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Cicloturismo

Nación Salvaje: de Buenos Aires al mar por caminos rurales (un viaje soñado y una manera distinta de hacerlo)

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En las grandes ciudades el tiempo suele ser una de nuestras mayores batallas. Corremos día tras día detrás de horarios, intentamos ser más efectivos para lograr sacarle alguna pequeña ventaja a ese gran reloj que nos pisa los talones y nos olvidamos, por cotidianidad y acostumbramiento, de que siempre existe la posibilidad de generarnos una pausa. Una pausa como rebeldía, como respiro profundo. Una pausa para detenernos por un momento a observar y sentir sencillamente cómo transcurre la vida cuando el tiempo no es una amenaza.
El viaje de Buenos Aires a la costa suele caracterizarse por ser rápido: lo importante no es el viaje en sí mismo, sino el llegar al mar lo antes posible. Entonces pasa lo acostumbrado: salimos de un punto, llegamos al otro, disfrutamos unos días de la playa y volvemos a casa. ¿Pero qué pasaría sí cambiáramos la fórmula? ¿Si decidimos salirnos por un rato de lo acostumbrado para buscar otras maneras?
Lo que pasa casi irrefutablemente es que creamos nuevos y maravillosos mundos que están esperando a ser descubiertos justo detrás del camino predecible.

De Buenos Aires al mar por caminos rurales
Estábamos en Buenos Aires, teníamos algunos días libres y queríamos llegar al mar en bici, pero fundamentalmente queríamos hacerlo de una manera distinta, generando una especie de pausa en un viaje sencillo de 350 kilómetros, que se suele hacer en 2 o 3 días como mucho, pero que sabíamos sería para nosotros mucho más interesante si dejábamos las rutas principales de asfalto y nos internábamos por pequeños caminos rurales de tierra que conectan pueblos y viejas estaciones ferroviarias.
Abrimos el mapa en la compu y nos pusimos a crear líneas para trazar el recorrido. No importa en qué área geográfica nos encontráramos, siempre, sin excepción, trazar un recorrido a través de imágenes satelitales nos genera la misma curiosidad y entusiasmo ¿Cómo será esa laguna? ¿Qué significarán esas manchas oscuras?¿Con qué lugares nos encontraremos?
Para ahorrarnos la salida con las bicis equipadas a través del tránsito y la inseguridad del conurbano, decidimos ir en camioneta hasta Chascomús para arrancar desde ahí tranquilos y sin tensiones. Viajamos temprano, dejamos la camioneta sin problema en un camping donde amablemente su dueño nos permitió estacionarla hasta que regresáramos, y ese mismo día salimos a pedalear.

Durante los primeros kilómetros tomamos un camino ancho de tierra que funciona como conexión entre la ruta 2 y la ruta 11, las dos rutas principales para ir a la costa. Nuestro entorno se llenó rápidamente de campos con vacas, aves y pintorescas tranqueras de madera, pero no fue hasta que llegamos al paraje rural Comandate Giribone, compuesto por dos casas antiguas de campo, un corral de chanchos, varias gallinas, una estación abandonada y una señora cortando el pasto de un amplio y verde jardín, que dejamos el camino ancho para tomar uno pequeño y angosto.

Recién a partir de ese momento, mientras la tarde caía lentamente, pedaleando por aquel angosto camino de tierra, rodeados de espejos de agua y sonidos de aves, de caballos y vacas que caminaban libremente frente a nosotros, de que nuestra vista se volviera toda horizonte de verdes, azules, rosados y naranjas, fue que la magia del mundo finalmente ocupó como siempre el lugar al que nos tiene acostumbrados. A tan solo unos pocos kilómetros de las rutas, la velocidad y lo conocido, la vida volvía a estar en pausa.

La luz se iba debilitando y necesitábamos buscar algún lugar donde acampar antes de que la oscuridad dificultase la tarea. Descartábamos la posibilidad de saltar alambrados para dormir adentro de un campo sin permiso previo, ya que de noche al ver luces y movimiento podríamos llamar la atención de los puesteros y creernos una posible amenaza. No son zonas donde se acostumbra ver mucha gente en bicicleta acampando y sí en cambio donde históricamente existieron los cuatreros que roban ganado por las noches.
El camino iba paralelo a unas vías de tren abandonadas y eso nos permitió encontrar algunos espacios cubiertos por vegetación y árboles para poder armar la carpa entre los alambrados de los campos y la ruta.

Al día siguiente nos despertamos con los rayos de sol colándose entre los árboles. Era invierno y las mañanas amanecían frías y húmedas, pero aquel solcito que se escabullía, cobrando cada vez más espacio, ayudó, junto a los infaltables mates, a calentar el inicio del día.
Seguimos pedaleando por esos pequeños caminos casi intransitados que atraviesan caseríos aislados, escuelitas rurales y estaciones abandonadas. Llegábamos a bifurcaciones donde los caminos angostos se multiplicaban y había que decidir por cuál agarrar. Cada uno de ellos era la posibilidad de un nuevo encuentro con un caserón antiguo, con una laguna, con una pequeña casa habitada por perros juguetones y gente amable que seguramente nos permitiría acampar dentro de sus campos.

Serpenteamos por caminos y huellas hasta Dolores, donde entramos para comprar un salamín de campo y sentarnos a comer en una de sus enormes y verdes plazas, mientras observábamos la rutina de una ciudad que aún conserva profundamente sus raíces de pueblo.
Luego volvimos a tomar un camino de tierra ancho que nuevamente nos conectó con los caminos angostos y pequeños que buscábamos, para que los atardeceres nos siguiesen sorprendiendo entre horizontes perdidos de campo y las mañanas nos despertasen envueltos de pastos brillantes de escarcha y humitos de mate caliente entre las manos.

Cuando finalmente llegamos al mar, después de cuatro días, pedaleamos un tramo por la playa hasta esperar que la noche se volviese luna. Sentimos el viento salado en la cara, las olas rompiendo en la arena, los músculos aún tensos por el ejercicio.

Después de cuatro días de internarnos por rincones que desconocíamos, confirmamos como tantas otras veces que te encuentres donde te encuentres los momentos extraordinarios son simplemente el resultado de cómo nos propongamos transitar los días.

 

Por Nación Salvaje (Marisol López y Javier Rasetti): http://www.nacionsalvaje.com | @nacionsalvaje

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Salta y Jujuy: una travesía de 1200 kilómetros protagonizada por 5 experimentados viajeros

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Hector “Cachi” Gestido (57), German Yannielli (59), Carlos Teicheira (57), Claudio Nicala (58) y Ricardo Pereyra (56) integran un grupo de profesores de educación física que desarrollaron su vida y su profesión en la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, trabajando desde el nivel inicial hasta nivel superior y que al día de hoy, en razón del especial régimen jubilatorio de esa provincia, se han acogido al retiro.

El asunto es que hace unos 10 años, cuando aun estaban en funciones, comenzaron a viajar en bicicleta, haciendo dos o tres viajes anuales de alrededor de un mes de duración, entre otros el de la Carretera Austral, el de El Calafate a Ushuaia, el Camino de Santiago de Compostela portugués y francés, gran parte de Italia, la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia completa.

Naturalmente, la integración del grupo en los viajes ha ido cambiando según las posibilidades de cada uno al momento de realizarlo. Pero en la ocasión que nos ocupa, los 5 nombrados fueron los que planearon y concretaron un viaje en bicicleta por las provincias de Salta y Jujuy.

El viaje

Para concretarlo viajaron en avión desde Tierra del Fuego a Buenos Aires y desde allí a Jujuy, llevando como equipaje deportivo las bicicletas y alforjas en cajas que respetaban las medidas permitidas por la línea aérea.

Llegados a San Salvador de Jujuy el primer día de septiembre, armaron sus bicicletas para emprender a la mañana siguiente una travesía de 1200 kilómetros de pedaleo por sus propios medios, sin ningún tipo de apoyo. 

De San Salvador de Jujuy, por la ruta 9, pusieron rumbo a La Quiaca, adaptándose progresivamente a la altura. Al llegar a La Quiaca se tomaron un día de descanso, cruzaron a Bolivia y regresaron en el día, con el objetivo de prepararse para encarar la ruta 40, sabiendo que ahí comenzaba la parte más dura del recorrido, ya que no dudaban que el suelo y el clima jugarían en su contra.

De ahí en más completaron distancias diarias de aproximadamente 40 kilómetros entre los 3600 y 4200 metros sobre el nivel del mar. 

Para llegar a San Antonio de los Cobres pasaron por Cienaguillas, Timón Cruz, Paicone, Liviara, Coyaguaima, Tanques y Susque, todos pueblos son conexión wifi pero sin muchos servicios ni negocios ni alojamietos. 

Al caer el sol la temperatura bajaba considerablemente y por la noche rondaba los 8 a 12ºC bajo cero. En algunos casos durmieron en carpas y en otros en pequeñas piezas o galpones que les prestaban. 

Al llegar a San Antonio de los Cobres se prepararon para cruzar la ya antológica meta cicloturista del Abra el Acay, a 4895 msnm (el paso carretero más alto de América). “¡Muy complicado —nos recuerda Cachi Gestido—, pero el paisaje al bajar hacia el lado de la Poma y Cachi es realmente increíble …”

Desde el Abra bajaron hacia Salta por la Cuesta del Obispo y desde ahí regresaron a Jujuy por el Camino de Cornisa, entre la yunga, “otro lugar magnifico”.

Sobre un total de 26 días de travesía, los viajeros pedalearon 23.

Lo mejor y lo peor

Cachi Gestido, nuestro interlocutor del grupo, nos contó que no tuvieron mayores problemas con el tema de altura y que antes de viajar se habían hecho los estudios cardiológicos correspondientes. “En cuanto a la seguridad —afirma Cachi—, no tuvimos ningún drama, pero quiero destacar que la ruta 40 es muy complicada: nos encontramos con mucho ripio suelto, arenales, ríos congelados y viento —normal en la zona—, además de las bellezas del lugar.”

Con respecto a la mecánica, el grupo no sufrió mayores inconvenientes, salvo pinchaduras, alguna rotura de portaequipaje y, quizás un poco más problemática, la revisión y rellenado de líquido de freno, lo cual fue subsanado en San Antonio de los Cobres.

“Nos asombró —recuerda Gestido— la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Con la caída del sol la temperatura descendía bruscamente llegando a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. Así también las características culturales de los habitantes de los pequeños pueblos que nos recibieron a nuestro paso, y esos paisajes únicos que poca gente tiene la posibilidad de contemplar, ya que no se encuentran en un circuito turístico desarrollado.”

Según Gestido, los mejores momentos del viaje fueron los encuentros grupales al finalizar cada jornada de pedaleo, encuentros en los que se compartió la experiencia de cada uno durante el día entre mates, cafés y cenas. Y los peores momentos nos los resumió en dos episodios. “Por un lado, la noche que pernoctamos en carpa en un lugar llamado Tanques, la temperatura fue tan baja que al despertarnos no teníamos agua para el desayuno, ya que se había congelado dentro de los termos de acero que estaban en la carpa, al lado de las bolsas de dormir, lo que nos obligó a ir a romper el hielo de un chorrillo para obtener agua. El segundo episodio fue el trayecto de 152 kilómetros entre Cachi y Salta, que nos demandó 11 horas, debido al viento en contra y las características de la ruta, descendiendo por la Cuesta del Obispo. Llegamos a Salta totalmente extenuados.”

Y concluye con una afirmación categórica: “¡Ahora comenzamos a pensar nuestro futuro viaje!”

Info adicional: https://www.facebook.com/hector.gestido | rubenviviano@hotmail.com 

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Llegaron a Qatar los cordobeses que recorrieron 10.000 kilómetros en bicicleta para alentar a la selección en el Mundial

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Finalmente, los tres argentinos que se habían propuesto llegar a Qatar en bicicleta, recorriendo África de punta a punta y parte de Medio Oriente, cumplieron su objetivo, completando más de 10.000 kilómetros sobre sus bicicletas Venzo para llegar a tiempo para alentar a la selección en el Mundial de Fútbol Qatar 2022.
El viaje en bici les demandó 177 días. Partieron de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y llegaron a Qatar luego de recorrer 15 países. Los aventureros: Lucas Ledezma (34), Leandro Blanco Pighi (32) y Silvio Gatti (32), que zarparon en sus bicicletas en mayo de este año.

El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014, creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección de fútbol por el mundo. Antes de este viaje Ledezma llevaba recorridos más de 30.000 kilómetros en bicicleta por más de 25 países, en viajes que lo llevaron a Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

¡Esperemos que la cábala se repita en Qatar!

https://www.instagram.com/todoapedal/

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Cómo cargar la bici en formato bikepacking por Diego Andrich

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Diego Andrich es un viajero de gran experiencia y dueño de la tienda Tierra de Biciviajeros.

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Bici Salvaje: de la Selva Maya a la Amazonia para defender la selva

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El primer día de mayo del 2022, dos españoles residentes en Madrid, Isabel (27) y Pablo (32), iniciaron un viaje documental en bicicleta con propósitos medioambientales desde la Selva Maya mexicana hasta la selva amazónica ecuatoriana al que nombraron con el aguerrido nombre de Un viaje para defender la selva, una expedición que estiman que les demandará algo menos de dos años. La pareja se muestra muy activamente en redes como Bici Salvaje.

En nuestro contacto con ellos nos contaron que antes de conocerse ambos habían viajado como mochileros. Después de una vuelta por América, Pablo, de profesión fotógrafo, volvió a España queriendo saber qué es viajar en bicicleta y tras varias vacaciones de verano sobre los pedales, la idea terminó conquistándolo. Por su parte, Isabel es higienista bucodental y amante de la naturaleza en todas sus formas, también viajera y aventurera desde pequeña. “Siempre le gustó ayudar a los demás”, asegura Pablo. “A Pablo —añade Isabel— le mueve la aventura y el cuidado de la naturaleza. Sueña grandes expediciones como la de Bici Salvaje.”
Así fue que la suma de todas sus pasiones dio como resultado un gran sueño de pareja. “Algo más que un viaje”, afirman.

Para la expedición cuentan con el apoyo de la marca de bicicletas española Conor Bikes (@conorbikes_oficial), que les ha aportado un par de mountain bikes para afrontar la aventura. Las bicicletas estás adaptadas para cargar alforjas y otros equipajes que aseguran con amarres de la marca dinamarquesa Fixplus (@myfixplus). Entre otros enseres, llevan carpa, calentador, un par de sillas desmontables y un filtro de The Social Water para potabilizar el agua (@thesocialwater).
Y la pregunta del millón: ¿Cómo solventan su viaje?. Nos cuentan que manejan algunos ahorros de sus trabajos en España, “pero los guardamos como para cualquier emergencia. Nuestro principal ingreso viene del apoyo de la gente que sigue nuestro viaje a través de la plataforma buymeacoffee. Nos invitan a un café con lo que aquí pagamos un almuerzo. Gracias a esta ayuda podremos seguir con nuestro documental. Además, usamos la cámara para intercambiar con hoteles en los que poder descansar con comodidad. También viajamos con un equipo de tatuaje con el que trabajar.”
Pero vamos al grano. Y para ello nada mejor que su testimonio textual luego de los primeros tres meses de viaje. Helo aquí.

Bici Salvaje
Bici Salvaje es un viaje documental en bicicleta comprometido con el medioambiente, con esencia exploradora. Un viaje a través de Centroamérica y Sudamérica, conectando las dos selvas más importantes del continente. Esta aventura está marcada por un objetivo: conservar un ecosistema vital para la lucha contra el cambio climático y el hogar de la mitad de la biodiversidad del planeta, los bosques tropicales.

Empezamos en México con las bicicletas cargadas de ilusión y buenas intenciones, lanzándonos al desafío de recorrer pedaleando los miles de kilómetros que separan la Selva Maya en México de la Amazonia ecuatoriana.
En Bici Salvaje ponemos la energía de dos almas viajeras con ganas de vivir experiencias inolvidables cada día. Se suma el propósito de documentar nuestra aventura y no sólo eso, sino además de contar las historias de quienes defienden las selvas que agonizan ante la deforestación. Solo entre 2004 y 2017, más de 43 millones de hectáreas de bosque han sido arrasadas. Un dato que estremece, pero que en realidad no nos hacía falta conocer para ponernos en marcha.
En muchas ocasiones, en el camino nos hemos encontrado con proyectos y personas que han servido de puente y aprendizaje para poder dar voz y visibilizar los problemas que viven con respecto a la depredación de sus selvas. Una buena razón para subirnos a esta Bici Salvaje y recorrer México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.

Después de tres meses de viaje podemos contar los diferentes problemas nos han ocurrido en el camino, incluyendo desde situaciones mecánicas de la bici hasta problemas de salud. Cosas que acaban siendo normales en este tipo de aventuras. Por suerte, la amabilidad y hospitalidad de la gente con la comunidad cicloviajera ya es algo conocido.
Además de ser un medio de transporte limpio con el planeta, pedalear nos acerca a las comunidades. Este precisamente fue uno de los motivos por el que nos decantamos a viajar en bici. Sentimos más al pueblo, damos más y recibimos más.

Ponemos en el centro de Bici Salvaje a todas las personas que viven cómo desaparece la riqueza natural que les vio crecer. Las comunidades indígenas, sometidas a una gran presión, representan solo el 6,2% de la población mundial, pero protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Una parte de este proyecto busca poner el micrófono a las comunidades que están defendiendo su hogar.
“Hemos aprendido de otros proyectos locales que ponen en el centro de sus valores a su comunidad y a la naturaleza endémica. No se trata solo de nuestro relato, sino de relatos ajenos que nos aporten. Queremos acercarnos a otros proyectos que tengan una visión diferente acerca de la conservación.” Es casi más importante conservar lo que ya conocemos que lo que se está por conocer.

Aún nos queda mucha travesía por delante. Y estamos abiertos a quienes quieran colaborar en la aventura. Todos podemos contribuir cambiando nuestros hábitos de consumo. Si algún amigo nos quiere ayudar, lo primero que tiene que hacer es respetar el entorno, limpiar el parque cerca de su casa, darle un poquito de conciencia medioambiental a sus viajes y sobre todo, disfrutar.
A través de las redes sociales puedes formar parte de la comunidad de Bici Salvaje. Cada día somos más. En los días de calor sienta bien un mensaje refrescante. También se nos puede invitar a un cafecito, descansos en los que aprovechamos para editar nuestros próximos capítulos del canal de YouTube.

Mientras tanto seguimos en esta aventura sobre ruedas, disfrutando de lo que la vida en bicicleta nos regala, agradeciendo el calor de la gente y poniendo nuestras piernas bien fuertes.
¡Pedalea con nosotros en Bici Salvaje y únete a esta aventura!

 

Facebook e Instagram: @bicisalvaje.

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