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Cicloturismo

Un tremendo video con Hans Rey y Martin Maes pedaleando en la exótica Hong Kong

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En estreno mundial, Biciclub te ofrece la película en la que dos súper campeones del mountain biking, Hans Rey y Martin Maes, exploran la exótica Hong Kong en una aventura urbana y suburbana de cinco días durante épocas turbulentas. 
Para poder verla con subtítulos en español clickeá la tuerca de abajo a la derecha > Subtítulos > Traducir automáticamente > Español.

 

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Cicloturismo

Un viaje flexible (y una historia de amor)

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Nos besamos por primera vez un viernes frente al Río de la Plata. Ese mismo día, él deslizó la idea de hacer un viaje en bici juntos. Dudé, pero exactamente dos semanas después estábamos los dos con nuestras bicis arriba del tren rumbo a Mercedes. El desafío era compatibilizar dos cicloviajeros solitarios que se unían en un viaje de cinco días por los caminos rurales de la provincia de Buenos Aires. Habíamos hecho viajes largos y desafiantes cada uno por su lado, pero ahora el ingrediente aventurero del viaje era la compañía.
El primer día hicimos 35 kilómetros desde Mercedes hasta Rivas, un pueblito con un puñado de manzanas y ningún camping. Acampamos en un bosquecito que incluía una bomba de agua. Lo que se conoce como lujo para el viajero que llega al atardecer, cansado luego de un largo trayecto bajo el sol.

Tomamos unos mates mientras el sol se despedía. Esos mates fueron nuestra cita número cuatro. Antes del viaje en bici nos habíamos visto exactamente tres veces. Acordamos que al día siguiente saldríamos a la ruta bien temprano, para evitar el sol ardiente del mediodía. Viajando sola tomaba las decisiones sola. Viajando con Agus, consensuaba.
En nuestro segundo día de pedaleo hicimos 80 kilómetros para llegar a Chacabuco. Siempre caminos de tierra. Cada tanto musiquita al compás del pedaleo. Fruta para las paradas. Mucha agua.
Acampamos en Chacabuco. Yo estaba insolada: muchas horas pedaleando al sol y con muchísimo calor. En los viajes en bici se pone el cuerpo. Es hermoso sentir el sol, el aire, la fauna, la flora en la piel, pero también agotador. No podía mantener el ritmo del viaje. Llegar a Junín y volver en el tiempo que nos quedaba me parecía imposible. Charlamos. La flexibilidad del cicloviajero emergió y rediseñamos el recorrido. Tramos más cortos, pedalear al amanecer, disfrutar de la bici frescos.

Cuando el tercer día partimos rumbo a Salto, recién empezaba a aclarar. No hay nada más hermoso que pedalear con la frescura de los primeros rayos del sol, con la alegría y esperanza de un nuevo día. Acostumbrados a acampar en cualquier condición, el aire acondicionado y la cama del hotel de Salto nos parecieron un lujo. El cuerpo necesitaba un buen descanso, un poco de aire fresco en medio de la ola de calor. Ser flexible es también escuchar al cuerpo y cuidarlo.

El cuarto día llegamos a Carmen de Areco luego de una pedaleada difícil. No por los kilómetros ni el calor, sino por los camiones de la ruta. No había banquina, pasaban muy cerca. Charlamos de nuevo. Decidimos hacer más kilómetros, pero tomar un desvío que nos aseguraba un camino tranquilo y sin tráfico. Flexibilidad. El camino nos regaló algunas nubes que hicieron más llevadero el calor. La pileta y la parrilla del camping municipal de Areco recompensaron el estrés de los camiones. Esa noche descubrí que Agus hace los asados más ricos del mundo. Y pensar que hasta hace poco era vegetariana.

El quinto día de pedaleada empezó a oscuras, con el objetivo de ver la salida del sol en medio del campo. Los naranjas, púrpuras, rojos de esa salida de sol fueron alucinantes. Se mezclaban con las nubes y creaban colores nuevos. Increíblemente, una estudiante de fotografía andaba por el campo a esa hora y nos regaló unos retratos hermosos, con su cámara profesional.
Llegamos a Mercedes antes de las 11 de la mañana, luego de pedalear 50 kilómetros, a tiempo para tomar el tren de regreso a Buenos Aires. Un poco más flexibles, un poco más enamorados… de la bici y los caminos rurales que nos permite recorrer.

Resumen
Fecha: Enero 2021
Kilómetros recorridos: 265
Recorrido: Mercedes – Rivas – Chacabuco – Salto – Carmen de Areco – Mercedes
Fotos del atardecer: Eleonora Cantón Vidal

 

Por Yamila Barrera
yamilambarrera@gmail.com | Instagram: yami_en_bici

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Cicloturismo

Por qué, cómo y con qué enfrentar una travesía en bicicleta fuera de ruta

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¿Qué pasa cuando las rutas y los caminos ya no son suficientes? Cuando el internarse en lo más profundo de la naturaleza para explorar áreas remotas sin trazados o referencias evidentes, se vuelve un mundo de infinitas y nuevas posibilidades.

¿Qué pasa cuando los viajes en bici comienzan a encontrar otras formas?
Con la enorme variedad de caminos y rutas de distintas dificultades y geografías que existen alrededor del mundo, tal vez la primera duda que se presente sea la de cuál es el sentido de iniciar un viaje fuera de ellos y con una bicicleta a cuestas, y tal vez entonces podamos aprovechar para comenzar este relato sincerado que puede ser una de las preguntas que jamás podremos responder con absoluta lógica.
Si fuéramos montañistas seguramente podríamos resumirlo en la frase de Mallory “¿Por qué subir montañas? Porque están ahí”, o utilizar increíbles historias de exploración como la carrera al polo, para explicar lo que en algún punto del relato deja de ser razonable. Pero como no somos montañistas ni auténticos exploradores, nos quedará simplemente el intento de contar nuestra propia experiencia.

Para nosotros el proceso fue tan natural que al día de hoy, al mirar hacia atrás, cada elección y paso que fuimos dando nos condujeron inevitablemente a la búsqueda profunda y trabajada de las zonas que recorremos. Porque realizar un recorrido de este estilo tiene mucho que ver con internarse íntegramente en los lugares por los que andamos, estudiando sus ríos, entendiendo sobre sus valles y quebradas, encontrando en los caminos que no existen la riqueza de un mundo virgen y asombroso por conocer.

Pero entonces, de qué trata una travesía en bici fuera de ruta
Trata sobre recorrer lugares donde aún no hay caminos, rutas o senderos trazados, explorando y descubriendo zonas aisladas o sin acceso para bicicletas e ir buscando el equilibrio entre el pedalear cuando el terreno lo permite y caminar cargando la bici cuando la geografía se vuelve más difícil.

Pero también trata sobre analizar mapas, buscar información, aprender a leer imágenes satelitales, relevar zonas caminando, entender sobre la geografía, el clima y la historia del lugar, minimizar riesgos, armarnos del equipo necesario para evitar posibles complicaciones, etcétera.
Lo cual no significa que sea necesario ser un eximio aventurero para realizar un recorrido de este tipo, pero sí es importante ser conscientes de no quemar etapas y entender los conocimientos y herramientas que tenemos, para que el llegar a la búsqueda de este estilo de travesías sea un camino del cual disfrutar, aprender y experimentar con total responsabilidad y respeto por los lugares que recorremos.

Sí hay algo de lo que somos extremadamente responsables desde siempre, es de tener los mayores cuidados y recaudos posibles para no involucrar ni preocupar a otros. Porque aunque no todo el mundo sea consciente de lo que puede provocarse por un simple capricho o relajo, el solo hecho de perderse o lastimarse en lugares aislados y de difícil acceso puede provocar una gran movilización de personas y recursos.

La montaña y la bici
Pero no siempre para nosotros la idea de estar aislados durante varios días en medio de la naturaleza, sin tener un trazado certero por el que avanzar, fue parte de nuestras vidas. En el 2010, la primera vez que incursionamos en el montañismo, el solo hecho de llegar hasta Tolar Grande desde Salta en nuestro autito fue una gran aventura llena de dudas y miedos.
Luego de ese viaje la cordillera nos atravesó definitivamente y poco a poco vinieron otras montañas, las primeras cumbres y cientos de nuevas dudas y miedos superados. Después llegaron las bicis, la ruta 40, los 43 cruces de los Andes y los viajes finalmente se volvieron cordillera y de a poco, muy de a poco, casi sin darnos cuenta, la montaña y la bici se fueron mezclando hasta volverse indispensables una de la otra.

Hoy, después de mucho camino y experiencias, lo que alguna vez nos fue extraño y peligroso se volvió nuestro hogar, el lugar al que pertenecemos, donde más en paz y completos nos sentimos y del cual no dejamos nunca de aprender. Solo es cuestión de señalar alguna quebrada desconocida para que el entusiasmo nos conquiste el cuerpo y una nueva historia vuelva a comenzar.

Cómo damos nacimiento a una travesía de este estilo
Lo primero que vemos necesario explicar es que nuestras travesías nacen de lugares que fuimos conociendo previamente y con los que tenemos alguna relación. Lo que significa que una búsqueda nos lleva inmediatamente a otra y así sucesivamente.
Por ejemplo: realizar los 43 pasos cordilleranos nos llevó a querer profundizar cada vez más en la Cordillera, vivir en Patagonia Austral y sentir la necesidad de explorar sitios que llamaban nuestra atención y de los cuales no se sabía demasiado.
Así es como le fuimos encontrando naturalidad y coherencia al camino que vamos generando, sin que tenga que ser el más difícil, el más extraño o el más lejano, sino simplemente el propio. Por eso, prestar atención a nuestro alrededor, desde la historia que nos puede contar algún puestero, hasta una cima lejana en la que no habíamos reparado anteriormente, estar atentos y conectados con lo que nos está pasando y con los detalles que nos generan curiosidad, es siempre nuestra principal brújula para iniciar un nuevo proyecto o travesía.

También es importante entender que al día de hoy hay muy pocas zonas que no hayan sido  exploradas previamente y que no contengan algún dato, historia o referencia de la cual poder enriquecernos. Y aunque a veces se sienta muy romántico eso de creerse pioneros o iniciadores de una idea, creemos que es mucho más importante darle valor y reconocimiento a los que verdaderamente lo fueron, para poner la historia en su lugar y poder seguir construyendo y aportando desde la nuestra.

Qué equipo utilizamos

Usamos bicis livianas con horquilla rígida. Actualmente tenemos dos Venzo Atix, que son muy livianas y nos permiten cargarlas con facilidad cuando es necesario.

Viajamos en modalidad bikepacking, usamos bolsos halawa pequeños que se adaptan a la geometría de la bici, dándonos la posibilidad de ir con muy poca carga y poder maniobrar con más simpleza.

Llevamos mochilas grandes de 60 litros y en los tramos donde se hace imposible pedalear pasamos toda la carga a la mochila para poder levantar las bicis con más facilidad y sin lesionarnos.

Tenemos ruedas tubelizadas, ya que al no existir camino las posibilidades de pinchar son constantes.

Vamos con un GPS en donde bajamos el trazado que armamos.

Contamos con un rastreador satelital SpotX, el cual nos da la posibilidad de pedir ayuda en caso de emergencia, enviar mensajes para pedir el clima actualizado, mandar nuestra ubicación en tiempo real y comunicarnos con nuestra familia o amigos sea donde sea que nos encontremos.

Aplicaciones que usamos para la lectura y trazado del recorrido
Actualmente usamos Ride Whith GPS y Fatmap. En ellas podemos analizar la geografía del lugar y trazar el recorrido que nos parece más lógico y probable de realizar. Ese track creado luego lo bajamos al GPS y también lo llevamos en el celular, descargándolo en la aplicación de Ride Whith GPS.

Herramientas que fuimos adquiriendo a lo largo de este tiempo
Además de la experiencia a lo largo de estos años, también hemos realizado cursos de primeros auxilios en zonas agrestes, orientación y cartografía, nivología y rescate en avalanchas. Creemos que el sumar conocimiento técnico nos brinda la posibilidad de poder desenvolvernos mejor en situaciones críticas y nos parece que es parte elemental de nuestra responsabilidad.

Las travesías por zonas agrestes no solo implican disfrute y aventura, sino sobre todo una gran responsabilidad y respeto por el entorno. No hacer fuego, ni dejar rastros de nuestro paso por estos lugares es la mínima obligación que podemos tener.

Por Nación Salvaje: www.nacionsalvaje.com  | nacionsalvaje@gmail.com

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Cicloturismo

En bicicleta entre los ríos de Entre Ríos

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Este fue un viaje impulsado por una larga cuarentena que hizo mella en nuestros cuerpos (in)quietos; por la incertidumbre de una pandemia que socavó las coordenadas del mundo; por la necesidad de sumergirnos en el monte y en el río para respirar horizontes menos viciados de humos, de urgencias, de impotencias; por el deseo de conocer, de comunicarnos, de compartir, de (con)movernos; para transmitir y al mismo tiempo (des)aprender algo más en el viaje mayor, transitorio y frágil, que es la vida.

Brotó de un puñado de días disponibles, de un comentario remado en el Paraná, de un recorrido solapado entre otros mapas, de una vuelta de manubrio/realidad/humildad que viró el rumbo desde el oeste hacia el este. De repente –como toda certeza–, la idea de rodar hasta el Parque Nacional El Palmar como destino principal. Esta vez saliendo desde y volviendo a casa, atalaya de nuestros días, como quienes sencillamente salen a dar una vuelta por el centro de Entre Ríos, uniendo la provincia de costa a costa, pedaleando incógnitas en su corazón.

Priorizamos caminos rurales, de tierras y de ripios cambiantes, que conectan parajes, almacenes, montes, estancias, cuencas y poblaciones a veces invisibilizadas por la concentración de recursos y de actividades sobre las costas de los ríos Paraná y Uruguay. Entre Ríos, en su versión dominante, es una provincia que continúa desarrollándose fuertemente sobre sus márgenes ribereñas (donde hay agua, hay vida) pero, a veces, parece olvidarse del “entre” que le da soporte a su nombre compuesto. Su identidad reposa sobre sus ríos pero, desde las costas, en estos 6 años de vida paranaense, rara vez me han podido contar con detalles de la vida en el centro de la provincia. Dudas latentes que con el tiempo despertaron la curiosidad y despabilaron las piernas.

Nos propusimos disfrutar del PN El Palmar (Sitio Ramsar)* en un contexto en donde los humedales nos duelen por su destrucción sistemática, pero también quisimos saber qué es lo que queda de la selva de Montiel y cómo se vive la entrerrianía del centro. Entonces, tratamos de amar la trama hasta su desenlace, a pesar de las olas y los golpes de calor, del viento en contra, de las tormentas, de una pandemia que –aunque minimizada en diferentes lugares– sigue vigente y que, sorpresivamente, nos vinculó con más personas de las que imaginamos antes de salir. De hecho, nuestro andar desplegó una red de personas de toda la provincia (gracias infinitas) que, baqueanas de sus respectivos lugares, brindaron sus saberes sobre recorridos, estados de los caminos y puntos de aprovisionamiento, entre otras yerbas.

El segundo día de travesía fue, sin dudas, el más aventurero. Luego de una noche pura en el almacén Francese de Crucesitas Séptima, amanecimos rodando el mismo ripio maltrecho y transitado del primer día, hasta sus divisiones en el Almacén Iglesias. La conexión entre este conocido almacén de campo y Estación Raíces recorre el reducto más austral de la región biogeográfica conocida como Selva de Montiel. En su porfía y múltiples bifurcaciones, el camino de tierra compacta se angosta y se hunde en una vegetación profusa, que crece junto con el canto estridular de las chicharras y de otros insectos que se regodean en la siesta de verano. A medida que nos acercamos al arroyo Durazno, el paisaje se hizo más inhóspito y bello. En su recorrido, los caballos y los pájaros huían de estos seres multicolores montados sobre corceles de caucho y aluminio. Mientras que las jaurías, siempre comandadas por el perro de menor porte, se desactivaban rápidamente una vez que superábamos su portal. Las mariposas –en todos sus tamaños y colores– insistían en volar a nuestra par, aleteando buenos augurios. La paisanada nos orientó gentil y animosamente, en un vocabulario de leguas y ademanes que hizo honor a la mezcla de olvido, magia y confusión que aún nombra a esta región como “selva”.

Durante los kilómetros más agrestes y calurosos descubrimos el verde que habita el corazón entrerriano: ecos de coplas que cantan los misterios de la vida matrera, que brota alborotada, que pervive en un imaginario espinoso de la Entre Ríos profunda, aún cuando sobresalen las taperas y las hectáreas sembradas al compás del «desarrollo».

El broche de oro fue el cruce del río Gualeguay –el más importante del centro de Entre Ríos– por la balsa ubicada al sudoeste de la ciudad de Villaguay –la de mayor relevancia en el centro de la provincia. La fuerte bajante mantenía en silencio a nuestro nexo flotante entre costas. Para lograr nuestro cometido, con alegría y alivio, mojamos las piernas para mantener secos nuestros equipajes y bicis. Aunque, sin la advertencia de una niña, podríamos haber terminado en un pozo del descuidado artefacto: una escena que no hubiese sido digna de celebración en las antípodas de Kossakovsky**. Parece ser que los buenos augurios a veces son sutiles y frágiles protecciones. Esa noche acampamos en el balneario de Villaguay, en un entorno muy agradable, que favoreció el descanso reparador sobre el final de una jornada a pura vida sobre ruedas.

Sin dudas, la pandemia nos marcó una suerte de retorno hacia el mundo más próximo e íntimo: percepción, atención, disfrute y cuidado de nuestras realidades más cercanas. En lo personal fue un aprendizaje potente: a veces no hace falta atravesar regiones o países para aventurarse, para descubrirse rodando la vida. Creo que es una remembranza de un aprendizaje tan infantil como el de andar en bicicleta. Las buenas preguntas, un puñado de emociones y de certezas elementales, pueden brotar en una vuelta a la manzana, en el patio de casa, en el club del barrio o en la plaza, en el camino al río, en la noche de verano que se resiste a dormir mientras la vía láctea siga encendida.
Ciertamente, “no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama” (anónimo, por ende universal). Y yo, con cada kilómetro, quiero a Entre Ríos cada día un poquito más.

Datos

Cicloviajeros: Emmanuel Ferretty y María Kendziur.
Recorrido: Paraná > Viale > Crucesitas Séptima > Estación Raíces > Villaguay > Jubileo > PN El Palmar (ida) > Ubajay > Villa Clara > Villaguay > Paso de la Laguna > María Grande > Paraná.
Kilómetros: 600.
Duración: 10 días (7 de pedaleo y 3 de descanso).
Fecha: fines de enero de 2021.
Contacto: eferretty@gmail.com

 

*Un sitio Ramsar es un humedal designado como de importancia internacional bajo la Convención sobre Humedales, conocida como la Convención de Ramsar. Es un tratado ambiental intergubernamental establecido en 1971 por la UNESCO, que entró en vigor en 1975. Proporciona la base para la acción nacional y cooperación internacional con respecto a la conservación de humedales y el uso racional y sostenible de sus recursos.

**Víctor Kossakovsky es un cineasta ruso.

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Cicloturismo

Olavarría: la reinvención de un prestador de cicloturismo

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Matías “Bachi” Castañares, Técnico Superior en Turismo y Guía de Turismo Rural, lleva adelante desde hace seis años un proyecto de salidas cicloturísticas recreativas llamado Bici Tours Olavarría.

“La finalidad -afirma- es redescubir los atractivos turísticos de nuestra ciudad y que la ciudadanía pueda acceder a ellos a través de un medio de movilidad como la bicicleta, que no contamina, fortalece nuestra salud física y psíquica, mejora nuestra circulación y, como siempre digo: la mejor píldora para el estrés es montar una bici.”

 

Los tesoros de Olavarría

Según Bachi, el impulso para crear este proyecto fue su convencimiento de que Olavarría es una ciudad netamente turística: “Rica en atractivos, tales como estancias, lagunas, pueblos colonos, canteras activas e inactivas, fábricas abandonadas, cuevas, cerros, vistas panorámicas únicas, y no sólo en las afueras de la ciudad sino también en el mismo casco urbano. Con puentes colgantes únicos en la provincia y el arroyo Tapalqué, que atraviesa y divide la ciudad en dos. Los parques Norte y Sur, llenos de árboles de antaño, y mucho más.”


En “la cuidad más linda del mundo”, como asegura Bachi, el fuerte es la piedra y el cemento, la industria metalmecánica, la agricultura y la ganadería, pero también el turismo, la industria sin chimeneas, la que impulsa millones de puestos de trabajo en el mundo entero. A este panorama se suma que Olavarría se encuentra en el centro de la provincia de Buenos Aires, atravesada por la ruta nacionales 226 y la provincial 51.

 

Bici Tours Olavarría

Bachí nos contaba que el proyecto nació en un momento gris de su vida y que le ayudó a salir adelante, a conocer mucha gente y muchos nuevos lugares. A él le dedica mucho tiempo, planificando, buscando lugares nuevos para visitar.
Durante los primeros cinco años de vida de Bici Tours Olavarría las salidas fueron gratuitas para la comunidad, los últimos dos años de ese quinquenio sustentadas por un sponsor y ahora cobrando un valor mínimo. Por su parte el municipio facilita una camioneta de apoyo, profesores de educación física, hidratación y hasta un seguro de accidentes personales para los participantes.


“Durante la pandemia, el sector turístico está siendo uno de los más golpeados, sin poder trabajar durante casi ocho meses. Nos vimos muy afectados, sin ingresos -rememora. El mes pasado recibimos un fondo de Nación y otro de Provincia para los prestadores turísticos monotributistas que en su mayoría no pudimos trabajar. Eso nos ayudó a pagar muchos gastos acumulados de estos meses sin poder brindar servicios.”


Cuando se liberaron las actividades deportivas al aire libre y después del knock out de no saber para dónde salir, ya que este era su único ingreso, les habilitaron para salir en grupos de 10 personas, cuando estaba acostumbrado a trabajar con 100 y más también: “Me dije: voy a seguir haciendo lo que me gusta, lo que me hace rico, pero rico del alma. Lo que me despeja la mente, lo que me da libertad. Porque como siempre digo, las únicas cadenas que te dan libertad son las de la bicicleta.”

 

La nueva realidad

Fue así que Bachi volvió a armar las salidas, aunque ahora con menos gente, lo que asegura que le permite estar más en contacto con todo el grupo y disfrutar más de las salidas, tanto a él como a sus asistentes. En paralelo empezó a realizar entrenamientos personalizados para principiantes, ya que veía que mucha gente quería sumarse a las salidas, pero hacía mucho que no andaban en bici o no hacían kilómetros o no sabían cómo pasar un cambio en pendientes o como lograr una postura correcta en la bicicleta. O bien gente que no se animaba a salir en soledad. “También está bueno eso -asegura-, pasar mi aprendizaje personal durante estos años a otras personas. Para que disfruten a pleno esta hermosa actividad llamada cicloturismo.”


El proyecto Bici Tours es muy ambicioso. Abarca lo social, lo deportivo, lo cultural, lo solidario, lo turístico, la importancia del ocio en nuestra vida cotidiana. Bachi reconoce que muchas personas necesitan dejar atrás su rutina semanal, tanto en lo laboral como en su casa “y este es un buen cable a tierra para recargar energías, ya que andamos por lugares que te producen precisamente esa sensación de paz, de tranquilidad, de calma”.

Olavarría nos espera

“Ahora, para que esto sea completo, faltaría traer turistas de otras ciudades o países a que prueben la experiencia de una salida grupal de cicloturismo y que conozcan nuestros hermosos paisajes -propone. Me sentiría realizado con este proyecto, viendo a Olavarría como una ciudad de turismo receptivo, explotando al máximo sus atractivos y su potencial turístico. Porque no sólo tenemos para ofrecer cicloturismo sino también actividades como trekking, cabalgatas, canotaje, pesca deportiva, rapel, parapente y hasta tirarse en paracaídas. O bien alojarse en una estancia o en una cabaña y disfrutar del aire de campo.”
Hace poco Bachi y su gente armó la página web www.bicitours.com.ar y están presentes en Instagram y Facebook como Bici Tours Olavarría. La idea es llegar a más personas y lograr que visiten la imponente ciudad de Olavarría.
El proyecto tiene también su parte solidaria, que Bachi asegura que le enseñó a ver más allá de su entorno, recolectando donaciones y ayudando a merenderos y comedores barriales, organizaciones sociales y casos puntuales de familias particulares de muy bajos recursos económicos.

“Hemos recibido pedidos de camas, frazadas, garrafas, alimentos, ropa, bicicletas, medicamentos y los hemos conseguido publicando en nuestro grupo de WhatsApp o en las redes sociales. También hemos entregado juguetes para el día del niño, navidad o reyes. Si cada persona pudiera aportar un granito de arena, el mundo sería más simple y habría más amor -afirma. Podemos lograrlo o no, pero al menos lo habríamos intentado.” Y culmina: “Nos encontramos en la bici.”

 

www.bicitours.com.ar | Instagram y Facebook: Bici Tours Olavarría | matiase.castanares@gmail.com

Fotos: Margarita Pellegrini

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