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Cicloturismo

De Mendoza a Chile en una plegable rodado 16

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El autor de esta nota se define a sí mismo como “un viejito de 45 años, asesor de seguros y con algo de experiencia en carreras de aventura, que las corro desde hace casi 15 años”. Y nos cuenta un desafío realmente diferente y extremo: desde Mendoza a Chile pedaleando en una plegable rodado 16.

Tengo una bici plegable rodado 16 que compré hace poco menos de un año, con la que me movilizo todos los días por mi provincia, San Juan.

He encontrado mucha gente aquí que día a día me habla de la importancia de movilizarse en bicicleta. Es decir, me felicitan, pero pese a ello pocos lo hacemos aquí en San Juan, donde tampoco tenemos ciclovías, cosa que espero que se revierta, ya qué hay un proyecto para incluirlas pronto. Quizá locuras como estas hayan servido en algo para empezar a tomar conciencia.

Este preámbulo tiene que ver con la idea del viaje a Chile. En un momento me dije: basta de excusas, se tiene que poder hacer algo cuando uno está convencido que se puede. Y aquí les cuento cómo lo planifiqué y cómo lo hice.

¡Agua!

Mi viaje comenzó en la terminal de ómnibus de Mendoza, desde donde comencé a pedalear tempranito, con la idea de hacer la primera parada en la ciudad de Uspallata, distante 110 kilómetros de Mendoza. Me había figurado que ahí habría algún lugar para parar, pero por las dudas llevaba mi carpa, mi bolsa de dormir y un vivac.

No llevé velocímetro ni cadenciómetro ni reloj, iba solo conmigo mismo y tenía que llegar desde el punto A hasta el punto B sin más información que la que me aportaban mis sensaciones. Pasando Potrerillos, cuando había hecho más o menos 80 kilómetros, me quedé sin agua. Ahí mismo encontré un afluente del río Mendoza, escondí la bici y fui en busca de agua. Mucho calor y viento deshidratan en un ratito.

Resuelto el tema del agua y ya llegando a Uspallata encontré un restaurante de camioneros donde claramente conmigo perdieron dinero: diente libre… No era muy buena la comida, pero para mí fue un banquete. ¡Comí como si no hubiese un mañana! ¡ Riquísimo!

Ese fue mi día uno.

90 km + 4500 msnm

El día 2 lo encaré tempranito, con la idea de llegar hasta Puente del Inca, donde hay refugios que utiliza mucha gente que escala el Aconcagua. Pensaba dormir ahí, a algo más de 75 kilómetros de Uspallata.

Llegué a Puente del Inca recontra bien, temprano, almorcé ahí y me dije: ¡Seguiré subiendo! De modo que llegué hasta Las Cuevas, o sea 17 kilómetros más y ya en el límite fronterizo. Paré en un hostel, que era el viejo correo abandonado, donde me recibió su dueño.

Allí conocí a unos porteños, con quienes ese mismo día nos fuimos a escalar. No estaba tan cansado, pese a que había hecho casi 90 kilómetros de mucha altimetría. Claramente, moverse todos los días en bici hace que uno tenga mucho más estado físico de lo que uno mismo se imagina, así que no se subestimen, se puede. Ese día llegué escalando casi hasta los 4500 msnm, y eso sí, volví reventado y bien acalambrado…

¡¿Y los frenos?!

El día 3 lo encaré tempranito. Los carabineros chilenos me cruzaron el túnel internacional, ya que por ley no se puede cruzar pedaleando, porque en esos tres kilómetros no hay oxígeno suficiente. Y luego de hacer aduana en Chile y fotos con todos comenzó la bajada. Demasiado chiquita la bici, ¡pero contento por haberlo hecho!

Bajar los caracoles fue una odisea, ya que los frenos de esta bici no están hechos para bajar las 33 curvas que tienen los caracoles, además de que hay muchas grietas en el asfalto y con el rodado 16 se ponía muy complicado hacerlo, pero un poco caminando, un poco frenando con el corazón, pude bajar sin problemas.

Llegué hasta Los Andes. Mucha bajada. Luego llegué hasta San Felipe, donde pensaba alojarme y seguir al mar el día 4, pero me sugirieron que no continuase solo esa parte. Hay mucho conflicto en Chile y no me lo recomendaron.

Así que habiendo ya cruzado la Cordillera y teniendo en cuenta que solo me esperaba un camino más normal hasta el mar, di por concluido el viaje, cerveza de por medio. Experiencias vividas: mucho apoyo de la gente, mucho disfrute. Se puede vivir de manera muy simple.

¡Hasta ahí llegó mi viaje!

No hay excusas. Tu bici puede ser grande o chica, de carbono o de caño como la mía, vieja o nueva. Si querés viajar, disfrutar, vivir, no hay mejor forma que hacerlo así, con uno mismo y disfrutando de la vida, que para eso está hecha.


Por Agustin Graffigna: graffigna.agustin@gmail.com

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Cicloturismo

África: pedaleando por la ruta de la hospitalidad

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En junio de 2019, Esteban Mazzoncini se propuso pedalear 20.000 kilómetros para unir el norte de Europa con el sur del continente africano.
En este video documental Mazzoncini relata su paso por África, en donde no todo salió como lo planeaba, y acompaña sus vivencias escritas en el libro «Pedaleando por la ruta de la hospitalidad».

Más info en https://unviajerocurioso.com | https://www.instagram.com/estebanmazzoncini/

Adquirí el libro en: https://unviajerocurioso.com/el-libro/

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Cicloturismo

Aventura patagónica: Un viaje extraordinario con una bici ordinaria

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La neuquina Carla Saralegui se largó a un viaje improvisado en bicicleta que la llevó hasta Tierra del Fuego, donde la sorprendió la cuarentena. En esta nota nos relata su fantástico viaje en una bici que su padre había comprado en un supermercado. (más…)

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Cicloturismo

Sudamérica entrañable III: Ecuador

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Definitivamente había dejado atrás el frío. Ahora empezaría a dormir más en la hamaca que en la bolsa.
Para cruzar Ecuador hay básicamente tres opciones: por la llamada Ruta del Sol, sobre la costa, las sierras en el centro o la selva por el oriente. Esta última prometía pocos desniveles pero mucha lluvia, así que, dispuesto a mojarme, opté por ésta.
El país es relativamente corto, de sur a norte sólo unos 1200 kilómetros.
De Macará hasta Loja el camino discurre por una zona de montaña más bien boscosa. En uno de los descansos me detuve frente a un campus experimental de una facultad de agronomía, donde me recibieron para alojarme. Junto a los alumnos salimos a recorrer huertas y plantaciones de frutas. De ahí me fui con la panza y las alforjas a tope de comida.
Por medio de la página warmshowers.org contacté a una persona bastante popular entre los cicloviajeros que ofrecía alojamiento en un museo. Me recibió con un trago de lo que prometía ser curativo, entre otras tantas propiedades, pero había que taparse la nariz y bajarlo de un fondo blanco para tomarlo. Al evaluar que me encontraba sólo en un museo, contra una pared repleta de escopetas, en un lugar que no conocía, con un hombre que jamás había visto y haciéndome tal propuesta…, sin dudar acepté. Aquí no se sigue la premisa de “mejor malo conocido que bueno por conocer”; aquí es mejor conocer y punto.
El trago resultó salir de un frasco de 20 litros con una culebra sumergida en alcohol etílico y alguna cosa más seguramente… Estaba inmunizado.
A los pocos días estaba entrando a la troncal amazónica. Aquí la lluvia realmente no molesta demasiado, amén de que caía a baldes, ya que ayudaba a aplacar el intenso calor tropical.
Si bien la ruta que elegí cruzaba por la selva, estaba todo bastante intervenido por la mano del hombre con sembradíos y pastoreo. Así que en busca de zonas más vírgenes me adentré, siguiendo unas finas sendas que figuraban en el mapa.
Ahora sí, esto era lo que buscaba. Al costado del camino todo era selva primaria, es decir no intervenida por el hombre (aún). Árboles de 25 metros (en ese mismo momento se descubría el árbol más alto de la Amazonia, con 88 metros), frutas por todos lados al alcance de la mano y animales e insectos de todos los colores.
Por esos tiempos se estaban desatando los feroces incendios del 2019 en el Amazonas. Se podía ver el horizonte oscurecido y oler el humo a la distancia. Árboles de 300 años y la mayor biodiversidad del planeta poco a poco serían remplazados por hectáreas de monocultivo de grano transgénico. De nuevo la codicia ganando a la sensatez.
Lo que resultaba imposible era acampar libre por aquí; sí o sí tenía que encontrar un caserío. Caso contrario, con seguridad algún bicho me comería con carpa y todo, así que con lo justo llegué a Nayamanaca, donde me encontré con que estaban celebrando algo en la plaza. Era una locura y había de todo, hasta una corrida de toros improvisada donde los borrachos se tiraban sobre los animales. En fin, estaba entre el peligro de los animales por un lado y de los hombres alcoholizados (otro tipo de animal) por el otro.
Con un ojo abierto y otro cerrado pasé la noche en el pórtico de una casa.
Me quedaban dos tramos más en estos caminos hasta retomar la troncal amazónica, pero en el medio se me cruzó un río. En lugar de puente había una tirolesa donde por medio de un cable de acero te cruzaban en un carro. El primer cruce transcurrió sin problemas, pero varios kilómetros después, en el segundo, el cable estaba dañado.

Volver significaba retroceder 10 casilleros, y la mitad de estos en subida, por lo que se me ocurrió cruzar el río  con la bici al hombro. No era demasiado profundo, más bien playo y ancho, unos 300 metros. Lo investigué un poco y aborté el plan, de modo que no quedó más que volver por el mismo camino. Allí fue donde mientras les contaba mi odisea a unos lugareños, entre risas me informaban que ese río (Pastaza) estaba infestado de boas y culebras; para usar sus mismas palabras: “es una autopista para los bichos”.
Me fui feliz de poder hacer el mismo camino por segunda vez.

Sucede algo curioso cuando te llueve todo el día nivel catarata en la bici: el agua entra hasta por el más recóndito agujero, ranura o espacio vacío. De modo que la diferencia entre la ropa que llevaba puesta y la de la alforja era prácticamente nula. Así estuve pedaleando-nadando tres días completos. Luego vendrían las típicas lluvias esporádicas, más benévolas.
Ahora empezaba a ganar altura nuevamente, tomando la ruta de las cascadas y pasando por Baños de Ambato. Quito estaba cerca ya, pero decidí desviarme para entrar primero al parque nacional Cotopaxi, donde me quedé con ganas de subir al volcán, ubicado a 5900 msnm. En un país que se mueve en dólares, el permiso estaba casi a su misma altitud. Me conformé con contemplarlo desde la base.
Venía ya con varias noches de acampada, de modo que en Quito tendría un merecido descanso en una cama y un lavado de ropa como para hacer un poco de vida citadina.
Este tipo de viajes tiene de bueno que como si nada uno pasa de dormir en la selva con los monos a una cama con sabanas en algún hostel, conociendo viajeros de todo el mundo.

Aquí por fin encontré desde mi salida de Argentina, en casi cualquier almacén, dulce de leche (manjar blanco para ellos). Fui muy feliz durante las pocas horas que me duró ese pote.
Cuando ya estaba prácticamente en la frontera con Colombia me desvié unos kilómetros para dormir en un hermoso lago. Al otro día sólo quedarían 50 kilómetros. Siempre prefiero pasar las fronteras bien temprano, más aún ésta, que había estado con complicaciones.
En mi ultimo día en Ecuador retomé la ruta y el trámite que imaginaba de sólo un rato se convirtió en unas subidas terribles. Si bien los paisajes y la gente eran asombrosos, ese día no estaba motivado para tal esfuerzo, pero como un ángel de la guarda apareció de la nada un ciclista veterano en una rutera bastante kilometrada, se me puso al lado y se puede decir que me llevó hasta arriba, para luego desaparecer sin dejar rastro. La magia del camino.
Contento y cansado me quedo con pasaporte en mano, esperando el sello para cruzar otra barrera.

*En nuestra edición del pasado mes de octubre (Nº 310) el autor contó el primer tramo de su viaje, desde Tucumán a la frontera boliviana con Perú, y en la edición del pasado noviembre (Nº 311) su travesía por Perú. En nuestra próxima edición: Colombia.

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Cicloturismo

Cicloturisteando San Luis, una guía para recorrer en bici esta gran provincia, hecha al estilo de las mejores guías cicloturísticas del mundo

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La gente de Trans Sierras, encabezada por Fernando Giannini, lanzó durante el mes de marzo Cicloturisteando San Luis, una guía de cicloturismo hecha por y para cicloturistas, que permite que cualquiera pueda armar su propio cicloviaje por la provincia en función de su particular disposición de tiempo, intereses, presupuesto, estado físico experiencia y distancia a recorrer.

La elección de San Luis para el desarrollo de esta primera experiencia en la materia, se debe a los muchos años de conocimientos acumulados por los creadores de la guía acerca de la provincia en donde residen y a un reciente y exhaustivo relevamiento que los ha convencido que San Luis tiene todo el potencial para transformarse en una provincia bikefriendly: geografía, seguridad, buenas rutas y buena gente.

Entre otras cosas, la guía incluye excelentes mapas, en donde se pueden identificar etapas principales que muestran los recorridos más recomendables y etapas alternativas para que cada uno puede personalizar su ruta ideal. Al hacer clic en cada etapa se accede a toda la información técnica y turística: una detallada ficha técnica, imágenes y videos de cada etapa. La información puede bajarse al celular en una ficha pdf y desde ahí acceder a los tracks en formatos gpx (para GPS), kml (para celulares) o wikiloc.
La propuesta ofrece diversas opciones para diagramar el viaje, entre las cuales se puede optar por un cicloviaje completo (12 etapas, recorriendo 750 kilómetros y más de 3.000 metros de desnivel), cicloviajes parciales de diferentes extensiones y dificultad y una opción personalizada que permite armar salidas de uno, dos o tres días combinando etapas y coordinando traslados.
En todos estos recorridos el viajero pasará por muchos municipios, poblados y parajes, la gran mayoría de los cuales han acompañado el proyecto, en las que es posible encontrar en sus direcciones de turismo un calco de Municipio Amigo que los identifica: San Francisco del Monte del Oro, La Carolina, Las Chacras de San Martín, San Martín, El Talita, Santa Rosa del Conlara, Los Molles, La Toma y Potrero de los Funes. En diferentes localidades que forman parte del recorrido hay comercios y prestadores amigos del proyecto (alojamientos, restaurantes, campings, bicicleterías y otros) donde el cicloturista encontrará atención especial y descuentos.

Además de conocer una hermosa y acogedora provincia, como ocurre con otros recorridos míticos a nivel mundial, quienes realicen total o parcialmente las opciones de Cicloturisteando San Luis recibirán un certificado de cicloviajero.

 

Fernando Giannini: fagian3@gmail.com | 26646590105 | www.transsierras.com.ar

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