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Cicloturismo

Vuelta nocturna por Luján

Nada mejor que salir a andar en bici cuando el sol se oculta para evitar las altas temperaturas veraniegas. La Vuelta de Luján, una salida de 70 kilómetros, es ideal para hacerlo. Caminos poco transitados y calles tranquilas de los pueblos de los alrededores nos esperan.

por Gustavo M. González*

Esta salida de unos 70 kilómetros es una muy linda vuelta para hacer de noche, dado que tiene 38 kilómetros de asfalto con poco tránsito, excepto algún que otro tramo corto donde abundan los vehículos. Los caminos de tierra en general están en buen estado -salvo luego de alguna lluvia-. Además, la seguridad en esta zona rural es relativamente buena y pedaleando de noche esquivamos las altas temperaturas veraniegas.
Por supuesto, la visión es más difusa y la oscuridad no nos dejará ver el entorno de campos cultivados, vacas, caballos y establecimientos rurales. Bajadas y subidas tipo lomadas, grandes arboledas que proyecten sombra y el paso por los más importantes  pueblitos del partido son los principales atractivos.

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Open Door
Una vez comenzado el recorrido, la primera parada casi obligatoria para la foto es en la Plaza Belgrano (recientemente remodelada), donde está la imponente basílica de Luján y el complejo museográfico Enrique Ameghino.
Prosiguiendo el recorrido, Open Door es el primer destino. El asfalto se acaba cerca del Aeroclub y en la primera curva se destaca entre las penumbras el portal de la Estancia San José.
A un lado del camino dominan los eucaliptos en hilera y del otro abundan las acacias que desafían con sus punzantes espinas. Por un puente angosto denominado De los Huesos se cruza el Río Luján y se bordea el country de golf y polo Las Praderas (uno de los más suntuosos y elegantes de la Argentina). Más adelante está la Colonia Nacional Domingo Cabred, que con su sistema terapéutico de puertas abiertas le dio el nombre a la localidad.
Open Door combina las tradicionales construcciones pueblerinas con modernos comercios impulsados por el desarrollo inmobiliario de la zona. Destacan desde lejos sus dos grandes silos en terrenos ferroviarios. Los lugares para una breve parada pueden ser su bonita plaza, un pequeño centro comercial o la estación de ferrocarril.

Etchegoyen
El siguiente destino es la estación Etchegoyen del ex Ferrocarril Urquiza. Para llegar a este paraje tendremos que hacer un tramo de enlace por ruta y banquina asfaltada de la Autovía 6. Aquí tendremos que contar los kilómetros, o bien usar un buen GPS o imprimir la hoja de ruta para calcular dónde tenemos que doblar dado que los cruces no están indicados.
Etchegoyen pertenece al partido de Exaltación de la Cruz. Se justifica pasar por aquí para no pedalear por la Ruta 192 (angosta y con algo de tránsito) y conocer un viejo almacén de ramos generales que se ubica frente a la estación de tren. Sólo lo podremos ver desde afuera porque a la noche está cerrado.
Siguiendo la calle paralela a la vía abandonada se ingresa nuevamente en el partido de Luján y se llega al caserío de Torres, donde destacan sus viejas casas, la estación centenaria o la parroquia San José.

Carlos Keen
El  siguiente tramo hasta Carlos Keen es todo de tierra y hay que estar atentos de no perder el rumbo porque el camino tiene numerosas curvas, cruces y cambios de sentido que pueden despistar a más de uno.
Carlos Keen surgió como consecuencia de la construcción del ramal Luján-Pergamino del Ferrocarril Buenos Aires, cuyas obras comenzaron en 1875. Cuando el ramal aún no había llegado a San Antonio de Areco se instaló en sus tierras un depósito de agua y una casilla de madera a modo de estación a la que se llamó Carlos Keen, en homenaje a quien en vida tuviera destacada actuación pública como abogado, militar y periodista.
Por su parte, en la década del 30 esta localidad conoció un vertiginoso crecimiento, llegando a contar con 4000 habitantes, pero diversas circunstancias ayudaron a paralizar ese constante desarrollo.
En la actualidad esta localidad trata de resurgir gracias al turismo gastronómico. Varios restaurantes de diferentes estilos abren sus puertas los fines de semana para recibir a los visitantes. Seguramente de madrugada pasaremos por el lugar y encontraremos todo cerrado, pero podemos detenernos en la vieja estación de dos pisos, con un galpón reciclado y convertido en centro cultural.
También es digna de observar la iglesia construida con ladrillos a la vista y el pequeño museo rural al aire libre que se ubica en una de las esquinas del poblado.
Lo más gratificante es pedalear observando las viejas fachadas de las casas que parecen detenidas en el tiempo.
El regreso a Luján es por camino asfaltado de reciente repavimentación. La calzada está en excelente estado y muy bien pintada. Si bien a la noche el tránsito es muy escaso hay que tener cuidado con algún automovilista desprevenido que no contaba con encontrar ciclistas pedaleando de noche.
Antes de finalizar este recorrido otro atractivo es el paso por el barrio Las Casuarinas, con elegantes quintas y frondosas arboledas que hacen que corra cierta adrenalina por lo oscuro del tramo.
Pueblo Nuevo y Jáuregui son los últimos pueblitos por los que pasaremos. Del primero se destaca el monumento al fundador del pueblo, don Julio Steverlinck, y el pasaje por una oscura veredita y un puente peatonal sobre el Río Luján, y del segundo su boulevard con palmeras y su estación ferroviaria en funcionamiento.
Sólo resta seguir el asfalto para llegar al punto de partida.

 

*Gustavo González es profesor de Geografía (UBA) y guía de Bicicleta de Montaña. Se ha capacitado en Primeros Auxilios para zonas agrestes y naturales y es Interprete Naturalista. Coordina la empresa prestadora de cicloturismo Bike&Trek. Info:  bicigg@speedy.com.ar,  www.biketrekgg.com.ar.

Nota publicada en Biciclub Nº 194,  febrero 2010.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. BEATRIZ

    30 septiembre, 2011 a las 1:08 pm

    QUISIERA SABER LAS FECHAS DE LAS BICICLETEADAS NOCTURNAS EN LUJAN. GRACIAS, BEATRIZ

    • biciclub

      30 septiembre, 2011 a las 10:22 pm

      Hola Beatriz, para adquirir información acerca de temas relativos a esta nota, podés escribirle a Gustavo Gonzales (quien la escribe) a bicigg@speedy.com.ar .
      Saludos.

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Cicloturismo

Viajeros: La vuelta al gran Cañón del Atuel

Un nuevo año y un nuevo viaje terminó, esta vez nos llevó al Cañón del Atuel, en la provincia de Mendoza.

Como todos los años para los días que comprenden entre navidad y año nuevo, con un grupo de amigos hacemos un viaje en bici por algún lugar de interés para todos. El año pasado fue la trepada al Champaquí y para esta fecha planificamos el recorrido al gran cañón.

La realización de la travesía tiene dos tramos. El primero une San Rafael con el Nihuil, atravesando el Cañón del Atuel, y el segundo que comprende el regreso desde el Nihuil hacia San Rafael.

El primer tramo arrancó despertándonos a las 5:00 de la mañana del 27 de diciembre, para desayunar y partir a las 6:00. El camino no presenta bifurcaciones, por lo que es bastante sencillo de seguir. Hay que tener en cuenta que si bien a lo largo del cañón se cuenta con arroyos y diques que te proveen de agua, es elemental ir bien provistos de esta. El sol y el horario es un tema relevante a tener en cuenta, pero particularmente, dado que lo que hacemos es cicloturismo, seguramente nos detendremos a tomar fotos y apreciar el paisaje, haciendo que el viaje nos lleve entre 6 y 8 horas, siendo las ultimas al rayo del inclemente sol de la región.

Durante todo el recorrido se aprecian paisajes inimaginables, vistas que solo son apreciables sobre la bicicleta. Los diques, detenerse a escuchar el sonido del arroyo, contemplar lagos inmensos, atravesar túneles en total oscuridad, son solo algunas de las cosas que se pueden apreciar, además de las cuatro centrales hidroeléctricas que se ven a lo largo del recorrido.

Los últimos 6 kilómetros de este primer tramo es lo más difícil, es una trepada considerable con un zigzagueo constante, que en nuestro caso, por el horario (13:00 hs), se hicieron agotadores, más considerando la carencia de un lugar con sombra para descansar siquiera unos minutos. El recorrido por el Cañón del Atuel es en principio, saliendo de San Rafael, de asfalto, para luego ser ripio hasta llegar a El Nihuil.

Pasadas varias horas de pedaleo, una 8 aproximadamente, llegamos a El Nihuil, donde nos esperaba una cabaña para pasar la noche y al otro día regresar a San Rafael.

Las vías para el segundo tramo eran dos: una por las rutas 180, 144 y 143 y la otra volver por donde habíamos venido. En este punto, tres elegimos volver por la ruta, por el simple hecho de apreciar otro aspecto del viaje, y uno de nosotros optó por volver por el cañón para enamorarse nuevamente del recorrido.

La agenda fue la misma: madrugar para salir a las 6:00 desde El Nihuil hacia San Rafael. Los que volvimos por ruta tardamos 4 horas, el que lo hizo por el cañón tardó un poco más. La parte de la ruta tiene un encanto único: te encontrás en medio de la nada, transitando una ruta desolada, hermoso para sentirse parte de esta.

Se debe tener en cuenta que cuando se va hacia El Nihuil desde San Rafael, se va en ascenso, por lo que el regreso es mucho más sencillo. Siempre se debe tener a mano buena  protección solar, hidratación y estar entrenado, pero a falta de entrenamiento es la  determinación lo que nos hará seguir adelante.

En total fueron 160 kilómetros en bicicleta, entre los tramos realizados y lo recorrido por El Nihuil, con un desnivel aproximado de 625 metros. Hubo asado, algo de pastas, recorrimos viñedos y todo en medio de muchas sonrisas, que al fin y al cabo es lo que siempre vamos a buscar.

Por Daniel Bernardo

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Cicloturismo

Nati Bainotti, viajera solitaria: sin miedo al miedo

Nació hace 31 años en Santa Fe, Argentina, y estudió Relaciones Públicas. En febrero del 2008, con apenas 18 años, aprovechó sus vacaciones en la universidad para viajar con mochila. Tuvieron que pasar cuatro años más para que se decidiera, ya con 23 años, a hacer su primer viaje en bici. Por aquel entonces Nati vivía en Santiago de Chile, de donde, el mismo día de Navidad inició con un amigo un viaje de cinco días al sur, en el cual pedalearon desde Panguipulli hasta un poco más allá de la frontera argentina.
Dos años después, en agosto del 2014, cambió la mochila por la bicicleta. Había llegado a dedo hasta Quito y desde ahí siguió recorriendo Ecuador, cruzando el país a lo largo y a lo ancho durante siete meses (ver Biciclub Nº 292, abril 2019). Luego, de octubre del 2015 a marzo del 2017 viajó por Colombia, en mayo del 2019 pedaleó desde Bariloche hasta el Parque Conguillío (Chile) y en diciembre del 2019 partió desde desde Santiago de Chile rumbo a San Juan.
Viajera incansable, nuestra entrevistada pedaleó, publicó un libro, da cursos junto a otra viajera, Jime Sánchez (lavidadeviaje.com), para alentar a otras mujeres a viajar. Y hoy respondió a algunas de nuestras inquietudes, permitiendo que de su galera volara parte de su magia.

¿Cómo te animaste a viajar sola por primera vez? ¿Cuáles eran tus miedos y cómo los derribaste?
Al terminar mi primer viaje en bici allá en Chile me di cuenta que quería hacer un viaje más largo. Que si en cinco días había sentido tanto, no podía imaginarme lo que sería durante más tiempo. Tenía proyectado viajar por Sudamérica al año siguiente, de mochilera, y así lo hice. En Bolivia terminé de tomar la decisión y en Ecuador cambié finalmente la mochila por la bici.
El día anterior a salir no registraba nada en mí, tenía tanto miedo que estaba paralizada. Miedo a no poder, miedo a que se parta el marco de la bici, miedo a cansarme, miedo a darme cuenta de que era demasiado para mí, miedo a haberme creído capaz de algo de lo que no era, miedo a no encontrar dónde dormir, miedo a arrepentirme en medio de la montaña. Quise quedarme una noche más en la Casa Ciclista de Tumbaco, en la que estaba, y Santiago, el dueño, me dijo que no: era su forma de darme un empujón. A la mañana siguiente, todavía endurecida por el miedo, leí el mensaje de una amiga de mi familia: me decía que no le tuviese miedo al miedo, que el miedo es movilizador, que lo usase como fuerza motora. Esa idea me siguió acompañando a través de los años y los viajes, porque aunque siga viajando los miedos no desaparecen, se transforman. Cada vez que estoy por salir de viaje y siento miedo, una parte de mí se siente feliz, porque sentir nuevos miedos significa que me estoy exponiendo a experiencias que me sacan de mi zona de confort. Y la experiencia me tranquiliza: sé que apenas pise la ruta, los nervios producto del miedo se vuelven chiquitos y se disuelven.

Luego de esa primera experiencia ¿Cuál fue el mayor aprendizaje que tuviste para animarte a seguir viajando?
Dos: confiar en mí misma, algo que tiene muchas implicancias, como tenerme paciencia, darme permiso, confiar en mi intuición, creer en que soy capaz de hacerlo, y desarrollar la empatía. Esto último, más que animarme a viajar, me motiva. Me mueve profundamente conocer cómo viven otras personas, compartir un pedacito del cotidiano de otros.

¿Cómo te las arreglaste económicamente durante los viajes? Este es un gran impedimento para muchos viajeros que no se terminan de animar a hacerlo
Ha ido variando y varía según el viaje. En viajes largos -de meses o años- trabajo en el camino: he escrito para diarios, revistas y blogs, autopubliqué mi libro y lo vendía en el camino, hice voluntariados (que, si bien no me generan un ingreso, me evitan gastar dinero porque intercambio horas de trabajo por alojamiento y comida), he dado charlas y talleres haciendo trueque.
Hoy en día genero contenido, dicto talleres de escritura y de viaje y vendo mi libro.
Hay muchas formas de sustentar un viaje. La clave, creo, está en pensar qué nos gusta hacer, qué nos gustaría aprender y darnos la oportunidad de probar. También tener en cuenta algo: viajando, por lo menos viajando en bici, con carpa y preparando nuestra propia comida, los gastos, salvo excepciones, se reducen a lo esencial.

¿Qué beneficios y qué desventajas sentís que tiene viajar en solitario como mujer respecto de hacerlo acompañada?
Viajar sola me permite manejar mis tiempos, mis ritmos y mis decisiones. No tengo que consultar con nadie, hago lo que tengo ganas, fluyo. Eso mismo, sin embargo, a veces es una carga, sobre todo para tomar decisiones: no tener otro punto de vista o alguien con quien pensar qué hacer puede ser agotador. Por otro lado, viajar sola me vuelve más abierta y receptiva con la gente, porque tengo más ganas, justamente, de compartir. Sin duda, son dos experiencias diferentes, ninguna para mí mejor que la otra, sino distintas.
Pero en viajar sola hay, también, un beneficio indiscutible: la gente está mucho más predispuesta a ayudar, a abrir su hogar, a compartir. Tal vez por ésta -lamentablemente- sensación de desprotección, hay mucha empatía de parte de familias y sobre todo de otras mujeres por querer cuidarnos. Eso es súper lindo.

¿Como alentarías a otras mujeres a que lo hagan?
Les diría que piensen en lo que quieren hacer ellas, más allá de lo que les diga la familia, los amigos o esa voz interna que suele boicotearnos. Que se aferren a esas ganas, a ese anhelo. Que todas tenemos miedo, que es normal. Que los listen, que anoten todos esos miedos que tienen y piensen cómo pueden resolverlos. Investiguen, lean blogs, aprovechen la virtualidad para conectar con mujeres que ya hayan viajado. Esas son las personas que pueden ayudarlas. Las redes sociales hoy nos ponen a un click de distancia de personas que, aunque estén lejos, pueden darnos la inspiración, la motivación y la información que estamos necesitando.
Ponerse pequeños pasos también ayuda a avanzar: investigar qué vamos a necesitar y planificar cómo podemos ir consiguiéndolo poco a poco.
También pueden sumarse a la próxima edición de Salí a la Ruta, el taller que doy junto con Jime Sánchez para motivar y ayudar a planificar viajes en bicicleta.

En base a tu experiencia ¿Cuál podría ser un viaje iniciático para una mujer que no se anima pero que sueña con viajar en bici sola? ¿Qué consejos o claves le darías para hacerlo con éxito?
En Argentina Siete Lagos es sin dudas el lugar ideal. No solo es una ruta bellísima y accesible sino que en verano hay mucha gente viajando, por lo que es muy probable que nos sintamos acompañadas. Además, si querés hacer un viaje un poco más largo, hay muchas opciones para estirar el recorrido.
En cuanto a claves, quizás me repito, pero aunque suene cliché creo que es eso: confiar en una misma, en que somos capaces. Creernos posibles. Sacarle un poco de peso al hecho de que vamos solas. Eso no significa dejar de tener nuestras precauciones y cuidados, claro, pero son los mismos que tenemos, lamentablemente, todavía hoy, en nuestro día a día. Planificar lo que se puede planificar: ruta, posible lugar/pueblo donde dormir, lugares de abastecimiento, etcétera, y confiar en una, en el camino, en los otros, en el viaje.

Instagram @natibainotti | mividaenunamochila.com

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Cicloturismo

Seminario online: La aventura de conquistar la felicidad

Viajero incansable y colaborador de Biciclub con sus atractivos relatos de viajes, Esteban Mazzoncini tiene además otras inquietudes para compartir, algunas de las que resume en un seminario online en torno al tema de la felicidad. Veamos su propuesta en sus propias palabras.

Con fecha de inicio libre, este seminario online de desarrollo personal está dividido en cinco encuentros dedicados a que puedas conquistar tu propia felicidad, eliminar tus propias barreras y creencias y vivir en abundancia en tiempos adversos.
Además, es un espacio de aprendizaje, un tiempo que te regalarás para aprender a poner una PAUSA en tu vida y reconocer qué cosas te gustaría que fueran diferentes. El objetivo principal es acompañarte a que observes de qué manera observás tu vida y la realidad para modificar conductas aprendidas y prejuicios, valorar tus dones y habilidades, confiar en quien eres y que aquello que tanto sueñas se haga realidad.

Abordaremos los siguientes temas:

1. ¿Qué es la felicidad?
En este primer encuentro veremos cuál es el origen de la felicidad, la importancia entre el SER antes que el TENER, las moléculas que nos brindan bienestar, cómo sentir felicidad en el día a día.

2. Vivir en abundancia.
En el segundo encuentro abordaremos cuáles son las cinco leyes para vivir en la abundancia y qué tipo de observador eres del mundo que te rodea.

3. Aprendiendo a aprender.
A través de los enemigos del aprendizaje podrás evaluar con cuál te identificás más. De esta manera entrarás en nuevos espacios de desarrollo personal.

4. Descubre tu misión.
Cuál es la razón por la que estamos en esta vida. Mediante una guía y a través de ejercicios podrás descubrir qué es lo que realmente te apasiona.

5. Tu ser creativo.
En este último encuentro aprenderás a ver que todos somos creativos, que por distintas razones nos ponemos barreras limitantes. Eliminarás tus prejuicios para crear en libertad.

Al finalizar el seminario tendrás un encuentro online en vivo de 90 minutos para conversar qué aspectos de tu vida te gustaría modificar.

Más info: estebanmazzoncini@gmail.com | www.instagram.com/estebanmazzoncini/

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Edición Digital

Nº 310

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