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Deporte y Entrenamiento

Bárbara Buenahora: “¡Qué destino el mío: ironman y señora de un marino!”

La heroína de esta nota nació en Mar del Plata hace ya 43 años pero aún practica tria-tlón a nivel elite. Y no solo participa, también gana con frecuencia. Con ella hablamos largamente acerca de su profesión y de su vida.

Por Mario García

Su niñez fue tranquila y sedentaria, fundamentalmente porque a los cinco años tuvo una neumonía que hizo que la internaran y hasta los 14 años estuvo complicada con ataques asmáticos y broncoespasmos. Pero mientras su salud así estaba, sus días transcurrían probando con sus hermanos muchos deportes, incluyendo zapateo americano, patín, básquet…, lo que se les cruzara en el camino.

Cacho Bernatene
Pero al cumplir sus 15 años de vida se le ocurrió ir a dar una vuelta corriendo a una placita cercana a su casa. Al otro día regresó y sumó una más. Luego tres vueltas y así hasta llegar a diez. “Quería ver qué pasaba si corría —recuerda. La idea era no frenar, quería ver si aguantaba sin parar, me gustó. Le conté a mi papá y él me dijo que conocía a alguien que entrenaba gente que corría. Mi papá vendía muebles usados y antiguos y por eso se conocían con Oscar Bernatene, Cacho, quien resultó ser mi inspirador en el triatlón.”
Cacho Bernatene, que también trabajaba con antigüedades, fue quien trajo el triatlón a la Argentina. Había visto el deporte en Hawaii y fue un gran organizador de triatlones, trayendo incluso a la Argentina a triatletas top de la época como Paula Newby Fraser, que fue un arquetipo para Bárbara. “La primera vez que vi una carrera, Cacho me había puesto de voluntaria en un triatlón de larga distancia y estaba tan impresionada que no podía contener mis emociones. Íbamos tres veces por semana a entrenar en grupo, cada entrenamiento era una satisfacción para mí, sentir el cansancio, la sensación de ahogarme…, que para mí era tan familiar por mi asma. Ahí supe que eso era lo mío, estaba totalmente enamorada del triatlón y mi vida transcurría alrededor de mis entrenos. Definitivamente el triatlón era mi lugar, mi ocupación y mi motivación.”

  

No al drafting, sí a Hawaii
Transcurridos muchos años Bárbara empezó a entrenar con Juan Mutti —un gran triatleta marplatense—, cosa que hizo hasta el 2005. En ese período cambiaron muchas cosas en su vida, pero su pasión y sus sueños eran cada vez más grandes. “En el año 96 corrí el Ironpaz en La Paz, Entre Ríos, y me gustó mucho. Dos meses después se disputó el Campeonato Argentino de Duatlón en Córdoba, donde obtuve el primer lugar y eso me clasificó para ir al Mundial en Guernica, España, donde a todos los que fuimos nos sorprendió un nuevo reglamento: era el comienzo de las carreras con drafting y no sabíamos ir a rueda, no lo entendíamos y no me gustó para nada. Fue una verdadera desilusión que se eligiera este sistema para opacar el espíritu del triatlón, siendo que en su origen era una prueba en solitario y sin ayuda de ningún tipo. Esa fue la primera y última carrera que hice con drafting.”
Al día siguiente de la carrera Bárbara tuvo un accidente con un auto y la caída le provocó una lesión en la cadera que le impediría correr durante mucho tiempo, aunque sí podía nadar y pedalear. Encima, la realidad era que estaba a un mes de hacer su primer Hawaii, el de 1997.
“En Hawaii —rememora— nadé, pedaleé y mi maratón fue una caminata anticipada, ya que no podía hacer otra cosa, pero lo disfruté mucho. Era muy chica, tenía 20 años y muchos sueños por delante. Ya estar ahí, haciendo lo que veía en fotos en la revista Triathlete era como vivir una gran aventura, un sueño. Y al año siguiente volví a correr y en categoría Pro. Realmente no me preocupaba si llegaba atrasada, sabía que algún día iba a mejorar, pero era esencial para mí sentir que era rival de grandes rivales. Eso me daba poder.”

Llegan los triunfos
En el año 98 además de Hawaii corrió el Ironpaz y el Ironman de Suiza, donde quedó tercera en la general femenina. “Fue mi primera gran carrera —afirma con energía—, con un parcial de 3h 5m en la maratón.”
En el año 99 ganó el Half Ironman de Buffalo Spring Lake, en Texas. “Otra gran carrera, estaba pedaleando muy fuerte y corriendo excelente. Siempre me retrasaba en la natación, pero remontaba en las otras disciplinas.”
Dos semanas después Bárbara corrió el Ironman de Austria, siempre en Pro, donde llegó cuarta. En el año 2000 fue tercera en el Ironman de New York; en el 2001 corrió el Ironman de Australia; en el 2002 el Ironman de Canadá; en 2003 ganó el Ironman de Brasil y fue tercera en el Half Vineman Santa Rosa, California; en el 2004 fue tercera en Panama City, Florida; en el 2005 primera en el Half Piedras Rojas, Chile; en el 2006 fue récord argentino de Ironman (9h 29m), segunda en Florianópolis, segunda en el Half Ubatuba y primera en el Half ISSport Mar del Plata (con récord de circuito).
Corrió siete veces el Half Ironman de Pucón, siempre dentro del top 5. También corrió siete veces Hawaii y fue dos veces 18ª en la general femenina. Ganó ocho años el Duatlón Hombre de Piedra de Tandil y este año hizo nada menos que el récord del circuito.

Ironman, cosa de marinos
A partir del 2006 Bárbara pasó a entrenar por su cuenta. Dejó un tiempo por lesiones y por razones familiares se tomó un respiro y luego de unos años dio a luz a su primer hijo, Facundo, que hoy tiene 10 años. “La verdad es que en ese momento la vida tomó para mí otro sentido, otras fueron las prioridades y otra la forma de encararlas. Retomé mis entrenos pero de manera más tranquila, como podía, sin orden. Sentía que tenía que hacer un click y dejé… Hasta que en septiembre del 2015 conocí a Diego Chávez, quien es hoy mi compañero de vida. Él conquistó mi corazón y además me contagió con su gran entusiasmo y su sistema de entrenamiento. Fue como una gran fusión, ambos aprendimos y mejoramos nuestros conceptos sobre los entrenos. Diego es Infante de Marina y su formación lo hace sumamente ordenado, enfocado, en base a una planificación minuciosa. Es triatleta, formado como atleta de pista de 800 metros (1m 56s), 1500 (3m 54s) y 3000 con obstáculos (9m 15s). Corrió dos veces la maratón de Mar del Plata en 2h 30m. Desde el momento que nos conocimos nuestras vidas cambiaron mucho.”
Por la profesión de Diego, la familia se mudó a Bahía Blanca, donde reside desde 2016. Allí formaron el Team Buenahora: “Es como una gran familia, donde todos somos parte de una motivación colectiva —dice Bárbara. Correr-nadar-pedalear se hacen sobre una base de superación personal, saliéndonos de lo obsesivo en sí mismo, como personas que buscamos nuestra mejor versión. El team está compuesto por gente de todo el país y así tenemos la oportunidad de mostrar en cada ciudad cómo hacen sus entrenos. Es como estar ahí mismo, en las fotos que nos mandamos o en los relatos que hacemos. Todo el tiempo dirigidos y bajo mi supervisión y asesoramiento. Mis entrenamientos cambiaron bastante, basándome ahora en la técnica y en la economía de esfuerzo, en trabajos precisos y con mucha preparación específica, fuerza y elasticidad.”

Los años pasan, pero…
Al momento de esta charla, Bárbara estaba cerca de cumplir sus 43 años de edad (el 27 de noviembre), cosa que le hacemos notar. “Hoy puedo sentir que hay un cambio en mi cuerpo, pero los entrenamientos que hago buscan dar en la tecla para superar esas diferencias. Diego me ayuda muchísimo entrenándome, ya que a veces hacerlo sola es difícil. Su intervención como entrenador Infante de Marina le da más rigurosidad a mis planificaciones. Y los dos nos ayudamos mucho, no solo entrenando sino con las cuestiones hogareñas, el cuidado de nuestros hijos, los deberes, las compras, la comida, todo lo vamos resolviendo entre los dos. Muchas veces el está de guardia o con campañas. Su vida en la Armada es bastante distinta a la de nosotros los civiles; es muy fuerte para ellos la disciplina, las órdenes, les toca estar en el campo de entrenamiento militar por semanas en condiciones muy difíciles, con lluvia, frío y faltos de comida y sueño. Se vive otro mundo y creo que no por nada el ironman nació de un grupo de marines. ¡Qué destino el mío: ironman y señora de un marino! ¡Eso sí que es mucha coincidencia!”
Los días de la pareja giran alrededor de los entrenamientos, el trabajo y la familia y Bárbara asegura que les gusta vivir así, que esa es su filosofía de vida: “Nuestros viajes son siempre por carreras. Incluso entreno en la altura de Cachi y viajamos por las clínicas de triatlón, en su mayoría en Tandil, en el Hotel Piedras del Lago.”

El proyecto Crisol
Hoy Bárbara disfruta de una flamante Cervelo P3 sobre la que afirma que “andar en ella es como escuchar buena música, como tomar un buen vino, es una delicia. Además tengo un grupo electrónico Dura Ace que parece tecnología de otro planeta, tocás un botón y pasan los cambios. Uso ruedas Dura Ace, casco Lazer, zapatos y gafas Shimano. “Toda esta tecnología —asegura— está ayudándome a bajar mis tiempos, ya no es lo que era antes. La empresa Byrm_sports hizo posible que pueda acceder a estas tecnologías.”
Y está por comenzar una nueva etapa de su vida en el Club Crisol, un proyecto privado pensado como un espacio recreativo, deportivo y familiar ubicado en un predio de 84 hectáreas forestadas del Autódromo de Bahía Blanca, a minutos de la ciudad. Bárbara será Coach del Crisol, donde habrá vestuarios con duchas, servicios gastronómicos, estacionamiento y control de acceso, lo que lo hace muy seguro para todos, en especial para los más pequeños. La pista del autódromo tiene 3.200 metros de extensión y 14 metros de ancho. Además, Club Crisol dará la posibilidad de que los deportistas pedaleen con sus hijos y den sus primeros pasos en el deporte.
“Bajo mi dirección —nos cuenta Bárbara— la propuesta de entreno para los más chiquitos consiste en crecer jugando a nadar, pedalear y correr. Aprender lo importante, que es dominar nuestra mente y cuerpo. Saber de valores como disciplina, voluntad, constancia, paciencia, solidaridad, compañerismo y ayudarles a soltar sus potencialidades y sus sentimientos, que a veces les es difícil manifestar entrando en conflictos con sus pares o somatizando con enfermedades. Y los más avanzados podrán ingresar a un proyecto de detección de talentos, algo que es frecuente en los países del primer mundo. Mientras que los adultos podrán ser parte del grupo de acondicionamiento y entrenamiento, buscando una filosofía de vida que se adapte a sus momentos y situaciones particulares.”
Y concluye: “El deporte como estilo y filosofía de vida es el camino para cultivar a nuestros hijos. El deporte enseña, construye, valora, une y mejora. Esa es mi historia de vida, la de buscar mejorar, la de saber que sí es posible, que los obstáculos y los miedos, aun los más íntimos, son una herramienta, una oportunidad para aprender, para superarse, para construirnos. Salirse del camino es humanamente lógico, pero volver al plan es lo importante. Y no se trata de una carrera, se trata del sentido que le das a la vida, del plan que armes para crear tu vida.”


barbarabuenahora@hotmail.com | www.instagram.com/buenahorabarbara

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Arrancó el 10º Campeonato de los Amigos del Pedal en Salta

El domingo 24 de enero se realizó el Yacones Challenge, la primera fecha del Campeonato de los Amigos del Pedal en Salta, con la presencia de más de 230 bikers de Tucumán, Jujuy y Salta.
La largada fue desde la Municipalidad de San Lorenzo a las 8.30 AM y todas las categorías recorrieron 28 kilómetros. El clima fue espectacular, ya que las nubes ayudaron a los ciclistas a poder trepar hasta las antenas de alta tensión de Yacones.


El más rápido de la clasificación general fue Franco Delgado (Pro) con un tiempo de 50m 53s, seguido de Roger Emanuel Matus (Máster A) con 2 minutos de diferencia  y Kaleñuk Sergio (Máster B) a 4 minutos del ganador.En cuanto a las Damas, la ganadora de la general fue Claudia Maldonado con un tiempo de 59m 04s, seguida de Agustina Castañón (59m 24s) y Miriam Potinger (1h 02m 38s), todas de la categoría Damas Pro.

Clasificaciones click acá

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Deporte y Entrenamiento

Open Shimano LATAM en Cerro Bayo y Catedral

Luego de meses sin competencias de DH y de Enduro, el 14 de febrero abre el calendario la primera fecha del Open Shimano Downhill en el Cerro Catedral, Bariloche, sobre un circuito completamente nuevo. Además, el 21 de febrero los mejores del Enduro se encuentran en Villa La Angostura para medirse en los circuitos del Cerro Bayo. Este año el calendario del Open Shimano Downhill LATAM constará de tres fechas, comenzando en Argentina y continuando en Ecuador y Chile. Open Shimano tiene más de 13 años de historia en eventos de MTB. Durante este tiempo se convirtió en el campeonato líder de Sudamérica de descenso, con presencia de más de 20 medallistas panamericanos, más de 30 campeones nacionales de Argentina, Chile, Ecuador, Brasil, Perú y podios de Copas del Mundo.

Inscripciones, protocolos y más info en www.openshimano.com

 

Foto: Claudio Olguín

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Componentes

Shimano se hace cargo del soporte neutral del Tour de Francia. Mavic deja la función

Desde 1970, con sus característicos vehículos y bicicletas amarillas, Mavic se hizo cargo del soporte neutral del Tour de France. Pero después de décadas de actuación, su lugar pasará a ser ocupado por Shimano, que ya hace otro tanto en la Vuelta a España. En su trato con la empresa ASO, dueña del Tour y de otros grandes eventos de ciclismo profesional de ruta, Shimano ha asumido también el soporte neutral de grandes clásicas masculinas y femeninas como la Paris Roubaix y la Paris-Nice, además de la Vuelta, también propiedad de ASO.
La noticia coincide con la celebración del centenario de Shimano.

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ABC

Entrenamiento: cómo empezar de cero

En épocas en que mucha gente se ha hecho de una bicicleta para usar como medio de transporte pero también para hacer ejercicio y eventualmente practicar el deporte, la profesora Elisa Lapenta nos aporta las bases de un plan racional y posible, detallando sus diversas etapas.

Todo en la vida tiene su lado positivo, hasta una pandemia. Llevamos ya siete meses desde que se decretó por primera vez el aislamiento, luego el distanciamiento, luego las marchas y contramarchas con las fases, flexibilizaciones, restricciones, etcétera, etcétera, etcétera.
A esta altura no tengo la menor duda de que el denominador común a todo este contexto que estamos atravesando es el cansancio y la incertidumbre por lo que vendrá.
Pero me atrevo a creer que en mayor o menor grado cada uno de nosotros ha podido capitalizar algo (poco o mucho) de esta pandemia.
En cuanto al deporte en general, hay estudios ya realizados en diversos países que demuestran que un alto porcentaje de personas sedentarias se acercaron a la práctica de algún tipo de actividad física durante este período.
Y lo más interesante de destacar es que tal vez sea la industria de la bicicleta una de las que se lleva la mayor cantidad de nuevos adeptos.
Al menos de esto dan cuenta numerosas bicicleterías a lo largo y a lo ancho de nuestro país que se han visto desbordadas por la altísima demanda de bicicletas de todo tipo (de MTB, de paseo, de ruta o urbanas).
A nivel internacional se ha comprobado que en pandemia (y aun fuera de ella) la bici pasó a ser uno de los medios de transporte más seguros y eco amigables para evitar el contagio del virus y la contaminación ambiental y también un deporte sin ruido ni humo, estrella principal en este contexto incierto que lamentablemente no anticipa una salida triunfal, al menos en el corto plazo.
Y es acá donde me paro para afirmar que hasta una pandemia tiene su lado positivo. No está demás mencionar los beneficios directos e indirectos que el ciclismo trae a nuestra salud:
– Evita el contagio del virus, ya que el medio solo lo usamos nosotros y la distancia social está naturalmente garantizada.
– Nos permite llegar a destino en menos tiempo que en un medio de transporte público.
– Al llegar, no perdemos valiosos minutos buscando dónde estacionar.
– Nos genera una sensación de bienestar inigualable (máxime en estos días de primavera).
– Como toda actividad deportiva, genera endorfinas y potencia el sistema inmunológico.
– Nos permite iniciar el día de un modo activo, lo cual redundará en un mejor ánimo a lo largo de la jornada.
– Provoca un gasto calórico considerable (dependiendo de la distancia y la intensidad que pedaleemos).
– No contamina el medio ambiente.
– Nos permite exponernos al sol, favoreciendo la absorción de la vitamina D.
– ¡Es lo más lindo que existe sobre el planeta! (Debo admitir que en esta afirmación hay una cuota de subjetividad por mi parte.)


La primera bici de adultos

Como todo comienzo en algo nuevo, el acercarse al mundo del ciclismo será una experiencia repleta de entusiasmo y de dudas. Y está bien que así sea.
La primera pregunta que suelen hacerme los pre-alumnos es “qué necesito para poder entrenar”. Y mi respuesta es bien simple: ¡Una bici, un casco y muchas ganas!
Con esas tres cosas basta.
A continuación, lo primero que tenemos que tener en claro es para qué queremos andar en bici. Si es por placer, por salud, por estética o para competir. Estas cuatro opciones no son excluyentes y de hecho puede que vayan apareciendo y sucediéndose una tras otra a medida que vamos sumando kilómetros. Sin embargo, al momento de comprar la bici debemos tener en cuantos dos conceptos fundacionales.
El primero es que “más o menos me sirva para lo que quiero”. Y el segundo que “ésta no será la única (ni la última) bici que compre”.
Para lo primero (que me sirva) debemos asesorarnos bien. Quienes puedan hacerlo con un profesional, bienvenido sea. Quienes no, sugiero que le pregunten a un amigo o conocido que ya esté en el mundo del ciclismo hace mínimo un par de años. O bien, si tienen a tiro un bicicletero de confianza, acudir a él.
Sea como sea, esta primera bici de adulto tiene el mismo sabor que la primera bici que nos trajeron los reyes magos. Se los aseguro.
Me permito hacer una diferenciación entre los varones y las mujeres al momento de la compra de la primera bici. Los varones seguramente se fijarán en el cuadro, en el grupo, en la suspensión, mientras que las mujeres generalmente elegiremos la bici que más nos gusta y luego nos detendremos a ver el grupo, el cuadro o la suspensión. Créanme que funcionamos así.
La compra de la primera bici debe de ir indefectiblemente acompañada por la compra de un casco. Todo lo demás (guantes, calzas, remeras, anteojos) pasa a un segundo plano. No quiero decir con esto que estas cosas no sean importantes, simplemente digo que el casco es lo más importante luego de la bici. Después viene todo lo demás.


El plan para el primer año

Pasado ese primer escollo (el de comprar la bici), llegamos a casa, se la presentamos al resto de la familia y nos preparamos para salir a estrenarla cuanto antes.
Pero ahora se nos llena nuevamente la cabeza de dudas: ¿Para dónde voy? ¿Por qué camino, ruta o sendero? ¿Cuánto tiempo salgo? ¿Con quién salgo? ¿A qué ritmo?
Esas primera salidas deberían ser lisa y llanamente a pura sensación. Sin tantas consignas ni condicionantes. Simplemente hay que subirse, dar las primeras pedaleadas y predisponernos a descubrir y disfrutar ese nuevo mundo que se nos abre a nuestros pies.
Pero eso no significa que no podamos luego ordenarnos un poco. Debemos, por ejemplo, tratar de salir al menos tres veces por semana día de por medio, no tres días seguidos de golpe.
Una vez que logramos acomodar esas tres sesiones durante un mes o un mes y medio, el siguiente paso es buscar un tiempito para una cuarta sesión, siempre manteniendo una misma duración promedio en cada salida.
Así podremos transitar un par de meses más.
Cuando ya estamos adaptados a esas cuatro sesiones semanales, ahí sí empezamos a darle más volumen a las sesiones: si pedaleábamos una hora, por ejemplo, intentaremos hacer 1:10 o 1:15 horas por sesión.
Y así otro mes más, para adaptarnos a esta nueva carga total.
Una vez que nos sentimos seguros y adaptados a estos volúmenes, recién ahí podemos pasar a hacer algunos trabajos de calidad, es decir empezar a buscar más velocidad en algunos kilómetros.
Todo esto debería de ser diagramado, claro está, por un profesional del ejercicio físico. Pero si no tenemos la posibilidad de acceder a uno, lo que tenemos que tener en claro es, en resumen, lo siguiente:
1. Ordenarnos para salir un mínimo de tres veces por semana entre 45’ y 60’ por sesión. Para un principiante eso es un montón.
2. Tratar de agregar luego una cuarta sesión en la semana. Es decir aumentar la frecuencia en la que salimos a rodar.
3. Con el tiempo aumentar la duración de cada sesión. Pasar, por ejemplo, de 1:15 a 1.30 horas por sesión.
4. Por último introducir trabajos fraccionados o continuos cortos de calidad, es decir darle más intensidad a algunos tramos del pedaleo.
Estos cuatro puntos pueden bien llevarnos un año.
En ese año seguramente ya habremos conocido a vecinos que pedalean, a grupos que se juntan los sábados, a algún entrenador, a un ciclista de los picantes. También es probable que hayamos tenido nuestra primera pinchadura, caída y explotada, cosa que suele suceder cuando nos juntamos con algún grupo que nos invita y nos dice “vamos a ir tranquilos, vení”, pero el tranquilo del pelotón es 40 km/h de promedio.
Todas estas cosas nos tienen que pasar. Nos van a pasar. E iremos aprendiendo en el proceso.


El camino a recibirse de ciclista

Pasado ese primer año, año y medio, pedaleando 48 de las 52 semanas al año, llega el momento en que o alguien nos tienta o simplemente se nos ocurre y… ¡zas!: “Amor, me inscribí para correr el Pinto (o el Trasmontaña).” Porque si hay algo en lo que se especializan los ciclistas principiantes es que no se andan con chiquitas. Nada de inscribirse en una carrera de la ciudad, de la región, de las más próximas y accesibles, carreras de distancias más amigables. No señor, de las alpargatas al campeonato del mundo sin escala.
¡Y allá vamos!
Los principiantes cordobeses (o los tucumanos, o los de las provincias con montañas donde hay carreras con frecuencia) contamos con la ventaja de que podemos hacer la previa, y es ahí cuando tomamos real dimensión de lo que podemos o no hacer, de medirnos. Pero no la llevan tan cómoda los principiantes de otras provincias, y ni hablar los que viven en zonas rurales donde la subida más pronunciada es el cordón de la vereda. ¡Cómo lo sufren!, porque metabólicamente esa es la palabra: ¡Sufrir!
Al momento de dar ese verdadero salto al vacío, la adrenalina estará tan alta y el entusiasmo será tan desproporcionado, que sin sombra de dudas ese primer Pinto o Trasmontaña quedará grabado a fuego en nuestras almas, pero podremos evaluarlo con una perspectiva más objetiva luego de que hayamos hecho el segundo o el tercero o quizás aun los subsiguientes…
Y es normal que así sea. Uno va a correr primeramente esas súper carreras con el único objetivo de llegar. ¡Y más del 85% llega! Y eso es grandioso. Sin embargo, definitivamente todo resulta mucho más grandioso cuando lo preparamos, cuando realmente entrenamos no en busca de llegar sino en busca de una marca.
Ese es el proceso natural. El primero objetivo es llegar, el segundo es mejorar el primero y el tercero ya sí es bajar las 4 o las 5 horas…
Ahora bien, una vez que me metí por debajo, por ejemplo, de las 4 horas y me acerqué a las 3:40 o 3:35, en ese momento es que la cosa se pone real y definitivamente peluda.
A esta altura ya llevamos unos cuatro años entrenando (y probablemente tres modelos de bicicletas), ya no nos da lo mismo un Shimano que un SRAM ni la doble suspensión o la simple. A esta altura ya tenemos el Garmin “cien mil” y seguramente formamos parte de la “comunidad” Garmin o Strava y competimos virtualmente con otros bikers de todo tipo, tamaño y color, a varios de los cuales seguramente ni conocemos en persona. Ahora los zapatos suelen hacer juego con el casco y para algún día del padre, de la madre o de cumpleaños ya habremos pedido de regalo una calza Santini con tiradores.
Cuando empezamos a entrar en la conversación del lote puntero de nuestra categoría aparece un nuevo mundo. Ni mejor ni peor, uno nuevo. Es el mundo de los datos, de las horas y horas de entrenamientos, de las semanas de carga de choque y de descarga, de los períodos de súper compensación y de puesta a punto, del potenciómetro, de los test de campo y de laboratorios planificados con rigurosidad científica.


La pasión por la bici

Estas son simplemente las etapas que uno transita cuando pasa de “andar con rueditas” a convertirse en un deportista amateur, pero lo que nunca deberemos olvidar es que la esencia de todo deportista amateur es que cuando nos acercamos a la bici, allá a los lejos en el tiempo, fue con el objetivo de disfrutarla.
En un comienzo disfrutábamos por el simple hecho de pedalear. Unos años después disfrutábamos además de mejorar, de competir, de ganar, de perder y de empatar. De viajar, de conocer lugares y personas. De vivenciar nuevas carreras, de pasarnos del MTB a la ruta o de la ruta al triatlón. De experimentar una carrera por etapas o una en parejas, de formar parte de un equipo, de tener un entrenador, de cambiar de entrenador, de cambiar de bici, de casco y de computadora y de cientos de cosas más.
Pero hay una frase que amalgama todo lo anteriormente descripto: la pasión por las dos ruedas.
Como dije al principio, todo tiene su lado positivo. Este 2020 nos dejara un batallón de nuevos ciclistas que replicarán con su ejemplo y entusiasmo esta toma de conciencia que estamos viendo a nivel mundial: aprender a disfrutar del hoy, del aquí, del ahora, del con quién. ¡Y si es arriba de una bici, mil veces mejor!

 

Por Elisa Lapenta: entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento | (0351)15-6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3o Sports | @elisanoemilapenta

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