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Cicloturismo

Cómo construir senderos sustentables para bicicletas y potenciar el negocio turístico

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A veces es difícil hablar de lo que uno da por sentado, o bien de lo que para uno es sentido común y para otro no lo es. Un claro ejemplo de sentido común mal aplicado y que a los que pedaleamos en la montaña nos toca de cerca es la creencia popular de que cuando llueve los senderos se rompen, los caminos se destruyen, las ciudades se inundan y los ríos crecen. Y si bien esto último es totalmente cierto, no lo son las otras situaciones. Las ciudades se inundan cuando no tienen un buen diseño pluvial y lo mismo ocurre con los caminos y los senderos.
A la hora de presentar proyectos desde la International Mountain Bicycling Association (IMBA), siempre encontramos la misma duda sistémica. De hecho, si los integrantes de IMBA fuéramos médicos, probablemente ya hubiéramos catalogado esta duda como una enfermedad y estaríamos buscando una vacuna, ya que se trata de una tendencia de pensamiento generalizada.
Esta creencia popular y la devastación ambiental fue, entre otras cosas, lo que me motivó a formarme en el desarrollo de senderos sustentables hace más de 15 años.

IMBA y el buen diseño
No puedo negar que he sido testigo de como los senderos que construía hace 20 años se los llevaba el agua, pero también aprendí, con métodos científicos y técnicos, que un buen diseño puede controlar el impacto del agua, creando senderos que requieren un mínimo mantenimiento, al punto de que una sola persona, una o dos veces al año, puede mantener en pocos días de trabajo un sendero de 100 kilómetros. Exceptuando situaciones peculiares, claro, como tornados, huracanes, terremotos u otras situaciones catastróficas.

Hoy, desde IMBA contamos con el conocimiento y la experiencia internacional para crear sistemas de senderos aptos para turismo que requieren muy poco mantenimiento y que hasta pueden ser programados y gestionados por los propios usuarios locales.
Nuestros senderos pueden incluso estar diseñados para que sean accesibles a personas con movilidad limitada, generando accesibilidad universal en ellos, particularmente para personas en sillas de ruedas de montaña. IMBA no solo es líder mundial en desarrollo turístico sustentable, también es una de las pocas ONGs en el mundo que crea senderos de montaña con accesibilidad universal (sillas de ruedas).

 

¿Pero por qué no se hacen senderos?
Ahora bien, si IMBA es tan genial, ¿por qué no hay senderos en cada rincón de Argentina, en cada centro turístico, hotel, spa o comuna? Porque seamos realistas, si vamos a Patagonia, la gran mayoría de los senderos que suben a los refugios o son promovidos como senderos de trekking de nivel medio o son, según el estándar mundial, senderos back country, es decir senderos donde puede peligrar la vida del usuario. Otro tanto sucede en Córdoba, donde tenemos nuestra sede, y la historia se repite en el resto del país.
Tal es la falta de diseño en los senderos a lo largo y ancho de Argentina, y es allí donde tenemos una de nuestras mayores fallas turísticas. Es cierto que la realidad de pandemia que vivimos actualmente nos cortó el turismo internacional y nos permitió monetizar como nunca el turismo nacional, algo que curiosamente, en algunos casos, generó más ingresos que el turismo internacional. Eso en realidad se debe a que los turistas clase A de Argentina que buscan destinos en la naturaleza, ya sea para trekking como para ciclismo de montaña, prefieren irse al extranjero, donde, entre otras cosas, existen mejores senderos, cosa que por las cuarentenas no pudieron hacer. Por otro lado, cuando tenemos turismo receptivo internacional de este tipo, este pasa dos días aquí y prefiere irse a Chile, donde la oferta turística está más desarrollada y los senderos también.
Básicamente cuando desde IMBA hablamos de crear y diseñar un sendero nos topamos con estas preguntas o cuestionamientos: ¿Pero para qué voy a invertir si el agua lo va a romper? Es imposible un sendero para silla de ruedas. ¿Para qué voy invertir en un proyecto de IMBA si me lo hace el jardinero con la motosierra? Lamentablemente, este último ejemplo es el factor común que hace que luego los senderos se rompan con la lluvia, ante lo cual se justifican diciendo: “Por lo menos me salió más barato, porque Juancito ya trabaja acá y lo tengo limpiando la pileta también.”

El sendero de Villa Carlos Paz

Hace poco tuvimos la oportunidad de construir un sendero en un hotel de Villa Carlos Paz (CBA), para el Pinares Panorama Suites & Spa, donde proyectamos algo mucho más amplio, pero el “sentido común” de ambientalistas e incluso algunos de los propios inversores (algo lógico) hizo que se aprobara una etapa mucho más corta, con lo cual desde IMBA decidimos llamarla laboratorio de senderos, algo que aplicamos en muchas partes del mundo con el término inglés traillab.
El hecho es que construimos el sendero completamente a mano, entre cinco personas, en época de lluvias (el “sentido común” dice que hay que construir fuera de la época de lluvias) y al cabo de 25 días teníamos la primera etapa construida con accesibilidad para sillas de ruedas, siendo este el primer sendero de montaña accesible a sillas de ruedas del país. Esta etapa del sendero fue terminada a mediados de enero.

En Córdoba y como si se tratara de una broma planeada (veníamos de una muy larga sequía), comenzó a llover dos veces por semana durante la obra y las lluvias incluso continuaron luego de terminada la etapa constructiva. ¡Lluvias de 50/70 mm en media hora, muy intensas, lluvias que inundaron la ciudad, se llevaron autos, arrastraron personas, destruyeron caminos, e hicieron crecer ríos! Pero hete aquí que lo único que no pudieron hacer esas lluvias fue romper el sendero, que de hecho luego de las lluvias quedó mucho mejor, ya que la debacle climática ayudó a la recuperación vegetal y la cobertura natural.
Durante el proceso constructivo habíamos sido visitados por ambientalistas, ingenieros agrónomos, arquitectos y otros profesionales y especialistas, algunos por mera curiosidad, pero otros esperando ver como su “sentido común” tenía sentido, y en cada caso ocurría lo mismo: todos subían y bajaban el sendero de punta a punta sorprendidos. “Esto sí es protección ambiental” –reconocían. Y: “Esto es una obra de ingeniería única” Pero el mejor fue: “Yo creía que esto era una guitarreada y claramente no lo es, realmente me sorprende.”
Por suerte para el hotel, los turistas y todos los posibles usuarios, hay únicamente dos mujeres a cargo del hotel spa en cuestión (Cecilia y Marlene), dos mujeres empoderadas que aprobaron el proyecto luego de revisar las credenciales de IMBA y saber que estaban realizando una apuesta segura a un proyecto sin precedentes en Latinoamérica,  ya que además de ser primer sendero sustentable y con accesibilidad de montaña en suelo argentino también lo es de todo el subcontinente.
En este laboratorio quedó ampliamente demostrado lo equivocados que están quienes creen que no se pueden construir senderos que no se rompan con la lluvia, o senderos sustentables o senderos con accesibilidad universal. Quedó demostrado que el único camino posible a transitar son los senderos construidos con el criterio propuesto por IMBA, para de esa manera lograr desarrollar el turismo de una manera sustentable real, accesible a todos los prestadores turísticos, generando nuevos clientes, multiplicando los ingresos y monetizando la inversión realizada.
Señores, el jardinero es el jardinero, el guía es el guía e IMBA, con su equipo de profesionales, es la institución capaz de desarrollar proyectos de este tipo.

Por Alejandro Minuzzi, presidente de IMBA Argentina, director de IMBA Latinoamérica

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Cicloturismo

Nación Salvaje: un viaje extraordinario por el maravilloso Parque Patagonia

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Cuando la vista se te pierda en un ocre eterno de atardeceres profundos.
Cuando el viento gobierne tus pelos, tus pasos, tu paciencia.
Cuando los cielos te provoquen suspiros inevitables y la intensidad del afuera te estremezca el adentro.
No te asustes ni te impacientes; escucha, observa con atención, que estás llegando a tierras donde la libertad aún no pudo ser domesticada.
El parque Patagonia se encuentra al norte de la provincia de Santa Cruz, que con sus 243.943 kilómetros cuadrados es la segunda más grande de la Argentina, pero también la de menor densidad poblacional. Tierras en donde el “por ahí no hay nada” se traduce en enormes extensiones de naturaleza virgen, en geografías intensamente agrestes en las que es mucho más probable cruzarse con grandes manadas de guanacos salvajes que con algún otro ser humano.

La primera vez que recorrimos la provincia en bici fue en el 2014, durante nuestro viaje por la ruta 40 y las sensaciones que tuvimos en ese entonces fueron las que a lo largo del tiempo nos hicieron volver una y otra vez, hasta elegirla hoy en día como nuestro hogar.
No es un lugar fácil ni cómodo, porque como todo lo indomable e impredecible te obliga a adaptarte, a sentirte chiquito, a ganar humildad, a entender sobre prioridades.
Pero para contrarrestar aquella rudeza de su clima y sus distancias, siempre te regala muchas de las experiencias más auténticas y extraordinarias que se puedan tener. Por eso cuando recibimos la invitación para conocer el Parque Patagonia en bici no tuvimos dudas de cuál tendría que ser nuestra respuesta y claramente no nos equivocamos.
Pedaleamos por senderos que bordeaban impactantes cañadones, mezclamos bici con trekking para llegar a lagunas escondidas repletas de flamencos, vimos por primera vez una familia de pumas, caminamos entre cerros color fantasía. En tan solo dos días atravesamos estepa, cerros, roca, ríos, nos encontramos entre árboles frondosos y reparadores. Conocimos gente que ama lo que hace. Gente que cree en lo que hace. Conocimos un parque en el que siempre fuimos bienvenidos y donde en tan solo dos días logramos sentirnos en viaje.

Los accesos al Parque
El Parque Patagonia Argentina cuenta con dos portales de acceso: el Portal La Ascensión y el Portal Cañadón Pinturas. Ambos tienen distintos senderos que permiten internarse en impactantes geografías y cuentan con servicios de uso público. Nosotros en esta oportunidad fuimos a visitar el Portal Cañadón Pinturas, y aunque ya somos viejos conocedores de la zona lo que encontramos fue una sorpresa constante en cada rincón que recorrimos.
El Portal Cañadón Pinturas tiene cinco senderos de distintas dificultades:
Tierra de Colores,
Koi,
La Guanaca,
Los Balcones y la
Bajada de los Toldos.

Pedaleando en los cinco senderos
El primer sendero que conocimos fue Tierra de Colores, ya que se encuentra a pocos metros de la entrada al portal. Es un recorrrido de dos kilómetros de baja dificultad en el que transitás por escenografías de cuento, entre cerros amarillos, rosados y ocres que recuerdan a los increíbles paisajes del norte argentino —con la sorprendente particularidad de estar en medio de la estepa patagonica, lo que hace a la experiencia aún más extraordinaria.

Pasamos la primera noche en La Posada de los Toldos, donde podes optar por hospedaje o camping libre con acceso a baños y un refugio. Nosotros ese día elegimos dormir en la camioneta.
A la mañana siguiente preparamos las bicis con el equipo y tomamos el camino que nos llevaría durante 19 kilómetros al inicio de los demás senderos, hasta concluir finalmente en la Cueva de las Manos.
Pedaleamos entre hermosas mesetas y llanuras extensas que dibujaban el horizonte hasta la entrada al sendero Koi, que asciende hasta la meseta Sumich. Abandonamos por un rato el camino para subir pedaleando por un estrecha huella que nos permitió avanzar algunos kilómetros, hasta que fue necesario dejar de las bicis y seguir a pie. Luego de un breve trekking llegamos a una laguna llena de flamencos rosados que se robaron nuestra atención por un largo rato.
Más adelante nos esperaba el final del recorrido, que permite una vista amplia e impactante del lugar. La bajada en bici por el sendero fue aún más divertida y llegamos nuevamente al camino en apenas algunos minutos, para volver a tomarlo en dirección a la Cueva de las Manos. La ruta estaba en excelentes condiciones, lo que nos permitió ir disfrutando del lugar sin contratiempos ni distracciones.
Luego de algunos kilómetros volvimos a encontrarnos con el cartel que marcaba el inicio del sendero La Guanaca, un trekking de 6 kilómetros que asciende al Cerro Amarillo, para terminar con una gran panorámica del cañadón Río Pinturas, acompañados de cóndores.
Más tarde, al regresar al inicio del sendero La Guanaca, nos metimos por el sendero Los Balcones, que nos llevó hasta la Bajada de los Toldos, pedaleando durante 3 kilómetros por una huella que va bordeando el cañadón, lo que hizo de ese tramo uno de los recorridos más impresionantes que hicimos en bici, porque mientras las ruedas giraban entretenidamente por una sendero serpenteante pero sin grandes dificultades, todo a nuestro costado se había vuelto un mundo de roca, colores y formaciones sorprendentes que nos mantuvieron con los ojos muy abiertos y las sonrisas constantes hasta la gran Bajada de los Toldos, donde el cañadón decide que es momento de dejarse de rodeos y mostrar toda su magia.
En ese punto, la Cueva de las Manos nos queda del otro lado del cañadón, por lo que para visitarla es necesario dejar las bicis y realizar una importante bajada que cruza el río por un camino perfectamente marcado que te permite recorrer parte del hermoso Río Pinturas, rodeados de vegetación, para ascender finalmente hasta la entrada a las cuevas.

Esa tarde, como tantas otras veces, armamos la carpa, calentamos el agua para el mate y esperamos a la puesta del sol. Pero el pequeño balcón que habíamos elegido para pasar la noche no era cosa de todos los días. Frente a nosotros el imponente y milenario cañadón del Río Pinturas nos sacudía las emociones y las ideas, para hablarnos de otras épocas, en las que la convivencia con el entorno estaba ligada a lazos mucho más simples y profundos que la mera codicia y ambición a la que nos fuimos acostumbrando.

Información útil
El portal Cañadón Pinturas se encuentra a 56 km de la localidad de Perito Moreno por la ruta 40.
Para conocer las Cuevas de las Manos es necesario pagar entrada (actualmente para residentes Argentinos es de 600 pesos) y esperar el horario de la visita guiada. Abre de 9 a 19 y las visitas guiadas son cada hora, con una duración aproximada de una hora. No se hacen reservas, el acceso es por orden de llegada y el número máximo por guiada es de 20 personas.
Si vas en carpa o motorhome vas a poder tener acceso a espacios de servicios públicos y gratuitos.
Aunque la distancia entre La Posada de los Toldos y La Cueva de las Manos es de tan solo 19 km, recomendamos ir con tiempo para poder entrar en los distintos senderos que se encuentran en el camino.
Al ser un lugar donde la fauna está protegida y no perseguida, como en otras zonas de Santa Cruz, es normal ver grandes manadas de guanacos, zorros o flamencos con total tranquilidad al costado del camino. Por lo que es fundamental respetar su hábitat y no molestarlos ni darles de comer ni asustarlos como si fueran parte de un entretenimiento.
La basura o residuos que se generen, sin importar las circunstancias o que tipo de basura generemos, deben volver con uno, lo que significa que una cáscara de fruta también es basura que no pertenece al lugar aunque sea orgánica, al igual que el papel higiénico. Por eso llevar siempre una bolsa donde poder acumular los residuos es indispensable.
En lugares que no están preparados o habilitados para realizar fuego como campings o fogones, el fuego nunca es una opción. Si vas a acampar en la naturaleza es necesario llevar una cocina a gas, alcohol o MSR.

El clima en Santa Cruz es muy variable y aun en días de verano, donde el sol es muy fuerte, la temperatura puede bajar abruptamente de un momento a otro. Sea cual fuere el recorrido que vamos a emprender, recomendamos llevar siempre buen abrigo aunque las condiciones muchas veces parezcan no ameritarlo.

Por Nación Salvaje

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Cuatro argentinos harán un viaje de más de 10.000 kilómetros en bici desde Sudáfrica a Qatar para ver el mundial de fútbol

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Con la mira puesta en arribar al mundial de fútbol de Qatar 2022 que se disputará durante los meses de noviembre y diciembre, cuatro argentinos apasionados de la bicicleta partirán el próximo mes de mayo desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) para arribar a Doha (Qatar) después de recorrer más de 10.000 kilómetros a través de África y Medio Oriente.
El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014 y fue creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección argentina de fútbol por el mundo. Actualmente Ledezma lleva recorridos más de 30.000 kilómetros en bici por más de 25 países, en viajes que lo llevaron al mundial de Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

Siguiendo este impulso es que nació Pedaleando África, el proyecto que nos ocupa en estas líneas y que protagonizarán cuatro aventureros:
Lucas Ledezma, profesor de educación física y protagonista de los viajes en bici a algunos de los eventos de fútbol más importantes de los últimos años (@todoapedal).
Silvio Gatti, licenciado en turismo y ambiente, viajero aficionado cordobés que vive en Barcelona y que ha recorrido más de 15 países de América, Europa y Asia (@bikepackingargentina)
Leandro Blanco Pighi, licenciado en comunicación social, escritor, periodista de viajes, conferencista “y ante todo trotamundos”, como el mismo se define. Ha publicado dos libros, lleva más de 10 años viajando alrededor del mundo y ha visitado más de 40 países (@viajero_intermitente).
Sebastián Rodríguez, realizador audiovisual y fotógrafo, un apasionado por la aventura que será el encargado de registrar en imágenes esta travesía (@seba.spila).

La hoja de ruta de los viajeros (que obviamente puede sufrir modificaciones por imprevistos sobre la marcha) es la siguiente:
Pedalear 7.556 kilómetros desde Ciudad delCabo hasta Adís Abeba (Etiopía).
Volar desde Adís Abeba hasta El Cairo (Egipto).
Pedalear 1.297 kilómetros desde El Cairo hasta el puerto de Nuweibaa (Egipto).
En Nuweibaa tomar el ferry que los llevará a Jordania y desde allí pedalear otros 2.646 kilómetros por Irak, Kuwait y Arabia Saudita para llegar a Doha, la capital qatarí, el día 21 de noviembre del 2022.

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La Odisea de Maluk, una familia cicloviajera

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Antonella Rodríguez (33) nació en la ciudad de Buenos Aires y Diego Saunders (25) en Navarro, provincia de Buenos Aires, pero hace ya tres años residen en San Luis, lugar donde nació Maluk Saunders hace en julio del 2019.

Y de la inspiración que les despertó su hijo nació la idea y el nombre, La Odisea de Maluk, del viaje que programaron y pusieron en marcha el 29 de octubre pasado a lo largo de América.
Ambos confiesan haber desarrollado antes de conocerse sueños de conocer otras tierras, otras comunidades y otras costumbres de nuestro planeta. En el caso de Antonella, cuando conoció en Bolivia a un grupo de cicloviajeros argentinos. En el caso de Diego, nos cuenta que siempre había soñado con viajar en bicicleta de una manera autosustentable, sin necesidad de combustión y sin apuros, y su primer viaje lo llevó a cabo por la región de Cuyo y la región pampeana de Argentina.
“El viaje siempre estuve presente desde antes de conocernos y formar pareja —asegura Antonella—. Hicimos algún viaje en pareja y luego nos establecimos en San Luis con Maluk y su proceso de gestación nacimiento y crecimiento, sin dejar de imaginar un viaje en familia.”
Este viaje “tIene como objetivo mostrar al mundo que se puede tomar un camino no convencional, que los niños pueden crecer normalmente en viaje, que aporta un crecimiento personal y espiritual a cada ser y el placer de conocer las bellezas a nuestro paso”.

Las bicicletas fueron armadas por ellos mismos y son tipo mountain bike, una en rodado 27.5 y la otra en rodado 26. El equipamiento incluye alforjas traseras en ambas bicicletas y alforjas delantera en una. Disponen además para llevar a Maluk de un trailer de un eje y dos ruedas rodado 20, espacioso, que cuenta con baúl, cinturones de seguridad, mosquitero y techo con sombra, un brazo que se engancha con un perno y un acople al eje de la rueda trasera de la bicicleta.
Al momento de conectarnos con ellos a fines de diciembre la familia viajera llevaba ya dos meses en el camino. “Vamos muy cómodos y muy tranquilos, sin apuros, con algún que otro inconveniente mecánico, nada de otro mundo que no se pueda solucionar rápidamente”, relata Antonella. “Nos damos maña con la mecánica, al punto que las bicicletas están completamente armadas por nosotros, desde principio a fin. Y momentáneamente no tuvimos fallas. Llevamos herramientas y algún que otro repuesto, pero no estamos excedidos de peso.”
Con respecto al sustento del viaje, la familia dispone de algún dinero guardado, a lo que suma algún trabajo diario en viaje, entre ellos la venta de artesanía con materia prima de los lugares recorridos.
Y en cuanto al alojamiento, el camping es el principal recurso, aunque también vía redes van conociendo gente que puede darles un lugar donde alojarse.

En su planificación está incluida la previsión de los eventos meteorológicos, a los que tratan de anticiparse viendo los pronósticos. Tratan en lo posible de pedalear con viento a favor y con respecto a la lluvia o tormentas buscan refugio hasta que el pronóstico de señales de buen tiempo

Como dijimos, Antonella, Diego y Maluk partieron el 29 de octubre del 2021 desde la ciudad de San Luis, Argentina, haciendo un recorrido por las sierras centrales de San Luis y Traslasierra en Córdoba.

Luego cruzaron el norte de Córdoba camino a las “sierras chicas”, subieron hacia el norte a la provincia de Santiago del Estero y unas vez en Ojo de Agua tomaron sentido noreste. El día 30 de diciembre del 2021 se encontraban en el límite con la provincia del Chaco. El camino continuaría atravesando el Chaco, cruzando luego a la provincia de Corrientes para desde ahí pasar a Brasil, el que aun no saben por donde lo van a recorrer: “Se definirá en el momento dado”, asegura Antonella.
Su probable destino en Sudamérica — aventuran— sería el nordeste brasilero. “Tiempo no estimamos, pero un vago calculo puede ser dos años.”

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El despertar a la exploración

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Después de algunos años de viajar en bici, cuando se trataba más de un desafío deportivo que de hacer turismo (y no porque uno no fuera un deportista sino porque en esa época no estaba vigente el concepto de turismo y menos el de turismo interno) fue cuando descubrí la RN 40, que era más una línea en un mapa que un corredor turístico. Los años pasaron, los caminos y las rutas se sumaron y llegué a un presente donde sigo buscando hilvanar huellas y caminos, cuanto más perdidos e inhóspitos mejor, siempre pensando qué le pasa cuando llega el invierno a un camino que en verano es factible de pedalear.
Todo esto y los años me ayudaron a entender que muchas veces el proyecto de intentar llegar a un lugar con la bici es más una quimera que una realidad y aprendí que esos proyectos que no podés concretar, como la vuelta en bici a la Península Mitre en Tierra del Fuego, no son fracasos sino una buena escuela, donde aprendés más que si los hubieses concretado.
Con toda esta mochila sobre mis espaldas, hoy encuentro una gran fascinación de los viajeros por compartir sus viajes utilizando las redes sociales. Cada uno elige su forma de viajar, su forma de sustentarse y su forma de compartir, eso es lo que hace “divertidas” a las redes y a la vida. Y también nosotros tenemos la posibilidad de elegir seguirlos o no solo con un click. Y es esa fascinación la que hace que encuentre una falta de originalidad en los destinos. Por supuesto que todos, cuando empezamos, buscamos cumplir sueños, fantasías y en algunos casos hasta utopías, pero…
A veces pienso que las redes, internet, los mapas, las aplicaciones y las fotos digitales nos han sacado la posibilidad de soñar con un lugar y la necesidad de llegar a ese lugar para conocerlo y por ende hemos perdido las ganas de explorar, ya sea por pensar que está todo inventado o solo por tener acceso a casi toda la data sin salir de casa.
Con el paso de los años un gran referente de la montaña cambió su propia definición de aventura, la cual pasó de “la decisión de pasar una noche fuera de casa lejos de las comodidades” a “solo es aventura cuando vas a un lugar donde no hay infraestructura”. Hoy muchos han tomado esa decisión de pasar alguna noche fuera de la casa, pero la mayoría de los destinos elegidos carecen de esa falta de infraestructura.

Desde hace tiempo fui desarrollando la idea de poder llegar a lugares donde antes casi nadie hubiera estado en bicicleta, la idea de poder explorar usando mi bicicleta, y esto de a poco fue una gran motivación para desarrollar herramientas, prepararme y encontrar esos lugares.
Y subrayo lo de MI IDEA porque no pretendo establecer reglas sobre lo que debe ser el viajar en bicicleta. Hay muchas formas de viajar y sobre todo no hay unas que estén mal y otras que estén bien, cualquiera es válida. Pero mi idea está basada en el haberme dado cuenta que esta vida es una sola y que, con el tiempo, el “viajar en bici” iba a perder eso tan especial que irradia cuando todos nos encontramos marcando y remarcando las mismas huellas, pero más importante aún porque siempre entendí que podía dejar un legado a mi descendencia, un legado no de éxitos sino uno de experiencias y vivencias, un legado lleno de aprendizaje.
Espero sepan entender estas líneas no como crítica sino como una especie de despertar a la exploración y a la aventura. Recuerden esa sensación que tuvieron cuando por primera vez los dejaron ir solos a ese lugar que deseaban ir. Entiendan que hay que hacer y en el hacer van a ir encontrando sus propias formas, en el hacer están la escuela y las anécdotas, en el hacer esta la famosa frase “¿qué hago acá? ”, en el hacer está tu propia historia y tu propio despertar a la exploración… y a tu propia vida.

 

Texto: Diego Andrich*
Fotos: Nación Salvaje

*El autor es el titular de Tierra de Biciviajeros, una tienda dedicada al cicloturismo (¡y mucho más!) ubicada en Campichuelo 260, local 28, CABA: www.tierradebiciviajero.com.ar |11-2467-0104

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