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Cicloturismo

Siete Lagos en bici, el clásico de los clásicos

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Llega el verano y con él la posibilidad de que, aun en medio de la pandemia, podamos disfrutar de la naturaleza pedaleando. Y para ello nada mejor que recorrer el circuito más clásico y bello de nuestro país, el Camino de los Siete Lagos. He aquí dos experiencias, una de Bariloche a San Martín de los Andes hecha por un viajero independiente y otra en sentido inverso, hecha por un organizador de viajes.

“¡Sin desperdicio!” 

Lagos donde el agua se confunde con el azul del cielo, bosques de cuento y un entorno tan amigable que invita al disfrute pleno de todos los sentidos. Tentador ¿no?
El Camino de los Siete Lagos se convirtió con el paso del tiempo en el recorrido por excelencia de los cicloturistas argentinos y extranjeros que quieren conocer nuestra hermosa Patagonia. Una perfecta combinación de paisajes de ensueño, infraestructura para recibir a los viajeros y la posibilidad de conocer a otros apasionados de la bici en el camino, convierten a este circuito patagónico en una opción muy tentadora para aquellos que recién se inician, como así también para los más experimentados.
Quizás la época más favorable para hacerlo sea el verano, por el clima agradable y la gran disponibilidad de servicios, pero no descartaría las otras estaciones para aquellos más aventureros que se arriesgan a temperaturas más bajas e incluso la nieve.
El recorrido tradicional une las ciudades de Villa La Angostura con San Martín de los Andes, ambas en la provincia de Neuquén. En mi caso, comencé en la vecina Río Negro, más precisamente en el aeropuerto de la ciudad de Bariloche. Desde allí, una vez en la rotonda de acceso de la ciudad, me desvié por la ruta 40 con destino a Dina Huapi, un pequeño pueblito casi pegado a Bariloche, donde pude comprar provisiones antes de seguir camino, no sin antes realizar mi primer almuerzo en las costas del imponente lago Nahuel Huapi.
Mi idea era llegar en esta primera etapa hasta Villa La Angostura, pero el agobiante calor de la jornada y el desnivel que aumentaba al final del recorrido me obligaron a detenerme en un camping cuando había recorrido algo más de 55 kilómetros.

Arrayanes
Al día siguiente y con energías renovadas emprendí la segunda etapa hasta la Villa, pasando por Puerto Manzano y el ingreso al cerro Bayo, una muy linda y arbolada zona residencial. Una vez en la ciudad y ya instalado, me dispuse a recorrer el pintoresco centro comercial, previo paso obligado por la oficina de turismo.
Me gustó tanto el lugar que decidí quedarme dos días para poder conocer el Parque Nacional Los Arrayanes, de visita casi obligatoria para los cicloturistas, ya que se puede llegar pedaleando atravesando la península de Quetrihue y un espeso bosque patagónico. Al ingreso del Parque hay un lugar donde se pueden dejar las bicicletas para disfrutar de la caminata en las pasarelas que se adentran dentro del bosque de arrayanes.

Atardecer en el Espejo Chico
De nuevo en la ruta 40, en mi tercera etapa recorrí el lago Correntoso y el río homónimo, que ostenta el título de río más corto del mundo, ya que en pocos metros conecta este lago con el Nahuel Huapi. Mi siguiente parada fue en el lago Espejo, donde almorcé y aproveche para dormir una siesta en sus costas.
Luego de ese pequeño parate emprendí los 15 kilómetros que faltaban para llegar al Lago Espejo Chico, donde pasé la noche.
Para llegar a este lago hay que desviarse unos kilómetros de la ruta por un camino de ripio, pero sus aguas templadas y de un turquesa profundo merecen el esfuerzo. Sumado a esto, esa tarde me brindó uno de los atardeceres más lindos de mi vida. Al día siguiente aproveché la mañana para degustar las exquisitas tortas fritas de la proveeduría y desayunar a orillas del río Espejo Chico. ¡Sin desperdicio!

Una pausa en Villa Traful
Durante la cuarta etapa realicé otro desvío al recorrido tradicional para conocer el hermoso pueblo de Villa Traful, que se encuentra a unos 30 kilómetros de la ruta 40 y al cual se accede por un camino de ripio en regular estado. Recomiendo detenerse a mitad de camino, en Puerto Arrayán, donde se puede apreciar por primera vez el Lago Traful y sus hermosas costas. El pequeño pueblito de Traful es un paraíso de esta parte de la Patagonia. En los momentos en que el lago está calmo, el agua es tan transparente que las embarcaciones parecen flotar en un espejo perfecto. En Villa Traful se pueden encontrar almacenes y negocios para aprovisionarse y hostel y camping para el descanso; también se pueden realizar excursiones, navegar sobre un bosque sumergido y degustar una excelente gastronomía. El Mirador del Viento es una de las paradas obligatorias de este lugar, desde donde es posible apreciar la magnitud de la naturaleza que lo rodea. Me gustó tanto Traful que decidí quedarme un día más para poder conocer el circuito de las cascadas y disfrutar del pintoresco pueblito.

La lluvia que no cesa
La quinta etapa tenía como destino final el camping Pichi Traful, que también se encuentra por fuera de la ruta principal. Para llegar a él tuve que desviarme unos cuantos kilómetros por un camino de ripio. El lugar es muy cómodo y con hermosas vistas del lago y del cerro Falkner.
Al día siguiente la lluvia apareció por primera vez en el viaje. Me quedé un par de horas más en la carpa, pero ante un panorama que no parecía cambiar decidí emprender la marcha. Neblina y una leve llovizna acompañó mi salida de Pichi Traful, llovizna que se fue acentuando cada vez más, convirtiéndose en tormenta al llegar a los lagos Falkner y Villarino.
Si tuviera que describir la sensación de estar pedaleando bajo la lluvia en ese lugar, solo podría decir que me sentía inmensamente feliz. La lluvia me acompañó durante toda la sexta etapa, hasta que llegué al Lago Hermoso, ya en el Parque Nacional Lanín.
Vale aclarar que mas allá de la adrenalina que sentí en toda la etapa, los últimos kilómetros se hicieron bastantes difíciles por el frío y un poco de viento que había empezado a soplar, pero nada que no se pudiera solucionar con una buena ducha caliente y un reparador cafecito al llegar al camping.
Esa noche fue la más fría del viaje, con temperaturas bajo cero. Ahí corroboré que un elemento clave, por más que se viaje en verano, es la bolsa de dormir, para evitar pasar malos ratos.
Al día siguiente y antes de emprender la última etapa, aproveche los kayaks que el camping tenía en alquiler para remar un buen rato por el lago.

Belleza por doquier
Feliz y con un sol radiante sobre mi rostro emprendí la séptima y última etapa del viaje, que me depositaría en el último lago de mi recorrido, el Lácar, y finalmente en la ciudad de San Martín de los Andes, el gran destino de la travesía.
Esta etapa fue de disfrute pleno. Viví los últimos kilómetros del recorrido queriendo capturar cada una de las imágenes que llegaban a mi retina.
El Lago Machonico apareció detrás de un mirador como el anteúltimo del recorrido. Más adelante llegué al Arroyo Partido, que se caracteriza por ser el único arroyo cuyas vertientes desembocan tanto en el océano Pacifico como en el Atlántico.
A unos 20 kilómetros de San Martín de los Andes hay un desvío de acceso al Cerro Chapelco, punto de inicio de un vertiginoso descenso de más de 15 kilómetros que nos permite dejar de pedalear por un buen rato y disfrutar de las hermosas panorámicas que nos brinda el Lago Lácar cuando aparece ante nuestros ojos. Imposible no emocionarse.
Así recorrí los últimos kilómetros de esta travesía, con lágrimas en los ojos y el pecho lleno de orgullo por haber culminado este sueño hecho aventura.

Por Silvio Godoy Argiz: @Silviogodoyargiz | silvio_mosq@hotmail.com


 

La verdad de los Siete Lagos

Cuando comencé a planificar esta salida, bajé varios relatos de distintas páginas de internet pero todos diferían con respecto a los tiempos, distancias y dificultad del terreno, así que decidí tomar un promedio de los mismos y basarme en ello y una vez en el lugar realizar mi propio relevamiento, cuyos detalles son los que siguen.

De San Martín a Lago Hermoso
La travesía comienza en San Martín de los Andes y apenas dejamos la ciudad comenzamos a transitar por una ruta con muy buen asfalto pero en constante subida por 15.7 kilómetros. Esta subida es muy agotadora, más aún con la carga. Es necesario tomársela con mucha calma y realizar varias paradas. La relación para poder hacer dicha subida es 1:1, y si es necesario hay que bajarse de la bici y caminar (hasta el más experimentado camina en estos), ya que si nos forzamos con una relación más alta corremos el riesgo de quedarnos sin piernas para el resto del viaje.
Al terminar la subida el camino invita a pedalear, pero aconsejo parar en el Arroyo Partido, en el kilómetro 17.2, y aprovechar para almorzar y refrescarse.
Una vez descansado se retoma la marcha sobre la ruta y al pasar por el desvío al lago Meliquina nos encontramos con otra subida, aunque no tan extensa, que se puede hacer.
El camino sigue con subidas y bajadas y llegamos al kilómetro 38, donde encontramos un parador y un camino que sale hacia la derecha y que nos lleva al Lago Hermoso (2 kilómetros), donde finalizaremos nuestra primera etapa. En las inmediaciones del lago hay distintos lugares para pasar la noche, inclusive el Camping del Lago Hermoso, precario pero con lo necesario (baños y ducha con agua caliente) y una proveeduría no muy completa. Desde el camping se tiene acceso al Lago Hermoso, al Río Hermoso y a una cascada que une a estos dos. Un lugar muy bello.

Falkner y Escondido
Al día siguiente salimos nuevamente a la ruta y hacemos solamente 14 kilómetros para llegar al Lago Falkner, donde podremos comer unas ricas pizzas en la proveeduría del camping (mucho mejor que el anterior). Pasamos luego junto al Lago Escondido y llegamos al puente que cruza el río Pichi Traful, después del cual está la casa del guardaparques. Allí sale un camino hacia la izquierda de un kilómetro que nos lleva al camping Pichi Traful, sede de nuestra segunda noche. En esta segunda jornada recorrimos en total 28 kilómetros.
Este camping esta mucho más organizado que el primero, los baños son mucho mejores, hay piletas para el lavado de ropa y vajillas por separado, las duchas de agua calientes funcionan a fichas (cada ficha te da seis minutos de agua caliente). La proveeduría es más completa que la anterior, pero hay que tener en cuenta que los precios son un poco altos con respecto a los de la ciudad, así que si nuestro presupuesto es acotado aconsejo llevar lo necesario para cocinarse uno mismo.

En busca del Espejo Chico
En la tercera jornada salimos del camping Pichi Traful y retomamos la ruta. Aquí ya se complica un poco el pedaleo, ya que lo dificultan las subidas (muchas hay que hacerlas caminado) y las bajadas, con las cuales mejor no tentarse, ya que si la bici se descontrola es un palo seguro. Sugiero hacer las bajadas con calma, aplicando suavemente ambos frenos y llevar la bici controlada. En esta parte del camino vamos a encontrar muchos arroyitos y vertientes con agua cien por ciento potable que salen de las rocas, algo ideal para refrescarse e hidratarse.
En esta parte del camino nos vamos a encontrar con muchos tábanos, por lo cual habrá que tener Off a mano.
En el camino nos encontraremos con un desvío que nos lleva a Villa Traful, pero en nuestro caso seguimos de largo. Luego de una bajada y tras haber pedaleado unos 28 kilómetros nos encontramos en una curva y llegamos al Lago Correntoso. Aquí hay un camino que va hacia una hostería donde se puede parar y tomar algo fresco. Hacemos un par de kilómetros más y llegamos al desvío que nos lleva al camping del Lago Espejo Chico, lugar donde aconsejo pasar la tercera noche. Kilometraje del día: 34.

Camino a La Angostura
Durante la cuarta jornada retomamos la ruta y a los dos kilómetros se llega al arroyo Rucamalen, que une el Lago Espejo Chico con el Lago Correntoso. Un lugar ideal para parar bajo el puente y, si te animás, nadar en sus cristalinas y frías aguas. Sumergirse en dichas aguas y ver el fondo del arroyo como si se estuviera nadando en una pecera totalmente transparente en la que se divisan las piedras del fondo, los troncos sumergidos, los peces, es un espectáculo de no perder. Si no te animás al nado, igual podés llenar las caramañolas con esta agua pura y fría ¡No te lo pierdas!
Seguimos camino y tras 10 kilómetros llegamos al camping del Lago Espejo, lugar ideal para descansar y almorzar. Cuenta con una pequeña despensa con sándwiches y bebidas frías.
Salimos del camping y a los 500 metros empalmamos con la ruta que viene de Chile, en la que pedaleamos a una buena velocidad y después de 15 kilómetros llegamos a Villa La Angostura, previa parada en un mirador donde tenemos una vista espectacular del Lago Nahuel Huapi y de la ciudad.
Al entrar a la ciudad encontramos de la mano izquierda una estación de servicio, frente a ésta un supermercado y al lado el Camping Unquehue, un camping muy organizado, con muy lindos baños con agua caliente las 24 horas. No tiene proveeduría, pero en la puerta misma está el supermercado, mejor imposible.
Otro dato importante es que saliendo del camping y cruzando la ruta hay una bicicletería y casa de camping donde hacen arreglos de las dos cosas. En esta jornada pedaleamos 30 kilómetros.

Cerro Bayo y Arrayanes
En esta quinta jornada se nos presentan dos opciones para hacer en Villa La Angostura: el Cerro Bayo y el Bosque de Arrayanes.
En el primero puede hacerse el ascenso en aerosilla y para descender hay tres alternativas: principiante (camino ancho por donde circulan autos), intermedia (bajada rápida con muchas raíces, hay que saber bajar) y la avanzada (solo para expertos).
La otra alternativa es el bosque de Arrayanes, un circuito que se hace en dos horas de ida y una de vuelta. Se trata de un hermoso sendero dentro del bosque, con subidas y bajadas. Está de más decir que en el regreso predominan las bajadas, pero ojo, es un sendero complicado y no apto para principiantes. Si hacen este circuito aconsejo llevar abundante agua y algo de comer. En la zona de descanso solo hay un bar y cobran muy caro cualquier cosa. Entre ida y vuelta se hacen 30 kilómetros.

Fin de fiesta en Bariloche
Si bien el Camino de los Siete Lagos finaliza en Villa la Angostura, sería un desperdicio no pedalear hasta Bariloche en una sexta jornada. Son 90 kilómetros de muy buena ruta (¡cuidado con el tránsito!). Saliendo temprano y haciendo las paradas necesarias para descansar, se pueden hacer en un día. El que no se anime, puede hacer este recorrido en micro: hay varios servicios diarios y te llevan la bici.
Saliendo de Villa la Angostura tomamos la ruta asfaltada rumbo a Bariloche que va costeando el Lago Nahuel Huapi, lo que le da un atractivo particular. En el camino se cruzan tres arroyos grandes, en el último (arroyo Huemul) aconsejamos parar y almorzar. Luego se cruzan varios pequeños arroyos donde se podrán abastecer de agua, pero no hay ningún lugar donde comprar bebidas o alimentos, así que hay que llevar lo necesario. En caso de querer acampar y hacer el recorrido en dos días, solo hay camping libre.
Una vez que el camino se aleja del lago hay una extensa subida, pero luego de ésta viene la bajada más larga y recta de todo el viaje, donde las computadoras pasan los 60 km/h. Desde ahí se puede ver, del otro lado del lago, la ciudad de Bariloche.
En la intersección con la ruta 237 se debe doblar a la derecha. En unos kilómetros más pasamos el control policial y ya estamos en la provincia de Río Negro.
Pasando el puente del Río Limay hay un parador, el primer lugar desde que salimos desde Villa la Angostura donde podremos comprar algo de comer y beber. Luego de un breve descanso en el lugar emprenderemos los últimos 15 kilómetros, para llegar al Centro Cívico de Bariloche, lugar donde damos por terminado el viaje.
El total pedaleado en el día es de 95 kilómetros. El camping más cercano se encuentra a 2.5 kilómetros del Centro Cívico.

Este recorrido puede ser modificado salteando algunas etapas y haciendo más o menos kilómetros por día, pero para el ciclista sin experiencia en este tipo de viajes, mi consejo es no hacer etapas largas, ya que no hay que subestimar el esfuerzo que implican las subidas con las bicis cargadas, además de que la idea es disfrutar del viaje, de los lugares y de los paisajes y no simplemente sufrir por el esfuerzo. También aconsejo hacerlo con grupos organizados, o por lo menos con compañeros que ya tengan experiencia.

Por Alejandro García: Coordinador de Ciclo Tur, un emprendimiento que organiza viajes en bicicleta: www.ciclo-tur.com.ar 

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Cicloturismo

Una masterclass que no te podés perder: Cómo vivir viajando

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Esteban Mazzoncini es fotógrafo, escritor, nómada digital, coach ontológico y autor de los libros Pedaleando por la ruta de la hospitalidad, Un viajero curioso y Desafía tus rutas. Lleva recorridos 105 países en 30 años de viaje y ya exploró 453.200 km (bicicleta, moto, autostop, a pie).

Todos los conocimientos adquiridos en esta vida en viaje, los volcará el próximo 11 de diciembre, de 14 a 17 hs, en una Masterclass abierta a todo público.
Durante esa Masterclass (online y en vivo) Mazzoncini nos enseñará:
-Cómo conseguir sponsor/patrocinadores para tu viaje.
-Recursos para generar dinero (antes, durante y después del recorrido).
-A organizar un viaje alternativo para salir de las rutas tradicionales.
-Una estrategia para tomar fotos impactantes y poderosas.
-A viajar sin límite de tiempo y sin pagar hospedaje.
-Cómo descubrir tu esencia viajera: a pie, en bicicleta, en moto, haciendo autostop, etcétera.
-Cómo hacer autostop durante un viaje: trucos, tips, mejores lugares, etcétera.
-Cómo diseñar tu proyecto de viaje con anticipación.
-Recomendación de libros, documentales y charlas online.
-Neurociencia, PNL y ejercicios de coaching para destrabar miedos y dudas.
-Redes sociales, plataformas de visualización.
-Tienda online de tus productos

Preguntas frecuentes
-¿Cuánto dura?: 3 horas.
-¿Es en vivo?: sí, online por G. Meet.
-¿Puedo participar en otra fecha?: sí, con la modalidad de los videos grabados de 1 hora de duración cada uno.
-¿Habrá ronda de preguntas?: sí, al terminar el evento habrá tiempo para responder a tus consultas.
-¿Cuánto cuesta?: Esta masterclass demanda una inversión de 2.900 pesos argentinos o 19 euros.
-¿Cuáles son los medios de pago?: transferencia bancaria, PayPal, Wester Unión o Mercado Pago.
-Forma de contactarte: estebanmazzoncini@gmail.com | +54911-5125-6358 | Instagram @esteban mazzoncini

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Cicloturismo

Una detallada lista de todo lo que hay que llevar para un viaje en bicicleta

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Gonzalo Zamorano es un experto viajero en bicicleta. A continuación, traducido en palabras, todo lo que podés ver en la foto.

Bicicleta y alforjas

Bicicleta Venzo Atix
Apidura Expedition Saddle Pack 17L
Apidura Expedition Handlebar Pack 14L
Apidura Expedition Top Tube Pack 1L
Apidura Expedition Frame Pack 3L
Apidura Expedition Accessory Pocket 4,5L
Apidura Expedition Fork Pack (X4) 3L
Straps My Fix plus
Casco Limar 875

Equipo de camping

Tienda 3fulgear Lanshan 1pro
Mochila 3fulgear 35L
Aislante Inflable Sea To Summit Ether Light XT Insulated Mat
Saco de dormir (x2) Eolus 10C

Indumentaria

Zapatilla Bicicleta MTB Venzo Air Mesh
Sandalias Sandalos Andes Trail
Lentes Venzo 001
Indumentaria Ciclismo Gobik
Rompevientos
Guantes
Campera de plumas
Camisetas (x2)
Pantalón corto (x2)
Camiseta térmica
Pantalón térmico (x2)
Cuellos Buff (x2)
Medias (x2)
Calzoncillos (x2)

Herramientas

Herramientas multifunción Super B
Cortaplumas Victorinox 17 usos
Pinza Leatherman Wingman
Inflador doble acción
Líquido tubeless T-Elite
Cámara de emergencia 29”
Aceite para cadena TF2

Equipo audiovisual

Cámara Sony A7ii + 4 baterías
Objetivo Samyang 35 mm
Dron DJI Mini2
GoPro Black 7 + 2 baterías
Portátil MacBoox Air 13”
Power Bank Gadnic 25000 mah
Memoria externa
Trípode Manfrotto

Equipo alimentación

Olla 1L
Cuchara/tenedor
Botella de 500 ml de aceite
Vaso plegable
Bombilla
Cocinilla de alcohol
Bolsa con condimentos
Encendedor (x2)
Caramañola Venzo de 750 cm (x2)
Botella Nalgene 1L

Higiene

Pasta de dientes
Espejo
Desodorante
Jabón
Máquina de afeitar
Toalla

Lo indispensable

¡Ganas de recorrer nuevos caminos y mucha perseverancia!

 

Seguí las aventuras de Gonzalo en: https://www.instagram.com/gonzalo.zamorano/

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Cicloturismo

Ciclismo gravel por los más vertiginosos senderos de montaña

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David Cachón es un mountain biker profesional español que ha sido dos veces campeón mundial de MTB Trials, ha batido récords Guinness y actualmente se dedica a aventurarse en lugares extremos y contar sus historias en textos, fotos y videos. Aquí defiende a capa y espada las bicis gravel y en videos y fotos nos muestra de qué son capaces.

Una gravel… con suspensión

Poner rumbo a las montañas es fácil, pero encontrar la ruta perfecta para disfrutar al cien por ciento de una bicicleta gravel en un entorno escarpado y complicado, no lo es tanto. ¡Por suerte esta vez contaba con una ayuda extra! Hacia unas pocas semanas que había recibido en casa la nueva horquilla SR Suntour GVX, una horquilla dirigida al usuario de bicicletas gravel, todavía en fase de prototipo, pero esa es siempre la mejor excusa para poder darle caña a tope, sin miedo a que se rompa.

El destino: senderos épicos

Reconozco que tengo una obsesión. Nada malo, no penséis nada raro, se trata de apuntar en una libreta todos los sitios en los que me gustaría rodar en bicicleta y que me llaman la atención. Muchos de ellos los veo en televisión, revistas o internet… No tengo limites geográficos, de hecho cuanto más lejano sea el país y el lugar mejor. Pero hay algo que nunca deja de sorprenderme y es que en muchas ocasiones cerca de nuestros hogares, en las zonas en las que vivimos, tenemos lugares fantásticos y muchas veces realmente increíbles, pero que por la “normalización” que hacemos del entorno ya no llaman nuestra atención, pero igualmente son lugares flipantes.
Hace muchos años que le tenía echado el ojo a esta zona del Prepirineo. Por unas cosas u otras nunca había cuadrado todo para ir a explorar la zona de una forma concienzuda. Es lo que os comentaba antes que ocurre con los lugares que tenemos cerca de casa. Además el bueno de Kilian Bron (un rider al que respeto mucho) había hecho viral un video POV en esa zona, así que ya no tenía mucho sentido ir con mi bicicleta de montaña allí para tomar unos videos o unas fotografías. Pero si que lo tenía para hacerlo con una gravel. Todo sería mucho más puro, más preciso y por lo tanto mucho más peligroso. Un nuevo nivel de pilotaje al que la horquilla Suntour GVX me daría el acceso directo.
El Desfiladero de Monrebey, también llamado Congost de Mont-Rebei, es la frontera natural entre las regiones de Aragón y Cataluña, entre las comarcas de la Ribagorza y el Pallars Jussa. Sin duda alguna un lugar súper espectacular y simplemente único.
El entorno era perfecto, carreteras estrechas con un firme bastante desgastado y bacheado, infinitas pistas de tierra que confluyen en todas las direcciones y unos senderos ultra técnicos que ponen a prueba tu destreza, vértigo y equilibrio. ¡Es perfecto!

¿Por qué una horquilla de suspensión para gravel?

Yo siempre he defendido que soy un amante de la bicicleta y de todas sus modalidades. Los que me conocéis lo sabéis muy bien. Me encanta la bicicleta, trato de practicar todas las disciplinas posibles y aprender de todas y cada una de ellas.
Me gusta el ciclismo de carretera, me gusta pedalear, me gusta el XC… pero hace algunos años en un viaje por Alemania descubrí el gravel. Me encantó ese concepto. Un mundo nuevo se abrió ante mí, ya que había atravesado una temporada cargada de “sustos” y pequeños incidentes que me ocurrían cada vez que salía con mi bicicleta de carretera. Es muy frustrante saber que tienes un accidente por culpa de un conductor que no respeta las normas, que odia a los ciclistas o que simplemente no está en condiciones de conducir un coche.
Por otro lado, la bicicleta de XC nunca ha tenido mucho sentido para mí. Que nadie me mal interprete, adoro esa modalidad, pero para un tipo como yo y con mi estilo sobre la bicicleta el XC puede ser sustituido fácilmente por el gravel o dar un paso más y llegar al All Mountain. Son modalidades que para mi entender navegan a orillas de tus preferencias, estilos y formas de ver la bicicleta. Para alguien que piense en competir es perfecto, pero para mí, que hace muchos años que busco otra serie de experiencias y sensaciones sobre la bicicleta, ha sido sustituido por las bicicletas gravel.
Llegados a este punto queda claro que la bicicleta de gravel me ofrece una polivalencia total y me permite hacer lo mismo que haría con una bicicleta de XC: pistas, caminos, senderos…, pero tal vez si la situación se complica puedo volver por carretera o incluso gracias a su calidad rodadora hacer unos kilómetros extra de forma más fácil.
Tan solo le encontraba una pega al ciclismo de gravel. El dolor que me dejaba en las muñecas, codos y hombros cuando hacía una larga salida con ella. Si quieres ir por caminos exigentes, son muchos los impactos que tu cuerpo absorberá a lo largo de los kilómetros, miles de micro impactos que van directamente a tus articulaciones, huesos, tendones, músculos…, lo que finalmente se transforma en inflamación, entumecimiento y un par de días con dolores articulares. Al menos a mí me ocurría, a pesar de ser un jovenzuelo de 43 años…

Un nuevo nivel de pilotaje

Cuando los chicos de Suntour me dijeron que estaban pensando en diseñar una horquilla de suspensión para gravel me pareció simplemente alucinante. Era exactamente lo que necesitaba, algo que amortiguara todos esos impactos. Cuando recibí la horquilla y la probé en mi bicicleta pude comprobar que se trataba de una de las mejores ideas de los últimos años. Lo digo de verdad, me encantó. No solo me evitaba el desagradable dolor en las articulaciones, sino que mi nivel de pilotaje en zonas técnicas había aumentado a un nuevo nivel gracias a la nueva horquilla. ¡¡Joder, ha sido genial!
Las zonas rotas, con baches o incluso raíces, dejan de ser un obstáculo complicado para simplemente ser una irregularidad del terreno que la GVX absorbe con facilidad. En una bicicleta tan rígida y con las ruedas tan finas (comparadas con una MTB), es vital que la rueda se mantenga pegada al terreno para garantizar el control y la estabilidad.
Un nuevo nivel ha llegado a la era del Gravel!!!!
Nos vemos en los senderos amigos.

Texto & Riding: @david_cachon
Fotografía & Film: David Ponce
Edición video: Alberto Porras

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Cicloturismo

Un día en bicicleta por el Valle del Manso, un retazo patagónico del paraíso

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La zona del Manso es un profundo valle de cordillera ubicado entre Bariloche y El Bolsón. Jime y Andrés, de La Vida de Viaje, pedalearon un sendero de 20 kilómetros que va paralelo al Manso, uno de los ríos más lindos y caudalosos de la región. Este es su diario de viaje.

Pienso en lo que más me llamó la atención del camino del Valle del Manso y se me vienen fragmentos a la mente: la ruta, seca y áspera, pero con un tinte húmedo por el bosque y las montañas a los costados. El río, caudaloso y a la vez suave, que por momentos es azul y por momentos verde. Los árboles y sus especies que quiero llevar conmigo: la lenga, el ñire, el coihue, el ciprés, el maitén. Los pájaros que vuelan en el sentido contrario al que vamos, pájaros que no escucho porque el motor de la camioneta tapa ese fino contacto que puedo tener con el mundo exterior. Por eso, cuando estoy en la naturaleza, elijo la bicicleta: es mi manera de recordar no en fragmentos, sino en modo panorámico.
Estacionamos, bajamos las bicicletas, comemos pizza fría de ayer mientras cebamos mate, cruzamos la primera pasarela y empezamos a pedalear. Esa transición de movimientos entre lo pasivo de la camioneta y lo activo de la bicicleta es muy parecida a la sensación de sacarle el papel a ese chocolate que te encanta, y que te da placer y ansiedad a la vez. Esto lo sentimos siempre, sea el camino que sea. Será la incertidumbre de lo nuevo, la adrenalina de lo distinto, o hasta quizá una señal de que lo que estamos por hacer nos hace sentir muy bien.
No tengo un anotador encima y peco de ser una persona con poca memoria. Por eso agarro el celular y empiezo a enumerar la sutileza del paisaje que miro:

nubes cirros rasgando el cielo
bosquecitos en la cima de las montañas
la pared de piedra del cerro que bordeamos
teros que cantan y ovejas que corren
vacas que mastican y que no me sacan los ojos de encima
una perra que me lame las piernas mientras mueve la cola
una familia de bandurrias picoteando el pasto verde
grillos sonando cerca y lejos
los reflejos del río sobre los troncos de los árboles
el brillo de la luz del sol sobre el agua

Freno para esperar a Andrés y dejo la bici a un lado para tocar la textura de las hojas y de las flores. Es un hábito que empecé a incorporar desde que decidí involucrarme con la naturaleza. Porque si no la toco, ¿cómo la describo después? Si no la huelo, ¿cómo puedo saber a qué se parece? Si no me detengo, ¿cómo construyo un vínculo con ella? Cuando lo hago una distancia se rompe y una unión, breve y contemplativa, nace.
La senda se achica y se agranda. A veces es de tierra y otras veces de piedras. Es nítida, pero cada tanto desaparece entre hojas y ramas. Se interrumpe por pastos inundados, arroyos que parecen ríos y árboles caídos que tenemos que esquivar. Es llana y también inclinada. La senda no es recta: subimos y bajamos, pedaleamos y caminamos, abrimos y cerramos tranqueras.
Cada tanto paramos a descansar: comemos unas bananas, tomamos agua fresca, disfrutamos de la quietud del camino. Porque si bien estamos acá para estar en movimiento, son estos momentos de reposo donde el paisaje se vuelve tranquilo, manso. Por algo este lugar debe llevar ese nombre.
Llegamos a la última pasarela. Eso quiere decir que hasta acá pedaleamos 20 kilómetros. En horas habrán sido cuatro entre las paradas, las fotos, la filmación, las anotaciones. Y me encanta pensar en esto ahora porque durante el camino no se me ocurrió contabilizar ni el tiempo ni la distancia. A veces los números se vuelven fugitivos y lo único que queda es un momentum donde lo que tiene sentido es el movimiento y el paisaje en sí mismo.
La imagen del Valle del Manso se fue completando como un gran rompecabezas que empezó con fragmentos muteados y que termina con retratos vivos. Mientras volvemos por la ruta principal, el sol se esconde detrás de un cerro y me llevo la experiencia que a mí me gusta: en modo panorámico y con los sentidos latiendo.

Ficha de ruta
Kilómetros: 42 (ida: 20 km de sendero / vuelta: 22 km de ripio por Ruta Provincial 83).
Lugar: Río Negro, Argentina.
Tipo de recorrido: circular.
Rutas: Ruta Provincial 83 y sendero de montaña.
Itinerario: el sendero arranca en la primera pasarela que se conoce como “Paso Andrade” (sobre la -RP 83, a 11.5 km de la RN 40) y termina en la última pasarela llamada “Paso Jones” a la altura del -Camping: La Pasarela de El Manso.
Tiempo aproximado: 6/7 horas en total
Alturas:
Inicio: 472 msnm
Punto más alto: 560 msnm
Fin: 472 msnm
Desnivel acumulado: +390 m / -390 m

 

TEXTOS: Jimena Sánchez | FOTOS: Andrés Calla | lavidadeviaje.com | https://www.instagram.com/lavidadeviaje/

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