, gran parte de Italia, la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia completa.

Naturalmente, la integración del grupo en los viajes ha ido cambiando según las posibilidades de cada uno al momento de realizarlo. Pero en la ocasión que nos ocupa, los 5 nombrados fueron los que planearon y concretaron un viaje en bicicleta por las provincias de Salta y Jujuy.

El viaje

Para concretarlo viajaron en avión desde Tierra del Fuego a Buenos Aires y desde allí a Jujuy, llevando como equipaje deportivo las bicicletas y alforjas en cajas que respetaban las medidas permitidas por la línea aérea.

Llegados a San Salvador de Jujuy el primer día de septiembre, armaron sus bicicletas para emprender a la mañana siguiente una travesía de 1200 kilómetros de pedaleo por sus propios medios, sin ningún tipo de apoyo. 

De San Salvador de Jujuy, por la ruta 9, pusieron rumbo a La Quiaca, adaptándose progresivamente a la altura. Al llegar a La Quiaca se tomaron un día de descanso, cruzaron a Bolivia y regresaron en el día, con el objetivo de prepararse para encarar la ruta 40, sabiendo que ahí comenzaba la parte más dura del recorrido, ya que no dudaban que el suelo y el clima jugarían en su contra.

De ahí en más completaron distancias diarias de aproximadamente 40 kilómetros entre los 3600 y 4200 metros sobre el nivel del mar. 

Para llegar a San Antonio de los Cobres pasaron por Cienaguillas, Timón Cruz, Paicone, Liviara, Coyaguaima, Tanques y Susque, todos pueblos son conexión wifi pero sin muchos servicios ni negocios ni alojamietos. 

Al caer el sol la temperatura bajaba considerablemente y por la noche rondaba los 8 a 12ºC bajo cero. En algunos casos durmieron en carpas y en otros en pequeñas piezas o galpones que les prestaban. 

Al llegar a San Antonio de los Cobres se prepararon para cruzar la ya antológica meta cicloturista del Abra el Acay, a 4895 msnm (el paso carretero más alto de América). “¡Muy complicado —nos recuerda Cachi Gestido—, pero el paisaje al bajar hacia el lado de la Poma y Cachi es realmente increíble …”

Desde el Abra bajaron hacia Salta por la Cuesta del Obispo y desde ahí regresaron a Jujuy por el Camino de Cornisa, entre la yunga, “otro lugar magnifico”.

Sobre un total de 26 días de travesía, los viajeros pedalearon 23.

Lo mejor y lo peor

Cachi Gestido, nuestro interlocutor del grupo, nos contó que no tuvieron mayores problemas con el tema de altura y que antes de viajar se habían hecho los estudios cardiológicos correspondientes. “En cuanto a la seguridad —afirma Cachi—, no tuvimos ningún drama, pero quiero destacar que la ruta 40 es muy complicada: nos encontramos con mucho ripio suelto, arenales, ríos congelados y viento —normal en la zona—, además de las bellezas del lugar.”

Con respecto a la mecánica, el grupo no sufrió mayores inconvenientes, salvo pinchaduras, alguna rotura de portaequipaje y, quizás un poco más problemática, la revisión y rellenado de líquido de freno, lo cual fue subsanado en San Antonio de los Cobres.

“Nos asombró —recuerda Gestido— la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Con la caída del sol la temperatura descendía bruscamente llegando a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. Así también las características culturales de los habitantes de los pequeños pueblos que nos recibieron a nuestro paso, y esos paisajes únicos que poca gente tiene la posibilidad de contemplar, ya que no se encuentran en un circuito turístico desarrollado.”

Según Gestido, los mejores momentos del viaje fueron los encuentros grupales al finalizar cada jornada de pedaleo, encuentros en los que se compartió la experiencia de cada uno durante el día entre mates, cafés y cenas. Y los peores momentos nos los resumió en dos episodios. “Por un lado, la noche que pernoctamos en carpa en un lugar llamado Tanques, la temperatura fue tan baja que al despertarnos no teníamos agua para el desayuno, ya que se había congelado dentro de los termos de acero que estaban en la carpa, al lado de las bolsas de dormir, lo que nos obligó a ir a romper el hielo de un chorrillo para obtener agua. El segundo episodio fue el trayecto de 152 kilómetros entre Cachi y Salta, que nos demandó 11 horas, debido al viento en contra y las características de la ruta, descendiendo por la Cuesta del Obispo. Llegamos a Salta totalmente extenuados.”

Y concluye con una afirmación categórica: “¡Ahora comenzamos a pensar nuestro futuro viaje!”

Info adicional: https://www.facebook.com/hector.gestido | rubenviviano@hotmail.com 

Continua leyendo

Cicloturismo

Llegaron a Qatar los cordobeses que recorrieron 10.000 kilómetros en bicicleta para alentar a la selección en el Mundial

Publicado

el

Por

Finalmente, los tres argentinos que se habían propuesto llegar a Qatar en bicicleta, recorriendo África de punta a punta y parte de Medio Oriente, cumplieron su objetivo, completando más de 10.000 kilómetros sobre sus bicicletas Venzo para llegar a tiempo para alentar a la selección en el Mundial de Fútbol Qatar 2022.
El viaje en bici les demandó 177 días. Partieron de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y llegaron a Qatar luego de recorrer 15 países. Los aventureros: Lucas Ledezma (34), Leandro Blanco Pighi (32) y Silvio Gatti (32), que zarparon en sus bicicletas en mayo de este año.

El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014, creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección de fútbol por el mundo. Antes de este viaje Ledezma llevaba recorridos más de 30.000 kilómetros en bicicleta por más de 25 países, en viajes que lo llevaron a Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

¡Esperemos que la cábala se repita en Qatar!

https://www.instagram.com/todoapedal/

Continua leyendo

Más Leídas