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Bárbara Buenahora: “¡Qué destino el mío: ironman y señora de un marino!”

Fecha: 25.03.2020

La heroína de esta nota nació en Mar del Plata hace ya 43 años pero aún practica tria-tlón a nivel elite. Y no solo participa, también gana con frecuencia. Con ella hablamos largamente acerca de su profesión y de su vida.

Por Mario García

Su niñez fue tranquila y sedentaria, fundamentalmente porque a los cinco años tuvo una neumonía que hizo que la internaran y hasta los 14 años estuvo complicada con ataques asmáticos y broncoespasmos. Pero mientras su salud así estaba, sus días transcurrían probando con sus hermanos muchos deportes, incluyendo zapateo americano, patín, básquet…, lo que se les cruzara en el camino.

Cacho Bernatene
Pero al cumplir sus 15 años de vida se le ocurrió ir a dar una vuelta corriendo a una placita cercana a su casa. Al otro día regresó y sumó una más. Luego tres vueltas y así hasta llegar a diez. “Quería ver qué pasaba si corría —recuerda. La idea era no frenar, quería ver si aguantaba sin parar, me gustó. Le conté a mi papá y él me dijo que conocía a alguien que entrenaba gente que corría. Mi papá vendía muebles usados y antiguos y por eso se conocían con Oscar Bernatene, Cacho, quien resultó ser mi inspirador en el triatlón.”
Cacho Bernatene, que también trabajaba con antigüedades, fue quien trajo el triatlón a la Argentina. Había visto el deporte en Hawaii y fue un gran organizador de triatlones, trayendo incluso a la Argentina a triatletas top de la época como Paula Newby Fraser, que fue un arquetipo para Bárbara. “La primera vez que vi una carrera, Cacho me había puesto de voluntaria en un triatlón de larga distancia y estaba tan impresionada que no podía contener mis emociones. Íbamos tres veces por semana a entrenar en grupo, cada entrenamiento era una satisfacción para mí, sentir el cansancio, la sensación de ahogarme…, que para mí era tan familiar por mi asma. Ahí supe que eso era lo mío, estaba totalmente enamorada del triatlón y mi vida transcurría alrededor de mis entrenos. Definitivamente el triatlón era mi lugar, mi ocupación y mi motivación.”

  

No al drafting, sí a Hawaii
Transcurridos muchos años Bárbara empezó a entrenar con Juan Mutti —un gran triatleta marplatense—, cosa que hizo hasta el 2005. En ese período cambiaron muchas cosas en su vida, pero su pasión y sus sueños eran cada vez más grandes. “En el año 96 corrí el Ironpaz en La Paz, Entre Ríos, y me gustó mucho. Dos meses después se disputó el Campeonato Argentino de Duatlón en Córdoba, donde obtuve el primer lugar y eso me clasificó para ir al Mundial en Guernica, España, donde a todos los que fuimos nos sorprendió un nuevo reglamento: era el comienzo de las carreras con drafting y no sabíamos ir a rueda, no lo entendíamos y no me gustó para nada. Fue una verdadera desilusión que se eligiera este sistema para opacar el espíritu del triatlón, siendo que en su origen era una prueba en solitario y sin ayuda de ningún tipo. Esa fue la primera y última carrera que hice con drafting.”
Al día siguiente de la carrera Bárbara tuvo un accidente con un auto y la caída le provocó una lesión en la cadera que le impediría correr durante mucho tiempo, aunque sí podía nadar y pedalear. Encima, la realidad era que estaba a un mes de hacer su primer Hawaii, el de 1997.
“En Hawaii —rememora— nadé, pedaleé y mi maratón fue una caminata anticipada, ya que no podía hacer otra cosa, pero lo disfruté mucho. Era muy chica, tenía 20 años y muchos sueños por delante. Ya estar ahí, haciendo lo que veía en fotos en la revista Triathlete era como vivir una gran aventura, un sueño. Y al año siguiente volví a correr y en categoría Pro. Realmente no me preocupaba si llegaba atrasada, sabía que algún día iba a mejorar, pero era esencial para mí sentir que era rival de grandes rivales. Eso me daba poder.”

Llegan los triunfos
En el año 98 además de Hawaii corrió el Ironpaz y el Ironman de Suiza, donde quedó tercera en la general femenina. “Fue mi primera gran carrera —afirma con energía—, con un parcial de 3h 5m en la maratón.”
En el año 99 ganó el Half Ironman de Buffalo Spring Lake, en Texas. “Otra gran carrera, estaba pedaleando muy fuerte y corriendo excelente. Siempre me retrasaba en la natación, pero remontaba en las otras disciplinas.”
Dos semanas después Bárbara corrió el Ironman de Austria, siempre en Pro, donde llegó cuarta. En el año 2000 fue tercera en el Ironman de New York; en el 2001 corrió el Ironman de Australia; en el 2002 el Ironman de Canadá; en 2003 ganó el Ironman de Brasil y fue tercera en el Half Vineman Santa Rosa, California; en el 2004 fue tercera en Panama City, Florida; en el 2005 primera en el Half Piedras Rojas, Chile; en el 2006 fue récord argentino de Ironman (9h 29m), segunda en Florianópolis, segunda en el Half Ubatuba y primera en el Half ISSport Mar del Plata (con récord de circuito).
Corrió siete veces el Half Ironman de Pucón, siempre dentro del top 5. También corrió siete veces Hawaii y fue dos veces 18ª en la general femenina. Ganó ocho años el Duatlón Hombre de Piedra de Tandil y este año hizo nada menos que el récord del circuito.

Ironman, cosa de marinos
A partir del 2006 Bárbara pasó a entrenar por su cuenta. Dejó un tiempo por lesiones y por razones familiares se tomó un respiro y luego de unos años dio a luz a su primer hijo, Facundo, que hoy tiene 10 años. “La verdad es que en ese momento la vida tomó para mí otro sentido, otras fueron las prioridades y otra la forma de encararlas. Retomé mis entrenos pero de manera más tranquila, como podía, sin orden. Sentía que tenía que hacer un click y dejé… Hasta que en septiembre del 2015 conocí a Diego Chávez, quien es hoy mi compañero de vida. Él conquistó mi corazón y además me contagió con su gran entusiasmo y su sistema de entrenamiento. Fue como una gran fusión, ambos aprendimos y mejoramos nuestros conceptos sobre los entrenos. Diego es Infante de Marina y su formación lo hace sumamente ordenado, enfocado, en base a una planificación minuciosa. Es triatleta, formado como atleta de pista de 800 metros (1m 56s), 1500 (3m 54s) y 3000 con obstáculos (9m 15s). Corrió dos veces la maratón de Mar del Plata en 2h 30m. Desde el momento que nos conocimos nuestras vidas cambiaron mucho.”
Por la profesión de Diego, la familia se mudó a Bahía Blanca, donde reside desde 2016. Allí formaron el Team Buenahora: “Es como una gran familia, donde todos somos parte de una motivación colectiva —dice Bárbara. Correr-nadar-pedalear se hacen sobre una base de superación personal, saliéndonos de lo obsesivo en sí mismo, como personas que buscamos nuestra mejor versión. El team está compuesto por gente de todo el país y así tenemos la oportunidad de mostrar en cada ciudad cómo hacen sus entrenos. Es como estar ahí mismo, en las fotos que nos mandamos o en los relatos que hacemos. Todo el tiempo dirigidos y bajo mi supervisión y asesoramiento. Mis entrenamientos cambiaron bastante, basándome ahora en la técnica y en la economía de esfuerzo, en trabajos precisos y con mucha preparación específica, fuerza y elasticidad.”

Los años pasan, pero…
Al momento de esta charla, Bárbara estaba cerca de cumplir sus 43 años de edad (el 27 de noviembre), cosa que le hacemos notar. “Hoy puedo sentir que hay un cambio en mi cuerpo, pero los entrenamientos que hago buscan dar en la tecla para superar esas diferencias. Diego me ayuda muchísimo entrenándome, ya que a veces hacerlo sola es difícil. Su intervención como entrenador Infante de Marina le da más rigurosidad a mis planificaciones. Y los dos nos ayudamos mucho, no solo entrenando sino con las cuestiones hogareñas, el cuidado de nuestros hijos, los deberes, las compras, la comida, todo lo vamos resolviendo entre los dos. Muchas veces el está de guardia o con campañas. Su vida en la Armada es bastante distinta a la de nosotros los civiles; es muy fuerte para ellos la disciplina, las órdenes, les toca estar en el campo de entrenamiento militar por semanas en condiciones muy difíciles, con lluvia, frío y faltos de comida y sueño. Se vive otro mundo y creo que no por nada el ironman nació de un grupo de marines. ¡Qué destino el mío: ironman y señora de un marino! ¡Eso sí que es mucha coincidencia!”
Los días de la pareja giran alrededor de los entrenamientos, el trabajo y la familia y Bárbara asegura que les gusta vivir así, que esa es su filosofía de vida: “Nuestros viajes son siempre por carreras. Incluso entreno en la altura de Cachi y viajamos por las clínicas de triatlón, en su mayoría en Tandil, en el Hotel Piedras del Lago.”

El proyecto Crisol
Hoy Bárbara disfruta de una flamante Cervelo P3 sobre la que afirma que “andar en ella es como escuchar buena música, como tomar un buen vino, es una delicia. Además tengo un grupo electrónico Dura Ace que parece tecnología de otro planeta, tocás un botón y pasan los cambios. Uso ruedas Dura Ace, casco Lazer, zapatos y gafas Shimano. “Toda esta tecnología —asegura— está ayudándome a bajar mis tiempos, ya no es lo que era antes. La empresa Byrm_sports hizo posible que pueda acceder a estas tecnologías.”
Y está por comenzar una nueva etapa de su vida en el Club Crisol, un proyecto privado pensado como un espacio recreativo, deportivo y familiar ubicado en un predio de 84 hectáreas forestadas del Autódromo de Bahía Blanca, a minutos de la ciudad. Bárbara será Coach del Crisol, donde habrá vestuarios con duchas, servicios gastronómicos, estacionamiento y control de acceso, lo que lo hace muy seguro para todos, en especial para los más pequeños. La pista del autódromo tiene 3.200 metros de extensión y 14 metros de ancho. Además, Club Crisol dará la posibilidad de que los deportistas pedaleen con sus hijos y den sus primeros pasos en el deporte.
“Bajo mi dirección —nos cuenta Bárbara— la propuesta de entreno para los más chiquitos consiste en crecer jugando a nadar, pedalear y correr. Aprender lo importante, que es dominar nuestra mente y cuerpo. Saber de valores como disciplina, voluntad, constancia, paciencia, solidaridad, compañerismo y ayudarles a soltar sus potencialidades y sus sentimientos, que a veces les es difícil manifestar entrando en conflictos con sus pares o somatizando con enfermedades. Y los más avanzados podrán ingresar a un proyecto de detección de talentos, algo que es frecuente en los países del primer mundo. Mientras que los adultos podrán ser parte del grupo de acondicionamiento y entrenamiento, buscando una filosofía de vida que se adapte a sus momentos y situaciones particulares.”
Y concluye: “El deporte como estilo y filosofía de vida es el camino para cultivar a nuestros hijos. El deporte enseña, construye, valora, une y mejora. Esa es mi historia de vida, la de buscar mejorar, la de saber que sí es posible, que los obstáculos y los miedos, aun los más íntimos, son una herramienta, una oportunidad para aprender, para superarse, para construirnos. Salirse del camino es humanamente lógico, pero volver al plan es lo importante. Y no se trata de una carrera, se trata del sentido que le das a la vida, del plan que armes para crear tu vida.”


barbarabuenahora@hotmail.com | www.instagram.com/buenahorabarbara


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Hablamos sobre: Personajes, Triatlón y Duatlón

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