Conectá con nosotros

Cicloturismo

Siete Lagos en bici, el clásico de los clásicos

Publicado

el

Llega el verano y con él la posibilidad de que, aun en medio de la pandemia, podamos disfrutar de la naturaleza pedaleando. Y para ello nada mejor que recorrer el circuito más clásico y bello de nuestro país, el Camino de los Siete Lagos. He aquí dos experiencias, una de Bariloche a San Martín de los Andes hecha por un viajero independiente y otra en sentido inverso, hecha por un organizador de viajes.

“¡Sin desperdicio!” 

Lagos donde el agua se confunde con el azul del cielo, bosques de cuento y un entorno tan amigable que invita al disfrute pleno de todos los sentidos. Tentador ¿no?
El Camino de los Siete Lagos se convirtió con el paso del tiempo en el recorrido por excelencia de los cicloturistas argentinos y extranjeros que quieren conocer nuestra hermosa Patagonia. Una perfecta combinación de paisajes de ensueño, infraestructura para recibir a los viajeros y la posibilidad de conocer a otros apasionados de la bici en el camino, convierten a este circuito patagónico en una opción muy tentadora para aquellos que recién se inician, como así también para los más experimentados.
Quizás la época más favorable para hacerlo sea el verano, por el clima agradable y la gran disponibilidad de servicios, pero no descartaría las otras estaciones para aquellos más aventureros que se arriesgan a temperaturas más bajas e incluso la nieve.
El recorrido tradicional une las ciudades de Villa La Angostura con San Martín de los Andes, ambas en la provincia de Neuquén. En mi caso, comencé en la vecina Río Negro, más precisamente en el aeropuerto de la ciudad de Bariloche. Desde allí, una vez en la rotonda de acceso de la ciudad, me desvié por la ruta 40 con destino a Dina Huapi, un pequeño pueblito casi pegado a Bariloche, donde pude comprar provisiones antes de seguir camino, no sin antes realizar mi primer almuerzo en las costas del imponente lago Nahuel Huapi.
Mi idea era llegar en esta primera etapa hasta Villa La Angostura, pero el agobiante calor de la jornada y el desnivel que aumentaba al final del recorrido me obligaron a detenerme en un camping cuando había recorrido algo más de 55 kilómetros.

Arrayanes
Al día siguiente y con energías renovadas emprendí la segunda etapa hasta la Villa, pasando por Puerto Manzano y el ingreso al cerro Bayo, una muy linda y arbolada zona residencial. Una vez en la ciudad y ya instalado, me dispuse a recorrer el pintoresco centro comercial, previo paso obligado por la oficina de turismo.
Me gustó tanto el lugar que decidí quedarme dos días para poder conocer el Parque Nacional Los Arrayanes, de visita casi obligatoria para los cicloturistas, ya que se puede llegar pedaleando atravesando la península de Quetrihue y un espeso bosque patagónico. Al ingreso del Parque hay un lugar donde se pueden dejar las bicicletas para disfrutar de la caminata en las pasarelas que se adentran dentro del bosque de arrayanes.

Atardecer en el Espejo Chico
De nuevo en la ruta 40, en mi tercera etapa recorrí el lago Correntoso y el río homónimo, que ostenta el título de río más corto del mundo, ya que en pocos metros conecta este lago con el Nahuel Huapi. Mi siguiente parada fue en el lago Espejo, donde almorcé y aproveche para dormir una siesta en sus costas.
Luego de ese pequeño parate emprendí los 15 kilómetros que faltaban para llegar al Lago Espejo Chico, donde pasé la noche.
Para llegar a este lago hay que desviarse unos kilómetros de la ruta por un camino de ripio, pero sus aguas templadas y de un turquesa profundo merecen el esfuerzo. Sumado a esto, esa tarde me brindó uno de los atardeceres más lindos de mi vida. Al día siguiente aproveché la mañana para degustar las exquisitas tortas fritas de la proveeduría y desayunar a orillas del río Espejo Chico. ¡Sin desperdicio!

Una pausa en Villa Traful
Durante la cuarta etapa realicé otro desvío al recorrido tradicional para conocer el hermoso pueblo de Villa Traful, que se encuentra a unos 30 kilómetros de la ruta 40 y al cual se accede por un camino de ripio en regular estado. Recomiendo detenerse a mitad de camino, en Puerto Arrayán, donde se puede apreciar por primera vez el Lago Traful y sus hermosas costas. El pequeño pueblito de Traful es un paraíso de esta parte de la Patagonia. En los momentos en que el lago está calmo, el agua es tan transparente que las embarcaciones parecen flotar en un espejo perfecto. En Villa Traful se pueden encontrar almacenes y negocios para aprovisionarse y hostel y camping para el descanso; también se pueden realizar excursiones, navegar sobre un bosque sumergido y degustar una excelente gastronomía. El Mirador del Viento es una de las paradas obligatorias de este lugar, desde donde es posible apreciar la magnitud de la naturaleza que lo rodea. Me gustó tanto Traful que decidí quedarme un día más para poder conocer el circuito de las cascadas y disfrutar del pintoresco pueblito.

La lluvia que no cesa
La quinta etapa tenía como destino final el camping Pichi Traful, que también se encuentra por fuera de la ruta principal. Para llegar a él tuve que desviarme unos cuantos kilómetros por un camino de ripio. El lugar es muy cómodo y con hermosas vistas del lago y del cerro Falkner.
Al día siguiente la lluvia apareció por primera vez en el viaje. Me quedé un par de horas más en la carpa, pero ante un panorama que no parecía cambiar decidí emprender la marcha. Neblina y una leve llovizna acompañó mi salida de Pichi Traful, llovizna que se fue acentuando cada vez más, convirtiéndose en tormenta al llegar a los lagos Falkner y Villarino.
Si tuviera que describir la sensación de estar pedaleando bajo la lluvia en ese lugar, solo podría decir que me sentía inmensamente feliz. La lluvia me acompañó durante toda la sexta etapa, hasta que llegué al Lago Hermoso, ya en el Parque Nacional Lanín.
Vale aclarar que mas allá de la adrenalina que sentí en toda la etapa, los últimos kilómetros se hicieron bastantes difíciles por el frío y un poco de viento que había empezado a soplar, pero nada que no se pudiera solucionar con una buena ducha caliente y un reparador cafecito al llegar al camping.
Esa noche fue la más fría del viaje, con temperaturas bajo cero. Ahí corroboré que un elemento clave, por más que se viaje en verano, es la bolsa de dormir, para evitar pasar malos ratos.
Al día siguiente y antes de emprender la última etapa, aproveche los kayaks que el camping tenía en alquiler para remar un buen rato por el lago.

Belleza por doquier
Feliz y con un sol radiante sobre mi rostro emprendí la séptima y última etapa del viaje, que me depositaría en el último lago de mi recorrido, el Lácar, y finalmente en la ciudad de San Martín de los Andes, el gran destino de la travesía.
Esta etapa fue de disfrute pleno. Viví los últimos kilómetros del recorrido queriendo capturar cada una de las imágenes que llegaban a mi retina.
El Lago Machonico apareció detrás de un mirador como el anteúltimo del recorrido. Más adelante llegué al Arroyo Partido, que se caracteriza por ser el único arroyo cuyas vertientes desembocan tanto en el océano Pacifico como en el Atlántico.
A unos 20 kilómetros de San Martín de los Andes hay un desvío de acceso al Cerro Chapelco, punto de inicio de un vertiginoso descenso de más de 15 kilómetros que nos permite dejar de pedalear por un buen rato y disfrutar de las hermosas panorámicas que nos brinda el Lago Lácar cuando aparece ante nuestros ojos. Imposible no emocionarse.
Así recorrí los últimos kilómetros de esta travesía, con lágrimas en los ojos y el pecho lleno de orgullo por haber culminado este sueño hecho aventura.

Por Silvio Godoy Argiz: @Silviogodoyargiz | silvio_mosq@hotmail.com


 

La verdad de los Siete Lagos

Cuando comencé a planificar esta salida, bajé varios relatos de distintas páginas de internet pero todos diferían con respecto a los tiempos, distancias y dificultad del terreno, así que decidí tomar un promedio de los mismos y basarme en ello y una vez en el lugar realizar mi propio relevamiento, cuyos detalles son los que siguen.

De San Martín a Lago Hermoso
La travesía comienza en San Martín de los Andes y apenas dejamos la ciudad comenzamos a transitar por una ruta con muy buen asfalto pero en constante subida por 15.7 kilómetros. Esta subida es muy agotadora, más aún con la carga. Es necesario tomársela con mucha calma y realizar varias paradas. La relación para poder hacer dicha subida es 1:1, y si es necesario hay que bajarse de la bici y caminar (hasta el más experimentado camina en estos), ya que si nos forzamos con una relación más alta corremos el riesgo de quedarnos sin piernas para el resto del viaje.
Al terminar la subida el camino invita a pedalear, pero aconsejo parar en el Arroyo Partido, en el kilómetro 17.2, y aprovechar para almorzar y refrescarse.
Una vez descansado se retoma la marcha sobre la ruta y al pasar por el desvío al lago Meliquina nos encontramos con otra subida, aunque no tan extensa, que se puede hacer.
El camino sigue con subidas y bajadas y llegamos al kilómetro 38, donde encontramos un parador y un camino que sale hacia la derecha y que nos lleva al Lago Hermoso (2 kilómetros), donde finalizaremos nuestra primera etapa. En las inmediaciones del lago hay distintos lugares para pasar la noche, inclusive el Camping del Lago Hermoso, precario pero con lo necesario (baños y ducha con agua caliente) y una proveeduría no muy completa. Desde el camping se tiene acceso al Lago Hermoso, al Río Hermoso y a una cascada que une a estos dos. Un lugar muy bello.

Falkner y Escondido
Al día siguiente salimos nuevamente a la ruta y hacemos solamente 14 kilómetros para llegar al Lago Falkner, donde podremos comer unas ricas pizzas en la proveeduría del camping (mucho mejor que el anterior). Pasamos luego junto al Lago Escondido y llegamos al puente que cruza el río Pichi Traful, después del cual está la casa del guardaparques. Allí sale un camino hacia la izquierda de un kilómetro que nos lleva al camping Pichi Traful, sede de nuestra segunda noche. En esta segunda jornada recorrimos en total 28 kilómetros.
Este camping esta mucho más organizado que el primero, los baños son mucho mejores, hay piletas para el lavado de ropa y vajillas por separado, las duchas de agua calientes funcionan a fichas (cada ficha te da seis minutos de agua caliente). La proveeduría es más completa que la anterior, pero hay que tener en cuenta que los precios son un poco altos con respecto a los de la ciudad, así que si nuestro presupuesto es acotado aconsejo llevar lo necesario para cocinarse uno mismo.

En busca del Espejo Chico
En la tercera jornada salimos del camping Pichi Traful y retomamos la ruta. Aquí ya se complica un poco el pedaleo, ya que lo dificultan las subidas (muchas hay que hacerlas caminado) y las bajadas, con las cuales mejor no tentarse, ya que si la bici se descontrola es un palo seguro. Sugiero hacer las bajadas con calma, aplicando suavemente ambos frenos y llevar la bici controlada. En esta parte del camino vamos a encontrar muchos arroyitos y vertientes con agua cien por ciento potable que salen de las rocas, algo ideal para refrescarse e hidratarse.
En esta parte del camino nos vamos a encontrar con muchos tábanos, por lo cual habrá que tener Off a mano.
En el camino nos encontraremos con un desvío que nos lleva a Villa Traful, pero en nuestro caso seguimos de largo. Luego de una bajada y tras haber pedaleado unos 28 kilómetros nos encontramos en una curva y llegamos al Lago Correntoso. Aquí hay un camino que va hacia una hostería donde se puede parar y tomar algo fresco. Hacemos un par de kilómetros más y llegamos al desvío que nos lleva al camping del Lago Espejo Chico, lugar donde aconsejo pasar la tercera noche. Kilometraje del día: 34.

Camino a La Angostura
Durante la cuarta jornada retomamos la ruta y a los dos kilómetros se llega al arroyo Rucamalen, que une el Lago Espejo Chico con el Lago Correntoso. Un lugar ideal para parar bajo el puente y, si te animás, nadar en sus cristalinas y frías aguas. Sumergirse en dichas aguas y ver el fondo del arroyo como si se estuviera nadando en una pecera totalmente transparente en la que se divisan las piedras del fondo, los troncos sumergidos, los peces, es un espectáculo de no perder. Si no te animás al nado, igual podés llenar las caramañolas con esta agua pura y fría ¡No te lo pierdas!
Seguimos camino y tras 10 kilómetros llegamos al camping del Lago Espejo, lugar ideal para descansar y almorzar. Cuenta con una pequeña despensa con sándwiches y bebidas frías.
Salimos del camping y a los 500 metros empalmamos con la ruta que viene de Chile, en la que pedaleamos a una buena velocidad y después de 15 kilómetros llegamos a Villa La Angostura, previa parada en un mirador donde tenemos una vista espectacular del Lago Nahuel Huapi y de la ciudad.
Al entrar a la ciudad encontramos de la mano izquierda una estación de servicio, frente a ésta un supermercado y al lado el Camping Unquehue, un camping muy organizado, con muy lindos baños con agua caliente las 24 horas. No tiene proveeduría, pero en la puerta misma está el supermercado, mejor imposible.
Otro dato importante es que saliendo del camping y cruzando la ruta hay una bicicletería y casa de camping donde hacen arreglos de las dos cosas. En esta jornada pedaleamos 30 kilómetros.

Cerro Bayo y Arrayanes
En esta quinta jornada se nos presentan dos opciones para hacer en Villa La Angostura: el Cerro Bayo y el Bosque de Arrayanes.
En el primero puede hacerse el ascenso en aerosilla y para descender hay tres alternativas: principiante (camino ancho por donde circulan autos), intermedia (bajada rápida con muchas raíces, hay que saber bajar) y la avanzada (solo para expertos).
La otra alternativa es el bosque de Arrayanes, un circuito que se hace en dos horas de ida y una de vuelta. Se trata de un hermoso sendero dentro del bosque, con subidas y bajadas. Está de más decir que en el regreso predominan las bajadas, pero ojo, es un sendero complicado y no apto para principiantes. Si hacen este circuito aconsejo llevar abundante agua y algo de comer. En la zona de descanso solo hay un bar y cobran muy caro cualquier cosa. Entre ida y vuelta se hacen 30 kilómetros.

Fin de fiesta en Bariloche
Si bien el Camino de los Siete Lagos finaliza en Villa la Angostura, sería un desperdicio no pedalear hasta Bariloche en una sexta jornada. Son 90 kilómetros de muy buena ruta (¡cuidado con el tránsito!). Saliendo temprano y haciendo las paradas necesarias para descansar, se pueden hacer en un día. El que no se anime, puede hacer este recorrido en micro: hay varios servicios diarios y te llevan la bici.
Saliendo de Villa la Angostura tomamos la ruta asfaltada rumbo a Bariloche que va costeando el Lago Nahuel Huapi, lo que le da un atractivo particular. En el camino se cruzan tres arroyos grandes, en el último (arroyo Huemul) aconsejamos parar y almorzar. Luego se cruzan varios pequeños arroyos donde se podrán abastecer de agua, pero no hay ningún lugar donde comprar bebidas o alimentos, así que hay que llevar lo necesario. En caso de querer acampar y hacer el recorrido en dos días, solo hay camping libre.
Una vez que el camino se aleja del lago hay una extensa subida, pero luego de ésta viene la bajada más larga y recta de todo el viaje, donde las computadoras pasan los 60 km/h. Desde ahí se puede ver, del otro lado del lago, la ciudad de Bariloche.
En la intersección con la ruta 237 se debe doblar a la derecha. En unos kilómetros más pasamos el control policial y ya estamos en la provincia de Río Negro.
Pasando el puente del Río Limay hay un parador, el primer lugar desde que salimos desde Villa la Angostura donde podremos comprar algo de comer y beber. Luego de un breve descanso en el lugar emprenderemos los últimos 15 kilómetros, para llegar al Centro Cívico de Bariloche, lugar donde damos por terminado el viaje.
El total pedaleado en el día es de 95 kilómetros. El camping más cercano se encuentra a 2.5 kilómetros del Centro Cívico.

Este recorrido puede ser modificado salteando algunas etapas y haciendo más o menos kilómetros por día, pero para el ciclista sin experiencia en este tipo de viajes, mi consejo es no hacer etapas largas, ya que no hay que subestimar el esfuerzo que implican las subidas con las bicis cargadas, además de que la idea es disfrutar del viaje, de los lugares y de los paisajes y no simplemente sufrir por el esfuerzo. También aconsejo hacerlo con grupos organizados, o por lo menos con compañeros que ya tengan experiencia.

Por Alejandro García: Coordinador de Ciclo Tur, un emprendimiento que organiza viajes en bicicleta: www.ciclo-tur.com.ar 

Cicloturismo

Salta y Jujuy: una travesía de 1200 kilómetros protagonizada por 5 experimentados viajeros

Publicado

el

Hector “Cachi” Gestido (57), German Yannielli (59), Carlos Teicheira (57), Claudio Nicala (58) y Ricardo Pereyra (56) integran un grupo de profesores de educación física que desarrollaron su vida y su profesión en la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, trabajando desde el nivel inicial hasta nivel superior y que al día de hoy, en razón del especial régimen jubilatorio de esa provincia, se han acogido al retiro.

El asunto es que hace unos 10 años, cuando aun estaban en funciones, comenzaron a viajar en bicicleta, haciendo dos o tres viajes anuales de alrededor de un mes de duración, entre otros el de la Carretera Austral, el de El Calafate a Ushuaia, el Camino de Santiago de Compostela portugués y francés, gran parte de Italia, la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia completa.

Naturalmente, la integración del grupo en los viajes ha ido cambiando según las posibilidades de cada uno al momento de realizarlo. Pero en la ocasión que nos ocupa, los 5 nombrados fueron los que planearon y concretaron un viaje en bicicleta por las provincias de Salta y Jujuy.

El viaje

Para concretarlo viajaron en avión desde Tierra del Fuego a Buenos Aires y desde allí a Jujuy, llevando como equipaje deportivo las bicicletas y alforjas en cajas que respetaban las medidas permitidas por la línea aérea.

Llegados a San Salvador de Jujuy el primer día de septiembre, armaron sus bicicletas para emprender a la mañana siguiente una travesía de 1200 kilómetros de pedaleo por sus propios medios, sin ningún tipo de apoyo. 

De San Salvador de Jujuy, por la ruta 9, pusieron rumbo a La Quiaca, adaptándose progresivamente a la altura. Al llegar a La Quiaca se tomaron un día de descanso, cruzaron a Bolivia y regresaron en el día, con el objetivo de prepararse para encarar la ruta 40, sabiendo que ahí comenzaba la parte más dura del recorrido, ya que no dudaban que el suelo y el clima jugarían en su contra.

De ahí en más completaron distancias diarias de aproximadamente 40 kilómetros entre los 3600 y 4200 metros sobre el nivel del mar. 

Para llegar a San Antonio de los Cobres pasaron por Cienaguillas, Timón Cruz, Paicone, Liviara, Coyaguaima, Tanques y Susque, todos pueblos son conexión wifi pero sin muchos servicios ni negocios ni alojamietos. 

Al caer el sol la temperatura bajaba considerablemente y por la noche rondaba los 8 a 12ºC bajo cero. En algunos casos durmieron en carpas y en otros en pequeñas piezas o galpones que les prestaban. 

Al llegar a San Antonio de los Cobres se prepararon para cruzar la ya antológica meta cicloturista del Abra el Acay, a 4895 msnm (el paso carretero más alto de América). “¡Muy complicado —nos recuerda Cachi Gestido—, pero el paisaje al bajar hacia el lado de la Poma y Cachi es realmente increíble …”

Desde el Abra bajaron hacia Salta por la Cuesta del Obispo y desde ahí regresaron a Jujuy por el Camino de Cornisa, entre la yunga, “otro lugar magnifico”.

Sobre un total de 26 días de travesía, los viajeros pedalearon 23.

Lo mejor y lo peor

Cachi Gestido, nuestro interlocutor del grupo, nos contó que no tuvieron mayores problemas con el tema de altura y que antes de viajar se habían hecho los estudios cardiológicos correspondientes. “En cuanto a la seguridad —afirma Cachi—, no tuvimos ningún drama, pero quiero destacar que la ruta 40 es muy complicada: nos encontramos con mucho ripio suelto, arenales, ríos congelados y viento —normal en la zona—, además de las bellezas del lugar.”

Con respecto a la mecánica, el grupo no sufrió mayores inconvenientes, salvo pinchaduras, alguna rotura de portaequipaje y, quizás un poco más problemática, la revisión y rellenado de líquido de freno, lo cual fue subsanado en San Antonio de los Cobres.

“Nos asombró —recuerda Gestido— la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Con la caída del sol la temperatura descendía bruscamente llegando a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero. Así también las características culturales de los habitantes de los pequeños pueblos que nos recibieron a nuestro paso, y esos paisajes únicos que poca gente tiene la posibilidad de contemplar, ya que no se encuentran en un circuito turístico desarrollado.”

Según Gestido, los mejores momentos del viaje fueron los encuentros grupales al finalizar cada jornada de pedaleo, encuentros en los que se compartió la experiencia de cada uno durante el día entre mates, cafés y cenas. Y los peores momentos nos los resumió en dos episodios. “Por un lado, la noche que pernoctamos en carpa en un lugar llamado Tanques, la temperatura fue tan baja que al despertarnos no teníamos agua para el desayuno, ya que se había congelado dentro de los termos de acero que estaban en la carpa, al lado de las bolsas de dormir, lo que nos obligó a ir a romper el hielo de un chorrillo para obtener agua. El segundo episodio fue el trayecto de 152 kilómetros entre Cachi y Salta, que nos demandó 11 horas, debido al viento en contra y las características de la ruta, descendiendo por la Cuesta del Obispo. Llegamos a Salta totalmente extenuados.”

Y concluye con una afirmación categórica: “¡Ahora comenzamos a pensar nuestro futuro viaje!”

Info adicional: https://www.facebook.com/hector.gestido | rubenviviano@hotmail.com 

Continua leyendo

Cicloturismo

Llegaron a Qatar los cordobeses que recorrieron 10.000 kilómetros en bicicleta para alentar a la selección en el Mundial

Publicado

el

Por

Finalmente, los tres argentinos que se habían propuesto llegar a Qatar en bicicleta, recorriendo África de punta a punta y parte de Medio Oriente, cumplieron su objetivo, completando más de 10.000 kilómetros sobre sus bicicletas Venzo para llegar a tiempo para alentar a la selección en el Mundial de Fútbol Qatar 2022.
El viaje en bici les demandó 177 días. Partieron de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y llegaron a Qatar luego de recorrer 15 países. Los aventureros: Lucas Ledezma (34), Leandro Blanco Pighi (32) y Silvio Gatti (32), que zarparon en sus bicicletas en mayo de este año.

El proyecto Todo a Pedal nació en el 2014, creado por el cordobés Lucas Ledezma con el objetivo de seguir a la selección de fútbol por el mundo. Antes de este viaje Ledezma llevaba recorridos más de 30.000 kilómetros en bicicleta por más de 25 países, en viajes que lo llevaron a Brasil 2014, a la Copa América de Chile 2015, al mundial de Rusia 2018 y a la Copa América Brasil 2019, en la que Argentina se coronó campeona.

¡Esperemos que la cábala se repita en Qatar!

https://www.instagram.com/todoapedal/

Continua leyendo

Cicloturismo

Cómo cargar la bici en formato bikepacking por Diego Andrich

Publicado

el

Diego Andrich es un viajero de gran experiencia y dueño de la tienda Tierra de Biciviajeros.

Continua leyendo

Cicloturismo

Bici Salvaje: de la Selva Maya a la Amazonia para defender la selva

Publicado

el

El primer día de mayo del 2022, dos españoles residentes en Madrid, Isabel (27) y Pablo (32), iniciaron un viaje documental en bicicleta con propósitos medioambientales desde la Selva Maya mexicana hasta la selva amazónica ecuatoriana al que nombraron con el aguerrido nombre de Un viaje para defender la selva, una expedición que estiman que les demandará algo menos de dos años. La pareja se muestra muy activamente en redes como Bici Salvaje.

En nuestro contacto con ellos nos contaron que antes de conocerse ambos habían viajado como mochileros. Después de una vuelta por América, Pablo, de profesión fotógrafo, volvió a España queriendo saber qué es viajar en bicicleta y tras varias vacaciones de verano sobre los pedales, la idea terminó conquistándolo. Por su parte, Isabel es higienista bucodental y amante de la naturaleza en todas sus formas, también viajera y aventurera desde pequeña. “Siempre le gustó ayudar a los demás”, asegura Pablo. “A Pablo —añade Isabel— le mueve la aventura y el cuidado de la naturaleza. Sueña grandes expediciones como la de Bici Salvaje.”
Así fue que la suma de todas sus pasiones dio como resultado un gran sueño de pareja. “Algo más que un viaje”, afirman.

Para la expedición cuentan con el apoyo de la marca de bicicletas española Conor Bikes (@conorbikes_oficial), que les ha aportado un par de mountain bikes para afrontar la aventura. Las bicicletas estás adaptadas para cargar alforjas y otros equipajes que aseguran con amarres de la marca dinamarquesa Fixplus (@myfixplus). Entre otros enseres, llevan carpa, calentador, un par de sillas desmontables y un filtro de The Social Water para potabilizar el agua (@thesocialwater).
Y la pregunta del millón: ¿Cómo solventan su viaje?. Nos cuentan que manejan algunos ahorros de sus trabajos en España, “pero los guardamos como para cualquier emergencia. Nuestro principal ingreso viene del apoyo de la gente que sigue nuestro viaje a través de la plataforma buymeacoffee. Nos invitan a un café con lo que aquí pagamos un almuerzo. Gracias a esta ayuda podremos seguir con nuestro documental. Además, usamos la cámara para intercambiar con hoteles en los que poder descansar con comodidad. También viajamos con un equipo de tatuaje con el que trabajar.”
Pero vamos al grano. Y para ello nada mejor que su testimonio textual luego de los primeros tres meses de viaje. Helo aquí.

Bici Salvaje
Bici Salvaje es un viaje documental en bicicleta comprometido con el medioambiente, con esencia exploradora. Un viaje a través de Centroamérica y Sudamérica, conectando las dos selvas más importantes del continente. Esta aventura está marcada por un objetivo: conservar un ecosistema vital para la lucha contra el cambio climático y el hogar de la mitad de la biodiversidad del planeta, los bosques tropicales.

Empezamos en México con las bicicletas cargadas de ilusión y buenas intenciones, lanzándonos al desafío de recorrer pedaleando los miles de kilómetros que separan la Selva Maya en México de la Amazonia ecuatoriana.
En Bici Salvaje ponemos la energía de dos almas viajeras con ganas de vivir experiencias inolvidables cada día. Se suma el propósito de documentar nuestra aventura y no sólo eso, sino además de contar las historias de quienes defienden las selvas que agonizan ante la deforestación. Solo entre 2004 y 2017, más de 43 millones de hectáreas de bosque han sido arrasadas. Un dato que estremece, pero que en realidad no nos hacía falta conocer para ponernos en marcha.
En muchas ocasiones, en el camino nos hemos encontrado con proyectos y personas que han servido de puente y aprendizaje para poder dar voz y visibilizar los problemas que viven con respecto a la depredación de sus selvas. Una buena razón para subirnos a esta Bici Salvaje y recorrer México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.

Después de tres meses de viaje podemos contar los diferentes problemas nos han ocurrido en el camino, incluyendo desde situaciones mecánicas de la bici hasta problemas de salud. Cosas que acaban siendo normales en este tipo de aventuras. Por suerte, la amabilidad y hospitalidad de la gente con la comunidad cicloviajera ya es algo conocido.
Además de ser un medio de transporte limpio con el planeta, pedalear nos acerca a las comunidades. Este precisamente fue uno de los motivos por el que nos decantamos a viajar en bici. Sentimos más al pueblo, damos más y recibimos más.

Ponemos en el centro de Bici Salvaje a todas las personas que viven cómo desaparece la riqueza natural que les vio crecer. Las comunidades indígenas, sometidas a una gran presión, representan solo el 6,2% de la población mundial, pero protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Una parte de este proyecto busca poner el micrófono a las comunidades que están defendiendo su hogar.
“Hemos aprendido de otros proyectos locales que ponen en el centro de sus valores a su comunidad y a la naturaleza endémica. No se trata solo de nuestro relato, sino de relatos ajenos que nos aporten. Queremos acercarnos a otros proyectos que tengan una visión diferente acerca de la conservación.” Es casi más importante conservar lo que ya conocemos que lo que se está por conocer.

Aún nos queda mucha travesía por delante. Y estamos abiertos a quienes quieran colaborar en la aventura. Todos podemos contribuir cambiando nuestros hábitos de consumo. Si algún amigo nos quiere ayudar, lo primero que tiene que hacer es respetar el entorno, limpiar el parque cerca de su casa, darle un poquito de conciencia medioambiental a sus viajes y sobre todo, disfrutar.
A través de las redes sociales puedes formar parte de la comunidad de Bici Salvaje. Cada día somos más. En los días de calor sienta bien un mensaje refrescante. También se nos puede invitar a un cafecito, descansos en los que aprovechamos para editar nuestros próximos capítulos del canal de YouTube.

Mientras tanto seguimos en esta aventura sobre ruedas, disfrutando de lo que la vida en bicicleta nos regala, agradeciendo el calor de la gente y poniendo nuestras piernas bien fuertes.
¡Pedalea con nosotros en Bici Salvaje y únete a esta aventura!

 

Facebook e Instagram: @bicisalvaje.

Continua leyendo

Más Leídas