Deporte y Entrenamiento
Río Pinto 2016: el testimonio de una aventura
Ayer domingo 1º de mayo se corrió en La Cumbre, Córdoba, el Desafío al Valle del Río Pinto, que ya contabiliza 21 ediciones. Ganaron la general el veterano cordobés Juan Pablo Pereyra y la internacional jujeña Agustina Apaza. Más de 4000 ciclistas largaron para recorrer 82 kilómetros por las sierras cordobesas. Cada uno vivió su propia historia, su desafío y su aventura. A continuación, podrás leer una de estas aventuras y un poquito de otras dentro de ella, aventuras otras que se cruzan con la de nuestro relator, Ezequiel Goldenberg. Ninguna “crónica” puede reflejar el espíritu de Pinto como este relato personal pero simultáneamente universal.
“Quizás necesitaba una carrera así”
Por Ezequiel “La Hiena” Goldenberg
“Domingo a la mañana, paso la tranquera de Cuchi Corral, sigo empujando y me pregunto: ¿Qué hay de nuevo en esta edición de Pinto? Una carrera de perfil internacional donde los detalles de la organización se ven en muchísimos aspectos. Este es mi décimo Desafío al Valle del Río Pinto. Entrenamos específicamente para este recorrido un mes antes de la carrera, ya hace más de cuatro años, junto a la Escuela de ciclismo de Sebastián Donadío. Aun así, una pequeña distracción hace que una piedra lance mi rueda trasera mucho más alto de lo que puedo manejarlo, aunque pude. Bienvenido, me dice el Valle de Punilla. Llego al desvío del Club de Parapentes, paso el pequeño vado y levanto la vista, ahí está otra vez el balcón de las maravillosas sierras de Córdoba. Me siento un viejo conocido acá.
Soy un Máster B1 que empezó a rodar en bicicleta de la mano de Daniela Donadío, un frío invierno del 2006 en Capital Federal, a los 31 años (hoy tengo 41 años). Aunque parezca extraño usamos bicis de montaña en la ciudad. Por aquellos años todos hablaban de una carrera “reciente”, yo no entendía nada. Me cuentan sobre Río Pinto y se programa para el próximo año. Para mi primer Desafío, no hay dudas que Biciclub nos incitó, Daniela nos desafió y la familia nos acompañó.
Pero sigamos con esta carrera. La bajada llena de vados la paso genial, buscando un referente para seguir un ritmo y conocer los mejores lugares de paso. Siempre fui prudente bajando y este año no fue la excepción. Luego del vado del Pinto siento que mi asiento se mueve un poco, pienso que no es grave, navego el vado de La Fonda y se mueve más, paso la asistencia neutral Shimano, no me detengo, un kilometro después el soporte del asiento cede, rompiéndose en su totalidad. No lo esperaba, venía a buscar una carrera, un tiempo, el desempeño personal, habiendo cuidado muchos detalles, esta misma bici había resistido la Vuelta de las Altas Cumbres. Pero así fueron las cosas. Me detengo, asiento en mano busco qué hacer. La temperatura del cuerpo baja, saco las herramientas. No hay solución teórica.

Nuestros viajes a Río Pinto muchas veces fueron en grupo o en familia, estar en La Cumbre nos transformaba mágicamente en participantes de una de los carreras más importantes que conocemos. En los últimos años me sumé a varios de los que ya tenemos muchos Desafíos, alquilamos una casa ocho meses antes de la carrera y vamos en peregrinación una vez al año, religiosamente.

Asiento en mano, se detiene mi compañero de habitación Sebastián “Quinque” Quintela. En un momento de soberbia le digo: “Seguí, la carrera se terminó para mí.” Reflexiono con más racionalidad y humildad. De un minuto a otro se terminó la carrera, esta bien, pero empezó la aventura.
La aventura fue ver como unir mi asiento al caño portasilla. Desarmo el arnés de mi camelback y lo ato al asiento, no queda firme. Se me ocurre sacar la cámara de auxilio que llevo siempre por alguna posible rajadura del tubeless. Haciendo ochos con mucha presión logro fijar el asiento. Aunque en una posición muy incómoda, me podía sentar. Con la actitud de terminar el Desafío, salgo a mi aventura. Unos kilómetros más adelante un corredor de mi categoría muestra su cadena como si ofreciese venderla. Es que se le cortó y no tiene herramientas. Venido de Tandil, me cuenta su esfuerzo, que su familia lo espera en La Cumbre, todo lo que entrenó y que esa maldita cadena lo dejó a pie. Tranquilo, le digo, transformándome en una especie de Morfeo en plena invasión de los Centinelas, la podemos arreglar. Saco mi corta cadenas. Intento dos veces, la segunda queda bien y le digo: dale, vamos juntos a San Marcos Sierra, ahí decidís si subir o no.

Llegamos a San Marcos, él siente que la reparación funciona. Yo sabía, gracias a las enseñanzas de Diego Maldonado, que su cadena estaba lastimada. Nos separamos. Le sugiero que avise a la organización, así por altavoz en La Cumbre podían informar a su familia que por rotura mecánica llegaría una hora retrasado del tiempo previsto. Así lo hace.
Llego al Mirador de San Marcos. Atento a mi posición de emergencia, temo algún calambre anticipado que nunca llegó. A mitad de subida encuentro otro ciclista con cadena rota. ‘¿La arreglamos maestro?’, ‘Dale’, me responde. Segunda reparación de cadena. En ese momento, con mucha alegría, veo que se acerca Martín trepando El Mirador, el Máster B de Tandil al que pude ayudar primero. Me emociono al escribirlo. ‘¡Grande Hiena!, va todo bien’, me dice. Ese es mi sobrenombre desde hace unos 10 años en nuestro ámbito ciclista y familiar.
Sigo en carrera, termino El Mirador, sigo con mi plan de alimentación e hidratación, quiero llevar la carrera a la velocidad que puedo. Ya no hay esfuerzo por ir más rápido, hay esfuerzo en el pedaleo mismo. El torbellino generado por la general de Damas, los últimos repechos luego del perilago, parte del folklore que tanto aprendimos a querer. Me encuentro en el camino con mi gran amigo y compañero de viajes Daniel Cruz. Tiene frases de esas sacadas de un libro no escrito de la sabiduría de la calle: me dice que viene con una cala del zapato rota desde mitad de carrera y que trate de no encerrarlo porque ‘de tanto cariño’ casi lo hago caer.

Así la aventura se consolida más como una aventura. Mientras escribo recuerdo una tapa de Biciclub de un Desafío donde un Juvenil corrió toda la carrera parado en los pedales. No fue mi caso, pude salir del paso con una cámara de repuesto y un trozo de cinta de alta resistencia. El resto fue amigarme instantáneamente con lo que me rodeaba, y en lo posible no subir al camión escoba. Quizás necesitaba una carrera así. Al empezar la carrera pensaba qué me traería de nuevo este Desafío que venimos corriendo en forma muy acertada, avanzando año tras año.
En este sentido, lo que me dio este Pinto fue la actitud de no haber entrado a ver mi clasificación, sino la de Martín de Tandil, quería saber si había terminado. Con muchísima alegría confirmo que con mucho empeño terminó su primer Desafío y que yo pude ayudarlo un poco. Gracias Martín, me esperaban muchas cosas buenas luego de la rotura de mi asiento, me hiciste mejor ciclista, incluso sin conocernos.”
Fotos: Fernando Caballero / Shimano Latin America
ABC
La técnica de pedaleo adecuada
Es común que durante el pedaleo muchas personas sientan molestias, dolores o sensaciones extrañas que no son habituales. ¿Alguna vez analizaste tu técnica de pedaleo y tu posición en la bici? ¿Sufrís de dolores de espalda, cuello o rodillas al terminar tus sesiones de entrenamiento? ¿Sentís que al pedalear hacés demasiada fuerza o vas demasiado liviano?
Mejorar la técnica puede ser la solución para evitar lesiones, dolores musculares y/o articulares, reducir el desgaste innecesario durante una sesión de entrenamiento y disfrutar plenamente del pedaleo.

La postura correcta
Antes de subirse a la bici es recomendable establecer la altura del asiento. Éste debe situarse al nivel de la cadera y estar paralelo respecto del piso. Una vez sentados en posición de pedaleo, al apoyar el talón sobre el pedal (en el momento en que se encuentra el pedal más cerca del piso) la pierna debe quedar semiflexionada y no extendida por completo.
Si al pedalear hay un balanceo de la cadera hacia a un lado y otro, significa que el asiento está alto. Si existe una exagerada flexión de las rodillas (sobrepasan en altura a la cadera), debe corregirse la altura del asiento subiéndolo. Atención: una flexión exagerada de rodilla puede acarrear lesiones.
Respecto a los brazos, no deben estar extendidos al pedalear. Es algo común que pase cuando la distancia entre el manubrio y el asiento es demasiado grande. Por el contrario debe haber una semiflexión de los codos de manera que se mantengan relajados los miembros superiores (cuello, hombros, brazos, manos). Además, esto evitará que las irregularidades del terreno, convertidas en vibraciones, repercutan en nuestra espalda y miembros superiores, especialmente en antebrazos. Así lograremos que no aparezcan esas sensaciones de contractura muscular que con el paso del tiempo se pueden agudizar, hasta obligarnos a parar de pedalear.
Las manos se deben mantener relajadas y apoyadas sobre el manubrio (éste no debe estar ni muy bajo ni muy alto respecto de la posición del asiento). No deben ir agarradas haciendo fuerza en todo momento, algo que solo será necesario en determinadas situaciones, como por ejemplo, al pararnos en los pedales, encarar una pendiente o aumentar la velocidad repentinamente (embalar).
El torso tiene que estar inclinado hacia el frente a unos 45º respecto del manubrio, de modo de evitar chocar frontalmente contra el aire y tener molestias en la zona lumbar. Y cuidado, en ningún momento se debe descargar el peso corporal totalmente hacia adelante. Éste debe estar balanceado entre el asiento y el manubrio.
El ciclo de pedaleo
Básicamente nos referiremos al pedaleo como un movimiento circular con una aceleración hacia el frente que luego irá descendiendo para comenzar a ascender hasta llegar a la posición inicial. Partimos de la base de que en cada ciclo debe aplicarse la fuerza de manera uniforme durante todos los momentos del pedaleo. De esta manera se involucra un mayor número de músculos, especialmente glúteos, flexores de pierna, flexores de cadera y extensores de pierna (cuádriceps), los cuales se emplearán de manera colectiva.
Obviamente, para lograr el pedaleo uniforme lo mejor será hacerlo con pedales de sistema click-on o automáticos y zapatos de ciclismo con sus calas específicas. Con pedales con punteras o simplemente pedales convencionales, muchos momentos del ciclo de pedaleo no pueden aprovecharse.
El ciclismo estacionario o indoor
Se trata de una excelente opción para complementar el entrenamiento, comenzar a pedalear o simplemente movernos un rato. El objetivo principal de quienes se acercan a esta actividad es continuar con el entrenamiento, haciendo trabajos específicos de pasadas y fuerza.
El ciclismo indoor es una excelente oportunidad para concentrarnos también en nuestra técnica de pedaleo. Esto es importante porque esa técnica (sea buena o mala) irremediablemente la aplicaremos luego cuando estemos rodando en nuestra bicicleta.
Hay que prestar atención especialmente en clases grupales, ya que al subirnos a una bici fija que fue usada por otra persona siempre habrá que realizarle modificaciones antes de comenzar.
Los errores más comunes
– Pedalear con el asiento bajo o alto, lo que trae como consecuencia dolores en las rodillas y en la parte baja de la espalda.
– Pedalear todo el tiempo con muy baja o demasiada cadencia produce un desgaste innecesario de energía. Se siente como un pedaleo trabado o, al contrario, demasiado fácil.
– Hacer fuerza con los brazos y mantener los hombros duros ¡A relajarse!
– Llevar muy rígidos los tobillos. La articulación del tobillo se modifica en cada ciclo de pedaleo y es importante permitir que esto suceda con naturalidad.
Consejo para mejorar
Pedile a alguien que te filme de frente, de espalda y de perfil mientras pedaleás. Luego analizá tu posición y técnica. Recordá que trabajar y mejorar tu forma de pedalear te permitirá hacerlo de manera eficiente y disfrutar más de las sesiones indoor así como los kilómetros en ruta.
Por Pablo Canales: Profesor en Educación Física (UNLP), Especialista en Rehabilitación por el ejercicio (UCALP), Entrenador de Atletismo/ Triatlón e Instructor de Spinning: canalespra@gmail.com, pra_canales@hotmail.com.
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Campeonato Mundial de Gravel UCI 2025: un desafío épico en los paisajes de Limburg

Dutch Mathieu Van Der Poel pictured in action during the men elite race at the UCI World Gravel Championships, Sunday 06 October 2024, in Leuven.
BELGA PHOTO DAVID PINTENS (Photo by DAVID PINTENS / BELGA MAG / Belga via AFP) (Photo by DAVID PINTENS/BELGA MAG/AFP via Getty Images)
Originalmente previsto para los días 18 y 19 de octubre de 2025 en Niza (Francia), el Campeonato Mundial de Gravel UCI fue finalmente reubicado, debido a “dificultades de organización” y calendarización, en la región del Zuid-Limburg (Limburgo Meridional), Países Bajos, con fechas definitivas los días 11 y 12 de octubre de 2025.

Un entorno ideal para el gravel
Limburgo del Sur, galardonada en 2016 con la etiqueta UCI Bike Region, acumula una sólida trayectoria como anfitriona de grandes eventos ciclistas: cinco mundiales de ruta y un campeonato de ciclocross. La elección de esta región no fue casual: sus ondulantes colinas, pistas forestales y caminos rurales conforman un terreno ideal para una prueba tan exigente como la gravel.
Recorrido técnico y exigente
El trazado definitivo presenta un circuito de aproximadamente 50 kilómetros que combina diversas superficies—grava, caminos rurales, senderos forestales y tramos pavimentados de transición—y cuatro ascensos cortos de entre 500 y 1 500 metros.
Uno de los puntos álgidos de cada vuelta es la exigente subida del Diependaalsweg, que aparece alrededor del kilómetr 40 e incluye tramos arenosos. Además, en el bucle final hacia Maastricht, se presenta la ascensión clave: el Bronsdalweg, un kilómetro con una pendiente media del 7.2 % y puntas de más del 8 %, casi íntegramente por grava, a solo 14 kilómetros de meta.

Formato de las carreras
La competencia elite femenina (131 km) incluirá 2,5 vueltas al circuito, mientras que la élite masculina (180 km) completará 3,5 vueltas. Además, se disputarán pruebas en 13 categorías de edad (amateurs) durante ambos días.

Los protagonistas
En el torneo participarán los actuales campeones del mundo Mathieu van der Poel (élite masculina) y Marianne Vos (élite femenina), ambos de los Países Bajos.
Eventos
Trasmontaña 2025 – Crónica desde La Sala, barro y todo

Por Pedro Piusselli
Este domingo, La Sala fue epicentro de una batalla de barro y espíritu biker: la edición 31 del Trasmontaña convocó a casi 2.500 riders, que salieron desde las 8 de la mañana con sus bicis listas, las cubiertas ya amasando tierra y ganas de correr en el cuerpo.
Desde la primer vuelta de pedal se adivinó que el circuito iba a marcar la jornada. Mucho barro acumulado, senderos resbalosos, trepadas que exigían todo y bajadas que pedían tomar decisiones rápidas para no terminar en el pasto. Claro, también hubo momentos de vértigo y esos descensos que te dejan el corazón en las manos.
Triunfo inesperado en Élite Caballeros
En Élite Caballeros, y en una carrera que quizá pocos veían venir, Agustín Durán (San Juan) junto a Juan Ignacio Goudailliez (Mendoza) cerraron la general como nuevos campeones del Trasmontaña, rompiendo el dominio de Macías/Contreras que venían de cuatro títulos seguidos.
Durán, extenuado pero feliz, lo definió con una frase que resume el alma del MTB: “Es una carrera muy dura… pero al final lo disfrutamos por completo”. Y Goudailliez agregó, casi riéndose de lo vivido: “Me enredé entre dos árboles y perdí unos segundos, pero quedé muy contento”.
Dominio en Élite Damas
Entre las Damas, el título de Élite fue María Emilia Filgueira y Leila Luque, quienes ratificaron su potencia y temple en medio de un trazado que exigió técnica y resistencia por igual. Con ritmo constante y bajadas sin titubeos, se quedaron con la categoría y sumaron una página más a la historia grande del Trasmontaña.
Un mito entre nosotros
Y si todo eso ya era llamativo, apareció un nombre que parece de otra era: Ned Overend. Por primera vez en Argentina, el primer campeón mundial de cross country corrió el Trasmontaña. Verlo pedalear entre la senda tucumana a sus 69 años en dupla con Martín Ariel Santos fue una de esas postales que te recuerdan que el amor por este deporte no envejece.
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