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De Mendoza a Chile en una plegable rodado 16

Fecha: 10.07.2020

El autor de esta nota se define a sí mismo como “un viejito de 45 años, asesor de seguros y con algo de experiencia en carreras de aventura, que las corro desde hace casi 15 años”. Y nos cuenta un desafío realmente diferente y extremo: desde Mendoza a Chile pedaleando en una plegable rodado 16.

Tengo una bici plegable rodado 16 que compré hace poco menos de un año, con la que me movilizo todos los días por mi provincia, San Juan.

He encontrado mucha gente aquí que día a día me habla de la importancia de movilizarse en bicicleta. Es decir, me felicitan, pero pese a ello pocos lo hacemos aquí en San Juan, donde tampoco tenemos ciclovías, cosa que espero que se revierta, ya qué hay un proyecto para incluirlas pronto. Quizá locuras como estas hayan servido en algo para empezar a tomar conciencia.

Este preámbulo tiene que ver con la idea del viaje a Chile. En un momento me dije: basta de excusas, se tiene que poder hacer algo cuando uno está convencido que se puede. Y aquí les cuento cómo lo planifiqué y cómo lo hice.

¡Agua!

Mi viaje comenzó en la terminal de ómnibus de Mendoza, desde donde comencé a pedalear tempranito, con la idea de hacer la primera parada en la ciudad de Uspallata, distante 110 kilómetros de Mendoza. Me había figurado que ahí habría algún lugar para parar, pero por las dudas llevaba mi carpa, mi bolsa de dormir y un vivac.

No llevé velocímetro ni cadenciómetro ni reloj, iba solo conmigo mismo y tenía que llegar desde el punto A hasta el punto B sin más información que la que me aportaban mis sensaciones. Pasando Potrerillos, cuando había hecho más o menos 80 kilómetros, me quedé sin agua. Ahí mismo encontré un afluente del río Mendoza, escondí la bici y fui en busca de agua. Mucho calor y viento deshidratan en un ratito.

Resuelto el tema del agua y ya llegando a Uspallata encontré un restaurante de camioneros donde claramente conmigo perdieron dinero: diente libre… No era muy buena la comida, pero para mí fue un banquete. ¡Comí como si no hubiese un mañana! ¡ Riquísimo!

Ese fue mi día uno.

90 km + 4500 msnm

El día 2 lo encaré tempranito, con la idea de llegar hasta Puente del Inca, donde hay refugios que utiliza mucha gente que escala el Aconcagua. Pensaba dormir ahí, a algo más de 75 kilómetros de Uspallata.

Llegué a Puente del Inca recontra bien, temprano, almorcé ahí y me dije: ¡Seguiré subiendo! De modo que llegué hasta Las Cuevas, o sea 17 kilómetros más y ya en el límite fronterizo. Paré en un hostel, que era el viejo correo abandonado, donde me recibió su dueño.

Allí conocí a unos porteños, con quienes ese mismo día nos fuimos a escalar. No estaba tan cansado, pese a que había hecho casi 90 kilómetros de mucha altimetría. Claramente, moverse todos los días en bici hace que uno tenga mucho más estado físico de lo que uno mismo se imagina, así que no se subestimen, se puede. Ese día llegué escalando casi hasta los 4500 msnm, y eso sí, volví reventado y bien acalambrado…

¡¿Y los frenos?!

El día 3 lo encaré tempranito. Los carabineros chilenos me cruzaron el túnel internacional, ya que por ley no se puede cruzar pedaleando, porque en esos tres kilómetros no hay oxígeno suficiente. Y luego de hacer aduana en Chile y fotos con todos comenzó la bajada. Demasiado chiquita la bici, ¡pero contento por haberlo hecho!

Bajar los caracoles fue una odisea, ya que los frenos de esta bici no están hechos para bajar las 33 curvas que tienen los caracoles, además de que hay muchas grietas en el asfalto y con el rodado 16 se ponía muy complicado hacerlo, pero un poco caminando, un poco frenando con el corazón, pude bajar sin problemas.

Llegué hasta Los Andes. Mucha bajada. Luego llegué hasta San Felipe, donde pensaba alojarme y seguir al mar el día 4, pero me sugirieron que no continuase solo esa parte. Hay mucho conflicto en Chile y no me lo recomendaron.

Así que habiendo ya cruzado la Cordillera y teniendo en cuenta que solo me esperaba un camino más normal hasta el mar, di por concluido el viaje, cerveza de por medio. Experiencias vividas: mucho apoyo de la gente, mucho disfrute. Se puede vivir de manera muy simple.

¡Hasta ahí llegó mi viaje!

No hay excusas. Tu bici puede ser grande o chica, de carbono o de caño como la mía, vieja o nueva. Si querés viajar, disfrutar, vivir, no hay mejor forma que hacerlo así, con uno mismo y disfrutando de la vida, que para eso está hecha.


Por Agustin Graffigna: graffigna.agustin@gmail.com


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