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Ciclismo de aventura: un largo camino hacia la sostenibilidad y la reducción del impacto del ciclismo sobre la naturaleza

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Como en el montañismo, el trail running, la escalada y hasta podríamos decir la pesca deportiva, entre otras disciplinas englobadas dentro del deporte de naturaleza, el ciclismo de aventura enfrenta hoy el gran desafío de crear sostenibilidad en cuanto al desarrollo masivo de la actividad, ya que, como se ve a simple vista, en los últimos tiempos los deportes relacionados directamente con la naturaleza han crecido exponencialmente y todo parece indicar que el ciclismo, en su expresión más aventurera, no parece quedarse afuera de este fenómeno que parece estar recién en sus comienzos. La ventaja que tenemos todos aquellos que encontramos la exploración y la aventura en la fusión de la bici con la naturaleza es que contamos con algunos antecedentes que nos indican cuál es el camino a seguir y qué errores no debemos cometer para que el impacto que generemos en los entornos naturales donde nos movemos no sea tan grande o, con algo de suerte y mucho más trabajo, pueda hasta llegar a ser un impacto positivo.

Hacia una nueva cultura de los deportes de aventura
Quien crea que caminando en una montaña o pedaleando en un sendero por el bosque está generando a su alrededor solo cosas positivas está equivocado, ya que si bien está más que claro que acercarse a la naturaleza para desarrollar deportes o actividades que nos liguen de manera directa a ella trae un sinfín de beneficios para las personas, la manera en que lo hagamos será la que defina en forma directa el impacto que nosotros generemos sobre ella.

Durante años se habló de los beneficios de la vida al aire libre y muchas veces nos encontramos hablando de un estilo de vida en la naturaleza y de la libertad que de ello se desprende. Las redes sociales rebalsan de personas mostrando sus actividades en entornos naturales de los más diversos y en el relato colectivo está cada vez más presente la necesidad de salir a la naturaleza. ¿Pero cuántos de nosotros nos hemos puesto a pensar, o lo que sería aún más justo, cuántos de nosotros hemos trabajado para reducir el impacto o mejorar los lugares adonde vamos a buscar lo que nos hace tan bien?

Se dice que la cultura es ese conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una época o grupo determinado y se dice también, que los derechos de uno terminan donde comienzan los derechos de algún otro, con lo cual debemos admitir que inevitablemente lo que nos comienza a suceder es eso que ocurre cuando dejamos de ser uno para pasar a ser parte de una comunidad y es ahí donde nos guste o no debemos trabajar para ponernos de acuerdo y sobre todo para lograr crear esa sostenibilidad que nos garantice que nuestras actividades se puedan seguir llevando a cabo a lo largo del tiempo sin que los lugares donde las desarrollamos sufran modificaciones o daños irreparables causados por malas prácticas o hábitos en los que nunca nadie se puso a pensar.

¿Quién es el culpable?
Lejos de señalar con el dedo, nos queda hacer una autocrítica urgente y buscar en lo colectivo la respuesta y la motivación para abordar y trabajar conjuntamente en las diferentes problemáticas que enfrentamos todos aquellos que practicamos deportes de aventura en la naturaleza. Grupos de escaladores y montañistas ya están trabajando, desde hace algún tiempo en la difusión e implementación de nuevas técnicas de bajo impacto y desde varias organizaciones se realizan acciones para garantizar el libre acceso a las montañas y la implementación de políticas públicas que defiendan y pongan en valor la práctica de estos deportes que conectan directamente a las personas con la naturaleza.


La basura, el alambrado, el fuego, la huella, el sendero erosionado, el ruido, la tranquera, no es solo un resultado del que pasó por ahí antes que nosotros. Tampoco son únicamente responsables los escaladores, los paisanos, los turistas, los bikers, los organizadores de carreras ni el boludo que tiró el sobrecito de gel… Somos un poco todos, somos cada vez más y todos debemos tomar cartas en el asunto desde el lugar que nos toque. Cambiando hábitos, poniéndonos en duda, enseñando, involucrándonos y generando acciones directas que equilibren la balanza en pos de la sostenibilidad de las actividades
¡Es lo menos que podemos hacer!
Para bien o para mal, debemos aceptar que no estamos solos en este mundo y que ello implica ser parte de una comunidad que a partir de sus hábitos y costumbres tiene la posibilidad de modificar para siempre y sin criterio los lugares con los que interactúa o la de crear sostenibilidad y conciencia sobre el cuidado de esos mismos lugares.

En lo personal hemos pasado los últimos 7 años en la Cordillera de los Andes desarrollando travesías en lugares en donde, en muchas ocasiones, nunca antes había transitado una bicicleta y podemos asegurar que el impacto existe y que es cuantitativamente mayor si no se es verdaderamente consciente de él…
Comenzar por el principio

Desde finales de los 80 se viene trabajando a nivel mundial en la creación y mejora de un programa para la implementación de prácticas que ayuden a minimizar los impactos en áreas naturales. La idea a grandes rasgos es trabajar en la educación y la formación de las personas que visitan regularmente áreas naturales, para que ellos mismos desarrollen prácticas voluntarias que minimicen los problemas y con el tiempo se pueda moderar el control restrictivo que se debe implementar obligatoriamente en las áreas naturales en donde el impacto es muy importante. Si bien este trabajo no está enfocado específicamente para una actividad en especial, sus siete principios básicos, se han transformado en el mejor punto de partida para comenzar a mejorar las prácticas que llevamos a cabo cuando nos aventuramos por zonas agrestes. Nos queda, como comunidad, la tarea de adoptar y adaptar estos siete principios a la cultura del ciclismo de aventura para poder garantizar la sostenibilidad de la actividad, pero sobre todo la sustentabilidad de los lugares que visitamos.

Leave No Trace (No Deje Rastro) y las técnicas de bajo impacto
1. Planifique su viaje

La planificación en el ciclismo de aventura es una gran herramienta y si bien no es fundamental cuando realizamos viajes de cicloturismo convencionales, se vuelve indispensable cuando decidimos realizar una travesía por ambientes naturales menos frecuentados. Saber dónde tendremos agua, reparo, por qué clase de terreno nos tocará transitar con nuestras bicis o dónde podremos reabastecernos de comida son solo algunas de las cosas que deberemos resolver para lograr concretar una travesía exitosa.

En lo que respecta puntualmente al impacto, la planificación del viaje es la que nos va a poder hacer tomar decisiones que prioricen el respeto hacia el lugar por el que vamos a transitar. No es lo mismo, por ejemplo, visitar un lugar en periodos de mucha lluvia, en donde vamos a encontrar suelos húmedos y barrosos, que hacerlo en épocas secas en donde nuestra huella definitivamente va a ser menor.

Muchas veces los lugares no son aptos para nuestras bicis o simplemente el uso de las mismas está prohibido por razones de impacto, con lo cual no queda más que reformular el recorrido o hacerlo en otra modalidad.
Respecto a esto último, la aparición del bikepacking ha abierto nuevas posibilidades, ya que es una modalidad que nos permite pedalear por lugares en donde antes hubiera sido imposible, pero también nos coloca frente a la necesidad/responsabilidad de encontrar un equilibrio que transforme a la bici en una herramienta más para las travesías y no genere un impacto excesivo en los lugares a recorrer.

En el ciclismo de aventura planificar también nos va a permitir reducir los riesgos y evitar problemas con pobladores. Tener información de los lugares que vamos a recorrer siempre es un gran beneficio y es lo que nos va a permitir tomar decisiones responsables para con el entorno, para con nosotros mismos y para la comunidad del ciclismo de aventura.

2. Transita y acampa en superficies durables
Respecto a esto existe muchísima información en base a experiencias relacionadas al senderismo, pero es poca la información y la experiencia específica para las actividades relacionadas al ciclismo de aventura. Aun así, existen conceptos generales que se pueden aplicar a estas disciplinas y que nos van a permitir iniciar el camino para la creación de prácticas de bajo impacto específicas para el ciclismo de aventura.
A grandes rasgos, las áreas se pueden clasificar en dos tipos, dependiendo del tipo de uso. Por un lado existen las áreas populares o de alto uso (rutas cicloturísticas convencionales) y por otro las áreas vírgenes o menos frecuentadas (senderos de montaña, rutas específicas de bikepacking o single track). El tipo de zona por el que transitemos va a modificar las prácticas que implementemos para minimizar el impacto en nuestra visita.

Este quizás sea el mayor desafío que tenemos por delante todos aquellos que practicamos alguna disciplina del ciclismo de aventura, ya que nos enfrentamos a uno de los mayores problemas generados a partir de nuestra actividad. El impacto de las bicis siempre va a ser mayor que el que pueda generar una persona caminando y por ese motivo es que deberíamos ser más cuidadosos a la hora de elegir por qué terreno transitar. En este sentido, y hablando de zonas prístinas, en donde no existe un sendero, podemos hacer mención a algunas prácticas que llevamos adelante para reducir el impacto o minimizar la huella:
Rutas cicloturísticas convencionales: en este tipo de viajes o travesías generalmente se transita por caminos diseñados para vehículos, con lo cual ya existe un gran impacto inicial. La lógica, entonces, sería la de comportarnos adecuadamente para con este tipo de lugares. No dejar rastro implica cuidar de esos sitios a través de acciones tan simples como la de hacernos cargo de nuestros residuos, respetar las normas básicas de la ruta y los pueblos que visitamos.
Solo como ejemplo y a modo de autocrítica, deberíamos ponernos a pensar en lo que una persona de un pequeño pueblo puede sentir al vernos acampar en un lugar indebido o sin el permiso necesario, para entender que el impacto no solo implica daños a las áreas naturales más vírgenes sino que también se genera alrededor de todos los ambientes que visitamos. Por eso, insistimos en la importancia de la creación de una cultura que respete a la naturaleza por sobre todas las cosas, pero que también sea respetuosa con las culturas con las que interactúa.
Rutas menos frecuentadas/senderos/fuera de ruta: en este tipo de travesías es en donde deberíamos prestar especial atención y no porque en el cicloturismo convencional no se tengan que tomar recaudos, sino porque lo que hagamos mientras transitamos un sendero poco frecuentado o un lugar por el que nunca antes transitó una bicicleta es lo que va a marcar una enorme diferencia a la hora de evaluar el impacto. Por lo tanto es aquí donde tenemos que realizar el mayor trabajo, ya que, como dijimos anteriormente, es muy poca la información y la experiencia específica que existe sobre este tema. Aun así podemos encontrar una guía muy útil en las recomendaciones que Leave No Trace nos recuerda y desde allí realizar la adaptación correspondiente al ciclismo de aventura.

Como aclaración podemos decir que más allá de cualquier forma, la idea es que prime el sentido común y prevalezca el concepto de intentar dejar el lugar tal cual lo conocimos para que los próximos en visitarlo puedan disfrutarlo tal cual lo disfrutamos nosotros.

3. Manejo y gestión de desechos
Quizás esta sea una de las acciones que más fácilmente podemos implementar e imaginamos que a estas alturas ya casi no existen cicloviajeros que no sean cuidadosos con el tema de los residuos. Pero aún así, siempre hay hábitos nuevos que podemos incorporar para reducir nuestros desechos.
Particularmente, nos gusta trabajar en la idea de volver con todo lo que iniciamos las travesía, es decir que intentamos no dejar ningún tipo de desecho a excepción de los fisiológicos, pero aun para estos casos, también existen prácticas que ayudarán a minimizar el impacto. En este caso Leave No Trace nos recomienda: “Lo que viene contigo se vuelve contigo”
La idea principal de este concepto es minimizar la basura que llevamos a la montaña, pero fundamentalmente hacer cumplir la premisa de regresar con toda la basura con la que iniciamos la travesía.
Veamos ahora el tema de cómo ir al baño en la montaña.
Generalmente, los problemas de desechos fisiológicos son serios solamente en áreas con uso bastante alto y sin baños instalados, pero aun así y teniendo en cuenta que cada vez somos más en las montañas y que decenas de estudios mostraron que los microorganismos patógenos pueden sobrevivir durante un año o más en los excrementos enterrados, resulta necesario implementar una práctica sumamente simple que evita y minimiza considerablemente los riesgos y el impacto que generamos a la hora de ir al baño en el monte.
Alejarse al menos 50 metros de las costas de lagos o ríos.
Hacer un pequeño pozo de unos 20 cm y luego tapar los excrementos asegurándose de que no pueda ser descubierto fácilmente.
No dejar enterrado el papel higiénico. Siempre llevarlo de vuelta en una bolsita.
A la hora de higienizarnos y lavar debemos entender que hasta los jabones biodegradables contaminan el agua y afectan a la vida acuática. Por eso es recomendable hacerlo lejos de cursos de agua y desechar el agua jabonosa en un pozo que luego debe ser tapado cuidadosamente al momento de dejar el lugar.

4. Reducir el uso de fuego
Durante muchos años estuvo de moda entre los cicloturistas la costumbre de no llevar cocina y en cambio hacer fuego como recurso principal. La idea del minimalismo, de vivir con poco o solo con los elementos que la naturaleza nos brinda puede parecer sumamente romántica y afortunadamente somos muchos los que practicamos esa filosofía de vida. Pero también debemos aceptar que los extremos suelen ser los lugares en donde no prima la coherencia y en donde lo colectivo se comienza a empañar para darle lugar a los aspectos más individualistas del ser humano. El fuego, en este caso, es el fiel reflejo de esa fórmula, ya que muchas veces no se trata de una cuestión personal, sino más bien del respeto a lo colectivo por sobre todas las cosas. Si bien el fuego está presente en nuestra cultura, no todos lo saben manejar con responsabilidad y está comprobado que por ese motivo se han producido y se producen muchos de los incendios que provocan desastres irreparables en los ambientes naturales que visitamos.

Por ese motivo y pensando en fomentar una cultura colectiva que respete el medio ambiente por sobre todas las cosas es que se aconseja llevar y utilizar calentador como principal y único recurso en nuestras travesías y solo hacer fuego en áreas permitidas en donde no exista ningún tipo de riesgo.

5. Deja lo que encuentres
Ni sacar ni poner nada debería ser la premisa en este caso y a pesar de que es común que las personas se lleven un recuerdo en forma de flor, planta, piedra o, en el peor de los casos, algún resto arqueológico o bien privado que por lejano confunden con abandonado o “sin dueño”. Debemos ser conscientes de que lo que está en la montaña es de la montaña, lo mismo que en el bosque, la playa, el desierto o el mar (aunque en este último no esté del todo claro). En definitiva se trata de no llevarse nada y de dejar todo tal cual estaba cuando llegamos y eso también implica no dejar nada, no construir nada, ni introducir nada que no sea del lugar.

6. Respeta la vida silvestre
Nunca olvidar que nosotros estamos de visita y ante esa premisa debemos ser sumamente responsables y respetar estrictamente a la fauna y la flora del lugar. No acercarse a los animales, no alimentarlos ni molestarlos es lo mínimo que podemos hacer. La planificación en estos casos nos va a permitir conocer sobre la fauna local, especies existentes, su comportamiento, épocas de reproducción y demás información que nos permitirá decidir responsablemente en beneficio de la misma.

Además, como cada vez más cicloviajeros viajan acompañados de sus mascotas, se debe tener en cuenta que las mismas producen grandes problemas en las especies nativas, con lo cual es sumamente importante no llevar mascotas a los lugares silvestres.

7. Considera a otros visitantes
En este punto prima el sentido común aplicado al respeto por el otro y la conciencia de que cada uno de nuestros actos va a repercutir de una u otra forma en la vida del otro. Y si bien este principio debería aplicarse en todos los lugares del planeta, es necesario adaptarlo a los ámbitos naturales que visitamos. El silencio, el cuidado de los espacios compartidos, al igual que la voluntad de colaborar con los otros en situaciones que lo requieran es lo que nos va a mejorar a nosotros y a los otros en la experiencia en la naturaleza…

Texto y fotos: Nación Salvaje

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Nación Salvaje: un viaje extraordinario por el maravilloso Parque Patagonia

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Cuando la vista se te pierda en un ocre eterno de atardeceres profundos.
Cuando el viento gobierne tus pelos, tus pasos, tu paciencia.
Cuando los cielos te provoquen suspiros inevitables y la intensidad del afuera te estremezca el adentro.
No te asustes ni te impacientes; escucha, observa con atención, que estás llegando a tierras donde la libertad aún no pudo ser domesticada.
El parque Patagonia se encuentra al norte de la provincia de Santa Cruz, que con sus 243.943 kilómetros cuadrados es la segunda más grande de la Argentina, pero también la de menor densidad poblacional. Tierras en donde el “por ahí no hay nada” se traduce en enormes extensiones de naturaleza virgen, en geografías intensamente agrestes en las que es mucho más probable cruzarse con grandes manadas de guanacos salvajes que con algún otro ser humano.

La primera vez que recorrimos la provincia en bici fue en el 2014, durante nuestro viaje por la ruta 40 y las sensaciones que tuvimos en ese entonces fueron las que a lo largo del tiempo nos hicieron volver una y otra vez, hasta elegirla hoy en día como nuestro hogar.
No es un lugar fácil ni cómodo, porque como todo lo indomable e impredecible te obliga a adaptarte, a sentirte chiquito, a ganar humildad, a entender sobre prioridades.
Pero para contrarrestar aquella rudeza de su clima y sus distancias, siempre te regala muchas de las experiencias más auténticas y extraordinarias que se puedan tener. Por eso cuando recibimos la invitación para conocer el Parque Patagonia en bici no tuvimos dudas de cuál tendría que ser nuestra respuesta y claramente no nos equivocamos.
Pedaleamos por senderos que bordeaban impactantes cañadones, mezclamos bici con trekking para llegar a lagunas escondidas repletas de flamencos, vimos por primera vez una familia de pumas, caminamos entre cerros color fantasía. En tan solo dos días atravesamos estepa, cerros, roca, ríos, nos encontramos entre árboles frondosos y reparadores. Conocimos gente que ama lo que hace. Gente que cree en lo que hace. Conocimos un parque en el que siempre fuimos bienvenidos y donde en tan solo dos días logramos sentirnos en viaje.

Los accesos al Parque
El Parque Patagonia Argentina cuenta con dos portales de acceso: el Portal La Ascensión y el Portal Cañadón Pinturas. Ambos tienen distintos senderos que permiten internarse en impactantes geografías y cuentan con servicios de uso público. Nosotros en esta oportunidad fuimos a visitar el Portal Cañadón Pinturas, y aunque ya somos viejos conocedores de la zona lo que encontramos fue una sorpresa constante en cada rincón que recorrimos.
El Portal Cañadón Pinturas tiene cinco senderos de distintas dificultades:
Tierra de Colores,
Koi,
La Guanaca,
Los Balcones y la
Bajada de los Toldos.

Pedaleando en los cinco senderos
El primer sendero que conocimos fue Tierra de Colores, ya que se encuentra a pocos metros de la entrada al portal. Es un recorrrido de dos kilómetros de baja dificultad en el que transitás por escenografías de cuento, entre cerros amarillos, rosados y ocres que recuerdan a los increíbles paisajes del norte argentino —con la sorprendente particularidad de estar en medio de la estepa patagonica, lo que hace a la experiencia aún más extraordinaria.

Pasamos la primera noche en La Posada de los Toldos, donde podes optar por hospedaje o camping libre con acceso a baños y un refugio. Nosotros ese día elegimos dormir en la camioneta.
A la mañana siguiente preparamos las bicis con el equipo y tomamos el camino que nos llevaría durante 19 kilómetros al inicio de los demás senderos, hasta concluir finalmente en la Cueva de las Manos.
Pedaleamos entre hermosas mesetas y llanuras extensas que dibujaban el horizonte hasta la entrada al sendero Koi, que asciende hasta la meseta Sumich. Abandonamos por un rato el camino para subir pedaleando por un estrecha huella que nos permitió avanzar algunos kilómetros, hasta que fue necesario dejar de las bicis y seguir a pie. Luego de un breve trekking llegamos a una laguna llena de flamencos rosados que se robaron nuestra atención por un largo rato.
Más adelante nos esperaba el final del recorrido, que permite una vista amplia e impactante del lugar. La bajada en bici por el sendero fue aún más divertida y llegamos nuevamente al camino en apenas algunos minutos, para volver a tomarlo en dirección a la Cueva de las Manos. La ruta estaba en excelentes condiciones, lo que nos permitió ir disfrutando del lugar sin contratiempos ni distracciones.
Luego de algunos kilómetros volvimos a encontrarnos con el cartel que marcaba el inicio del sendero La Guanaca, un trekking de 6 kilómetros que asciende al Cerro Amarillo, para terminar con una gran panorámica del cañadón Río Pinturas, acompañados de cóndores.
Más tarde, al regresar al inicio del sendero La Guanaca, nos metimos por el sendero Los Balcones, que nos llevó hasta la Bajada de los Toldos, pedaleando durante 3 kilómetros por una huella que va bordeando el cañadón, lo que hizo de ese tramo uno de los recorridos más impresionantes que hicimos en bici, porque mientras las ruedas giraban entretenidamente por una sendero serpenteante pero sin grandes dificultades, todo a nuestro costado se había vuelto un mundo de roca, colores y formaciones sorprendentes que nos mantuvieron con los ojos muy abiertos y las sonrisas constantes hasta la gran Bajada de los Toldos, donde el cañadón decide que es momento de dejarse de rodeos y mostrar toda su magia.
En ese punto, la Cueva de las Manos nos queda del otro lado del cañadón, por lo que para visitarla es necesario dejar las bicis y realizar una importante bajada que cruza el río por un camino perfectamente marcado que te permite recorrer parte del hermoso Río Pinturas, rodeados de vegetación, para ascender finalmente hasta la entrada a las cuevas.

Esa tarde, como tantas otras veces, armamos la carpa, calentamos el agua para el mate y esperamos a la puesta del sol. Pero el pequeño balcón que habíamos elegido para pasar la noche no era cosa de todos los días. Frente a nosotros el imponente y milenario cañadón del Río Pinturas nos sacudía las emociones y las ideas, para hablarnos de otras épocas, en las que la convivencia con el entorno estaba ligada a lazos mucho más simples y profundos que la mera codicia y ambición a la que nos fuimos acostumbrando.

Información útil
El portal Cañadón Pinturas se encuentra a 56 km de la localidad de Perito Moreno por la ruta 40.
Para conocer las Cuevas de las Manos es necesario pagar entrada (actualmente para residentes Argentinos es de 600 pesos) y esperar el horario de la visita guiada. Abre de 9 a 19 y las visitas guiadas son cada hora, con una duración aproximada de una hora. No se hacen reservas, el acceso es por orden de llegada y el número máximo por guiada es de 20 personas.
Si vas en carpa o motorhome vas a poder tener acceso a espacios de servicios públicos y gratuitos.
Aunque la distancia entre La Posada de los Toldos y La Cueva de las Manos es de tan solo 19 km, recomendamos ir con tiempo para poder entrar en los distintos senderos que se encuentran en el camino.
Al ser un lugar donde la fauna está protegida y no perseguida, como en otras zonas de Santa Cruz, es normal ver grandes manadas de guanacos, zorros o flamencos con total tranquilidad al costado del camino. Por lo que es fundamental respetar su hábitat y no molestarlos ni darles de comer ni asustarlos como si fueran parte de un entretenimiento.
La basura o residuos que se generen, sin importar las circunstancias o que tipo de basura generemos, deben volver con uno, lo que significa que una cáscara de fruta también es basura que no pertenece al lugar aunque sea orgánica, al igual que el papel higiénico. Por eso llevar siempre una bolsa donde poder acumular los residuos es indispensable.
En lugares que no están preparados o habilitados para realizar fuego como campings o fogones, el fuego nunca es una opción. Si vas a acampar en la naturaleza es necesario llevar una cocina a gas, alcohol o MSR.

El clima en Santa Cruz es muy variable y aun en días de verano, donde el sol es muy fuerte, la temperatura puede bajar abruptamente de un momento a otro. Sea cual fuere el recorrido que vamos a emprender, recomendamos llevar siempre buen abrigo aunque las condiciones muchas veces parezcan no ameritarlo.

Por Nación Salvaje

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Cuatro argentinos harán un viaje de más de 10.000 kilómetros en bici desde Sudáfrica a Qatar para ver el mundial de fútbol

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Con la mira puesta en arribar al mundial de fútbol de Qatar 2022 que se disputará durante los meses de noviembre y diciembre, cuatro argentinos apasionados de la bicicleta partirán el próximo mes de mayo desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) para arribar a Doha (Qatar) después de recorrer más de 10.000 kilómetros a través de África y Medio Oriente.
El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014 y fue creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección argentina de fútbol por el mundo. Actualmente Ledezma lleva recorridos más de 30.000 kilómetros en bici por más de 25 países, en viajes que lo llevaron al mundial de Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

Siguiendo este impulso es que nació Pedaleando África, el proyecto que nos ocupa en estas líneas y que protagonizarán cuatro aventureros:
Lucas Ledezma, profesor de educación física y protagonista de los viajes en bici a algunos de los eventos de fútbol más importantes de los últimos años (@todoapedal).
Silvio Gatti, licenciado en turismo y ambiente, viajero aficionado cordobés que vive en Barcelona y que ha recorrido más de 15 países de América, Europa y Asia (@bikepackingargentina)
Leandro Blanco Pighi, licenciado en comunicación social, escritor, periodista de viajes, conferencista “y ante todo trotamundos”, como el mismo se define. Ha publicado dos libros, lleva más de 10 años viajando alrededor del mundo y ha visitado más de 40 países (@viajero_intermitente).
Sebastián Rodríguez, realizador audiovisual y fotógrafo, un apasionado por la aventura que será el encargado de registrar en imágenes esta travesía (@seba.spila).

La hoja de ruta de los viajeros (que obviamente puede sufrir modificaciones por imprevistos sobre la marcha) es la siguiente:
Pedalear 7.556 kilómetros desde Ciudad delCabo hasta Adís Abeba (Etiopía).
Volar desde Adís Abeba hasta El Cairo (Egipto).
Pedalear 1.297 kilómetros desde El Cairo hasta el puerto de Nuweibaa (Egipto).
En Nuweibaa tomar el ferry que los llevará a Jordania y desde allí pedalear otros 2.646 kilómetros por Irak, Kuwait y Arabia Saudita para llegar a Doha, la capital qatarí, el día 21 de noviembre del 2022.

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La Odisea de Maluk, una familia cicloviajera

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Antonella Rodríguez (33) nació en la ciudad de Buenos Aires y Diego Saunders (25) en Navarro, provincia de Buenos Aires, pero hace ya tres años residen en San Luis, lugar donde nació Maluk Saunders hace en julio del 2019.

Y de la inspiración que les despertó su hijo nació la idea y el nombre, La Odisea de Maluk, del viaje que programaron y pusieron en marcha el 29 de octubre pasado a lo largo de América.
Ambos confiesan haber desarrollado antes de conocerse sueños de conocer otras tierras, otras comunidades y otras costumbres de nuestro planeta. En el caso de Antonella, cuando conoció en Bolivia a un grupo de cicloviajeros argentinos. En el caso de Diego, nos cuenta que siempre había soñado con viajar en bicicleta de una manera autosustentable, sin necesidad de combustión y sin apuros, y su primer viaje lo llevó a cabo por la región de Cuyo y la región pampeana de Argentina.
“El viaje siempre estuve presente desde antes de conocernos y formar pareja —asegura Antonella—. Hicimos algún viaje en pareja y luego nos establecimos en San Luis con Maluk y su proceso de gestación nacimiento y crecimiento, sin dejar de imaginar un viaje en familia.”
Este viaje “tIene como objetivo mostrar al mundo que se puede tomar un camino no convencional, que los niños pueden crecer normalmente en viaje, que aporta un crecimiento personal y espiritual a cada ser y el placer de conocer las bellezas a nuestro paso”.

Las bicicletas fueron armadas por ellos mismos y son tipo mountain bike, una en rodado 27.5 y la otra en rodado 26. El equipamiento incluye alforjas traseras en ambas bicicletas y alforjas delantera en una. Disponen además para llevar a Maluk de un trailer de un eje y dos ruedas rodado 20, espacioso, que cuenta con baúl, cinturones de seguridad, mosquitero y techo con sombra, un brazo que se engancha con un perno y un acople al eje de la rueda trasera de la bicicleta.
Al momento de conectarnos con ellos a fines de diciembre la familia viajera llevaba ya dos meses en el camino. “Vamos muy cómodos y muy tranquilos, sin apuros, con algún que otro inconveniente mecánico, nada de otro mundo que no se pueda solucionar rápidamente”, relata Antonella. “Nos damos maña con la mecánica, al punto que las bicicletas están completamente armadas por nosotros, desde principio a fin. Y momentáneamente no tuvimos fallas. Llevamos herramientas y algún que otro repuesto, pero no estamos excedidos de peso.”
Con respecto al sustento del viaje, la familia dispone de algún dinero guardado, a lo que suma algún trabajo diario en viaje, entre ellos la venta de artesanía con materia prima de los lugares recorridos.
Y en cuanto al alojamiento, el camping es el principal recurso, aunque también vía redes van conociendo gente que puede darles un lugar donde alojarse.

En su planificación está incluida la previsión de los eventos meteorológicos, a los que tratan de anticiparse viendo los pronósticos. Tratan en lo posible de pedalear con viento a favor y con respecto a la lluvia o tormentas buscan refugio hasta que el pronóstico de señales de buen tiempo

Como dijimos, Antonella, Diego y Maluk partieron el 29 de octubre del 2021 desde la ciudad de San Luis, Argentina, haciendo un recorrido por las sierras centrales de San Luis y Traslasierra en Córdoba.

Luego cruzaron el norte de Córdoba camino a las “sierras chicas”, subieron hacia el norte a la provincia de Santiago del Estero y unas vez en Ojo de Agua tomaron sentido noreste. El día 30 de diciembre del 2021 se encontraban en el límite con la provincia del Chaco. El camino continuaría atravesando el Chaco, cruzando luego a la provincia de Corrientes para desde ahí pasar a Brasil, el que aun no saben por donde lo van a recorrer: “Se definirá en el momento dado”, asegura Antonella.
Su probable destino en Sudamérica — aventuran— sería el nordeste brasilero. “Tiempo no estimamos, pero un vago calculo puede ser dos años.”

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El despertar a la exploración

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Después de algunos años de viajar en bici, cuando se trataba más de un desafío deportivo que de hacer turismo (y no porque uno no fuera un deportista sino porque en esa época no estaba vigente el concepto de turismo y menos el de turismo interno) fue cuando descubrí la RN 40, que era más una línea en un mapa que un corredor turístico. Los años pasaron, los caminos y las rutas se sumaron y llegué a un presente donde sigo buscando hilvanar huellas y caminos, cuanto más perdidos e inhóspitos mejor, siempre pensando qué le pasa cuando llega el invierno a un camino que en verano es factible de pedalear.
Todo esto y los años me ayudaron a entender que muchas veces el proyecto de intentar llegar a un lugar con la bici es más una quimera que una realidad y aprendí que esos proyectos que no podés concretar, como la vuelta en bici a la Península Mitre en Tierra del Fuego, no son fracasos sino una buena escuela, donde aprendés más que si los hubieses concretado.
Con toda esta mochila sobre mis espaldas, hoy encuentro una gran fascinación de los viajeros por compartir sus viajes utilizando las redes sociales. Cada uno elige su forma de viajar, su forma de sustentarse y su forma de compartir, eso es lo que hace “divertidas” a las redes y a la vida. Y también nosotros tenemos la posibilidad de elegir seguirlos o no solo con un click. Y es esa fascinación la que hace que encuentre una falta de originalidad en los destinos. Por supuesto que todos, cuando empezamos, buscamos cumplir sueños, fantasías y en algunos casos hasta utopías, pero…
A veces pienso que las redes, internet, los mapas, las aplicaciones y las fotos digitales nos han sacado la posibilidad de soñar con un lugar y la necesidad de llegar a ese lugar para conocerlo y por ende hemos perdido las ganas de explorar, ya sea por pensar que está todo inventado o solo por tener acceso a casi toda la data sin salir de casa.
Con el paso de los años un gran referente de la montaña cambió su propia definición de aventura, la cual pasó de “la decisión de pasar una noche fuera de casa lejos de las comodidades” a “solo es aventura cuando vas a un lugar donde no hay infraestructura”. Hoy muchos han tomado esa decisión de pasar alguna noche fuera de la casa, pero la mayoría de los destinos elegidos carecen de esa falta de infraestructura.

Desde hace tiempo fui desarrollando la idea de poder llegar a lugares donde antes casi nadie hubiera estado en bicicleta, la idea de poder explorar usando mi bicicleta, y esto de a poco fue una gran motivación para desarrollar herramientas, prepararme y encontrar esos lugares.
Y subrayo lo de MI IDEA porque no pretendo establecer reglas sobre lo que debe ser el viajar en bicicleta. Hay muchas formas de viajar y sobre todo no hay unas que estén mal y otras que estén bien, cualquiera es válida. Pero mi idea está basada en el haberme dado cuenta que esta vida es una sola y que, con el tiempo, el “viajar en bici” iba a perder eso tan especial que irradia cuando todos nos encontramos marcando y remarcando las mismas huellas, pero más importante aún porque siempre entendí que podía dejar un legado a mi descendencia, un legado no de éxitos sino uno de experiencias y vivencias, un legado lleno de aprendizaje.
Espero sepan entender estas líneas no como crítica sino como una especie de despertar a la exploración y a la aventura. Recuerden esa sensación que tuvieron cuando por primera vez los dejaron ir solos a ese lugar que deseaban ir. Entiendan que hay que hacer y en el hacer van a ir encontrando sus propias formas, en el hacer están la escuela y las anécdotas, en el hacer esta la famosa frase “¿qué hago acá? ”, en el hacer está tu propia historia y tu propio despertar a la exploración… y a tu propia vida.

 

Texto: Diego Andrich*
Fotos: Nación Salvaje

*El autor es el titular de Tierra de Biciviajeros, una tienda dedicada al cicloturismo (¡y mucho más!) ubicada en Campichuelo 260, local 28, CABA: www.tierradebiciviajero.com.ar |11-2467-0104

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