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Cicloturismo

Un tremendo video con Hans Rey y Martin Maes pedaleando en la exótica Hong Kong

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En estreno mundial, Biciclub te ofrece la película en la que dos súper campeones del mountain biking, Hans Rey y Martin Maes, exploran la exótica Hong Kong en una aventura urbana y suburbana de cinco días durante épocas turbulentas. 
Para poder verla con subtítulos en español clickeá la tuerca de abajo a la derecha > Subtítulos > Traducir automáticamente > Español.

 

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Cicloturismo

California Dreaming: un recorrido por la dorada costa donde nació el mountain biking

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Para empezar, The Mamas & the Papas nos cantan California Dreamin’ mientras leemos la nota

 

Y ahora vamos a la historia

La Pacific Coast Highway, considerada una de las rutas panorámicas más bellas del mundo, atraviesa el diverso estado de California, que también es el lugar de nacimiento del ciclismo de montaña. Fue en la década de 1970, en las laderas del monte Tamalpais, ubicada cerca de San Francisco, donde se inventó la bicicleta con ruedas gordas. Pero el deporte ha recorrido un largo camino desde entonces y ahora hay numerosas áreas de ciclismo de montaña a lo largo de la costa que vale la pena probar. La ciclista de montaña Franziska Gobeli, el fotógrafo Martin Bissig y yo salimos para verlos y vivir el sueño de experimentar un mítico viaje por California.

Las motorhomes, denominadas RV (Recreational Vehicles) en los Estados Unidos, son una excelente manera de viajar en un país en el que hay muchos parques de casas rodantes donde se puede pasar la noche.
Decidimos alquilar una de tamaño mediano para nuestro viaje. Tenía suficiente espacio para dormir cinco personas y estaba equipada con una ducha, un inodoro, una pequeña cocina, un sofá y una heladera gigante. Con más de ocho metros de longitud, era un vehículo poderoso, al menos desde nuestra perspectiva europea… Sin embargo, como descubrimos sobre la marcha, desde un punto de vista californiano nuestra embarcación era definitivamente pequeña… En retrospectiva, mi departamento es más pequeño que muchas de las autocaravanas que vimos durante nuestro viaje.

Venice, Santa Mónica y Hollywood

Los primeros días fueron una avalancha de nuevas impresiones. Comenzamos en las afueras de Los Ángeles, donde dejamos nuestro RV en un lugar de estacionamiento sobre la costa del Pacífico e inmediatamente nos sumergimos de cabeza en el estilo de vida de California.

¡Qué mejor lugar que Venice Beach para eso! Los patinadores y surfistas se codean con artistas y espíritus libres, cada uno de ellos encarnando lo que esta parte única de la ciudad ha llegado a representar: un crisol de diversidad que no tiene rival en ningún otro lugar del mundo.
Desde aquí continuamos hacia otro punto culminante de nuestro recorrido, el distintivo muelle de Santa Mónica. Fundado a principios del siglo XX, este emblemático parque aparece en innumerables películas. Tuvimos la suerte de estar allí mientras el cielo se oscurecía gradualmente y nos maravillamos con el resplandeciente espectáculo de las brillantes luces de la gigantesca rueda contra el telón de fondo del sol rojo sangre del atardecer.

Siempre pensé que las fotos de los atardeceres rojos de California habían sido editadas. Pero no, la realidad aquí es tan exagerada como las fotos.
El ajetreo y el bullicio de Hollywood es la combinación definitiva de kitsch y surrealismo. Por eso, la siguiente parada fue el Paseo de la Fama de Hollywood, la acera más famosa del mundo, por la que empujamos nuestras bicicletas, rodeados de Spiderman, Hulk y Superman.
Las aceras están incrustadas con más de 2500 estrellas en honor a las celebridades de la industria del entretenimiento, algo que para muchos fanáticos significa lo más cerca que estarán de sus estrellas.

Baywatch y Pamela Andersson

Pero no solo Hollywood es sinónimo del mundo del cine. Varias playas también se han hecho famosas a través de películas o series de televisión. Una de las más famosas es Malibu Beach, que aparece en la serie de televisión de los 90 Baywatch. La Pacific Coast Highway también nos llevó hasta el lugar donde David Hasselhoff y Pamela Anderson, escasamente vestida, corrían por la playa en cámara lenta.

Encuentros con pumas y elefantes marinos

Nuestra siguiente parada nos llevó más al norte: Morro Bay, donde se encuentra el Oro State Park. Una vez allí recorrimos el Hazard Peak Trail, donde pedaleamos por el sendero de dos pies de ancho perfectamente trazado, hasta el mirador más alto. Desde allí pudimos ver el distintivo Morro Rock emergiendo por sobre la bahía.
Los senderos estaban bastante polvorientos, por lo que tuvimos que mantenernos a distancia del ciclista de adelante. Esto resultó ser algo bueno, porque en algún momento doblé una esquina y de repente estaba Martin justo en el medio del camino. Me las arreglé para detenerme justo a tiempo. «¡Hay un enorme gato montés justo en el medio del camino!», gritó, visiblemente sorprendido. Más tarde descubrimos que el área es hogar de pumas, uno de los cuales asustó a Martin.
Tuvimos otros encuentros con la vida silvestre al día siguiente, mientras conducíamos por la infinita costa, en particular con una colonia de elefantes marinos junto a la carretera. Más de un centenar de ellos estaban holgazaneando en la arena, no molestados en lo más mínimo por los turistas que los rodeaban. Fue toda una experiencia ver a estos magníficos animales desde tan cerca.

Californication

El siguiente tramo de autopista fue definitivamente uno de los más espectaculares de nuestro viaje. A nuestra izquierda, acantilados, de varios cientos de metros de altura se precipitaban hacia el Pacífico. Abajo, las olas chocaban contra las rocas. La ruta panorámica serpentea a lo largo de la costa hasta donde alcanza la vista y navegar por estas curvas no fue lo más fácil con nuestra desgarbada barcaza. Secuoyas gigantes se elevaban sobre el denso bosque a nuestra derecha. Más arriba pudimos ver cóndores planeando las térmicas. El tema musical perfecto llegó en la radio y subimos los altavoces para tocar la canción Californication de Red Hot Chili Peppers. Cantamos a todo pulmón.

Ascensos y descensos desafiantes

Pasando Monterey, llegamos al Monumento Nacional Fort Ord, un antiguo puesto del ejército de los Estados Unidos. Los jardines están atravesados por senderos para bicicletas perfectamente diseñados. Descubrimos una buena combinación de subidas y bajadas con distintos grados de dificultad. Una combinación de amplias y pintorescas mesetas altas y estrechos y sinuosos caminos a través de profundos valles creaba una gran variedad en términos de paisaje. Los senderos están bien señalizados, lo que hace que esta experiencia sea positiva.
Justo enfrente está Toro Park, así que probamos el Pipeline Loop. El ascenso, con una pendiente del 20%, fue bastante duro y tomó hasta la última gota de nuestra energía y concentración. Igual, quedamos agradecidos de tener todavía algunas reservas para el descenso, sorprendentemente técnico. Como residentes de los Alpes, estamos acostumbrados a descensos empinados y desafiantes, ¡así que este tramo fue bastante divertido! ¡Un placer total rodarlo!

Santa Cruz

Podríamos haber pasado semanas en Santa Cruz, una tranquila ciudad sobre la playa. Aquí es donde se hizo surf por primera vez en los Estados Unidos, Y los lugares de surf de fama mundial como Steamer Lane están justo en las afueras de la ciudad.
El paseo marítimo de la playa de Santa Cruz, con su histórica montaña rusa, máquinas tragamonedas y restaurantes en la playa, merece una visita. Las casas de colores brillantes a lo largo de Capitola Beach son como un museo al aire libre, aunque la gente vive en ellas.

Aquí también las cosas son bastante animadas: además del surf y el skate, el ciclismo de montaña también juega un papel importante. Santa Cruz Bicycles, una conocida fábrica de bicicletas de montaña de alta gama, fundada en 1994, también está cerca. Franziska es propietaria de una Santa Cruz y estaba encantada de pasar por los terrenos de la empresa. La zona es ideal para andar en bicicleta. En Wilder Ranch State Park, uno de los 14 parques estatales a lo largo de las playas de Santa Cruz, los senderos conducen desde la playa hasta los antiguos bosques de secuoyas gigantes.
Desafortunadamente, no tuvimos tiempo suficiente para explorar de cerca la increíble plétora de opciones disponibles, ya que teníamos una agenda apretada. Nuestro próximo gran destino: ¡San Francisco!

Recorriendo «Frisco»

La mundialmente famosa Ciudad de la Bahía está a solo 90 minutos en coche desde allí. Cruzamos el puente Golden Gate en nuestra RV. Justo al otro lado, a la izquierda, se encuentra el monte Tamalpais, que, como cuna de nuestro deporte, es un destino importante para los ciclistas de montaña. Pero en lugar de dirigirnos a los senderos, decidimos explorar en nuestras bicicletas los cañones urbanos de la ciudad y sus vistas. Y, por supuesto, ¡queríamos cruzar sobre ellas el puente Golden Gate! Alamo Square, Alcatraz, China Town, Columbus Avenue, Fisherman’s Wharf, Lombard Street, los teleféricos… Teníamos una larga lista de «visitas obligadas» y tratamos de ver tanto como fuera posible.

Desafortunadamente, después de dos días intensos en “Frisco” nuestro tiempo estaba llegando a su fin. Luego de acostumbramos a los pequeños cuartos de nuestra motorhome, pasar varios días en los senderos y caminos de la costa del Pacífico, ver varios lugares de interés y maravillarnos con las muchas puestas de sol espectaculares desde la comodidad de nuestra casa rodante, finalmente entendimos la magia detrás del mítico viaje por las rutas costeras de California. Y esta magia permanecerá con nosotros durante mucho tiempo.


 

INFO BOX
California road trip

Trails
En https://www.mtbproject.com es posible encontrar una gran variedad de senderos con información detallada. El sitio incluye una aplicación móvil gratuita que nos indica dónde nos encontramos en el mapa, incluso sin conexión.
Estos son algunos de los senderos que tomamos:
Backbone Trail: https://www.mtbproject.com/trail/4685921/backbone-trail-puerco-canyon-road-loop
Hazard Peak Trail: https://www.mtbproject.com/trail/4128915/hazard-peak-trail
Pipeline Run: https://www.mtbproject.com/trail/1004114/pipeline-loop
Lo mejor de Wilder Ranch: https://www.mtbproject.com/trail/7011506/best-of-wilder-ranch

Parques de casas rodantes
Recomendación: reservar con anticipación.
Aquí van algunos para elegir:
Dockweiler Beach, https://beaches.lacounty.gov/dockweiler-rv-park/, ubicado en las afueras de Los Ángeles, justo en la playa, a poca distancia en bicicleta de Venice Beach.
Malibu RV Park, https://www.maliburv.com, con una vista para morirse, ya que está algo más arriba. Consejo: reservar uno de los lugares premium con vista al mar. Cuestan un poco más, pero vale la pena.
Marin RV Park, https://www.marinrvpark.com/reservations/, ubicado justo al lado del puerto del ferry, en las afueras de San Francisco. A solo dos minutos del Golden Gate Ferry Larkspur, que también se puede tomar con bicicleta. El viaje te lleva justo después de Alcatraz. Alto índice de robos: ¡llevá contigo un buen candado de bicicleta! https://www.goldengate.org/ferry/schedules-maps/

 

Fotos: Martin Bissig ( www.bissig.ch)| Texto: Gerhard Czerner

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Se llaman La Vida de Viaje y han logrado vivir para viajar y viajar para vivir

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En pareja desde hace 10 años, nacieron en la ciudad de Buenos Aires en 1987 con poco más de un mes de diferencia: Jime Sánchez el 7 de octubre y Andrés Calla el 25 de noviembre. Ambos estudiaron Comunicación Social y Publicidad, fruto de lo cual hoy se desempeñan como creadores de contenidos, ella como escritora y él como fotógrafo. Tienen el auspicio de Venzo Argentina y Spot Latinoamérica.
Desde muy chicos se treparon a la bici y ya en pareja, en el año 2013, comenzaron a viajar con un primer objetivo grande: unir la Argentina de punta a punta, desde Ushuaia hasta La Quiaca, cosa que concretaron, aunque no les bastó.

Fue así que en el 2015 recorrieron el Centro y Litoral de Argentina (2015), en 2017 hicieron la Carretera Austral chilena, en 2018 un bikerafting por el río Santa Cruz y un bikepacking por el sur de Mendoza y el norte neuquino, en 2019 la Isla de Tierra del Fuego, y ya en pandemia un bikepacking por el Parque Nacional Lanín y otro por Salta. Hoy tienen como objetivo publicar el libro de estos 10 años de viajes y seguir recorriendo las rutas escénicas de Argentina y sus Parques Nacionales.
Muchos de sus viajes los contaron en Biciclub, pero en esta ocasión les ofrecimos responder a un ping pong de preguntas y respuestas. He aquí el resultado.

¿Cuál es el origen de su proyecto?
Nuestro proyecto se llama La Vida de Viaje y nació cuando Andrés se preguntó, con cámara en mano y haciendo dedo en una banquina en Bolivia, después de su primer viaje como mochilero, qué podría hacer para vivir la vida de viaje.

¿Por qué viajan? ¿Qué están buscando?
Viajamos porque nos sentimos cómodos en la incertidumbre, porque estar en la naturaleza es volver al mundo real, porque viajando nos volvemos más conscientes. Viajamos para conocernos y para demostrarnos que otra vida es posible.

¿Preferían viajar solos o acompañados? ¿Por qué?
Desde que empezamos a viajar lo hacemos de a dos. Y si bien tenemos pendiente vivir la experiencia de hacer alguna travesía en soledad, nos gusta acompañarnos, conversar sobre lo que vamos sintiendo mientras avanzamos y seguir sumando figuritas en nuestro álbum de vida compartido.

¿Qué sentimientos afloran en el camino?
Mucha paz, satisfacción, alegría.

Su primera bici.
Tuvimos cada uno una bici con rueditas con las que solíamos pedalear por el barrio. Creemos que las mismas sensaciones que sentíamos de chicos aún hoy siguen latentes cuando pedaleamos en la naturaleza.

Su primer viaje.
Del 7 de enero al 7 de octubre de 2013 desde Ushuaia hasta La Quiaca, siguiendo la Ruta 40.

Su primera bici de viaje y primer equipamiento de viaje.
Dos Venzo Ahead rodado 26 de 24 velocidades y dos juegos de alforjas Ortlieb usadas que nos acompañaron los primeros cuatro años hasta que nos convertirnos en sus embajadores y pudimos renovar todo el equipo.

¿Hasta dónde llegan con la mecánica?
Hasta lo básico e indispensable para poder ir resolviendo los problemas más típicos que se pueden presentar en un viaje. Es decir, todo lo que se pueda resolver con una multiherramienta, sacacubiertas y parches.

¿Cómo financian sus viajes?
Trabajando con marcas, vendiendo servicios de escritura y fotografía, dictando talleres de escritura online.

Un momento de viaje en que peor se sintieron.
En el sur de Santa Cruz, en plena tormenta de viento de más de 80 km/h. Nos sentimos completamente superados por la situación y sin poder hacer nada más que refugiarnos en un pequeño puesto de estancia y esperar.

Un momento de viaje en que mejor se sintieron.
Cuando llegamos a la tan ansiada La Quiaca, después de más de 6 mil y pico de kilómetros. Ahí nos dimos cuenta que podíamos hacer cualquier cosa que nos propusiésemos.

Su destino o recorrido preferido.
Sin duda la Carretera Austral, porque en 1247 kilómetros hay una intensidad de paisajes y de mixtura de naturaleza increíble: bosque siempre verde, glaciares colgantes, estepa, montañas, ríos, lagos. Y puede que también sea el próximo recorrido que hagamos, porque por algo lo estamos pensando y planificando.

¿Hacer kilómetros o conocer?
Conocer, conocer y conocer. Hace rato que dejamos de hacer kilómetros para contarlos. Ahora pedaleamos para mantenernos en movimiento y, sobre todo, mantener viva la curiosidad.

Bicicletas actuales (marca y modelo).
Dos Venzo Zeth y dos Venzo Traveler.

Equipamiento actual para viajes.
Con el tiempo nos volvimos más minimalistas, por eso desde hace tres años viajamos a modo bikepacking, tratando de llevar lo justo y necesario en nuestras travesías.

Nuestra meta como viajeros es llegar a…
No queremos llegar a ningún lugar en particular. Lo que buscamos es ser lo más simples y libres posibles, y eso no depende de ninguna geografía sino de una sensación que se siente en cualquier lugar cerca de la naturaleza.

lavidadeviaje.com | @lavidadeviaje

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La vida simple: un recorrido en bici por La Granja, Agua de Oro, Candonga y Ascochinga (Córdoba)

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Este es nuestro diario de viaje desde La Granja pasando por La Candonga, el viejo camino a La Cumbre y Ascochinga, en la provincia de Córdoba. O lo que nosotros llamamos: el regreso a una vida simple.

5 de marzo, 10:35 hs. Siento la bici liviana, a pesar de sus casi 20 kilos. Pedaleamos por una ruta de asfalto, y mientras los autos pasan rápido, yo voy más lento que lo normal como una manera de volver a conectar con el ritmo pausado de la bici. Le sonrío a quienes manejan y me devuelven el saludo con pulgares y brazos arriba. Frenamos a hacer compras: un salame, un queso de cabra, dos botellas de agua. La gente nos mira: siempre me da la sensación de que así vestidos y con las bicis cargadas parecemos dos extraterrestres. Doblamos por una calle de tierra y encaramos para el camino de Candonga.

14:30 hs. El calor es como el vaho de un sauna y las pocas brisas que soplan son un fuego. A pesar de eso (que poco importa después de un año de no movimiento), el camino zigzaguea entre las sierras chicas. El paisaje es tierra, piedras y monte. Vemos algunas casitas desparramadas por el valle y cuando doblamos hacia la izquierda, aparece un arroyo que larga un vientito frío que nos refresca entre tanto verano. Por la altura del sol hay muy poca sombra, y cuando la encontramos la aprovechamos para descansar y tomar agua. Aunque el camino baje, suba y vuelva a subir, nos sentimos a gusto.

Frenamos en Candonga, al lado de una capilla que es reliquia de la época colonial, y sacamos de los bolsos el pan casero, el queso de cabra y un tomate. En el árbol que está justo encima nuestro reconocemos una catita serrana chica y al lado, un nido de cuatro entradas hecho con ramitas y espinillos. Desde adentro otra catita, con su cabeza verde brillante, nos mira el almuerzo.

15:22 hs. Salimos de Candonga y el desafío es esquivar piedras. Subimos hasta estar a la misma altura que todas las sierras que están alrededor. Cuando mi cabeza deja de estar en las piernas, me pongo a pensar en cuánto naturalizamos el movimiento cuando pasamos mucho tiempo de viaje y en lo que pasa cuando parás por un tiempo y volvés: te das cuenta que el placer del movimiento es una necesidad. Escuchar pajaritos, mirar vacas porque sí, jugar con los nombres de los árboles y las flores. Yo lo llamo: el regreso a una vida simple.

[no sé el horario] El sol sigue siendo un fuego. Seguimos subiendo y las curvas y contracurvas son cada vez más sucesivas. El camino se vuelve cada vez más solitario y verde, hay nubes grandes y pomposas, aparecen más caballos y más vacas y más sierras onduladas y más altura. Las piernas ya no quieren ninguna cuesta más. Vamos 35 kilómetros y sabemos que después de esta subida constante de 6 kilómetros empieza la bajada hasta un río. Ahí mismo y al lado de un fogón, acampamos.

6 de marzo, no sé qué hora es. En el movimiento el tiempo se disuelve. Hoy me levanté de la carpa en sombra, todavía el sol no iluminaba ni el río ni la sierrita que tenemos en frente. Me gusta la lentitud de la mañana cuando ni siquiera los pájaros están despiertos. Aprovecho para sentarme en una piedra y leer “Mi Montaña” de Eider Elizegi y ella también, en su diario, repiensa al tiempo mientras pasa un verano en un refugio en el Mont Blanc. Escribe: “los días se suceden sin distintivos, se visten con la misma ropa, transcurren homogéneos aunque improvisen sobre la marcha los detalles mínimos que los caracterizan. Ayer fue un día igual a hoy, y mañana será otro día similar, que solo se diferenciará por la forma que adquieran las nubes y la nieve, y por la manera en la que se desenvuelvan sus sucesos cotidianos”.

Y eso es lo que siento cuando estamos en movimiento: los días pasan, el clima es lo único que cambia, y a veces, nuestras sensaciones. No sucede ningún hecho extraordinario más allá del paisaje y del asombro por la naturaleza que vamos descubriendo. Quizá por eso ya no digo “nos vamos de viaje” o “volvemos a viajar” si no “volvemos al movimiento” porque el viaje, como algo extraordinario, ya no lo es para nosotros. El movimiento forma parte de. Es un hecho que va sucediendo. ¿Acaso siempre tiene que pasar algo para escribirlo, para vivirlo? Porque si solo nos detenemos en las excepciones, ¿quién escribe la voz de las mañanas, los misterios de las sierras, la profundidad de los arroyos? Retratar la sutileza de las aves, conocer sus nombres, detenerme con el tiempo al costado del camino. Eider lo dejó todo para relatar montañas. Yo, naturaleza.
El movimiento también es esto: armar la carpa a las cinco de la tarde porque el lugar te gustó, tomar unos matecitos con pan con miel mirando el atardecer, detenerte en el medio del camino porque te llamó la atención un pájaro, frenar en una curva para escribir, cocinar fideos a la luz de una headlight, salir de la carpa solo para ver bichitos de luz, mirar el cielo y quedarte con una foto mental de la vía láctea, ver las fotos del día como una manera de revivirlas, descansar con la brisa del viento hasta el próximo amanecer.

Cerca de las 13:30 hs. Desde donde estamos no llegamos a ver por dónde sigue el camino. Se pierde entre pastos altos y árboles bajos. Pedaleo atenta para esquivar los bichitos que quieren cruzar el monte de lado a lado. Hoy el sol no sofoca tanto como ayer, si bien está fuerte, se camufla con el viento.

Veo tres caballos juntos tomando agua y un cuarto moviendo la cola y relinchándole a otro que no sé dónde está. Lo escucho, subo con los ojos por el cerro de enfrente y no lo veo. Al ratito se deja ver cuando camina abriéndose paso entre piedras enormes. Caballo gris entre piedras grises mimetizado con el paisaje. Vuelan mariposas blancas entre los plumeritos que escoltan el camino. Hasta ahora solo pasaron tres motos y tres ciclistas. El suelo sigue roto, por momentos la tierra es piedra lisa y surcada. A esta hora, suele nublarse. Y cuando levanto la vista, ya van llegando las primeras nubes.

Cerca de las 18:30 hs. El camino se agrieta cada vez más. Hay surcos y piedras de todos los tamaños que nos obligan a pedalear con cuidado. A pesar de esto (que no es más que una característica y no una complejidad) estamos fascinados con el paisaje. A medida que avanzamos se vuelve más verde, hay tramos de monte cerrado y túneles de árboles como pasadizos secretos.

También hay valles profundos y simétricos. Hoy vi grillos saltando de un lado a otro, una familia de langostas, mariposas amarillas y verdes y blancas, un pájaro de cola larga y un bichito de tres alas que hace el mismo sonido que un teléfono antiguo (de esos que había que poner el dedo en una ranurita para discar un número). La luz dorada sobre los cerros y la ciudad iluminada de lejos fueron el punto dulce de un día de 35 kilómetros. Respiro profundo y suspiro: es un acto inconsciente y espontáneo que me nace solo cuando me siento plena.

7 de marzo, casi las siete de la mañana. Me despierto con ganas de hacer pis y lo tomo como excusa para levantarme y ver el amanecer. Entre penumbras, veo claros de agua que ayer no se dejaban ver y algunas lucecitas encendidas de la ciudad de Córdoba muy muy lejos. Lo despierto a Andrés y aprovechamos para sacar algunas fotos. Aprovecho para recibir al sol con el pecho abierto, receptivo. Desayunamos pan con miel y frutas, y todo es tan simple, todo tan armonioso. Todo tan. Empezamos a pedalear con el sol bien alto y pegajoso, por suerte este último tramo es en bajada. Vemos autos estacionados y un cartel que dice “Reserva natural”.

Entramos. Llegamos a una playa de piedras y a un río con tres cascadas.
Es la primera vez en no sé cuántos años que me meto en un río cordobés y cumplo mi objetivo de terminar esta travesía con el cuerpo bajo el agua.

Al rato volvemos a pedalear y volvemos a frenar en otro río. Encuentro dos piedras, una al lado de la otra, y me siento. Hago la plancha, sumerjo la cabeza, me siento, me paro, me voy a la costa, me paro, vuelvo a las dos piedras, me siento. Me siento. Contemplo la calma de un día liviano. Todo, en este viaje, lo fue. Y así me siento: como el río ondulándose flexible sobre las piedras, como el monte cuando es sombra para los pájaros, como la brisa que corre debajo del puente y me suaviza la cara.

Ficha de ruta
Kilómetros: 82.
Lugar: Córdoba, Argentina.
Tipo de recorrido: circular.
Ruta: 80% ripio, 20% asfalto.
Itinerario: La Granja > Agua de Oro > Candonga > Ascochinga > La Granja.
Cuándo: todo el año.
Tiempo recomendado: 2 días / una noche (en el km 32.5 hay un excelente lugar para acampar).
Comida: antes de dejar el asfalto, las dos ciudades cabeceras, Agua de Oro o Ascochinga son las únicas opciones.
Agua: se cruzan varias vertientes/arroyos.

Textos: Jimena Sánchez | Fotos: Andrés Calla

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La increíble experiencia de cruzar el Sahara en bicicleta

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Dejar la ruta de Marruecos con sus pueblos abarrotados de mercados callejeros no fue nada fácil. Me había adueñado de esos bares donde el olor a tajine y verduras con especies saciaban cada día de esfuerzo. El tener las alforjas llenas de frutos secos como almendras, avellanas, duraznos o nueces me generaba tranquilidad, en especial cuando la civilización se alejaba durante varias horas.
Guelmin es considerada la puerta al Sáhara, esa porción de la tierra que pocos se animan a cruzar en bicicleta en verano, con 45ºC grados y en soledad. Sin embargo, el tiempo me enseñaría que la soledad es la mejor compañía y que el calor asfixiante tiene como extra quebrarte los labios por la sequedad y mantener las botellas de agua tan calientes que a veces es difícil beber.

Pero de eso iba este viaje que había empezado un año atrás cerca de Finlandia. Una mañana, mientras estaba desarmando la carpa detrás de una duna, fui testigo de una manada de camellos cruzando el desierto.

Me sorprendió su andar lento pero seguro al mismo tiempo, lo que me llevó a reflexionar acerca de como tenía que avanzar los próximos 3.500 kilómetros.
Las tierras saharauis, ese pedazo del mundo olvidado por la gran mayoría es uno de los sitios más sorprendentes para pedalear. Hay mañanas donde el sol te acompaña con luces suaves con el océano Atlántico al costado. Hay tardes donde una recta infinita se vuelve tan monótona que el esfuerzo es mas mental que físico. Hay días donde no pasa nada. Hay días donde el dorado de la arena se fusiona con una jaima, carpa beduina. Y hay días inolvidables: son cuando llega de Argelia el harmatan, la famosa tormenta de arena.

En una de ellas me encontraba a pocos kilómetros de llegar a la frontera con Mauritania. Cuando los ojos, orejas y nariz se cubren de polvo, arena y viento caliente a pesar de llevar turbante uno entiende que pedalear es inútil. Recuerdo que esas tres horas acostado en la arena esperando a que pasara la tormenta se hicieron eternas. Pero justamente son esos los momentos donde uno valora las cosas mas pequeñas y sencillas. Las cotidianas. Estar sentado con un café viendo el mar. Pedalear con viento a favor. Conversar con extraños y que te inviten a sus casas, etcétera.
Entrar a Mauritania, país #95 en esta vuelta al mundo, fue otra cachetada de la realidad. Si bien había vivenciado lo que es la pobreza de Afganistán, India, Haití o Uganda, el ver a una cabra comiendo cartón y a un grupo de chicos saltando descalzos en un basural no me pasó inadvertido. Bienvenidos al África negra, bienvenidos al África de verdad, pensé.

A pesar de las adversidades, el africano lleva una sonrisa pegada en la cara y siempre, sin importar el lugar o la hora, la hospitalidad pareciera ser su común denominador. Hay pocos destinos en el mundo donde la empatía está tan a flor de piel y el acampar en una comunidad o aldea es tan sencillo como acerarse a conversar unos minutos con el jefe y ser aceptado como uno más.

Es verdad que antes de empezar el viaje estaba lleno de miedos y dudas sobre este continente, en especial en cómo sería cruzar el desierto de Sahara. Sin embargo, a medida que me acercaba a Dakar, Senegal (e iba dejando la ruta con dunas), sentía una confusión de emociones. No solo por haberlo logrado sino porque esa paz tan abrumadora no estaría durante el resto del recorrido. Y así fue.
Si están pensando en vivir una experiencia única, épica, irrepetible y que les marque para el resto de sus vidas, les aseguro que cruzar un desierto en soledad es una de ellas. Porque tan solo se necesitan dos cosas: una bicicleta y confiar en que es posible.
La aventura tuvo una pausa cuando estaba cerca de la frontera con Ghana. Dejé Costa de Marfil a causa de la pandemia y enfermo de malaria cerebral. El regreso a Europa no fue el esperado, pero como dice la canción…: el show debe continuar.
Ahora estoy en Buenos Aires organizando paseos culturales en bicicleta junto a Mariela Cavallo, una guía de turismo experta en contar historias de esta hermosa ciudad. Organizamos paseos de dificultad baja (6 km) con paradas, donde ademas ofrecemos tips de fotografía y mecánica de bici. El paseo finaliza en el lago regatas de Palermo donde los invitamos con un pícnic saludable, un juego sorpresa y les contamos cómo organizar un viaje en bici por el mundo.
Además estoy dando cursos de fotografía de viajes en forma online (vía Zoom).

 

Por Esteban Mazzoncini | esteban.mazzoncini@gmail.com | unviajerocurioso.com | (+54911) 5125-6358 | Instagram/estebanmazzoncini

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