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Cicloturismo

De París a Londres en bici: la ruta Vía Verde en familia

  

Desde París a Londres, la ruta llamada Vía Verde permite hacer cicloturismo y conocer sitios de gran valor cultural. Una alternativa para ciclistas de todos los niveles físicos y técnicos.

Por Fernando Giannini*

Había que saldar una deuda, una promesa hecha a la familia: algún viaje cambiaría el desafío físico y técnico por una experiencia más tranquila, de tinte histórico. Así fue que buscando alternativas de cicloturismo en el Viejo Mundo encontré una interesante publicidad que describía la Vía Verde, ruta cicloturista relativamente nueva que une dos de las capitales más emblemáticas y sorprendentes de Europa: París y Londres.

LO DIFERENTE
A diferencia de nuestras travesías y/o expediciones, allá está ya todo muy armado. Si bien el recorrido se puede hacer auto guiado (como fue nuestro caso) la oferta de opciones es inimaginable. Hay recorridos alternativos (bici-tren), guías, traslados de equipajes e incluso está la opción de la bicicleta eléctrica. De esta forma el recorrido quizás deja de ser un desafío para pasar a ser una alternativa cicloturística al alcance de todos los niveles físicos y técnicos existentes.
Allí todo funciona y todo se cumple, no existen sorpresas desagradables de los prestadores que incomoden a los cicloturistas y, lo más importante, el marco de seguridad es inimaginable para quienes venimos de países sudamericanos. Hay ciclovías específicas para transitar en bicicleta y cuando estas son compartidas por peatones y/o autos se siente que la convivencia es posible sin exponer a los más débiles del tránsito. En cuanto al tema de la delincuencia, es otro chip que podemos sacar de nuestra cabeza.

EL RECORRIDO
El recorrido total es de unos 400 kilómetros, divididos en seis días ininterrumpidos de pedaleo para unir París con Londres. Transitamos durante cuatro días la parte centro oeste de Francia (Normandía) y por dos días la parte sureste de Inglaterra, incluido el cruce del Canal de La Mancha en ferry. Pedaleamos unos 65 kilómetros por día, que se cumplen, debido a lo interesante del recorrido, entre 4 a 6 horas, siendo un promedio lógico los 10 a 12 kilómetros por hora. Las etapas en Francia son planas y en Inglaterra ya hay más desnivel. En total se acumulan unos 2.500 metros con desnivel positivo, pero 1.100 están concentrados en una sola etapa.
La señalización varía en cada país. En Francia existen carteles propios de la Vía Verde que indican los desvíos más importantes, ayudados por pequeñas flechas naranjas. En Inglaterra hay distintas alternativas de la National Cycle Network (NCN), una red de ciclovías de más de 23.000 kilómetros de todo el Reino Unido, señalizada por carteles azules y flechas naranjas y/o verdes.
Mi temor era andar mucho por rutas, pero fuimos gratamente sorprendidos por kilómetros y kilómetros de ciclovías en perfecto estado, muy bien señalizadas, que conjugan sectores asfaltados, algunos de tierra e incluso tramos de sendas al mejor estilo bosque patagónico. Hay muy pocos tramos compartidos con los vehículos, la mayoría de ellos en las entradas y salidas de las ciudades, aunque incluso en estos casos el diagrama del recorrido incluye parques y zonas de poco tránsito, una combinación casi perfecta para el ciclista.
Otro aspecto en el que debemos hacer necesariamente un cambio de chip la bici. Si somos ciclistas acostumbrados a buscar lo mejor, lo último, lo más liviano, los europeos nos demuestran que tienen lo que hay que tener y nada que no sea necesario. El mejor ejemplo de esto es el tipo de bicis que nos alquilan, que están más que bien para esta travesía: rodado 28, cuadros de acero o aluminio pero pesados, cubiertas finas, 30 velocidades, frenos v-brake, parrilla con alforjas y bolso delantero y estado de mantenimiento impecable. Con esto sobra y nos ahorramos el engorroso viaje con la bicicleta propia. Sin embargo, nosotros pudimos comparar, ya que por cuestiones deportivas (mi participación en el Mundial de MTB de Orientación), había llevado mi propia bici, la cual fue usada por mi esposa. Pero mi hija y yo utilizamos las de alquiler.

EL VIAJE
La mejor forma de documentar este viaje es dividirlo en tres partes. La primera es la parte histórica, donde los protagonistas son el inicio de la etapa uno o salida de París y el final de la etapa seis o llegada a Londres. La segunda parte está conformada por la Normandía francesa (etapas dos, tres y cuatro) y la última es la etapa inglesa (etapa cinco).

Recorrido histórico
Imagínense salir pedaleando de París. Un recorrido difícil de olvidar. Pasamos por sus más icónicos monumentos, como Notre Dame, la Torre Eiffel, los Jardines del Trocadero, el Arco de Triunfo y los Campos Eliseos. Es imposible transitar este sector sin detenerse a grabar mil veces en nuestras retinas lo que antes vimos en múltiples postales y, aunque nos emocionamos con impactantes paisajes, les garantizo que pueden pasar del asombro a la emoción en instantes. Así vi a mi hija, que si bien es joven (27 años), ya tiene muchos kilómetros recorridos en bici.
Aun shockeados por lo visto y pedaleando ya por Longchamps, pasamos a la frutilla del postre: el recorrido a orillas de un río Sena ya no urbano, por más de 25 kilómetros a través de zonas de bosques y praderas, para así llegar al final de esta primera etapa, el poblado de Cergy.
Algo similar sucede al llegar a Londres. Partimos de East Grinstead y a los dos kilómetros ya transitábamos por ciclovía y las praderas inglesas. Pasamos por los impresionantes campos de lavanda (Mayfield Lavander Fields) florecidos. Pedaleamos por las márgenes del río Wandle y después por el mítico Támesis arribamos a la Abadía de Westminster, frente a la Plaza Trafalgar, para finalizar el viaje en el puente de Westminster sobre el Támesis, con una vista privilegiada del parlamento inglés con su símbolo, el Big Ben (ahora y hasta el 2020 en plena restauración). Estas etapas ameritan tomárselas con toda la calma posible, olvidarse de que uno está pedaleando y concientizarse de qué se está conociendo, para no hacerlo apresuradamente. En mi caso, gracias a mi esposa e hija, pude lograrlo.

La Normandía
Este tramo comprende las etapas dos, tres y cuatro. Se transita por esta región característica de Francia saliendo desde Cergy y terminando etapas en Gisors y Forges-les-Aux. Las etapas son llanas a ligeramente onduladas y dan la oportunidad de pasar por muchos pequeños poblados con castillos medievales, fortalezas e iglesias antiguas.
El recorrido sorprende minuto a minuto, permite interactuar con los lugareños, principalmente en las ferias de los pueblos, donde se puede adquirir quesos típicos de esta región a precios muy razonables para luego degustarlos en algún stop del recorrido.
Si somos seguidores del ciclismo deportivo, pedalear por algunos sectores como los campos sembrados nos trae recuerdos de las etapas llanas del mítico Tour de Francia.
El final del recorrido francés es en Dieppe, zona balnearia con puerto. Arribamos al mediodía y buscamos la playa en un sector de sus acantilados característicos, pudimos bañarnos en el Canal de la Mancha y tener nuestro picnic con quesos lombardos y vino rosado francés. A las 6 de la tarde comenzamos el cruce en ferry hacia Newhaven para despedirnos de Francia y arribar a Inglaterra.

El sudeste de Inglaterra
En este país el sentido de tránsito es por la mano izquierda. Hay que cambiar la idea que tenemos grabada. En nuestro caso tuvimos que ayudarnos prácticamente todo el primer día, recordándonos los tres una y otra vez, ya que al mínimo descuido buscábamos intuitivamente la derecha, lo que implicaba un riesgo.
Esta es la etapa cinco, que se puede considerar la “etapa reina”. Si bien tiene diferentes alternativas (partes tren, partes bici), también permite ser pedaleada completamente, cumpliendo con unos 85 kilómetros y sumando más de 1.000 metros positivos pero transitando por una zona interesantísima y variada.
Partimos temprano de Newhaven porque el objetivo era pedalear todo el recorrido. En los primeros siete kilómetros fuimos por la costa del Canal de la Mancha para luego dirigirnos a Polegate, donde tomamos la conocida Cuckoo Trail, una antigua vía de tren transformada en ciclovía (NCN 21), en su mayoría de tierra, que transita dentro de bosques antiguos. Si sos un biker de aquellos, los sentirás como propios. El desnivel, si bien es importante, máxime teniendo en cuenta las bicicletas utilizadas, no es una limitante. La mayor parte de él está en un sector de unos 25 kilómetros de ruta vehicular asfaltada y con muy poco tránsito. Con paciencia y estado se sortea el tramo y se puede hacer la etapa en su totalidad. En nuestro caso necesitamos ocho horas y media, pero valió la pena con creces haberlo hecho.

Si tuviese que hacer un balance, diría que logramos disfrutar mucho este viaje. Una de las claves es intentar no contaminarnos de preconceptos en cuanto al tipo de viaje y recorrido. Es un acierto mayúsculo hacerlo, nos amplió los horizontes en cuanto a destinos posibles. Si bien el tiempo ya comienza a avisarnos que nos queda menos, un viaje de estas características y con el plus de hacerlo en familia nos permite fortalecer nuestra teoría familiar de que realmente lo único que tenemos es tiempo y ésta es una excelente forma de invertirlo. No les quepa ninguna duda.

Para obtener información adicional del viaje como tracks, alojamientos, época del año recomendada, pueden escribirme a fagian3@gmail.com.


*Corredor de aventura, cicloturista, Doctor en Bioquímica, Magíster en Diseño de Fármacos, profesor de la Universidad Nacional de San Luis. Coordina TransSierras Expediciones y Aventuras: www.transsierras.com.ar

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Victoria

    22 enero, 2019 a las 2:00 pm

    Hola. Maravillosa propuesta. Dónde puedo averiguar precios ? Gracias. Victoria. La Plata.

    • Biciclub

      22 enero, 2019 a las 2:25 pm

      Hola Victoria, fijate que al final de la nota figura el email donde hacer consultas a los que viajaron.
      Saludos

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ABC

Cómo planificar un viaje en bicicleta

Estamos en tiempos de pandemia, sí. Pero eso no nos impide soñar con viajes y —por qué no— planificar uno en bicicleta. En esta nota, Jimena Sánchez, de La Vida de Viaje, nos da respuesta a las preguntas más frecuentes.

¿Cómo sé si me va a dar el estado físico?
Esta pregunta es la que se lleva el podio cuando hablamos sobre cicloturismo. Y el punto está en que asociamos a los viajes en bicicleta con “esfuerzo físico” y no con “placer físico”. Pongamos un ejemplo: toda subida tiene su recompensa cuando lográs llegar hasta su punto más alto. Después siempre hay una bajada y es ahí donde lográs el balance y te recuperás. (Menciono lo de las subidas porque también es un trending topic y porque siempre nos olvidamos de que las rutas tienen llanos y bajadas hermosas que nos hacen sentir en otro planeta.)
¿Siempre se pedalea en un viaje? No. Citando el mismo ejemplo, si una subida te cansa porque es muy empinada o notás que se te resbala o se te traba la bicicleta (esto pasa mucho sobre el ripio), te podés bajar de la bici y caminar. “Uy, pero eso te cansa también.” (Sí, te leí la mente, pero son otros músculos y otra manera de hacer fuerza. Se puede ver como otra manera de “descansar” sin dejar de avanzar.) A ver: obvio que vas a cansarte. Pero el cuerpo, con los días en ruta, se entrena. Y el primer día te vas a cansar, el segundo no tanto, y así. Podés parar las veces que necesites para descansar y podés viajar al ritmo que quieras porque es TU viaje. No existen los manuales de cómo deberías viajar. Los viajes en bicicleta no son viajes para súper atletas, sino para todas aquellas personas que estén dispuestas a conocer y conectar con su cuerpo, quieran salir de su zona cómoda y busquen disfrutar del placer de sentirse vivas haciendo deporte.
Obviamente, cuanto más hayas entrenado antes de viajar, más rápida va a ser la adaptación para pasar del “esfuerzo físico” al “placer físico” que dijimos al principio y poder disfrutar del día a día.

¿Por dónde empiezo a planificar un viaje?
Agarrá un papel y un lápiz y respondé:
– ¿A dónde te gustaría viajar? vs. ¿A dónde podés viajar? Si las dos respuestas coinciden, genial. Ahora bien, si por cuestiones económicas, laborales, de tiempos, o lo que sea, el “a dónde puedo viajar” pesa más que el “a dónde te gustaría viajar” no lo tomes como un problema. Lo real siempre es más alcanzable que lo ideal.

– ¿Cuándo?
– ¿Cuánto tiempo tenés disponible?
– ¿Va a ser un viaje en solitario o con alguien?
Una vez que tenés esta información sobre la mesa, viene la etapa de investigación, que es la más larga y tediosa, pero la más importante y necesaria. Acá tenés que ver rutas, leer blogs, foros, revistas especializadas y bajarte aplicaciones útiles de mapas. Y lo que tenés que analizar con lupa es:
– Cómo es el clima del lugar al que querés viajar. Este punto influye en el equipo de camping y en la indumentaria que necesites llevar, ya que no es lo mismo viajar en verano que en invierno.


– En qué época del año conviene ir a ese lugar: más allá del clima, los lugares y las rutas pueden verse alterados por vacaciones, fiestas regionales, feriados, etcétera. Esta es una variable muy importante si buscás tranquilidad y sobre todo seguridad a la hora de viajar.
– Cómo llegar y cómo volver puede ser el punto más estresante, pero resulta indispensable. Hay que analizar todas las opciones y tomar la mejor decisión posible. Muy raras veces salimos a un viaje en bicicleta pedaleando desde casa y no queda otra que tomarnos un avión, un micro o un tren. Esto implica siempre desarmar la bici, embalarla bien, cruzar los dedos para que nada se rompa en el viaje, llegar al destino, armar todo y recién ahí empezar a pedalear. Una vez finalizado el viaje hay que hacer los mismos pasos para emprender la vuelta. Sí: es todo un tema pero lo vivido en un viaje justifica una y mil veces la logística para llegar y volver a casa.
– Y cuáles son las rutas, caminos o senderos posibles para armar un buen itinerario de viaje teniendo en cuenta todos los puntos anteriores

¿Cómo elijo una ruta?
Esto depende del tipo de viaje que quieras y puedas hacer, además de tu disponibilidad de tiempo. Podés elegir una ruta según el destino que quieras recorrer o según la experiencia que quieras vivir. Por ejemplo nosotros en el 2013 nos propusimos unir Ushuaia-La Quiaca tomando como eje la Ruta 40. No quisimos pedalear ninguna otra ruta ni desviarnos porque la 40 era nuestro objetivo. En cambio, en el 2019 quisimos hacer lo opuesto y vivir una experiencia distinta: darle la vuelta a la isla de Tierra del Fuego por senderos y caminos alternativos.
La recomendación para un primer viaje es que elijas rutas que te transmitan confianza y seguridad (como la ruta de los Siete Lagos en la provincia de Neuquén, que tiene campings y proveedurías a lo largo del camino, por ejemplo).
Si no es tu primer viaje y querés hacer algo más jugado, hay aplicaciones que te van a ayudar un montón a elegir caminos alternativos. Una de ellas es Wikiloc, una plataforma en la que viajeras y viajeros de todo el mundo suben sus rutas y comparten sus experiencias, información del camino, puntos donde parar, etcétera.

¿Qué bici elijo? ¿Qué debe tener para hacer un viaje?
Antes de responder esta pregunta es necesario que sepas esto: lo fundamental no es la bici, sino tu cabeza y las ganas que tengas de viajar. No es indispensable contar con lo mejor del mercado ni con la última tecnología. Para viajar en bicicleta hay que ir a lo simple: que sea fácil y económico a la hora de arreglarla, sin importar si estás en un pueblo o en una gran ciudad.

Texto y fotos: La vida de viaje

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Cicloturismo

Una expedición en bici al corazón del Karakoram

En esta nota, que nos envía Martín Bissig, fotógrafo de algunos de los viajes de Hans Rey, tres mountain bikers de raza se proponen recorrer en bici uno de los trayectos más arduos de esa región de las más grandes montañas. Una experiencia brutalmente agotadora, con mucho más tiempo con las bicis sobre ellos que con ellos sobre sus bicis. (más…)

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Cicloturismo

Cicloturismo en Chascomús: un clásico con amenities


En un impasse de tareas docentes que la virtualidad hizo el milagro de multiplicar, cierro los ojos y siento el aire fresco de la laguna…
Chascomús es una ciudad distinguida. Ganadera, cuna de dirigentes políticos, cuenta además con varias figuras del ciclismo: de acá son Juan Carlos Haedo y sus hijos. Hay muchas actividades deportivas y culturales que evidencian el crecimiento de los últimos años. A pesar de ser un destino clásico para ciclistas, solo vine una vez, hace mucho, en grupo. Un recorrido interminable por caminos de tierra en el que las pinchaduras y la caída del sol nos obligaron a retomar la Ruta 2 cuando ya nadie disimulaba el cansancio. Recuerdo la entrada a la ciudad y la cena con pizza y empanadas en una plaza céntrica como algo liberador.
Esta vez vine con mi compañera en un plan relajado. Nos movemos en bicicleta porque reservamos lejos del centro. Y qué suerte. Las cabañas de la Avenida Costanera España ya fueron alquiladas, y muchos tuvieron que armar la carpa en el jardín de alguna casa, señal de que los campings no dan abasto. A pocos metros, en la laguna, centenares de pescadores amateurs le confían la caña al hijo y destapan una cerveza, mirando siempre hacia la otra orilla.
Una vez acomodados en la cabaña, pasamos la tarde en la pileta y tomando mate en el jardín, mientras planeamos una vuelta nocturna por la laguna. ¿Lo esencial?: hidratación, buenas luces y bananas. Contra los mosquitos, repelente y resignación.

La vuelta a la laguna
Para salir del complejo atravesamos varias cuadras por un camino de piedras sin alumbrado. Apenas cruzamos las vías y llegamos a Intendente Martino, un grupo de competidores nos pasa a gran velocidad, los saludamos y alcanzamos a escuchar su respuesta. La música llega desde los autos, por lo general trap o reggaetón. En la feria de artesanos, donde todavía quedan algunos puestos abiertos, se escucha a Jorge Cafrune. Varios restaurantes y bares están casi llenos a pesar de que ya es la una. Pedaleamos un rato envueltos en músicas, luces y olor a carne asada hasta que de poco el aire se siente más frío, los comercios se van dispersando y ya no hay tantos autos. Algunos caserones abandonados, no tan viejos pero espectrales, nos ven acelerar. Cuando atravesamos el puente sobre el Arroyo Vitel me acuerdo de historias de aparecidos que escuché de chico en fogones en Monte Hermoso. Tengo ganas de contar alguna, pero mi compañera quedó atrás. La espero y cuando está lo bastante cerca como para escucharme sentimos las primeras nubes de mosquitos en la cara.
Al principio es como si nos arrojaran cenizas. Entrecerramos los ojos y aceleramos. ¿Cuántos mosquitos hay en el mundo? Imagino que la orilla de la laguna debe estar cubierta por millones y millones de mosquitos que se mantienen casi en el mismo lugar, a centímetros del agua, en una vibración perfecta y continua.
Cada tanto las luces de algún auto nos ilumina la entrada de un camping. Aprovechamos esos momentos en que los mosquitos parecen diseminarse y bajamos a sacar alguna foto. Todo un error: siguen ahí, y ahora se ensañan con aquellas partes de nuestros cuerpos al descubierto de calzas, zapatillas y guantes, aunque también nos pican a través de la ropa. Sacamos fotos desenfocadas, subimos a las bicicletas y pedaleamos como si participáramos del Trasmontaña.
Pasamos el ACA y escuchamos risas y voces animadas. En la pileta de una casa unos jóvenes le hacen frente a la noche del verano, que no es tan calurosa. Algunas cabañas de piedra y madera interrumpen las zonas boscosas. Me gusta mucho más esta parte de Chascomús que la otra, sobrepoblada, ruidosa e inquieta. Al llegar al Club San Huberto doblamos a la derecha y cruzamos las vías hacia nuestro complejo. A elongar y descansar, esto continúa.

Gándara es Gándara
Son las ocho de la mañana, ya desayunamos y nos aplicamos el protector. El sol aun no pica y la idea es estar de regreso cerca del mediodía. Modo paseo: algunas paradas, fotos y visita a la fábrica abandonada. La tarde será dedicada enteramente a la pileta: esto es cicloturismo pequeñoburgués sin culpa.
Pedaleamos por la costanera hasta un camino de tierra que nos lleva a la ruta 20. Cuando doblamos a la derecha y tomamos el camino viejo a Gándara nos recibe el viento en contra: una ráfaga de aire seco y cálido que de ahora en adelante va a ir en aumento. Según el mapa estamos muy cerca del aeródromo, pero no vemos ni escuchamos ninguna avioneta. Todo es aridez con intervalos de hierbas pampeanas y algunos árboles. Muy de tanto en tanto, alguna estancia. El sol se mueve y nos azota desde un cielo con pocas nubes.
Una huella serrucho me sacude y me olvido de lo que estoy pensando. Es muy fácil distraerse, el paisaje no cambia y solo vimos pasar dos autos. Si alguien va a Gándara, lo hace por ruta. Aunque a esta hora, lo dudo.
Pasamos otra estancia, abandonada. Hago zoom con el celular para distinguir el nombre: María Llavaneras… Avanzo unos pasos sobre un colchón de yuyos y cardos: Haras Llavaneras… El nombre no me dice mucho. Horas más tarde consultaré internet y encontraré la página de una estancia mucho más cuidada que la que tengo enfrente. La estancia, dice la página, fue pensada para el desarrollo del caballo de salto de alta competición, y su fundador es un español que bautizó el lugar en homenaje a un pueblo de Barcelona, San Andrés de Llavaneras. No tengo idea de dónde estarán esos caballos; desde que nos metimos en este camino solo vimos algunas vacas. El sol nos obliga a reponer el protector y a hidratarnos. Ahora sí, derecho a la fábrica.
El camino se bifurca y volvemos a doblar a la derecha. Al rato, un cartel oxidado anuncia: “Gandara”, así, sin tilde. Trato de recordar cómo aparecía el nombre en las publicidades del yogurt hasta que me doy por vencido.
Hace un rato que no hablamos, el viento en contra nos fatiga. No debe faltarnos más de un kilómetro, pero ya vengo sintiendo el hambre. Los metros finales son los más duros porque miramos hacia adelante y la fábrica no aparece.


Hasta que la encontramos, después de otra curva. Resulta un poco más chica de lo que esperaba. Al principio seguimos de largo, avanzamos 500 o 600 metros. Vemos el cartel de la estación de ferrocarril con el pasto crecido, unas pocas casas de ex empleados, un colegio agrícola y el camino asfaltado que lleva a la Ruta 2. Luego volvemos a descansar bajo unos árboles, frente a la fábrica. Pasa un rato y llegan dos autos desde el camino asfaltado. Luego, una moto. Los ocupantes, en su mayoría parejas, se bajan, miran, se sacan algunas fotos en la entrada y permanecen un rato más, para sentir que el viaje valió la pena. Hacemos lo propio y nos retratamos buscando un ángulo que esquive al sol y la trompa de uno de los autos que estacionó demasiado cerca del portón. Luego sacamos otra foto con las bicicletas solas, apoyadas contra la pared. Comemos alguna fruta y nos preparamos para la vuelta. Son las diez y media y el sol pega más fuerte pero ahora el viento juega para nosotros. Unos minutos después dejamos atrás el cartel oxidado.


Antes de venir a Chascomús leí que habían abierto una fábrica Gándara con sede en Pilar. Al parecer se trata de una pequeña planta de inversores chinos. La nota señalaba que se había generado una falsa expectativa en los pocos habitantes aledaños a la planta original, sin la infraestructura necesaria para volver a producir. Pienso en esas cosas durante el regreso, hasta que me doy cuenta y trato de conectarme con el paisaje, los árboles, las pocas estancias. Tomo un trago de agua fresca y miro el cielo. Por momentos parece que habrá una pausa de sol, pero las nubes son muy chicas y no hay tregua. De golpe: ¡dos paracaidistas! El descenso de las figuras recortadas, suspendidas contra el cielo puro del aeródromo. Ahora sí: pedaleamos sin detenernos hasta el asfalto y el ruido. La pileta es nuestra zanahoria invisible, unos kilómetros más allá.
¡Hasta una salida más sacrificada, amigos!

 

SÍNTESIS DEL VIAJE
Fechas: del 22 al 25 de febrero 2019
Distancia: 82 km


Por Mariano Favier: marianofavier@gmail.com

 

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Viajeros: Tierra del Moncayo y Tierras Altas (España)

Cuando exploro nuevos senderos siempre tengo la misma sensación, ese nudo en el estomago que crece con la incertidumbre de lo desconocido. ¿Qué descubriré? Es algo que me hace salir una vez tras otra de viaje para conocer nuevas regiones, países y zonas remotas. Pero lo que no esperaba es que muy cerca del lugar donde vivo se encontraba una aventura que me llevaría a conocer pueblos con un gran patrimonio histórico-artístico heredado de su pasado cristiano e islámico. Montañas como el Moncayo, cargadas de leyendas y fantasías: desde los celtíberos hasta Bécquer, pasando por la mitología romana, los milagros cristianos y la fantasía popular, que juntos anidan y crecen en cuevas y pozas de la zona.
Una reciente red de senderos creada en la región de Soria nos permiten practicar nuestro deporte favorito de forma divertida y al mismo tiempo conocer gran parte de la historia y patrimonio de sus pueblos y localidades más remotas. Para esta ocasión he elegido una de las montañas que llevo apreciando y admirando desde mi niñez, El Moncayo. La provincia de Soria nos propone un camino de línea ascendente que parte desde Ágreda hasta Vozmediano. Allí aflora el río Queiles a borbotones de mil quinientos litros de agua por segundo en su mismo nacimiento, en un recorrido de pino, roble, hayedo y frescuras que conducirá hasta el Pico San Miguel, a 2.300 metros de altitud.


Para mantener este alto nivel decidí completar mi viaje desplazándome hasta las Tierras Altas de Soria. Tierras Altas o La Sierra, como la conocen popularmente sus habitantes, es una comarca de la provincia de Soria, que está situada en el norte de la provincia. Una belleza sin igual que esconde pueblos de piedra y gentes de monte. Un paisaje prehistórico que esconde bellos pueblos despoblados que nos hacen imaginar e intuir como fueron en el pasado.
Si buscas más información acerca de la provincia de Soria y todo lo que tiene para ofrecerte puedes visitar su pagina web: www.sorianitelaimaginas.com

Texto: David Cachón | Fotos: Fernando Marmolejo

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