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Cicloturismo

Siete Lagos en bici, el clásico de los clásicos

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Llega el verano y con él la posibilidad de que, aun en medio de la pandemia, podamos disfrutar de la naturaleza pedaleando. Y para ello nada mejor que recorrer el circuito más clásico y bello de nuestro país, el Camino de los Siete Lagos. He aquí dos experiencias, una de Bariloche a San Martín de los Andes hecha por un viajero independiente y otra en sentido inverso, hecha por un organizador de viajes.

“¡Sin desperdicio!” 

Lagos donde el agua se confunde con el azul del cielo, bosques de cuento y un entorno tan amigable que invita al disfrute pleno de todos los sentidos. Tentador ¿no?
El Camino de los Siete Lagos se convirtió con el paso del tiempo en el recorrido por excelencia de los cicloturistas argentinos y extranjeros que quieren conocer nuestra hermosa Patagonia. Una perfecta combinación de paisajes de ensueño, infraestructura para recibir a los viajeros y la posibilidad de conocer a otros apasionados de la bici en el camino, convierten a este circuito patagónico en una opción muy tentadora para aquellos que recién se inician, como así también para los más experimentados.
Quizás la época más favorable para hacerlo sea el verano, por el clima agradable y la gran disponibilidad de servicios, pero no descartaría las otras estaciones para aquellos más aventureros que se arriesgan a temperaturas más bajas e incluso la nieve.
El recorrido tradicional une las ciudades de Villa La Angostura con San Martín de los Andes, ambas en la provincia de Neuquén. En mi caso, comencé en la vecina Río Negro, más precisamente en el aeropuerto de la ciudad de Bariloche. Desde allí, una vez en la rotonda de acceso de la ciudad, me desvié por la ruta 40 con destino a Dina Huapi, un pequeño pueblito casi pegado a Bariloche, donde pude comprar provisiones antes de seguir camino, no sin antes realizar mi primer almuerzo en las costas del imponente lago Nahuel Huapi.
Mi idea era llegar en esta primera etapa hasta Villa La Angostura, pero el agobiante calor de la jornada y el desnivel que aumentaba al final del recorrido me obligaron a detenerme en un camping cuando había recorrido algo más de 55 kilómetros.

Arrayanes
Al día siguiente y con energías renovadas emprendí la segunda etapa hasta la Villa, pasando por Puerto Manzano y el ingreso al cerro Bayo, una muy linda y arbolada zona residencial. Una vez en la ciudad y ya instalado, me dispuse a recorrer el pintoresco centro comercial, previo paso obligado por la oficina de turismo.
Me gustó tanto el lugar que decidí quedarme dos días para poder conocer el Parque Nacional Los Arrayanes, de visita casi obligatoria para los cicloturistas, ya que se puede llegar pedaleando atravesando la península de Quetrihue y un espeso bosque patagónico. Al ingreso del Parque hay un lugar donde se pueden dejar las bicicletas para disfrutar de la caminata en las pasarelas que se adentran dentro del bosque de arrayanes.

Atardecer en el Espejo Chico
De nuevo en la ruta 40, en mi tercera etapa recorrí el lago Correntoso y el río homónimo, que ostenta el título de río más corto del mundo, ya que en pocos metros conecta este lago con el Nahuel Huapi. Mi siguiente parada fue en el lago Espejo, donde almorcé y aproveche para dormir una siesta en sus costas.
Luego de ese pequeño parate emprendí los 15 kilómetros que faltaban para llegar al Lago Espejo Chico, donde pasé la noche.
Para llegar a este lago hay que desviarse unos kilómetros de la ruta por un camino de ripio, pero sus aguas templadas y de un turquesa profundo merecen el esfuerzo. Sumado a esto, esa tarde me brindó uno de los atardeceres más lindos de mi vida. Al día siguiente aproveché la mañana para degustar las exquisitas tortas fritas de la proveeduría y desayunar a orillas del río Espejo Chico. ¡Sin desperdicio!

Una pausa en Villa Traful
Durante la cuarta etapa realicé otro desvío al recorrido tradicional para conocer el hermoso pueblo de Villa Traful, que se encuentra a unos 30 kilómetros de la ruta 40 y al cual se accede por un camino de ripio en regular estado. Recomiendo detenerse a mitad de camino, en Puerto Arrayán, donde se puede apreciar por primera vez el Lago Traful y sus hermosas costas. El pequeño pueblito de Traful es un paraíso de esta parte de la Patagonia. En los momentos en que el lago está calmo, el agua es tan transparente que las embarcaciones parecen flotar en un espejo perfecto. En Villa Traful se pueden encontrar almacenes y negocios para aprovisionarse y hostel y camping para el descanso; también se pueden realizar excursiones, navegar sobre un bosque sumergido y degustar una excelente gastronomía. El Mirador del Viento es una de las paradas obligatorias de este lugar, desde donde es posible apreciar la magnitud de la naturaleza que lo rodea. Me gustó tanto Traful que decidí quedarme un día más para poder conocer el circuito de las cascadas y disfrutar del pintoresco pueblito.

La lluvia que no cesa
La quinta etapa tenía como destino final el camping Pichi Traful, que también se encuentra por fuera de la ruta principal. Para llegar a él tuve que desviarme unos cuantos kilómetros por un camino de ripio. El lugar es muy cómodo y con hermosas vistas del lago y del cerro Falkner.
Al día siguiente la lluvia apareció por primera vez en el viaje. Me quedé un par de horas más en la carpa, pero ante un panorama que no parecía cambiar decidí emprender la marcha. Neblina y una leve llovizna acompañó mi salida de Pichi Traful, llovizna que se fue acentuando cada vez más, convirtiéndose en tormenta al llegar a los lagos Falkner y Villarino.
Si tuviera que describir la sensación de estar pedaleando bajo la lluvia en ese lugar, solo podría decir que me sentía inmensamente feliz. La lluvia me acompañó durante toda la sexta etapa, hasta que llegué al Lago Hermoso, ya en el Parque Nacional Lanín.
Vale aclarar que mas allá de la adrenalina que sentí en toda la etapa, los últimos kilómetros se hicieron bastantes difíciles por el frío y un poco de viento que había empezado a soplar, pero nada que no se pudiera solucionar con una buena ducha caliente y un reparador cafecito al llegar al camping.
Esa noche fue la más fría del viaje, con temperaturas bajo cero. Ahí corroboré que un elemento clave, por más que se viaje en verano, es la bolsa de dormir, para evitar pasar malos ratos.
Al día siguiente y antes de emprender la última etapa, aproveche los kayaks que el camping tenía en alquiler para remar un buen rato por el lago.

Belleza por doquier
Feliz y con un sol radiante sobre mi rostro emprendí la séptima y última etapa del viaje, que me depositaría en el último lago de mi recorrido, el Lácar, y finalmente en la ciudad de San Martín de los Andes, el gran destino de la travesía.
Esta etapa fue de disfrute pleno. Viví los últimos kilómetros del recorrido queriendo capturar cada una de las imágenes que llegaban a mi retina.
El Lago Machonico apareció detrás de un mirador como el anteúltimo del recorrido. Más adelante llegué al Arroyo Partido, que se caracteriza por ser el único arroyo cuyas vertientes desembocan tanto en el océano Pacifico como en el Atlántico.
A unos 20 kilómetros de San Martín de los Andes hay un desvío de acceso al Cerro Chapelco, punto de inicio de un vertiginoso descenso de más de 15 kilómetros que nos permite dejar de pedalear por un buen rato y disfrutar de las hermosas panorámicas que nos brinda el Lago Lácar cuando aparece ante nuestros ojos. Imposible no emocionarse.
Así recorrí los últimos kilómetros de esta travesía, con lágrimas en los ojos y el pecho lleno de orgullo por haber culminado este sueño hecho aventura.

Por Silvio Godoy Argiz: @Silviogodoyargiz | silvio_mosq@hotmail.com


 

La verdad de los Siete Lagos

Cuando comencé a planificar esta salida, bajé varios relatos de distintas páginas de internet pero todos diferían con respecto a los tiempos, distancias y dificultad del terreno, así que decidí tomar un promedio de los mismos y basarme en ello y una vez en el lugar realizar mi propio relevamiento, cuyos detalles son los que siguen.

De San Martín a Lago Hermoso
La travesía comienza en San Martín de los Andes y apenas dejamos la ciudad comenzamos a transitar por una ruta con muy buen asfalto pero en constante subida por 15.7 kilómetros. Esta subida es muy agotadora, más aún con la carga. Es necesario tomársela con mucha calma y realizar varias paradas. La relación para poder hacer dicha subida es 1:1, y si es necesario hay que bajarse de la bici y caminar (hasta el más experimentado camina en estos), ya que si nos forzamos con una relación más alta corremos el riesgo de quedarnos sin piernas para el resto del viaje.
Al terminar la subida el camino invita a pedalear, pero aconsejo parar en el Arroyo Partido, en el kilómetro 17.2, y aprovechar para almorzar y refrescarse.
Una vez descansado se retoma la marcha sobre la ruta y al pasar por el desvío al lago Meliquina nos encontramos con otra subida, aunque no tan extensa, que se puede hacer.
El camino sigue con subidas y bajadas y llegamos al kilómetro 38, donde encontramos un parador y un camino que sale hacia la derecha y que nos lleva al Lago Hermoso (2 kilómetros), donde finalizaremos nuestra primera etapa. En las inmediaciones del lago hay distintos lugares para pasar la noche, inclusive el Camping del Lago Hermoso, precario pero con lo necesario (baños y ducha con agua caliente) y una proveeduría no muy completa. Desde el camping se tiene acceso al Lago Hermoso, al Río Hermoso y a una cascada que une a estos dos. Un lugar muy bello.

Falkner y Escondido
Al día siguiente salimos nuevamente a la ruta y hacemos solamente 14 kilómetros para llegar al Lago Falkner, donde podremos comer unas ricas pizzas en la proveeduría del camping (mucho mejor que el anterior). Pasamos luego junto al Lago Escondido y llegamos al puente que cruza el río Pichi Traful, después del cual está la casa del guardaparques. Allí sale un camino hacia la izquierda de un kilómetro que nos lleva al camping Pichi Traful, sede de nuestra segunda noche. En esta segunda jornada recorrimos en total 28 kilómetros.
Este camping esta mucho más organizado que el primero, los baños son mucho mejores, hay piletas para el lavado de ropa y vajillas por separado, las duchas de agua calientes funcionan a fichas (cada ficha te da seis minutos de agua caliente). La proveeduría es más completa que la anterior, pero hay que tener en cuenta que los precios son un poco altos con respecto a los de la ciudad, así que si nuestro presupuesto es acotado aconsejo llevar lo necesario para cocinarse uno mismo.

En busca del Espejo Chico
En la tercera jornada salimos del camping Pichi Traful y retomamos la ruta. Aquí ya se complica un poco el pedaleo, ya que lo dificultan las subidas (muchas hay que hacerlas caminado) y las bajadas, con las cuales mejor no tentarse, ya que si la bici se descontrola es un palo seguro. Sugiero hacer las bajadas con calma, aplicando suavemente ambos frenos y llevar la bici controlada. En esta parte del camino vamos a encontrar muchos arroyitos y vertientes con agua cien por ciento potable que salen de las rocas, algo ideal para refrescarse e hidratarse.
En esta parte del camino nos vamos a encontrar con muchos tábanos, por lo cual habrá que tener Off a mano.
En el camino nos encontraremos con un desvío que nos lleva a Villa Traful, pero en nuestro caso seguimos de largo. Luego de una bajada y tras haber pedaleado unos 28 kilómetros nos encontramos en una curva y llegamos al Lago Correntoso. Aquí hay un camino que va hacia una hostería donde se puede parar y tomar algo fresco. Hacemos un par de kilómetros más y llegamos al desvío que nos lleva al camping del Lago Espejo Chico, lugar donde aconsejo pasar la tercera noche. Kilometraje del día: 34.

Camino a La Angostura
Durante la cuarta jornada retomamos la ruta y a los dos kilómetros se llega al arroyo Rucamalen, que une el Lago Espejo Chico con el Lago Correntoso. Un lugar ideal para parar bajo el puente y, si te animás, nadar en sus cristalinas y frías aguas. Sumergirse en dichas aguas y ver el fondo del arroyo como si se estuviera nadando en una pecera totalmente transparente en la que se divisan las piedras del fondo, los troncos sumergidos, los peces, es un espectáculo de no perder. Si no te animás al nado, igual podés llenar las caramañolas con esta agua pura y fría ¡No te lo pierdas!
Seguimos camino y tras 10 kilómetros llegamos al camping del Lago Espejo, lugar ideal para descansar y almorzar. Cuenta con una pequeña despensa con sándwiches y bebidas frías.
Salimos del camping y a los 500 metros empalmamos con la ruta que viene de Chile, en la que pedaleamos a una buena velocidad y después de 15 kilómetros llegamos a Villa La Angostura, previa parada en un mirador donde tenemos una vista espectacular del Lago Nahuel Huapi y de la ciudad.
Al entrar a la ciudad encontramos de la mano izquierda una estación de servicio, frente a ésta un supermercado y al lado el Camping Unquehue, un camping muy organizado, con muy lindos baños con agua caliente las 24 horas. No tiene proveeduría, pero en la puerta misma está el supermercado, mejor imposible.
Otro dato importante es que saliendo del camping y cruzando la ruta hay una bicicletería y casa de camping donde hacen arreglos de las dos cosas. En esta jornada pedaleamos 30 kilómetros.

Cerro Bayo y Arrayanes
En esta quinta jornada se nos presentan dos opciones para hacer en Villa La Angostura: el Cerro Bayo y el Bosque de Arrayanes.
En el primero puede hacerse el ascenso en aerosilla y para descender hay tres alternativas: principiante (camino ancho por donde circulan autos), intermedia (bajada rápida con muchas raíces, hay que saber bajar) y la avanzada (solo para expertos).
La otra alternativa es el bosque de Arrayanes, un circuito que se hace en dos horas de ida y una de vuelta. Se trata de un hermoso sendero dentro del bosque, con subidas y bajadas. Está de más decir que en el regreso predominan las bajadas, pero ojo, es un sendero complicado y no apto para principiantes. Si hacen este circuito aconsejo llevar abundante agua y algo de comer. En la zona de descanso solo hay un bar y cobran muy caro cualquier cosa. Entre ida y vuelta se hacen 30 kilómetros.

Fin de fiesta en Bariloche
Si bien el Camino de los Siete Lagos finaliza en Villa la Angostura, sería un desperdicio no pedalear hasta Bariloche en una sexta jornada. Son 90 kilómetros de muy buena ruta (¡cuidado con el tránsito!). Saliendo temprano y haciendo las paradas necesarias para descansar, se pueden hacer en un día. El que no se anime, puede hacer este recorrido en micro: hay varios servicios diarios y te llevan la bici.
Saliendo de Villa la Angostura tomamos la ruta asfaltada rumbo a Bariloche que va costeando el Lago Nahuel Huapi, lo que le da un atractivo particular. En el camino se cruzan tres arroyos grandes, en el último (arroyo Huemul) aconsejamos parar y almorzar. Luego se cruzan varios pequeños arroyos donde se podrán abastecer de agua, pero no hay ningún lugar donde comprar bebidas o alimentos, así que hay que llevar lo necesario. En caso de querer acampar y hacer el recorrido en dos días, solo hay camping libre.
Una vez que el camino se aleja del lago hay una extensa subida, pero luego de ésta viene la bajada más larga y recta de todo el viaje, donde las computadoras pasan los 60 km/h. Desde ahí se puede ver, del otro lado del lago, la ciudad de Bariloche.
En la intersección con la ruta 237 se debe doblar a la derecha. En unos kilómetros más pasamos el control policial y ya estamos en la provincia de Río Negro.
Pasando el puente del Río Limay hay un parador, el primer lugar desde que salimos desde Villa la Angostura donde podremos comprar algo de comer y beber. Luego de un breve descanso en el lugar emprenderemos los últimos 15 kilómetros, para llegar al Centro Cívico de Bariloche, lugar donde damos por terminado el viaje.
El total pedaleado en el día es de 95 kilómetros. El camping más cercano se encuentra a 2.5 kilómetros del Centro Cívico.

Este recorrido puede ser modificado salteando algunas etapas y haciendo más o menos kilómetros por día, pero para el ciclista sin experiencia en este tipo de viajes, mi consejo es no hacer etapas largas, ya que no hay que subestimar el esfuerzo que implican las subidas con las bicis cargadas, además de que la idea es disfrutar del viaje, de los lugares y de los paisajes y no simplemente sufrir por el esfuerzo. También aconsejo hacerlo con grupos organizados, o por lo menos con compañeros que ya tengan experiencia.

Por Alejandro García: Coordinador de Ciclo Tur, un emprendimiento que organiza viajes en bicicleta: www.ciclo-tur.com.ar 

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Nación Salvaje: un viaje extraordinario por el maravilloso Parque Patagonia

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Cuando la vista se te pierda en un ocre eterno de atardeceres profundos.
Cuando el viento gobierne tus pelos, tus pasos, tu paciencia.
Cuando los cielos te provoquen suspiros inevitables y la intensidad del afuera te estremezca el adentro.
No te asustes ni te impacientes; escucha, observa con atención, que estás llegando a tierras donde la libertad aún no pudo ser domesticada.
El parque Patagonia se encuentra al norte de la provincia de Santa Cruz, que con sus 243.943 kilómetros cuadrados es la segunda más grande de la Argentina, pero también la de menor densidad poblacional. Tierras en donde el “por ahí no hay nada” se traduce en enormes extensiones de naturaleza virgen, en geografías intensamente agrestes en las que es mucho más probable cruzarse con grandes manadas de guanacos salvajes que con algún otro ser humano.

La primera vez que recorrimos la provincia en bici fue en el 2014, durante nuestro viaje por la ruta 40 y las sensaciones que tuvimos en ese entonces fueron las que a lo largo del tiempo nos hicieron volver una y otra vez, hasta elegirla hoy en día como nuestro hogar.
No es un lugar fácil ni cómodo, porque como todo lo indomable e impredecible te obliga a adaptarte, a sentirte chiquito, a ganar humildad, a entender sobre prioridades.
Pero para contrarrestar aquella rudeza de su clima y sus distancias, siempre te regala muchas de las experiencias más auténticas y extraordinarias que se puedan tener. Por eso cuando recibimos la invitación para conocer el Parque Patagonia en bici no tuvimos dudas de cuál tendría que ser nuestra respuesta y claramente no nos equivocamos.
Pedaleamos por senderos que bordeaban impactantes cañadones, mezclamos bici con trekking para llegar a lagunas escondidas repletas de flamencos, vimos por primera vez una familia de pumas, caminamos entre cerros color fantasía. En tan solo dos días atravesamos estepa, cerros, roca, ríos, nos encontramos entre árboles frondosos y reparadores. Conocimos gente que ama lo que hace. Gente que cree en lo que hace. Conocimos un parque en el que siempre fuimos bienvenidos y donde en tan solo dos días logramos sentirnos en viaje.

Los accesos al Parque
El Parque Patagonia Argentina cuenta con dos portales de acceso: el Portal La Ascensión y el Portal Cañadón Pinturas. Ambos tienen distintos senderos que permiten internarse en impactantes geografías y cuentan con servicios de uso público. Nosotros en esta oportunidad fuimos a visitar el Portal Cañadón Pinturas, y aunque ya somos viejos conocedores de la zona lo que encontramos fue una sorpresa constante en cada rincón que recorrimos.
El Portal Cañadón Pinturas tiene cinco senderos de distintas dificultades:
Tierra de Colores,
Koi,
La Guanaca,
Los Balcones y la
Bajada de los Toldos.

Pedaleando en los cinco senderos
El primer sendero que conocimos fue Tierra de Colores, ya que se encuentra a pocos metros de la entrada al portal. Es un recorrrido de dos kilómetros de baja dificultad en el que transitás por escenografías de cuento, entre cerros amarillos, rosados y ocres que recuerdan a los increíbles paisajes del norte argentino —con la sorprendente particularidad de estar en medio de la estepa patagonica, lo que hace a la experiencia aún más extraordinaria.

Pasamos la primera noche en La Posada de los Toldos, donde podes optar por hospedaje o camping libre con acceso a baños y un refugio. Nosotros ese día elegimos dormir en la camioneta.
A la mañana siguiente preparamos las bicis con el equipo y tomamos el camino que nos llevaría durante 19 kilómetros al inicio de los demás senderos, hasta concluir finalmente en la Cueva de las Manos.
Pedaleamos entre hermosas mesetas y llanuras extensas que dibujaban el horizonte hasta la entrada al sendero Koi, que asciende hasta la meseta Sumich. Abandonamos por un rato el camino para subir pedaleando por un estrecha huella que nos permitió avanzar algunos kilómetros, hasta que fue necesario dejar de las bicis y seguir a pie. Luego de un breve trekking llegamos a una laguna llena de flamencos rosados que se robaron nuestra atención por un largo rato.
Más adelante nos esperaba el final del recorrido, que permite una vista amplia e impactante del lugar. La bajada en bici por el sendero fue aún más divertida y llegamos nuevamente al camino en apenas algunos minutos, para volver a tomarlo en dirección a la Cueva de las Manos. La ruta estaba en excelentes condiciones, lo que nos permitió ir disfrutando del lugar sin contratiempos ni distracciones.
Luego de algunos kilómetros volvimos a encontrarnos con el cartel que marcaba el inicio del sendero La Guanaca, un trekking de 6 kilómetros que asciende al Cerro Amarillo, para terminar con una gran panorámica del cañadón Río Pinturas, acompañados de cóndores.
Más tarde, al regresar al inicio del sendero La Guanaca, nos metimos por el sendero Los Balcones, que nos llevó hasta la Bajada de los Toldos, pedaleando durante 3 kilómetros por una huella que va bordeando el cañadón, lo que hizo de ese tramo uno de los recorridos más impresionantes que hicimos en bici, porque mientras las ruedas giraban entretenidamente por una sendero serpenteante pero sin grandes dificultades, todo a nuestro costado se había vuelto un mundo de roca, colores y formaciones sorprendentes que nos mantuvieron con los ojos muy abiertos y las sonrisas constantes hasta la gran Bajada de los Toldos, donde el cañadón decide que es momento de dejarse de rodeos y mostrar toda su magia.
En ese punto, la Cueva de las Manos nos queda del otro lado del cañadón, por lo que para visitarla es necesario dejar las bicis y realizar una importante bajada que cruza el río por un camino perfectamente marcado que te permite recorrer parte del hermoso Río Pinturas, rodeados de vegetación, para ascender finalmente hasta la entrada a las cuevas.

Esa tarde, como tantas otras veces, armamos la carpa, calentamos el agua para el mate y esperamos a la puesta del sol. Pero el pequeño balcón que habíamos elegido para pasar la noche no era cosa de todos los días. Frente a nosotros el imponente y milenario cañadón del Río Pinturas nos sacudía las emociones y las ideas, para hablarnos de otras épocas, en las que la convivencia con el entorno estaba ligada a lazos mucho más simples y profundos que la mera codicia y ambición a la que nos fuimos acostumbrando.

Información útil
El portal Cañadón Pinturas se encuentra a 56 km de la localidad de Perito Moreno por la ruta 40.
Para conocer las Cuevas de las Manos es necesario pagar entrada (actualmente para residentes Argentinos es de 600 pesos) y esperar el horario de la visita guiada. Abre de 9 a 19 y las visitas guiadas son cada hora, con una duración aproximada de una hora. No se hacen reservas, el acceso es por orden de llegada y el número máximo por guiada es de 20 personas.
Si vas en carpa o motorhome vas a poder tener acceso a espacios de servicios públicos y gratuitos.
Aunque la distancia entre La Posada de los Toldos y La Cueva de las Manos es de tan solo 19 km, recomendamos ir con tiempo para poder entrar en los distintos senderos que se encuentran en el camino.
Al ser un lugar donde la fauna está protegida y no perseguida, como en otras zonas de Santa Cruz, es normal ver grandes manadas de guanacos, zorros o flamencos con total tranquilidad al costado del camino. Por lo que es fundamental respetar su hábitat y no molestarlos ni darles de comer ni asustarlos como si fueran parte de un entretenimiento.
La basura o residuos que se generen, sin importar las circunstancias o que tipo de basura generemos, deben volver con uno, lo que significa que una cáscara de fruta también es basura que no pertenece al lugar aunque sea orgánica, al igual que el papel higiénico. Por eso llevar siempre una bolsa donde poder acumular los residuos es indispensable.
En lugares que no están preparados o habilitados para realizar fuego como campings o fogones, el fuego nunca es una opción. Si vas a acampar en la naturaleza es necesario llevar una cocina a gas, alcohol o MSR.

El clima en Santa Cruz es muy variable y aun en días de verano, donde el sol es muy fuerte, la temperatura puede bajar abruptamente de un momento a otro. Sea cual fuere el recorrido que vamos a emprender, recomendamos llevar siempre buen abrigo aunque las condiciones muchas veces parezcan no ameritarlo.

Por Nación Salvaje

www.nacionsalvaje.com | www.facebook.com/NacionSalvaje/ | www.instagram.com/nacionsalvaje/

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Cuatro argentinos harán un viaje de más de 10.000 kilómetros en bici desde Sudáfrica a Qatar para ver el mundial de fútbol

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Con la mira puesta en arribar al mundial de fútbol de Qatar 2022 que se disputará durante los meses de noviembre y diciembre, cuatro argentinos apasionados de la bicicleta partirán el próximo mes de mayo desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) para arribar a Doha (Qatar) después de recorrer más de 10.000 kilómetros a través de África y Medio Oriente.
El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014 y fue creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección argentina de fútbol por el mundo. Actualmente Ledezma lleva recorridos más de 30.000 kilómetros en bici por más de 25 países, en viajes que lo llevaron al mundial de Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

Siguiendo este impulso es que nació Pedaleando África, el proyecto que nos ocupa en estas líneas y que protagonizarán cuatro aventureros:
Lucas Ledezma, profesor de educación física y protagonista de los viajes en bici a algunos de los eventos de fútbol más importantes de los últimos años (@todoapedal).
Silvio Gatti, licenciado en turismo y ambiente, viajero aficionado cordobés que vive en Barcelona y que ha recorrido más de 15 países de América, Europa y Asia (@bikepackingargentina)
Leandro Blanco Pighi, licenciado en comunicación social, escritor, periodista de viajes, conferencista “y ante todo trotamundos”, como el mismo se define. Ha publicado dos libros, lleva más de 10 años viajando alrededor del mundo y ha visitado más de 40 países (@viajero_intermitente).
Sebastián Rodríguez, realizador audiovisual y fotógrafo, un apasionado por la aventura que será el encargado de registrar en imágenes esta travesía (@seba.spila).

La hoja de ruta de los viajeros (que obviamente puede sufrir modificaciones por imprevistos sobre la marcha) es la siguiente:
Pedalear 7.556 kilómetros desde Ciudad delCabo hasta Adís Abeba (Etiopía).
Volar desde Adís Abeba hasta El Cairo (Egipto).
Pedalear 1.297 kilómetros desde El Cairo hasta el puerto de Nuweibaa (Egipto).
En Nuweibaa tomar el ferry que los llevará a Jordania y desde allí pedalear otros 2.646 kilómetros por Irak, Kuwait y Arabia Saudita para llegar a Doha, la capital qatarí, el día 21 de noviembre del 2022.

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La Odisea de Maluk, una familia cicloviajera

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Antonella Rodríguez (33) nació en la ciudad de Buenos Aires y Diego Saunders (25) en Navarro, provincia de Buenos Aires, pero hace ya tres años residen en San Luis, lugar donde nació Maluk Saunders hace en julio del 2019.

Y de la inspiración que les despertó su hijo nació la idea y el nombre, La Odisea de Maluk, del viaje que programaron y pusieron en marcha el 29 de octubre pasado a lo largo de América.
Ambos confiesan haber desarrollado antes de conocerse sueños de conocer otras tierras, otras comunidades y otras costumbres de nuestro planeta. En el caso de Antonella, cuando conoció en Bolivia a un grupo de cicloviajeros argentinos. En el caso de Diego, nos cuenta que siempre había soñado con viajar en bicicleta de una manera autosustentable, sin necesidad de combustión y sin apuros, y su primer viaje lo llevó a cabo por la región de Cuyo y la región pampeana de Argentina.
“El viaje siempre estuve presente desde antes de conocernos y formar pareja —asegura Antonella—. Hicimos algún viaje en pareja y luego nos establecimos en San Luis con Maluk y su proceso de gestación nacimiento y crecimiento, sin dejar de imaginar un viaje en familia.”
Este viaje “tIene como objetivo mostrar al mundo que se puede tomar un camino no convencional, que los niños pueden crecer normalmente en viaje, que aporta un crecimiento personal y espiritual a cada ser y el placer de conocer las bellezas a nuestro paso”.

Las bicicletas fueron armadas por ellos mismos y son tipo mountain bike, una en rodado 27.5 y la otra en rodado 26. El equipamiento incluye alforjas traseras en ambas bicicletas y alforjas delantera en una. Disponen además para llevar a Maluk de un trailer de un eje y dos ruedas rodado 20, espacioso, que cuenta con baúl, cinturones de seguridad, mosquitero y techo con sombra, un brazo que se engancha con un perno y un acople al eje de la rueda trasera de la bicicleta.
Al momento de conectarnos con ellos a fines de diciembre la familia viajera llevaba ya dos meses en el camino. “Vamos muy cómodos y muy tranquilos, sin apuros, con algún que otro inconveniente mecánico, nada de otro mundo que no se pueda solucionar rápidamente”, relata Antonella. “Nos damos maña con la mecánica, al punto que las bicicletas están completamente armadas por nosotros, desde principio a fin. Y momentáneamente no tuvimos fallas. Llevamos herramientas y algún que otro repuesto, pero no estamos excedidos de peso.”
Con respecto al sustento del viaje, la familia dispone de algún dinero guardado, a lo que suma algún trabajo diario en viaje, entre ellos la venta de artesanía con materia prima de los lugares recorridos.
Y en cuanto al alojamiento, el camping es el principal recurso, aunque también vía redes van conociendo gente que puede darles un lugar donde alojarse.

En su planificación está incluida la previsión de los eventos meteorológicos, a los que tratan de anticiparse viendo los pronósticos. Tratan en lo posible de pedalear con viento a favor y con respecto a la lluvia o tormentas buscan refugio hasta que el pronóstico de señales de buen tiempo

Como dijimos, Antonella, Diego y Maluk partieron el 29 de octubre del 2021 desde la ciudad de San Luis, Argentina, haciendo un recorrido por las sierras centrales de San Luis y Traslasierra en Córdoba.

Luego cruzaron el norte de Córdoba camino a las “sierras chicas”, subieron hacia el norte a la provincia de Santiago del Estero y unas vez en Ojo de Agua tomaron sentido noreste. El día 30 de diciembre del 2021 se encontraban en el límite con la provincia del Chaco. El camino continuaría atravesando el Chaco, cruzando luego a la provincia de Corrientes para desde ahí pasar a Brasil, el que aun no saben por donde lo van a recorrer: “Se definirá en el momento dado”, asegura Antonella.
Su probable destino en Sudamérica — aventuran— sería el nordeste brasilero. “Tiempo no estimamos, pero un vago calculo puede ser dos años.”

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Cicloturismo

El despertar a la exploración

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Después de algunos años de viajar en bici, cuando se trataba más de un desafío deportivo que de hacer turismo (y no porque uno no fuera un deportista sino porque en esa época no estaba vigente el concepto de turismo y menos el de turismo interno) fue cuando descubrí la RN 40, que era más una línea en un mapa que un corredor turístico. Los años pasaron, los caminos y las rutas se sumaron y llegué a un presente donde sigo buscando hilvanar huellas y caminos, cuanto más perdidos e inhóspitos mejor, siempre pensando qué le pasa cuando llega el invierno a un camino que en verano es factible de pedalear.
Todo esto y los años me ayudaron a entender que muchas veces el proyecto de intentar llegar a un lugar con la bici es más una quimera que una realidad y aprendí que esos proyectos que no podés concretar, como la vuelta en bici a la Península Mitre en Tierra del Fuego, no son fracasos sino una buena escuela, donde aprendés más que si los hubieses concretado.
Con toda esta mochila sobre mis espaldas, hoy encuentro una gran fascinación de los viajeros por compartir sus viajes utilizando las redes sociales. Cada uno elige su forma de viajar, su forma de sustentarse y su forma de compartir, eso es lo que hace “divertidas” a las redes y a la vida. Y también nosotros tenemos la posibilidad de elegir seguirlos o no solo con un click. Y es esa fascinación la que hace que encuentre una falta de originalidad en los destinos. Por supuesto que todos, cuando empezamos, buscamos cumplir sueños, fantasías y en algunos casos hasta utopías, pero…
A veces pienso que las redes, internet, los mapas, las aplicaciones y las fotos digitales nos han sacado la posibilidad de soñar con un lugar y la necesidad de llegar a ese lugar para conocerlo y por ende hemos perdido las ganas de explorar, ya sea por pensar que está todo inventado o solo por tener acceso a casi toda la data sin salir de casa.
Con el paso de los años un gran referente de la montaña cambió su propia definición de aventura, la cual pasó de “la decisión de pasar una noche fuera de casa lejos de las comodidades” a “solo es aventura cuando vas a un lugar donde no hay infraestructura”. Hoy muchos han tomado esa decisión de pasar alguna noche fuera de la casa, pero la mayoría de los destinos elegidos carecen de esa falta de infraestructura.

Desde hace tiempo fui desarrollando la idea de poder llegar a lugares donde antes casi nadie hubiera estado en bicicleta, la idea de poder explorar usando mi bicicleta, y esto de a poco fue una gran motivación para desarrollar herramientas, prepararme y encontrar esos lugares.
Y subrayo lo de MI IDEA porque no pretendo establecer reglas sobre lo que debe ser el viajar en bicicleta. Hay muchas formas de viajar y sobre todo no hay unas que estén mal y otras que estén bien, cualquiera es válida. Pero mi idea está basada en el haberme dado cuenta que esta vida es una sola y que, con el tiempo, el “viajar en bici” iba a perder eso tan especial que irradia cuando todos nos encontramos marcando y remarcando las mismas huellas, pero más importante aún porque siempre entendí que podía dejar un legado a mi descendencia, un legado no de éxitos sino uno de experiencias y vivencias, un legado lleno de aprendizaje.
Espero sepan entender estas líneas no como crítica sino como una especie de despertar a la exploración y a la aventura. Recuerden esa sensación que tuvieron cuando por primera vez los dejaron ir solos a ese lugar que deseaban ir. Entiendan que hay que hacer y en el hacer van a ir encontrando sus propias formas, en el hacer están la escuela y las anécdotas, en el hacer esta la famosa frase “¿qué hago acá? ”, en el hacer está tu propia historia y tu propio despertar a la exploración… y a tu propia vida.

 

Texto: Diego Andrich*
Fotos: Nación Salvaje

*El autor es el titular de Tierra de Biciviajeros, una tienda dedicada al cicloturismo (¡y mucho más!) ubicada en Campichuelo 260, local 28, CABA: www.tierradebiciviajero.com.ar |11-2467-0104

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